Fic de Carla Moonlight. Temporada 2

Amnesia. Capítulo 22

Hoy era uno de Septiembre, el día en que tanto Bill como Tom cumplirían veintidós años, y una vez más Bill pasaría ese día sin su hermano al que tanto amaba y echaba de menos. Pero esta vez sería diferente, no lo pasaría solo y amargado, posiblemente borracho como el anterior, este año lo pasaría junto con su mejor amigo Andreas y sus otros fieles compañeros Gustav y Georg, no podría faltar Natalie, también invito a Kiev pero él no podría ya que tenía que trabajar pero lo verían, Ainara como novia de Bill también iría para acompañarlo en su cumpleaños. Saldrían a cenar y posiblemente luego irían a tomar unas copas, solo para pasar un rato entre amigos.

Por la mañana de ese primero de Septiembre salieron a desayunar y a pasear todos juntos mientras comentaban anécdotas y disfrutaban de un día entero los seis juntos.

A la hora de la comida también estuvieron juntos fueron a comer a un restaurante sencillo y bastante conocido al que habían acudido otras estrellas intentando pasar desapercibidas, pero ese lugar ya era mundialmente conocido por el hecho de haber sido pillados.
—Es un lugar bonito.— Dijo Ainara que no estaba acostumbrada a pasear muy a menudo por lugares caros de Los Ángeles ya que era una chica sencilla y humilde, se sentía tan pequeña e insignificante alrededor de ellos.
—Y tranquilo.— Dijo Natalie sonriéndole cálidamente, la pequeña Ainara le caía bien a la mejor amiga de Bill y eso era muy bueno ya que no quería que ninguna interesada estuviera con su pequeño Billy.
—La mejor ciudad del mundo, después de Alemania, claro esta.— Tubo que aclarar Georg.
—Eso no hace falta ni ponerlo en duda.— Le apoyo Bill a su amigo.

Uno de los camareros del restaurante fue a la mesa de los chicos para tomar nota de su pedido. Después de que todos se pusieran de acuerdo en cual seria su menú, el joven se marchó.

El tiempo que transcurrió desde que pidieron su comida hasta que esta fue llevada a la mesa estuvieron conversando animadamente hablando de sus trabajos, de noticias que habían escuchado sobre otros famosos por la televisión, hasta que empezaron a degustar sus platos.

Cuando ya estaban tomando el café con dulces el teléfono móvil de Bill sonó, llevaba prácticamente el día entero sonando insistentemente de amigos, conocidos, gente del trabajo y familia que le llamaban para felicitarle por su cumpleaños y desearle que disfrute de su día.
—¿Quién será esta vez?— Preguntó algo cansado, solo le interesaba recibir la llamada de una única persona, su madre, y esta aun no había dado ninguna señal, y se estaba preocupando, ella y su padrastro Gordon siempre eran los primeros en llamarle para cantarle el cumpleaños feliz desde otro continente y desearle mucha suerte en todo lo que haga en la vida.

El numero que mostraba la pantalla del teléfono móvil de Bill no le era conocido, pero el numero era de Alemania, eso si que lo reconoció, pero aun y así no dudo en mirar con el ceño fruncido el numero, hasta que decidió cogerlo.

—¿Si?— Preguntó.
—Bill…— La voz al otro lado del teléfono sonaba débil, triste y cansada. La voz era masculina y grabe.
—¿Papá?— Pregunto mirando a sus compañeros con los ojos bien abiertos. No hablaba con su padre desde hace años, ni tan solo se presento al entierro de Tom, su propio hijo, sangre de su sangre, dijo que no era capaz de despedirse de su hijo mayor, que era doloroso.
—Felicidades… Bill.— en otras circunstancias habría dicho; Felicidades mis niños traviesos, cuando eran pequeños.
—Un segundo.— Dijo para sus amigos disculpándose para ir a hablar fuera para tener privacidad con su padre.—Gracias papá.
—Bill hijo, siento no haber sido un buen padre en estos últimos años.— La voz se escuchaba lejana.
—Papá, no importa… No han sido días buenos para nadie… Desde que Tom murió, todos hemos cambiado, no somos los mismos, es normal que tu también.
—Soy un mal padre Bill…— Ahora sonaba mas triste haciendo que a Bill se le bajara el animo.— Siempre lo he sido…
—¡No papá tu no has sido un mal padre!—Dijo Bill.
—Si hijo, desde que tu madre y yo nos separamos he sido un mal padre, no estaba el suficiente tiempo con vosotros, cuando os hicisteis famosos aun lo hacia menos, y cuando murió tu hermano… me di cuenta de todo, Bill… no me merezco tener unos hijos como vosotros… No fui capaz de despedirme de mi hijo, no di la cara como su padre, soy un cobarde Bill…— Jörg empezó a derramar lagrimas al igual que Bill, que se había sentado en un lugar apartado de la entrada del restaurante y había empezado a soltar lagrimas.
—No digas eso… por favor… Tom no lo querría, el te quería, igual que yo.— Los ojos empezaban a escocerle por el maquillaje.— Eres nuestro padre y te amamos, nada cambiara eso, papá…
—Estoy tan solo Bill… no sabes cuanto os necesito a ti y a tu madre… Me arrepiento tanto de todo… No supe valorar a mi familia… a mi esposa, a mis hermosos hijos… lo deje todo por una persona que no valía nada… os amo Bill, aun amo a tu madre, te amo a ti, y amo a tu hermano…— Dijo llorando a lagrima tendida haciendo que Bill híper ventilaba aguantándose las lagrimas.
—Papá…— Lloro irremediablemente ya sin aguantar más.— No estás solo… me tienes a mi, y aunque mamá este con Gordon ella no te odia, nunca lo hizo…— Le confesó.— Volveré pronto a casa y te visitare lo prometo, estaré una larga temporada contigo, como en los viejos tiempos ¿vale?— Le prometió Bill.
—No hijo… tu tienes tu vida… no puedes hacer lo mismo que hice yo, sé que tienes una novia muy guapa que te quiere, un buen trabajo y tus amigos…
—Pero tu eres mi padre, no digo de irme a vivir para siempre contigo, solo pasar una temporada. ¿Sabes? Yo también te echo mucho de menos… Gordon es bueno, pero tú eres mi padre y eso nadie lo puede cambiar…
—Bill cariño tranquilízate o te dará un ataque.— Le advirtió.
—Estoy bien, no te preocupes.
—Solo quería llamarte para felicitarte, el año pasado no hablamos ni una sola vez, estaba muy mal por lo de Tom y luego pasaron otras cosas… no te llame por tu cumpleaños, ni navidades… y la ultima vez que nos vimos no fue en las mejores circunstancias, casi pierdo a mi otro hijo, entonces si que me moría.
—Papá te amo mucho…— Volvió a sollozar Bill secándose las lagrimas dulces que bañaban su rostro.
—Yo también Bill.
—¿Estas bien? ¿Necesitas algo? ¿Dinero? Puedo ayudarte, puedes decirme lo que sea.— Le ofreció.
—Bill no necesito nada, es tu dinero, yo estoy bien, vivo en otro sitio, en un pequeño apartamento, el sueldo de un camionero no da para mucho, pero puedo vivir.— Bill rió al notar que su padre ponía algo de humor en su voz.
—Andreas ha venido a pasar una temporada conmigo, me cuenta cosas de los tíos y los abuelos, los echo mucho de menos también…— Nuevas lagrimas derramo Bill.
—Creo que es mejor que dejemos de hablar debes de estar con tus amigos celebrándolo, no quiero molestarte más.
—Estamos en un restaurante Georg, Gustav, Andreas, Ainara mi novia, y Natalie, después de mucho tiempo volví a trabajar con ella, también la echaba mucho de menos. Pero para mi padre siempre puedo dejar todo de lado, no les importara.— Sonrió Bill.
—Ve con ellos y disfruta, hablaremos en otro momento hijo.— Jörg respiro hondo sonriendo al otro lado de la línea telefónica.
—Papá, dile a la abuela Marie y al abuelo Märk que los extraño mucho, que pronto me verán atracando la nevera y los armarios de la cocina.— Su padre rió de corazón.
—Lo haré lo prometo, ahora divierte cariño. Feliz cumpleaños de nuevo pequeño.
—Gracias papá, te quiero.— Se despidieron algo más calmados hasta finalizar la conversación.

Antes de entrar de nuevo al restaurante espero a calmarse un poco y secó sus lagrimas sintiendo la cara algo entumecida por llorar. Suspiro mirando al cielo y volvió a entrar una vez tranquilo.

Cuando entro nadie le pregunto, todos sabían que Bill había estado llorando por las bolsas de sus ojos que estaban algo hinchadas y sus ojos algo rojizos.

La comida trascurrió con normalidad, con risas, anécdotas, los chistes malos de Georg y alguna que otra llamada más que a Bill no le interesaban, solo esperaba recibir la de su madre.

Después de comer todos salieron del restaurante tras pagar, esta vez invito Georg, ya que era el cumpleaños de Bill y no debía pagar nada.
—¿Y ahora que hacemos?—Pregunto Bill.
—Darte tus sorpresas.— Sonrió Natalie.
—Si, pero antes tenemos que ir a otro sitio.— Recordó Georg.
—¿A otro sitio?— Se extraño el cumpleañero.
—Ajá, no vamos a darte los regalos aquí en medio de la calle, son un poquito demasiado grandes.— Dijo Gustav riendo. La verdad es que Georg y Gustav estaban manteniendo bien discretamente su relación.
—¡No quería regalos! Nunca los he querido.
—Y cada año te damos regalos, así que no se porque sigues diciendo que no quieres, si siempre tendrás.— Rieron todos.
—Cabezotas…— Bill negó con la cabeza y Georg lo abrazo fuertemente y empezó a guiarlo por el camino correcto.
Caminaron por las calles de Los Ángeles hasta llegar a un hotel, en el que se hospedaba Natalie estos días. Subieron hasta su habitación y se pararon frente la puerta de esta.
—Lo siento Bill pero voy a estropear tu maquillaje.— Le dijo Georg y Bill puso una cara de espanto.
—¿Qué? ¡No!— Se retiro.
—Hazlo Bill.— Le sonrió Ainara tiernamente y Bill le hizo caso. Georg ató sobre sus ojos un pañuelo para que no viera nada.

Antes que nadie entraron todos exceptuando a Bill y Georg, que era el que se encargaría de guiarlo por la estancia.

Al entrar Natalie se dirigió hacia el pequeño salón que tenia el cuarto junto los demás para ultimar unas cosas.
—Georg ya podéis entrar.— Le informo Natalie.
—Eso odio las sorpresas y mas con los ojos tapados, no puede ser nada bueno.— Camino guiado por Georg, pero lo hacia con miedo no se fiaba para nada de él.
—Puedes destaparte los ojos.— Casi con urgencia se quito la venda de sobre sus ojos y miro a su alrededor hasta que su vista se enfoco en dos personas. David Jost su ex manager y la pequeña Svenj la hija de Natalie.
—Felicidades.— Le dijo David acercándose a Bill y abrazándolo.
—David, que sorpresa.—Se alegro de verlo después de tanto tiempo, habían compartido muchas cosas y le alegraba verle, era su amigo ahora que ya no era manager.—Ven aquí pequeña.— Le dijo Bill acuclillándose a la altura de la pequeña niña rubia y de ojos azules muy parecida a su madre.
—Ves con él, es el Tío Bill, ¿no te acuerdas de él?— Le pregunto Natalie a su hija. La pequeña dudo un poco pero cuando acepto lo que su madre decía corrió hacia Bill dándole un gran abrazo haciéndole sonreír.
—Felishidades.— Dijo sonriéndole y dándole un beso en la mejilla.
—Muchas gracias princesita.— Bill la cogió en brazos sonriendo.— Uff estas muy grande ya.
—Mami quiero darle mi regalito…— Dijo con voz infantil queriendo bajar de los brazos de Bill y este la dejo en el suelo, la pequeña salió corriendo fuera de la salita.
—Sentémonos.— Los mayores se sentaron en la mesa.
—¡Aquí eshta!— Svenj le tendió a su tío Bill un regalo envuelto torpemente, se notaba que lo había echo la pequeña sola.
—Muchas gracias preciosa. ¿Me ayudas a abrirlo?—Le pregunto, ella asintió y se sentó en el regazo de Bill con su ayuda. Entre los dos abrieron el regalo de la pequeña.— Oh que bonito.— Era una tabla de barro del tamaño de un folió con letras escritas.
—Mamá me ayudo a escribirlo. ¿Te gusta?— Le preguntó inocentemente mientras todos sonreían adorando a la dulce niñita.
—Claro que me gusta, lo pondré en el salón de casa para que todo el mundo lo vea cuando venga y les diré que me lo a echo una princesita a la que quiero mucho, mucho, mucho.— Bill le dio muchos besos haciéndola reír con carcajadas infantiles.
—¡Yo también quiero darle mi regalo!— Dijo Georg levántadose de la mesa y mirando a Gustav para que lo acompañara.
—Ahora venimos, no te desesperes.— Rió Gustav mientras se iba con Georg a la habitación de Natalie.

En el salón se quedaron los demás mientras se preguntaban que seria el regalo de ellos, y la hija de Natalie se entretenía arrugando el papel rojo de regalo.

En la habitación Georg se paso frente a la cama cogiendo aquel gran regalo.
—¿Crees que le gustara?— Pregunto.
—Espero que si, no sabes lo que tarde en encontrar ese maldito recuerdo.— Exagero Gustav.
—A mi si que me costo encontrar tu regalo.— Dijo Georg a propósito para poner nervioso a Gustav que su cumpleaños era en unos días mas.
—¡Ya lo tienes!— Grito.
—Si, pero no te esfuerces en buscarlo por casa, no lo encontraras.— Rió.
—Eso lo dirás tu.— Gustav se quedo callado un momento pensando en el lugar en el que lo podría haber escondido.
—Gus… no te esfuerces, si digo que no lo encontraras es que no lo encontraras…— Georg se acerco a él y le obligo a mirarle y luego junto sus labios dándole un beso.
—¡Donde esta mi regalo, lo quiero ya!— Se escucho un grito de Bill desde fuera.
—¡Espérate que es muy grande!— Le respondió también a voces Georg.— Necesitaba besarte después de todo el día.— Gustav se sonrojo.
—Vamos…— Dijo en un susurro. Ambos cogieron el regalo por cada uno de los extremos y con cuidado salieron hasta donde se encontraban todo.
—¡Que grande!— Grito Svenj. Su madre se encargo de quitar todo lo que había en la mesa para que pudieran poner ese gran regalo envuelto en papel de color azul.
—Esperamos que te guste.—Hizo de portavoz Georg.

Bill se levanto de su silla dejando a la pequeña de la familia sobre la silla para que pudiera ver mejor. Con algo de miedo al ver algo tan grande empezó a romper el papel pudiendo empezar a ver algo de color plata muy brillante.
—Rómpelo ya, me estoy poniendo nervioso.— Dijo David.
—Esta bien.— Bill cogió y rompió el papel de un extremo a otro dejando ver que se escondía tras tanto envoltorio, también quito el papel de burbujitas que lo protegía de los golpes.
—¿Te gusta?— Le pregunto Gustav al ver que no decía nada, solo miraba aquel cuadro.
—Es precioso…— Susurro Bill alzando la vista llorando por segunda vez en el día de hoy.
—Oh no llores pequeño Billy.—Dijo bromeando Georg. Su risa se calló inmediatamente cuando Bill lo abrazo con fuerzas colgándose de su cuello y luego cogió del brazo a Gustav haciendo un abrazo triple, lo que le hizo llorar mas.
—Es muy bonito…— Intento dejar de lloriquear al separarse.
—Es para que te acuerdes de quienes somos tu familia a pesar de todo.— En la foto salían los cuatro, Bill, Tom, Georg y Gustav, con los guardaespaldas del grupo, sus padres y el staff al completo.
—Ahora viene la segunda parte del regalo.— Dijo David, que del interior de su chaqueta saco varios sobres.— De tus compañeros, que también han querido felicitarte desde lejos.— Todas y cada una de esas cartas eran de las mismas personas que salían en la foto.— Me a costado encontrar a algunos de ellos, que ya no trabajan para nosotros, pero lo conseguí.— Dijo orgulloso David.
—Muchísimas gracias, es el mejor regalo que me han hecho nunca.— Abrazo esta vez a David.
—Creo que es hora del pastel del cumpleañeros, ¿no?— Preguntó Georg frotándose las manos y lamiendo sus labios ansiosos por un dulce.
—¡Georg!—Le llamó la atención su amante con un golpe.
—Tiene razón. Voy a buscarlo al catering del hotel.— Dijo Natalie sonriente.
—Espero que no sea de chocolate.— comento Bill.
—Sé que no te gusta, no te preocupes, todo esta bajo control.— Le guiño un ojo para luego dirigirse a la puerta de su habitación.
—¿Mami puedo ir contigo?— Pregunto la pequeña, que en pocos días su vocabulario se había extendido muchísimo.
—No.— La niña miro al suelo cabizbaja, ya que su madre sonó muy estricta.— Tengo una idea mejor, enséñale a todos el regalo que te a dado David.— Asintió y se fue en busca de su regalo corriendo.
Natalie se dirigió al ascensor para bajar a buscar el pastel, el que sabia que era el preferido de Bill desde que lo conoce.

En la habitación todos habían quedado en silencio esperando a que la dulce niña reapareciera en la habitación con esa sonrisa tan encantadora que era capaz de iluminar el cielo mas oscuro de todos.
—¿David me ayudas?— Se escucho la voz con un tono de esfuerzo. David sonrió y fue en la ayuda de la princesita rubia.

Al entrar no pudo evitar sonreír al ver los piececitos de Svenj sobre salir de debajo de la cama.
—¿Qué haces aquí abajo?—David se puso al lado de su diminuto cuerpo bajo la cama, observando como intentaba alcanzar con sus cortos brazos aquella sombra que estaba arrinconada en una esquina, entre la pared y la mesita de noche.
—No sale…— Dijo con voz lastimera la niña.
—Déjame a mi, princesa.— David se metió mas bajo la cama mientras que Svenj salía. Poco después David salió con el regalo en sus manos.— Aquí tienes.— La niña coloco los brazos sobre su pecho y David le dio su regalo.— Ahora ves a enseñárselo a todos.— Le dio un beso en su cabeza y la niña salió de nuevo para enseñarte a sus tíos el regalo que le dio David cuando la vio.
—¡Oh!— Dijeron todos a la vez cuando la vieron aparecer con su regalo en los brazos.
—Me lo ha regalado David.— Dijo orgullosa.— Y no es mi cumple.— Rió inocentemente.
—Que perrito mas mono, se parece a Georg con esa cara de perro.— Rió Bill.
—¡Eh!—Se quejo Georg, haciendo reír a la pequeña.
—¿Le has puesto nombre?— Pregunto Gustav, la niña negó con la cabeza.
—¡Anda! Le podrías poner Georg de nombre.— Propuso Bill entre carcajadas.
—Te voy a matar pelo fregona.— Le dijo Georg.
—Le quedaría bien ese nombre.— Apoyo Gustav a Bill.
—Eso tu mete mas mierda.— Svenj abrió los ojos muy grande.
—¡A dicho una palabrota!— Gritó señalándolo.
—Que mala influencia eres Georg.— Negó con la cabeza Bill riendo.— Llámale Georg, no ves, tienen la misma cara.— Bill cogió al perrito y lo puso al lado de la cara de Georg para que la niña comparara los parecidos, a raíz de eso empezó a reír tapando su boca con sus manos.
—Geo, se llamara, shi.— Dijo la pequeña decidiendo el nombre.
—¿Y te gusta el regalo?— Le pregunto Gustav.
—Ship. Ojala David fuera mi papi, ¡seria el mejor papi del mundo, mundial!— Dijo yendo hacia David y abrazándolo por las piernas. El mencionado rió y cogió en brazos a la dulce niña.
—Lo siento pequeña, pero tu mamá y yo solo somos amigos por eso no puedo ser tu papá.— Explicó David con sumo cariño a la niña.
—¿No puede ser?—Preguntó la niña con tristeza.
—No…—Contestó David con pena.
—Bueno… pero yo te puedo llamar papá.— Dijo Svenj con mucha naturalidad.
—No, no puedes cariño. Tu papá será alguien que este siempre contigo y el novio de tu mamá.—Intento explicarle Davis a su pesar, le encantaría ser el padre de esa dulce niña que necesitaba una figura paternal.
—Pero yo quiero que tu seas mi papá.— Dijo encaprichada la niña. David no sabia como hacerle entender, y a demás estaba pasando algo de vergüenza al estar delante de Bill, Georg y Gustav.
—Díselo a tu mamá.— Le propuso Georg.— Dile a tu mamá que quieres que David sea tu papá. O pídeselo a Santa Klaus para navidades.
—¿Santa… Klaus?— Pregunto extrañada.
—Ellos no le llaman Santa Klaus, Georg.— Le dijo David corrigiéndolo, ya que Georg se había acostumbrado a llamarlo así que es como lo llamaban en muchos lugares.
—Bueno Nikolaus.— Así es como le llamaban en Alemania.
—No Georg, San Nicolás, no ves que Natalie es de Ucrania.— Natalie ciertas tradiciones las conservaba de sus orígenes y se las estaba inculcando a su hija.
—Pues pídeselo a San Nicolás, seguro que cumple tu deseo.— Insistió Georg.
—Vale.— Sonrió la pequeña.— Serás mi papá.— Le dio un sonoro beso en la mejilla a David.
—Por que no vas a darle de comer al perrito, seguro tiene hambre.— Dijo bajando de sus brazos a la pequeña, la cual le hizo caso.
—David, has dicho que no podrás ser su padre porque solo sois amigos, pero la cuestión es, ¿a ti te gustaría ser su padre?— Pregunto Bill seriamente.
—Claro que me gustaría, es una niña adorable.— Dijo claramente.
—No me has entendido, ¿te gustaría tener algo con Natalie?— Fue mas directo. Georg y Gustav asintieron.
—¡Dios! No voy a hablar de eso con vosotros.— Dijo riendo.
—Oh vamos. Te conocemos de toda la vida. Tu nos has hecho decir cosas mas vergonzosas, incluso visto en situaciones. Habla.— Le exigió Georg.
—Ahora no eres nuestro responsable, ni tienes que comportarte como tal, ahora somos amigos.— Intervino Gustav.
—No pienso decir nada.— Se negó convencido.
—El que calla, otorga. Si quiere tener algo con Natalie, le gusta desde siempre.— Afirmo Bill.
—Menos mal que ya no os tengo que aguantar, si no ya me hubiera dado algo.— Agradeció dramáticamente.
—Si, pero bien que el primer año no dejabas de insistir en que volviéramos como grupo.— Le pico Gustav.
—Ya estoy aquí.— Entro Natalie con la tarta en las manos mientras cerraba la puerta con el pie. Todo se quedo en silencio con su entrada.— ¿Sucede algo?
—¡Mami, mami!— Svenj salió corriendo y se abrazo a las piernas de su madre que casi pierde el pastel.
—¡Cuidado Svenj!— David cogió la tarta dejando libre las manos de Natalie, la cual poso las manos sobre la cabellera rubia de su hija.
—Mami quiero pedirte algo…— Dijo la niña alzando la mirada para ver a su madre.
—Dime cielo.— Le dio paso.
—Quiero que David sea tu novio, así será mi papá.— Pidió inocentemente a lo que Natalie quedo sorprendida y miro a David.
—¿Eso a que viene ahora?— Le pregunto a su hija.
—Por que quiero tener un papá como los niños de mi escuela.— Esas palabras le rompieron el corazón a todos, pero especialmente a la madre de la niña, la cual se sentía culpable al no dejar que tuviera un padre, por la mala avenencia que tenían.
—¿No hablemos de eso ahora, no quieres comer pastel?— Intento desviar el tema.
—¡Quiero bufar las velas!— Dijo saltando emocionada olvidándose de lo de tener un papá.
—Te dejo que me ayudes. Creo que ya estoy viejo para poder apagarlas todas.— Dijo Bill para contentar a la niña.
—¡Bieeeen!— Corrió hasta Bill y salto encima de sus piernas sentándose sobre él.
—Voy a encender las velas.— Dijo Natalie mientras miraba a David con complicidad y le guiñaba un ojo disimuladamente.

David se puso nervioso cuando Natalie le guiño un ojo, pero sabia perfectamente por que lo hacia, no porque estuviera flirteando con él, nada de eso, pero aun y así sintió un cosquilleo en su estómago.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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