Notas de la administración: Esta es la segunda parte de la trilogía «Nuestra Historia« de Carla Moonlight. Ella ya no está activa en el fandom, pero gracias a Heilightkt483, hemos recibido permiso de la autora para incluir la novela completa en nuestros archivos. Como ya está terminada, las actualizaciones serán constantes cada fin de semana. Gracias por participar de este rescate, tanto leyendo como comentando. Besos.

Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 1
Los gemelos Kaulitz fueron trasladados al hospital a tiempo. Los dos estaban fuera de peligro, pero aún y así inconscientes tras el accidente automovilístico. De ahora en adelante las cosas cambiaran para bien, o, para mal.
—Van a pagar lo que le hicieron a mi hija. Destrozaré sus vidas, como ellos hicieron con la de ella. ¿Vas a ayudarme?— Preguntaba una mujer.
—Claro Doctora Heather, haré lo que sea para vengar la muerte de Samantha, solo tiene que decirme lo que hacer.— Contestaba un hombre bastante más joven que Heather, pero igual de escrupuloso y resentido.
—Bien en primer lugar quiero que falsifiques el carnet de identidad de Tom Kaulitz, es una suerte que haya perdido la memoria eso me facilita mucho las cosas.— Dijo la doctora en un tono muy mordaz.— Quiero que ponga en su nombre el autentico y que sus apellidos sean Schmidt Hoffman y que haya nacido en Berlín.
—Perfecto.— Asintió el hombre sin reparos y soltando una carcajada estridente.
—Yo me encargaré del menor de los Kaulitz.— Dijo doctora con odio.— Voy hacer que Bill Kaulitz desee no haber nacido nunca.
Ha pasado varias semanas desde que los Kaulitz habían tenido ese grave accidente que casi les cuesta la vida. La doctora Heather durante ese tiempo había hecho experimentos con el cuerpo de Bill, y lo tenía sumido en una sedación muy ponente, el pobre no se enteraba de nada de lo que pasaba a su alrededor. Cuando despertaba preguntaba por su hermano a lo que la cirujana jefe le decía “En este hospital no entró nadie más contigo, fuiste el único.” En cambio, Tom el gemelo mayor, había despertado del sueño que había estado sumido hacia días, pero el problema es que no se acordaba nada, cosa que hizo la tarea Heather para cambiar la vida de Tom Kaulitz mucho más fácil, cambiándola por la de Thomas Schmidt Hoffman.
No trabajaba ya que era rico debido a una herencia, también hizo falsificar los papeles de defunción de “sus padres” haciéndole creer que no tenía familia.
Los días iba pasando y Tom cada vez más estaba convencido de que eso era su vida, hasta que estuvo preparado para volver a su vida normal, marchándose al día siguiente del hospital donde había estado internado durante las últimas semanas. En los documentos de identidad ponía donde vivía, Heather y Jack habían tenido cuidado de hasta el más mínimo detalle, el dinero, la vivienda donde Tom tendría su nueva vida, todo y cada mínimo detalle.
Tras más de un mes en el hospital Bill Kaulitz por fin es libre de salir de allí.
—Muchas gracias Doctora O’connor.— Le agradecía Bill a punto de salir de ese hospital.
—Es mi trabajo Bill.— Le decía amablemente.
—¿A averiguado algo sobre mi hermano? ¿A qué hospital se lo llevaron?— La malvada Cirujana fingió tristeza preparándose para su nueva actuación.
—Bill… Hablé con los hombres que te trajeron al hospital y me dijeron que sus compañeros los que se encargaban de tu hermano en otra ambulancia les dijeron que murió en el trayecto…— Bill la miró con horror acumulando lagrimas en sus ojos almendrados.
—C-como… no… no puede ser…— Rompió el llanto.
—Lo siento, es todo lo que he podido averiguar…
—¿Y cómo se yo que eso es cierto? ¡Mi hermano no puede haber muerto! ¡Es imposible!— Gritaba histérico.
—Me han dicho que me mandaran por fax los datos de defunción, los papeles para que tú puedas tenerlos…
—No… ¡Mi hermano no puede estar muerto! ¡No es cierto!— Lloraba histérico al enterarse del fallecimiento de su hermano gemelo, de su media naranja, de su aliento, de su alma, de su vida.
—Bill tranquilízate, no te alteres o recaerás en la fiebre.—Le advirtió.
—¡No quiero! ¡Necesito ver a mi hermano!— Seguía gritando, haciendo que la Doctora le suministrara un calmante y dejarlo dormido de nuevo en la habitación.
Pasaron varios días y Bill sumido en una tristeza infinita, salió del hospital, sin creerse todavía que su hermano gemelo había fallecido, pero era real, el mismo poseía en su poder los documentos de fallecimiento de su hermano.
Bill se instaló en la casa que había alquilado en una zona residencial bastante tranquila junto con su hermano, porque ellos lo que necesitaban en ese momento era tranquilidad para poder trabajar en su nuevo trabajo, pero ahora era lo contrario, era estar solo y llorar la muerte de su hermano.
Cada dos días la doctora Heather iba a visitar a Bill, para ver su evolución, ya que Heather sabia realmente lo que le había hecho al cuerpo de Bill, y tenía que asegurarse que el cuerpo no sufriera ningún rechazo al nuevo órgano implantado.
Al poco tiempo, Bill se puso en contacto con sus grandes amigos Georg y Gustav, a los que no quiso ver hasta estar completamente recuperado y emocionalmente preparado para darles la noticia, ninguno se creyó que Tom se hubiera ido para siempre, dejando un vacío en el grupo y en sus corazones.
El trío de amigos se reunió para viajar juntos a su país natal, Alemania con su manager de banda David Jost para dar el último comunicado como Tokio Hotel.
Todos estaban muy nerviosos el que más Bill, no sabía como explicar a millones de personas que los habían seguido durante tantos años que el sueño por el que habían luchado desde su temprana adolescencia había acabado.
Entraron con pasos temblorosos en la gran sala donde se habían congregado diversos medios de comunicación, Georg y Gustav sabían que Bill lo estaba pasando mal porque se iba a despedir de su sueño y por comunicar también la razón por la que el sueño se esfumo… La muerte de Tom.
Se sentaron en las sillas que había en una tarima, a lo largo de una grande mesa, en donde había unos botellines de agua y cuatro micros.
Nada más entrar los periodistas y otros medios de comunicación pusieron sus ojos en Bill Kaulitz, que para esa ocasión había elegido vestirse completamente de negro y unas indispensables gafas grandes y oscuras para tapar sus ojos sin maquillar y ojerosos, Georg y Gustav también habían elegido un atuendo oscuro e igual que el líder de la banda, no les faltaban sus gafas.
Tras unos momentos de silencio, David Jost cogió un micro para avisar a todo el mundo que la rueda de prensa iba a comenzar. Tras largos segundos, que parecían una eternidad el gemelo menor comenzó hablar con voz temblorosa.
—Buenas tardes.— Dijo con voz quebrajada intentando aguantarse las lagrimas.— Estamos hoy aquí, para comunicarles una decisión de mutuo acuerdo, de los componentes de Tokio Hotel.—Los periodistas se empezaron a revolucionar un poco al darse cuenta que esa supuesta decisión sonaba un tanto extraña.
—¿Bill donde está tu hermano?— Preguntó un periodista. Bill suspiro apagado y roto por dentro.
—Como podéis comprobar Tom hoy no está aquí…— Dijo Georg interviniendo, viendo que Bill a duras penas podía hablar.— Y desgraciadamente no podrá estar más… — Bill comenzó a llorar en silencio.
—¿Queréis decir que la banda se separa?¿Por qué motivos? ¿Tom es el culpable?— Hizo varias preguntas seguidas otro periodista.
—Desgraciadamente la banda no se separa por malos entendidos…— Intervino Jost.—Si no por motivos mayores.
—¿Por favor podría decir cuáles son esos motivos?— Insistió otro periodista intentando buscar la noticia en primicia.
—Hará poco más de un mes, tras las vacaciones navideñas como cada año, Bill y Tom Kaulitz, hermanos gemelos, sufrieron un grave accidente, y desafortunadamente…— De pronto todos los periodistas presentes empezaron un sinfín de flashes.— Tom falleció.— Bill se llevó la mano a la cara y lloro con más insistencia. Sus compañeros uno a cada lado intentaron reconfortadlo con sus brazos.— Eso es todo. Ahora les rogaríamos que se mantengan alejados de los chicos, para que tengan su espacio y poder superarlo, gracias.— Jost se levanto y ayudo al líder de la banda que se sentía sin fuerzas, dejando atrás los murmullos y últimos flashes de los ahí presentes.
Dos días después Bill se reuniría con su familia para darle el último adiós a su amigo y compañero Tom.
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CENTRO DE LOS ANGELES
Tom salió de su departamento para comprar unas cosas que necesitaba. Desde que había llegado a su departamento se había dando cuenta que no había casi cosas, necesitaba un sillón, una lavadora, una cocina, una cama y varios armarios para poder meter sus pocas cosas… porque lo que había en esa casa era nada.
Desde que había salido del hospital, estuvo dándole vueltas a la cabeza, sin cesar para conseguir recordar algo de su pasado, pero todos sus intentos fueron en vano, su mente parecía un agujero oscuro que nunca tendría luz propia. Además los objetos que había en su apartamento eran tan pocos, que no podría ni con eso sacar alguna pista que le pudiera llevar a su pasado.
Caminaba con aires chulescos por las calles de los Ángeles observando escaparates, para encontrar los utensilios que necesitaba buscar, parándose en una tienda de electrodomésticos que tenían en el escaparate una lavadora, una cocina y un lavavajillas muy económicos y de última generación.
Después más tarde iría a una tienda cercana para comprarse ropa y calzado que necesitaba. Pero tenía una sensación rara, se sentía observado así que se giró. Vio a dos chicas que lo miraban con cara de estar viendo un fantasma, pero un fantasma de carne y hueso. Las dos chicas estaban pálidas de la impresión.
—Perdona, ¿Nos conocemos de algo?– Preguntó Tom, al sentir que las chicas no le quitaban los ojos de encima, igual esas chicas lo conocían y podría saber de su pasado. Tal vez eran unas viejas amigas o quien sabe alguna exnovia.
—¿E-Eres Tom, Tom Kaulitz?– Se atrevió a preguntar una de la chicas tartamudeando.
—Creo que os estáis confundiendo de persona. – Dijo Tom mientras les dedicaba una picara sonrisa.– No me llamo ni conozco a ningún Tom Kaulitz.
—Eh… Claro, sentimos haberte molestado.— Dijo la otra de las chicas y Tom volvió a emprender su camino, mientras las chicas conversaban.
—¡Es exactamente idéntico!
—¡Pero el mismo Bill confirmo que había muerto, entre llantos!
—¡Teníamos que haberle hecho una foto! ¡Incluso tenían la misma voz!
—Pobre Bill… debe de estar destrozado…
—Si.. Ellos siempre decían que no vivirían el uno sin el otro…
—¿Crees que Bill pueda cometer una locura?
—No lo sé… ¡espero que no!
Acto seguido se giró y se dirigió hacia la entrada del comercio, no podía perder tiempo si quería que su hogar fuera un verdadero hogar, y para eso tenía que ponerse manos a la obra y comprar lo que necesitaba.
Tom compró ropa, adornos, un teléfono móvil nuevo y comida para el departamento. Llegó a la conclusión de que se abría mudado hace poco, por eso no tenia gran cosa en la casa.
Durante su mañana de compras no dejaba de sentirse observado.
Por la noche volvió a su frío y solitario departamento, ahora, con un nuevo cambio de imagen. Pensó que borrar al antiguo rubio y de rastas por un nuevo moreno y trenzado Tom. Sus cambios no quedarían ahí, iba a aumentar su estilo rapero con unas pequeñas dilataciones en las orejas, poco a poco iría dejando su anterior vida para empezar una nueva.
—¡Todo perfecto!— Dijo al salir de la ducha tras un día agotador. Esa noche descansaría, mañana saldría de fiesta a conocer a muchachas lindas y tal vez hacer amigos.
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DOS DÍAS DESPUÉS, CEMENTERIO DE ALEMANIA
Los chicos se habían regresado a Alemania junto con su manager y gran amigo David Jost. Simone, madre de los gemelos, esperó la llegada de su hijo destrozada. La muerte de su hijo mayor la había destrozado y no habría nada que curara el dolor que sentía por la perdida.
Bill cuando vio a su madre corrió a abrazarlo, y rompió en llanto, uniéndose su madre después.
Durante el entierro que había sido pedido en estricta intimidad, pero fans desoladas y periodistas se habían acercado al entierro, privándoles de la intimidad que habían solicitado. Todo era un mar de lágrimas, Bill estuvo llorando desconsoladamente acompañado de su madre, mientras cuatro hombres descendían el féretro hacia el agujero que habían cavado en el cementerio.
Muchas flores, ramos y coronas hubo en ese día en el cementerio, muchos allegados y familiares y sobre todos las fans quisieron demostrar su apoyo a la familia Kaulitz, aunque ese apoyo había sido tan excesivo que Bill se sintió agobiado.
En la tumba había una frase con letras doradas: «Aquí yace Thomas Kaulitz Trümper hijo y hermano amado, por todos.”
Los días pasaron y Bill se quedo viviendo en la casa de su madre junto con su padrastro. Se pasaba las horas y los días en su cuarto, apenas pegaba bocado, no hacía más que llorar y dormir, sumido en una eterna depresión.
Mientras tanto en la otra punta del mundo, su hermano gemelo al que todos creían muerto, disfrutaba de la vida. Tenía todo lo que quería, dinero, amigos, sexo, mujeres, todo, menos una cosa, su pasado.
Han pasado tres meses, tres míseros meses desde que sucedió todo. Desde que Bill dejo su sueño hecho realidad y perdió a su alma gemela a su hermano Tom.
Cansado de la vida que lleva en Alemania, Bill decide regresar a Los Ángeles, pero su casa es demasiado grande y la siente vacía, para poder vivir solo una persona en esa casa, y además le traen mucho recuerdos de sus tiempos felices, los que había vivido con su hermano Tom.
Así que un día decide vender la casa y así vender una parte de sus recuerdos, con la ayuda de G’s encuentra un apartamento pequeño y acogedor y poco a poco va saliendo de ese agujero en el que se ve sumido gracias a sus dos amigos de toda la vida.
—¡Bill! ¡No hay leche en la nevera!— Gritó su amigo Georg desde la cocina, se le había antojado un vaso de leche antes de salir de fiesta.
—¡Mala suerte!— Le contestó este saliendo del baño mientras se cepillaba los dientes. Al pobre de Georg le había costado toda la semana convencer a Bill para que tomara un poco el aire. Bill fingía tenerlo todo superado, pero tanto él, como sus amigos sabían que eso no era cierto, que se pasaba las noches en vela llorando, solo le dejaban dormir las pastillas que le receto un medico para su insomnio.
—¡Va Bill eres muy lento! Tenemos que ir a por Gustav, cuando lleguemos a la discoteca ya abran cerrado.
—Que ya voy pesado.— Bill recogió un par de cosas que habían por medio y ya estaba listo.
Salieron del apartamento de Bill y en el coche de Georg fueron en busca de su amigo.
La fama de Tokio Hotel tras un año de separación ya no era tan abusiva, ya tenían casi una vida normal, de vez en cuando alguna fan, quería fotos y autógrafos a pesar de todo, y ellos se lo daban encantados. Les alegraba saber que sus fans más incondicionales no les han abandonado tras un largo y duro año.
—Bill prométenos que intentaras divertirte.— Le dijeron sus compañeros antes de entrar en esa discoteca.
—Si me he arreglado para salir, es por algo y no quedarme en casa amargado.— Contesto él.
—¡Así es! ¡La primera ronda pago yo!— Se ofreció Gustav.
La discoteca le recordaba a una de las tantas a las que fueron, los afterparty, lo cual le recordaba mucho a su hermano.
—¿Que quieres que pidamos?— Pegunto Georg.
—Yo un whisky con Fanta— Dijo.
—¿Si que empezamos fuerte no, Bill?— Se sorprendió Gustav.
—Quiero divertirme y vosotros queréis que yo lo haga, así que quiero mi whisky.— Dijo caprichosamente.
—Yo te pago lo que quieras, hasta que pierdas la conciencia si quieres.— Animó Georg, haciendo reír a los tres amigos.
Por otro lado Tom había quedado con el que era su mejor amigo desde hacía un año, Kendo, muy similar a Tom respecto al estilo. Tom aún no había decidido cuál sería la chica afortunada de pasar con él la noche. Varias se le acercaron, pero ninguna convencía a Tom para estar con ella una noche de sexo desenfrenado y sin compromiso.
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POR TOM
Ya llevaba en el cuerpo el suficiente alcohol como para dejar de beber. Acabe de dar la décima vuelta por toda la discoteca buscando algo “comestible”, cuando lo encontré. Era una hermosura. Estaba de espaldas, apoyada en la barra. Su corto vestido dejaba a la vista sus largas, blancas y bien formadas piernas, acabando en unos altos tacones. Me acerque a ella, la cual me miro al momento me posicioné a su lado.
—Hola preciosa.— Sonreí coquetamente.
—Buenas noches guapo.— Se quito un mechón rubio de pelo coquetamente.
—¿Que hace una chica tan guapa como tu sola?
—Esperar a un chico que valga la pena. Pero creo que ya ha llegado.— Genial, directa, guapa y sexi.
—¿Quieres algo de beber?— Le invité.
—Si invitas tú…— Se acercó a mí melosamente.
—Claro que invito yo muñeca.— Llevé la mano a su cadera y le acaricié.— ¿Que quieres tomar?
—Lo mismo que tu.— Rozó sus labios conmigo. Llame al camarero y pedí unas bebidas.
—¿Y cómo te llamas?— Pregunté sin interés, pero más que nada por ser cortes.
—Chantelle.
—Un nombre precioso, para una mujer preciosa.— Me puse frente a ella para tenerle mas a vista.
Estuvimos un buen rato tonteando mientras tomábamos nuestras bebidas, de vez en cuando nos besábamos o bailábamos.
—Me encantan el piercing que tienes en el labio.— Primero me lo toco y luego acerco su boca a la mía, donde sus dientes juguetearon con él, mientras yo observaba los alrededores. Gente fumando, tocándose, bebiendo, ligando, etc, etc.
Hasta que me encontré con unos oscuros ojos observándome desde el otro lado de la barra.
Me quede mirándola, era una chica muy bonita, pero extraña. Su pelo era oscuro, liso pero con algo de volumen, por otro lado sus ojos oscuros maquillados perfectamente con una sombra oscura, era de tez pálida, con unos labios tentadores. Me atraía mucho y eso es raro a mí me gustan las chicas rubias. Cerré los ojos y me concentre en los labios de Chantelle, que había empezado a besarme con más ganas y yo mientras había estado observando a otra chica.
—Que te parece si ahora soy yo quien te invita a ti a algo…— Dijo de forma sugerente.
—¿A qué?— Pregunté moviendo el piercing de mi labio, derritiéndola. Todas caían ante ese gesto.
—A que vengas a mi departamento.— Deslizó su mano por mi abdomen, llegando a un punto sensible.— Así veo que puedo hacer con lo que empieza a crecer ahí abajo.— Provocó, haciendo que se pusiera dura “mi situación”.
Llegamos al apartamento de esta chica, Chantelle y nos pusimos en marcha. Para mí el sexo y la seducción estaban en mis venas, desde que nací.
Pasamos una noche bastante entretenida, era buena en la cama, muy buena, pero como siempre que me acostaba con alguna chica, me siento vacío, llego al clímax, pero no me siento completo, como que algo falla, me siento el reí del mundo al terminar al llegar al orgasmo, pero cuando pasan unos minutos no me siento complacido, necesito más, por lo cual siempre suelo tener más de una relación sexual por la noche cuando me acuesto con alguna, y cuando creo que ya estoy cojo y me voy.
Pero esta vez me quedaría aquí a pasar la noche, este apartamento estaba bastante lejos de mi casa y no me apetece caminar aun estoy algo borracho.
Continúa…
