Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 25
—Te pareces a mi hermano gemelo, por lo cual te pareces a mi.— Dijo de igual manera Bill.
—Es demasiado el parecido…—Tom suavemente rozó el rostro de su contrarió casi sin creerlo.
—¿No te parece extraño que nos parezcamos tanto?—Preguntó Bill a Tom.— ¿No te parece raro que tu doctora sea mi misma doctora?
—No, tienen cientos de pacientes los Doctores, Bill. Además dicen que siempre todos tenemos un doble en algún lugar del mundo.— Sonrió Tom.
—Quizás tenga razón pero me extraña mucho el parecido.— Susurró Bill.
—¿Qué te parece si vamos a ver una peli al salón?— Preguntó Tom intentando salir del incomodo momento.
—Bueno… Después podemos pedir algo para cenar.— Sugirió.
Ambos chicos se levantaron de la cama, y se fueron hacia el salón seguidos por el perrito que no hacia más que seguir a su dueño con pasos cortos y rápidos para poder ir al mismo ritmo.
Llegaron al salón y Bill le indicó a Tom donde estaban los DVD’s mientras él se acomodaba en el salón tapándose con una manta de color gris que había sobre el sofá bien doblada para poder taparse cuando hacia frío.
Tom decidió poner una película de ciencia ficción basada en el futuro, algo diferente a la típica película romántica o de miedo o simple acción.
Cuando hubo puesto la película se sentó junto a Bill.
—Puedes ponerte cómodo, quitarte las bambas y acomodarte como quieras.— Le dijo Bill al ver que estaba sentado y le notaba algo incomodo por no dar una mala imagen.
Tom le hizo caso y se descalzo de sus bambas, pero siguió estando en la misma posición, en cambio si estuviera en su casa tendría los pies sobre la mesita del salón o espatarrado en el sofá.
—Tom de verdad ponte cómodo como si estuvieras en tu casa, no me importa que pongas los pies en la mesa o te tumbes en el sofá, de verdad.— Le insistió Bill, el cual estaba con ambas piernas sobre el sofá cruzadas como si fuera un indio.
—Esta bien.— Se rindió Tom dejándose caer un poco del sofá para no estar sentado tan recto si no algo mas escurrido.
Los anuncios fueron pasando, la luz apagada del salón daba un aire algo más emocionante a la película. Bill miró de reojo a Tom y se acercó un poco a él tapándole las piernas con la manta que era bastante grande.
El mayor le miró y alzó un brazo dejando que Bill se acomodara sobre él viendo las intenciones, y así lo hizo, se acomodo sobre el pecho de Tom rodeando su cintura con la mano, mientras que este lo mantenía a su lado por los hombros.
La película fue avanzando y ambos seguían abrazados disfrutando del contacto, el calor y la compañía del cuerpo del contrario.
El perrito llevaba saltando y rascando el sofá, con sus patitas y uñas cortas, un buen rato para llamar la atención de su amo y así para que lo subiera al sofá con ellos.
Bill se dio cuenta y se destapó, separándose de Tom y levantándose. Se dirigió hacia la terraza, abrió la puerta y sus otros tres perros entraron, Bill se adelantó a ellos antes de que se abalanzaran sobre el pequeñito Tripi. Lo cogió y volvió a sentarse al lado de Tom, pero esta vez con el perrito entre ellos, como si fuera su pequeño hijo.
—Hoy no han salido a pasear…— Comentó en un susurro.
—Antes de irme si quieres los saco yo.—Se ofreció amablemente para evitar que Bill saliera a la calle y se enfermara más.
—Quédate a pasar la noche conmigo por favor.—Se abrazó más a él.
—No sé… Andreas… no quiero pelear más con él.
—Es mi casa, no la de él.—Dijo Bill.
—Está bien me quedaré.—Aceptó.
Ahora con algo más de confianza subió los pies sobre la mesita del salón.
La película se encontraba en pleno desenlace dándole la emoción final, pero por culpa de Andreas la escena quedo interrumpida por su presencia, acababa de llegar al apartamento.
Cuando entró y vio todo a oscuras no le importó supuso que Bill dormiría por su estado, pero cuando entró del todo en el salón y vio a Tom con su amigo abrazado a él viendo la televisión, se enfureció sintiendo unos celos enorme, Tom le estaba echando del camino fácilmente, tenía que impedirlo arreglarse con Bill y conseguir su cometido, ahora solo le quedaba pensar cómo.
—Hola.— Saludo indiferente Bill.
—Voy a mi cuarto.— Dijo secamente Andreas encaminándose por el oscuro pasillo.
—¿Por qué no le caigo bien?— Preguntó Tom.
—No te ralles. Salió con ese defecto de nacimiento no se fía de nadie.—Contestó.
—Vaya por eso esta así de amargado.— Sonrió.
—Si.— Respondió Bill.— Creo que eso aparte no tiene cura.
—Bueno, creo que la peli a terminado y no hemos visto el final.— Sonrió Tom cambiando de tema.
—No importa, a sido agradable la tarde.— Bill se separó de Tom para verlo mejor.
—La peli era bastante larga, ya a oscurecido y todo, se nota que el invierno esta llegando antes de lo normal.
—Ya…— Murmuro simplemente.
—Creo que voy a ir a sacar a tus perros antes de que haga más frío.— Sonrió Tom levantándose calzándose las bambas que hace un rato se quito.
—Muchas gracias Tom.— Le agradeció Bill.— Sus correas están en el cajón del mueble de la entrada.— Terminado de calzarse y se levantó dirigiéndose hacia donde le dijo para tomar las correas con las que pasear a los tres perros.
Los tres canes nada más ver que Tom abría ese cajón se sentaron en fila delante de el moviendo energéticamente la cola esperando a que las atara en los correspondientes collares.
—Que educados, cualquier otro perro ya se hubiera lanzado sobre mi o no dejaría de dar vueltas.— Dijo Tom sorprendido.
—Mi hermano los educo bien. También se están quietos cuando les sirves la comida, hasta que no les decía que comiera no se movían del sitio.—Explico Bill que se acercó hasta los perros y ayudo a Tom a atarlos, ya que él no sabia que correa pertenecía a cada perro.— Ya esta.— Dijo Bill al finalizar.— Ten mis llaves así no tienes que picar.— Le entregó las llaves del apartamento.
—Vuelvo enseguida.— Dijo Tom dándole un corto beso en los labios a Bill antes de salir y cerrar la puerta de la casa dejándolo solo en el apartamento con su amigo en el rato que el sacaba de paseo a los tres perros de él.
Bill fue al salón apagó el televisor y cogió en brazos a Tripi para darle algo de comer.
—¿Qué hace Tom aun en casa?—La voz de Andreas le sorprendió detrás de él.
—Ya te lo dije antes de que te fueras, no creo que tengas amnesia.— Dijo en tono serio.— Y se quedara a dormir.— No le pregunto, le dijo.
—En esta casa vivimos dos Bill, no sé si lo sabes.
—Esta es mi casa, por lo cual yo decido quien entra y sale. Si no te gusta ya sabes donde tienes la puerta y donde queda el aeropuerto.— Al pobre de Bill le dio de nuevo la tos por forzar la garganta a poner una voz seria y subir el tono.
—Esta bien, no te preocupes por mi. En cuanto pueda me marcho de vuelta a Alemania, ya que aquí no soy bien recibido por el que se supone que es mi mejor amigo.— Le echo en cara Andreas.
—Tu tampoco te preocupas por mi bienestar o por mis deseos. Estoy enfermo y el que me tiene que cuidar es Tom, cuando deberías de ser tú.
—Creí que este viaje seria una buena idea pero ya veo que no.—Hizo una pausa.— Has cambiado mucho Bill, no creo que tu hermano estuviera orgulloso de ti. Te has convertido en una persona fría, prepotente y orgullosa, tu no eras así.
—Siento si te he decepcionado, la gente cambia, y yo lo he hecho evidentemente.—Admitió.
—Si cambias, cambia para bien, no para mal Bill. Ni tan siquiera eras así en el epicentro de tu fama y ahora aparece este tío de la nada sospechosamente pareciéndose a tu puto hermano hasta en el blanco de los ojos y te cambia completamente. Estas ciego, amigo.—Gritó.
—Cállate Andreas te lo pido por las buenas. Y que sepas que no necesito tus sermones de hermano mayor, cuando necesite consejo ya te lo pediré, por ahora mantén tu boca cerrada.—El perrito termino de comer unos granos de pienso y agua y pidió la atención de Bill.
—Haz lo que te de la gana, cuando te des cuenta de lo que estas haciendo y que has cambiado ya vendrás a pedir perdón. Solo reza para que no sea demasiado tarde y te de por culo a ti y a tu estúpida actitud.—Andreas desapareció de la cocina hacia la que era su habitación en esa casa en la cual no era bienvenido.
—¡Al que le darán por culo es a ti maricón!—Gritó Bill enfadado.
Se hizo un silenció ensordecedor. Andreas al escuchar lo que le grito Bill se quedó parado a la mitad del pasillo de las habitaciones apoyando la espalda sobre la pared respirando sonoramente y apretando los puños con fuerza.
El dueño de la casa cogió al perrito en brazos y salió de allí para dirigirse a su cuarto, pero al salir de la cocina vio a Andreas, lo que lo detuvo, pero enseguida de nuevo volvió a emprender camino.
Pasó por delante de él sin mirarlo y se encerró sintiendo esa incomodidad en su cuerpo, sabia que lo que le había dicho a su amigo le había dolido, le había echado en cara su sexualidad de forma grosera.
Se sentó en la cama dejando al perrito sobre ella también y se puso a pensar en lo que le había echado en cara su mejor amigo. No se iba a negar a si mismo que había cambiado porque lo sabia perfectamente, y lo sabia desde el mismo momento en el que se propuso jugar con Tom.
Rendido a sus pensamientos se recostó sobre la cama intentando y esforzándose en dejar de pensar y poner la mente completamente en blanco.
—Deja de morderme los pies.— Dijo Bill mirando hacia el final de la cama viendo como el cachorro no hacia más que dar saltitos e intentar morder los pies de Bill con pequeños gruñidos.—¿Quieres pelea?— Movió los dedos haciendo que Tripi los mirara fijamente y saltara al ataque causando gracia a Bill.
Siguió jugando con su regalo de parte de Tom, mientras enviaba un mensaje a su ex manager David Jost que ahora estaba en la ciudad y sin trabajo por el momento, necesitaba que le hiciera un favor, y tenia que pedírselo ya.
—Grrr… Guau.— Saltó de nuevo Tripi esta vez mordiendo el calcetín de Bill que a la vez mordió el de dedo gordo del pie.
—Aaah.— Grito Bill.— No me muerdas.— Intentó intimidarlo con sus pies, pero el pequeño cachorro tenia ganas de pelea con ellos que eran del mismo tamaño que el perro.— Te crees muy valiente eeeh.— Se sentó en la cama y empezó a peleas con el perrito esta vez con sus manos, molestándole dándole punzadas con sus dedos en las costillas del cachorro el cual intentaba morderle las manos mientras correteaba y saltaba.
—Guau, guau.— Ladraba el perro con voz de cachorrito que era muy dulce y graciosa, ya que no era un ladrido grave e intimidador.
—No me das miedo pequeñajo.— Bill le tumbo en la cama haciéndole cosquillas en su tripa mientras que el pequeñito intentaba darse la vuelta sin éxito.
Tom paseo a los perros por el parque que había justo en frente de los pisos con apartamentos donde Bill vivía.
Las temperaturas habían bajado notoriamente en tan solo dos días, y ahora el frío calaba la ropa de Tom hasta congelarle los huesos lentamente por no haber cogido más abrigo.
El paseo le sentó bien para pensar sobre él y Bill. No había sido consciente de ello hasta ahora de que estaba cayendo en sus brazos. No se estaba enamorando, pero empezaba a gustarle demasiado besarle y tenerle cerca de él y cuando no lo estaba se preguntaba donde estaría y que haría. Y si eso seguía así temía que Bill luego le echara de una patada en el culo. Lo cual le hizo ver que eso hacia exactamente él cuando las chicas se le acercaban y el solo las utilizaba para desquitarse de las ganas de sexo y ya no volvía a saber de ellas nunca más.
Más de media hora había estado paseando a los perros de Bill por ese parque para que pudieran hacer sus necesidades y disfrutar un poco del aire, tener a perros en un apartamento era matarlos lentamente, y al igual que él, Bill también sabía eso, pero no iba a vivir en una gran casa con un gran jardín solo, no podía.
Decidió volver a casa para volver a entrar en calor, el cielo tenia pinta de querer dejar caer una buena tormenta otoñal esta noche.
Al llegar al edificio sacó las llaves del bolsillo y abrió la puerta de la recepción donde el portero lo recibió con una sonrisa y algunas palabras, ya que lo había visto otras veces con el chico más joven del edificio y verlo ahora pasear sus perros hizo sus propias conclusiones.
—Señor.— Le detuvo antes de que se acercara más a los ascensores y subir a su respectiva planta. Tom se volteó y le miro esperando a que dijera algo.— El señor Kaulitz a recibido una carta. ¿Le importaría dársela usted?— Le preguntó.
—Por supuesto que no es una molestia.— Tom se acercó a la recepción y el portero busco en una caja junto a otras muchas que correspondían a los demás vecinos.
—Gracias señor.— Le agradeció con amabilidad y una sonrisa impecable en la cara.
—Llámame Tom por favor, me haces mayor tratándome con tanta formalidad.— Dijo Tom sonriendo mientras volvía a encaminarse al ascensor.
Cuando llego al apartamento le quitó las correas a los perros y las volvió a guardar en el mismo sitio de donde Bill las había sacado y luego les sirvió agua y comida a los perros. Tal como le había dicho anteriormente hasta que él no les dio paso para comer estuvieron sentados moviendo la cola impacientemente observándolo.
Cuando termino se lavo las manos y al entrar como no vio a nadie en el salón fue hacia el cuarto de Bill encontrándoselo en la cama jugando con el perrito que le había regalado.
—Veo que he acertado con mi regalo.—Dijo contento entrando y cerrando la puerta tras de sí.
—Tom.— Sonrió Bill deteniéndose de hacerle cosquillas al cachorro.— Si, me encantan los animales. ¿Cómo fue el paseo?— Le preguntó mientras él se sentaba en un lado de la cama.
—Tócame.— Dijo.
—¿Qué?— Se extraño Bill poniendo una mueca que le causo gracia.
Tom cogió la mano de Bill y sintió el tacto frío de su piel, luego la colocó en la piel de su brazo descubierto y por ultimo le hizo tocarle la punta de la nariz que al igual que el resto estaba fría.
—Estas congelado Tom.— Dijo sorprendido Bill.
—La verdad es que hace frío y en el cielo empieza a oscurecerse demasiado, va a caer una tormenta esta noche.— Le dijo.
—Si quieres tomar una ducha caliente, adelante.— Le invitó.
—No gracias, ya estoy mejor, por lo visto tu también.—
—Si estoy mejor, creo que fue algo muy pasajero la fiebre.— Sonrió.
—¿Vamos ha hacer algo para que cenes?— Preguntó Tom.
—No tengo hambre, no voy a cenar hoy. Estoy cansado, quiero descansar.—Sin quererlo la boca se le abrió en un bostezo.
—Pues durmamos, yo también estoy cansado.— Tom se descalzó y quitó la ropa quedando solo en bóxer. Luego se metió junto a Bill en la cama.
Bill se acurruco muy pegado a Tom pero sin apoyarse sobre su pecho, no quería parecer la típica novia.
—Cuando te fuiste peleé con Andreas.—Murmuró Bill mirándolo.
—Por mi ¿verdad?—Tom se giró apoyándose en su codo para ver a Bill.
—Da igual el porqué, lo que importa es que hemos peleado.
—Me molesta que sea por mí, pero no puede ser tan posesivo, yo también soy tu amigo, tiene que entenderlo.—Le dijo en tono dulce.
—No lo hará.—Dijo tristemente.
—Lo hará, no te preocupes.—Le acaricio la cara suavemente.
—Me sienta como una patada en los huevos decirlo, pero me caes bien y gracias por escucharme y cuidar de mi.—Sonrió Bill.
—Puestos a sincerarnos, tú también me caes bien, y no me des las gracias por nada, además me gustas, por eso te cuido, y eso me jode mucho, yo no soy de relaciones o de estar más de una vez con la misma persona y tu estas siendo la excepción.—Le dijo.
—Teóricamente no hemos llegado a estar juntos, no nos hemos acostado, así que no cuento como excepción.—Le contradijo Bill sonriéndole.
—No querías dormir, duerme.—Tom volvió a recostarse en la cama.
Bill rió por lo bajo y se acercó un poco más a Tom lentamente haciendo que supusiera nervioso por la cercanía de ambos cuerpos.
—Me gusta como cambias de tema.—Le susurró haciendo que se le erizara todo el vello del cuerpo.
—Basta Bill, no vas a conseguir nada con ese tono sugerente.
—Estoy malito Tommy, tienes que mimarme…—Insistió.
—Me voy a ir a mi casa si no paras.—Le advirtió seriamente Tom.
—Está bien.—Dijo con fastidio rindiéndose.
Tom con un suspiro hondo se relajó e intento poner la mente en blanco para intentar conciliar el sueño y dejar el nerviosismo que tenía en el cuerpo por el hecho de que era la primera vez que dormía con Bill y temía perder el control, tenía que cuidar de él, no caer en sus juegos de seducción ni nada por el estilo y le estaba costando.
—Tom, ¿cómo eran tus padres?—Susurró Bill rompiendo el silencio de la habitación.
—No lo sé.—Respondió sin ser consciente de su respuesta.
—¿Cómo que no lo sabes?—Preguntó confuso.
—No quiero hablar de eso, de verdad duérmete ya o me voy.
—Vale, vale ya me duermo. Lo siento, no te enfades, ahora mismo eres lo único que tengo.—Se abrazó a Tom, apoyándose por fin en el pecho de su hermano.
—No me enfado, pero necesitas descansar para recuperarte del todo.
—Vale… ¿Mañana quieres venir a comer o cenar conmigo? Así no estás solo el día de tu cumpleaños. Y si quieres puedo llamar a mis amigos Georg y Gustav, seguro que os lleváis bien.—Le dijo Bill invitándolo.
—Mañana lo hablamos con más calma cuando despertemos, por favor.
Finalmente Bill ya no abrió la boca para decir absolutamente nada, no quería que Tom realmente se marchara y le dejara solo, así que optó por relajarse con el sonido de su corazón hasta que finalmente cayo rendido en sueños.
En cambio Tom no pudo dormirse con tranquilidad, para el ya era una rutina intentar ponerse a pensar en su pasado, para intentar recordar algo de su vida, pero como la gran mayoría de las veces con un resultado nulo.
Las imágenes aparecían en su mente muy esporádicamente y no le desvelaban ningún rostro o lugar que conociera, él se esforzaba el recordar pero si lo hacia mucho acababa con un dolor de cabeza insoportable.
Suspiró y miró a Bill dormir tranquilamente sobre él, no pudo dejar pasar por desapercibido volver a observar su perfecto rostro que tenia mucha similitud al de él. Una media sonrisa nostálgica apareció en su rostro y luego beso la frente de Bill con mucha dulzura.
—Tom…—Murmuró Bill cuando Tom le besó y se apegó mas a su cuerpo.
—Estoy aquí…— Le dijo él, pero lo que no sabia es que no se refería a la persona que estaba a su lado, si no a su hermano, sin saber que ambos eran la misma persona.
A continuación Tom ya si intentó dormirse, si no mañana estaría de mal humor.
Durante la noche Bill estuvo algo inquieto por la fiebre que pasada la media noche volvió a subirle, Tom lo sintió por el calor que irradiaba la piel al contacto con la suya.
Se levantó de la cama con cuidado procurando no despertar a Bill, se acercó a una armario para coger una manta más y así poder ponérsela en la cama.
Cuando la tuvo, se dirigió hacia la cama donde dormía Bill y la extendió sobre su cuerpo para luego taparle para que no cogiera frío, ya que el cuerpo estaba muy sudado a causa de la fiebre, así que Tom cubrió su cuerpo para que estuviera mejor tapado y así sudará más y propiciará que la fiebre le bajará antes.
Después de eso Tom cogió otra manta, y se tumbo en el sofá que Bill tenía al lado de la ventana del cuarto, y se tapo con ella mientras que velaba los sueños de su acompañante.
Poco a poco el cansancio fue haciendo mella, hasta que finalmente se quedo dormido.
Continúa…