Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 34
Bill se sentó en la mesa de cocina para tomar tranquilamente su café con leche y así hacer la espera de Tom más amena a la vez que leía o más bien ojeaba una revista de coches que se encontraba allí. Le gustaban los coches como a todo hombre pero no era un apasionado de ellos.
Después de unos diez minutos Tom salió del baño ya vestido.
—Ya estoy listo.—Anunció entrando en la cocina.—¿Nos vamos?
—¿Tu no tomas café?—Preguntó.
—Ya lo hice cuando era tu turno en la ducha.—Tom salió de la sala para coger sus pertenencias.
—Ah… Pues vámonos.—Bill también salió y se puso si chaqueta y accesorios para camuflarse un poco entre la gente.
Los dos salieron del apartamento de Tom y este se encargó de cerrar la puerta. A continuación tomo la mano de su novio y caminaron hacia el ascensor.
—¿Y esto?—Dijo Bill mirando sus manos mientras esperaban que las puertas se abriera para ellos poder entrar.
—¿Qué pasa? En la calle no puedo hacerlo, así que lo hago ahora.—Explicó sin duda en su respuesta.
—No digo que no me guste. Porque me gusta. Tal vez algún día podamos ir así por la calle.—Dijo esperanzado Bill.
—Sí, cuando decidas que es más importante tu felicidad que el que dirá la gente.—Tom no quería sonar reprochador pero no lo consiguió precisamente. Bill tampoco le dijo nada, no quería empezar una discusión cuando estaba más que claro que sus opiniones y punto de vista de las cosas eran diferentes.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron ambos entraron. Como era de costumbre Bill se puso tenso al instante y como reflejo apretó la mano de Tom y este le miro atento.
—No pasa nada.—Dijo intentando calmarle con suaves caricias en la mano.
—No pasa nada hasta que pasa, como en mi edificio.—Recordó a la defensiva por el nerviosismo.
—Eres adorable cuando te siente indefenso.—Sonrió Tom.—Creo que mi fantasía no se hará realidad.—Esta vez sonrió amargadamente pero con picardía a la vez.
—¿Hacerlo en un ascensor? Conmigo ni en broma.—Las puertas se abrieron y salieron.
—Lo sé, pero tengo otras muchas que si podrás satisfacer algún día.—Rió.
—¿Y porque no satisfaces tú las mías?—Le dijo Bill alzando una ceja.
—Claro que lo haré, algún día.—Aceptó.
—Eso espero.—Antes de salir del edificio Tom detuvo a su novio para darle un beso. Al separarse le soltó de la mano y ambos salieron a la calle.
Llegaron a la agencia de viajes y Bill se encargó de los preparativos.
—Ya está todo listo.—Le informó. Silencio. Tom seguía concentrado en fumar el final de su cigarrillo mientras observaba la gente pasar por detrás de Bill, mientras este le observaba parado frente a él, de brazos cruzados.—Si quieres devuelvo los billetes, no te veo muy motivado.—Dijo Bill serio.
—Dime que me quieres.—Dijo Tom.
—¿Qué?—Pregunto Bill un poco confundido ante la petición repentina de su novio.
—Mira, Bill… Sé que esto es difícil, es algo complicado, lo sé, pero olvida el pasado y vamos juntos de la mano.—Tom extendió su mano y Bill la miró.— Si no lo hacemos ahora nunca podremos saber el final de nuestra historia, dime que lo vas a hacer.—Movió un poco su mano para tentar que Bill la tomara.— Dime qué prefieres, dime que también sueñas con esto. Pero dime que me quieres.
—No sé qué decir, ni que hacer, solo pienso en ti… Puedo imaginar y soñar solo con mirarte, pero…—Dudó Bill.
—Vamos a escaparnos. Vamos a ir a un sitio donde surja lo nuestro.—Le miraba fijamente a los ojos.—Podremos hacerlo, Bill, tan solo confía en mi…—Bill le miró y luego miro su mano, así dos veces.
Cogió aire y con firmeza puso su mano sobre la de Tom. Él no dudo ni un momento y la sostuvo con fuerza.
Tom hizo ademán de empezar a caminar, y como vio que Bill no oponía resistencia ambos emprendieron un nuevo camino, ambos tomados de la mano, esta vez con sus dedos entre lazados.
—Bill, no pienses en quien nos pueda ver, desténsate.—Le dijo Tom en tono bajo pero que él podía escuchar.
—Esto es difícil para mí.—Le miró un tanto molesto.
—Lo sé Bill, pero es el primer paso para ser libres.— Su novio le dedico una dulce sonrisa para darle la confianza que necesitaba.
—Si.—Intento auto convencerse.—¿Y dónde vamos a ir?
—Donde las piernas nos lleven. —Dijo Tom.—¿Cuánto te tengo que pagar del billete de avión?—Preguntó para sacar algo de tema mientras caminaban.
—Yo pago el avión, tú pagas el hotel. Así vamos a medias.—Sugirió Bill. Tom acepto ya que cuando estuvieran en San Francisco todo lo que compraran, comieran y demás él se encargaría de pagarlo, o al menos era esa su intención.
Caminaron por un largo rato tomados de la mano y sin darse cuenta Bill ya no estaba tenso y aforrándose a la mano de Tom con fuerzas, ahora era algo que le surgía natural y no le incomodaba para nada.
El móvil de Tom empezó a sonar en el bolsillo de su pantalón.
—Habla tranquilamente con quien sea. Voy a por una bebida. ¿Quieres algo?— Pregunto señalando el pequeño comercio que había a su derecha.
—Un red bull está bien.—Bill sonrió y separándose de la mano de Tom fue hacia el supermercado mientras así dejaba a Tom hablar y no sentirse de más mientras conversaba con algún amigo suyo.
Bill se paseó por los pasillos en busca del Red Bull de Tom y una Coca—Cola para él. Ya de paso aprovecho para coger una bolsa de patatas.
Fue a la caja para pagar los productos que había elegido.
Al salir, Tom estaba terminando la llamada, al ver a Bill empezó a caminar de nuevo.
—¿Y no puede ser en otra fecha?—Preguntó. Bill a su lado lo miraba con curiosidad por saber de qué hablaban.—Pero yo ya tenía planes.—Bill pudo escuchar los gritos de un hombre a través del teléfono de Tom.—Vale, pues mañana ya me pasare. ¿¡Que ahora?! En un ahora llego, estoy lejos.—Sentencio.
—¿Va todo bien?—Preguntó al ver la cara de enfado de su novio.
—Sí y no. Tengo noticias una buena y dos malas. ¿Cuál quieres escuchar primero?—Legaron a un parque y se sentaron en un banco para poder tomar lo que compro Bill y también hablar con tranquilidad.
—Dime por el mismo orden que te dijeron a ti.—Contesto.
—Vale. Tengo un nuevo contrato para firmar un anuncio. Lo malo es que tengo que viajar a Nueva York y no podré ir a tu desfile como habíamos acordado en un principio. Y la última mala que tengo es que tengo que ir a la agencia ahora.—Explicó Tom para finalizar con un trago de su lata de redbull.
—No te preocupes. Es trabajo y lo entiendo. A la agencia te puedo acompañar si quieres y te parece bien.—Dijo sin darle mucha importancia a que Tom no pudiera estar allí para verle cuando desfilara.
—Pero me da rabia. Si este proyecto sale bien me busco un manager y que le den por culo a la agencia.—Declaro en tono molesto.
—Tranquilízate Tom, o te dará algo.—Riño Bill al verlo tan adorablemente molesto por algo tan tonto en verdad.—He comprado también unas patatas.—Dijo enseñándole la bolsita para hacerle olvidar ese tema.
Finalmente Tom se olvidó de su enfado y disfruto de la comida y la compañía de Bill.
Ambos fueron a la agencia y se detuvieron frente al edificio, Bill sonrió y besó a Tom. Si, le beso, allí en la calle donde cualquiera los podría reconocer y tomar alguna fotografía.
Fue un beso rápido que pillo completamente desprevenido a Tom, ya que no se esperaba tal gesto de parte de Bill, el cual parecía estar muy abierto y con intenciones de sorprenderlo más veces en el día de hoy.
—Nos vemos ahora.—Le sonrió y se fue dejando a Tom aun un poco traspuesto después de ese beso.
Tom fue al despacho donde le esperaban. Conversó con su superior sobre lo que tendría que hacer, para quien trabajaría y el dinero que le pagaban por ese trabajo.
Bill fue a un quiosco en el que compro un par de revistar para ojear en una cafetería mientras esperaba a que Tom terminara de su cita con el trabajo.
Aquel día lo pasaron juntos prácticamente. Fueron a comer a un restaurante a altas horas de la tarde, luego fueron al apartamento de Tom y vieron algunos capítulos de una serie que a ambos les gustaba. También hablaron y se divirtieron hasta que llegó la noche.
Cuando las agujas del reloj marcaban media noche Bill decidió que debía irse a su casa. Tras muchos intentos fallidos, ya que Tom le entretenía, logro llegar a la puerta del apartamento para despedirse de él y poder ir a su casa y reunirse con sus padres.
—Tom tengo que irme ya, no intentes retenerme.—Rió Bill.
—Pasa la noche aquí, conmigo.—Suplico Tom poniendo un puchero.
—No, no puedo. Mis padres se van en dos días y no he estado con ellos para nada, me siento mal.—Bill se puso algo serio para que le tomara en serio.
—Bill…—Se acercó más a él para intimidarlo.—Quédate.—Le susurro en su cuello.—Solo hoy…
—Tom vamos a estar juntos en dos días, mañana, tarde y noche. Por favor déjame irme y no me insistas más.—Intentó separarlo pero Tom hacia presión contra su cuerpo.
—Te dejo irte si me das un beso que me complazca lo suficiente para estar sin ti dos días enteros.—Pidió con una sonrisa socarrona.
—Eres un chantajista.—Le reprochó sonriendo.
—Sabes que tú también quieres hacerlo…—Susurró rodeando la cintura de Bill y rozando su baja espalda y empezando a meter la punta de sus dedos bajo el pantalón.
—¡Tom!—Gritó Bill al notar las manos de su novio queriendo meterse bajo su pantalón.
—¿Por qué eres tan suave?—Preguntó introduciendo aún más las manos bajo el pantalón y la ropa interior de Bill, sintiendo la piel de su bien formado trasero.
—No seas tonto.—Rió Bill retorciéndose del abrazo de su cintura.
—Me ofendes principito.—Volvió a llamarle por el apodo que le puso cuando no se llevaban del todo bien en el momento que trabajaron juntos.
—Saca las manos de ahí me siento violado.— Rodeó las muñecas de Tom con sus manos hasta que por fin decidió a retirar las manos de aquel lugar pero no del todo, ya que dejo las manos en el mismo sitio pero esta vez sobre la ropa.—Gracias.— Y como premio beso a Tom tal y como él le había pedido para dejarlo ir.
Tom entre abrió sus labios dándole todo el paso a su novio, luego fue el quien empezó a controlar la situación.
Jugó con el piercing de la lengua de Bill empezando a batallarse los dos en una guerra de lenguas de forma mojada y excitante.
—Tengo… que irme… Tom.—Dijo entrecortadamente ya que su pareja volvía a capturar sus labios para besarlos y morderlos.
—No quiero… ¿No te puedo secuestrar?—La forma en la que lo dijo le hizo reír a Bill casi a carcajadas.
—No, no puedes.—Se separó de él.—Me voy ya.
—Está bien…—Se rindió ya.—Cuando llegues a tu casa envíame un mensaje.
—No soy un niño pequeño Tom, no me pasara nada.—Bill abrió la puerta y salió.
—Tu solo hazlo.—Le dijo seriamente.
—Si me acuerdo lo haré, no prometo nada. Buenas noches.— Camino rápido hacia las escaleras y empezó a bajarlas de forma ágil. A Tom no le extraño ya sabía que siempre que podía Bill bajaba por las escaleras por su miedo a los ascensores.
Cerro la puerta de su apartamento y fue al salón donde recogió lo que habían ensuciado aquella tarde mientras veían la televisión y conversaban de temas sin importancia alguno, lo que les importaba era pasar un agradable rato juntos.
Al terminar fue a su cuarto y se puso un pantalón de pijama, ahora que era invierno solía dormir con un aprenda de ropa da igual que fuera una camiseta o un pantalón, con alguna de las dos lo hacía.
Una vez con el pantalón puesto abrió el primer cajón de la mesita de noche y del final saco una caja de madera no muy grande.
La tomo entre sus manos y se sentó en el borde de la cama apoyando sus codos en las piernas mientras observaba detenidamente la caja. Suspiro y la abrió encontrándose dentro de ella aquella pulsera. Lo único que tenía de su pasado y aun y así no lograba descifrar que significado podía tener.
Dejo la caja sobre la mesita y se tumbó en la cama mirando al blanco techo mientras que sus manos reposaban sobre su abdomen aguantado aquella pulsera. Así permaneció por unos largos minutos.
Cansado de mirar el techo alzo las manos a la altura de su pecho y observo aquella pulsera en la que ponía su nombre en mayúscula y por detrás una frase que decía “In your shadow I can shine”. La observo por todos los ángulos mil veces, la miro fijamente intentando recordar algo, pero no había ni tan solo una sensación, ni un presagio y mucho menos una clara y nítida imagen de alguna escena de su vida pasada.
Con dolor de cabeza por intentar recordar algo dejo la pulsera de malas maneras sobre la mesita de noche y se metió bajo las sabanas de su cama dispuesto para ir a dormir, ya que veía que Bill no le iba a enviar el mensaje, así que no esperaría por una cosa que no llegaría.
Una vez tapado se acurrucó entre las sabanas para entrar en calor y poder dormirse. Tal vez por alguna casualidad en el mundo de los sueños lograba recordar algo que le pudiera dar alguna señal sobre su vida pasada y así poder dormir con la conciencia tranquila de una vez por todas desde hace más de dos años.
Bill al llegar a su apartamento se encontró con sus padres y estuvo con ellos un par de horas hablando y viendo la tele en familia. Cuando ellos decidieron irse a dormir él se encargó de ponerles comida y bebida a sus queridos perros y luego se fue a tumbar en su mullida cama tapándose con el grueso edredón.
Tapado casi por completo Bill pensaba en su hermano gemelo como cada día antes de dormirse. Tom Kaulitz era el primer y último pensamiento que pasaba por la mente de Bill, día tras día, no ha habido ni uno solo en que esa regla rompiera la nueva masoca tradición que había tomado.
Después de más de una hora en la cama, las agujas del reloj marcaban las tres pasadas de la madrugada y el sueño ya lo estaba venciendo.
“Me has engañado, Bill”
“Me has remplazado”
“Te odio por amar a otro que no sea yo”
“Te odio”
Un sudor frío recorría el cuerpo de Bill por la pesadilla que estaba teniendo, viendo repetidas veces la imagen de su hermano entre una neblina pronunciando esas duras palabras que se clavaban como alfileres de coser en su corazón una y otra vez, traspasando todos los tejidos una y otra vez.
Simone la madre de Bill había entrado a la habitación de su hijo y para su sorpresa se lo encontró completamente sudado y con una mueca que decía que no estaba teniendo un sueño del todo agradable para su hijo menor.
Se acercó a él e intento despertarlo.
—Bill.—Le movió suavemente para que no despertara sobresaltado.—Bill mi amor despierta.—La conciencia de Bill pareció escuchar a su madre ya que despertó de golpe con los ojos abiertos como platos observando a la nada aturdido.—Cariño…
—Me odia… Me odia. Tom me odia.—Dijo aun en estado de shock.
—Bebé…—Simone atrajo a su hijo a su pecho para abrazarlo con fuerzas.— Tom no te odia mi amor. Tu hermano está muy orgulloso de ti.
—No, no, no. Me odia.—Sollozo aforrándose a la ropa de su madre.
—Bill, vente con nosotros a Alemania. Cuidaremos de ti.—Dijo su madre.
—No, no puedo.— Se separó de ella ya completamente despierto y en sus cinco sentidos.
—Como tú quieras. ¿Estas mejor?—Preguntó.
—Sí, solo fue el trance de la pesadilla.—Le quitó importancia.
—Como tú digas. Venía a despertarte para que desayunaras con nosotros. ¿Vienes?—Le invitó.
—Por supuesto.—Bill se deshizo de las sabanas y junto con su madre salió.
—He preparado tu desayuno favorito, tostadas con mermelada de higo y gofres con ciruelas.—Le sonrió.
—¡Delicioso! Echo de menos tus postres caseros.— Al entrar a la cocina Bill directamente fue hacia la mesa donde se encontraban las tostadas y dio una rápida mordida.— Mmm… manjar de los dioses.—Gimió.—Buenos días Gordon.— Saludo sentándose.—He pensado que podemos ir hoy los tres juntos a pasear por el paseo de la playa de Venice, tomar algo en la terraza de alguna heladería, después podríamos comer en algún restaurante de la zona y luego ya se nos ocurrirá algo. ¿Qué os parece?
—Es una idea genial. Tenemos que pasar tiempo juntos antes de que nos vayamos en dos días, ya que no hemos estado mucho juntos desde tu cumpleaños.—Dijo Gordon.
—Lo sé, por eso quiero aprovechar estos dos días antes de que os vayáis de vuelta a casa.—Dio un sorbo al café que le sirvió su madre.
—¿Estas navidades vendrás o volverás a pasarlas solo?—Sacó el tema su madre.
—Supongo que si me animo iré. Ya estoy mucho mejor que el año pasado echo de menos a mi familia.—Esa respuesta no era del todo lo que Simone quería escuchar pero por el momento se conformaba.
—Ellos también te echan de menos a ti, por eso deberías de venir a pasar esos días.—Dijo Gordon a su hijastro.
—Lo pensaré de verdad, pero no sé si me surgirá algún trabajo por esas fechas.—Puso sobre la mesa alguno de los inconvenientes con lo que podrían encontrarse.
Siguieron desayunando en familia, de la forma que no hacían desde hace dos largos años, pero que ahora se había vuelto a revivir haciendo que ese gran momento en familia alejara la pena de sus corazones un poco, en especial a Simone, que daba casi por perdido a su hijo menor.
Tal y como Bill había propuesto fueron a todo aquellos lugares pasando grandes momentos que por supuesto no dudaron en dejar grabado en unas preciosas, graciosas y espléndidas fotografías para los álbumes familiares que a su madre le gustaba coleccionar. Todo lo que sucedía tenía que inmortalizarlo en videos o fotos que luego ella guardaba para recordar viejos momentos y que vieran las futuras generaciones, algo que heredo Tom de ella.
Ese día habló con Tom por vía mensajes y se hicieron dos llamadas, pero en ningún momento se vieron.
El día siguiente y último que los padres de Bill estarían en esa ciudad también lo pasarían juntos.
Gordon se había despertado pronto por el nerviosismo de saber que hoy sería el último día que pasarían en L.A y les esperaba un largo viaje de vuelta a Alemania.
Preparo algo de café y desayuno antes de que su esposa y Bill despertaran. Mientras eso no sucedía recogió algunas cosas que estaban de por medio encontrando algunas curiosas que le sorprendieron con respecto a su hijo.
Media hora después su mujer hizo presencia en el salón y se sentó junto a él. Ambos se abrazaron y se quedaron así por un rato. Eran una pareja bien consolidada y perfecta a los ojos de cualquiera.
Poco después Bill despertó al empezar a escuchar voces en el salón, así que se levantó encontrándose con sus padres viendo las noticias de la mañana y tomando café.
—Buenos días.—Saludó encaminándose hacia la cocina para tomar el también una taza.
Salió al salón para así hacer compañía a sus padres e informarse de lo que pasaba en el mundo.
—¿Algún plan para hoy?—Preguntó Simone.
—No.—Dijo Bill.
—Yo encontré esto bajo el adorno de la mesa.—Dijo Gordon mostrando un papelito rosa.— ¿Desde cuándo estas apuntado en un gimnasio Bill?
—Desde hace unas semanas pero solo fui una vez.—Se encogió de hombros.
—¿Qué te parece si vamos? Así nos ponemos al día de cosas de hombres, ya sabes.—Le miró con cara de complicidad.
—Si a mamá no le parece mal…—Dijo indiferente a la propuesta de su padrastro.
—No por supuesto, lo entiendo, ir tranquilos.—Aceptó la madre.
Un par de horas después Gordon y Bill hacían acto de presencia en el gimnasio al cual hace unos meses Bill se anotó, pero al cual solo había asistido una vez.
Padre e hijo pasaron al vestuario para cambiar su ropa diaria por una deportiva y estar cómodamente mientras hacían los ejercicios.
Al terminar de hacer el cambio de ropa dejaron todas sus pertenencias dentro de las taquillas que había dentro del vestuario, del cual salieron a continuación.
—¿Qué vamos a hacer?—Preguntó Bill.
—Yo había pensado hacer algo de torso para arriba. Tengo que conservar estos brazos y abdominales, a tu madre le encantan.—Sonrió Gordon.
—Hay cosas que un hijo no debería saber.—Puso cara de asco.
Finalmente decidieron estar un rato en las máquinas de hacer ejercicio para endurecer los brazos. Mientras ambos hacían su ejercicio empezaron a conversar de temas variados.
—¿Qué te hizo apuntarte al gimnasio?—Cuestionó Gordon.
—Cambiar mi apariencia. No me gusta el deporte lo sabes, pero me he cansado de que todo el mundo me vea tan femenino. Creo que voy a empezar algunos nuevos cambios.—Respondió.
—Recuerdo que antes cambiabas cinco veces de look en menos de dos meses.—
—Pero las cosas cambiaron lo sabes. Y ahora vuelven a cambiar.—Lo último hizo que a su padrastro le saltaran algunas alarmas.
—¿A qué te refieres? ¿Hay alguien nuevo en tu vida? No sé por ejemplo una chica.—Insinuó Gordon deteniéndose un momento.
—Lo de Ainara aun es reciente.—Dijo como modo de respuesta defensiva.
—Eso no signifique que haya alguien especial cerca de ti. ¿Alguna amiga de aquí Los Ángeles? ¿Alguien del trabajo?—Insistió.
—En realidad no hay nadie. Sabes que no soy muy abierto a relaciones.—Bill se detuvo y limpio el sudor de su cara con la toalla.
—Es una pena. Ya tienes veintidós años época de buscarse una novia, establecer una relación seria y dar el paso de la paternidad y el del matrimonio. Simone está deseosa de ser abuela. Deberías de verla cuando saca este tema siempre se emociona con el solo hecho de verse con un bebé.—Sonrió su padrastro.
—¡Mamá siempre decía que no le hiciéramos abuela pronto!—Le dio un golpe en el brazo.— Soy muy joven para todo eso. Aparte en este mundo de la fama todo es distinto.
—Tú lo has dicho antes, las cosas vuelven a cambiar y desde que Tom murió siente un vacío en su vida que cree que puede llenar un bebé.—
—Mamá es joven, aun puede tener hijos.—Gordon le miro sorprendido.—Con esto no quiero decir que remplace a Tom, solo que yo no voy a tener hijos en mucho tiempo, eso si es que tengo.
—Tu madre se ve joven para tener un nieto, pero vieja para ser madre.—Gordon ahora ejercía unas pesas.
—Podéis adoptar.— Sugirió Bill a Gordon.
—No es tan fácil.—Contestó mientras seguían haciendo pesas.
Se formó un silencio, mientras que ambos hombres hacían los ejercicios concentradamente, hasta que Bill levantó la vista, teniendo como reacción abrir los ojos desmesuradamente, la causa, Tom acababa de entrar en el gimnasio y Bill no podía permitir que Gordon lo viera, ya que el chico era clavado a su hermano.
Tom vio a Bill y se encaminó hacia este para saludarlo pero este se adelantó levantándose de la máquina de pesas.
—Si me disculpas, Gordon. Voy a ir al baño.— Informó a su padrastro.
—No hay problema hijo. Yo me quedó aquí haciendo unas cuantas pesas más.— Dijo Gordon mientras que Bill se alejaba de este.
Bill caminó en dirección hacia Tom, pero paso de largo al lado de él. Tom a ver que Bill no se paraba lo siguió hasta los vestuarios para ver qué diablos le pasaba. Una vez que estuvieron en el vestuario, completamente a solas Bill se giró para ver a Tom y hablarle.
—¿Te has vuelto loco?— Preguntó Bill.
—¿Por qué?— Le respondió con otra pregunta el chico confuso.
—Mi padre está conmigo. Tienes que irte, no puede verte.— Respondió Bill al chico.
—No lo he hecho a propósito además, no crees que va siendo hora de que me presentes a tus padres, y que no andemos como ratones y gatos jugando a las escondidas.— Contestó Tom molestó.
—Tom por favor…—Suplico Bill frunciendo el ceño y poniendo carita de ser la persona más inocente de todas.
—No me voy a ir Bill. ¿Además que haces tú aquí? Desde cuando estas inscrito nunca te he visto.— Cayó en las cuentas.
—Hace tiempo, eso no importa ahora.—Siguió con su cara de cordero degollado.
—No, Bill, no me voy a ir, yo pago un dinero para algo y ya estoy aquí.—Dijo decidido. No iba a dejarse dominar por Bill.
—Está bien, quédate si quieres. Solo hazme un favor.—Pidió acercándose a Tom con intenciones de seducirlo.
—¿Qué?—Tom seguía en su posición de no dejarse dominar.
—Intenta que no te vea, solo te pido eso. Si lo consigues te recompensare.—Sonrió acercándose a él y dejando un rápido beso sobre sus labios.— ¿Lo harás?
—Sí. Pero lo are por la recompensa, no por otra cosa que te quede claro.—Le advirtió con el dedo índice.
—Sí, claro, lo suponía interesado. Pero por ahora me conformo con eso.—Bill desapareció del vestuario para volver a reunirse con su padre.
Bill volvió junto a su padre siguiendo con otros ejercicios diferentes. A la vez mantenía la vista cada pocos segundos sobre Tom para asegurarse de que cumple con su palabra, si no se inventaría cualquier cosa para irse de allí con su padre con el fin de que no lo viera.
Tom dudo seriamente muchas veces el acercarse y auto—presentarse con el padre de Bill. Él mismo le había dicho en varias ocasiones que sus padres si sabían de él y el gran parecido que tenía con su hermano, lo que le hacía no entender por qué temía tanto una reacción de la cual ya estaban relativamente preparados.
Le esta dominando, le está dando órdenes indirectas haciéndose la víctima y Tom siempre había sido el macho dominante tenía que dejar las cosas claras, no iba a dejarse dominar por la diva de su novio.
Dejo de hacer las abdominales, cogió la toalla limpió el sudor y la dejo en su cuello. Luego cogió su botella con la bebida energética para deportistas y con decisión se encamino hacia donde ahora se encontraba su novio con su padre.
Continúa…
TOM haz caso 🤦♀️🤦♀️🤦♀️