Fic de Carla Moonlight. Temporada 2

Amnesia. Capítulo 35

Bill vio como Tom caminaba hacia ellos con una decisión irrefutable con la vista clavada en ellos, lo que le hizo alertarse. ¿Qué podía hacer? Estaba demasiado cerca ya, caminaba con tanta decisión que sus pasos eran más largos de lo normal.

Tom al estar cerca de Bill le miro de forma fría pero luego cambio su expresión a una sonrisa.
—Hola Bill.—Al saludarlo causo la reacción que quería exactamente, que el padre de su novio le mirara.—Hola, soy Tom Schmidt amigo de su hijo.—Tom le tendió la mano amistosamente.
—Gordon Trümper.—Se alzó y tomó la mano de Tom estrechándola con fuerza.—Bill me había hablado de ti y del parecido con su hermano. Supongo que también te lo habrá dicho.
—Sí, algo me ha dicho.—Sonrió.— Él habla mucho de sus amigos y familia, ya tenía gana de conocer a esas personas de las que tanto hablaba.—Bill lo fulminaba con la mirada queriéndolo matar ahí mismo.
—Gordon creo que deberíamos irnos.—Intentó huir de allí.
—Bill, no pasa nada, a tu padre no le ha dado un ataque al verme.—Intentó hacerse el gracioso.— Es que tu hijo tenía miedo de vuestra reacción al verme, por motivos obvios.—Señalo su rostro.
—Es un poco incómodo la verdad.—Dijo Gordon intentando no sonar grosero.
—Sí, bueno tenemos que irnos ya mi madre nos espera.—Bill cogió del brazo a Gordon para salir de ahí.
—Espero que volvamos a vernos prontos Gordon.—La amabilidad de Tom estaba sacando de sus casillas a Bill.
—Eso no será posible se van esta noche.—Sonrió Bill falsamente. Gordon fue dirigiéndose hacia los vestuarios para dejar a su hijo con su amigo, notando el ambiente tenso que se podía respirar. Cuando Bill se aseguró que su padre no estaba decidió atacar.—Me lo prometiste…—Murmuró con los dientes apretados para no gritar.
—No voy a hacer lo que me digas, no me vas a controlar como a un muñeco, Bill. No me importa que seas un mimado acostumbrado a conseguir todo lo que quieres, conmigo las cosas no van a ir así, tenlo claro principito.—Iba a besarlo pero le giró la cara con lo que solo pudo besar la comisura de sus labios.
—Ahora mismo te odio.—Bill le empujó y se fue hacia el vestuario también para ducharse e irse de allí y no verle la cara a Tom.

Tom sonrió complacido por haberle dejado clara su posición a Bill y por verlo molesto, eso le hacía sentirse poderoso. Y para que mentir Gordon le cayó bien, tarde o temprano iban a conocerse, o eso esperaba él, así que porque esperar pudiendo hacerlo ahora. Al fin y al cabo todo salió bien, nadie murió de un ataque al corazón como tanto temía su niño mimado. Eso sí, ahora le esperaba que Bill estuviera enfadado con el mínimo hasta mañana que se fueran a San Francisco y consiga convencerle que lo sentía.

Tom hizo algún ejercicio más pero a los cinco minutos decidió ir a los vestuarios.

Al entrar no vio a nadie a parte de su suegro Gordon que parecía que acababa de salir de las duchas, ya que estaba con el pelo mojado y la toalla tapando su desnudez. De fondo se escuchaba el agua caer de una ducha y la música de fondo que ponían en la sala.
—Hola.—Saludó Tom al entrar.
—¿Ya terminas de tus ejercicios?—Preguntó Gordon.
—No hay que abusar mucho.—Tom se encaminó hacia su taquilla, en la cual había guardado todas sus pertenencias.
—Bill está en la ducha, tardara un buen rato.—Gordon estaba a punto de empezar a desnudarse y eso era algo que le parecía muy incómodo a Tom. No vería nada del otro mundo, nada que él no tuviera, pero aun y así siempre era incomodo ver desnudo al que era tu suegro, aunque él no lo supiera, así que decidió concentrarse a mirar al frente.

En el interior de su taquilla había una mochila de deporte donde había guardado la ropa limpia junto con sus pertenencias personales y el jabón para limpiarse.

Al volverse para su suerte Gordon ya estaba con toda la vestimenta de cintura para abajo puesta. Los ojos de Tom no dudaron en posarse sobre el abdomen del hombre, el cual no era viejo, pero tampoco tan joven para mantenerse en tan buena forma. Seguramente aparentaba muchos menos años de los que tenía y el deporte lo mantenía joven.
—Bueno Tom…— Habló Gordon intentando entablar una conversación.— Bill no me ha hablado mucho de ti, bueno tampoco se lo he preguntado. ¿Cuántos años tienes?
— Veintidós desde hace poco.— Respondió Tom.
—Eres de la misma edad que mi hijo Bill.— Puntualizó Gordon.— Solo faltaría que cumplierais años el mismo día también.
—No, eso ya no, pero casi, un par días después.— Rió Tom.
—Casi, que casualidades.— Dijo Gordon un poco asombrado fijándose más en el semblante del chico, era tan idéntico a su fallecido hijastro.
—Sí, la verdad es que es una coincidencia.— Contestó Tom.
—Espero que tú y Bill lleguéis a ser muy buenos amigos. Mi hijo necesita salir y divertirse.— Puntualizó Gordon.— Desde que falleció su hermano, se ha asumido en su mundo personal y apenas sale. Es muy joven para condenarse a estar todo el día encerrado en casa.
—No se preocupe, intentaré que Bill salga más conmigo por ahí y así que se anime.— Intentó tranquilizar Tom a Gordon, ya que sabía que Bill lo había pasado muy mal con la muerte de su hermano.
—Gracias, me da la impresión que eres un buen chico y mi hijo Bill estará muy bien teniéndote de amigo.— Sonrió Gordon, que tanto recuerdos le traía de su hijo Tom.—
—No le defraudaré.— Le prometió Tom, haciendo una promesa no solo como amigo de su hijo, sino como novio de este, aunque Gordon no lo sabía, aun.
—Con tus palabras me quedo más tranquilo, sé que mi hijo estará en buenas manos.— Dijo Gordon sonrientemente.

Al poco rato, Bill salió de la ducha y vio a Gordon y a Tom hablando animadamente, haciendo que el chico pusiera una mueca de temor, no le hacía mucha gracia que estuviera conversando, aunque pensó que de todas formas tarde o temprano su madre y Gordon acabarían conociendo a Tom. Se acercó a ellos lentamente, con la toalla alrededor de su cintura.
—Veo que habéis hecho buena amistad.— Dijo Bill a su padrastro, ya que estaban hablando muy animadamente.
—Tu amigo es muy agradable y da temas de conversación.— Sonrió.
—¿De que habéis hablado? Si se puede saber.— Preguntó Bill curioso.
—No de mucho, pero no sabía que tu amigo cumplía años poco después que tu.— Respondió Gordon a Bill.
—Ya.—Respondió con un monosílabo ya que no sabía que decir ante esta situación.
—Bueno yo ya estoy Bill. Tomate tu tiempo, te esperare en la cafetería de al lado tomando algo.—Le aviso su padre.
—Claro, ahora iré.—Cuando Gordon se fue por la puerta del vestuario, Bill se giró a ver a Tom.— Como le hayas dicho algo que…
—No le he dicho nada que no sea verdad. No me mires con esa cara, si te refieres a algo sobre nosotros lo único que él sabe es que somos buenos amigos.—
—Más te vale.—Le miró ferozmente.
—No me amenaces principito el que saldrá perdiendo serás tú siempre.—Dijo en tono burlón.
—¡No me llames así novato!—Bill le golpeó con el puño cerrado en el pecho a Tom sin hacerle mucho daño.
—No me hagas reír Bill.—Dijo riendo y siguiendo a Bill que se había encaminado hacia las duchas de nuevo y estaba dentro de una de ellas buscando algo.

Tom le siguió y vio que por qué volvía a las duchas era para buscar los jabones que había utilizado.

Se adentró con él, cerró la puerta de la ducha con la seguridad.
—¿Qué haces?—Preguntó Bill al percatarse de su presencia.
—Shhh.—Le dijo Tom posando un dedo sobre sus labios.
—Tom déjame salir me tengo que vestir.—Bill intentó escapar, siéndole imposible.

Como era de esperarse por parte de Tom no dejo escapar a Bill. Cogió el borde de la toalla de la cintura de su novio y tiro de ella dejándolo desnudo y lo acorralo al final de la ducha, luego prendió el agua mojándolos a ambos. Tom también se había desecho de la toalla de su cintura, permaneciendo ambos desnudos bajo el agua.

Al principio Bill intentó resistirse pero tanto él como Tom sabían que acabaría cediendo.

Tom consiguió lo que quería tener un rato privado y excitante con su novio en las duchas del gimnasio, pudiendo ser pillados en cualquier momento por alguien que entrara o por el mismísimo Gordon que venía en busca de su hijo porque tardaba en salir. Aun y así este no apareció en ningún momento.

Bill no dejo que Tom hiciera algo más que no fueran unos tocamientos, no quería que su primera vez fuera en aquel lugar, y después de la pesadilla que tuvo de su hermano, pensaba que aún no estaba preparado para tener una relación en todos sus significados con una persona idéntica.

Unos días después por la mañana Bill y Tom es cuando emprendían su viaje de pocos días a San Francisco.

Ambos se encontraban descansando en la habitación de Bill en el apartamento de este. No habían dormido juntos, pero Tom había venido muy temprano y habían aprovechado para desayunar juntos y ahora reposaban un poco ya con las maletas completamente hechas de Bill, ya que le había faltado por meter unas cosas en una de las maletas.

Mientras estaban tumbados en la cama, esperando a que la hora de irse al aeropuerto llegase, ya que tenían que estar una hora antes de que saliera el vuelo de ellos, estuvieron hablando un poco.
—Espero que en estos días nadie nos interrumpa.— Dijo Bill con emoción.— Serán unos días perfectos para nosotros.
—Eso tenlo por seguro.— Corroboró Tom a su novio.
—Además nos lo vamos a pasar muy bien, iremos a visitar varios sitios que tengo ganas de ir.— Explicó Bill.
—Si, como el puente ese rojo.—Rió Tom al recordar como Bill había mencionado días atrás.

Siguieron hablando de otros temas sin importancia, hasta que llegó por fin la hora de irse al aeropuerto. Se levantaron de la cama, y cogieron sus maletas y se dirigieron hacia la puerta del apartamento.

Bill se despidió de sus perros, dejándole antes comida y agua puesta varios días, no obstante había dejado encargado al portero que subiera de vez en cuando para ver si tenía comida, ya que el edificio donde vivía requería de esos servicios, igual que sacarlos a pasear.

Luego salieron del apartamento, Bill cerró la puerta tras de sí, para luego cerrarla con llave y ambos se dirigieron hacia el ascensor. Esperaron unos minutos a que este llegará y se adentraron, para luego a los pocos minutos estar ya en la planta baja del edificio.

Se dirigieron hacia la puerta, despidiéndose del portero que les deseo un buen viaje, luego salieron al exterior un taxi ya estaba esperándolos.

Se acercaron, y el conductor salió del vehículo para abrir el maletero y meter las maletas dentro de este. Una vez hecho eso, se metieron dentro del coche rumbo al aeropuerto.

Después de unas cuatro horas de espera entre estar en el aeropuerto y en el avión por fin llegaron a San Francisco, hubieran tardado menos en ir en coche como la última vez para aquel evento.

Al llegar al hotel dejaron las maletas en la esquina de la que sería su habitación y disfrutaron de las fresas con chocolate de bienvenida.

Entre risas, caricias, bromas y besos comieron esas deliciosas fresas con chocolate como una pareja de tortolitos dándose de comer el uno al otro.
—Que vamos hacer hoy, el primer día.—Preguntó Bill.
—Son pocos días y tenemos que aprovechar todos los momentos, así que yo opto por levantarnos del sofá.—Tom se levantó y fue a la habitación dejando confundido a Bill, enseguida Tom salió.— Y miramos este catálogo que compre y miramos donde ir.
—¡Yo elijo!—Grito Bill quitándole el catalogo a Tom y empezando a ojear los múltiple lugares a los que podrían ir.—¡Aquí! ¡Quiero ir aquí!—Dijo Bill emocionado por su elección.
—¿A dónde?—Su novio se acercó a él para ver el lugar que había decidido de toda la guía.—Al Golden Gate Park. Me parece genial. Vamos entonces, coge tus cosas, tenemos que aprovechar el tiempo.

Ambos cogieron una prenda de abrigo, y Tom se encargó de coger su cámara de fotos. Ese era uno de sus hobbies adoraba la fotografía, inmortalizar cada momento que podía. Y estos días de pequeñas vacaciones e iba a pasar con Bill tenía pensado en hacer un millón de fotos de todo lo que hicieran, que Bill sea su mejor modelo en escenas improvisadas, fotografiar su hermosa sonrisa y la emoción de sus ojos.

Al llegar al parque, el cual era enorme, Tom ya tenía preparada su cámara para empezar a tomar instantáneas de todo su alrededor.

Los dos iban paseando juntos, riendo comentando las cosas tan bonitas que habían en ese parque, hablando de cosas sin importancia y haciéndose fotos para recordar el momento.
—Este lugar es precioso. ¿No te lo parece?—Preguntó Tom deteniéndose en el centro de un puente que sobre pasaba un pequeño canal con flores y peces de colores.
—Realmente espectacular. Hay lugares tan bonitos en todas partes, por eso me gusta viajar. Aunque la mayoría del tiempo no puedo salir ni ver la tienda de la esquina por el trabajo.—Suspiro Bill apoyándose en el barandal y observando al frente del inmenso parque.
—Aquí y ahora somos libres, nadie nos reconocerá…— Dijo colocándose tras de Bill y abrazándolo a la vez que dejaba un pequeño beso en su cuello.—¿Vamos? Tenemos mucho parque que ver aun, ¡es enorme!—Danzo Tom dando una vuelta sobre sí mismo.

Visitaron la zona del parque Japanese Tea Garden que era un jardín Japonés lleno de arroyos y puentes en un ambiente muy tranquilizante donde disfrutaron de la compañía del otro y el cariño de ambos en algún que otro beso. A continuación fueron al Conservatorio de Flores donde se pueden apreciar flores exóticas. Y por último Bill insistió en ir al conservatorio de música al aire libre.
—¡Tom deja de hacerme fotos!—Rió Bill huyendo del objetivo de la cámara.
—Tú también me has hecho muchas.—Le siguió el juego.
Después de haber visitado aquellas zonas del parque fueron a comer a un restaurante muy destacado de la zona y por la tarde gozaron de una visita al museo De Young que era un museo de Bellas artes.

Llegada las ocho de la noche volvieron al hotel para tomar una ducha y luego salir a disfrutar de una pequeña e íntima cena en la cual seguirían hablando de cosas sin importancia y riendo, disfrutando de todos los minutos que estarían juntos.

Al salir del restaurante del cual pago Tom tras haber discutido con Bill por ver quien lo hacía, decidieron ir al mirador del puente Golden Gate, ese que tantas ganas tenía de visitar Bill.

Cuando llegaron al mirador ambos se tomaron de las manos y miraron al frente observando lo bonito que se veía el puente por las luces que le iluminaban en la húmeda noche.
—Qué bonito.—Dijo Bill hipnotizado ante las vistas.
—Si… es muy bonito.—Le secundó Tom.
—Y se está muy tranquilo. Me gusta este lugar y más con la preciosa noche que hace.—Bill se sentó sobre el barandal de cara a Tom y miro la noche estrellada.
—No te muevas.—Le pidió su novio ya con la cámara lista para tomar unas fotos.
—¿Qué?—Bill le miro.
—Quiero tomar unas fotos así, se ve genial.—Bill ya rendido a Tom se dejó fotografiar una vez más incluso poso mientras reían.

Luego se tomaron algunas instantáneas los dos juntos sonriendo, abrazándose y besándose tan felices como dos recién casados en su luna de miel.
Tras una hora de estar en aquel mirador charlando o simplemente en un silencio cómodo abrazados decidieron que ya era hora de volver al hotel, y descansar un poco, ya que mañana para ellos volvería a ser un largo día de visitas en la bonita ciudad.

Cuando llegaron se quitaron sus prendas de abrigo y Tom se abalanzo sobre el sofá encendiendo la televisión. Mientras Bill se dirigió hacia la vitrina donde había bebidas. De la nevera tomo unos refrescos y se acercó hacia su novio, el cual le hizo un espacio a su lado cogió encantado su refresco y le abrazo y beso dulcemente.
—Tom… ¿Me quieres?—Pregunto Bill sin mirar a su acompañante. Tom le miro confundido frunciendo el ceño.
—Sabes que sí. ¿Por qué la pregunta?—Interrogó ahora él separándose un poco de Bill para poder mirarlo mejor.
—¿Y porque me quieres?— No respondió su pregunta si no que el preguntó otra.
—¿Cómo que porque?— Tom no entendía a que venía todo esto ahora.—Pues me gustas porque me llamaste la atención, eras insoportable, duro e ibas a tu bola pasando de todo el mundo a tu alrededor, pero yo veía más allá de esa fachada de diva, sabía que estabas mal, y algo me decía que yo debía de cuidarte. Aunque… siempre te molestara, principito.—Soltó una carcajada ante su propio comentario y toco la punta de la nariz de Bill de forma cariñosa.
—Pero… ¿entonces estás conmigo porque te brindo tristeza?—Dudo mirando hacia a abajo y jugando con la tela de sus pantalones.
—¡Claro que no! Luego te fui conociendo un poco más y me gustaste, tu forma de ser. Me gusta cuando te enfadas porque te digo principito, me gusta como tus mejillas se tornan de color rosa cuando me acerco lentamente a ti…—Se acercó al rostro de Bill y las mejillas de este empezaron a tornarse rosas.—Y también cuando te beso dulcemente…—Le beso son prisa alguna, sin lenguas de por medio, solo un roce lento y perfecto.—Me encanta cuando me niegas las cosas y haces pucheros como un bebe y cuando sonríes porque soy yo quien saca tus sonrisas.—No sabían como pero habían terminado tumbados en el sofá.
—¿De verdad?—Dudo Bill.
—Por supuesto que sí. No sé a qué viene todo esto ahora.—Dijo Tom dándole un pequeño beso en los labios.—Eres lo mejor que tengo pequeño, mi única familia.—Repartió pequeños besos por el rostro de Bill.— ¿Aun no me crees?— Le miró.
—Nunca me has dicho un “Te quiero”.—Le echó en cara, a pesar de que él tampoco nunca se lo había dicho.
—¿Es por eso?— Interrogó con una sonrisa irónica en sus labios.—Te quiero…—Susurró y besó a Bill como anteriormente lo había hecho. Al separarse volvió a mirar los ojos de su novio, con aquella mirada levemente sombreada de color marrón casi invisible, perdiéndose completamente en ellos.—Vamos a la cama, ha sido un día largo.—Dijo Tom a la vez que empezaba a separarse de estar encima de Bill, pero este le detuvo obligándole a tumbarse de nuevo sobre él y haciendo que soltara un leve gemido cuando el peso del chico de trenzas cayó sobre su miembro.— ¡Oh! Ya veo que es lo que pasa.
—Lo siento… ha sucedido solo… cuando me has mirado…—Se sonrojo a más no poder por haberse excitado sin motivo, tan solo con la mirada de su novio.
—No tengas vergüenza principito, creo que puedo solucionar este problema.—Acarició la erección de Bill sobre la tela de su pantalón.

Le besó y luego empezó a quitar lo que le estorbaba, empezando por el cinturón, y luego desabotono el pantalón. Una vez eso Bill alzo un poco la cadera para que Tom pudiera bajar los pantalones hasta quitárselos por completo y verlo desnudo de cintura para abajo, tan solo con esos ajustados boxers de color azul celeste. Antes de volver a dejarse caer sobre Bill el mismo se quitó su camiseta dejando a la vista su trabajado torso.

Tom subió la camisa de Bill y empezó a besar su pálido torso hasta llegar al pezón donde tenía la perforación. Jugo con la punta de su lengua, haciendo que se le escaparan leves suspiros a Bill por el placer también por la fricción entre sus miembros por el leve vaivén que le estaba proporcionando.

Dejo de jugar con el pezón de Bill y fue a besar sus labios, hambriento de su sabor. El beso era completamente húmedo y excitante, el cual hacia que el aire les faltara pero aun y así luchaban por no separarse el uno del otro, no les importaba si morían en ese mismo instante si lo hacían junto a los labios del contrario.

Se separó unos instantes y miró fijamente a Bill.
—Te quiero.—Le dio un pequeño beso y se encargó de quitarle los boxers. A continuación tomó la erección de su novio entre sus dedos y pasó el dedo índice sobre la húmeda punta, arrancándole un grave y gutural gemido a Bill, el cual encorvó levemente su espalda involuntariamente.

Con completa decisión Tom acerco su rostro a la erección latiente y la metió en su boca, estrechándola entre su lengua y labios.

Empezó con lamidas lentas, torturando a Bill que se retorcía en placer, intentando reprimirse con un brazo sobre su rostro ya que la otra mano la tenía sobre la cabeza de Tom. Este último empezó a desabrochar el mismo sus pantalones y saco su miembro fuera de la ropa interior para empezarse a masturbar mientras que seguía con la felación de su novio.

Tom tampoco podía reprimir algún que otro gemido por el placer que su propia mano le estaba dando, así que sus gemidos eran ahogados por el pene de Bill en su boca. Aun y así estaba disfrutando del momento, jamás pensó que podría estar haciendo alguna cosa así con alguien de su mismo sexo, pero fue conocer a Bill y su mundo y su corazón dieron un vuelco inesperado para él y su ego heterosexual.

De un momento a otro Bill empezó a sentir calambres en su baja espalda y como pequeños espasmos se instalaban en su miembro, dándole a entender que ya le quedaba poco para culminar.
Por parte de Tom él también estaba a punto de correrse.
—Tom… Voy a…—Él ya lo sabía pero aun y así no se detuvo, al contrario aumentó hasta que Bill termino en su boca, y poco después él también lo hizo entre su mano.

Unos minutos después ambos ya habían recuperado su respiración, con la ropa interior puesta descansando abrazados sobre el sofá. A pesar y que no hayan mantenido una relación sexual con penetración, ambos habían terminado agotados después de tan gran orgasmo.
—¿Vamos a la cama?—Preguntó Tom.
—Si por favor, estoy agotado.—Ambos se levantaron, Bill se adelantó hacia la habitación mientras Tom apagaba la televisión y ponía el cartel de “no molestar” en la puerta de la habitación. A continuación se dirigió a la habitación donde su novio ya le esperaba bajo las sabanas. Él como ya iba en ropa interior se metió directamente y atrajo el cuerpo de Bill al suyo acoplándose perfectamente el uno al otro.
—Buenas noches principito.—Besó Tom su frente.
—No me llames así…—Le reprochó.
—Está bien cariño.—Dijo dulcemente.
—Buenas noches Tom…—Ya ninguno de los dos dijo nada más, querían descansar.

No tardaron mucho en caer rendidos al cansancio y quedarse plácidamente dormidos juntos.

Bill durmió toda la noche entera pero tuvo algún sueño que le perturbo un poco, soñando con su difunto hermano que le culpaba por no amarle, por estar con otro que se parecía a él y que quería remplazar su lugar en su corazón.
Aun y así no se despertó y Tom, el que dormía a su lado, no se había percatado de l intranquilidad de su pareja.

La mañana siguiente se presentó con un sol radiante, mucho más que el día anterior. Bill empezó a despertar y se acurruco más junto a Tom, pero le fue imposible volver a dormirse. Entonces decidió despertarle de una forma que seguro que le encantaría. Comenzó a darle pequeños besos por todo su rostro y fue bajando por su cuello. Retiró la sabana y siguió besándole el torso.
—¿Bill que haces?—Despertó Tom con una sonrisa en los labios.
—Darte los buenos días cariño.—Tan solo con esos pequeños besos el miembro de Tom ya se hallaba medio erecto. Lo único que tuvo que hacer Bill fue masajearlo un poco con su mano y ya lo tenía frente a su rostro en todo su esplendor. Así que no dudo en besar la punta del pene de Tom y luego darle una sensual lamida, para a continuación meterse por completo la erección en la boca, dándole así a Tom el mejor “buenos días” de su vida, según el recordaba, porque ya había sido despertado así una vez.

Los siguientes días de sus pequeñas vacaciones fueron prácticamente iguales. Por las mañanas despertaban por los besos del contrario, se arreglaban e iban a desayunar tranquilamente a alguna cafetería. Cuando terminaban empezaban con su misión del día, visitar lugares turísticos y emblemáticos, en los cuales lugares hacían muchas fotografías.

En el momento en el que les entraba hambre iban a comer a algún restaurante de la zona y a continuación seguían con sus papeles de turistas enamorados.

Al llegar la noche volvían al hotel se daban una ducha y se arreglaban para luego salir a cenar a algún buen restaurante y a tomar unas copas.

De vuelta a su habitación de hotel se despojaban de sus topas poniéndose cómodos y se sentaban en la cama para hablar del hermoso y fantástico día del que habían disfrutado. Y después como algo automático y sin darse cuenta se devoraban a besos, se tocaban hasta complacerse el uno al otro, pero por algún motivo nunca llegaban a mantener una relación completa con penetración, pero ahora ya no le importaba a ninguno eso, y tampoco a Tom que había decidido que esperaría el momento hasta que su novio se sintiera cómodo y estuviera listo para entregarse a en el cuerpo y alma.

El día de volver a su casa llegó, pero ese día aun y así la pasaron juntos en cada de Bill, donde estuvieron viendo las fotos tomadas es sus días de relax, recordando alguna anécdota del día o momento representado.

Por la tarde Tom se ofreció a pasear a los perros de su novio mientras este preparaba una cena para los dos.

Entre conversaciones sin un tema en concreto pasaron su velada y como ritual por la noche disfrutaron de la más dulce pasión.

Al presentarse el día siguiente Tom tuvo que volver a su apartamento para preparar de nuevo la maleta para su viaje a Nueva York y Bill igual para su pequeña colaboración en Europa. Ambos estarían separados por trabajo pero acordaron en llamarse todos los días siempre que les fuera posible, teniendo en cuenta su horario de trabajo y la diferencia horaria.

El día de viajar llegó.
Una vez arreglado tomó su gran maleta y bolso de mano y los llevó al salón, donde se despidió de todos sus pequeños perros que eran como sus hijos. Terminado el juego, así es como se lo tomaron los canes, Bill cogió todas sus pertenencias y salió de su apartamento.

Bill tomo su coche y se dirigió al aeropuerto, donde su vuelo saldría enseguida.
Aparco el coche en el parking del aeropuerto y salió del automóvil. Después abrió el maletero del coche, y sacó su maleta. Se aseguró de cerrar bien el coche y se fue hacia el interior del edificio del aeropuerto.
Su vuelo saldría en un par de horas, pero tenía que estar un poco antes para poder facturar su equipaje.

Mientras esperaba a que llegue la hora para subir al avión se fue a un kiosco para coger unas revistas para leerlas en el avión, sería un viaje largo y agotador.

Cuando escuchó que los altavoces anunciaban su vuelo, Bill se dirigió hacia la puerta de embarque para después subir al avión. Una azafata rasgó su billete de avión, como comprobante de que había pasado la puerta de embarque. Una vez dentro del avión se sentó en su asiento correspondiente, para luego ponerse su cinturón y apagar su móvil esperando a que llegará el despegue del avión.

Mientras que Bill se iba a Paris, Tom estaba volando rumbo a Nueva York para realizar una sesión fotográfica para una importante firma de ropa deportiva, llamada Reebok.

Después de varias horas de vuelo, por fin el avión aterrizó en el aeropuerto de Nueva York. Una vez que se produjo el aterrizaje en tierra, los pasajeros del avión fueron saliendo poco a poco incluido entre ellos, Tom.

Cuando estuvo en el interior del aeropuerto, se dirigió hacia la cinta transportadora de equipaje, para coger su maleta y luego irse al hotel.

Una vez que obtuvo su maleta, Tom camino por el gran aeropuerto, hasta la otra salida y así coger un taxi que lo llevaría la hotel donde se hospedaría durante esos días que estaría la gran ciudad. Cuando ya subió al taxi, le indicó al taxista la dirección del hotel.

El taxi aparcó enfrente del hotel, y Tom sacó unos billetes para pagar la carrera del taxi y de paso darle una propina al taxista por haberle tratado muy bien.

Una vez que entro en el interior del hotel, se dirigió hacia la recepción de este, para pedir la llave de su habitación. Una chica que se encontraba en recepción en ese momento, le atendió muy amablemente comprobando previamente que había hecho una reservación, haciéndole después firmar en el libro de registro de clientes, para luego darle las llaves de su habitación, no sin antes tirarle algunos piropos insinuándosele, lo que le hizo reír internamente a Tom.

Tom se dirigió hacia el ascensor, acompañado por un mozo que le llevaba el equipaje hasta la suite en la que pasaría la noche, pagada por la empresa.

Tom se encontraba cansado del viaje, y se acostó para descansar en su cama. Cuando cayó lo noche, llamó al servicio de habitaciones para que le mandaran algo de cenar.
A los pocos minutos, un camarero llamaba a la puerta de la habitación de Tom para entregarle el pedido que había hecho. Se tumbó en la cama con la comida, miró la hora y comprobó que a esas horas Bill ya estaría despierto, ya que estaba en Paris, y en Europa ya sería por la mañana así que cogió su móvil para llamar a Bill por teléfono y hablar con él y preguntarle cómo le había ido el día.

—Hola cariño.— Saludó Bill, desde el móvil.— ¿Qué tal tu viaje?
—Muy bien, ahora estoy cenando.— Contestó Tom.— ¿Qué tal tu día?
—Bien, me he reunido con Karl.— Explicó Bill.— Me ha mostrado algunos de los diseños que ha hecho, y que le gustaría que modelará para él.
—Eso es genial.— Dijo contento por su novio.
—Mañana tú irás a hacer el shoot con Reebok.— Dijo Bill a su novio.
—Sí, mañana será un día muy duro…— Suspiró Tom.— Bueno cielo, creo que te voy a ir dejando porque me está entrando sueño ya, estoy cansado.
—Claro, mi amor.— Dijo Bill.— Espero que sueñes con los angelitos, y sobre todo que sueñes conmigo. A mí me queda unas horas más de día para irme a dormir…
—Mañana te llamaré.— Avisó Tom despidiéndose de su novio.— Hasta mañana.
—Hasta mañana.— Se despidió Bill para luego terminar la conversación.

Tom colgó su móvil, y se dirigió hacia la cama de nuevo, ya que se había puesto a hablar con Bill mientras observaba por la ventana de la habitación del hotel.
Puso su móvil sobre la mesilla de noche, y se quitó su camiseta mostrando sus pectorales bien formados, para luego quitarse los pantalones y quedarse en boxers. Después se metió en la cama, apagando la luz dejando la habitación completamente a oscuras.

Unos días después era por la mañana, y Tom ya había hecho el shoot en Reebok y se encontraba preparando su maleta para regresar a Los Ángeles, apenas sería un viaje de dos horas.

Acabó de preparar la maleta, y bajó a recepción para pagar la cuenta, luego ordenó que le llamaran a un taxi para dirigirse al aeropuerto. Cuando llego al aeropuerto facturó su maleta y espero con paciencia a subir al avión, a media tarde ya se encontraba en Los Ángeles de nuevo, ansioso por ver a Bill al día siguiente, el cual había echado demasiado de menos.

Al llegar a su hogar lo primero que hizo fue dejarse caer sobre el sofá y permanecer allí mismo durante unos largos minutos. Más tarde se movió del sofá y se trasladó a su dormitorio y se puso a dormir todo lo que restaba de día.

Se sentía como si le hubieran roto todos los huesos del cuerpo y para colmo echaba mucho en falta a Bill estos días sin él se dio cuenta de que lo necesitaba mucho y eso le asustaba, no quería depender de él y su compañía pero sin duda eso ya le había sucedido.

Bill en su último día en Paris tenía un desfile a media tarde donde sería el modelo de abrir y cerrar el evento con su modelaje sobre la pasarela.

Tras largas horas de preparación llego su momento estelar. Salió muy nervioso pero pronto se acostumbró y se sintió repleto de adrenalina.

Horas más tarde después de haber descansado un poco cogió su vuelo. Ahora le esperaban largas hora dentro del avión hasta llegar a su destino.

Antes de que el capitán del avión diese órdenes para aterrizar le envió un mensaje a su novio informándole que estaban a punto de aterrizar. Como respuesta recibió el lugar donde Tom le esperaría.

Cogió las maletas de la cinta tras arreglar su ropa salió de la terminal para dirigirse al parquin disimuladamente y no ser descubierto por los posibles paparazzi que rondaran los alrededores.

Con prisa y miedo por ser descubierto empezó a caminar más rápido. Por fin diviso el coche de Tom con él dentro esperándolo mientras se fumaba un cigarrillo.

Tom enseguida después de verlo se bajó para ayudarlo.
—Ves al coche, yo me encargo.—Le dijo cogiendo las maletas y se dirigió al maletero mientras su novio entro al coche. Tom acomodo el equipaje y volvió al coche.— ¿Cómo te fue el viaje?
—Agotador. Odio los viajes largos y el jetlag.—Explicó Bill.
—Sí, son horribles.—Le secundó Tom, el cual se detuvo en uno de los semáforos fuera del área del aeropuerto.—Ahora sí que puedo saludarte sin miedo a que nos vea algún fotógrafo.—Sonrió y se acercó a los labios de su novio para darle un beso.—Bienvenido mi amor.—Le susurro sin apenas separarse y volver a besarle a continuación.
—Te quiero.—Le dijo Bill sonriente.
—Y yo bebé.—Una última mirada y Tom volvió a emprender camino.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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