
Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 36
Las calles estaban un poco desiertas, haciendo que el tráfico fuera más fluido y no tuvieran problemas de sufrir algún atasco. A la media hora, ya se encontraban enfrente del edificio donde Bill tenía su apartamento. Tom se dirigió hacia la puerta del garaje de este, para luego accionar la puerta para que se abriera, ya que Bill le había proporcionado un juego de llaves para poder abrir la puerta del garaje, cuando viniera a visitarlo.
La puerta se fue abriendo lentamente hasta que por fin, Tom pudo meter su coche en el interior de este. Condujo hasta la plaza asignada que tenía Bill, y aparcó el coche en batería para así poder sacarlo mejor cuando volviera a su casa.
Tom quitó las llaves del contacto, mientras que Bill ya se había bajado y había abierto el maletero del coche para coger sus maletas, mientras que Tom cerraba la puerta de su lado.
Minutos después se acercó a Bill para ayudarlo a sacar las maletas, no quería por ningún motivo que Bill se lesionará con tal acción. Después ambos se dirigieron hacia el ascensor, para acceder a los demás pisos.
Al poco rato, el timbre del ascensor dio aviso de que ya habían llegado a la planta indicada. Salieron del ascensor y con paso decidido y rápido, caminaron por el largo pasillo hasta llegar a la puerta del apartamento de Bill. Luego abrió la puerta de este, escuchando como sus pequeños ladraban contentos de verle otra vez, hasta alguno se acercó a saludarle.
Tom acabó de meter las maletas dentro del apartamento, mientras cerraba la puerta de este, y observaba tiernamente la imagen de Bill con sus perros, que lo habían tumbado en el suelo lleno de júbilo por ver a su dueño en casa de nuevo.
—Por lo visto te han echado de menos.— Sonrió Tom al ver a los perros.— Cuidado Tripi te vas hacer daño. — Dijo Tom a pequeño de los perros que quería subir por encima de los demás, para poder acceder mejor a la cara de Bill y así darle un gran lametazo.— ¡Eres un bestia!—Volvió a decir Tom que lo cogía en brazos para acariciarle, mientras el perro se entretenía lamiéndole la mano también contento por verlo a él.
Poco después Bill se incorporó del suelo, aunque sus perros estaban eufóricos alrededor de él saltando. Se notaba que los perros aunque habían sido bien cuidados, en todo ese tiempo que Bill no había estado necesitaban el cariño de su dueño.
Bill se dirigió hacia los comederos de los perros, para echarles su ración de pienso y agua para que bebieran. Tom sostenía al cachorro entre sus brazos para luego ponerlo en el suelo y comiera junto a los otros perros, mientras que ellos iban a dejar las maletas en la habitación de Bill y se ponían más cómodos, ya que Tom aunque vivía en su apartamento, a veces pasaba algunos días en la casa de Bill, así que había dejado algo de ropa que ponerse durante esos días.
Ambos entraron en la habitación de Bill, mientras que de fondo se escuchaban los ladridos de los perros que estaban comiendo y jugando entre ellos. Tom dejó las maletas de Bill a un lado de la habitación, donde no estorbaban mucho.
—Estoy molido.—Suspiró Bill mientras estiraba su cuerpo.— Creo que me vendrá bien una ducha.
—Sí.— Susurró Tom mientras abrazaba a Bill por la cintura.— Podríamos darnos una ducha juntos.—Sugirió Tom en un tono sexy.
—Tom…—Se quejó el menor por el tono en que lo había dicho el chico.
—Sé dar unos buenos masajes.— Sonrió el chico a su novio.— No haremos nada que no quieras.
—Está bien.— Aceptó Bill abriendo su armario para coger una muda limpia de ropa.— Te espero en el baño.
—Ahora voy.—Avisó Tom mientras veía a Bill desaparecer por la puerta que daba al interior del baño.
Pasados unos minutos desde que escuchó que Bill ya había dejado caer el agua decidió entrar. Se quitó la ropa dejándola en el suelo, enfrente de la puerta y luego entro, ya viendo a Bill dentro de las mamparas dejando que el agua mojara su cuerpo. Relajadamente tarareaba la canción que sonaba en el equipo de música que tenía incorporado en el baño.
—¿Me extrañaste?—Preguntó Tom entrando junto a él.
—Pensé que ya no vendrías.—Bill se volteó.
—Que poco me conoces entonces principito.—Sonrió de lado.
—¿Entonces me enjabonaras la cabeza y me harás tu famoso masaje?—Puso cara de niño pequeño.
—Por supuesto.—Tom sonrió y cogió el jabón capilar vertiendo un poco en la palma de su mano.—Gírate.— Bill obedeció y noto como los largos dedos de su novio se enredaban en su cabello empezando a crear espuma.
—Mmmm lo haces muy bien.—Con los ojos cerrados Bill disfrutaba de como Tom le hacia el masaje en su cuero cabelludo.
—No hagas esos ruidos o me pondré duro.—Le avisó.
—Tú vigila con que el jabón no llegue a mis ojos.—Rió Bill.
—¿Y si llega a otros sitios?—Dijo a la vez que deslizaba sus manos por el cuerpo de Bill dejando rastros de jabón.
—¡Tom! ¡Manos a mi cabeza!—Le dijo autoritario dedicándole una mirada semicerrada.
—¡Si señor!—Puso formación de soldado haciendo reír al chico y siguió con su masaje.
A continuación de igual forma Tom se encargó de con el agua retirar el jabón con cuidado de que no le cayera jabón a los ojos a Bill, era una misión difícil.
—¡Cuidado los ojos Tom! ¡Me vas a dejar ciego!—Gritó Bill.
—Lo siento, deja de moverte.—Pidió.
—¡Los ojos! ¡Pica, pica, pica!—Empezó a dar saltitos Bill rascándose los ojos mientras Tom seguía mojándole la cabeza haciendo que los cabellos de Bill se le pusieran sobre su rostro.—¡Agua, pon agua!—Alzó la cabeza y su novio le mojo el rostro mientras seguía frotándose los ojos.
—Ya está Bill.—Le dijo.
—¡No! Pica como el demonio…—Sollozó.—Nunca más voy a dejar que me duches.—Le miró con un ojo cerrado por el escozor.
—Lo siento, cariño. Pero te mueves más que un bebé asustadizo por el agua.—Le dijo tranquilamente.—Ven déjame ver…—Le alzó el rostro y miró el ojo rojizo.—No lo toques o empeorará.—Besó su parpado y luego sus labios.— ¿Me perdonas?
—Si… Pero jopetas pica…—Dijo a modo infantil.
—A ver, a ver niño pequeño.— Se rió Tom acercándose para luego comenzarle a soplarle el ojo, donde le había entrado en jabón.
—Es que pica…— Se volvió a quejar Bill.
—¿Ya está?— Preguntó Tom soplando de nuevo.— ¿Paró el picor?
—Un poco…— Susurró Bill sintiendo que el ardor del ojo había remitido.
—Creo que no tendré hijos, ya te tengo a ti.—Bromeó.
—Serias un mal padre si le dejas caer jabón a los ojos.—Le echó en cara a Tom.
Poco después ambos salieron de la ducha tapándose con las toallas y fueron a la habitación. Se pusieron algo de ropa y se tumbaron en la cama, Bill con su ojo aun rojo e inflamado por el reciente accidente.
—¿Deberás piensas que seré un mal padre?— Preguntó Tom indignado mientras que Bill estaba apoyado sobre su pecho.
—Sí, bueno…— Respondió Bill.— Yo a mi hijo nunca le dejaría caer jabón en sus ojos.
—Pues yo no me veo como un mal padre.— Rebatió Tom.— Yo si algún día tuviera un hijo, lo cuidaría con mucho amor y lo protegería.
—No sé me cuesta verte como padre.— Sonrió Bill levantando su cabeza sobre el pecho de Tom, para luego mirar a los ojos al joven.
—¿Tan malo soy para no verme como padre? — Preguntó con tono disgustado.
—No, seguro que serás un excelente padre. Pero te ves tan rudo que me cuesta verte con hijos alguna vez.— Corrigió Bill.
—Pues los tendré. Yo quiero tener muchos hijos.—Aseguró.
—Pues tendrá que ser con una chica.— Dijo Bill.— Porque si no te has dado cuenta, entre mis piernas tengo un pene.
—¡Y eso me encanta! Pero aun y así podemos adoptar bebés.— Propuso a su novio.
—¿Enserio?— Dudó Bill sorprendido por lo que había dicho. — ¿De verdad que quieres tener hijos conmigo?
—Sí, tonto.— Sonrió Tom mientras le acariciaba la cara dulcemente a Bill.
—Pero yo me quiero casar también.— Añadió Bill haciendo que Tom se quedara callado sin pronunciar ninguna palabra.— ¿Qué pasa? ¿No te gustaría casarte conmigo?
—Es que no sé Bill…— Su nervioso era notorio ya que no se esperaba lo que le había confesado el joven. No se veía preparado aún para le matrimonio.
—Entonces no quieres compartir tu vida conmigo… Vale…— Habló con un toque de decepción.
—No es eso Bill, es que aún es un poco pronto para decidir dar ese paso en nuestra relación.— Trató de explicar.— Además llevamos poco tiempo saliendo juntos, creo que casarnos será una decisión que habría que meditar mucho.
—Claro, eso es una decisión muy grande ¿pero hablar de adoptar para poder tener hijo no lo es verdad?—Dijo con ironía.—Pero cabe la posibilidad de que algún día nos casemos?— Preguntó Bill esperanzado.
—Sí, pero no inmediatamente. Creo que pasarán unos años hasta que eso suceda.— Dijo.
—Tendrías primero que conocer a mis padres.—Recordó.
—A tu padre ya lo conocí en el gimnasio, creo que le caí bien.—Rió.—Aunque lo que me da realmente miedo es cuando me presentes como tu pareja.— Confesó Tom — Más bien por la impresión que puedan tener al verme.
—Lo sé… Hice algunas llamada para que Gordon hablara con mi madre y el resto de familiares y así irles poniendo al corriente que un amigo pasara las navidades con nosotros con un aspecto muy similar al de mi hermano.— Le explicó.— Pero gracias a ti he conseguido superar un poco el vacío que había dejado en mi hermano en mi corazón. En estos meses has sido un gran apoyo para mí.
—Hablas como si tu hermano hubiera sido tu novio o algo así.— Sonrió Tom abrazando al chico, para luego darle un beso en la frente.
—No cómo crees.—Rió Bill intentando fingir.
— Aunque al principio no nos llevábamos bien, poco a poco he aprendido a ver más allá de ti. Te quiero…
—Yo también te quiero Tom.— Dijo convencido abrazándose fuertemente a Tom.— Quiero compartir mi vida contigo, criar a nuestros hijos juntos, aunque tengamos que adoptarlos. Será una experiencia muy bonita, en la que ambos aprenderemos muchas cosas.
—Lo sé, estoy seguro de ello. — Sonrió haciéndose a la idea de tener un mini Tom en su casa correteando — Sería fantástico…
—¿Qué estás pensando?—Preguntó Bill, en este tiempo había llegado a conocerlo muy bien, era tan similar a su hermano hasta incluso en cosas casi insignificantes.
—Solo me imaginaba a nosotros siendo padres. Persiguiendo a un pequeño monstruito por casa y paseando felizmente por el parque mientras que algún paparazzi está escondido detrás de los arbustos haciendo fotos de la familia feliz.—Explicó con una sonrisa boba en los labios.
—Y peleándonos a la hora del baño, porque no quiero que lo bañes y hagas que le entre jabón en los ojitos.—Siguió relatando la historia imaginaria Bill.
—¿Siempre me guardaras rencor porque te metí jabón en los ojos?— Rió Tom mirando a su novio.
—No, pero evitaré claramente que bañes a nuestro hijo.— Dijo con vehemencia Bill.— Después lo acostaremos entre los dos, y le leeremos un cuento para que se quede dormido. Incluso le podré cantar una nana.
—Eso suena muy bien. Ojalá yo pudiera tocarle un poco la guitarra cuando sea más grande.—Sonrió—
—Seguro que sí, y enseñarle también.—Bill besó a su novio.— ¿Qué hora es?—Preguntó.
—Las nueve de la mañana.—Bill suspiro.
—Estoy agotado, necesito dormir algo para recuperarme del jetlag.—Dijo con cansancio.
—Si duermes ahora por la noche no podrás hacerlo y estarás como un búho.—Le dijo Tom.
—Solo hasta el mediodía, por favor, si no, no aguantare hasta la noche…—Pidió.
—Está bien a las doce te despierto.—Le avisó.
—¿Tu que harás?—Preguntó.
—Dormir contigo. Madrugue demasiado para ir a buscarte al aeropuerto.—Con un último beso se dieron su despedida y se pusieron a dormir un poco después de Tom preparar la alarma de su teléfono móvil.
Como era de esperarse a Tom le costó una barbaridad poder despertar a su novio, así que se dio por vencido y le dejó dormir.
Al cabo de unos minutos Tom se hallaba en la terraza de Bill mientras se fumaba un cigarrillo a la vez que observaba el paisaje y la gente que paseaba por la calle.
A los pocos minutos, sintió como uno de los perros de Bill le mordía graciosamente el bajo de su pantalón, haciendo que Tom le prestará atención.
—¿Qué pasa pequeño?— Preguntó Tom al perro poniéndose a la altura de este.— ¿Necesitas salir?—El perro le ladró y se puso a corretear alrededor de él, como muestra de que necesita salir.
Tom se fue al centro del salón, para buscar las correas de los perros, ya que aprovecharía para sacar a los otros perros de Bill menos a Tripi, que aún no había sido vacunado reglamentariamente para salir a la calle sin peligro de contraer alguna infección. El pequeño lo vio con ojos tristes al ver que Tom ponía las correas a los otros perros y a él no.
—Cuando te pongas las vacunas, ya podrás salir pequeñín.— Dijo cariñosamente al cachorro, mientras que rascaba la oreja cariñosamente.— Ahora tienes que cuidar de Bill mientras yo estoy afuera con ellos, eh. Te encargo al bello durmiente.
Tripi giró su cabecita, para luego ladrar a modo de aprobación, como si entendiera lo que había dicho Tom. Luego se fue a su manta, y se tumbó observando como Tom salía con los otros perros del apartamento.
Scotty, Madly y Scott veían en Tom, como al hermano de Bill, era muy similar a su fallecido dueño, por eso la primera vez que lo vieron no dudaron en acercarse a Tom, y no ladrarle porque para ellos no era un desconocido, hasta su olfato perruno había distinguido que tenía el mismo olor y aroma que Tom, por eso cuando les hablaba dándoles ordenes se comportaban bien, porque en el fondo, aunque Bill no lo supiera, ellos sabían y tenían la certeza que Tom nunca había muerto, que era ese mismo chico que estaba delante de ellos, aunque con un aspecto un poco cambiado.
—Ahora podéis correr.— Dijo Tom cuando llegaron al parque, y soltó la correa de los canes.
Al poco rato, los perros empezaron a correr y a jugar entre ellos, aunque primeramente se pararon para hacer sus necesidades, las cuales, Tom después recogió y tiró a una papelera cercana. Cuando regresó se sentó en un banco que había libre en el parque para observar a los tres perros mientras que ellos correteaban en plena libertad.
Sacó otro cigarro de su paquete de Malboro, y lo encendió para luego dejar que el humo penetrará en el interior de sus pulmones produciéndole una sensación placentera y relajante, mientras intentaba que su mente recordará algo, aunque fuera un poco, que le diera una luz de esperanza en esas tinieblas que estaba sumida su mente, desde hacía meses.
Cuando se quiso dar cuenta, miró su reloj y observó que ya había pasado una hora desde que se había ido del apartamento de Bill. Así que se levantó del banco, y llamó a los tres perros por sus nombres. Estos al escuchar ser nombrados se acercaron muy obedientemente, para que les pusiera las correas a cada uno de ellos para volver a casa.
Una vez que acabó de ponerles las correas, se dirigieron hacia la salida del parque para volver a casa. Esperaron en un paso de cebra, a que los coches les dejarán pasar mientras que dos niños que pasaban por aquel lugar se pararon a acariciar a los perros y a preguntarle a Tom como se llamaban, y que razón eran.
Cuando un coche se paró, Tom se despidió de los niños y caminó por el paso de cebra para irse a la acera de enfrente, dio unos pasos y ya estaba en el portal de donde vivía Bill. Abrió la puerta, y entró con un poco de dificultad en el interior, ya que los perros no querían volver porque se querían quedar en la calle.
Una vez que llegaron, Tom sacó las llaves del bolsillo de su pantalón, y abrió la puerta entrando él y los perros. Al parecer Bill ya se había levantado.
—Vaya el bello durmiente se ha despertado ya.— Dijo Tom al ver a su novio, completamente aseado y vestido.
—¿Dónde has ido?— Preguntó.
—Es obvio a donde fui, lleve a tus perros a hacer sus necesidades.— Explicó Tom con obviedad.— ¿O querías que se hicieran caca en el apartamento?
—Es que como no me has avisado…— Dijo con un tono de voz flojo. — ¿A dónde los has llevado?
—Hemos ido al parque. ¿A que sí chicos?— Preguntó Tom mirando a los perros. Estos se pusieron a ladrar, y a correr alrededor de Tom, mientras que Bill miraba graciosamente la escena. Nunca se había imaginado que sus perros le cogieran tanto cariño a Tom, aunque se imaginaba que algo tenía que ver su parecido físico con su hermano gemelo fallecido.
—Venga chicos, quietos.— Puso orden Bill para evitar que Tom se cayera al suelo.— Vais a tirar a Tom.—Al instante, los tres perros se quedaron quietos obedeciendo a su amo.
—Me sorprende mucho que mis perros te hayan cogido tanto cariño.— Sonrió Bill a su novio.— Se comunican contigo como lo hacían con mi hermano…
—Venga Bill no te pongas melancólico.— Dijo Tom abrazando posteriormente a su novio, aunque con un poco de fastidio, pero podía entenderlo.— No quiero verte mal pequeño…
—Es que extraño demasiado a mi hermano, las conversaciones que teníamos juntos…—Susurro con añoranza pero ocultando su verdadera relación con su hermano, había sido su todo y su ilusión por vivir.
—Sabes que me tienes aquí para poder hablar cuando quieras.— Respondió Tom a su novio.
—Lo sé pero extrañó a mi hermano…— Susurró.— Extraño escuchar la melodía de su guitarra, cuando se encerraba en su habitación para buscar alguna para nuestras canciones.
—Te entiendo, aunque yo nunca he tenido ningún hermano.— Dijo sinceramente.— Nunca sabré que es sentirse así…
—Bueno, no tendrás ningún hermano pero me tienes a mí.— Intentó poner buena cara abrazándosele.
—Eso es verdad.— Sonrió Tom más animado.— Lo curioso es que cada vez te haces más indispensable para mí.
—¿Eso es bueno, no?— Preguntó.— Bueno, ¿Qué haremos hoy?
—No sé…— Susurró Tom indeciso.— ¿Qué quieres hacer?
—Primeramente quiero comer.— Respondió Bill.— Tengo un gran agujero en el estomago
—¿Sushi?— Preguntó Tom mientras cogía el teléfono fijo para encargar comida de un restaurante Japonés.
—Eso no se pregunta. Es mi comida japonesa favorita.—Rió feliz.
—Está bien.— Tom se fue a la terraza a hacer el pedido.— En veinte minutos traerán el pedido.
—No sé si podre esperar tanto.—Dijo infantilmente e impaciente.
—Podemos ir poniendo la mesa, así cuando vengan es solo ponernos a comer.— Sugirió Tom.
—Si.— Respondió Bill.
Los dos chicos se fueron a la cocina, para coger unos platos, aunque comerían con los palillos típicos japoneses. Cogieron un par de vasos, y unas latas de cervezas para luego ir al salón y ponerlas sobre la mesita que había enfrente de la televisión.
Tom encendió la televisión, para ver un poco de lo que ocurría en el mundo en ese instante. Estaban echando un programa dedicado al cotilleo del corazón, al parecer Bill siempre tenía sintonizada la televisión en ese canal, donde salían famosos, supongo para saber si decían algo sobre su vida.
Al poco rato salió una noticia del desfile donde Bill había estado desfilando un día antes.
Y para cerrar el desfile de gran Karl Langaster, el joven Bill Kaulitz vocalista de la ex banda Tokio Hotel.
Salió Bill hablando sobre el diseñador. Tom prestaba atención a la retransmisión y Bill se avergonzaba de él mismo.
Se le ve de un aspecto mucho mejor que al que tenía apenas hace dos años.
Explicó una voz de mujer, que se escuchaba mientras salían imágenes de Bill desfilando.
Esperamos volver a ver Bill más a menudo sobre las pasarelas, en las revistas y en televisión es un gran icono. Se podría atrever a sacar su propia colección ya que desde joven él ha diseñado alguna de su ropa. Esperamos ese momento impacientes.
—Has causado una gran sensación.— Dijo emocionado Tom al ver que a Bill se le había reconocido en lo que había hecho en el desfile.
—Si bueno…— Susurró Bill.— Pero estar desfilando por cualquier lugar del mundo no está en mis planes ahora mismo.
—¿Por qué?— Preguntó Tom intrigado al ver que la respuesta.
—Porque pasaría demasiado tiempo fuera de casa, sin ti…— Susurró Bill bajando el cabeza avergonzado.— No quiero separarme ningún momento de ti. A partir de ahora estaremos juntos los dos, donde vayas tú yo iré. Te eché en falta estos días en Paris.
—Pero Bill no puedes hacer eso.— Dijo Tom intentando convencer a Bill.— No puedes dejar de hacer cosas, para estar siempre conmigo. Tú tienes una vida, no quiero sujetarte siempre a mí. Tu tendrás tus ofertas de trabajo y yo las mías. Podremos tener una relación como otros actores.
—Ya lo he decidido.— Dijo Bill formándose un silencio ensordecedor en el salón, roto por el telefonillo del apartamento.
Tom se levantó a coger el telefonillo, para preguntar quién era, y posteriormente para abrir la puerta al repartidor para que accediera al interior del edificio. Minutos después, el timbre del apartamento sonaba. Tom abrió la puerta y recogió el pedido que un chico había traído para luego pagarle posteriormente y darle un poco de propina. Se despidió del repartidor, y cerró la puerta para dirigirse con las cajas de cartón que contenían la comida hacia el salón, donde se encontraba Bill sentado en el sofá. Apoyó las cajas sobre la mesita.
—¡Qué bien huele!— Gritó Bill cogiendo un cartón, que contenía Sushi.
—Mejor sabrá.— Respondió Tom mientras abría otra caja que contenía también sushi, para luego darle a Bill sus palillos correspondientes que estaban envueltos en una bolsita de plástico.
—Gracias.— Agradeció.— ¡Dios que rico está!
—Sí, está muy bueno.— Dijo Tom mientras cogía otro trocito de Sushi poniéndole salsa para luego saborearlo detenidamente en su boca.
—Está muy buenas las bolitas de arroz.— Habló Bill que ya había probado una.
Los dos chicos siguieron comiendo, hasta que poco a poco el contenido de las cajas de cartón fue desapareciendo. Las dejaron sobre la mesita del salón, y se sentaron más cómodamente en el sillón mientras observaban la tele que ahora estaban echando una película.
—Estoy que reviento.— Confesó Bill tocando su vientre. Decidió desabrochar el botón de su pantalón para darle más espació a su estómago repleto de comida.
—Yo también.— Le secundo Tom mientras se acariciaba el estómago que estaba completamente lleno.— Creo que esta semana me toca sesión extra de gimnasio.
—Yo debería de ir al gimnasio también.— Pensó Bill en voz alta.— Quiero fortalecerme un poco, no tengo musculo por ningún lado.
—Yo te veo estupendamente. Me encanta tu cuerpo.— Sonrió Tom mientras se acercaba al chico y le daba un beso corto en los labios.
—Tom, para.— Dijo Bill parando al chico.— Será mejor que recojamos todo esto, y después hagamos otra cosa.
—Está bien…— Se resignó.
Entre los dos recogieron las cajas de cartón, y las echaron al cubo de la basura, luego Bill lavo los dos vasos en el fregadero mientras que Tom limpiaba la mesita que había en el salón. Cuando acabaron de hacer todo decidieron ir a dar una vuelta por ahí, hasta que cayó la noche. Más tarde volvieron a casa, y se metieron en la cama para dormir. Últimamente pasaban las noches juntos en la casa de uno o de otro.
Ambos jóvenes se quedaron dormidos plácidamente muy pronto, sobre todo Bill que arrastraba la diferencia horaria que había tenido de su viaje, y por eso se había quedado dormido más pronto. Pasaron las horas, hasta que finalmente los rayos traviesos del sol comenzaron a colarse por la ventana de la habitación de Bill.
Al poco rato, Bill se despertó primero que Tom sentía un malestar tremendo en su ojo derecho, notando como le ardía. Se levantó sigilosamente de la cama para ir al baño y mojárselo con un poco de agua para aliviar el tremendo picor que tenía. Cuando llegó al baño, se miró al espejo, y algo hizo que se pusiera sobre alarma. Su ojo derecho estaba completamente inflamado y le dolía muchísimo al cerrar el párpado.
Al poco rato, Tom entró al baño por que no notó la presencia de Bill en la cama. Medio dormido le dio los buenos días a su novio.
—Buenos días, mi amor.— Beso la sien y abrazando a Bill por la cintura.— ¿Qué pasa?—Preguntó al notar que el chico seguía callado mirándose atentamente el espejo.
—Mi ojo…—Susurró.
—Tranquilo, Bill.— Animó Tom despertando de una vez, para luego girar a Bill y poderle ver mejor el ojo.— Dios, ¿Te duele? Esta rojo e inflamado.
—Me pica mucho y me escuece.— Explicó Bill con un puchero.— Cuando cierro el párpado me duele…
—Creo que se te ha irritado por el jabón o que tengas conjuntivitis.— Dedujo Tom.— Será mejor que vayamos al hospital, y que te vea Heather para que te mire el ojo, y te recete algo.
—Está bien.— Asintió Bill.
Los dos chicos salieron del baño, para luego ir a la habitación a vestirse. En menos de diez minutos, ambos ya estaban completamente vestidos y listos para irse al hospital para ver a la doctora para que le revisara el ojo.
En apenas veinte minutos, ya se encontraba Tom aparcando su coche, en el parking que había enfrente del hospital.
Poco después ya estaban saliendo del coche, para dirigirse hacia la entrada del hospital.
Una vez dentro, se dirigieron hacia el consultorio de la doctora Heather. La sala estaba ocupado por dos personas, que estaban esperando a que la doctora saliera para atenderles.
Tom y Bill saludaron amablemente a las otras personas y se sentaron en unos asientos libres que estaban en la sala, para esperar más cómodamente a la doctora.
Pasaron varios minutos largos, y la doctora salió del consultorio, esta se extrañó un poco al ver a Bill y a Tom en la sala, pero primeramente hizo pasar a uno de los pacientes que estaban en la sala, apenas tardó varios minutos con él en el interior de la consulta, y cuando salió el otro paciente que se encontraba en la sala entro al interior del consultorio, con este tardó unos minutos más.
Después de veinte minutos, el paciente salió de la consulta y la doctora Heather con él, se despidió cortésmente de él y luego se acercó a Tom y a Bill, para preguntarles el motivo de que estuvieran allí.
—Buenos días, Tom.— Saludó Heather.— Bill.
—Hola doctora.— Saludó Tom levantándose del asiento.
—¿A qué se debe vuestra visita?— Preguntó la doctora intrigado, pensando que por fin su plan había dado sus frutos.
—A Bill se le ha hinchado mucho el ojo derecho.— Explicó Tom a la doctora.— También le escuece y pica mucho.
—Vaya… Será mejor que paséis a dentro para poder revisar más detenidamente.— Dijo la doctora a los dos chicos.— Menos mal que ahora no tengo ningún paciente, y estoy libre para poderos atender. Últimamente, me cargan con muchos pacientes.
Los dos jóvenes acompañados por la doctora entraron en el interior del consultorio. Heather hizo a Bill sentarse en la camilla, mientras que ella se ponía unos guantes esterilizados, y una gasa para limpiar el ojo si tenía alguna lagaña, por la infección.
La doctora se acercó a Bill, cogiendo también una pequeña linterna para poder ver mejor el ojo del chico. Lo observó detenidamente, para luego limpiárselo con cuidado con un poco de suero fisiológico, y así evitar que el ojo se irritara más de lo que estaba.
—Uy que mala pinta tiene este ojo.— Dijo la doctora al chico.— ¿Te duele?
—Sí… sobre todo al cerrar el párpado.— Explicó Bill.
—Te voy a tener que recetar unas gotas para que las eches cada ocho horas en el ojo, y después un antiinflamatorio por vía oral para que te baje la inflamación.— Explicó la doctora.— Tendrás molestias durante varios días mientras no te baje la hinchazón.
—¿Qué es lo que tengo?— Preguntó Bill con preocupación.
—Tienes un orzuelo.— Explicó de nuevo la doctora.— Puede ser después tengas un principio de conjuntivitis. Te recomiendo que aparte de las gotas, que te he recetado, de vez en cuando limpies el ojo con suero fisiológico y así evitar más se infecte. Hechas el suero en una gasa y lo limpias, y no utilices de nuevo la misma gasa porque si no, no quitaras las infección.
—De acuerdo.— Dijo Bill mientras mentalmente se aprendía lo que debería hacer.— Gracias por su ayuda. No sabría que hacer sin usted, soy un pupas.—Rieron.
—Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.— Dijo la doctora con una sonrisa fingida de amabilidad.— Una cosa, antes de que os marchéis y se me olvide. ¿Has tenido algún vomito o mareo últimamente?
—No, ¿Por qué me pregunta eso?— Interrogó Bill asustado e intrigado.
—Porque últimamente vienen muchos pacientes con un virus en el estómago, que provoca vómitos, mareos y muchas ganas de comer, como antojos, y quería asegurarme que tu no tenías los síntomas.— Explicó la doctora saliendo del apuro, su plan aún no había sido concluido lamentablemente.— Si sientes esos síntomas no dudes en venir, para que te recete la medicación correspondiente.
—De acuerdo doctora.— Sonrió Bill por tanta amabilidad que tenía la doctora con él.
—Por cierto, Tom a ver si llamas a mi hijo Kendo para quedar.— Habló la doctora Heather a Tom.— Últimamente no quedas mucho con él. ¿Habéis peleado?
—Es que he estado estas últimas semanas un poco liado.— Se disculpó.— He estado trabajando unos días afuera de Los Ángeles.
—Oh vale, no lo sabía.— Dijo la doctora.— No hay ningún problema.
La doctora escribió la receta con la prescripción de los medicamentos que debería de tomar Bill, y luego los acompañó hasta la puerta de la consulta para luego despedirse de ellos.
En ese momento, había llegado otro paciente de ella, así que sin detenerse más de un minuto con Tom y Bill, lo hizo pasar al interior del consultorio. Los chicos comenzaron a caminar por los pasillos del hospital, hasta que llegaron a la salida de este, y se dirigieron al parking donde Tom había aparcado su flamante Cadillac Escalade.
El camino a la farmacia fue silencioso al llegar Tom estacionó mal, solo serían unos minutos los que estaría allí.
Bill con las gafas de sol puestas fue a la farmacia a comprar lo que su médico le había recetado para que su ojo mejorara.
Poco después salió con el medicamento en una bolsa. El farmacéutico ya le había explicado algunos procedimientos para aplicar los remedios y a las horas a las que debía explicarlo.
Tom esperó hasta que su novio volvió al interior del coche y emprendió camino de nuevo para ir a su apartamento esta vez. Una vez más el resto del camino fue silencioso por parte de los dos, Tom porque sentía que Bill estaba enojado con él, que le culpaba por lo de su ojo y no acababa de aceptar sus continuas disculpas.
—¿Dónde vamos?—Preguntó Bill rompiendo el incómodo silencio.
—A mi casa…—Respondió con un tono flojo y distante. Bill ya no le respondió por un largo rato, hasta que llegaron al apartamento.
—Yo me voy a mi casa.—Dijo Bill poco después de encontrarse ya en la casa de Tom.
—Espérate, yo te llevo.—Alzó la voz mientras se dirigía a su habitación.
—No hace falta puedo ir caminando o en taxi.—Le respondió.
—Estoy cogiendo ropa para pasar unos días en tu casa.—Gritó alto y claro.
—No hace falta que vengas a mi casa.— Dijo con resentimiento Bill.— No soy un niño pequeño que necesita cuidados constantes.
—Pero a mi no me da la gana de quedarme en mi casa, y me voy a ir contigo.— Se empeñó Tom adquiriendo su lado cabezota.
—Eres un cabezón.— Se quejó Bill a su novio.
—Tu eres más, así que no te quejes.— Le recriminó.
Tom preparó una bolsa con mudas limpias para pasar unos días en la casa de Bill.
Mientras el chico estaba preparando su bolsa, Bill se sentó en el mullido sillón que había en el salón y encendió la televisión un poco, pero la apago al instante porque su ojo empezó a llorar y a escocerle por los destellos que proporcionaban las luces de la televisión.
Minutos después Tom aparecía en el salón con su bolsa ya preparada, dispuesto a irse ya al apartamento donde vivía Bill. En esos días, Tom ejercería de un perfecto enfermero, y cuidaría de Bill como nunca lo hizo para que su ojo se volviera a poner mejor.
Bill no se podía permitir no llevar puestas sus gafas de sol, para que la luz del día no hiciera que su ojo se irritara más.
Tom estaciono su coche y cogió su bolsa de deporte colgándosela al hombro. Ayudo a Bill a bajar del coche, ya que uno de sus ojos no veía bien y podía caer al bajar del gran todo terreno.
Con ayuda del chico de trenzas abrió la puerta del edificio y se encaminaron hacia el ascensor.
—No me gustan los ascensores…—Dijo Bill con tono infantil.
—Lo sé.— Le tomó de la mano para que no entrará en pánico y notara su presencia, que supiera que estaba con él. Las puertas del ascensor se abrieron y ellos se adentraron.
Tom dejo en el suelo su mochila y Bill instintivamente se arrinconó contra el cuerpo de su novio, apretando fuertemente sus ropas y la mano con la que estaban agarrados.—No quiero quedarme en cerrado de nuevo…
—No va a pasar, tranquilo. Ya casi llegamos, cariño.—Besó la cabeza de su chico, un gesto que en cualquier otra situación le hubiera parecido lo más cursi del mundo, pero con Bill le salía solo, sin intención alguna.
Al abrirse las puertas del ascensor Bill huyo del cubículo, entonces se sintió bastante más seguro.
—Algún día tendrás que superarlo.—Le dijo Tom.
—Si, el día en que vuelva a vivir en una casa y no me haga falta subir diez pisos.—Contestó Bill.
Se formó un completo silencio, y ambos comenzaron a caminar por el largo pasillo hasta llegar a la puerta del apartamento donde vivía Bill. El chico aunque no podía ver bien sacó las llaves del bolso que llevaba, aunque Tom se las quitó de las manos para abrir la puerta él, y así no hacer que Bill se esforzará tanto.
—No soy un invalido…— Se quejó Bill por la acción de su novio.
—No debes esforzarte.— Dijo Tom con voz preocupada.
—Solo tengo un ojo mal.— Aclaró Bill.— Gracias a ti, por cierto.
—¿Vas a estar toda la vida recordándomelo?— Preguntó Tom mientras cerraba la puerta.— ¡Te he pedido perdón un millón de veces!
—Si, te lo recordaré siempre que pueda.— Habló Bill mostrando un gesto de indignación.— Incluso cuando seamos viejecitos y tengamos que ir con bastones, te lo recordaré.
—¿Crees que llegaremos juntos a viejos?— Preguntó Tom asombrado de que Bill viera un buen futuro para ellos dos como pareja.
—Pues claro.— Dijo Bill con obviedad y seguridad.
—¿Entonces ya no estás tan enfadado conmigo?— Se acercó el chico melosamente a su novio.
—Quieto Thomas, que te veo venir.— Rió mientras se separaba de su novio.— Que contemple un futuro contigo no tiene que ver que ahora te haya perdonado por lo de mi precioso ojo.
—Si, ya…— Dijo Tom haciendo caso omiso a lo que decía su novio.— Creo que lo vas a tener un poco crudo…
Dicho esto, Tom se acercó más a Bill haciendo que el chico quedará apoyado sobre la pared del pasillo sin poder moverse hacia ningún lado. Los brazos fuertes de Tom abrazaron al chico por sus caderas, mientras que con su nariz jugueteaba provocativamente sobre el cuello del chico, que sin remediarlo emitió un pequeño gritito juguetón. Tom sonrió para si mismo sin que Bill pudiera ver ese gesto. Luego apoyo sus labios en el cuello blanquecino del chico, para comenzar a besarlo y a succionarlo haciendo que poco a poco Bill se volviera a merced de su voluntad.
—Tomi, para…—Dijo riendo y removiéndose entre sus brazos intentando zafarse.
—Me encantas…— Le declaró mientras le daba muchos besitos cortos y dulces en los labios haciéndole reír infantilmente, cosa que a él le encantaba.
—Me duele el ojito, por favor, para…—Suplicó quitándose las gafas y mostrándole a Tom su ojo inflamado y rojo ligeramente.
—Esta bien.—Dio unos últimos besos.— ¿Dónde dejo mis cosas?
—En mi cuarto. A no ser que tengas intención de dormir con los perros.—Le dijo en tonó sarcástico.
—Que gracioso. Dejo esto y curo tu ojo. Ves acomodándote en el sofá.—Sonó más a una orden.
—¿Me vas a hacer pupa?—Preguntó poniendo morritos.
—Claro que no.—Contestó desde el interior del cuarto de Bill.
—No sé por que pero no te creo…—Respondió desde el salón.
Minutos después Tom ya estaba de regreso al salón, Bill se había sentado en el sofá esperando a que su novio llegará para hacerle la cura en su ojo lastimado.
Avanzó hasta el sillón para luego sentarse al lado de Bill, dejando un amplio espacio. Poco después Bill se tumbo en el sofá apoyando se cabeza sobre las piernas de Tom para que este le pudiera limpiar y echar las gotas en el ojo. Cogió una gasa, para luego abrir una dosis de suero fisiológico y así poder limpiar bien el ojo y luego echarle las gotas dentro del interior del ojo para que poco a poco fueran quitando la irritación que sentía en su ojo.
—¡Espera!— Paró a Tom que le comenzaba a aplicar el suero fisiológico sobre el ojo.
—¿Ahora que pasa?— Preguntó Tom extrañado.
—¿Seguro que no me vas a hacer daño?— Preguntó temeroso Bill.
Continúa…