Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 37
No seas tonto, claro que no te voy a hacer daño.— Aseguró Tom calmar a su novio.
—Está bien…— Susurró Bill para luego quedarse en silencio. Tom cogió de nuevo la gasa para proceder a la curación.
—No…— Volvió a decir Bill cuando casi Tom estaba acercando la gasa al ojo.
—¡Dios!— Suspiró Tom perdiendo la paciencia.— Contigo no se puede, eres peor que un crío pequeño.
—Es que me duele al abrir el parpado…— Dijo Bill como si se tratara de un niño pequeño que se queja a su madre.
—Aunque te duela, tienes que aguantarte.— Dijo autoritariamente.— Sino te hago la cura el ojo puede ponerse peor con el paso de los días.
—Pero es que…— Susurró temeroso.— No me fío de ti…
—Ah muchas gracias por confiar en mi…— Dijo Tom un poco molesto por lo que había dicho.
—Es que conforme me hiciste daño en el ojo me puedes volver a hacer.— Suspiró.
—¡Genial! ¿Pues sabe que te digo?— Preguntó retóricamente completamente enojado.— Te lo haces tu, y no me vengas después a pedirme que te haga la cura, de ahora en adelante te la haces tu solito.
Dicho esto Tom apartó a Bill de sus piernas, y se levantó del sofá para luego dirigirse a la habitación donde pasaría unos días. La actitud infantil de Bill le había irritado bastante y quería estar unas horas tranquilo sin aguantar su actitud de niño pequeño.
Por otro lado Bill se quedó atónito en el sofá, no pensaba que Tom reaccionara así. Sé sentó en el sofá y sin desearlo empezó a llorar silenciosamente. Él no quería llorar pero las lagrimas salieron solas, era como si en estos días se sintiera demasiado sensible.
Al poco rato Tom salió de la habitación para volver otra vez al salón donde estaba Bill.
—Será mejor que te vayas a la habitación a descansar yo me quedo es en sofá.— Dijo Tom a su novio.— Es tu casa y estaría muy mal de mi parte que me quedara en la cama, mientras que tu estás aquí sentado en el sofá.—Habló acercándose.— ¿Qué te pasa?— Preguntó Tom al darse cuenta que Bill estaba llorando como un niño pequeño abrazado a un cojín.
—No quería que te enfadarás conmigo…— Hipó Bill mientras por sus mejillas seguían cayendo varias lágrimas.— No me gusta que estés enfadado conmigo…
—Y no lo estoy, solo que a veces me desesperas.— Dijo Tom sentándose al lado de su novio.—A veces te comportas como si tuvieras cinco años, admítelo.
—Tomy…— Susurró Bill llamando al chico como solía hacerlo con su hermano muerto cuando ambos eran pequeños o en ciertas circunstancias.— Quiero que me cures el ojo, te prometo que no me voy a quejar y te dejaré hacer toda la cura bien.
—De acuerdo…— Suspiró Tom para luego acercarse a la mesa para coger lo que necesitaba para limpiar bien el ojo de Bill.
—Te quiero…— Declaró para luego abrazarse al cuello del chico.
—Bill ¡Para! nos vamos a caer.— Sonrió.
—Vale.— Dijo Bill al momento que dejaba de abrazarle y se sentaba en el sillón.
—Ahora te voy a curar el ojo, y no quiero que te muevas ni un solo milímetro. ¿Me has entendido?—Preguntó seriamente.
—Si…— Contestó poniendo voz de niño pequeño, el cual obedece a su madre.
—Bien, recuéstate.—Bill lo hizo sin rechistar. Tom le inclino la cara un poco hacia el lado que a él le iba más cómodamente.— Voy a abrirte los parpados, ¿vale? Si no me resultara imposible hacer que la gotita caiga dentro del ojo.— Le informó antes de hacer nada.
—Si…—Susurró intentando cumplir su palabra de que se dejaría curar tranquilamente.
Después de unos minutos eternos para Bill, el cual lo único que hacia era mover sus pies y apretar las piernas de Tom con fuerza, su ojo ya estaba limpió por unas horas.
—Ya esta. Ves no te a pasado nada. —Dijo Tom una vez finalizó.—Quédate así un ratito.— De mientras Tom se llevó todo lo necesario y lo demás lo guardó para la siguiente cura que sería en unas horas.
—Gracias, tenias razón, no era para tanto…—Habló en un tonó muy débil.
—Esta bien, tranquilo, no te pongas a llorar ahora, si no jamás se curará.—Le tranquilizó intentando no darle importancia al tema.
—Está bien.— Se tranquilizó Bill por la palabras de Tom.— Soy un llorón…
—No principito, no digas eso, lo que pasa es que eres muy sensible.— Intentó Tom ponerlo otro sentido a la frase de Bill.— Será mejor que nos vayamos a dar una pequeña siesta, para que descanses bien.
Tom y Bill se fueron a la habitación del menor, para luego ambos tumbarse sobre la cama. Poco a poco los párpados de ambos fueron cerrándose por su propio peso, hasta que se quedaron dormidos.
Media hora después, Tom se despertaba al ser golpeado repentinamente por una pierna de su acompañante. El chico no dejaba de dar vueltas en la cama, frotándose el estomago, cosa que hizo que se preocupara.
—¿Bill estás bien?— Preguntó preocupado Tom a su novio.
—No…— Susurró débilmente.— Me duele el estómago muchísimo.
—Será mejor que vayamos al hospital, para que la doctora Heather te vea.— Determinó Tom.— Puede que sea el virus ese del que nos habló cuando estuvimos en la consulta esta mañana.
—Resulta que al final viviré más tiempo en el hospital que en mi propia casa…—Dijo irónicamente levantándose de la cama.
—Shhh vamos.—Cogió sus pertenencias.
En menos de media hora, por el trafico de la ciudad consiguieron llegar al hospital.
—¿Disculpe se encuentra la Doctora Heather O’Connor?—Preguntó Tom en la recepción.
—Si, pero esta ocupada.—Le dijeron.
—Necesito contactar con ella, es urgente. Ella me conoce, dígale que soy Tom Schmidt.—Insistió.— No pienso irme hasta que me atienda, si hace falta la buscaré por cada habitación de cada planta. Así que dígale.— Amenazó Tom.
—Tomy…—Se quejó Bill apegándose más a Tom.
—Por favor.—Suplicó. La mujer no quería que se formará un escándalo en el hospital así que accedió.
Minutos más tarde la madre del amigo de Tom aparecía en la sala de espera, haciendo llamarles y se fueron a su consulta.
—¿Qué sucede?—Preguntó inmediatamente al entrar.
—Bill siente un dolor muy fuerte en el estómago y creemos que podría ser el virus del que nos hablaste ayer.—Explicó Tom tomándose el papel de portavoz.
—Ven, túmbate.—Le indicó a Bill.—Quítate la camiseta, por favor.—Pidió la mujer mientras se ponía unos guantes de látex.— ¿Cuándo empezaron los dolores?
—Dormíamos la siesta y me empezó a doler mucho.—Explicó esta vez él.
—Voy a palparte la zona del estómago, si notas alguna molestia házmelo saber.—Empezó a hacer presión por diferentes partes del estomago del chico.
—Ahí.—Indicó Bill con una mueca de desagrado. Heather volvió a presionar por donde Bill le indicó y al instante, solo por la zona, ya sabía que era lo que padecía Bill.
—Ya puedes levantarte. ¿Cómo llevas tus ataques de asma?— Le preguntó.
—Bueno… A veces me siento que me cuesta coger el aire, pero no me a dado ningún ataque de los fuertes.—Dijo mientras le ponía el estetoscopio para escoltarle. Él ya sabía como funcionaba esto, así que respiro unas cuantas veces profundamente mientras que Heather escuchaba su respiración.
—¿Roncas cuando duermes?—Le preguntó.
—Ehmm…— No sabía que contestar por que no lo sabía.
—No, no lo hace.—Respondió Tom sin importarle la vergüenza que su novio sentía en ese momento.
—Sigues teniendo ese pequeño pitido cuando respiras. Recuerda que no debes perder los nervios con facilidad o excederte en nerviosismo.—Le recordó. Seguidamente le observó los oídos y la garganta para asegurarse de que no tenia un resfriado y estaba en buenas condiciones.—Ya puedes ponerte la camiseta.—Le dio la espalda y se quitó los guantes de látex.
—¿Qué es lo que tiene Heather?— Preguntó Tom tuteándola ya que era la madre de su amigo y había confianza.
—Solo un dolor de estomago. Ahora le recetaré unas pastillas y ya está. No es nada grave.—Le restó importancia sentándose en su escritorio preparándose para hacer las recetas. En las sillas de enfrente te sentaron los chicos.— ¿Tienes aún ventolinas para tu asma? Si no puedo hacerte unas recetas.
—Si, necesito, ahora en navidades me voy y necesitaré para el viaje.—Con disimulo Bill miró a Tom y le sonrió, ya que pasarían la navidad juntos. Tom le correspondió la sonrisa, el cual gesto no pasó desapercibido para la mujer.
—Bien. Estas recetas son de unas pastillas, debes tomártelas cuando empieces a notar los dolores, no es bueno abusar de los medicamentos, así que solo cuando sean necesarios y aquí son las recetas para tu medicamento del asma.—Le firmó las recetas y se las entregó.
—Muchas gracias Doctora.—Le agradeció.
—De nada. Disfruta de tu viaje y cuídate.—Le dijo fingiendo de mil maravillas.
Una vez Bill y Tom salieron decidieron ir a la farmacia más cercana para comprar los medicamentos y que así Bill dejara de sufrir por su dolor de estómago.
Heather al asegurarse que se alejaban de su consulta cogió su teléfono y le hizo una llamada a su hijo, para luego hacer lo mismo con su cómplice en la operación de Bill.
—Adivina quien acaba de estar en mi consulta y porque.—Dijo con una sonrisa en su rostro a pesar que con quien hablaba por teléfono no podía verla.
—¿El que era mi amigo con su novio?—Dijo Kendo.
—Exacto. El útero que le implante a Bill esta ovulando. Vino a la consulta por unos fuertes dolores en la zona abdominal.—Explicó.
—Eso es bueno, ¿no? Eso significa que en cualquier momento el pobre quedará traumado al verse un bicho raro embarazado.—Rió su hijo.
—Sí. Es genial. Todo esta saliendo según lo planeado. Pobre idiota ingenuo y fácil de manipular.—Rió.
—Si, además el ni siquiera sabe que ahora mismo está teniendo la regla como cualquier mujer.—Disfruto Kendo.
—Soy un genio hijo. Bueno tengo que colgar, tengo mucho trabajo. Nos vemos en la noche. Te quiero.— Colgó la llamada.
Habían pasado varios días el dolor del estómago de Bill había mejorado, ya estaba en perfectas condiciones.
Bill y Tom se encontraban en el apartamento del primero preparando sus maletas. Era diciembre, y se irían a Alemania al país natal de Bill y el de Tom, aunque el no iba desde según su memoria desde hace muchísimo, irían a pasar las navidades en la casa de los padres de Bill.
—¿Metiste los jerseys gordos?— Preguntó el menor a su novio.— En Alemania hace mucho frío, más que aquí.
—Si, esta todo listo. Lo mío esta perfectamente, solo falta lo tuyo que lo dejas todo para el ultimo momento. — Contestó Tom.
—¿Nervioso?— Volvió a preguntar Bill.
—¿Por qué iba a estar nervioso?— Respondió Tom con otra pregunta.
—Vas a conocer oficialmente a tus suegros.— Rió Bill ante la cara de susto que puso Tom.— No te preocupes no comen, seguro que les caes bien.
—A tu padre seguro, en el gimnasio parecí caerle bien.—Intento convencerse.
—Ellos ya están avisados de bueno… ya sabes el parecido con mi hermano, y el resto de la familia también, para que no se asusten. Así que creo que todo ira bien.—Explicó cerrando su enorme maleta.
—Creo que tengo más miedo de morir de frío que de tu familia.—Dijo Tom colocándose bien el gorro que cubría sus tranzas negras y acomodaba su pañuelo en su garganta.
—Ya estoy listo. ¿Apagaste el gas, el agua y los plomos de la luz de las dos casas?—Se aseguró Bill.
—Si, todo esta en perfectas condiciones. Ventanas cerradas y persianas bajadas también.—Dijo Tom.
Ambos chicos cogieron sus maletas y los perros, los cuales viajarían con ellos, no los dejarían por casi dos meses solos.
Después de estar unas horas en el aeropuerto asegurándose que sus perros estaban bien y sus maletas eran embarcadas, ellos subieron al avión sentándose en sus asientos correspondientes. Le esperaban largas horas sentados hasta que hicieran el cambio de avión.
Bill había quedado con su familia que no hacía falta que les fueran a buscar el aeropuerto, que no era el lugar para hacer las presentaciones, así que Gordon y Simone les esperarían en casa con la cena preparada. Ya que cuando ellos llegaran en Alemania la noche ya habría caído.
Una vez que salieron por la puerta de embarque, Tom y Bill se dirigieron hacia la zona donde se cogían las maletas. Esperaron unos minutos, mientras rezaban porque sus maletas no las hubieran perdido o fueran enviadas equivocadas a otro lugar.
Cuando por fin las divisaron, Tom se acercó a la cinta transportado para coger su maleta y la de Bill. Una vez que las pusieron dentro del carrito, que previamente habían cogido antes de ir a la cinta transportadora.
Ambos chicos comenzaron a caminar por el gran aeropuerto, hasta que llegaron a la puerta de salida. Bill buscó con la mirada la parada de taxis, y se acercaron apresuradamente a uno, para evitar quedarse sin y tener que esperar más de lo normal.
El taxista salió del coche, y cogió las maletas de los chicos para meterlas dentro del maletero, junto con las jaulas de los perros que ansiaban libertad.
Previamente se quedó un poco asombrado al ver a Tom, ya que los gemelos Kaulitz eran muy conocidos en Alemania, y en cualquier parte del mundo, pero sobre todo por sus compatriotas alemanes y posiblemente el taxista hubiera visto la noticia de la muerte del gemelo mayor.
Tom y Bill sin decir ninguna palabra, entraron en el interior del taxi una vez que el hombre metió las maletas dentro y se incorporó al interior del automóvil.
Bill dio las indicaciones de la casa de sus padres al hombre, que arrancó sin ninguna demora.
Después de unos veinte minutos de trayecto, el taxi ya estaba aparcando enfrente de la casa de los padres de Bill. Tom pagó el taxi, no permitiéndoselo hacer a Bill, para luego salir del coche y coger sus maletas que les había dado el taxista.
El taxi se marchó, y ambos se quedaron en medio de la acera silenciosos contemplando el pequeño jardín de la casa de los Kaulitz.
—Bueno ya hemos llegado…—Dijo Bill suspirando.
—¿Estas bien?—Preguntó Tom.
—Si. Todo bien, tranquilo.—Sonrió.— ¿Quieres ver algo gracioso?—Tom asintió.— Deja ir a los perros. Irán directos a la parte trasera de la casa y en cuanto mis padres los vean sabrán que hemos llegado y saldrán corriendo a recibirnos.— Tom hizo casó dejo ir por fin a los perros de aquellas odiosas jaulas.
Empezaron a dar vueltas alrededor de sus dueños contentos. El perro más mayor Scott, de pelaje negro, se dio cuenta enseguida de donde se encontraba y salió corriendo hacia el jardín, se detuvo y ladró llamando la atención de Scotty, de pelaje negro con manchas, ambos salieron corriendo. El pequeño pero más grande, la princesa de Bill, también sabía donde se encontraba, en su viejo y extrañado hogar. También salió para perseguir a sus compañeros más grandes pero se dio cuenta que el pequeño Tripi tenia miedo, se puso a su lado y dándole confianza los dos caminaron adentrándose en el jardín.
—Le a ayudado.—Dijo Tom admirando el detalle de la perra.
—Si, creo que ve a Tripi como a su hijo.—Dicho esto cogieron sus maletas y las jaulas y con dificultad se acercaron a la puerta principal.
Los perros llegaron a la parte trasera de la casa y empezaron a ladrar con fuerza y a arañar los cristales para llamar la atención de las personas que habían dentro de la casa.
Gordon que estaba sentado en el sofá escuchó a los perros y luego los vio a través de las cristaleras que daban al jardín.
—¡Simone ya están aquí! ¡Los perros están en el jardín!—Avisó el hombre y a los pocos segundos Simone salía de la cocina y junto con su esposo se dirigían a la puerta principal.
En menos de 5 segundos desde que Gordon aviso a su esposa la puerta era abierta y la mujer se lanzó a los brazos de su hijo, abrazándolo con fuerzas y empezando a llorar sin poder contenerse.
—Mi niño, mi niño… Por fin estas en casa por navidad.—Lloraba la mujer entre los brazos de su tan extrañado hijo.
—Mamá… No llores mami…—Dijo Bill abrazándola también fuerte.
Mientras Tom permanecía detrás mirando la escena con añoranza, echando de menos a la familia que no recordaba.
—Hey Tom.—Saludó Gordon viendo al amigo de su hijo tan similar al difunto Tom.
—Hola.—Sonrió tomando la mano de Gordon. Pero este de forma más familiar de abrazó dándole el calor de una familia, ya que sabía que Tom no tenía.
—Bienvenido a la casa Kaulitz.—Le dijo.—Simone suelta ya a tu hijo o querrá huir despavorido de nuevo al aeropuerto.
—Deja que abrace a mi hijo, hace dos navidades que no estoy con él.—Le contestó aun abrazando, besando y llorando con su hijo Bill.
—Nosotros vamos entrando.—Le dijo a Tom para que cogiera sus maletas. Este cogió las suyas y Gordon se encargo de las de Bill.
Unos momentos después de dejar las maletas a un lado del gran salón Gordon le ofreció algo de beber a Tom.
—Mamá, suéltame ya, me vas a tener en casa por un mes o más.— Rió Bill.— Aparte tienes que conocer a Tom aun.
—Es cierto, me había olvidado del pobre chico.—Se separó de su hijo y ambos se secaron las lagrimas de los ojos, suerte que Bill esta vez se había maquillado muy levemente los ojos de marrón claro.
—¿Estas preparada?—Preguntó con temor.
—Si, cariño, me has hablado de lo muy similar que es de tu hermano, incluso me mostraste fotos, tanto yo, como el resto de la familia lo aceptamos. No te preocupes.—Le sonrió adentrándose en el salón.
Se adentraron y fueron a la cocina donde estaba Gordon junto con Tom. Cuando ambos se vieron cara a cara Bill podía cortar el aire perfectamente con un cuchillo de la tensión que había.
A Simone se le quedó la cara pálida, ya que tener a Tom delante de ella, aunque había visto muchas fotos de él, tenía la sensación de que ese chico amigo de su hijo, realmente era su hijo mayor, que llevaba ya casi dos años muerto.
—Hola.— Saludó Simone con voz casi inaudible.— Tu debes de ser Tom.
—Sí, señora.— Respondió el joven con cierta incomodidad y tono seco.— Mucho gusto.— Realmente Tom no sabía muy bien como debía de comportarse con sus suegros, aunque ellos no lo supieran.
—¿Quieres tomar un refresco?—Preguntó Bill a su novio para romper la tensión que se había formado en la cocina.
—No, gracias.— Respondió Tom.— No me apetece.
—Bueno pues entonces será mejor que te enseñe la habitación donde dormirás.— Se apresuró a decir Bill a su chico.
Ambos salieron de la cocina, dejando a Gordon y a Simone dentro de ella en un silencio extremo. Comenzaron a subir las escaleras lentamente, Bill delante y Tom siguiéndole hasta que llegaron al piso superior de la casa. Caminaron por el largo pasillo, para luego Bill pararse enfrente de una habitación.
—Está será tu habitación…— Explicó Bill.— La mía es la de al lado.
—De acuerdo.— Respondió Tom entrando ambos al interior de la habitación.
—¿No te importa que esté así?— Preguntó Bill al entrar al interior de la habitación, que aún mantenía cosas de su hermano fallecido, ya que la habitación había pertenecido a su hermano en las épocas que vivían en allí. A pesar de que se habían mudado los dos hermanos hace años a Los Ángeles en sus habitaciones aun permanecían algunas cosas que no se llevaron.
—No…— Respondió Tom mientras que el corazón se le ponía en un puño, latiendo rápidamente. Se fijo en una mesita que había al lado de la cama, donde había un marco de fotos, con una foto de Bill y su hermano sonrientes. Se acercó a la foto y la cogió para verla mejor.— ¿Es él?
—Sí…— Respondió Bill con tristeza, se sentía mal. Estar en esa habitación hacia que todo lo que había olvidado a su hermano en esos dos años volvieran a él.
—¿Te encuentras bien?— Preguntó Tom a su novio al ver que Bill estaba un poco alicaído.
—No…— Dijo Bill mientras unas pequeñas lágrimas comenzaban a surcar sus ojos color miel.— Lo echo demasiado de menos.— Acto seguido salió de la habitación dejando a Tom solo en esta.
Tom salió de la habitación, para meterse en la habitación contigua a la de él. Bill se encontraba tumbado sobre la cama abrazado a un cojín mientras lloraba a lagrima viva.
Él se acercó lentamente a su novio, y le acarició dulcemente la cabeza, haciendo que Bill se separará del cojín donde estaba apoyado.
—Venga pequeño…— Susurro Tom reconfortándolo que ahora lloraba sobre el regazo de su novio.— No quiero verte así…
—Lo extraño Tom…— siguió llorando.— Extraño compartir cosas con él, como hacíamos cuando éramos pequeños…
—Lo sé, cielo.— Respondió tiernamente Tom.— Pero tienes que saber, que tu hermano esté donde esté, estará protegiéndote y cuidándote. Es tu ángel de la guarda.
—Pero la pena sigue en el corazón.— Respondió Bill apoyando su cabeza sobre el hombro de Tom esta vez.— Me siento un miserable.
—No tienes por que. Tu hermano querría que fueras feliz. Es más, estoy seguro que el quiere verte sonreír a cada momento.—Aseguró. Bill no respondió solo permaneció con su rostro escondido en el pecho de Tom. El chico de tranzas se movió separándose de Bill dejándole algo extrañado— Quédate aquí y lávate la cara, no creo que a tu madre le guste saber que has llorado, yo iré a por el equipaje.
—Vale…—Tom le dio un beso en la punta de la nariz y le hizo sonreír levemente ante la acción.
Seguidamente salió de la habitación y caminó por el pasillo y bajo las escaleras llegando a la plata baja donde estaba el equipaje, y también sus suegros hablando, pero ante su presencia todo quedo en silencio.
—Em… Solo venia a por el equipaje. Enseguida dejo de molestar…—Dijo un tanto incomodo por las miradas. Cogió todo lo que le fue posible y subió hacia el piso superior. Dejo las maletas en el pasillo y bajo para hacer un segundo viaje, siendo observado de nuevo por Gordon y Simone.— Ya me voy…
—Tom, en diez minutos estará la cena servida.—Dijo Simone intentando no sonar tan directa y seca como al principio. Tom asintió y se marcho hacía arriba. Dejo sus pertenencias en la habitación que Bill le indicó y las de él las llevo a su cuarto, donde lo encontró observando algo, pero enseguida lo guardo al darse cuenta de que Tom estaba allí.
—Te traje tus cosas.—Dijo Tom siendo consciente de que Bill había escondido algo que tenia entre las manos.
—Gracias.—Respondió con simpleza.
—Tu madre a dicho que la cena estará servida en pocos minutos.—Avisó.
—Bien, bajemos entonces.—Se alzó de la cama y salió de su cuarto siendo seguido de cerca por su novio.
Bajaron las escaleras, y se acercaron a la puerta de la cocina. Simone ya estaba poniendo la comida en los platos. Entraron al interior de la cocina, y se sentaron a la mesa y comenzaron a cenar. Durante toda la cena se notaba la tensión en la mesa, sobre todo por parte de Simone y Tom. Bill lo notaba y se preguntaba si habría sido buena idea haber traído a su novio para conocer a sus padres.
—¿Tom a que te dedicas?— Preguntó Simone un poco tensa al amigo de su hijo.
—Soy modelo…— Respondió un poco seco.
—Como mi hijo Bill.— Comentó Simone.
—Sí, de hecho que lo conocí haciendo un trabajo juntos.— Explicó Tom.— Y desde ahí nos hicimos buenos amigos.
—Esta riquísima la comida.—Dijo Bill sabiendo que un nuevo silencio llegaría si no decía algo.
—Gracias cariño.—Le agradeció su madre.
—¿Te gusta a ti Tom?—Preguntó Gordon.
—Si esta muy rica. Es usted una gran cocinera.—Halagó a la madre de su novio, tenia que ganar puntos y llevarse bien con ella.
—Desde que Bill decidió dejar la carne tengo que pensar más a la hora de hacer las comidas.—Explicó.
—Simone y yo somos vegetarianos de corazón, pero no de estomagó.—Rió Gordon.
—¿A ti te gusta la carne Tom?—Preguntó esta vez Simone intentando poner algo de su parte.
—¡Claro, a quien no le gusta la cerne! Pero por mi trabajo y falta de tiempo suelo comer mucha comida china o Pre—cocinada, arroz en su mayoría.—Explicó.
—Matan a pobres animalitos para que vosotros comáis…—Hizo un puchero que tanto le gustaba a Tom y le entraban ganas de besarlo.
—Es la cadena alimentaria, principito.—Le dijo Bill.— Suelo llamarle a si porque es un caprichoso.— Se excusó para no alarmar a sus padres, aunque era la realidad.
—Seguro que Bill te llama de alguna otra forma a ti, el le pone motes a todo el mundo.—Dijo Gordon.
—Si le llamo novato.— Sonrió Bill.— Cuando lo conocí era un modelo novato, era su primer trabajo, no sabia hacer absolutamente nada.—Le picó dándole golpecitos en las costillas para hacerlo molestar en broma.
—¡Oh si! Nos llevábamos muy mal… ¿Cómo podías ser tan… tan… idiota?—Bill rió al no saber con que palabra describirlo. Simone miraba la escena con ojo critico, al parecer se llevaban bien y su hijo volvía a reír.
—¿Y tu tan odioso? ¿Sabes que eres muy fácil de odiar Tom?—Dijo aun riendo. Gordon también reía ante la conversación de los chicos.
—Si, me lo sueles decir a menudo. No paras de repetir; “Te odio, Tom”. Y luego me miras así…— Achinó los ojos imitándolo.
—No le hagáis caso.—Le dijo a sus padres.—Solo dice tonterías.
—¿Cómo os hicisteis amigos entonces si tan mal os llevabais?—Pregunto Simone. Ambos jóvenes se miraron y decidió responder Bill.
—Como siempre solía tener mis bajones recayendo por unos momentos en mi depresión, pero Tom estaba allí y me apoyaba.—Se encogió de hombros.
—Si, ese fue uno de los factores. Pero realmente nos hicimos amigos cuando te salve la vida.—Le recordó, cosa que hizo a Simone ponerse alerta.
—¿¡Cómo que salvarle la vida?!—Gritó.
—Mamá tranquila, Tom no quiso decir eso.—Intentó tranquilizar.—Un día me acompaño a casa y había tormenta y nos quedamos unos minutos encerrados en el ascensor.
—Le dio un ataque de pánico y su respiración se aceleró mucho, no podía respirar.—Continuó Tom.
—Es cierto. Daba la casualidad que no tenia mi inhalador encima, él solo me ayudó a no ponerme más nervioso.—Sonrió dulcemente mirando a Tom y luego a sus padres.
—¿Cómo lo hiciste? A nosotros nos era casi imposible.—Preguntó Simone.
—Solo puse mi mano sobre su pecho haciendo presión, para que no inflara demasiado los pulmones y le decía palabras bonitas y tranquilizadoras para que pensara en cosas bonitas. También le obligué a que me mirara a los ojos, para que viera que yo estaba tranquilo y que todo estaba bien.—Les explicó como fue que lo logro.
Continuaron conversando y poco a poco el ambiente se hacia más familiar y tanto Tom como Simone se acostumbraban a la presencia del otro.
—Bueno chicos iros a dormir estaréis cansados con el cambio de horario. Dormir y no tengáis prisa por despertar, mañana será un día largo y tenéis que reponer fuerzas para navidad.—Explicó Gordon.
—¿Seguro?—Preguntó Bill.
—Si ir a descansar, nosotros también nos iremos a dormir cuando recojamos esto.—Dijo esta vez su madre.
—Vale. Buenas noches.—Bill dio un besos a su padres, Tom le dio la mano a Gordon y un poco tenso dio dos besos a la madre de su novio y ambos se marcharon escaleras arriba.
Los chicos salieron de la cocina sin prisa alguna, pero en silencio. Subieron las escaleras y se pararon en medio del pasillo.
—¿Vas a dormir ya?—Preguntó Tom observándolo.
—No. Ven a mi cuarto un rato, hablemos.—Le ofreció empezando a caminar hacia su habitación. Al llegar cerraron la puerta y Bill se sentó en su cama apoyando la espalda en la pared, mientras que Tom permanecía de pie.—Puedes sentarte donde quieras.
—Vale.—Dijo mirando a su alrededor observando la habitación de Bill.
—No hay gran cosa, me lo lleve casi todo a Los Ángeles.—Explicó al ver que observaba las estanterías.
—¿Dónde estas en esta foto?—Pregunto Tom señalando una foto que estaba colgando en la pared, era de una clase al parecer fue tomada fuera del colegio.
—Justo en el centro.—Tom pasó el dedo por encima de la foto para que a si le resultara más fácil encontrarle.— Ese, justo ese.—Tom detuvo su dedo y se acercó más a la fotografía para observar con más detalle.
—¿Enserio?—Se asombró.— Que rubito que eras.—Era una foto del parvulario.
—Abre el cajón del escritorio esta debajo de ti, allí hay un pequeño álbum con las fotos de cada año en el colegio.—Tom lo abrió y lo saco luego se acercó hacia Bill sentándose a su lado.
Bill abrió el álbum por una pagina en especial donde salía el solo casi en primer plano, con su bata de cuadritos azules y blancos, aunque estuviera pintado por las pinturas acrílicas, también había un pincel en su mano y él sonreía de forma de haber hecho alguna travesura.
—Oh dios…—Tom vio la foto con una sonrisa boba en los ojos.— Que cosita. ¿Qué habías hecho?
—Nada bueno.—Rió.— Solo le pinte la cara de rojo a un compañero. Ese día estábamos de talleres y había un profesor haciendo fotografías y me hizo esta.—Explicó.
—Desde pequeño se te daba bien tocar los huevos.—Le picó Tom.
—Bueno, siempre he sido un niño muy travieso.— Sonrió orgulloso.— Junto a mi hermano solía muchas travesuras. Los profesores nos tenían aburridos.
—¡¿Enserio?!— Preguntó Tom impresionado.
—Sí.— Se rió Bill al recordar una travesura que había hecho con su hermano.— Un día pegamos chinchetas a la silla de la profesora, y cuando se sentó pego un brinco que casi sale por la ventana de clase.
—Que diablillos erais tu hermano y tú.— Dijo Tom mientras se reía.— Cuéntame más cosas…
—Bueno, mi hermano y yo éramos inseparables y en clase nos dedicábamos a hacerle la vida imposible a los profesores.— Siguió explicando.— Después en séptimo curso los profesores cansados de soportar nuestras travesuras decidieron separarnos de clase, para hacernos menos fuertes.
—Ya…— Susurró Tom.
—Después cuando empezamos con el grupo, tuvimos que dejar el instituto ya que muchas chicas se ponían a gritar cada vez que íbamos al instituto porque eran fans.— Siguió relatando.— El director del instituto dio un ultimátum a nuestro madre para que nos sacará del instituto, así que mi madre hablo con una profesora de una escuela online que se había puesto en contacto con ella, al escuchar en las noticias el problema que habíamos tenido en el instituto.
—Has tenido una vida muy ajetreada desde adolescente.— Comentó Tom.
—Sí, son las consecuencias de ser el vocalista de un grupo internacionalmente conocido.— Añadió Bill.— Pero todo acabó cuando mi hermano y yo tuvimos ese accidente de coche. Todos nuestros sueños se esfumaron…
—Venga principito…— Habló Tom cariñosamente a su novio.— No quiero que te vengas abajo, quiero que recuerdes cosas bonitas con tu hermano. Él va estar muy feliz de verte feliz, eso te lo aseguro.
—Lo sé…— Susurró Bill apoyando finalmente su cabeza sobre el hombro de Tom mientras que este le arropaba.—¿Me besas?—Peguntó en susurros alzando la mirada.
—Por supuesto. Pensé que no podría volverlo a hacer.—Se acercó a su novio y le besó en los labios castamente, hasta que Bill entreabrió los labios y sus lenguas se juntaron batallando, pero sin prisas, haciendo que un sonido húmedo se escuchara levemente en la habitación.
—Duerme conmigo esta noche.—Dijo Bill susurrando al separarse.
—No creo que sea buena idea. Es la casa de tus padres y les debo un respeto, estoy bajo su techo.—Le explicó coherentemente.
—Solo a dormir. Mi madre pasará enseguida a darme las buenas noches y se irá a dormir, cuando eso suceda ven. No quiero dormir solo, por favor…—Hizo su puchero innegable.
—Esta bien, pero solo a dormir.—Advirtió.—Creo que será mejor que me marche ya.
—Si…—Aunque el no quería que se fuera.— Vuelve enseguida.—Pidió con lastima.
—Lo intentaré depende de tu madre.— Se levantaron y se dieron un pequeño beso de despedida.—Hasta ahora.
Tom salió y fue al cuarto que un día le perteneció al hermano de su novio, que era realmente él, pero su memoria se negaba a recordar nada que le fuera útil. Los pocos recuerdos que tenia le era imposible recordar los rostros de las personas que aparecían. Aun y así hacía bastante tiempo que no tenia ningún recuerdo que viniera a su mente y eso aunque no lo mostrará le hacía sentirse débil e inútil.
Dejando un suspiro al aire se dejo caer sobre la cama y mirando al techo divagaba en su mente intentado querer recordar algo.
—Solo quiero mis recuerdos por navidad…—Pidió a la nada. Ese era su único deseo en las navidades desde hace dos años.
Tom se quedó pensativo sobre la cama, deseando que ese deseo por navidad hubiese sido concedido.
Simone había acabado de recoger la cocina junto a su marido, después ambos subieron a su habitación, pero antes de que Simone entrará en la habitación le dijo a Gordon que iba a darle las buenas noches a su niño, a su único hijo.
—Bill, ¿Estás durmiendo?— Preguntó Simone golpeando levemente la puerta de la habitación de su hijo.
—No, mamá.— Respondió Bill.— Puedes entrar. —Simone abrió la puerta de la habitación, y accedió a ella. Bill se encontraba tumbado ya en su cama. Se acercó a él, para luego sentarse sobre un lado de la cama. Bill la observaba impacientemente.
—Quería darte un beso de buenas noches.— Dijo con emoción ya que llevaba mucho tiempo sin poder estar con su hijo.— Cuanto te he extrañado cariño…
—Mami…— Llamó dulcemente.— No te pongas triste, ahora estoy aquí contigo.
—Lo sé…— Susurró Simone.— Pero falta tu hermano, las navidades no volverán a ser como antes.
—Si tienes razón. Pero tenemos que ser fuertes mami, él estará muy contento de vernos felices.—Sonrió.
—Sabes… al ver a tu amigo Tom, mi corazón dio un brinco.— Se confesó Simone con su hijo.— Es tan idéntico a tu hermano, que por un momento creí que lo tenia delante de mi, que nunca estuvo muerto.
—A mi también me pasa a veces… Me encantaría que fuera nuestro Tom. Quizás es un regalo del cielo, que Tom se parezca a mi hermano y así tu puedas quererlo también como un hijo.—Dijo esperanzado.
—¿Tu crees?— Preguntó a madre.
—Él no tiene familia…— Susurró Bill con pena.— Le haría bien que recibiera un poco de afecto por tu parte y del resto de la familia.
—Eso sería estupendo, pero lo he notado un poco seco conmigo…— Reconoció Simone.
—Lo sé, pero se debe sentir un poco descolocado.— Excusó Bill a su novio — Date cuenta que siempre va cargar con ser idéntico a una persona muerta, y no os conoce. Además el también siente tú incomodidad, mamá.
—Tienes razón… lo siento.—Se disculpó.
—No me pidas perdón a mi, vez y habla con él. Estoy seguro que será mejor para los dos.—Le sonrió. Su madre asintió y le dio un beso a su hijo y las buenas noches.
—Esta bien. Mañana no tengas prisa por despertar tienes todo el día para ti.—Dijo antes de cruzar la puerta.
Simone salió del cuarto de su hijo menor y se dirigió a la de su hijo mayor donde se quedaba por el momento Tom, el amigo de su hijo. Se detuvo frente a la puerta, se lo pensó unos segundo y cogiendo valor pico.
—Hola.—Saludó cuando Tom le dio paso.
—Hola. Lo siento, no sabia que vendría.—Se levantó y cogió lo más rápidamente posible una camiseta para ponérsela.
Simone se quedó mirando fijamente a la espalda del chico, mientras que este se ponía su camisa, dándose cuenta que en la espalda abajo de todo, en donde muere, había una pequeña marca muy similar a la que su difunto hijo tenía de nacimiento. Su corazón le dio un vuelco.
—No pasa nada…— Sonrió Simone amablemente.— Solo venía a darte las buenas noches…
—¿Enserio?— Preguntó Tom un poco desconcertado, ya que solo hacía escasas horas que había conocido a su suegra.
—Bueno…— Dijo nerviosa Simone.— También quería hablar un poco contigo…
—Por supuesto.— Aceptó no negándose a hablar con la madre de su novio.— ¿De que quería hablar?
—Verás…— Comenzó a hablar Simone con nerviosismo.— Siento mucho haber sido tan seca por la tarde, es que… ¡Dios! te pareces tanto a él…
—Lo sé…— Susurró Tom.
—No quiero que te sientas incomodo, Tom.— Aclaró intentando quitarle importancia a lo que había dicho.— Pero necesitaba que supieras el motivo porque me comporte así por la tarde.
—Lo entiendo…— Respondió Tom.
—No quiero que pases unas navidades incomodas por eso, de verdad.—Tom sentía pena por la mujer, pero e ponía en su lugar y la entendía.
—No se preocupe, es algo a lo que me enfrentaba al aceptar la invitación de Bill.—Explicó.
—Creo que mejor me voy y te dejo descansar. No tengas vergüenza de nada, como si estuvieras en tu casa.—Le sonrió.— Y no me trates de usted, soy joven, tuve a mis hijos con diecinueve años.
—Muy joven…—Se asombró.
—Si. Buenas noches Tom…—Se acercó a él le besó en la mejilla y le dio un abrazo. Podría jurar que incluso olía como su hijo.
Simone salió de la habitación y, aun pensativa por esa marca, se dirigió a su cuarto. No le comentó nada a su esposo, no quería que la tratara como una loca, necesitaba alguna prueba, ¿pero como conseguirla? Una prueba de ADN seria demasiado extrema y tampoco le iba a decir que se bajara los pantalones, que quería ver la marca que tenia en la parte de la baja espalda y parte del trasero. El tiempo que su hijo y amigo permanezcan en su casa, será largo y difícil para Simone.
Tom cuando se aseguró que la madre de Bill se marcho, abrió la puerta de la habitación y la cerro para dirigirse a la habitación de su novio, donde él le estaría esperando. Abrió la puerta lentamente y Bill le sonrió desde la cama, él también lo hizo devolviéndole el gesto.
—¿Me has echado de menos?—Preguntó Tom tras cerrar la puerta con seguridad y acercarse a Bill.
—Aham…—Dijo sonriendo al sentir a Tom cerca. Se dejo caer lentamente sobre su novio haciéndole reír y le beso en los labios.
—Pero vamos a dormir, tu lo has dicho.—Le dijo con rintintin metiéndose bajo las sabanas.
—Yo no he dicho lo contrario.—Le picó Bill.
—Tu cuerpo dice otra cosa, peque.—Tom le pico en la nariz con su dedo.
—¿Qué?—Preguntó aterrorizado Bill metiendo la cabeza bajo las sabanas mirando en dirección a su miembro.— ¡Mi cuerpo no dice nada, esta normal!—Tom rió ante su gesto.
—Lo sé, era una manera de hablar, tonto.— Se giro un poco en la cama para quedar mirándole.
—Ah… Pero yo quiero un poco de mismos no he tenido ninguno en todo el día… Te extraño…—Dijo Bill acercándose a Tom apoyándose sobre su pecho.
—Bill…—Dijo en tono demandante. Pero Bill le besó haciendo que se callara a la vez que metía sus manos bajo la camiseta de su novio, tocando las abdominales.
—¿De que hablaste con mi madre?—Preguntó desviando los besos por el cuello de Tom.
—Se disculpo por estar… ¡Bill!—Gritó en voz baja al sentir como Bill cogía con la palma de su mano el miembro de Tom por sobre la ropa.
—¿Por estar…?—Intentó hacer que continuara, mientras acariciaba su miembro.
—Por estar distante. ¡Joder Bill!—Con un rápido movimiento rotaron y quedó él encima entre las piernas de Bill.
—Has reaccionado rápido, tienes poca voluntad.—Se burló.
—Tengo demasiada, por eso vamos a parar ya.—Se separó tumbándose de nuevo al lado.
—Tom… no te enfades. Solo es que te he echado de menos durante el vuelo por no poderte besar por estar en publico y en casa por mis padres…—Se explicó.
—Lo sé Bill, si quieres que te bese lo haré, pero no quiero llegar a más. Estoy en la casa de tus padres y eso me da respeto por lo que pueda pasar, de verdad. Sinceramente estoy acojonado solo por el hecho de estar contigo ahora mismo.—Ahora era el turno de explicarse Tom.
—Lo siento…—Se disculpo.
—No importa. Solo nos besaremos y nos abrazaremos, nada más. ¿Entendido?—Preguntó Tom. Bill asintió y enseguida se fundieron en un beso.
Estuvieron hablando durante un rato y también se besaban y decían cuanto se querían y necesitaban, pero sin llegar a más, aunque Bill lo intentaba. Tom tenia mucha voluntad dado el momento y cada vez que Bill intentaba provocar a Tom, él le detenía echando mucha fuerza de voluntad.
Finalmente después de decirse lo que se tenían que decir se pusieron a dormir, tenían que recuperar las horas del vuelo y acostumbrarse al cambio horario.
Al principio se durmieron abrazados el uno al otro, pero durante el largo de la noche acabaron cada uno en un lado de la cama dándose la espalda.
Hacia horas que había amanecido y Bill y Tom seguían durmiendo sin ser interrumpidos, pero levemente se iban despertando.
Tom se dio la vuelta y se apegó a la espalda de su novio atrayéndolo a él. Bill a sentir los brazos robustos y frondosos de su novio, se giró quedando cara a cara a Tom.
El chico le dio un dulce beso en la punta de la nariz, haciendo que Tom se riera ya que se estaba haciendo el dormido, aunque Bill sabía perfectamente que ya estaba despierto.
—Buenos días, mi amor.— Susurró Bill acercándose a su novio para luego atrapar los labios de este y darle un beso dulce y casto.
—Buenos días, cariño.— Tom se abrazó más al chico atrayéndolo mucho más a su cuerpo.
Bill comenzó juguetonamente a besar el cuello del joven, haciendo que pequeños gemidos de placer mudos salieran de su garganta.
Continúa…