Fic de Carla Moonlight. Temporada 2

Amnesia. Capítulo 9

Georg le besó en los labios y Gustav le correspondió inmediatamente con necesidad.

Se fueron guiando el uno al otro entre empujones y pasos torpes hasta la habitación de Georg donde cayeron a la cama, y donde siguieron besándose desesperadamente.

Gustav rompió el beso y rápidamente cogió el bajo de la camiseta de Georg y se la quitó de un tirón observando como sus musculoso torso bronceado se dejaba ver.

Sin que Georg se lo esperara su amigo toco su miembro sobre la tela del pantalón, haciendo que soltara un grave gemido.

Tanto Georg como Gustav parecían haberse olvidado que estaban el uno con el otro y no con una mujer. Su excitación era tan grande que no les importaba.

Siguieron tocándose y desvistiéndose hasta que quedaron ambos desnudos.
—Mmm Gustav has adelgazado…— Dijo Georg besando el cuello de Gustav mientras se rozaba contra él.
—Te has dado cuenta…— Sonrió.— Mmm… estoy yendo al gimnasio y haciendo ohh… dieta.— Dijo entre gemidos.
—Me gusta la idea…— Le acarició la cara dulcemente mirándole dulcemente a los ojos, luego le besó de la misma forma.— Gus, chúpalos.— Georg posó sobre sus labios de su amante los dedos índice y corazón para que los humedeciera con sus saliva y poder prepararlo.

Gustav abrió los labios y metió los dedos de Georg lamiéndolos y jugueteando con su lengua, mientras el mayor se concentraba en sus labios en el cuello de Gustav y hacia un pequeño vaivén, haciendo que sus penes se friccionaran seguidamente.

Cuando sus dedos estaban bien húmedos los retiró e hizo separarse más de piernas para así encontrase la pequeña, estrecha y caliente entrada.
—No me hagas daño…— Susurró Gustav con miedo, sintiendo como Georg empezaba a tantear la entrada.
—Claro, pero relájate.— Dijo empezando a hacer presión y viendo como se tensaba y cerraba fuertemente los ojos.

Cuando los hubo metido por completo hizo movimientos circulares y simulando unas tijeras abrirse y cerrarse, para dilatarlo.

Gustav se quejaba por la intrusión, se sentía muy incomodo, no sabia que fuera él, el que se dejaría hacer, pero así fue esta vez.
—Mmm duele…—Le hizo saber a su amante.
—Se te pasara enseguida.—Le besó.— Haré que te guste…— Mientras seguía lubricando y abriendo su entrada, tomó el miembro de Gustav y lo masajeó para darle un leve placer a su sufrimiento.
Aprovechando ese mínimo placer que sentía, lo utilizó para meter un tercer dedo.
—¡Auch!— Se quejó Gustav sonoramente.— Esto es doloroso. Para…— Pidió.

Georg movió sus dedos de forma diferente pareció haber tocado la próstata de Gustav. Su gemido de placer le hizo saber que estaba en lo cierto, así que volvió a tocar ese punto, haciéndole gemir de nuevo.
—¿Ahora te gusta más?— Georg se concentró en su propio miembro y en los movimiento en el interior de Gustav.
—Si… esto es… Ahh… otra cosa.— El mismísimo Gustav se movió para profundizar los dedos de Georg en él.
—Gustav voy a hacerlo, no aguanto más.— Retiró los dedos.
—Si, hazlo.— Le dio su aprobación. Georg sacudió unas veces su pene para excitarlo más. Con la ayuda de su mano la guió hasta la entrada de Gustav.— ¡No, no así me va a doler mucho!
—¿Qué quieres que haga?— Preguntó.
—Hazlo con lubricante o algo.— Le pidió Gustav aterrado.
—¿Tu que te piensas que soy? ¿Una tienda de sexo o una farmacia? Solo tengo condones y no creo que nos hagan falta.— Empezó a entrar en él.
—¡Gilipollas ponte uno!— Le gritó.— Tienen lubricante.
—Esta bien.— Georg rápidamente cogió uno y se lo puso.—¿Contento?—Preguntó con sorna.
—Más tranquilo.— Le respondió Gustav borracho y cachondo volviendo a besarlo.

Su amigo/amante volvió a guiar hacia Gustav su miembro para penetrarlo de una buena vez.

Fue haciendo presión, conteniendo la respiración, adentrándose en el lentamente, sintiendo como el cuerpo de Gustav apretaba su miembro, haciéndole sentir algo que jamás sintió. Era cálido y apretado, muy placentero para su cuerpo, haciéndole suspirar incontroladamente ante tanto placer.

Gustav sentía como su interior se abría rompiéndose ante la intrusión del gran miembro de Georg, pero una mínima parte de esa lenta penetración le gustó. Pero de todas formas le dolió y se lo hizo saber a Georg con quejas de dolor y algunos rasguños provocados por sus cortas uñas.

Cuando el pene de Georg llegó al limite se detuvo por completo y cogió una bocanada de aire mientras miraba a Gustav con algo de pena, pero con mucho amor.
—Esto es insufrible…— Dijo con voz rota.
—Eres fuerte mi amor…— Susurró Georg besándolo suavemente y descendió los besos por su cuello mientras “su chico” se acostumbraba a la intrusión que le tenia adolorido.

Georg se retiró un poco para dar una corta y pequeña envestida. En la retirada Gustav soltó un leve gemido al sentirse algo más liberado. Luego Georg volvió a penetrarlo.

Lentamente empezó a moverse, cogiendo ritmo al tiempo que los quejidos de Gustav disminuían y se convertían en suspiros placenteros.

Ahora todo era distinto que al principio, Georg no sufría por el dolor de su amante y Gustav ya no se sentía morir en el dolor.

Ambos estaban ya disfrutando del sexo entre hombres, los dos buenos amigos que probaban nuevas experiencias.

Georg gemía con cada penetración, cuando Gustav lo envolvía con fuerza, mientras el hacia lo mismo cuando su amigo tocaba ese lugar mágico y excitante que lo hacia quedarse sin respiración y curvar las espalda por el placer.

A Georg no le quedaba mucho por terminar y quería hacerlo a la vez que Gustav, así que empezó a masturbarle con insistencia mientras las envestidas también aumentaban la velocidad, haciéndole volverse loco por el placer.

Gustav aun no llegaba al clímax y Georg estaba ya sintiendo los espasmos recorrer su columna vertebral hasta llegar a la punta de su miembro, derramándose en cuestión de segundos dentro del preservativo.

De lo más profundo de su garganta salió un gemido desgarrador, arrancándole otro a Gustav al envestir con fuerza su próstata.

Georg abatido dejo caer su cuerpo sudado sobre el de Gustav, pero aun y así no dejo de masturbarlo, quería hacerlo llegar al orgasmo que el sintió.

Sus dedos se concentraron lentamente en la punta de su pene unos segundos haciéndole que se estremeciera por completo.

Al retorcerse Gustav, Georg gimió al sentir de nuevo el roce del interior de Gustav.

Georg acaricio la longitud de Gustav un par de veces más hasta que derramo su esencia acompañándola con un gemido para nada tímido.

Se miraron a los ojos y sonrieron para luego besarse una vez mas, dulce y lentamente.
—A estado bien ¿no?— Preguntó Gustav.
—Espectacular…— Georg salió del cuerpo de su amigo y se deshizo del condón tirándolo por el suelo.— Jamás me había sentido tan pleno…— Al girarse se encontró a Gustav con los ojos cerrados, aparentemente dormido. El mayor opto también por dormirse.

Los rayos de sol penetraron en la habitación, haciendo que Gustav que aún estaba semidormido abriera y cerrara los ojos por la molestia causada por los rayos de sol, que ya habían inundado por completo la sala.

Se giró y lo que vio le hizo pensar que estaba flipando unicornios y enanos, al ver a su amigo Georg y a el desnudos.

Sin decir, ni hacer nada de ruido se levantó dejando a Georg dormir. Se marchó a su habitación y se da un baño para luego vestirse para ir a la empresa de su padre, hoy llegaba desde Alemania para supervisar personalmente el trabajo que estaba haciendo su hijo.

Cuando sale de la habitación y va hacia el salón se encuentra con Georg ya despierto.
—Gustav, ¿por casualidad no has visto salir a alguna chica de mi habitación no?—Le pregunta por la supuesta chica con la que paso la noche, eso le da una prueba de que Georg no recuerda nada de lo sucedido.
—No, no he visto a ninguna chica.— Le responde Gustav sin mirarlo.
—Es que no me acuerdo de nada después de…— A Gustav se le acelero el corazón. El lo recordó todo al ver a Georg a su lado, si no tampoco se acordaría de nada.— Desde que empecé a besarme con una chica en los sofás.
—Ya te he dicho que no he visto a nadie. No me hables, tengo la cabeza como un bombo.— Gustav termino su café con leche y lo dejo en la mesa.
—¿A dónde vas?— Preguntó su amigo interesado.
—A trabajas donde te piensas.— Gustav se levantó con una disimulada mueca de dolor.— Encima soy yo el que recibe… manda huevos…—Murmuró.
—¿Qué dices?— Preguntó Georg al no enterarse de nada.
—Que creo que no fue buena idea salir ayer.— Mintió.
—Gustav, ¿estas bien? Creo que sigues borracho, hoy es Domingo.— Dijo Georg preparando su café.
—Si me prestaras atención cuando te hablo de algo que no sea de la guarra de mi ex, sabrías que día es hoy.— Gustav se puso la americana del traje, cogió las llaves de su coche y salió de casa dejando a Georg un poco descolocado.

Apartamento Kaulitz

Un nuevo día amaneció para Bill y Tom Kaulitz o debería de decir Tom Schmidt.

Tom se despertó bastante pronto para irse a casa, darse una ducha e ir a trabajar. No se despidió, ni despertó a Bill porque la habitación donde dormía estaba cerrada.

En la cocina vio una libreta y un boli así que le escribió una nota y la dejó sobra la cama donde el durmió.

Poco después Bill despertó sonriendo por lo sucedido anoche con Tom, pero esa sonrisa se le borró al darse cuenta de donde estaba, la habitación de su hermano.

Se levanto y salió del cuarto para ir al suyo a ver a Tom y despertarlo.

Abrió la puerta y se encontró con la cama hecha, agudizo el oído, pero en el baño no había nadie. Volvió la vista a la cama y se tumbo en ella. Ya no olía a el, ahora olía a Tom.

Bill abrió los ojos de golpe, olía igual que su hermano y eso lo exalto, haciendo que diese un bote de la cama, entonces se encontró con una nota escrita con letras mayúsculas.

GRACIAS POR DEJARME PASAR LA NOCHE EN TU CASA, TE LO AGRADEZCO.

RESPECTO AL BESO, ME GUSTO, NO ME ARREPIENTO 😉

NOS VEREMOS PRONTO LO SÉ, MUÑEQUITO.

CUIDA TU SALUD Y CUALQUIER COSA LLÁMAME
ESTE ES MI NUMERO:

674 951 356 01 89

BESOS.

TOM SCHMIDT

Incluso su letra era casi igual que la de Tom, lo único que esta era recta y no cursiva como la de su hermano.

Al leer la carta sonrió como un tonto, miro la hora y se dio cuenta que llegaría tarde al rodaje del anuncio.

Fue al baño y se ducho rápidamente y se puso una ropa cualquiera y salió corriendo hacia su coche, se montó con rapidez pero no se paso el limite de velocidad, aun tenia un poco de fobia, aunque haya pasado un año del accidente.

Bill quedó con su amigo Andreas en que hoy le acompañaría a la agencia por su primer día de trabajo, pero después de lo de anoche no se verían hasta la tarde.

De todos modos hoy no iban a trabajar seriamente, es Domingo, solo irían unas horas para saber con quien trabajaría Bill y todos los modelos probarse la ropa, por si había que cambiar algo.

Andreas paso la noche en casa de un chico llamado Luck, con el que se acostó, sin importarle el no conocerlo de nada. Pasaron una noche ajetreada en la que Andreas no era el que dominaba, le había tocado ser el pasivo esta vez, aunque no le gustaba, pero era sexo y lo disfrutaba.

Al despertar la mañana siguiente antes de volver al apartamento de Bill tubo otra sesión exhausta de sexo.

Luck era guapo, coqueto y simpático, tenia una apariencia de niño tímido pero no era para nada así, tenia carácter y sabia lo que quería.

Después de la sesión de sexo se despidieron y Andreas se fue a casa de Bill. Al llegar no vio a nadie en el cuarto de el, lo que encontró a su paso fue una nota. Tom había pasado la noche con el, ¡y aun por encima se besaron!

El pobre moreno cayó en el pozo de la celosía. Le pediría explicaciones a su amigo ¡Tiene novia y se besa con chicos! ¿Era solo una tapadera para ocultar su homosexualidad? ¿Por qué no le ha dicho nada a el, que era su mejor amigo?

Bill llegó a la agencia justo a tiempo. Una chica de no más de veinti seis años le guío a una sala donde había mucha gente preparando la decoración y las cámaras, para así adelantar trabajo el próximo día.

Al entrar en la sala un hombre mayor se dirigió a el sonriendo, Bill le conocía. La gente que sabia y tenia un poco de conocimiento sobre moda sabia quien era Giorgio, Giorgio Armani.
Bill no tenia ni idea de que trabajaría para él.
—Tu debes de ser el famoso Bill Kaulitz.— Le tendió la mano para saludarlo.
—Si señor.— Contestó Bill con educación.
—Bill, vamos a trabajar juntos, yo soy quien va a estructurar este spot, aunque mi ropa no participe en ello, aunque si mis modelos hombres.— Bill estaba encantado de poder trabajar con alguien tan talentoso como era el.
—Es un honor.— Sonrió
—Si no te importa, sígueme, así conoces con todos los que trabajaras en la segunda parte del anunció.— Bill sin decir nada le siguió hacia otra sala donde había cuatro chicos y cinco chicas.

Nada más entrar Giorgio todos se rejuntaron, para que pudieran presentarse a Bill, dejando de mirar la ropa de los percheros.

Cada uno fue diciendo su nombre y edad, iban desde los diez y ocho a los veinte uno. Los chicos tenían pinta un poco de modelos con el ego subido y las chicas de guarras pijas, o eso es lo que decía su aspecto y estilo de ellos.
—¿Dónde esta el nuevo Rocco?— Le pregunta un chico viendo que faltaba un chico.
—No a llegado aun señor.— Le respondió.
—Esta bien, iros cada dos con uno de los estilistas para probaros la ropa.— Les ordenó.— Tu Bill estarás separado con el nuevo, que llega tarde.— Bill volvió a seguirlo.
—¿Voy a estar con un novato?— Preguntó.
—Si, es el único que daba la talla, supero nuestras expectivas sorprendiéndonos a todos.— Entraron en una salita y había una chica rubia preparando algunas cosas sobre el tocador.

Ella al sentir la presencia se giró y Bill casi se pone a llorar al ver de quien se trataba.
—¡Natalie!— Caminó hacia ella y la abrazó con mucha fuerza. Hacia meses que no la veía y por teléfono hablaban poco ya que Natalie viajaba mucho ahora.
—Bill, cuanto tiempo…—Te he echado tantísimo de menos…— Se separaron del abrazo.
—Voy a ver si encuentro al nuevo.— Giorgio sonreía al verlos y se marchó.
—¿Cómo estas?— Se sentaron en un sofá.— La ultima vez que te vi fue en el hospital cuando…— No lo dijo, Bill ya le entendía, desde que intento quitarse la vida.
—Bien no te preocupes. Hace mucho que no hablamos, no lograba localizarte.— Le dijo Bill.
—Perdí el teléfono…— Se avergonzó.

Fuera de la salita se escuchaba una conversación, más bien una bronca, seguro que era el nuevo, pensó Bill suspirando.

El nuevo era Tom, el cual se limitaba a asentir y disculparse, en breves volvería a reencontrarse con Bill.

Natalie y el siguieron hablando mientras esperaban al novato, el cual no tardo mucho en hacer acto de presencia en la habitación, abriendo la puerta, dejando a la pobre Natalie traumatizada.
—Bill…— Nat no aparto la mirada del fantasma. Bill se giró y se sorprendió al saber que el novato era Tom.
—Nat no te asustes, no es el, solo se le parece mucho, yo lo conozco, es mi amigo.— Le dijo Bill para que no se asustara mucho.
—No puede ser, es como… él.— Dijo sorprendida.
—Lo sé…— Tom ya ni se molesto en explicarse, al parecer todo el mundo lo conocía, o al menos a un chico igual a el muerto.

Natalie decidió ponerse a trabajar y no pensar en el chico que tenia delante de sus narices exactamente igual que el fallecido Tom Kaulitz.
—Ves tras ese biombo y cámbiate de ropa. Esta toda emparejada, así que pruébatela tal cual esta. Cada vez que te pruebes una, sales y me la muestras.— Dijo tajantemente hablándole a Tom.
—Menuda borde…— Murmuro Tom, pero Bill lo escuchó y saltó a la defensiva.
—No te metas con Nat.— Le dijo Bill cortante mientras se dirigía tras su biombo, el ya sabia que tenia que hacer sin necesidad que nadie le diera indicaciones.

Empezó a desvestirse y a ponerse la ropa que le habían preparado. El primero en vestirse fue Tom, así que salió tan solo con un pantalón y unas deportivas.

Natalie se le quedo mirando y se arrodillo frente a Tom mirándole el bajo del pantalón colocándoselo bien.
—Nat, ¿Cómo esta tu hija?— Preguntó Bill.
—Enorme, ya habla un poco.— Tom escuchó curioso.— ¿Y los G’s como andan?
—A Gus le dejo su novia hace poco, pero no esta muy afectado al parecer. Y Georg sigue como siempre.— Bill salió vestido.
—Vaya, pobre Gus…¿Y tú?¿Ya te has echado novia?— Ahora se fue hacia Bill para observarle la ropa.
—La verdad es que si.— Bill sonrió y Natalie se sorprendió. Bill le contó mientras Tom escuchaba con desgana y Nat le arreglaba.
—¡Wow! ¡Me alegro tanto Billy! Ahora vengo, tengo que buscar algunas cosas. Cambiaros.— Natalie se fue y Tom se acercó a Bill.
—¿Tu y ella habéis tenido algo?— Preguntó Tom con algo de recelo.
—Fue mi maquilladora cuando teníamos el grupo.—Bill se aparto de Tom, porque estaban muy cerca y se fue tras su biombo para poder cambiarse de ropa.—¿Estas celoso?— Sonrió.
—¿Yo? No. ¿Debería de estarlo?— Tom asomó la cabeza mirando a Bill que estaba ya sin camiseta. Cuando el lo vio dejo de desvestirse.— Celosa debería de estar tu novia, a la cual has engañado con un chico, que soy yo.— Dijo con orgullo Tom.
—Ella no lo sabrá si tu no abres tu bocaza.— Le señalo Bill amenazante.
—Mmm…— Tom con su pose chulesca apoyado en el biombo de Bill, fingió estar pensando.— Esta bien.— Sonrió y Bill se hizo esperanzas.— No diré nada, si mantienes esta bocaza ocupada, ya sabes…— Bill le miró encharcando una ceja.
—Se me ocurre algo bastante grande con lo que callarte.— Tom se sorprendió y jugo con el piercing del labio inferior. 
—Que pervertido Billy.— Susurró provocativamente acercándose a Bill, pero este le detuvo.
—No me llames así, tu no tienes el derecho de hacerlo.— Dijo completamente serio.— Y no me refería a nada que tu sucia mente haya visualizado, cerdo.— Bill le alzo el puño refiriéndose a que el al decir aquello se refería a un puñetazo y no a nada pervertido como hizo Tom.
—Que pena… me apetecía jugar contigo.— Se encogió de hombros.
—Mira Tom, te lo voy a decir muy clarito, no me gustas, ni tan solo me interesas como otra cosa que no sea de amigos y con esa actitud de intentar seducir y follarme ni tan solo esperes que te hable.— Le dijo seriamente.— Si quieres ser mi amigo bien, pero no intentes nada porque no lo conseguirás y si quieres seducirme pienso mandarte a la mierda. Así que olvídate de lo de anoche, ahora vete, Nat esta por llegar y se enfadara si no estamos cambiados.— Finalizó su serio discurso, que pensaba cumplir.
—Solo estaba divirtiéndome. ¿De verdad pensabas que me interesabas? Era una apuesta con un amigo, y la gane. Fue divertido principito.— Mintió Tom, no quería dejar que Bill pensara que el ganaba, nadie le deja mal, ni le dice que hacer a Tom Schmidt.

Bill sintió furia en su interior. ¿Quién se creía el que era para tratarlo así? Ahora Bill no era el mismo chico inocente que antes, ahora era diferente, si tiempo atrás hubiera pasado esto se quedaría callado y quieto, pero ahora no, tenia un plan y aunque este conllevara dolor a ciertas personas no iba a perder, le prometió a su hermano ser fuerte, luchador y un ganador. Se iba a enterar Tom quien era Bill, hermano de Thomas Kaulitz, el ser mas manipulador, sexy y sin escrúpulos en el juego de la seducción.

Empieza la era de Bill Kaulitz Trümper, que tiemblen las chicas y los chicos, un nuevo sex-symbol va a arrasar la ciudad.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

Un comentario en «Amnesia 9»

Responder a Monica Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!