Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 3
—Bueno… me ha dicho Georg que no tienes pareja y me extraña mucho.
—Sí, es que mi hermana me los roba, ella es mucho más guapa que yo.
—No me lo creo eso.— Ainara era muy guapa, castaña, ojos oscuros, pestañas largas, pálida y pequeñas pecas, labios sensuales y muy natural y sencilla, sobre todo me llamaba la atención su naturalidad y sencillez, todo lo opuesto a mí, eso me gustaba.
—Mira es esta, dime tú si no es guapa.— Me enseño una foto en su móvil y me di cuenta de que yo conocía a esa chica.— ¿Y esa cara? ¿La conoces?
—Sí, es mi vecina. Un poco zorra la verdad, lo siento.— Dije con sinceridad.
—No si es verdad, se acuesta con todo lo que se mueve. No, nos llevamos bien.— Sonrió y justo sonó el timbre que daba por finalizado el recreo.— Bueno Bill encantada de conocerte, pero tengo que volver con los niños.
—Espera. ¿Qué te parece si te invito esta noche a cenar? Me gustaría conocerte más.
—Yo…— Se iba a negar.
—No me digas que no, acepta. Una cena de amigos, para conocernos mejor.
—Está bien, ¿quedamos aquí a las ocho?
—Perfecto.— sonreímos y ella volvió a su trabajo.
—¡Cuéntame pero ya!— Corrió Georg hasta mi.— ¿Le has invitado a cenar no?
—Hemos quedado a las ocho
—¿A dónde la piensas llevar?— Estaba más emocionado que yo.
—No lo sé, a un sitio normalito, se ve que es una chica sencilla, si hay una segunda cita la llevo a un buen restaurante como cuando éramos Tokio Hotel, todo eran lujos.— Salimos del colegio.
—Bill ojalá te salga bien, necesitas a alguien como Ainara en tu vida. Joder me siento como el maldito Cupido.— Dio un saltito.
—Bueno pues ya te contaré.
—Dime la verdad Bill. ¿Crees que puedas enamorarte de ella?
—Yo nunca cierro puertas y menos en el amor, todo es posible.
—Si algún día os casáis quiero ser el padrino.
—¿Lo dudabas?— Nos empujamos y reímos.— Geo quiero darte las gracias por hacerme reír y olvidarme de la muerte de Tom en estos momentos, creo que sin vuestro apoyo yo me hubiera suicidado y esta vez hasta llegar al final, no como cuando Gordon me pillo.
&
Habían pasado varios días desde que habíamos enterrado a mi alma gemela, a mi otra mitad. En todos esos días había permanecido encerrado en mi habitación sin salir de ella, sentía que el mundo se había roto bajo mis pies y que sin él ya no sería nada, ya no volvería a sonreír.
En todos estos días me había preguntado que realmente estaba haciendo aquí, yo ya no era yo… ya no era nadie sin él. Así que, ¿porque retrasar algo que era evidente? No tienen sentido seguir viviendo, porque vivir sin él es como estar muerto en vida.
Me dirigí hacia al baño, y busqué una cuchilla de afeitar entre los cajones que había en el mueble blanco del baño. Después abrí la cristalera del plato de ducha, abrí el agua y me metí con la ropa puesta mientras las lágrimas recorrían mis mejillas.
Me senté en la esquina sintiendo como el agua me mojaba de pies a cabeza.
Mire la cuchilla que había entre mis dedos y la acerque a mi muñeca.
—Tom ya voy a estar contigo…— Cerré los ojos, respire profundamente y presione la cuchilla en mi piel.
Sentí como el pulso se me aceleró al sentir el contacto del filo de la cuchilla sobre mi piel, unas pequeñas marcas rojas empezaron a estar presente en mi piel blanca, mientras que por mis ojos ríos de lágrimas corrían por ellos.
Ya iba a estar cerca de mi hermano, ya me faltaba poco cuando una voz proveniente de fuera, en mi habitación hizo que todos mis planes se fueran a la borda, y que no pudiera estar con mi hermano.
—¡Dios mío, Bill!— Gritó Gordon nada más entrar por la puerta del baño.— ¿Qué has intentado hacer?— Me quedé callado sin articular ninguna palabra, mientras que Gordon se precipitaba sobre mí para quitarme la cuchilla de la mano, y así evitar que me reuniera con mi hermano.
&
—No tienes porque darme las gracias soy tu amigo y lo seguiré siendo, sabes que todo me lo puedes contar por muy vergonzoso, asqueroso, malo o malísimo, siempre contaras conmigo.— Eso me sonó a que él sabía algo de lo mío con mi hermano, o eran paranoias mías…— Eres nuestro mocoso y te vamos a mimar y proteger como si fueras nuestro hijo.— Se me saltaron las lágrimas.
—Joder Georg me haces llorar…— Me sequé las lagrimas mientras sonreía.
—Que tonto que eres, ya sé que soy profundo cuando quiero pero no es para tanto.— Me reí.
—¿Me acompañas a comprarme algo de ropa para esta noche?
—¿Para hoy? Jo tío ponte algo de ropa que tengas en tu armario.— Dijo con fastidio.
—No, aparte no tienes nada mejor que hacer, así que vamos.— Le cogí del brazo y estiré de él.
POR TOM
Me había quedado en casa sin salir dos días enteros, un poco traumatizado por lo que me pasó con ese chico, Bill.
No sé porque me afecto tanto, pero por más que quiero hacer como si nada, me acaba viniendo a la mente su imagen y su voz a la cabeza. Tal vez nos hayamos visto antes de mi accidente pero no me acuerdo de él y debido a mis cambios de look no me reconozca, la verdad que he cambiado bastante, me deshice de mis largas rastas rubias, por unas trenzas pelinegras que quedaban mejor con mi estilo, mis ropas coloridas las substituí por una talla más ajustada y de colores más oscuros como negro, azules, lila o marrones, y a veces blanco, pero no por más llamativos. Mi piercing de ser metálico a negro y mi cuerpo pálido ha bronceado, siempre que podía iba a la playa y por ultimo empecé a ir al gimnasio para tonificar mis músculos, pero sin pasarse, solo lo suficiente para atraer a las chicas.
Así que tal vez me conozca pero a la vez no se acuerde.
Ahora mismo estoy tirando aun mas mi orgullo por el suelo, no solo me he fijado y sentido atraído por un puto tío, si no que estoy a punto de pajearme pensando en él, manda huevos…
—¡No, no voy hacerlo, no voy a pajearme por primera vez que recuerde y menos pensando en un tío!— Retiré la mano de dentro de mis pantalones deportivos justo antes de coger mi miembro entre mis dedos.
Pero estoy muy duro, necesito arreglar esto y es muy tarde o temprano según se mire para llamar a alguna chica y desfogarme. ¿Qué hago? ¿Una ducha? Creo que es la mejor opción.
Me levante de la cama y me fui hacia el baño desnudándome por el camino.
Llegue al baño ya desnudo. Gradúe el agua y mientras no pude evitar mirar mi miembro erecto, joder como estaba…
Ante tal vista lo que hice fue meterme de golpe dentro esto tenía que bajar ya o tendría que machacármela aunque no quisiera, eso hundiría aun más mi orgullo.
—Maldito marica.— Murmuré entre dientes mientras sentía como el agua recorría mi cuerpo, calmando mi erección lentamente.
Cuando mi erección bajo completamente, salí de la ducha y me sequé el cuerpo anudándome después la toalla alrededor de la cintura. Después me dirigí hacia a mi habitación, y cogí debajo de mi almohada de mi cama mi pijama, unos pantalones de chándal grises y una camiseta blanca de tirantes. Previamente me puse el bóxer, después de haberme puesto todo me tumbé en mi cama y me puse a ver la tele para conseguir pasar un poco el rato y no seguir pensando en ese tal Bill.
Poco a poco mis ojos empezaban a cerrarse, así que apague la televisión y me acomodé bien dentro de las sabanas de mi cama hasta que poco a poco fui cayendo un profundo sueño.
&
—Grinch anima esa cara si no quieres que te meta una bola en la boca.— Le dije mientras le tiraba una a la cabeza.
—¡Au! ¡Que son duras!— Gritó.
—¿Enserio? Que pena…— Puse cara triste.
—Te vas a enterar ahora pedazo de imbécil.— Se agacho y de la caja de cartón sacó un adorno con forma de bastón, típico de navidad.
—¿Y eso?— Me reí.
—Ya dejaras de reírte cuando te lo meta en el ojo.— Se rió el esta vez. Yo en un movimiento rápido me agache y cogí una tira brillante roja de las que se ponen en el árbol para defenderme a lo Ninja.
—No podrás conmigo.
—Eso te lo crees tú.—Me lanzo el bastón, y, como era de esperar, ya que la puntería no es lo suyo, el bastón ni me rozo, cogí un gorro de Santa Klaus que estaba por el suelo y me acerque a él, empecé a dar vuelta a su alrededor, mareándolo, hasta que conseguí confundirlo y lo envolví con el adorno, inmovilizándolo y luego le puse el gorro, todo lo bajo posible, tapándole la cara.
—Esa bufanda y el gorrito te favorecen, ya sabes que puedes ponerte para la próxima entrevista Grinch.
—Si me pusiera esto me daban de hostias hasta en el carnet de identidad.— Dijo quitándose todo.
—Es más decente que las plumas que te pones, pollo con patas.
—¿Y tú? ¿Que últimamente solo te vistes con camisas, y abrigos elegantes? ¿A quien quieres impresionar estropajo andante?— Me dio un latigazo con una de esas cintas pero sin hacerme daño, simplemente para hacer la gracia.
—¡Hombre al menos te das cuenta de que me arreglo Elvis!— Le tire bolas sin parar dándole con ellas.
—Con lo mal que vistes es fácil darse cuenta pingüino.— El me las devolvió.
—Habló la fashion victim, no te jode el enano de los cojones.
—Yo tengo estilo, perdona que te diga, tú en cambio tienes un complejo futurista de los años 70, que te las das de Ganster y no llegas ni a malote.— Empezó a descojonarse tanto que acabo tirado por el suelo riéndose de mi o de lo que había dicho, ni idea, pero a mí me contagio la risa, porque su risa era muy… especial, y te hacía reírte de ella.
&
Un sudor frío empezó a recorrer mi cuerpo, y de repente me desperté sobresaltado. ¿Qué era lo que había estado soñando? ¿Qué eran esos recuerdos?
Estaba con un chico decorando una casa muy grande, pero en ningún momento pude verle la cara, tal vez era un amigo, un familiar, pero no lo recuerdo, al menos voy recordado, tal vez pronto lo pueda recordar todo.
OMNISCIENTE
Ese día Tom estuvo intentando recordar algo más pero no le sirvió de nada, lo único que logro fue coger un buen dolor de cabeza que no podría soportar.
Bill tras una tarde de compras con Georg fue a su casa, esa noche tenía una cita, por no decir la primera de su vida.
—Scotty, Scott.— llamó a sus perros. Juntos salió un chico de ojos azules, cabello castaño y corto, muy alto.— ¡Andreas!—Saltó a sus brazos, casi tirándolo al suelo.— ¡Has venido!— Se separaron.— ¡¿Dónde está tu melena larga y rubio pollo?!
—Me hacía falta un cambio. ¿No te gusta?— El moreno se paso la mano por su corto pelo.
—Estas mucho más guapo. ¿Por cierto como has entrado?
—Venia de sorpresa, pero no estabas en casa, así que visite a tu vecina. ¡Hace unas galletas riquísimas esa abuela! Bueno y me dio la copia de tus llaves y entre.
—¡Pero si me dijiste que no vendrías!— Le reprocho Bill.
—Bueno, tu madre me convenció. A parte eres mi mejor amigo así que voy a vivir contigo. Hasta que me eches por lo menos.
—Me parece bien, así me pones al día con todo lo de Alemania.
—Eso en un par de horas te lo cuento todo. Esta noche con unas pizzas, te lo cuento.
—¡No! Hoy no puedo, tengo una cita—
—¡¿Qué?! ¡Dios, sí que me he perdido cosas!
—Unas pocas… Pero si quieres puedo cancelarlo y me quedo contigo.
—No, ni hablar, tu vas a esa cita.— Andreas no le hacía mucha gracia que su mejor amigo tuviera citas, no se fiaba de la gente, que quiere acercarse a él, probablemente por interés.
—Pero… Andreas…— A Bill le sabía mal.
—Que no, que te vayas a la cita…
—Está bien…
Bill se fue a su habitación y se fue a preparar, primero se dio una ducha rápida y luego se vistió con un bonito conjunto.
Después de diez minutos o más, ya estaba completamente preparado para irse. Así que cogió las llaves de su coche, y se dirigió al garaje para luego ir a buscar a Ainara al colegio, como todo galán no podía ser descortés y dejar que una bonita dama fuera por su cuenta al restaurante donde iban a cenar, así que después de unos veinte minutos se encontraba en el aparcamiento del colegio para recogerla.
Como es de preceder, las mujeres siempre tardan en prepararse así que a Bill le tocó un poco esperar, ya que cuando llegó Ainara aún no estaba.
Después de quince minutos de espera llego, bajando de su coche, esa noche lucía muy hermosa… Ya lo era al natural, ahora arreglada estaba mucho más deslumbrante, pero aun y así no logro cautivar a Bill, no sentía atracción por ella, de momento.
Ambos se dirigieron al coche de Bill, y se fueron al restaurante donde había reservado mesa.
Cuando llegaron al restaurante el petrel les guió hacia su mesa, y les dio a los dos unas cartas para elegir el menú que iban a cenar esa noche.
Después de mucho pensar, decidieron coger unos platos variados y así probar un poco de cada.
Durante la velada, todo fue estupendo Bill y Ainara hablaron de muchos temas y se empezaron a conocer a la perfección.
—¿Desde cuándo trabajas en la escuela?— Preguntó Bill interesándose más por la chica.
—Pues prácticamente desde que acabe los estudios. Me saque la secundaria y mediante unos ciclos y unas pruebas de acceso me dieron el titulo para poder trabajar con niños de tres a seis años. Siempre me han gustado los niños son adorables.
—Sí, eso cuando no te vomitan encima…— Bromeó Bill recordando cuando uno de sus primos casi recién nacidos de vomito encima cuando el tenia 16 años.
—¿Alguna mala experiencia Bill?— Rió Ainara al escuchar a Bill decir eso.
—Unas cuantas… —Recordó.
—Seguro que son muy graciosas cuéntame alguna.— Le pidió.
—Pues haber… La hermana de mi madre estaba embarazada y fuimos a visitarla al hospital unos días después de que el bebe naciera, le di el biberón y cuando lo coloque para que sacara los gases me vomito encima sin esperarlo.
Recuerdo perfectamente mi cara de asco y como Tom cogió al bebé entre carcajadas como todos los presentes y yo corría hacia el baño.— Sonrió al recordar la carrera que dio hasta el baño para limpiarse.— También recuerdo cuando ese mismo bebe tiempo después estábamos Tom y yo cambiándole los pañales y de pronto empezó hacer pipi, era peor que una fuente, nos ducho completamente ese mocoso granujilla mientras se reía de nosotros.
—Seguro que hubiera sido muy gracioso verte en esas situaciones.— Dijo risueña.
—Gracioso no, patético.— Rieron.
—Bill, Georg siempre está hablando de ti y unos amigos y de un grupo de música. Cuéntame.—
—Sí, teníamos un grupo, Tokio Hotel.
—Sí, me suena de haber escuchado alguna canción.— Ainara empezó a tararear una canción que Bill reconoció inmediatamente, monsoon.
—Monsoon, nuestro existo más conocido y escuchado.
—¿Fue… fue muy difícil acostumbrarte a ser famoso?— Preguntó Ainara en un titubeo.
—Al principio un poco, pero después nos fuimos acostumbrando— Dijo Bill con melancolía.
—Supongo que habrás conocido muchos sitios en los viajes que tuvisteis que hacer cuando ibais de gira— Afirmo Ainara mirando fijamente a los ojos de Bill.
—Si recorrimos gran parte del mundo, parte de Asia, Italia, Francia, España, Estados Unidos, México…—Bill fue nombrando algunos de los países que habían visitado cuando era famoso.— Pero nunca hemos podido cumplir nuestro sueño como grupo, ir a Tokio.
—¿Por qué os separasteis? Georg nunca me contó nada.— Bill se puso tenso ante aquella pregunta.
—Ocurrió algo muy triste en mi familia, y eso hizo que nos separáramos.— dijo Bill con tristeza y cabizbajo.
—Vaya… Lo siento— Comento Ainara con tristeza, notando como los ojos de Bill se aguaban por momentos.
—Perdí a mi mejor amigo, a mi alma gemela…— Susurró Bill cuando de pronto miro al frente y vio aparecer al clon de su hermano.— ¿Te importa si nos vamos ya?
— De acuerdo, pero si es por mi culpa yo lo siento Bill, no quería hacerte sentir mal…— Ainara empezó a sentirse mal por su intromisión.
—No, no es por eso claro que no, tranquila no te preocupes.— Ambos se levantaron con sus pertenencias y se dirigieron al lugar para apagar directamente y no esperar más.
Ya habían pagado y se disponían a salir, cuando Bill si darse cuenta se cruzo con el causante de su confusión.
—Hola Bill, ¿Qué tal?— Saludó Tom mirándolo fijamente dejando al joven completamente confundido por su reacción ya que anteriormente este lo había visto con mala cara.
—Ho-Hola.— Contestó un poco abrumado por la situación.— Gracias, estoy bien.
—Me alegro— Dijo Tom sonriendo amablemente a Bill.
—Bill no nos íbamos.— Dijo la joven que acompañaba a Bill.
—Si…— Susurro inaudiblemente.— Me tengo que ir, adiós.
—Adiós…— Dijo Tom un poco confundido al parecerle conocida la chica que acompañaba a Bill. No sabía donde la había visto antes.— “pues resulta que el chico no es gay, no veas que pivon tiene de novia”— Pensó Tom.
Bill llevó a Ainara a su casa y el luego se fue a la suya con decepción, esta cita no había acabado como él quería, ahora la llamaría al llegar a casa.
Cuando entro en casa, todo estaba a oscuras, Andreas ya debía estar descansando.
Dejo las llaves sobre el tocador del recibidor. Al llegar al salón Bill se paro frente donde estaban las 10 guitarras favoritas de Tom. Toco el mástil con sus dedos y entristeció de golpe.
—Lo siento Tom…— Se disculpo al sentir que lo traicionaba al intentar enamorarse de otra persona.
Camino por el pasillo hasta llegar al que era el cuarto de Tom. El jamás había estado ahí, pero cuando Bill se mudo de su lujosa y grande casa, empaqueto las cosas de su hermano y todas y cada una de las cosas que había en su cuarto las coloco en este nuevo, así Bill no se sentía tan solo. Ese cuarto era su santuario, nadie más que el entraba en el, ni siquiera sus amigos.
Bill pasaba horas en ese cuarto mirando cada detalle de su hermano, recordando los momentos que pasaron de niños y adolescentes en ese ambiente. Todo estaba colocado exactamente igual que lo había hecho él en cada una de sus casa, en Alemania con sus padres, en Alemania en su propia casa y en la casa de Los Ángeles, así que su hermano menor decidió hacer lo mismo con sus pertenencias en su casa.
No llego a entrar en el cuarto porque Andreas apareció por el final del pasillo.
—No te martirices más Bill.— Le dijo a Bill el ahora castaño.
—¿Has entrado?— Le enfrentó.
—Sí. No me dijiste nada y…—Intento explicarse pero Bill le corto.
—¡Con que permiso entras! ¡Esta ni siquiera es tu casa! ¡No puedes hacer lo que se te dé la gana! ¡No vuelvas a entrar nunca más en su cuarto vale!— Le gritó mal humorado Bill, realmente era algo muy importante para él.
Sin decir nada mas paso por el lado de Andreas golpeando su hombro con el de él haciendo que tambaleara su equilibrio y se encerró en su cuarto.
Por la mañana tras una noche agitada de pesadillas Bill se levantó con el mismo humor de perros con el cual se acostó.
Entro a la cocina rascándose la frente y con los ojos aun entrecerrados, los cuales abrió completamente cuando vio la figura de Andreas. Bill pasó por su lado sin ni siquiera darle los buenos días.
Cuando se sirvió su café cogió la taza y de la misma forma que entró, salió hacia su cuarto.
Andreas se quedo dolido de que su mejor amigo le ignorara, sabía que había hecho mal, pero fue sin el querer, simple curiosidad, no se le paso por la cabeza que su amigo hubiera recreado, por así decirlo la habitación de su “difunto” hermano.
Un rato después Bill volvió a salir de su cuarto, arreglado. Hoy era otro día común y corriente, donde no dejaría de hacer lo que hacía siempre, acompañar a sus amigos al trabajo.
—¿Vas a salir?— Preguntó Andreas con temor a el tono de la respuesta.
—Sí. Cada día salgo a esta hora con Georg y Gustav. Volveré en un rato.— Le contestó distante.
—Vale…— Bill salió por la puerta dejando a Andreas solo y más hundido en su culpa.
Continúa…