Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 30
Después de haber terminado aun sin moverse de sus respectivos sitios siguieron conversando de varios temas diferentes, algunos ni tan solo tenían sentido y se limitaban a reír continuamente.
Así sin darse cuenta que las manecillas del reloj iban avanzando, pero para ellos era como si el tiempo se hubiera parado por completo. Simplemente se dedicaban a disfrutar del tiempo que estaban juntos, ya sea riendo, conversando o tan solo dedicándose unas miradas con las cuales no hacia falta decir ni una sola palabra, aunque pareciera mentira ellos se entendían, cosa que hacia a Bill volver a sentir esa sensación de que su hermano estaba vivo, de que lo tenía delante de él mismo. Porque tan solo él y su madre sabían leerle la mirada o cualquier gesto que hiciese, y ahora le estaba sucediendo exactamente lo mismo con Tom de forma inexplicable.
Pero al terminar de reír sin parar una vez que sus estómagos comenzaron a doler Tom decidió que seria mejor cambiar de tema o acabaría por partirse en dos trocitos de la risa. No recordaba haberlo hecho tan exageradamente con nadie, ni tan siquiera con su amigo Kendo, con el que reconocía pasar muy buenos momentos, aun y así jamás había reído tanto y tan sinceramente con nadie por cosas que no eran excesivamente graciosas. Ahora si que lo hacía con Bill y se sentía verdaderamente a gusto consigo mismo.
Tras coger aire después de unas ultimas carcajadas Tom se decidió por hablar.
—¿Puedo hacerte una pregunta?—Le miró fijamente a los ojos.
—Ya la has hecho.— Rió Bill.—Vale, si claro hazla.
—Tu amigo de los ojos saltones, Andreas. ¿Sabes algo de él?— La cara de Bill cambio al sorprenderse por esa pregunta. Se esperaba cualquier cosa menos esa.
—No, la verdad. No sé nada de él, si esta aun aquí, si regreso a Alemania. Nada.— Admitió seriamente.
—Sé que no tengo que meterme donde no me llaman, pero es tu mejor amigo, no puedes echarle así. Yo no quiero meterme en vuestra amistad ni nada, pero no sé…
—Los dos somos muy cabezotas, y personalmente creo que el tiene que aprender a aceptar mis decisiones en el ámbito de mi vida privada. Si a él no le gustas es su opinión, pero si eres mi amigo o mi amante, mi novio, lo que sea, el tiene que respetarme a mi y a mi decisión, cosa que no a hecho.—Su tono se endureció sin a penas darse cuenta.
—Vale, vale no te enfades conmigo.—Se hizo la victima exageradamente.
—No, no me enfado no te preocupes.—Bill sonrió forzadamente. Se levanto de la mesa y cogió su plato.
—¡Hey! ¿Se puede saber que haces?— Preguntó Tom.
—Recoger la mesa.—
—Yo lo hago, tu ves a… no sé, ver la tele.—
—Me siento inútil sin hacer nada, puedo ayudarte.—Insistió.
—Da igual ya lo haré luego dejemos esto así. ¿Quieres helado? Tengo en el congelador una tarrina.—Le ofreció.
—¿De que es?—Preguntó Bill.
—De chocolate y nata.—Contestó.
—No me gusta el chocolate. ¡Así que me pido la nata!—Habló rápido como si se tratara de una competición.
—Dios Bill ¿A que ser humano no le gusta el chocolate?—Dijo alucinado Tom encaminándose hacia la parte superior de la nevera para buscar helado.
—A mi, soy especial, you know.—Le guiñó un ojo.
Tom tomó la gran tarrina de helado de dos sabores y cogió dos cucharas luego ambos salieron al salón y se sentaron cómodamente en el salón.
—¡Venga ábrelo se me cae la baba!—Dijo impacientemente Bill.
—Que impaciencia Billy.—Aun y así no abrió el bote quería hacerle esperar. Con tranquilidad encendió la televisión para que hubiese algo de sonido en la estancia, dejando escuchar el sonido del canal de música.—Bien, ten.—Ahora sí, lo abrió dejando ver los dos colores del helado de dos sabores.
—Mmmm rico, rico.—No tardó en clavar la cuchara en la mitad de sabor a nata.
—Esta muy congelado aun Bill, espera. Que ansias tienes.—Rió Tom.
Cuando el helado se hubo derretido un poco ya era fácil de poder cogerlo con la cuchara y así comerlo. Tom había decidido apagar las luces y poner un canal donde dieran una película para ver con Bill.
Él se acurrucó al lado de Tom con las piernas sobre el sofá medio de perfil, mientras que Tom tenia las suyas completamente estiradas y cruzadas sobre la mesita y en su regazo estaba la tarrina de helado de la cual iban comiendo de vez en cuando mientras veían la película.
—Bill.—Le llamó Tom
—¿Mmm?—Dijo alzando la vista para verlo. Y eso tubo como consecuencia que Tom chocara su cuchara con la nariz de él dejándola llena de chocolate.—¡Ah!—Se quejo Bill pegándole y luego se limpio la nariz.
—Así estas muy sexi.—Dijo Tom riendo.
—Yo estoy guapo hasta con un modelo de Lady Gaga, así que no sé de que te sorprendes.—Dijo alzando su ego.
—Mira que modoso la estrella del Rock…—Una cuchara estampó contra la mejilla de Tom dejándolo estático. Bill a propósito la deslizo por toda la cara dejándolo pringado.
—Mmm que ricooooo.—Se rió de él.
—Oh… no deberías de haber hecho eso…—Dijo mirándole desafiante mientras se lamia la comisura de sus labios con helado.
—Ups…—Dijo de forma infantil. Tom no tardo ni dos segundo en abalanzarse sobre él y empezó a restregar su cara manchada sobre la de Bill para ensuciarlo el doble.— ¡Ah Guarro para!—Gritaba entre risas.
—Esta es la venganza Kaulitz, te arrepentirás de meterte conmigo.—Ahora Tom atacó con cosquillas, cosa que hizo que Bill empezara a patalear y a removerse más que antes.
—¡Cosquillas no!—Reía y pataleta.—¡Para!
—No, esto es divertido.—El helado de sus caras ya había desaparecido al derretirse quedando en sus ropas, en el sofá o en sus pelos. Tom siguió haciendo cosquillas a Bill por todos lados mientras el perrito ladraba y correteaba por los alrededores al pensar que Tom le estaba haciendo daño a su dueño.
Bill se movía tanto que estaban a punto de caer al suelo.
—Tom para que nos vamos… ¡a caer!— Demasiado tarde habían caído por culpa de las cosquillas.
—¿Te has hecho daño?—Preguntó Tom preocupado deteniéndose.
—¡Eres un tonto!— Dijo Bill rodeando la espalda de Tom con sus piernas y el cuello con sus manos abrazándolo muy fuerte a la vez que intentaba morderle la cara.
—¡Ah! ¡No me muerdas animal!—Gritaba Tom preso en su “abrazo”.— ¡Ah, ah, ah!—Se quejaba al sentir los dientes de Bill mordiendo con ganas el pómulo del contrario.
—Que asco Tom sabes a chocolate.—Dijo con asco Bill.
—Ajam.— Él le miraba directamente a los ojos completamente hipnotizado. Y Bill al darse cuenta no pudo evitar hacer lo mismo.
—Tom… bésame.—Pidió seriamente con un brillo en los ojos que mostraban una repentina pasión.
No le hizo esperar y beso los labios de su novio tal y como le había pedido entre susurros casi como una suplica que él deseoso cumplió.
Al principio era solo unos leves roces puros, pero pronto Bill no tardo en profundizar ladeando la cabeza. Sentía la necesidad de tener más contacto con la lengua de Tom el cual casi se sentía desfallecer al sentir la bolita metálica que perforaba la lengua del cantante.
Involuntariamente sus cuerpos empezaron a hacer una leve fricción aun sin dejarse de besar.
—Ahh…—Gimió Bill sintiendo una electricidad en su ingle. Tom al escucharlo no evito sonreír de lado mirándolo y no dudo en volver a frotarse contra él para volver a escucharlo.—Tom…
—Joder Bill…—Atrapó los labios de Tom dejando un leve mordisco en su labio inferior.—Me vuelves completamente… loco. Ahh…—Gimió al sentir la mano del pelinegro sobre las telas de ropa acariciando su erección que iba en crecimiento.—Mierda, Bill déjame… terminar de hablar.
—No necesitas hablar para nada.—Volvió a atacar sus labios con saña.
—No quiero seguir Bill…—Intentó deshacerse de sus besos.
—¡¿Qué?!—Se detuvo de golpe.
—Sé que no llegaremos al final, como sucede siempre.—Se levantó de encima del cuerpo de Bill y se sentó en el sofá apoyando sus codos en las piernas y enterrando la cara en sus manos.
—¿Y como quieres que lleguemos a follar algún día si haces esto?—Dijo irónicamente Bill alzándose del suelo.
—Primero porque sé que tú aun no estas listo por muchos calentones que te entren. Y segundo, ahora ya no se trata solo de follar, somos una pareja que nos gustamos y aunque yo este diciendo esto, no quiero follar, quiero hacerte el amor.—Pasó las manos por su cara con cansancio.
—¿Y que? Eso no es una escusa estamos en las mismas. Si cada vez que lo intentamos te detienes será un poco imposible ¿no crees? Y si estoy preparado o no eso tu no lo sabes.—Le atacó Bill con tono enfadado.
—Ya esta Bill, no quiero discutir de esto.—Cortó la discusión antes de que empezaran.
—Somos una pareja ¿no? Tenemos que tener comunicación y hablar las cosas.—Le echó en cara con tono irónico.
—Por favor, no continúes…—Tom presiono su tabique nasal.— El tema queda zanjado aquí.
—¿Sabes que? Mejor me voy.—Dijo Bill enfadado cogiendo sus cosas.
—Ahora el malo de la película soy yo.—Se ofendió Tom.
—¡Si, eres tú!—Se desesperó gritando finalmente.
—¡No es mi culpa que no tengas dos dedos de frente para darte cuenta que lo que te digo es verdad!—Alzó la voz.
—Olvídalo, eres un estúpido y ya esta.—Bill cogió en brazos al pequeño de Tripi que estaba asustado al escuchar los gritos de los que eran sus amos.
—¡Genial! ¡No llevamos ni un día siendo novios y ya estamos peleando!—Aplaudió Tom haciendo que Bill lo fulminara con la mirada.
—Imbécil.—Abrió la puerta del apartamento y la cerró de un portazo sin despedirse.
—¡Lo nuestro no tiene futuro a este paso Bill!—Le grito irónicamente sabiendo que ya se había ido.—Buff… ¡Mierda de todo!—Pateó un cojín que cayó a la vez que ellos cuando Tom le estaba haciendo cosquillas.
Dejando ir suspiros de rabia Tom se lanzó al sofá de su casa con el ceño fruncido y cara de pocos amigos.
Él pensaba que Bill era un estúpido que no veía que lo hacia por su bien, primero que nada porque no quería hacerle daño de nuevo y segundo porque tal y como le había dicho no quería que las cosas sucedieran así de forma tan morbosa en el suelo del medio del salón.
Por primera vez desde que tiene una nueva memoria quería hacer las cosas bien con alguien y no simplemente tener sexo en una follada que no le llevaría más de treinta minutos. Pero al parecer eso a la diva de su novio no le entraba el la cabeza y su orgullo le impedía entrar en razón.
Bill por su lado se fue de mal humor al sentirse rechazado y con sus aires de súper estrella se dirigió a su coche y de ahí se fue a su casa.
—Ya estoy aquí.—Saludó al entrar a sus padres.
—Que cara traes hijo. ¿No te fue bien la comida de negocios?—Preguntó su madre.
—Oh no, todo eso ha ido muy bien.—Tuvo que mentir.—Es solo que un idiota me a rallado el coche.—Volvió a mentir sobre la marcha.—Estaré en mi cuarto hasta la hora de irnos a cenar si no os importa.—Sus padres asintieron y él desapareció.
Las horas las paso muertas en su cuarto, en las cuales no supo nada de su novio, ni tan solo se digno a enviarle un mensaje pidiendo disculpas y Bill mucho menos lo iba hacer, él no había tenido culpa de nada, solo intenta complacerlo y él se las paga rechazándolo ahora por orgulloso no pensaba mover ni un solo dedo.
Cuando la hora se hizo decidió cambiarse de ropa y arreglarse algo mejor ya que irían a un restaurante bastante conocido y tenia que dar la imagen.
Sus padres estaban encantados de por fin poder estar un poco con su hijo ya que casi no lo veían y pocas veces hablaban de las cosas, y por teléfono no es lo mismo, extrañaban el calor de un hijo que vaya a visitarlos a casa, por eso había decidido ir unas semanas a ver a su hijo por su cumpleaños ya que él no se dignaba a viajar a hacerles una visita, ya sea por su trabajo o simplemente por que no quería y ponía excusas.
La cena en el restaurante fue de lo más familiar posible, hablaron de muchos temas y se pudieron al día respecto a todos los nuevos cambios de sus vidas. Bill les contó que termino su corta relación con Ainara ya que ella no lograba acostumbrarse a la vida de él, pero que eran amigos. Aun y eso Bill decidió saltarse el pequeño detalle de que tiene un novio, que es un chico y sobre todo que es igual a su difunto hermano.
Al terminar la cena, de tomar el café, seguir hablando y por ultimo tomarse una copa salieron del restaurante donde a esas horas era normal que algún fotógrafo hubiese y los cuales habían, le sacaron algunas fotos mientras salían. Gordon y Simone se adelantaron al coche ya que los reporteros estaban interesados en su hijo, no en ellos.
Bill agradecía inmensamente el llevar gafas de sol a pesar de ser de noche, a que si no los múltiples flashes de las cámaras lo hubieran hecho sentirse desorientado. A duras penas era capaz de dar algún paso ya que lo tenían completamente rodeado y presionando con muchas preguntas esperando a que pudiera contestar a alguna.
—Por favor tengo una vida privada, respetarla.—Fue lo que dijo en el tono más amable que le fue posible.
—¿Bill es cierto que vas a trabajar para la marca Calvin Klein?— Un rumor más.
—¿Cómo va tu relación con aquella jovencita?—Bill respiró profundamente y se hizo paso hasta finalmente llegar al coche, donde su padrastro se había puesto de conductor dada la situación.
—Dicen que tu amistad con Georg y Gustav se ha roto, que ya no tenéis relación. ¿Es eso cierto?—Abrió la puerta del copiloto. Nada más estar sentado su padre no dudo en salir de allí cuanto antes.
En el coche no se pronuncio ni una sola palabra ya que la incomodidad de Bill después de la escena de la prensa era más que notable en el ambiente y sus padres se habían dado cuenta que estaba muy susceptible el día de hoy.
Incluso tras traspasar la puerta del apartamento nadie había dicho ni una sola palabra simplemente Simone y Gordon se dedicaban miradas y encogimientos de hombros respecto a la actitud de su hijo.
—Esto es una puta mierda. Odio mi vida. ¡Desde que Tom no esta es todo diferente, todo es una mierda!—Dijo caminando por el pasillo y se encerró en su habitación.
Se quito la ropa de mal humor, se puso su camiseta de dormir y se metió en su cama tapándose hasta la cintura. Luego cogió su ordenador portátil de la mesita de noche y se dispuso a hablar con su amigo Andreas, el cual si estaba conectado para la suerte de Bill.
Bill: Hola…
Andreas G.H: Hola.
Bill: ¿Aun estas en L.A?
Andreas G.H: Si. Pero mañana me vuelvo gracias a ti, buen amigo ;—)
Bill: Andy no seas irónico. No te hablo precisamente para discutir… ¿A que hora te vas mañana? Me gustaría hablar contigo antes…
Andreas G.H: A las 17:30pm tengo que estar en el aeropuerto.
Bill: ¿Qué te parece si nos reunimos a las 15:00 pm?
Andres G.H: ¿Dónde?
Bill: Donde tu quieras.
Andres G.H: En Pinkberry. Ahora me voy.
Bill suspiró decepcionado por la frialdad con la que le había hablado su mejor amigo, se lo merecía.
Después de esa corta conversación apagó el ordenador y se puso a dormir. Mañana tendría que pensar en como se disculpaba con su amigo e intentaba hacerle comprender lo que Bill sentía.
La mañana siguiente fue el primero en despertar, ya que no había pasado una buena noche pensando en como seria y que pasaría cuando viera a su amigo.
Se puso un pantalón de chándal y salió a la cocina poniéndose manos a la obra para cocinar algo rico y nutritivo de almuerzo para él y sus padres.
A mitad de la preparación de su almuerzo apareció su madre en la cocina.
—Buenos días cielo.—Le dio un beso en el hombro ya que por la altura de su hijo no podía hacerlo en la mejilla.
—Buenos días mamá.— Simone se puso a ayudar a su hijo a terminar de preparar el desayuno.
—Hoy tampoco tienes ganas de hablar mucho ¿me equivoco?
—No, no te equivocas mamá. Siento que me tengas que ver así en vuestra estancia pero últimamente aborrezco mi vida y cualquier cosa que me rodea.—Se dirigió hacia la mesa con el café recién hecho.
Simone decidió no seguir tocando el tema, si su hijo quería contarle algo más detalladamente lo haría.
—Bill podrías enseñarnos algo de la ciudad a Gordon y a mi ¿no?—Le dijo su madre.
—Mamá… Me encantaría hacer eso, pero es mejor que yo no vaya por lugares turísticos y menos ahora. Si quieres yo le digo a Gordon lo que podéis ir a visitar, pero yo no puedo acompañaros.—
—Claro lo entiendo, no te preocupes.—Sonrió cariñosamente Simone. Ella y su hijo empezaron a desayunar sin su padre, que al parecer tardaría algo en despertarse.
La mañana paso lentamente a los ojos de Bill, sentía que los segundos se hacían eternos hasta llegar el momento que tuviera que ir a hablar con su amigo Andreas en el lugar que habían acordado para conversar y poner sus cartas sobre la mesa.
Cuando la hora se hizo, Bill cada vez se sentía más nervioso, no podía impedirlo por mas que quisiera, le aterraba la idea de que Andreas no aceptara sus motivos y una posible reconciliación, pero si no lo intentaba luego se sentiría la peor mierda del mundo. Debía de darle las gracias a Tom por lo que le dijo ayer, gracias a eso tuvo el valor de decirle a Andreas de quedar para poder hablar sobre sus diferencias y poder arreglar esta estúpida e incomoda pelea.
Al subirse al coche dio una gran bocanada de aire y puso las llaves en el contacto ya preparado para ir a reunirse a la heladería Pinkberry donde se habían puesto de acuerdo para la reunión.
Cada vez que un semáforo le indicaba que debía de estacionarse se sentía como si le hubieran dado una patada en el estomago, tenia la necesidad de dar media vuelta y volverse a casa para no tener que afrontar la escena que se daría a continuación. Odiaba tener esa sensación de cobardía. Tampoco era para tanto. Se repetía una y otra vez para autoconvencerse de no echarse atrás.
Ya esta en frente de la heladería, ahora solo tenía que aparcar el coche y reunirse con Andreas.
Continúa…