Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 2
Cuando terminamos el segundo polvo y era de esperar ella me invito a quedarme a pasar la noche a su casa, yo obviamente no me negué.
Chantelle se puso su ropa interior y fue al baño, no sin darme cuenta que con ella se llevaba el móvil. Seguro que iba a mensajearse con alguna amiguita suya a contarle al pivon que se ha tirado dos veces seguidas y la ha dejado hecha polvo.
Yo igual me puse mis bóxer y me tumbe en la cama bocabajo con los brazos por debajo de la almohada, a mi no me iban esos rollos de que la tía duerma sobre mi pecho, esto a sido sexo, ella lo sabía y estaba de acuerdo, ella pensaba igual, así que ella duerma por su lado y yo por el otro, sin tocarnos cada uno a un lado de la cama.
Sentí como el colchón se hundía a mi lado y una mano recorría mi espalda desnuda, la sabana solo me tapaba hasta la cintura.
—¿Estas dormido?— Preguntó suavemente.
—Estoy en proceso. ¿Qué pasa, quieres repetir por tercera vez?— Contesté secamente.
—¿Estás de mala hostia?—Dijo Chantelle arqueando las cejas.
—No, solo estoy cansado.— Conteste mirando a los ojos a la chica.— Si quieres tener el tercero decídete, que quiero dormir.
—No tranquilo. Buenas noches.— Se echo a mi lado y así fue como me quede dormido, bocabajo.
A la mañana siguiente me desperté antes que ella. Recogí mi ropa del suelo y me la puse, salí de su apartamento, no tenía ganas de despedirme de ella. Antes de salir fui a la cocina y tome un sorbo de una botella de leche, ahora ya sí que podía irme tranquilamente.
Cerré la puerta, al salir respire profundamente luego acomode el cuello de mi gran chaqueta.
Acabe de acomodarme la chaqueta, cuando me gire para irme y escuché el ruido de una puerta abrirse, me temí por un momento de que fuera Chantelle para reclamarme mi huida sin ninguna explicación, cuando pude ver que de la puerta del al lado del apartamento de Chantelle, salía una persona alta, delgada, con ropa muy ajustada y un culo bien puesto. Sus cabellos negros como el ébano, y sus ojos del color del caramelo hicieron que me quedara embriagado en su mirada, era la chica que vi anoche mientras tonteaba con Chantelle, la chica que me miraba desde el otro extremo de la barra.
—Hola.— Saludé con una sonrisa mientras esperara a que subiera el ascensor tras picar. La chica me miró y se puso pálida de golpe.
—Em… Hola.— Susurró y bajo la mirada al suelo.
Le mire de arriba a abajo, tenía el cabello completamente liso, seguro que era muy suave. Esa chaqueta de cuero negro le queda perfecta, hacia resaltar su pálido color de piel. Llevaba las mangas subidas por los codos, en su brazo izquierdo podía ver varias líneas negras, un tatuaje, intente ver que era, pero de pronto me miró y tuve que disimular.
Nuestras miradas chocaron y me quede boquiabierto, ¿era un chico? Tenía cara de hombre ahora que me fijaba. Desvíe mis ojos buscando dos pechos, pero a cambio me encontré algo completamente plano, ni una sola curvatura de volumen en su pecho, seguí bajando la mirada hasta sus finas piernas y me allí sí que me encontré con un bulto, entre sus piernas, ¡era un jodido hombre y yo me había fijado en el!
Quiero salir corriendo de aquí, joder me he fijado en el culo de un tío, piensa en otras…
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—Oh… Tom… si más, más fuerte… así, ¡sí!— Chantelle gritaba y me pedía más como a mí me gustaba.
—Eso es, pídeme más, me pone…
—Si,si Tom, dame fuerte, OH joder…
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—Mejor me voy por las escaleras tarda mucho…—Fui hacia las escaleras.
—Ya ha llegado.— Me paré de golpe al escuchar su voz.
—Gracias, pensé que no llegaría.— Ahora no podía huir mierda…
Entramos en el ascensor y podía sentir que el ambiente estaba cargado de tensión. Un silencio incomodo se formó dentro del ascensor, haciendo que me sintiera más incomodo todavía, sobre todo cuando empecé a sentir como ese chico extraño me miraba sin quitarme la mirada de encima.
Me estaba poniendo demasiado nervioso, así que decidí acabar con esa situación lo antes posible.
—¿Eres gay?— Solté de repente haciendo que el chico se sintiera incomodo por mi pregunta.
—No, ¿Porque?— Me preguntó el chico con su dulce voz.
—Porque no paras de mirarme.— Dije escaneándole de nuevo.
—Lo siento, no te quería incomodar.— Se disculpo el chico avergonzado y quedándose en silencio.
No volvimos a mediar palabra lo poco que dura la bajada del ascensor al piso inferior. Después salí del ascensor, sin decir ninguna palabra y me fui rápidamente por la puerta, para evitar tener algún que otro contacto con ese chico.
Salí del portal del edificio casi corriendo, se me erizaba el bello solo de pensar que ese chico me ha atraído…
Joder, joder, joder y joder, empezamos bien la mañanita…
Nada más salir fui directo a la primera cafetería que vi para pedir un café bien cargado y despejarme. Cuando lo estaba pidiendo vi que la camarera pasaba completamente de mí y fijaba su mirada en otro lugar.
—Hola Maika.— Escuché de nuevo su voz y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
—Hola Bill. ¿Lo mismo de siempre?
—Perdona bonita pero yo estaba antes.— Me quejé.
—Lo siento, ¿Qué querías?— Cara dura y arrogante con los clientes.
—Un café para llevar.— Pedí de mala gana. Otra vez volvía a sentirme observado por ese chico, Bill.— Puedes dejar de mirarme de una vez, ¡me pones nervioso!— Le fulminé con la mirada.
—Aquí tenéis.— Sobre el mármol dejo dos vasos de cartón.
—Quédate con el cambio. Me las piro.— Le di el dinero y salí.
—Que mal educado.— Escuché que le decía seguramente a ese tal Bill. Antes de escuchar nada más salí de allí como si tuviera petardos en el culo, me volvería loco si vuelvo a ver a ese chico, es escalofriante.
¿Desde cuando Tom Schmidt Hoffman le gustan las pollas? Yo mismo os lo responderé… ¡Desde nunca! Pero joder parecía una tía, iba maquillado, los tíos no se maquillan, si lo hacen parecen gays por cojones, un tío hecho y derecho como yo, ¡jamás se le pasaría tal cosa por la cabeza!
—¡Por fin en casa! Ahora a dormir lo que queda de día y como si no hubiera pasado nada…— Me dije en voz alta para auto—convencerme.
POR BILL
—Andreas te juro por mi vida que era él. ¡Tiene la misma voz, estilo, todo! ¡Eres mi mejor amigo tienes que creerme!
—Bill, Tom por desgracia ya no está, así que no intentes ver fantasmas donde no los hay, no me obligues a ir y darte un par de hostias.— Me dijo mi mejor amigo con el cual hablaba por teléfono.
—¡Sí! Eso es Andy. Vente a mi apartamento, múdate conmigo y así lo volverás a ver. ¡Vente! Yo te pago el pasaje si quieres.
—No.— Contesto secamente.
—Sisisisi vente Andy, por favor, si me quieres un poquito ven.
—Sabes que te quiero Bill, pero no puedo irme de golpe.
—¡Si que puedes! Vente o enloqueceré.
—Ya estás loco de remate. ¡Tom esta muerto que te entre en la cabeza!— Me gritó ya cansado del tema.
—¡No me grites de esa forma subnormal! Que sepas que si no vienes no me hables jamás, ¡traidor!— Colgué enfadado.
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Me senté en sillón que tenía en el salón, y me puse a pensar en ese chico que tanto se parecía a mi hermano Tom, lo raro es que ese chico no me reconoció. Por un instante tuve ganas de lanzarme a sus brazos cuando lo volví a ver, y algo en mi interior me estaba diciendo que él era mi hermano, pero en realidad mi hermano, mi alma gemela, mi todo estaba muerto… Y ahora nadie me creía, y no sé como voy hacer para que me crean y se den cuenta de que Tom está vivo.
Pasaron dos días y el mamón de Andreas no me vino a ver. El sigue viviendo en Alemania por desgracia, aunque yo le haya invitado a vivir en mi apartamento, es un dúplex muy espacioso con tres habitaciones y sus respectivos baños, era un piso nuevo, moderno, en el centro.
Georg y Gustav viven en unos edificios cercanos, seguimos siendo amigos, está claro.
A ellos no les gusta estar en sus casas sin hacer nada por lo que ahora trabajan aunque no les haga falta, Georg trabaja en un colegio, es profesor de música y Gustav en la empresa que tiene su padre aquí.
Yo no hago nada serio, no me veo capaz de hacer otra cosa que no sea cantar o modelar, a pesar de haber pasado un año David sigue intentando que Tokio Hotel vuelva con un guitarrista suplente, pero no lo voy a permitir, sin Tom, Tokio Hotel deja de existir.
De vez en cuando he vuelto a hacer mis pinitos como modelo y tal vez más adelante empiece a dedicarme oficialmente a esto, si quiero seguir teniendo una vida de lujos, el dinero que tengo es mucho, pero si no trabajo se irá gastando, y más sabiendo como soy yo.
Como cada día me doy un baño y voy a casa de Geo y Gus para acompañarles a sus trabajos, así me despejo y no me quedo encerrado en casa todos los días.
Cuando estoy listo bajo a la cafetería y Maika me sirve un buen café para llevar y emprendo camino hasta casa de mis amigos.
—Tío hoy llegas tarde.— Me echaron la bronca al llegar.
— Lo siento no he pasado buena noche.— Me excuse.
—¿Por el clon de Tom?—Asentí.— Vamos Bill sabes que y tú y tu hermano tenéis dobles por todo el mundo, así que deja tus fantasías al margen.— Georg me estaba empezando a rallar la cabeza como siempre desde que mi hermano murió, tanto él como Gustav, son muy protectores conmigo y me ponen histérico a veces.
—Georg no empecemos, suficiente tengo con resignarme a vivir sin mi otra mitad.— Inmediatamente dejaron el tema porque una semana después de morir, yo intente suicidarme y casi lo consigo, la pena fue que Gordon me pillo antes de acabar de incrustar la cuchilla en mi piel.
Ahora los tres teníamos una vida normal, ya podíamos salir tranquilamente a la calle sin una estampida de fans que se nos tirara encima.
—El sábado quiero volver a esa discoteca.— Solté rompiendo el incomodo silencio.
—¿Qué?
—Que quiero volver…
—Ya te hemos escuchado.— Contesto Gustav.— Creo que te estás obsesionando Bill, ¿no has pensado en ir a un psicólogo?
—¿Qué? ¡No! ¡Yo no estoy loco! Simplemente quiero ir porque vi a una chica que me gusto y quedamos en volvernos a ver el próximo sábado.— Mentí.
—¿Ah sí? ¿Y como es? Cuéntanos mal amigo.
—Pues alta, delgada, morena, ojos marrones, buen cuerpo, no se…
—¿La besaste?
—No, ¿como crees? Solo charlamos un poco.— Aparte de modelo podría ser actor se me da genial o ellos son muy ingenuos.
Llegamos primero a la empresa del padre de Gustav que pillaba de camino.
—Hasta luego.— Dijo despidiéndose.
—Ahora que estamos solos, yo hoy no trabajo pero me tienes que acompañar al colegio.
—¿A qué?
—Sorpresa.— Georg sonrío maliciosamente.
—Me das miedo pelo pantene.
—¿Porqueeeeee?
—Calla y vamos.— Seguimos camino al colegio de primaria donde Georg era profesor de música, algo extraño, nunca me lo imagine como profesor, pero allí esta con niños de siete a doce años.
Al llegar prácticamente me arrastro hacia dentro.
—Buenos días Alfonso.— Saludo al conserje.
—Buenos días Georg.— Le respondió.
—Le he hablado de ti a la profesora de parvulario, tiene tu edad y esta buenísima, quiere conocerte.
—¿Me has buscado novia Georg?— Dije incrédulo.
—Más o menos.—No vaciló en aceptarlo.— Mira…— Nos paramos frente a una ventana.— ¿A que es guapa? Le encantan los niños y quiere tener muchos hijos, le gusta la moda y hacer fotografía, es dulce, alegre, positiva y está soltera.
—No está mal.— Estaba acuclillada delante de un niño ayudándole a limpiarse las manos llenas de pintura.
—Pensé que era de tu tipo. Puedo conseguirte una cita.
—Georg…
—Hace tiempo que no tienes algo con una chica, date la oportunidad de ser feliz Bill…
—Está bien.—Me rendí.— Pero no la conozco de nada, será muy de golpe quedar con ella sin ni siquiera conocerla.
—Vamos a la cafetería en 20 minutos es la hora del almuerzo, así te la presento.—Se le veía más emocionado… no iba a decepcionarle.
Fuimos a la cafetería y tomamos algo esperando que pasaran esos 20 minutos. Luego vi a esa chica aparecer y dirigirse a nuestra mesa.
—Hola Geo.— Saludo con una sonrisa y luego me miró.
—Hola Ainara, siéntate con nosotros.— Le invito.
—¿No le molestara a tu amigo?— Me miró directamente a mí.
—No tranquila, el es Bill el chico que te hablé.— Ainara se sonrojo inmediatamente.
—Eh mmm… ahora vengo… voy a por… algo— Tartamudeo nerviosa y se marcho.
—¿Qué te parece?— Georg alzo varias veces la cejas.
—Parece una chica muy dulce.— Sonreí. Quien dice que no pueda tener algo con una chica y olvidar la relación sentimental que tuve con mi hermano… No soy Gay, solo me he fijado y acostado con mi hermano, con ningún hombre más, así que sigo considerándome hetero. Aunque se me han acercado varios hombres las pocas veces que salía.
—Bill ella es Ainara, Ainara él es Bill.— Me sacó de mis pensamientos Georg. Me levanté y me acerqué a ella para saludarla y no ser grosero. Con los nervios que tenia me temblaba todo, no me sentía así desde que me di el primer beso con Tom.
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De repente la tele se apago y me asuste, Tom se rió del respingo que di del suelo, la antena debió de caerse. Pero cuando se levante a ver si podía arreglarla manualmente, se fueron las luces de toda la casa.
—Lo que faltaba.— Me queje.
—No ha sido mi culpa.— Se defendió
—Bocazas.— A través de la luz de la luna que entraba por el ventanal del salón vi como Tom miraba como me acurrucaba en la manta.
—¡Encima!— Se ofendió.
—¡Debajo!—Conteste contradiciéndole.
—Pues nada… —Dijo sentándome de nuevo a mi lado.— A ver la chimenea.
—Que guay…—Ironicé.
—¡Oye!— Se quejó.— Piensa que esto era la tele de plasma de hace 60 o 70 años eeh.— Bromeo.
—Pues a mí no me hace gracia estar en esta casa que no conozco de nada, sin luces, a la luz de una chimenea y con sonidos tétricos hay fuera.
—Que pasa Bill, ¿tienes miedo?— Dijo en tono burlón.
—¡Claro que no!
—Ves a la cocina y tráeme una coca cola valiente.— Tragué saliva pesadamente.
—No tengo miedo, pero me da mal rollo, ¿vale? Sabes que la oscuridad no es lo mío desde siempre.
—Aish que el pequeño Billy Grinch tiene miedo a la oscuridad.— Pasó un brazo por mis hombros y me acercó a él, mientras me despeinaba un poco y yo le tapaba con la manta.
—Déjame.— Me queje como un niño pequeño.
—Al nene Grinch le da miedo la oscuridaaaad.— Me irritó
—No es verdad.
—Si es verdad.— Me pegó un pellizco en el costado haciendo que pegara un bote, y comencé a reírme.
—Ni se te ocurra que te veo venir.— Me tire hacia atrás intentando alejarme de el.
—¿Como si no hay luz?—Otro pellizco, otro bote, otra risotada.
—En serio, para.— Me alejé con mis manos y me pellizcó la pierna.
—¿Y si no?— Repitió. Me puse serio de golpe.
—¿Qué pasa?— Pregunté serio. Él no contesto solo puso cara de susto, inmóvil.— Tom no me asustes…
—Bill…— Susurró— He escuchado algo en el piso de arriba…— Me asusté.
—¡¿Qué?!— Grité susurrando y gateé hasta a él rápido, ya que estaba de espaldas a las escaleras. Me pegué al cuerpo de mi hermano con miedo.
—Que, de Que tonto que eres.— Empezó a reírse de mi a carcajada limpia y me tire encima de él.
—¡Imbécil! ¡Quieres matarme de un infarto!— Se quedó callado, serio.
Tenía a mi hermano debajo de mi cuerpo, conmigo encima a horcajadas sobre él. Me puse serio de golpe, mirándole a los ojos alternándolos y luego mirándole a la boca, y luego de nuevo a los ojos, ruborizado sin saber a donde mirar.
Tom estiro un poco su cuello y rozo nuestros labios, por fin. Fue un simple roce, y jamás creí sentir algo así, ni con la mejor tía con la que me había liado, sentí lo que sentí con un simple roce de los labios de mi hermano gemelo, estaba nervioso, todo mi cuerpo temblaba.
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—Encantado Ainara.— Dije al separarnos.
—Podías haberme dicho algo Georg mira mis pintas.— Se sonrojo más y bajo la mirada.
—Mejor al natural, si eres preciosa, no hace falta que te arregles. ¿A que tengo razón Bill?
—Si, claro. Eres muy guapa al natural, no te quiero imaginar arreglada, seguro que vas rompiendo corazones.— ¿Desde cuando era yo así con las chicas hablándoles con tanta confianza y seguridad?
—Qué vergüenza dios…— Susurró pero la escuchamos perfectamente.
—Yo voy un momento a pedir algo de zumo.— Georg se levantó y cuando estuvo detrás de Ainara me hizo leerle los labios.
“¡INVITALE A CENAR CAPULLO!”
Continúa…