Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 21
Ambos entraron a la habitación de Tom.
Bill volvió a escanear todo a su alrededor, ropa de por medio, tabaco, un teléfono móvil, una pequeña libreta, el cajón de la mesita de noche semi abierto dejando asomar una caja de preservativos, Tom era todo un desordenado.
—Está un poco sucio pero no paro por casa últimamente.— Se disculpo.
—No importa.— Bill se dejó caer sobre la cama desecha donde dormía Tom.— Tu cama es cómoda.— Dijo mientras tomaba las sabanas abrazándolas como si fuera una persona.
—Lo es.— Aseguró mientras se quitaba la camiseta y la tiraba al suelo, luego le siguieron los pantalones, mientras Bill no le quitaba la mirada de encima deleitándose con los músculos de la espalda de Tom, su respingón trasero y sus largas y finas piernas con bello rubio. Era igual a su hermano solo que algo más musculado.
Bill se levantó de la cama y se acercó por la espalda de Tom, el cual estaba arrodillado frente a uno de los cajones del armario buscando algo.
Puso su mano sobre el hombre y hizo presión para voltearlo, cuando lo hizo lo empujo haciéndole caer de culo al suelo, entonces Bill se agachó y se sentó sobre el regazo, le beso con rudeza y le obligo prácticamente a tumbarse completamente en el suelo.
Tom en ningún momento le rechazó el beso, al contrario le correspondió casi devorándolo, el beso era completamente húmedo dejando que en la habitación se escucharan los sonidos de la saliva y los labios juntarse y separarse continuamente.
Tom toco las caderas de Bill y la baja espalda con suaves caricias, mientras seguían besándose en el suelo de la habitación.
—Bill…— Nombró Tom al separar un momento los labios del beso.— Si continuas que sea para llegar al final… No quiero quedarme una vez más a medias…— Le dijo seriamente mirándolo a los ojos.
—Voy a llegar hasta donde tu estés dispuesto Tom.— Le miró sugerente intentando cambiar de posición, colocándose entre las piernas del cuerpo de Tom.
—¿C-Como que hasta donde este dispuesto?— Tom se tenso inmediatamente al sentirse dominado por Bill.
—Quiero hacértelo Tom. Yo a ti.— Dijo completamente serio.
—No, no, no.— Quiso quitárselo de encima pero Bill ejercía presión para que eso no pasara.
—Tom no te pongas nervioso no es nada malo, te gustará…— Le susurró al oído mientras retenía las muñecas de Tom a cada lado de su cabeza con una fuerza que Tom no sabia que él tenia.
—No, Bill nunca hemos dicho que esto seria así.— Dijo Tom empezando a ponerse más nervioso.
—Tampoco dijimos que yo seria el sumiso. Tu ya me has metido los dedos, déjame hacerlo a mi también, seamos iguales.— Le sugirió olisqueando la piel del cuello de Tom mientras dejaba algún húmedo beso.
—No ni de coña, yo lo hice y te dañe, yo no quiero pasar por eso.— Negó Tom.
—No todos los cuerpos son iguales, Tom.— Bill juntó su cadera junto con la del mayor haciendo que sus miembros se rozaran.
—Por favor Bill no quiero, no estoy preparado para esto…— Empezaba a desesperarse, Bill parecía que iba a violarlo.
—Solo déjame hacerte lo mismo que me hiciste tu y si no te gusta prometo detenerme, por favor…— Suplicó haciéndose perfectamente la victima.
—No me gusta, que no.— Se negó Tom una vez más.
—No puedes saber que no te gusta, sin probarlo.— Bill insistió en intentar excitarlo con besos.
—Hagamos algo…— Pronunció bajito ya que le estaba gustando los besos que le estaba dando en la clavícula.— Me dejare hacer eso que tu quieres, cuando no estés borracho y yo este psicológicamente mentalizado, pero no ahora…— Intentó hacer fuerza para liberarse del agarre que Bill ejercía sobre sus muñecas, con una fuerza que nunca creyó que tendría Bill, que era tan delgadito y de porcelana.
—¿Me lo prometes?— Puso en duda sus palabras.
—Lo prometo.— Le miró directamente a los ojos para que sintiera que no le estaba mintiendo.
—Confío en ti.— Bill le soltó y se recompuso hincando sus rodillas más en el suelo mientras que Tom se apoyada en sus brazos quedado algo más alzado.
—Pensé que me ibas a violar Bill.— Dijo aun algo nervioso.
—Digamos que quería advertirte que yo no seré el que muerda la almohada siempre.— Se alzó del suelo y se sentó al borde de la cama, Tom permaneció en suelo, solo se movió para cerrar el cajón que abrió y apoyó la espalda en el armario.
—Háblame de ti.— Cambio de tema para relajar el ambiente.
—Veo que quieres que sea yo quien te cuente cosas en vez de poder buscarlo en Internet.
—En Internet no pone lo que quiero saber, allí cuentan cosas superficiales, yo quiero saber de ti, de tu vida privada.— Le aclaró.
—Pues no se que quieres que te cuente…— Se tumbó en el ancho de la cama volviendo a abrazar las sabanas utilizándolas como almohada y poder ver a Tom.
—¿Qué hacías de pequeño?— Preguntó para empezar una conversación.
—Pues, llorar y cagar pañales.— Dijo seriamente a lo que Tom rió a carcajadas.
—No enserio, cuéntame sobre tu primer día de clases, el instituto, tu familia, como conseguiste ser cantante, quiero conocerte, saber todo de ti.
—No suelo hablarle a la gente de estas cosas, solo te aviso que si dices una sola palabra te juro que te violo y luego te desmiembro.— Tom asintió muy seguro.— Pues a ver, que quieres saber primero.
—¿Cuál es tu primer recuerdo?— Preguntó Tom.
—Joder… Pues…— Cerro los ojos y la primera imagen que le vino la empezó a contar.— No estoy muy seguro, pero lo primero que recuerdo es un día de lluvia, tendría no sé unos cuatro o cinco años y estaba con mi hermano jugando en el jardín delantero de casa, empezó a llover y con los cubos y palas que teníamos empezamos a jugar con el barro que la lluvia creó, mi madre salió a buscarnos cuando se dio cuenta de que estaba lloviendo con fuerza, y mi hermano y yo entramos en casa con los pies todos llenos de barro, bueno quien dice los pies es todo el cuerpo.—Rió recordando.— Entramos en casa embarrando todo el suelo y nos lanzamos al sofá peleándonos por quien cogería el sitio de papá, resultado, el sofá era blanco, mamá casi muere cuando nos vio, pero no nos regaño mucho, solo nos dio un azote en el culo y nos mando a la bañera.
—¿Enserio? Que poca cabeza teníais.— Rió Tom imaginándolos.
—Lo mejor vino a continuación, mientras mamá nos bañaba y se fue un momento Tom y yo empezamos a lanzarnos juguetes y a jugar con en agua encharcando todo el baño, en eso nuestro padre llego de trabajar y subió a vernos cuando nos pillos con las manos en la masa. Nos miró con cara seria pero fingiendo y luego nos sonrió acercándose a nosotros, nos dio un beso en la frente, resbalo y cayó con nosotros dentro de la bañera, haciendo que el agua saltase y nosotros cayéramos encima de el mojándolo completamente, aunque no le importo mucho, ya que era camionero y no utilizaba ropa cara. Luego empezamos a jugar los tres, luego subió nuestra madre y después de gritarnos, nuestro padre la cogió en brazos y la metió dentro de la bañera mojándola también. Son bonitos los recuerdos que teníamos los cuatro en familia.— Sonrió con melancolía.— Ahora cuéntame tu alguno tuyo.
—Yo… und em… Estamos hablando de ti, no me cambies de tema.— Se puso nervioso.
—Si quieres saber de mi es lógico que tu compartas algo también tuyo.— Dijo Bill.— Tendrás alguna travesura que hayas hecho de pequeño.
—Oh sí… he hecho muchas.— Mintió Tom intentando salir del paso.— Pero ahora me interesa saber más de ti
—¿Estás intentando ocultarme algo?— Preguntó.
—No para nada.— Susurró Tom.— Lo único que me interesa saber cosas de ti, mi vida me la sé de memoria.
—El alcohol esta haciendo ahora efecto de relajante, por lo cual no voy a discutir contigo. ¿Qué mas quieres saber?
—Lo que quieras contarme, cualquier cosa sobre ti y tu vida me interesa.— Contestó Tom.
Bill fue contándole cosas de su vida, y Tom prestaba atención muy interesado, le contó cosas de cuando era pequeño, que sus padres se divorciaron, que luego su madre volvió a casarse y a ser feliz, que su padrastro fue quien les inculcó valores por la música y les motivo a seguir adelante, y también contó anécdotas de cuando tenían el grupo, las cosas sorprendentes que llegaron a hacer las fans por verlos.
Realmente todo le parecía fascinante a Tom que se sentía orgulloso de saber tales confesiones que pocas personas las saben y las sabrán algún día, pero por una parte también se sentía mal por aprovecharse de Bill que estaba ebrio, seguro que si fuera consciente no le estaría contando estas cosas y mucho menos teniendo su relación como esta, que no es relación ni es nada.
—¿Por qué te has emborrachado?— Preguntó Tom.
—Me sentía solo, quería estar solo, tengo muchas cosas en las que pensar, ¿sabes?— Bill ya estaba cansado, eran altas horas de la madrugada, hablaba ya casi sin razonar, permanecía con los ojos cerrados mientras hablaba, Tom seguía dando conversación para sustraer la ultima información que quería saber, luego lo dejaría descansar en su cama.
—¿Qué cosas son esas?— Se acomodó en el suelo ya le dolía el culo de estar sentado.
—No sé si dejar a Ainara, que hacer contigo, tengo la sensación de que mi madre me oculta cosas sobre la muerte de mi hermano… Estoy cansado de esta vida… Si pudiera pedir un deseo seria que nunca hubiéramos tenido ese maldito accidente.—Dejo de hablar.— Pero…—Dijo adormilado.— No puedo hacer nada…— Murmuró.
—Tranquilo…— Tom se levantó arrodillándose frente a Bill y toco su cabello sedoso tranquilizándolo y dándole un placer que le hacia que cállese en un sueño más profundo, durmiéndose de una vez por todas.—¿Qué me has hecho maldito caprichoso?— Se alzó y le quitó el calzado a Bill para que estuviera cómodo.
Tom se encargó de quitarle los zapatos y la chaqueta que llevaba para que pudiera dormir cómodamente, no se atrevió a desnudarlo más por si luego le echaba algo en cara.
Cuidadosamente lo cogió en brazos para acomodarlo correctamente en la cama, luego el se tumbo al lado de Bill para dormir.
El apartamento de Tom era grande y moderno, pero solo disponía de una habitación, para que quería más si no tenia hermanos, ni familia con quien convivir, si llevaba alguien a su casa eran mujeres y para lo que iban hacer una sola cama era más que suficiente, si se quedaba Kendo el dormía en el sofá sin problemas, así que Bill y Tom tenían que compartir cama.
Tom tapó sus cuerpos y cerró los ojos para dormirse, mientras pensaba en la sensación que sintió mientras que Bill le contaba todas sus historias contestado a las preguntas que él le decía.
No sabia como describir lo que sentía, era una mezcla entre añoranza y rabia, no sabia bien, bien el porque de ese sentimiento, pero así era y lo desconcertaba completamente.
Entre pensamientos, sentimientos y preguntas se quedó dormido al lado de Bill.
El sol amaneció y alumbró la ventana de la habitación de Tom, pero ni él, ni Bill les molesto el sol porque estaban profundamente dormidos, prácticamente se habían dormido poco antes de que amaneciera, tan solo llevaban durmiendo una hora y media.
Las manillas del reloj iban avanzando y ambos seguían durmiendo, pasado el medio día lentamente Bill ya se iba desvelando, pero se quería seguir forzando a dormir, empezó a dar vueltas en la cama intentando buscar una posición cómoda, topándose con el cuerpo de Tom, que a decir verdad no le sorprendió, le dio la espalda y encontró dicha posición cómoda, pero no volvió a conciliar el sueño así que sin poder dormir más se incorporó en la cama viéndose completamente vestido.
Miró a Tom y sonrió mientras se acercaba a el rozando su rostro con los dedos, seguidamente le dio un beso en la frente y se levantó de la cama.
Camino hacia la puerta de la habitación y salió por el pasillo caminando descalzo hacia el baño. Se miró al espejo y casi muere del susto, su maquillaje estaba ligeramente corrido, parte de él ya se había ido así que Bill limpio su cara, dejando la poca sombra negra que le quedaba que ahora era grisácea y le daba un toque más nítido y no tan sombrío a su rostro.
Al salir caminó de vuelta por el pasillo hasta llegar al salón y de allí salió a la terraza que daba a plena calle del centro de los Ángeles.
Observo la gente que paseaba por la calle, aunque la verdad la gente no paseaba disfrutando, iban con prisas para llegar al sitio al que tuvieran que llegar, en estados unidos sobre todo Nueva York y Los Ángeles son ciudades de no dormir.
Allí se quedó contemplando todo lo que era Los Ángeles y lo que no era su ciudad, añoraba la libertad, no ir con prisas, la naturaleza, a pesar que el era más de ciudad. Tenia que ir pronto a ver a su familia, la extrañaba.
—Las vistas son mucho mejor desde detrás de ti…— Susurró Tom rodeándole por la cintura y apoyando su barbilla en el hombro de Bill, el cual estaba apoyado sobre la baranda.
—Guarro…— Rió Bill.
—Si, pero no estoy mintiendo.— Besó su mejilla y se separó de Bill volviendo al interior de su apartamento. Desde su sitio Bill sonrió y se giro viendo como caminaba lentamente en ropa interior hacia la cocina.
—Las vistas desde aquí no son tan malas, tengo una perspectiva perfecta de tu culito.— Se relamió los labios y se mordió el labio inferior, mientras que Tom lo veía con cara de póker pero luego le indicó que se acercara a él con el dedo índice y una mirada llena de picardía.
Bill vaciló en si ir al llamado de Tom poniendo unas muecas exageradas de incertidumbre, el mayor seguía llamándole insistentemente con su dedo.
Bill mordiéndose el labio se dio impulso con sus brazos sobre la baranda y a paso lento y sensual como el modelo que ahora era, así provocando a Tom que sonreía de medio lado mientras que su opuesto se acercaba a él, hasta quedar sus cuerpos pegados y sus bocas casi igual, pero manteneros una distancia mínima.
—¿Vas a preparar el desayuno para tu invitado especial?— Susurró coqueto Bill sobre los labios de su contrario.
—Tengo algo mejor que un desayuno para el gatito que se esconde entre mis sabanas.— Tom rozo las puntas de sus narices como si un gato le hiciera cariños a otro.
—¿Y que es eso?— Bill lamió los labios de Tom aforrándose a su papel como gato.
—Tendrás que venir conmigo para saberlo…— Empezó a caminar lentamente hacia atrás cogiendo a Bill del bajo de su camiseta para que caminara junto a él sin separarse.
—¿Esa rica comida que será mi desayuno esta en tu cuarto?— Pregunto juguetón.
—Ahora lo averiguaremos…— Abrió la puerta y los dos entraron a la habitación, Tom rotó e hizo que Bill se sentara en el borde de la cama, mientras sin quitarle la vista de encima camino hacia uno de los cajones de la mesita de noche, donde guardaba cosas sin mucha importancia.
De allí cogió esa cosa que tanto ansiaba ver Bill para descubrir de que se trataba.
Bill le miraba curioso intentando ver lo que Tom escondía tras su espalda, pero por más que intentaba moverse no veía absolutamente nada.
—¿Qué es?— Preguntó mientras Tom caminaba hacia él de nuevo.
—Cierra los ojos y pronto podrás desayunar.
—Ya esta, vamos rápido no me gustan las sorpresas.— Dijo impaciente y temblando con los ojos cerrados.
—Ya.— Le avisó. Bill abrió los ojos encontrándose frente de sus ojos una gran pirueta de color rojo.— ¿Te gusta?
—¡Me encanta!— Gritó emocionado.
—Cógela tontito es para ti.— Bill le hizo caso y la cogió.
—¿Y esto a que se debe?— Preguntó curioso mientras quitaba el papel trasparente del envoltorio.
—La compre cuando me echaste en el hospital y no me hablabas. Te dije que iba a hacer que me eligieras a mi, esto era solo un detalle tonto.— Explicó.
—No te das por vencido fácilmente por lo que estoy escuchando.— Lamió el dulce caramelo.
—Nunca, siempre consigo lo que quiero.— Sonrió orgulloso.
—No me voy a poder comer todo esto. ¿Me ayudas?— Tom se sentó a su lado y lamió la pirueta una vez la cogió de las manos de él, al mismo tiempo que la saboreaba miraba a Bill, al cual se le paso una sucia fantasía.
Ambos se sentaron cómodamente en la cama mientras que ambos se iban comiendo esa piruleta gigante. A la vez también iban conversando o simplemente se dedicaban miradas cómplices y pervertidas con las cuales reían y bromeaban lamiéndola suciamente.
—¡Oye dámela! La has tenido ya mucho rato tú.— Le reclamó Bill.
—Noooop.—Tom impidió que Bill le robara el caramelo que ahora tenia él.
—¡Tom es mío!— Empezaron a pelear sobre la cama por el dulce.
—Tú quisiste compartir, ahora atente a las consecuencias.— Bill hizo un tierno puchero que le hizo sonreír.
—Eres malo…— Dijo en tono infantil y ofendido cruzándose de brazos.
—Oh el gatito se enfurruña…— Sonrió Tom estirando en la cama cómodamente.
—Shi… quiero mi dulce.—Se puso sobre Tom a horcajadas y sus manos en el pecho desnudo de Tom.
—Me encanta tu papel de bebé.— Comió tranquilamente la piruleta.
—Ajá, y los bebes son muy traviesos…— Con su dedo índice trazo un camino hasta su ombligo.— Los niños son curiosos, y yo tengo curiosidad por saber que hay aquí debajo.— Ahora su dedo fue a parar sobre el miembro escondido de Tom, el cual le miraba con una sonrisa picara en los labios.
—Puede que haya otra cosa que se pueda lamer.
—Poder, puede…— Bill en el descuido de Tom le quito la piruleta y saltó de la cama.
—¡Eh!— Se quejó Tom.
Siguieron jugando como críos pequeños por conseguir la piruleta hasta que se hizo tarde y Bill decidió que ya eran horas para volver a casa.
Cuando Tom le acercó a su casa se despidieron con un beso en los labios como si fueran una pareja, algo que no eran, pero no les pareció raro el hacerlo, ya que esa noche y desayuno había sido como una especie de reconciliación para los dos, después de todo tenían que trabajar juntos y cada uno estaba interesado físicamente en el otro, lo cual llevaba a otro punto.
Bill tenia que decidir que es lo que haría de ahora en adelante con Tom y Ainara, tenia que elegir, pero no sabia que hacer, no quería lastimar a su novia, que era una persona buena y noble, pero por otro lado quería estar con Tom y pasarlo bien.
Si acudía a su mejor amigo Andreas este le diría que hiciera lo que su corazón sintiera o alguna cursilada de ese estilo, pero Bill no sentía amor por ninguno de los dos, era un cariño especial como amiga hacia Ainara y diversión y tensión sexual con Tom. Esto seria más complicado para él de lo que jamás creyó, nunca se vio enredado en una situación de tal calibre.
Andreas le preguntó donde había pasado la noche y Bill le dijo que salio a tomar unas copas solo y luego de camino a casa se encontró a Tom, y pasó la noche con él, pero tubo que repetirle mil veces que no paso nada, ya que su amigo no dejaba de exigirle detalles, aunque realmente si habían pasado ciertas cosas pero no se las contó para ser precavido, aun no estaba listo para contar ciertas cosas de su vida, ya tubo suficiente con tener que decirle lo de que se besaron y Tom paso una noche en su casa, no quería contarle nada sin antes tomar una decisión ya que a cada momento le estaba recordando que tenia una novia a la que le debe respeto, el cual no le estaba teniendo y eso le frustraba aun más.
Desde que la echo prácticamente del hospital no la vio, ni hablo con ella, tampoco le cogía las llamadas, ni le contestaba los mensajes, se sentía agobiado, le estaba presionando y si seguía así todo acabaría mal y él tampoco quería eso.
Bill durante el resto de ese día no hizo gran cosa, nada importante más que estar descansando y tomándose un día de relax junto con su amigo e intentando reflexionar y lograr tomar una decisión.
No quería dejar a Ainara, se sentía bien con ella, no la quería, ni mucho menos la amaba, pero no quería perder su amistad, hacia años que no mantenía una relación con una chica ya sea sexualmente de pareja o de amistad, y por ese motivo la apreciaba y no quería perderla.
Pero a la vez quería cortar con ella, para así poderse divertir con Tom sin que su consciencia le torturara haciéndole sentir culpable, su hermano siempre decía en sus conversaciones con sus ligues; “Si algún día tengo una pareja le seré fiel, antes de estar con otra persona y hacerla sufrir el doble por una infidelidad, la dejaría.”
En ese aspecto Tom era muy maduro, y respetuoso con las mujeres, su madre les había educado para ser unos hombres de provecho.
Pasaron dos días en los que Bill trabajó y por fin acabó ese trabajo al igual que Tom, con el esos días de trabajo no tuvieron mucho contacto, los dos estaban demasiado en su mundo con el trabajo y otros problemas.
Tom había vuelto a tener esa sensación de vértigo cuando su mente empieza a recordar algunas escenas, en las ultimas que tuvo aparecía el solo en una habitación bastante desordenada, tumbado en la cama escuchando música, la cual se le hacia bastante conocida y le hacia pensar, pero no recordaba nada, eran pequeñas escenas sin importancia pero que a él le atormentaban, así que fue a hablar con la madre de su amigo Kendo para tener una de las sesiones en las que hablaban sobre lo que Tom recordaba cualquier detalle que parecía que no importaba, hasta el más mínimo detalle era suficiente, pero Heather era la más ruin de las personas y estaba completamente convencida en destruir la vida de los gemelos Kaulitz.
En esas sesiones no solo Tom le contaba las cosas que creía recordar en sus sueños, o sensaciones al ver o tocar algo, si no también le contaba cosas sobre Bill, sin entrar mucho en detalles, ya que su vida personal no era un tema que tratar, pero Heather no era tonta, y estaba convencida en que ya habían tenido sexo en toda su plenitud de la palabra y sentía que su cometido estaba cada vez más cerca, cuando eso sucediera desaparecería del mapa y nadie volvería a saber de ella, seguiría los pasos de los hermanos desde lejos disfrutando de la venganza de la muerte de su hija menor.
Continúa…