Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 23
Mientras Natalie se encargaba de encender cada una de las velas de la tarta, David se encargó de alejarse hasta la entrada de la habitación y apagar el interruptor de la luz dejándolo todo a oscuras, ya que las ventanas y persianas estaban cerradas y bajadas, iluminando solo con la luz de las pequeñas velas.
—Recuerda de pedir un deseo.— Le recordó Gustav.
—Esta bien…— Bill cerró los ojos y pensó en su deseo con todas sus fuerzas. La fe es lo ultimo que se pierde, pensó.— Ya esta. ¿Bufamos?— Le preguntó a la niña sobre sus rodillas. Ella asintió.— Una, dos…— Y los dos soplaron a la vez mientras reían y apagaban todas las velas con dificultad por culpa de la risa.
Al apagarlas todos sus amigos empezaron a aplaudir energéticamente, mientras sonreían y le felicitaban, dándole besos y abrazos sin parar, incluso Bill se emocionó.
Al final de la sala dos par de ojos le observaban con una sonrisa en sus labios y ojos cristalinos, apunto de llorar.
—Bill, nuestro regalo esta detrás de ti.— Dijo Natalie, y David encendió de nuevo las luces.
El cumpleañero lentamente te fue girando con una sonrisa en los labios, pero al ver su sorpresa esta se borró inmediatamente de la cara, dejando caer una lagrima tras otra.
Rápidamente salió corriendo y se abalanzó sobre sus padres que estaban allí, en esa habitación, en carne y hueso, no era un sueño, allí estaban.
Los tres lloraron abrazándose fuerte, mientras que el resto observa la escena con felicidad, de volver a reunir a padres e hijo después de más de un año.
—Os quiero, os quiero muchísimo.— Decía Bill mientras no cesaba de llorar.
—Felicidades mi amor.— Dijo su madre también llorando.
—Felicidades hijo.— Le dijo Gordon dándole un beso sin separarse aun del abrazo.
—Gracias…— Se separó del abrazo con sus padres.— ¡Con razón no me habéis llamado en todo el día!— Les recriminó Bill.— ¡Y vosotros lo teníais bien escondido eh!— Se dirigió a David y Natalie.
—De nada.— Dijo irónicamente David.
Después de un par de bromas más sobre el secreto del viaje de los padres de Bill, cortaron la tarta y la comieron mientras conversaban de muchas cosas de interés, sobre todo de los padres del cumpleañeros, que habían echado en falta a su hijo menor y quería saberlo todo, ponerse al día.
A Ambos les pareció muy simpática Ainara la novia de Bill, la cual no había hablado mucho desde que llegaron al hotel desde un principio, se sentía fuera de lugar, que no pertenecía a ese circulo de personas, no se sentía de la familia, estuvo prácticamente observando y escuchando todo el rato.
Bill tampoco se mostró muy cariñoso con ella, ya que estaba pendiente de su familia y amigos. De vez en cuando la mirada y le sonreía pero no sucedía nada más, ni un beso, un abrazo, nada. Las miradas ni tan solo tenían una pizca de complicidad amorosa, ni amor, nada, como si fuera una estatua de decoración en esa mesa.
La noche prácticamente se había echado encima entre anécdotas, dulces y bebida, así que cada uno decidió irse a su hogar. David tomó la decisión de quedarse a ayudar a Natalie a recoger un poco todo, la pequeña Svenj se había quedado dormida en el sofá así que él la llevó hasta la cama de matrimonio en la que dormía con su madre.
Simone y Gordon se hospedarían unos días en el mismo hotel que Natalie, ya que en el apartamento de Bill no hay espacio, así que se despidieron de ellos en el mismo pasillo del hotel. Andreas, Ainara, Gustav, Georg y Bill salieron del lujoso hotel, en la salida se despidieron de Georg y Gustav que se fueron en su propio coche a su apartamento.
Bill y Andreas acompañaron a Ainara a su casa también. Bill le dio un beso, si se le podía llamar así, ya que apenas rozó sus labios. Luego él y su mejor amigo fueron hacia su casa.
—¿Qué te a parecido todo?— Le preguntó.
—Bien, aunque tu estabas como ausente, no has hablado a penas, era como si no estuvieras presente.
—Ya, es que no me encontraba muy bien, ahora tampoco a decir verdad.— Confesó Andreas, el cual se sentía con un mal estar general desde hacia bastante.
—Ahora vamos a casa y descansas. No sé por que no me lo dijiste antes.— Le reprochó Bill.
—No quería estropearte tu fiesta de cumpleaños, se te veía tan feliz después de todo.— Bill puso camino hacia su casa mientras conversaba con Andreas.
—Gracias, sé que tu tuviste la idea junto con los chicos, te lo agradezco.— Dijo de todo corazón recordando todas las sorpresas.
—No me agradezcas, te lo mereces.— Andreas sonrió.
Al llegar a su apartamento Andreas se metió en la cama a descansar no se encontraba muy bien. Bill también se metió a su cálida cama y como cada día en estas fechas revivía todos y cada uno de los cumpleaños que paso junto a su alma gemela.
Suspirando se acurrucó bajo las sabanas entristecido y melancólico, aun esa sensación que tubo desde un principio, que su hermano no estaba muerto, seguía allí, en su corazón, su alma sabia que su hermano estaba en algún lugar del mundo, perdido, en un lugar donde él no le podía dar calor, consolarlo.
—Bill y yo siempre hemos tenido una conexión especial, podemos sentir lo que él otro siente sin necesidad de estar juntos, solo tenemos que concentrarnos y nos sentimos.
—Si es cierto.— Admitió Bill.
—Una vez sentí que Bill no se sentía físicamente bien, y lo llame y era cierto, Bill estaba enfermo.
Recordó Bill aquella confesión a los medios de comunicación en una de las tantas entrevistas, como podía ser tan estúpido no haber pensado en eso. Solo tenia que concentrarse en su hermano y tendría respuestas.
Su cuerpo temblaba ante la idea de lo que iba a hacer, ¿y si sentía algo que no le gustaba?, mejor dicho, si no sentía nada ¿Qué? Simplemente estaba aterrorizado. Una parte de él le decía que adelante, que lo hiciera, mientras que la otra le decía que no, que no era una buena idea. ¿Qué debía de hacer? Se preguntó sin recibir respuesta por ningún lado.
Cogió una gran bocanada de aire por la boca, cerró los ojos y visualizó a su hermano tal y como lo recordaba. Iba a hacerlo, iba a descubrir la verdad, de una buena vez.
—Tom…— Susurró.
El pecho de Bill se contrajo. ¿Le había escuchado? Se concentro más en su hermano, alguna vez le había pasado que podía incluso sentir, y según Tom ver donde estaba.
Con los ojos aun cerrados sintió como su respiración se aceleraba y su cuerpo sudaba. ¿Su hermano estaba en apuros? Desde hace dos años. Bill se asustó.
—Tom, donde estas…— No pudo evitar reprimir unas lágrimas.
La concentración era tal en su hermano que incluso creyó ver alguna imagen en su mente. Intentó hacer un sobre esfuerzo para ver si la imagen se volvía más nítida y podía diferenciar algo, era como si sus ojos cerrados por mucho tiempo estuvieran volviéndose abrir cegándose por la luz, como cuando despertó en el hospital tras el accidente que lo separó de su hermano.
La visión se fue aclarando, gran parte del lugar era blanco. Lo que veía era como si su fantasma estuviera en aquel lugar, todo era extraño, jamás le había sucedido algo de tal magnitud, nada parecido, era sobrenatural lo que estaba sintiendo, se sentía como… no tenia palabras.
Ahora la visión era desde otro punto de vista, y lo que veía no le gustaba. Era una chica, completamente rubia y desnuda de cintura para arriba en un mullida cama de sabanas blancas. La chica ponía caras de placer y gemía. ¿Tom estaba con esa tía fallándosela?
¿Tom estaba vivo? ¿Dónde? ¿Por qué se marchó? ¿Ya no le quería? ¿Qué había pasado?
Bill sintió al principio rabia, mucha rabia, entendiendo que ese sudor y el latido rápido de su corazón no era porque su otra mitad estuviera sufriendo, estaba disfrutando de una manera muy erótica. Luego sintió tristeza, una tristeza infinita, ¿por qué le hacia creer que estaba muerto?, ¿por qué se alejo de su familia?, ¿de la gente que le amaba?, ¿por qué le hizo sufrir a él?. Preguntas sin respuestas.
El corazón de Bill yacía en el suelo en mil y un pedazos incapaz de volverse a construir.
—¿Por qué me haces esto? Te amo Tom…
En otro lugar de LA
Tom había pasado el día en su casa, sabia que hoy era el cumpleaños de Bill pero sabia que estaría con sus amigos y él no pintaba nada, así que solo, paso un gran día aburrido, o al menos hasta que su teléfono móvil sonó alertándole de que había recibido un mensaje, al ver de quien era sonrió, que original era cuando quería.
Rubia cachonda:
Hace mucho que no nos vemos. ¿No quieres divertirte conmigo? No lo pasamos mal la ultima vez. Esta noche estaré en Cocktail. Espero verte precioso 😉
Perfecto. Hoy pasaría una gran noche junto a esa rubia con curvas de infarto y tigresa en la cama.
No dudo en presentarse allí y buscar a la rubia, para después de unas copas y coquetear decidieran irse al edificio de la rubia, para dar la noche por perfecta.
La habitación era de un blanco impecable, pero eso le daba un poco de igual, no se iba a quedar a vivir allí, lo único que le importaba era un lugar donde poder follarse a esa tía y desfogar sus ganas de sexo, ya que Bill nunca se dignaba a saciarlo del todo, se empeñaba en hacerlo sufrir.
En un tiempo récord ambos se desnudaron, cada uno quito sus propias prendas, iban a lo que iban, y no perderían tiempo en quitarse la ropa de manera lenta y cursi como un par de enamorados. Cuando eso sucedió no dudaron en devorarse a besos y ponerse manos a la obra.
Tom empezó a embestirla sin ningún tipo de miramientos, no le importaba si le gustaba o no, si sentía placer o dolor, el solo quería meterla en caliente y quitarse las ganas de encima, ni siquiera se paró mucho en besarle o tapar sus gritos. Pero al fin y al cabo no parecía que a la chica eso le molestara al igual que las fuerte y rudas penetraciones, le gustaba lo fuerte y Tom se lo estaba dando como una perra que era.
El corazón de Tom latía con fuerza, su cuerpo empezaba a sudar como pocas veces lo había hecho cuando se follaba a alguien, esta vez se estaba sobre excediendo, pero los gritos de esa chica le hacían que la penetrara más rápido y con más fuerza haciendo que aquella chica cerrara los ojos con fuerza, o por lo contrario, los abriera como platos del puro placer.
Pero algo le corto el rollo inmediatamente a Tom, sintió como una presencia, de pronto se sentía observado, pero sabia que allí no había nadie más que ellos. Aun y así no ceso de follarse a esa rubia, poco le importaba los fantasmas que hubieran en la casa, si lo que querían era presenciar porno en directo, Tom les iba a dar ese placer a los fantasmas.
Las sensaciones no quedaron ahí, un odio mezclado con angustia y dolor se acomodó en su pecho. Luego creyó escuchar dentro de su cabeza un leve susurro que le llamaba por su nombre.
Tom dejo de sentir esa presencia a su alrededor, pero esa extraña sensación aun en su pecho, ahora el sentimiento de tristeza era aun mayor del que había sentido anteriormente.
Mientras el chico amnésico estaba pendiente de sus sensaciones que su cuerpo sentía, no de placer, si no de angustia, temor, miedo y tristeza, un gemido le sacó de sus cavilaciones dándole a saber que la rubia con la que estaba ya había llegado al máximo placer, al éxtasis, pero él aún no se detuvo, también quería terminar y sacar de su cuerpo toda esa tensión que había acumulado su cuerpo por culpa de Bill.
Así de fácil como pensó en él, así se corrió de rápido, con una veloz imagen ficticia de su mente donde por un momento vio su cara y cuerpo en el que debería de ser la chica. Una visión que le hubiera gustado que fuera completamente verdad, tan verdadero y palpable como esa mullida cama blanca.
Una vez saciada sus ganas de sexo, aunque no tan satisfactoriamente como él se imaginaba, se retiró casi de golpe del interior de esa chica fácil y rastrera que había logrado correrse dos veces consecutivas.
Esa rubia la cual Tom ni recordaba su nombre, se acomodó sobre su pecho, a él no le importó, básicamente porque su mente no estaba presente en esa habitación, estaba vagando sobre sus recuerdos, los cuales siempre intentaba recordar, pero su mente aún tenía grandes lagunas, no ha recordado nada más desde lo de él de pequeño con un hombre tocando la guitarra.
Ahora mismo su cuerpo sabía que esa sensación de vacío ya la había sentido antes, mucho antes de perder la memoria, esa sensación le parecía aburrida y no del todo complaciente, se sentía vacío, para nada saciado, ni aunque se acostara con tres chicas en una sola noche o a la vez, cosa que ya había hecho, no le era suficiente, y no entendía el porqué, era como si estuviera perdiendo el interés por momentos en las chicas, o es qué Bill le atraía demasiado, era tan perfecto que nadie se le podía comparar, nadie le haría sombra nunca.
Él sabía cómo y dónde tocarle, como hacer que se estremeciera tan solo con una mirada, como hacerle enfadar y sonreír, y por supuesto como rechazarlo para hacerlo molestar, tenía algo diferente que no permitía que se aburriera de él.
Apartamento de Bill
Después de ver aquella escena prefirió dejar de concentrarse en su hermano para averiguar que es de él, lo haría en otro momento cuando no estuviera en una escena tan comprometida y que a Bill dañaría.
Estaba tan agotado que a penas tuvo tiempo de pensar, ya que cayó rendido casi al instante al sueño tras romper la conexión.
La mañana siguiente en Los Ángeles amaneció algo sombría y fría, no hacia un buen día.
Andreas como de costumbre fue el que más temprano despertó, no tenía mucho aguante en la cama necesitaba abrir los ojos apenas amanecía como acto reflejo.
Al despertar lo primero que hizo fue arreglarse y salir de casa, ya que ayer mientras estaban celebrando el cumpleaños de Bill su amigo le había mandado unos mensajes para quedar en verse y dar una vuelta, por lo cual Bill se quedó solo en su apartamento.
Como era de costumbre él despertó tarde, pero más pronto de lo que le hubiera gustado, sentía su cuerpo arder y eso le incomodaba mucho, estaba sudando. Sobre la piel de todo su cuerpo había una fina capa de sudor.
Sentía calor, pero a la vez frío un malestar general que inundaba todo su cuerpo. Intentó levantarse de la cama, pero se sentía cansado.
Con muy pocas ganas intentó levantarse de la cama de nuevo, pero un mareo recorrió su cuerpo haciendo que este volviera a caer sobre la cama. Al final dio por inútil intentar levantarse, su cabeza le ardía eso era el mal presagio de que algo realmente le pasaba, estaría cogiendo una gripe, ahora que el tiempo empezaba a cambiar de estación.
Aquella mañana Tom se había levantado temprano, después de haber pasado de una noche de placer y sexo con una rubia espectacular.
Se levantó temprano porque ese día tenía que ir a una tienda, para comprar un regalo especial que había encargado hacía varios días, y había quedado ir ese día a recogerlo.
Se levantó de la cama, y se fue a darse una ducha rápida, haciendo que el agua templada cayera por sus brazos y torso musculado. Después se enrolló una toalla sobre su cintura, y se dirigió hacia su habitación, abrió el armario para escoger la ropa que llevaría ese día, como era de costumbre unos pantalones anchos con una camiseta del mismo estilo, acompañadas de una bambas.
Cogió las llave de su coche, y salió de la casa cerrando previamente la puerta con seguridad, después metió la llave maestra en el ascensor y accedió a la planta del garaje, para luego dirigirse en su Audi R8, el otro coche que tenia aparte de su Cadillac, hoy era una ocasión especial, así que porque no coger su amado Audi.
En menos de media hora, se encontraba frente a la puerta de la tienda, para recoger aquel regalo tan especial.
Se dirigió hacia el mostrador para hablar con el encargado de la tienda, y a los pocos minutos el hombre llegó con el regalo, un pequeño cachorrillo de la raza Dachshund, de color marrón y negro, era tan adorable que Tom no pudo contenerse y acariciar la pequeña cabecita del cachorrillo, este en modo de agradecimiento le lamió la mano.
Después Tom pagó lo que valía el pequeño perrito, y aparte le compró otras cositas que le harían falta a Bill para poder cuidar al pequeño cachorro, como una pequeña cama acolchada para que el animalito pudiera dormir bien, y después le compró también un collar para que el animal estuviera perfectamente identificado.
A los pocos minutos, Tom salió de la tienda con el pequeño cachorro en brazos, que no hacías más que lamerle y jugar con su camiseta mordiéndola a modo de juego infantil.
Después se dirigió otra vez a su coche, y abrió la puerta del copiloto para meter al pequeño y así tenerlo más controlado, luego se volvió a su lado y se sentó en el asiento para luego meter la llave en el contacto del coche y arrancar rumbo a la casa de Bill.
—Espero que le gustes…—Comentó al pequeño animal sonriendo, mientras que el pequeño cachorro lo miraba con cara un poco rara y luego le ladró mientras movía la cola, cosa que hizo que Tom sonriera más todavía.— Con lo adorable que eres, no me cabe duda que Bill se enamore de ti.
Después de más de treinta minutos, Tom por fin llegó a la zona donde vivía Bill. El camino se lo sabía de memoria, ya que había estado varias veces en su casa. Se estaba imaginando la cara que pondría cuando viera al perrito y sonrío bobaliconamente.
Aparcó bien su coche en un sitio que encontró libre, justo después de que un coche hubiera salido embalado. Cuando acabó de aparcar correctamente, se dispuso a salir de este y cogió al perrito en brazos, y las cosas que le había comprado para el perro y dárselas a Bill.
Se dirigió hacia el portal donde vivía, justo tuvo suerte de que un vecino saliera del portal y así aprovechar para entrar. Como era una sorpresa que le iba a dar a Bill no llamó al telefonillo, Tom sabía perfectamente que Bill ese día estaría en casa, ya que tendría que descansar de una noche de celebraciones con sus amigos.
Accedió al ascensor, y marcó el número del piso donde vivía. El perrillo de vez en cuando daba algún que otro sonido, que hizo que Tom le dijera que se callará para así no estropear la sorpresa.
A los pocos minutos, el ascensor llegó al piso seleccionado, y Tom salió del ascensor con paso ligero, hasta que llegó a la puerta del apartamento correspondiente.
Una vez allí se dispuso a tocar varias veces el timbre, para que Bill le abriera la puerta, y también para que lo escuchara porque seguramente estaba durmiendo y no lo escucharía.
Espero durante unos minutos, y la puerta no se abría, ni se escuchaba ningún sonido, haciendo que Tom se preocupará un poco, pero a los pocos segundos, Bill abrió la puerta con mal aspecto parecía que estaba demasiado cansado, sudado…
Continúa…