Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 38
Poco a poco Bill fue bajando sus besos hasta llegar al pecho, abdomen, y parte baja de Tom. Sin previo aviso, bajó los bóxers de Tom mostrando al miembro de este que estaba flácido, y lo empezó a acariciar son sus largos dedos, haciendo de vez en cuando presión sobre la punta del mismo.
Tantas caricias fue haciendo que paulatinamente el miembro de Tom se fuera excitando, hasta que poco a poco creció entre la mano de Bill.
Tom tampoco se quedó atrás, sus manos fuertes y desesperadas comenzaron a acariciar el cuerpo de su novio, hasta que también le bajo los bóxers mostrando que ya estaba casi excitado, estuvo jugando un poco con la punta del pene de Bill y acariciándolo a la longitud de este, hasta que ambos consiguieron que sus miembros estuvieran completamente erectos.
Bill tumbó a Tom en la cama de nuevo, ya que este se había quedado encima de él, y comenzó a lamerle el miembro jugando con él con la lengua, haciendo que la respiración del mayor fuera entrecortada.
Bill se separó del miembro de Tom, y este tumbó repentinamente a Bill sobre la cama, y se apropio del miembro de su novio.
El roce de sus cuerpos hizo que cada vez se excitarán más, hasta que ambos se corrieron a la vez. Se besaron dulcemente los labios, y abrazaron calmando sus respiraciones agitadas.
—Al final has salido ganando tu, granuja.—Le dijo Tom a Bill el cual sonreía satisfecho.
—Siempre salgo ganando yo, soy un príncipe y tengo todo lo que quiero.—Le besó y se levantó de la cama, dándole la espalda a Tom y mostrando sus nalgas desnudas, haciendo que su novio se relamiera los labios.
—¿Sabes que tienes un culito muy bonito?—Dijo Tom apoyando su cabeza sobre su mano apoyando el codo en la almohada.
—¿Así?— Se giró Bill viendo a su novio.— ¿Podrías enseñarme también tu culito? Así estaríamos en paz.
—No…— Jugueteó Tom mientras que Bill intentaba girarlo.
—Venga no seas malo, novato…— Se quejó Bill hasta que consiguió hacer girar a Tom. Se quedó un poco impactado al descubrir que su novio tenía una marca igual a la de su hermano, pero solo era una simple coincidencia como otras tantas.
—¿Te pasa algo?— Preguntó Tom al ver que Bill se había quedado quieto.
—Nada.— Se excusó Bill.
—Te has puesto un poco pálido.— Añadió Tom al ver la cara de su novio.
—Creo que he tenido un bajón de azúcar.— Respondió Bill.
—Será mejor entonces que bajemos a desayunar.— Sugirió Tom.— No quiero que te desmayes.
—Si…— Respondió Bill.— Voy a darme una ducha. Tu deberías regresar a tu habitación, aprovecha que mi madre no se ha levantado aún, sino pensará mal.
—Vale.— Dijo Tom mientras se levantaba de la cama y se ponía su bóxers.— Nos vemos en un rato.
—Te quiero…— Susurró Bill para luego ser besado dulcemente por Tom.
Bill se metió rápidamente en la ducha para quitarse esas locas ideas de la cabeza, sabia que este Tom no era su hermano.
Media hora después tanto Bill como Tom ya se habían dado sus duchas para despejarse después de tan agitada mañana.
Cuando se arregló bajó al piso inferior.
—¡Uy! No esperaba verte despierta, mamá.—Se asombró Bill al entrar a la cocina.
—Hoy es un día largo tengo que empezar con los preparativos de esta noche.—Su madre le dio un beso.— ¿Puedes alcanzarme la fuente de cristal de arriba?— Bill ayudo a su madre y le bajo de arriba del armario lo que le pidió.— Gracias a dios que tengo un hijo tan alto. El desayuno lo tienes en la mesa de fuera cielo.
—¿Quién viene esta noche?—Preguntó Bill saliendo hacia la mesa del salón.
—Todos tus tíos y tus primos. También vienen los G’s con sus padres, la familia de Georg se iban a pasar las navidades a México y los de Gustav no se llevan bien ya lo sabes.—Explicó.— Ah y Andreas.
—Vamos, todos los de siempre. Suerte que la casa es grande, si no ya me dirías tu donde cabrían casi cuarenta personas.—Volvió a entrar a la cocina a dejar su taza de café vacía.
—¿Dónde esta tu amigo?— Preguntó Simone.
—Supongo que durmiendo aun.—Mintió.— Si no te importa mamá ahora iré a hacerle una visita a papá.—La madre le miro girándose casi de golpe.— Papá me llamo por mi cumpleaños, tuvimos una charla y le prometí que cuando estuviera en casa le iría a visitar.
—¿Iras con Tom?—Preguntó
—No tengo intención. Prefiero tener una charla privada. ¿No te importa que se queda aquí?—Miró a su madre con ojitos de perrito mojado.
—No. Creo que necesitaré la ayuda de un hombre, así nos conocemos.—Sonrió.
—Es verdad, olvidaba que Gordon era un mujercita.—Rió.
—No digas eso. Gordon esta haciendo algunas compras de ultimo momento.—Le excusó.
—Cierto también olvidaba que siempre compra los regalos el ultimo día.—Volvió a reírse.
—Eres cruel hijo…—Dijo sin remedio.
—Buenos días.—Apareció Tom en la cocina.
—Hola.—Respondieron madre e hijo a la vez.
—Vamos a desayunar mamá.—Dijo su hijo mirando a Tom para que le siguiera hacia fuera.
Caminaron hacia la gran mesa del salón y se sentaron para tomar su desayuno lo más completo posible.
—Cuantas cosas.—Dijo Tom al sentarse.
—Todo es casero. Mi madre ama cocinar.—Le explicó Bill.— Oye Tom, ahora saldré por un par de horas, iré a visitar a mi padre y me gustaría ir solo. Espero que no te moleste…—Tom se le quedo mirando fijamente cuando dijo es.
—Claro, ves no pasa nada.—Le dijo siendo comprensivo.
—No tardaré mucho lo prometo.—Avisó.
—No te preocupes estaré bien. Ayudaré a tu madre y si puedo iré a dar una vuelta.—Le dijo.
—Gracias.—Se levantó de la silla con una sonrisa.— Por cosas como esta es porque te quiero tanto.—Le susurró tomándolo de la cara y le planto un beso en los labios.— Me voy ya, así aprovecho el día. ¡Mamá me voy ya, no tardaré!—Gritó poniéndose la chaqueta mientras Tom le miraba.—¿Dónde están las llaves del coche de Gordon?
—Encima del mueble de al lado de la puerta.—Le respondió.— ¡Cuidado con la nieve!—Dijo saliendo de la cocina.— No quiero que tengas otro accidente de coche, ya has tenido suficientes.—Se acercó a el y le besó.— Ves con cuidado cariño, no corras por favor.
—Mamá…—Dijo con pesadez.
—Vale, vale. Adiós.—Bill se marcho dándole una ultima mirada a Tom.
—Simone… ¿Bill a tenido más de un accidente de trafico?—Preguntó Tom.
—Si… Tuvo lugar en la A24, a la altura de Rastow. El coche que iba delante de mi hijo frenó inesperadamente, y no tuvo tiempo de frenar y esquivar el coche, por lo que dio un volantazo para evitar la colisión y acabó chocando contra la barrera.—Explicó sentándose delante de Tom.— El resultado fue el destrozo por completo del Q7 de Bill y una reparación de 80.000€. Pero por suerte, salió ileso del accidente, aunque Bill asegura que si hubiera ido en otro tipo de coche, el resultado habría sido totalmente diferente.
—Vaya… ¿Y eso cuando fue?—Tom quería informarse.
—El 4 de Noviembre del 2009. Para mi hijo fue algo que le marco la vida por completo.—Respondió.
—¿Y después del accidente que sucedió?—Preguntó una vez más.
—Salió inmediatamente del coche y llamó con el móvil a la policía. Él estaba en shock y la policía tuvo que calmarlo por teléfono, hasta que llegamos al lugar del accidente. Su hermano llegó en seguida para calmar a su hermano menor, pero estaba incluso más preocupado por Bill que él mismo.—Narró con pena al explicar como su hijo mayor se preocupaba por Bill.
—Suerte que no fue nada grave al fin y al cabo…—Dijo algo más aliviado al saber la historia.
—¿Tu has tenido alguna vez algún accidente de coche?— Preguntó Simone intentando averiguar alguna cosa de la vida de Tom.
—Si…— Respondió Tom — No me acuerdo mucho como pasó el accidente, lo poco que sé es por personas que conozco que me contaron lo que había pasado.
—¡Madre mía!— Dijo con angustia Simone.— Es que las carreteras son muy peligrosas, por eso a mi no me gusta conducir mucho.
—Bueno… Al parecer Bill va a tardar bastante.— Dijo Tom un poco incomodo.— Si quieres te puedo ayudar en algo.
—Oh, sí…— Respondió la mujer.— Sería muy grata tu ayuda, no sabes tú la de personas que vendrán a cenar hoy a casa.
—¿Enserio?— Preguntó Tom un poco asombrado, no sabía que Bill tuviera tantos familiares.— ¿Cuántos seremos esta noche a cenar?
—Seremos unas cuarenta personas más o menos.— dijo Simone al amigo de su hijo.— Vendrán mis hermanos con sus respectivos hijos y los hermanos de Gordon con sus respectivas esposas. Después vendrán dos amigos de Bill con sus padres, y una hermana de ellos y después estaremos nosotros cuatros.
—Joder…— Susurró impresionado Tom.— Si que seremos personas…
—Sí, me alegro mucho que estas navidades mi hijo las pase aquí.— Sonrió Simone.— También me alegro de que tu estés, sé que eres un gran apoyo para mi hijo y eso me hace sentirme más tranquila. Bill lo pasó muy mal con la muerte de su hermano y el amaba estar en familia, ya que su trabajo le mantenía lejos.
—Bueno será mejor que nos pongamos manos a la obra.— Dijo finalmente Tom.— Sino nos va a coger el toro, y llegará la hora de la cena y estará todo sin hacer.
—Si.— Sonrió Simone.
Entre Simone y Tom recogieron la mesa donde habían desayunado, y se fueron a la cocina. Simone empezó a sacar sartenes y cacerolas por todos lados, haciendo que Tom se quedará un poco alucinado de tanto artilugio culinario.
Después Simone le ordenó que pelará unas patatas, ya que haría un pastel de patata. También haría carne trufada, aunque Bill se había hecho vegetariano el resto de la familia comía carne así que para la familia prepararía varias fuentes de carne trufada con patatas confitadas, y para Bill, iba a preparar unas brochetas de langostinos con salsa rosa, acompañada de una ensalada basada en productos para vegetarianos. Después haría el típico postre navideño que tenía frutas confitadas en el interior con una crema de almendra, llamado Stöllen.
Cuando ya estuvo todo preparado, Simone fue repartiendo la carne en varias fuentes de cristal, en las cuales las hornearían durante toda la tarde. Tom cuando vio que ya estaba listo casi todo, pidió permiso a Simone para poder salir.
—Bueno como todo está ya medio preparado me gustaría ir a dar una vuelta, y hacer unas compras de última hora.
—Vale, no te preocupes.— Respondió Simone al amigo de su hijo.
—Gracias. No tardaré mucho.—Tom subió a su cuarto y cogió algunas prendas de ropa para abrigarse del frío de la calle.
Cuando salió de la casa caminó calle a bajo hasta que encontró la parada de autobús y espero a que llegará. Fue el tiempo suficiente para notar que estaba muriendo de frío. Al llegar le preguntó al conductor si paraba cerca de algún centro comercial. Le respondió que si, así que tomo ese autobús hasta el centro de la ciudad.
Una vez que llegó se recorrió las tiendas lo más rápido que pudo para comprar unos regalos de ultimo momento. En Los Ángeles compró algunos, para Bill y sus padres pero no pensó que tantas personas irían a cenar. Así que ahora tenia que buscar más regalos.
A pesar del día tan importante que era hoy el centro comercial estaba lleno de personas que esperaban a hacer las compras en el ultimo momento. Como consecuencia no había mucha variedad donde elegir, lo mejor ya había sido comprado con antelación.
La suerte de Tom es que sabía perfectamente las personas a las que les faltaba por comprar regalo, Simone le estuvo hablando de cada persona que iría. Decidió intentar hacer variedad de regalos pero al final opto por comprar algunas cosas iguales. Donde más se esforzó fue en comprar los regalos de los primos pequeños de Bill. Tampoco seria muy difícil ya que los niños iban desde la edad de un año hasta los diez años. Según él, sabia Bill era el primo mayor de todos junto con Abril su prima de veinte años.
Mientras que Simone estaba con Tom en casa, Bill había cogido el coche de Gordon para ir a ver a su padre que vivía en Hannover. Condujo durante cerca de dos horas, hasta que por fin llegó a la casa donde vivía su padre desde que se había separado de su madre.
Después de la conversación tan intensa entre padre e hijo, se estuvieron tomando un café juntos. Después Bill se despidió de él, felicitándole las navidades y también por su futura boda. Jörg le comunicó que le mandaría una invitación para que él asistiera a la boda.
Bill se despidió de su padre, y se montó de nuevo en el coche, para ir volver otra vez a Hamburgo y tener una cena de nochebuena con toda su familia.
Tras otras dos horas de camino Bill llegó a su casa y se encontró ya con muchos regalos de bajo del gran árbol de navidad que había al lado de la chimenea.
—¿Cuántos regalos hay ya, no?—Dijo Bill como saludo de llegada.
—Si, Santa ya paso por aquí.—Respondió Simone en tono bromista.
—Enseguida bajo yo los míos.—Sin decir nada más Bill subió a su cuarto y empezó a sacar bolsas de una de las maletas. Una que trajo repletita únicamente de regalos. Con las manos y los brazos repletos de bolsas y regalos bajo a duras penas las escaleras, casi que no podía ver lo que había delante de el de tantas cosas que habían.
—¡Bill!—Gritó su madre al verlo tan cargado.—¿Pero que es todo esto?
—Regalos mamá. Sabes que me encanta ir de compras.—Dijo con obviedad. Con paciencia fue colocando los regalos en los bajos del árbol alrededor.—¿Por cierto donde esta Tom?
—Dándose una ducha.—Respondió.
—¡Ya estoy en casa!—Llegó Gordon con un montón de bolsas con regalos.
—Hola. Yo también voy a darme una ducha.—Dijo Bill corriendo escaleras arriba.
Bajo el árbol estaban los regalos de Simone, de Tom, de Bill y ahora de Gordon. Y a medida que fuera llegando la familia también los irían dejando allí. Los niños pequeños sabían que Santa Klaus había llegado a su casa, pero que los regalos no los podían abrir hasta la media noche, cuando sus padres les dieran la autorización.
Después de la ducha que tanto Bill como Tom se habían dado, se encontraron en el pasillo.
—Hola.—Saludó Tom mirando a ambos lados del pasillo y se acercó a Bill y devoró sus labios con ganas.
—Mmm… hola.—Respondió dentro del beso.—¿Cómo te fue la mañana con mi madre?—Peguntó una vez se separaron.
—Bien, mejor que ayer.—Sonrió. Ambos se dirigieron escaleras abajo, para ir a comer.
Gordon había encargado comida china esta vez, para así no manchar mucho, ya que en unas hora empezarían a llegar todos.
Durante la comida estuvieron hablando de temas triviales sin mucha importancia, más que nada comentaban como seria la celebración de esta noche. Sería una fiesta en familia, con muchas sorpresas, tradiciones y muchos regalos para todos.
—Mamá, Papá, ya nos encargamos nosotros de recoger todo esto. Vosotros iros a descansar un par de horas antes de la cena.—Les dijo Bill.
—Gracias cariño.—Le agradeció su madre sin negarse en absoluto. Llevaba todo el día en la cocina haciendo ricos platos y ahora se merecía un descanso para por la noche estar radiante.
Cuando Simone y Gordon se fueron de la cocina, Bill y Tom comenzaron a meter toda la loza que había sobre la mesa dentro del lavavajillas. Como ya habían acabado de meter todo, y pusieron en funcionamiento el electrodoméstico, tenían algo de tiempo libre, así que mientras estaban en la cocina, tímidamente aprovecharon a darse unos besos tímidos.
—¿Sabes que tus padres nos pueden pillar?— Dijo Tom mientras que Bill estaba sentado sobre él besando su cuello.
—No, lo creo. Están bastantes cansados.— Respondió melosamente Bill.— Seguro que tardarán bastante tiempo en despertar.
—Pero…— Dijo Tom aponiéndose a lo que iba a hacer Bill, ya que este había comenzado a acariciar su abdomen metiendo las manos por debajo de su camiseta.— Bill…
—Tenemos derecho a disfrutar un poco…— Susurró otra vez melosamente.— No seas tonto, cariño…
Bill comenzó a besar provocativamente a Tom mientras que instintivamente iba desabrochándole la hebilla del cinturón, que sujetaban los pantalones de su novio.
Después sin dejar de besar a Tom, metió su mano dentro del bóxers del chico y comenzó a jugar con el miembro hasta que notó que poco a poco se iba excitando más y más.
Pequeños gemidos de placer salían de la boca de Tom, aunque eran apagados por los labios de Bill, ya que este seguía besándolo.
Luego se separó, y cambio los labios de Tom por su miembro, comenzó a jugar con él mientras que con su lengua comenzaba a hacer círculos, haciendo que Tom respirará entrecortadamente y se reprimiera los gemidos, para así no levantar sospechas en los padres de Bill, que estaban en la habitación durmiendo.
Bill continuó durante un rato más, hasta que Tom por fin se corrió dentro de la boca del chico, luego Bill se incorporó y comenzó a besar los labios su novio, tras haberse tragado su semen, algo que volvía loco a Tom.
Al rato el chico de trenzas se colocó bien los pantalones, haciendo muestras de que no había ocurrido nada.
—Esto no me a gustado nada, Bill.—Le dijo.
—No seas mentiroso. Te a encantado.—Se acercó Bill a él después de haberse enjuagado la boca, para quitarse el sabor amargo de la esencia de Tom.
—No Bill, no confundas la forma en la que mi cuerpo reaccionó, a lo que realmente sentía.—Le dijo seriamente.— Imagínate que llega a entrar uno de tus padres… Dios no me lo quiero ni imaginar.—Llevó sus manos a la cara tapándose muerto de la vergüenza y frustración solo de pensarlo.
—Pero no a pasado, ¿verdad?—Le preguntó Bill retóricamente retirando las manos de su cara y sentándose en su regazo.
—Bill eres demasiado extraño, un día temes que tus padres me vean, otro me los quieres presentar, y ahora no te importa que puedan pillarnos en su propia casa.—Bill se abrazó a su cuello y acarició con sus dedos el cuello de su novio.
—Tienes razón… pero necesito sentirte… te extraño…—Susurró Bill.
—Estoy contigo siempre, pequeño. Me tienes a tu lado, no estoy en la otra punta del mundo.—Intentó que comprendiera.
—Vamos a la habitación por favor.—Pidió Bill.
Tom aceptó la petición sin decir nada y ambos emprendieron camino hacia el piso superior, a la habitación de Bill.
—Si venimos a tu cuarto para…—Dijo Tom.
—Dormir.—Terminó la frase por él.
—Entonces mejor que me vaya. Tampoco seria una buena idea que nos vean acostados juntos.—Dijo convencido Tom.
—No vamos a dormir abrazados, así no será raro, si es lo que te preocupa.—Explicó algo molesto por los desplantes de su novio.
Tom suspiró abatido. No llevaba ni un día bajo el techo de los padres de Bill y ya se sentía agobiado por no poder ser libre en sus actos y tener que estar controlándose a cada momento.
Se recostó al lado de Bill y le dio la espalda sin meditarlo más, el menor por su lado se le quedó mirando. Por un momento quiso tocarle el hombro, hacer que se diera la vuelta y besarle lentamente entregándole todo el amor que sentía por él.
Dejando ir un suspiro al aire se recostó en su cama dándole la espalda a Tom. Minutos después y tras llorar en sus pensamientos, cayó rendido y cogió un sueño profundo.
Dos horas más tarde Bill despertó y vio que su novio aun dormía. Él se levanto y se encamino a su maleta, viendo que era lo que vestiría esta noche tan importante.
Una vez lo hubo decidido se fue al baño y se vistió con la ropa nueva, dejando la otra tirada en el suelo. Cuando se hubo vestido procedió a maquillarse perfectamente. El siguiente pasó fue arreglar su pelo. Con tiempo y dedicación elevó los mechones de su pelo dándole forma a su tupé negro. No puso mucha laca, esta vez decidió que se le viera más natural y no tan brillante por el efecto de la laca u otros productos para fijar el cabello. Por ultimó salió a su habitación y eligió unas botas altas de cordones para ponerse.
Las cogió y se sentó en el borde de la cama para poder ponérselas.
—Tom, despierta.—Le llamó sin ningún tipo de cuidado mientras desabrochaba las cremalleras.—Yo ya estoy listo. Tienes que empezar a arreglarte van a llegar todos.
—Si…—Dijo desperezándose. Ya que Bill no le despertó de forma muy dulce, si no todo lo contrario de forma brusca y seca con su voz.
—Ya estoy. ¿Cómo me veo?—Preguntó Bill alzándose para que su novio pudiera verle de pies a cabeza.
—Muy comestible. Si, exquisito.—Dijo Tom abrazándose a la almohada.
—Estupendo porque no estoy en tu menú. Puedes mirarme discretamente pero no tocarme.—Dijo de forma tajante.
—Era lo que tenía pensado hacer, tranquilo.—Tom se levantó de la cama y se marchó dando un pequeño portazo molesto por el tono de voz de Bill.
Tom se adentro en la habitación del hermano de su novio y buscó entre sus maletas otra muda de ropa para ponerse para la cena de navidad. Sus típicos pantalones anchos de color claro esta vez, que acompaño con unas deportivas completamente negras y brillantes. En la parte superior se decantó por una camiseta de botones negra. Los tres últimos botones los dejo desabrochados mostrando algo de su pecho. Se arregló las trenzas bien sobre los hombros y se perfumó un con algo de perfume.
Una vez arreglado bajo al salón y allí se encontró con Gordon viendo la televisión, ya vestido y arreglado. A su lado estaba Bill viendo la tele sin prestarle atención, aunque de reojo lo había visto y le había parecido terriblemente sexy y guapo, pero el chico estaba completamente dolido por lo que le había dicho Tom hace un rato, así que no iba a dar muestras de reconciliación a Tom.
Gordon si se fijó en el amigo de su hijo, en lo bien arreglado que estaba, completamente diferente a como lo había visto por la mañana.
Al poco rato, Simone entró en el salón y también se quedó mirando a Tom, realmente el chico estaba guapísimo así que Simone no pudo reprimir sus deseos de decirle los guapo que estaba.
—Caray Tom que guapo te has puesto.— Dijo la mujer haciendo que Tom se sonrojara un poco avergonzado, mientras que Bill miraba a su madre con el ceño fruncido.
—¡Mamá! Tom es más joven que tú.— Exclamó Bill a su madre sin perder el tiempo.— Estás casada y tu marido merece respecto.
—¿No puedo decirle solo a tu amigo lo que pienso?— Preguntó Simone.— Además yo solo tengo ojos para tu padre, ya lo sabes.
—Bill hijo, no saques las cosas de quicio.— Calmó la situación Gordon.— Hay que decir que Tom ha aparecido con un gran cambió al ponerse esa camiseta un poco entallada, no llevando su camiseta ancha.
—Lo ves, hijo.— Dijo Simone otra vez.— Hasta tu padre lo dice. Bill no dijo nada más y se quedó callado viendo atentamente la televisión.
—Cielo me puedes acompañar a la cocina un momento. Necesito que me ayudes en una cosa.— Le dijo Simone a su marido.
—Claro.— Respondió Gordon a su mujer.
Al poco rato, Simone y Gordon ya se habían metido en el interior de la cocina dejando a solas a Bill y a Tom.
Tom se sentó un poco incomodo en el sillón al lado de Bill. Esa situación lo estaba sobrepasando, no comprendía porque se había comportado de esa forma en la habitación, como ahora en el salón. Pero sabía con certeza que Bill estaba enfadado con él, y temía que esa noche mágica se fuera a echar a perder por la necedad de Bill.
—¿Se puede saber que te pasa?— Preguntó en un susurro Tom a su novio.
—No tengo por darte explicaciones.— Susurró de nuevo Bill a su chico, haciendo que el ambiente se volviera más tenso sin duda.
—Tu mismo.— Dijo con un poco de enfado Tom, para luego cruzarse de brazos y seguir viendo la televisión.
Durante más de una hora, estuvieron en silencio viendo la televisión sin decirse ninguna palabra, ninguna muestra de afecto. Gordon y Simone seguían en la cocina acabando de ultimar las ultimas cosas que les quedaban por poner en la mesa. Poco a poco el timbre comenzó a sonar, llegando los invitados a la casa de los Kaulitz.
Al parecer todos se pusieron de acuerdo para llegar a la vez, los padres de Georg y Gustav junto a ellos y la hermana de Gustav, fueron los primeros en llegar y empezar a saludar. La reacción de los mayores fue exactamente como Bill y Tom se la esperaban algo tensa, pero no mal del todo.
—¿Tom que haces aquí?— Preguntó asombrado Georg dándole un apretón de manos.
—Bill amablemente me invitó para que yo no pasará las navidades solo.—Explicó sonriendo.
—Estará bien tenerte, así podremos divertirnos más.—Dijo Gustav también estrechándole la mano.
—Chicos podéis dejar todas las cosas. Ya sabéis sentiros como en vuestra casa.—Dijo Simone mientras se dirigía a una parte de la casa junto con los mas adultos de todos.
Momento más tarde cuando los cuatro jóvenes ya estaban acomodados y charlando cuando el timbre volvió a sonar, así que Bill se levantó y fue abrir. En ese momento los tres chicos restantes se levantaron para ir a recibir a la familia de Bill.
—Buenas noches, tíos.— Dijo Bill alegre enseguida fue abrazado sin parar por sus tíos que lo habían extrañado mucho, a la vez que le empezaban a bombardear con cientos de preguntas de su estado, de cómo le había ido todo en L.A y de su vida y trabajo.
—Ya tendremos tiempo de hablar de todo eso durante la cena.—Respondió algo aturrullado. El resto de la familia saludo a los chicos y se pararon en Tom observándolo y saludándole educadamente pero algo distantes.
—¡Primo Bill!—Gritaron los niños abalanzándose sobre las piernas de Bill siendo rodeado por unos siete niños y niñas de diferentes edades, pero pequeños.
—¡Hey pequeñajos! ¡Madre mía como habéis crecido!—Dijo agachándose para poder estar más a la altura de los niños.— La ultima vez que os vi erais así de enanos todo.—Hizo un gesto con la mano.
—¡Tom! ¡Primo Tom!—Gritó Gisselle una niña de cinco años, rubia con unos grandes ojos azules.
—¡Tomy!—Gritaron a coro el resto de los niños al percatarse de la presencia del amigo de Bill. Todos fueron a abrazarlo casi tirándolo al suelo, dejándolo un poco descolocado.
—Mami nos había dicho que te fuiste de viaje al cielo. Ha pasado mucho tiempo creí que no volverías a casa nunca.—Habló rápidamente Gisselle.
—Si, mi mami dijo lo mismo. ¿Cómo es el cielo? ¿Hay mucha gente? Mamá decía que allí todo es bonito.—Dijo Alexander. Bill, Georg y Gustav miraban la escena de forma tierna, mientras que Tom se veía entre la espada y la pared, tenía que pensar rápido.
—Vamos al sofá y hablamos.—Dijo intentando salir del paso.
Tanto los niños pequeños como Tom y el resto se dirigieron al salón y se sentaron en los sofás y en la alfombra de pelo blanco, ya que no cabían todos. La pequeña Gisselle quiso sentarse en el regazo de Tom y el no se lo negó. La pequeña se abrazo fuerte al cuello de su primo y sonreía feliz de volver a estar con su primo favorito.
—Te extrañé mucho, Tomy…— Dijo tiernamente la niña mientras se abrazaba fuertemente al cuello de su primo.— ¿Me volverás a llevar al parque de atracciones?
—Mm… a ver…— Dijo Tom intentando captar la atención de los primos pequeños de Bill, mientras que la pequeña Giselle lo miraba atenta con ojos embobados.— Yo no soy el primo Tom, soy un amigo de vuestro primo Bill pero por casualidad me parezco mucho a vuestro primo Tom.
—¿Entonces no has estado en el cielo?—Preguntó el pequeño Alexander un poco decepcionado.
—Bueno realmente no he estado en el cielo, pero he hablado con vuestro primo Tom, porque he sido muy amigo de él, y me ha contado muchas cosas del cielo.— Explicó Tom.
—¿Qué te contó?—Preguntó ahora la pequeña Giselle mientras que sus pequeñas mejillas se volvían un poco sonrosadas.
—Me dijo que el cielo no hay personas adultas, son todos niños, más bien ángeles. Están todo el día sonriendo y jugando mientras que algunos tocan instrumentos. Por las noches el cielo se vuelve estrellado, viéndose la aurora boreal que es de muchos colores como el arco iris…—Contó Tom inventándose una historia, haciendo que todos los pequeños estuvieran atentos a él.— También me contó, que allí no hay peleas, todos se llevan muy bien.
—Yo quiero irme al cielo…— Dijo emocionado Alexander.
—No, pequeño aún tienes que disfrutar mucho de la vida aquí, tienes que crecer.—Dijo Tom al pequeño.—Tienes muchas cosas importantes que hacer aquí.
—¡Vaya! Que fastidio, quería irme con el primo Tom.— Se desilusionó el pequeño Alex.
—¿Nos vas a dar dulces primo Tom?— Preguntó Giselle a su primo, ya que cuando siempre iba a casa de los gemelos, Tom a ella y sus demás primos les daban dulces.
—Si comes tantos dulces se te van a caer los dientes, Gissy.—Contestó cariñosamente Tom a la pequeña. Sinceramente se había encariñado con la niña, era una ricura parecía un pequeño angelito.
—Primo Tom prométeme que no te vas a volver a ir.—Se volvió a abrazar fuertemente Giselle al cuello de su primo.—Por favor… Te he extrañado mucho…
—Nosotros también primo Tom.—Dijeron los demás pequeños, que ya se habían olvidado lo que Tom les había dicho de que no era su primo.
Por una parte Bill se había sentido conmovido por la historia que le había contado Toma los pequeños de sus primos y lo bien que se le daban los niños. Georg también quedó impresionado al igual que su pareja Gustav. Y al otro lado de la sala y de la cocina, donde se encontraban los mayores, tampoco paso por alto ante los ojos de Simone y el resto de la familia.
—Bill cielo puedes venir un momento.—Le llamó su madre, la cual estaba rodeada de más presentes. Bill se levanto de su puesto, y se dirigió hacia el llamado de su madre.—¿Qué esta pasando que todo estabais tan atentos a Tom?
—Oh, los peques se pensaban que Tom era nuestro Tom, y él dulcemente les a explicado una historia diciendo que él no era su primo, el cual aun esta de viaje en el cielo. También les contó otras cosas muy bonitas.—Sonrió.—Pero a pesar de eso es tan similar a mi hermano que a los niños se le a olvidado y le siguen llamando primo.
—Que bonito por su parte. Parece ser que se le también los niños pequeños.—Comentó una tía de Bill. De fondo se escucharon las carcajadas de algunos niños y era que Georg y Tom estaban jugando con ellos, haciendo que las carcajadas infantiles inundaran el gran salón.
Bill volvió con sus amigos y se unió a los juegos son sus primos, disfrutando de los momentos en familia.
Más tarde los niños decidieron ir a jugar con los perros mientras que los mayores podían conversar de sus cosas, uniéndose momentos más tarde con el resto de los adultos. Esos momentos en los que se informaban de sus vidas fuera del país que los vio crecer durante años.
Tras un rato de charla las mujeres desaparecieron a la cocina para empezar a sacar los entre platos y empezar a comer y beber algo antes de la gran cena de navidad.
En cuanto los pica—pica se pusieron sobre la mesa los niños pequeños abordaron para comerse los canapés.
—Hey dejar algo para los mayores.—Reclamó Gordon haciéndole cosquillas a uno de los pequeños monstruos de la familia.
—Están ricos…—Dijo Bill comiéndose uno.
—Esos los hizo Tom.—Le dijo su madre.
—Bueno tampoco son nada del otro mundo, no tiene misterio hacerlos.— Miró a Tom y a él le sentó mal el comentario de Bill, pero se lo esperaba ya que estaba molestó con él.
—Pues a mi me gustan están ricos…—Dijo Gisselle subida arriba de una silla para alcanzar la comida.
—Gracias pequeña.—Tom le sonrió y la niña le devolvió el gesto enseñando sus blancos dientes de leche.
Después de ese pequeño tentempié los pequeños fueron a sentarse a una mesa para que comieran por su lado, y los mayores en otra gran y larga mesa en la que compartirían cena.
Como era de esperar la mesa estaba estructurada básicamente por parejas, cada matrimonio sentado el uno al otro, haciendo que Bill y Tom fueran una pareja, que Gustav y Georg otra, y la hermana y la prima mayor juntas, quedando justamente todos emparejados, algo difícil de creer, todos eran pares.
Empezaron con un plato típico de navidad y bien recibido con este frío que podía llegar a ser infernal, una buena sopa caliente.
Entre conversaciones cruzadas se terminaron el primer plato de sopa y enseguida empezaron con el segundo que era un pavo asado, pero para Bill había lasaña vegetariana. Bill se vio avasallado por algunos comentarios sobre ser vegetariano, pero el mantuvo su postura a favor de los animales.
La cena fue pasando con gran rapidez, y en todo ese rato Bill no le dedico a Tom ni una simple palabra a pesar de que compartían algunas conversaciones y era tema principal de muchas de ellas.
Cuando la medianoche llegó, todos se levantaron de la mesa para ir al árbol de navidad a coger los regalos que Santa Klaus les habían traído. Los pequeños de la casa estaban muy emocionados y muy alegres, contagiando a los más mayores su alegría.
Continúa…