Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 33
—¡Yo no la besé!—Alzó la voz Bill.
—¡Aquí nadie está gritando así que tú tampoco lo hagas!—Le contestó Tom de la misma manera.—Tal vez te beso ella, pero a ti no se te ve muy descontento, incluso se ve claramente como tu participas.—Le dijo pasando una imagen tras otras para que él mismo pudiera ver las imágenes tomadas.
—Si, es cierto no lo voy a negar, ¿pero qué importa si no siento nada? Solo fue un beso y le dije que no lo repitiera que no volvería con ella.—Bill hablaba rápido ya que estaba empezando a desesperarse.
—¿Enserio Bill? ¿Desde cuándo esto es una relación abierta? Yo no recuerdo haber hablado de eso.—Le miró de manera dura intentando intimidarlo.
—Quieres dejar la ironía de lado, por favor. Nos encontramos en el parque, ella iba con su hermano y hablamos sobre lo que me escribió para romper lo nuestro, la vi triste y para intentar arreglarlo le dije que si me gustaba, pero ella lo interpretó mal, me besó y me pidió que lo intentáramos que se acostumbraría a mi mundo, pero le dije que no y así quedo la cosa en un mal entendido.—Explicó.
—Un mal entendido que a mí me toca las pelotas y me hace ser el cornudo, Bill. Es humillante. ¿Lo sabias? Yo ayer tuve la oportunidad de haber estado con alguna tía y haber disfrutado de ella, pero no lo hice. ¿Por qué? Porque se supone que tengo pareja y le debo un respeto.— Tom intentaba hacer sentir mal a Bill y por momentos lo estaba logrando.
La estancia se quedó en silencio un rato, un silencio realmente incómodo para los dos, pero tenían que pensar antes de decir algo, si es que lo iban a hacer. No podían hablar y decir cualquier cosa para después arrepentirse o empeorar la discusión más.
Bill se acercó a Tom y este automáticamente se le quedó mirando. Siguió acercándose hasta quedar frente a él. Cogió las manos de Tom que reposaban sobre sus piernas y se sentó en su regazo de lado, dejándolo algo aturdido. A continuación Bill dejo que una de las manos de Tom reposara sobre sus piernas y la otra él mismo rodeo la cintura de su pareja.
—Tom…—Bill le miró directo a los ojos.—Me gustas tú. Solo tú. Lo de Ainara fue una estupidez un mal entendido que no sucederá de vuelta.
—Ya, y yo como sé que eso será verdad.—Dijo desconfiadamente.
—Porque ya todo quedó aclarado entre ella y yo. Tendrás en confiar en mi.—Rodeó el cuello de Tom, se acercó a él y dejo un pequeño beso en su mejilla mientras con la punta de sus dedos acariciaba la piel del cuello descubierto de Tom causándole agradables cosquillas.
—Una oportunidad, ni una más.—Le advirtió seriamente.
—Gracias. Me encantas.—Sonrió levemente y besó a su novio.
Tom sin dejar de besarse con Bill fue dejándose caer hacia atrás, hasta que su espalda quedo apoyada en el sofá completamente.
Puso ambas manos en el trasero de Bill y lo acercó más a él, rozándose por unos momentos, pero así ambos estaban más cómodos.
La mano derecha de Tom viajo desde el trasero de su novio a su pierna y hacia su muslo, haciendo una leve presión. A medida que se acercaba a la intimidad de Bill él se ponía algo nervioso.
Los labios del menor dejaron ir un suspiro involuntario ante la ruda caricia de Tom en su muslo e ingle. Ante aquel gemido que dejo libre los labios del oponente, este no dudo en atacar el cuello de Bill. Lamió y succiono a su placer la nívea piel del cuello dejando alguna pequeña marca de color morado.
—¡Se me ha ocurrido una cosa!—Grito Bill asustando a Tom.—¿Qué te parece si nos vamos unos días de Los Ángeles? Aquí nos tienen muy vistos no tenemos intimidad. Además me apetece visitar San Francisco.
—Dios, Bill… ¿Estás pensando en un viaje mientras te pongo a punto?—Preguntó incrédulo y algo molesto Tom.
—Lo siento, soy un chico con una mente muy ocupada.—Dijo riendo.
—Eres un chico que me toca mucho los huevos cuando se lo propone.—Dijo con desgana dejando ir un soplo de molestia.
—¿Entonces vendrías conmigo unos días? Quiero ver el puente.—Decía con los ojos iluminados de esperanza y felicidad Bill dándole un aire muy niño, dejando de lado totalmente la actitud de dureza de momentos antes en la discusión.
—Hay cientos de puentes en San Francisco Bill.—
—Ese rojo gigante que sale en todas las películas de terremotos.—Tom rió.
—Ese rojo gigante…—Susurró sonriendo.—El Golden Gate Bridge.
—Si ese. ¿Entonces vienes conmigo?—Hizo un dulce puchero con sus rosados labios.
—Por mi te llevo a ver el Castro District de San Francisco, pero no me hagas esto de gritar que has pensado en algo en momentos como estos.—Le dijo él.
—¿Qué es eso? ¿Un museo?—Preguntó Bill.
—Si se llama District como va a ser un museo. ¿Tú has ido al colegio?—Rió Tom haciendo enfurruñar a Bill.— Es un sitio que te gustaría mucho.—Le miro con picardía, en realidad el Castro District era el barrio gay más grande del mundo, conocido también por su gran festival del orgullo gay anual.
—Bueno pues entonces iremos a pasar unos días juntos a San Francisco.—Dijo alegre Bill besando a Tom de nuevo efusivamente.
—¿Juntos, pero solos? ¿O juntos pero con tus amigos?—Quiso cerciorarse antes.
—Juntos, solitos, los dos, tu y yo, nadie más.—Respondió de forma coqueta.
—Entonces me encanta la idea.—Ahora fue el quien beso a Bill.
Las lenguas de ambos batallaban al igual que sus manos que divagaban por el cuerpo del contrario.
—Joder, ¿Por qué eres tan caliente, Bill?—Dijo entre suspiros Tom a la vez que en un movimiento rápido y brusco debajo al modelo tumbado en el largo del sofá con él encima.
—Yo también me lo pregunto a menudo.—Rió como un estúpido.
La ropa de ambos estaba prácticamente fuera de sus cuerpos tan solo la ropa interior los separaba a los dos y Tom no tardo en coger el borde de los boxers azules de Bill para quitárselos de una buena vez. Lo suyos fueron los siguientes hasta estar los dos completamente desnudos.
—¿Por fin vamos a hacerlo?—Preguntó Bill.
—No…—Susurró Tom.—El que no quiere esta vez soy yo, aunque ganas no me faltan. Quiero probar algo.—Le dijo mientras hacia un pequeño vaivén sobre él.
—¿El qué?—Preguntó dejando ir un gemido ante la acción de Tom.
—Solo calla.—Él se encargó de eso. Lo hizo callar tomando sus labios entre los suyos.
Entre besos voraces y caricias necesitadas sus miembros estaban muy duros. Los dos se friccionaban entre sí por los vaivenes que Tom hacía con su cadera a la vez que besaba la mandíbula y el cuello de Bill a su completa disposición.
Los besos se fueron moviendo hacia la clavícula marcada de Bill la cual mordió sensualmente. Tom notaba como los dedos de su amanse te enredaban entre sus trenzas guiándole un poco también y evitando que se alejara mucho.
El pequeño camino de besos por cada uno de los lunares del cuerpo de Bill llegó hasta uno de sus pezones donde Tom jugo con el piercing de aro que poseía excitándolo muchísimo a los dos.
Tom fue bajando cada vez más, hasta detenerse de nuevo en el ombligo de Bill. Le miró y ambos cruzaron miradas Tom sonrió y Bill frunció el ceño. ¿Qué iba hacer?
El dedo índice de Tom rodeo el pequeño ombligo de Bill haciéndole estremecer, a lo que Tom sonrió aún más. Y solo para molestar volvió a hacerlo y luego dejo ir un poco de aire de su boca haciendo que la piel se erizara.
Aun con el dedo índice delineó la pelvis de Bill y volvió a subir al ombligo quería torturarlo un poco y ver su cara de sufrimiento y a la vez placer, le encantaba.
—¡Tom para!—Dijo finalmente.—Ven quiero besarte.
Tom se alzó y fue a cumplir el deseo de Bill. Se besaron pero Tom no tardó en cortar de nuevo el beso para volver a la altura que estaba antes de que le pidiera un beso.
Volviendo a trazar un recorrido con su dedo índice esta vez llegó a la base del miembro erecto en todo su esplendor. Tomó la erección firmemente entre su mano y empezó a masturbarlo lentamente, queriendo volver a hacerle enloquecer y sabía que hacer exactamente para conseguirlo. A pesar de que le repugnaba la idea, quería hacerlo, probar algo nuevo.
Sacó levemente su lengua y dio un lametón a la punta del miembro de Bill haciendo que este por la sorpresa diera un pequeño brinco mordiendo su labio inferior evitando dejar escapar un grito.
—¿Cómo te sientes?—Preguntó Tom.
—Como si me fuera a morir. Nadie me había hecho algo así.—Ante esa respuesta Tom no dudo en volver a lamer el pene de Bill, esta vez siguiendo el contorno de la punta y hundió la puntita de su lengua en el pequeño agujerito del pene de su pareja, haciéndole gritar y aferrarse fuerte al sofá.—Lo haces a propósito ¿no?—Gimió alto.
—¿Por qué lo dices?—Preguntó con tono juguetón.
—Esta es tu pequeña venganza por lo de Ainara, hacerme sufrir.—Dijo con dificultad por su agitada respiración.
—No la nombres.—Tom presiono con sus dedos la punta del miembro causándole una sensación de dolor y placer a la vez.
—¡Para!—Gritó Bill.
—¿De verdad?—Preguntó fingiendo sorpresa.
—¡Sabes a qué me refiero!—Volvió a alzar la voz mientras le miraba molesto.
De nuevo para la sorpresa de Bill esta vez Tom se metió en la boca todo su miembro. Bill se estremeció al sentir la calidez de su boca, la textura de su lengua que tanto placer le estaba dando al rozar su palpitante erección.
—Mmm… Oh…—Gimió ante los movimientos de la lengua de Tom sobre la longitud de su miembro.
Tom en ningún momento sintió asco, es como si ya lo hubiese hecho antes en su otra vida o tal vez también podía ser debido a habilidad con que lo estaba haciendo según su gusto. Podría ser porque a él le habían practicado muchas felaciones y estaba reproduciendo los mismos pasos que las chicas hacían con él.
Bill pensaba que para ser Tom un chico completamente heterosexual, al menos hasta que lo conoció, lo estaba haciendo demasiado bien, de una forma sobrehumana.
A la vez que succionaba y lamia, con la otra mano Tom tomó su propia larga y dura erección y empezó a masturbarse al mismo ritmo que le hacia la felación a Bill.
Bill sentía que su cuerpo se rompería por lo tensado que estaba intentando controlarse manteniendo su mente en blanco y no pensar en la escena, si no terminaría en menos de un segundo. Tom era bueno, muy bueno.
Del miembro de Tom ya salía algo del pre—semen dándole la señal clara que pronto llegaría al orgasmo.
La respiración agitada de Bill era casi descontrolada, sus dientes mordían continuamente su labio inferior para reprimir cualquier tipo de sonido incontrolado que pudiera dejar ir y sus manos una fuertemente aferrada al borde del sofá y la otra en la nuca de Tom con los dedos entrelazados con sus trenzas largas y negras.
Tom dejo ir un gemido gutural ahogado cuando su semen salió indicando que había llegado al orgasmo. Su esencia cayó sobre Bill, deslizándose por sus testículos, muslos y glúteos, hasta finalmente perderse entre las nalgas o mojando el tapiz del sofá.
Él había terminado, pero su pareja no, lo hizo segundos después.
Tom no había dejado de proporcionarle placer con sus labios y lengua mientras él se derramaba sobre Bill. Este lo hizo poco después de que Tom acabara sobre él. El simple tacto del semen de Tom fue suficiente como para que él tocara el cielo con los dedos y sin previo aviso también llegó al orgasmo, terminando en la boca de Tom. Fue un auto reflejo que no le dio tiempo a avisarle, ya que ni él mismo sabía que llegaría al orgasmo en el mismo instante en el que Tom se correría.
Rápidamente se alejó del miembro de Bill, el cual seguía expulsando algo de semen.
—¡Oh dios mío, lo siento Tom!—Se disculpó con nerviosismo. Tom le miro fulminándolo con la mirada a la vez que con dificultad tragaba lo que Bill había dejado en su boca. Ante esa acción Bill abrió los ojos más de la cuenta, lo primero que pasó por su cabeza fue que Tom escupiría el semen, no que se lo tragaría como había hecho.—Lo siento de verdad, no me ha dado tiempo de avisarte. Vas a matarme. Seguro.
—Esta amargo…—Se relamió los labios con una mueca de asco.
—¿Y qué esperabas que supiera a caramelo?—Dijo Bill sin pensar, por lo que puso una mueca de arrepentimiento al instante. Se sentía pequeño en esos instantes por lo cual cogió uno de los cojines del sofá y tapo su intimidad con él.
—No Bill, pero esperaba que supiera algo mejor. Es obvio que no has comido mucho dulce estos días, sino no sabría tanto. Seguro que no has parado de beber café, por eso sabe tan amargo.—Dedujo Tom.— ¿Me equivoco?
—¡Qué más da!—Dijo avergonzado.— De todos modos sabe amargo.
—¡Pero no tanto! Joder Bill, eres tan estúpido… que eres adorable.—Se acercó lentamente a él hasta que lo volvió a dejar tumbado, posicionándose arriba de su cuerpo hasta besarlo.
—Egggs he probado el propio sabor de mi semen.—Dijo Bill con una mueca de asco.
—No es para tanto.—Le dio un piquito en los labios y reposo su cabeza sobre el pecho de Bill, mientras este rozaba la piel de la espalda de Tom con sus dedos y Tom hacia lo mismo sobre el tatuaje del dorso delineando las letras.
—Tres días y dos noches.—Dijo Bill.
—¿Qué?—No entendió Tom.
—El viaje a San Francisco. Tiene que ser antes de que acabe la semana.—Aclaró.
—¿Por qué?—Alzó un poco la cabeza haciendo contacto visual con los ojos almendrados de Bill.
—Los contratos que me propusieron, hablar sobre Karl y desfilar para Marc Jacobs, empiezo la semana que viene.
—Está bien.—Se hizo un silenció en el que Tom permanecía aun recostado sobre el pecho de Bill cómodamente escuchando los latidos de su corazón.— ¿Bill, piensas hacerte más tatuajes?—Preguntó.
—Posiblemente, pero no por ahora.—Resolvió su duda.—Tom creo que deberíamos vestirnos o cogeremos un constipado por estar desnudos en medio de salón.
Tras unos minutos Tom se puso sus boxers y Bill cogió la gran camiseta de Tom.
—¿Puedo darme una ducha rápida?—Preguntó.
—Claro. Yo de mientras haré algo de café.—Cada uno se fue a un lugar del apartamento.
Tom puso la maquina a hacer café y mientras fue al salón a limpiar lo que habían ensuciado el sofá.
Bill se quitó la camiseta de su novio y se metió en la ducha para limpiar todo rastro de sexo, pero sin mojar su cabello si no tendría que secarlo y alisarlo y no tenía absolutamente nada de ganas.
—¿Bill puedo entrar?—Se escuchó un golpe en la puerta.
—Claro.—Respondió.
—Aun estas duchándote Bill. ¿Para qué dices que entre?—Cuestiono Tom de espaldas a la cristalera de la ducha.
—¡Oh vamos! Has visto todo lo que tenías que ver. Dudo que por verme en la ducha pase algo.—Rió Bill.—Haz lo que tengas que hacer yo ya acabo.
Tom no dijo nada. Frente al espejo cogió su cepillo de dientes y empezó a cepillar bien por todos lados para quitar el mal sabor de boca que tenía.
Mientras el se cepillaba Bill salió de la ducha envolviendo su cintura en una toalla.
—Ahora no tenemos nada que hacer. ¿A que me acompañas a comprar los billetes de avión?—Preguntó rodeando a Tom por la cintura desde atrás. Tom escupió la pasta de dientes y se enjuago la boca mientras Bill esperaba una respuesta abrazado a él.
—Claro, te acompaño.—Respondió.
—Genial. ¿Tú no te vas a dar una ducha?—Preguntó.
—Si me dejas…—Dijo mirando los brazos de Bill sobre sus pectorales abrazándolo desde atrás.
—Jooo…—Hizo un puchero que su novio vio a través del espejo.
—Si te quieres volver a duchar pero conmigo, estas cordialmente invitado. Por cierto preparé café.—Se dio la vuelta quedando los dos cara a cara.
—Creo que me voy a por mi amante el café.—Sonrió Bill y le dio un pequeño beso a Tom que se quedó en el baño son reacción alguna por lo rápido que había pasado todo.
Cuando fue consciente se despojó de sus bóxers y se metió en la ducha.
Bill de mientras tomó su ropa de aquella mañana y volvió a ponérsela. Una vez vestido fue a la cocina donde vio la cafetera.
Se sirvió una taza por la mitad, luego se encamino al refrigerador y sacó la leche para mezclarla con el café y así su sabor fuera menos amargo.
Continúa…