BK’s sex tape 3

Bill Kaulitz’ sex tape

Parte 3

Había pasado ya casi dos semanas desde lo ocurrido, David trataba de limpiar de poco en poco la imagen de la banda, pero tratar de tapar algo como eso, era como tapar el sol con un dedo, muchas fans realmente estaban devastadas, incluso si después de las disculpas que dio Bill la prensa estaba más tranquila, o al menos eso era lo que aparentaba.

Muchas fans se habían ido del fandom, mientras que las que quedaban estaban divididas, unas sin más remedio, apoyaron a Bill y a la banda ante todas las cosas, las otras seguían en negación, unas más, las más afectadas y obsesivas, subieron videos y fotos rompieron la mercancía de Bill, en forma de protesta porque el cantante tenía novia. Las cosas también estaban un poco tensas en la banda y el staff, pues se había corrido el rumor de que la misteriosa novia de Bill era alguien del staff, específicamente Natalie, ya que era con quien se veía a Bill la mayoría de veces. El acoso a ella inició casi de inmediato, luego de la rueda de prensa, tanto que incluso le había comentado a David de que si el acoso a ella y a su familia no paraba, iba a renunciar por mucho que le doliera.

Sí, todo seguía siendo un caos aún.

Incluso con todo eso, que lo afectaba, lo que más le afectaba al cantante era el trato incómodo e indiferente. Veía como se llevaba con el resto como siempre, incluso cuando Georg trataba de volver a sacar el tema de «la chica», Tom simplemente cambiaba de tema, aunque en más de una vez, había logrado escuchar a escondidas cuando Georg o alguien del staff, o incluso el mismo David, le preguntaba si realmente no sabía quién era la novia de su hermano, siendo la respuesta del de rastas siempre la misma, que no tenía idea.

Y a Bill le dolía por varios motivos, porque sabía que Tom estaba sufriendo cada vez que buscaban saber de “ la chica ”, y porque también seguían separados, con la latente conexión entre ambos, y cómo es que Bill intentaba que Tom lo mire, pero este evitaba hacerlo.

Tom no se comunicaba con Bill fuera de cuando compartían espacio entre todos, dónde igual el resto notaba que había algo tenso entre los gemelos, aunque no fueran las típicas peleas donde se querían golpear, podían darse cuenta que los Kaulitz tenían algo allí.

—¿Cómo se tomó tu novia todo el asunto? —preguntó Gustav a su amigo.

Bill se fijó en el baterista, viendo que su expresión era de preocupación genuina y no malintencionada.

—No se lo tomó muy bien. Nos estamos dando un tiempo —respondió Bill, y no mentía, así no fuera su novia, sino su gemelo, con el cual eran pareja desde que tenían diecisiete años, que cansados de pelear tanto cuando se terminaron besando al notar que lo suyo no era intentar tener novias o novios, sólo se pertenecían a sí mismos, y por lo mismo buscaban golpearse, para sentirse cerca.

Incluso tenían planes de tener una boda simbólica, ya que sí, era imposible hacerlo legalmente, pero ellos… Siempre se amaron, y sentían que podían luchar contra el mundo, manteniendo su amor en secreto pero suyo, y con la idea de pertenecerse para toda la vida, incluso aunque sólo estuvieran dos años juntos como pareja, empezando a tener relaciones sexuales, al menos de forma regular, porque cuando eran más jóvenes sí compartieron besos y pajas mutuas, manteniendo como excusa el “apoyarse” como hermanos, porque su madre no les dejaba tener novia.

Pero así no hubieran sido su primera vez, desde el momento en que tuvieron sexo entre ambos, sabrían que no podrían hacerlo con nadie más. Manteniendo igualmente el speech de Bill siempre virgen y Tom el mujeriego sin responsabilidad afectiva, pero no. De hecho Bill perdió la virginidad primero, con una chica mayor, y Tom tardó un poco más, igualmente haciéndolo despechado por los celos de que Bill tuvo sexo con alguien, justificándolo en qué él como el mayor debió tenerlo primero, siendo consciente de que si bien tuvo oportunidades, se desanimaba, subiéndose los pantalones y huyendo de la chica dispuesta a estar con él.

Y ahora no eran un equipo. Se habían dado un tiempo. Y Bill le dolía tener a Tom tan distante y tan cerca a la vez.

—Si bien es bueno respetar los tiempos, también sería algo lindo el que buscaras hacerle un detalle, no sé, algo romántico, a la mayoría de chicas le gustan esas cosas y podría reforzar el amor que le sientes, a ver si al final te perdona —alentó Gustav, palmeándole la espalda.

Bill se fijó en su amigo, analizando las palabras que había dicho.

Claro, evidentemente su hermano no era una chica, sin embargo, sí sabía que su gemelo solía apreciar un gesto romántico, él era muy consciente de ello, que así Tom fuera un hombre, muchas veces mostraba un brillo en sus ojos cuando leía las letras que escribió pensando en él.

Por lo que aquel consejo permaneció en su mente incluso cuando regresó a su habitación. Es decir… Ellos estaban en el departamento de Berlín, donde cada uno tenía un cuarto en lo que terminaban sus grabaciones y demás, pero finalmente si bien ese piso era suyo, compartido, pero suyo al menos temporalmente, era parte de un edificio de departamentos, que tenía una terraza que se alquilaba para eventos privados, y así.

Es que Bill lo tenía claro en su mente, que Tom amaba los detalles, ¿y qué cosa sería más romántico que una cena a la luz de las velas en la terraza del edificio? Algo como la película de La dama y el vagabundo, que sabía que Tom amaba, sin embargo, en la cima de un edificio, donde sólo serían los dos.

Bill no sabía cocinar un carajo, no es que Tom supiera mucho más, aunque al menos le salían cosas más comestibles (que vendría a ser que se intoxicaban menos cuando Tom se las ingeniaba para cocinar algo con las recetas de la abuela), entonces no podría contar con hacerle una cena casera, porque lo más “elaborado” que Bill hizo fueron unos macarrones con queso de caja, y que todavía salieron todos secos que parecían un engrudo incomible, aún así Tom sonrió comiéndolo, diciéndole que valoraba su esfuerzo, pero… Después terminó por botarlo a la basura y pidieron pizza.

Sin embargo, significaba que Tom valoraría un detalle así. Una vez se lo dijo cuando Tom le cocinó unos waffles algo quemados, que decoró con una carita feliz con fudge para él, que lo hacía porque lo amaba.

Evidentemente Bill no iba a aprender a cocinar, apestaba en ello, pero… Podría fingir que estuvo viendo recetas de cocina para hacer algo decente, sabía que no era lo mejor mentir, no en esta situación donde básicamente la había cagado por inepto, sin embargo, podía investigar qué cosa comprar que “luciera casera”, junto con unas velas, un mantel, y… Pidiéndole perdón de corazón, porque amaba a su hermano, y si bien había sido un imbécil, esperaba al menos demostrarle su arrepentimiento con una comida casera (comprada), sus dulces favoritos (gomitas y skittles), una botella de vino, música tenue a la luz de las velas y… Esperaba que realmente funcionara.

Y tenía un pote nuevo de lubricante para sesiones largas de sexo que era más espeso, ya que usualmente usaban uno a base de agua, ¿lo malo? Es que los gemelos repetían varias veces, y este se terminaba por secar, haciendo que Tom se enojara porque tenían que parar para que Bill se echara más lubricante  en el pene. Aquello hacía que se le cortase el momento, pero Bill no quería provocarle ningún desgarro, y aunque habían pensando que sería más fácil que Tom lubricara el ano como algunas historias en internet, sabían que eso era irreal, y que más bien era doloroso, para ambos, el que secara el lubricante.

Así que Bill ya tenía en mente el sexo de reconciliación, pateándose mentalmente, porque sí, ambos eran jóvenes y con las hormonas a mil por hora, sin embargo, precisamente su calentura e ineptitud los había puesto en aquella situación. Igualmente llevaría el pote por si era necesario.

Por lo que Bill fue a recepción para solicitar el alquiler de la terraza. En lo que planificaba lo demás.

Tom estaba en la cama afinando su guitarra, en lo que escuchó su celular vibrar, se fijó y era un mensaje de su gemelo, diciéndole que viera bajo su puerta. El de rastas arqueó una ceja, sintiéndose intrigado, si bien se habían tomado un tiempo, no podía ser como cuando uno terminaba con una pareja normal, no, ellos no podían bloquearse y fingir que no existían, porque eran hermanos, sólo que no entendía qué es lo que habría puesto su gemelo debajo de la puerta.

Tom dejó su guitarra en la cama y se acercó a la puerta, fijándose que había una hoja de papel doblada, se agachó y la recogió, abriéndola.

“Sé que estás enojado conmigo, y que lo arruiné, pero también sé que amas los acertijos, así que tengo unos para ti que espero te logren animar al menos un poco. Sigues las pistas que te llevarán a una sorpresa, te ama, tu Bibi.

Sé que en alguna parte

Encontraremos un pequeño lugar para ti y para mí”.

Tom frunció el ceño, es decir, sí, le gustaban los acertijos, rompecabezas y demás, por lo mismo es que había aprendido básicamente por autodidacta a tocar la guitarra, pero… ¿Qué es lo que planeaba, Bill? Era evidente que la letra de era de 1000 meere, y, ¿qué pista tendría?

Océanos… Mares… Un lugar para ellos… Vino a su mente cuando se metían a escondidas a la piscina del sótano, robándose besos mientras nadaban. ¿Sería esa la pista? Tom se sentía más que intrigado, porque consideraba aquello algo romántico dentro de todo, ¿qué sorpresa tenía Bill? ¿Qué planeaba? Tom sabía que estaba aún dolido, y sintiéndose más que nada humillado, por lo que pasó, sin embargo, valoraba el esfuerzo de su hermano.

Así que salió de su habitación y del departamento, yendo hacia el ascensor para ir en búsqueda de lo que tendría Bill en la piscina del sótano.

Tom al llegar a la piscina del sótano la encontró vacía, era obvio al ser de noche, y tampoco vio a su gemelo, por lo que se puso a buscar por la zona, pensando, ¿qué tendría que haber? ¿Otra nota? ¿O qué?

Siguió caminando hasta que vio una rosa con una bolsa de gomitas Haribo, Tom sintió su pecho apretarse al recogerla, mirando alrededor, no había nadie, por lo que olisqueó la rosa, olía bien, y sintió cómo sus mejillas se sonrojaron ante ello, él no era ninguna maldita chica, pero el recibir flores era algo… Que se sentía bien, incluso aunque fuera sólo una rosa. Abrió las gomitas, fijándose en la nota que había debajo, Tom mordisqueó un par de ositos en lo que la leía.

No puedo evitar leer nuestros nombres en la pared… ”, recitaba la nota.

Tom se mordió el labio inferior, porque sabía a lo que se refería, porque si bien era evidente que era la letra de Rette mich, también era en referencia a algo más, cómo es que habían estado en las escaleras de emergencia, se habían metido a escondidas, dándose un beso, para luego que Bill sacara su lima de uñas, tallando en la pared “toll” que significaba “excelente”, pero, también era la unión de sus nombres de una sutil y muy romántica. Su hermano era un bastardo porque le estaba dando en la vena sensible, tenía que admitirlo, le estaba gustando este juego de pistas.

Eso quería decir que tenía que ir a las escaleras de emergencia, lo cual le jodía porque significaría caminar más, pero estaba bien. Tom se metió la bolsa de gomitas en el bolsillo, aún teniendo la rosa en la mano, y fue en dirección a las escaleras.

Cuando llegó al punto donde estaban tallados sus nombres en la pared, es que se fijó que había una nota pegada al lado, y la abrió, fijándose que era una liga para amarrar sus rastas, una que dejó en el cuarto de Bill la última vez que hicieron el amor, definitivamente lo había puesto allí de forma intencional, para darle recuerdos de aquella noche donde lo había hecho estremecer… Claro, también eran recuerdos de cuando todo se arruinó por su metida de pata, pero no por ello dejaba de pensar en cómo Bill lo hizo sentir.

 Encima del techo, el aire es tan frío y tan tranquilo… ”, decía la nota en referencia a Spring nicht. El techo. Bill tenía más sorpresas en la terraza.

Tom guardó la nota junto con la liga, en lo que seguía subiendo las escaleras. Cuando llegó al techo, abrió la puerta, observando que había una mesa con mantel, velas, vino, y unas tapas cubre platos encima, era evidente que esto había armado Bill, una cena romántica a la luz de las velas bajo el manto de estrellas. Sintió cómo su estómago se apretó más, pensando que era algo muy romántico y lindo lo que hizo el imbécil de su hermano, ¿pero dónde estaba?

Antes de poder seguir cuestionándoselo, Tom oyó cómo cerraron la puerta con seguro detrás suyo.

 No estás solo, estoy a tu lado, estaré allí si quieres… —canturreó Bill “An deiner seite”, y Tom se giró, viéndolo.

Bill estaba con el cabello planchado, maquillado, usando una camiseta estampada roja, con sus jeans rasgados, y una expresión arrepentida en el rostro, pero se veía hermoso, incluso con ese aroma a vainilla que desprendía de su perfume.

Tom sabía que tenía recuperar la compostura y resistir las ganas de lanzarse a besarlo.

—Hola, ratoncito —masculló Bill mirando a su gemelo—. Hice esto para ti, sé que lo arruiné, que debo respetar que hayas terminado conmigo, y lo hago, pero… Quería ver si te convencía de que me dieras otra oportunidad —acotó el menor.

—Era más fácil que me dijeras que viniera al techo en vez de estar caminando como imbécil en todo el edificio —se quejó Tom frunciendo el ceño sin mirarlo, aunque en realidad no estaba enojado por ello, le había gustado las pistas y la connotación romántica.

—Sé que no lo dices en serio —mencionó Bill, sonriendo levemente—. Porque cuando me mientes no me miras a los ojos, ¿sabes?

Tom observó a su gemelo, suavizando su expresión.

—Está bien. Comeré contigo, pero no esperes que regrese contigo con facilidad —exclamó Tom, y vio sonreír a su gemelo, aplaudiendo ante ello de la emoción, haciendo que el de rastas se riera, porque era tan tierno en momentos así, aunque fuera un imbécil, finalmente era su hermano, y el amor de su vida.

Bill lo sujetó por la mano, Tom se dejó guiar, aún teniendo su rosa, y el menor hizo la silla a un lado para que el de rastas se sentara. El rubio notó cómo es que había un florero con otras rosas más en el centro de la mesa.

—¿Me permites? —inquirió Bill, extendiendo su mano para que ubicara la rosa, Tom se la dio, y el más alto la puso dentro del florero.

Bill destapó los platos, mostrando que era pasta a la boloñesa con albóndigas, y se sentó viéndole.

—Cociné esto para ti —musitó Bill, sonriéndole de medio lado.

Tom rió.

—No, no lo hiciste —refutó Tom.

—Sí lo hice, Tomi. Estuve mirando clases en… —empezó a explicar Bill.

—Lamento interrumpir lo que seguro es una admirable explicación que te memorizaste, pero no, Bill. Esto no lo cocinaste —interrumpió Tom, sonriendo porque era evidente que Bill quería mentirle para ganar puntos, pero él no era ningún estúpido, y sí, valoraba el esfuerzo y detalles, sin embargo, lo sabía, conocía muy bien a su gemelo.

Bill se sonrojó. —Pero, Tomi sí lo hice.

—Entiendo, Bill. ¿Encontraste menta entonces? La hoja que está encima —comentó Tom.

—Sí, le da muy buen aspecto y aroma —cedió Bill, sonriéndole.

—Es albahaca, Bill. La misma que ponen en Antonio’s —arguyó Tom, riéndose con más ganas, Bill quiso refutar—. Y para más inri, detrás tuyo, mal tapado, está la bolsa con los envases… —Bill cerró la boca, mirando su plato, sonrojado, y Tom puso su mano sobre la de su hermano sobre sus muslos—. Pero está bien, en serio valoro que hayas puesto tu esfuerzo para esto —acotó, acariciando la mano de su gemelo, y el menor lo vio con ojos brillantes—. Aparte de este modo sé que no me dará una intoxicación estomacal.

Bill rió con él, se soltaron de la mano para comenzar a comer, con Bill sirviéndole el vino, en lo que comían, compartiendo miradas y sintiéndose demasiado cómodos entre sí.

—¿Entonces alquilaste este lugar? —cuestionó Tom.

—Sí, quería darte una cena como La dama y el vagabundo —masculló Bill.

—Oh, ahora soy un vagabundo —se burló Tom.

—No, más bien… Bueno, eh. ¿Me perdonas? —inquirió Bill, decidiendo que no sería buena idea decirle que pensó en Tom como Reina.

—Pues… Creo que sí, suficiente tiempo de separación —soltó Tom, después de terminar de comer.

—Te extrañé mucho, Tomi —farfulló Bill, tomándolo por la mano encima de la mesa.

—Yo también, pero sí eres un imbécil, Bill. Ya no quiero que nos volvamos a grabar, me da mucho temor lo estúpido que puedes llegar a ser, y en los problemas que nos podemos meter. Tienes que entender que debemos ser muy cuidadosos con nuestra relación porque es ilegal el incesto en Alemania, ¿comprendes? No sólo “adiós, Tokio hotel”, sino “hola, cárcel” —barbotó Tom—. Sin contar lo humillante que es que todos piensen que soy mujer, y… Eso era parte de nuestra intimidad, de ambos, en nuestro tiempo de gemelos, que ahora sólo es como “tu tiempo con tu novia” —soltó apesadumbrado, harto de las bromas de Georg.

—Lo lamento, Tomi. Y está bien, ya no nos grabaré más. En serio no tengo forma de resarcir mi error. Porque sí la arruiné en grande —cedió Bill, que no podía negar su cagada—. Pero sabes bien que no existe tal novia, ni la chica ideal ni toda esa basura que siempre repito, sabes que siempre has sido tú, Tomi. Que desde el inicio has sido mi fuente de inspiración, incluso cuando éramos muy jóvenes para entenderlo del todo, que te amo desde antes de nacer, como si realmente fuéramos como la leyenda de los amantes que mueren y reencarnan en gemelos, que nuestra historia de amor empezó en el 1989, y que nunca nadie podrá reemplazarte —le aseguró el de cabello azabache y Tom se sonrojó ante ello, más porque veía el fervor en la expresión de su gemelo, notando la sinceridad que teñía sus palabras.

—Lo sé, Bill, yo también te amo —dijo Tom, el de rastas sentía que todo era más etéreo en aquel momento de noche, donde parecían envueltos en un aura mística, solos, con velas y bajo el manto nocturno.

Bill lo tomó por la mano, jalándolo en dirección a los cojines que estaban en suelo, junto con mantas, y se echaron viendo el cielo.

—Cuando miro las estrellas me acuerdo de las veces que fuimos de campamento —mencionó Bill.

—Donde salías todo inflamado por los mosquitos picándote —se burló Tom, riéndose, y Bill chasqueó la lengua, pero finalmente se ubicó sobre el de rastas, haciéndole cosquillas en los costados, en lo que el rubio reía con más ganas y el menor seguía haciéndole reír—. ¡Basta! —ordenó el de rastas, con lágrimas de la risa, y Bill se detuvo, quedando aún sobre él, respirándole sobre los labios.

Tom no pudo resistirlo y lo tomó por el cabello, acortando la escasa distancia para besar a su gemelo, Bill de inmediato le correspondió, colando su lengua dentro la boca de su hermano, acariciándolo por dentro, en lo que presionaba su cuerpo encima del mayor, y Tom sabía que lo había extrañado mucho, por lo que envolvió el cuerpo de su hermano con sus piernas, empezando a mecer su pelvis, los mismos movimientos que hacía “follando a la guitarra”, para hacerle notar lo mucho que lo había echado de menos con su dureza… Pero Bill también frotó con insistencia su entrepierna, que también estaba erecta.

Tom chupó la lengua de Bill, enredando sus dedos en su cabello, gimiendo en el beso al sentir cómo es que Bill buscaba dominar en la contienda que se llevaba a cabo en su boca. Su gemelo se separó, para besarle el cuello, chupándolo con posesividad, y Tom jadeó, porque sabía que le iba a dejar marca, una que tendría que justificar con “unas de sus noches con groupies”, pero no le importaba.

Estaba en lo alto del edificio así que no tenían miedo a que alguien los viera, no podrían hacerlo.

Bill coló una mano dentro de la camiseta de Tom, disfrutando de sentir la piel ponerse de gallina bajo sus dedos, y cómo es que su vientre marcado se apretaba frente a su contacto, siguió subiendo hasta dar con su pezón, y vio a Tom relamerse los labios cuando Bill lo estrujó entre sus dedos.

—Tengo el lubricante de larga duración que te gusta bajo el cojín —soltó Bill contra su cuello.

Tom se rió. —Pues sácalo —demandó.

Bill palmoteó bajo el cojín, acercando el pote.

—¿No deberíamos irnos a tu cuarto o al mío? ¿Por si alguien nos puede ver? —cuestionó Bill, dubitativo, no queriendo arruinarlo con su hermano otra vez.

—No, estamos en un edificio alto, ¿quién nos vería? —cuestionó Tom, en lo que se bajaba los pantalones ante la atenta mirada de su gemelo que amaba el cuerpo de Tom con devoción, Bill, quien tragó saliva, y abrió el pote, poniéndose una cantidad en sus dedos, y dirigiéndolo hacia la entrada de Tom, quien se mordía el labio inferior en lo que se masturbaba.

Bill presionó sus dedos dentro de su hermano, sintiéndolo arquearse frente a la intromisión, por si las dudas, sujetó una de las mantas, poniéndola sobre ellos, en lo que seguía preparando a Tom, oyéndolo gemir acezado mientras abría sus dedos dentro de su canal, curvándolos para rozar su próstata, sintiendo cómo es que el de rastas bajaba el culo contra la mano de Bill, penetrándose a sí mismo y el menor siseaba al sentirlo a Tom apretar tanto, porque era evidente que ambos estaban muy necesitados el uno de otro en ese instante, y aquel calor que envolvía sus dígitos pronto estaría sobre su miembro que pugnaba por salir de sus pantalones,

Cuando estuvo lo suficientemente listo, es que Bill se puso entre sus piernas, bajándose el cierre, dejando su erección respirar, metiéndose de golpe porque Tom lo necesitaba ahora, lo sentía en su lenguaje corporal, y cómo es que el de rastas lucía tan fuera de sí mismo, Bill puso los ojos en blanco cuando percibió aquella calidez envolviéndole, su lugar seguro, donde él sentía que pertenecía, dentro de su gemelo para después embestirlo con fuerza, ciñéndose sobre él, en lo que Tom lo abrazaba con sus piernas y lo tomaba por el cabello, besándolo con ganas, mientras el menor seguía moviendo sus caderas, haciendo que Tom gimiera contra sus labios, embebido en el placer que era sentirlo latir dentro suyo, arremetiendo contra su próstata sin piedad, para luego sujetar su erección empezando un bamboleo arrítmico que iba a llevarlo a la locura, por lo que no iría a durar mucho tiempo más…

Lo mejor de sus peleas definitivamente eran sus reconciliaciones así de intensas, sin importar lo que terminaran cogiendo en el techo tal cual gatos en celo.

Al día siguiente, es que ambos decidieron dormir en el cuarto de Bill, donde siguieron toda la faena que empezaron en el techo.

Bill se despertó feliz, porque estaba abrazando a Tom por la cintura, pasó sus dedos por encima de la piel de su gemelo, disfrutando de su aroma y escucharlo dormir tranquilo, totalmente agotado luego de todas las rondas que tuvieron. Tenía que bañarse, sí, pero sabía que moverse ese sitio tan cálido que era detrás de su gemelo, con sus nalgas presionando su propio miembro, rompería la magia, pero tenía ganas de orinar, así que a regañadientes soltó a su gemelo, y se fue al baño.

Cuando salió, Tom seguía durmiendo tranquilo, iba a volver a abrazarlo cuando notó que tenía mensajes en su teléfono, bufó pero decidió que los vería sólo para que no le estresara la luz parpadeante de las notificaciones por su TOC, y después seguiría con Tom hasta que éste se despertara para comer juntos.

Pero… Se dio cuenta que era un mensaje de Georg riéndose, diciendo que tenía que ver Twitter con las locuras que decía la gente. Bill se quedó confundido, y buscó en aquella red social a lo que se refería su amigo.

Se quedó perplejo cuando notó que había una persona que decía “El Twincest Kaulitz es real, yo vi a Bill y Tom Kaulitz teniendo sexo en el techo cuando miraba por mi telescopio. La novia no existe, es Tom”.

Bill casi se caga encima cuando notó eso, fijándose lo que decían al respecto, y la gente no le creía, salvo algunos que decían “LOL, siempre supe que el Kaulitzcest era canon”, “La supremacía del Tom pasivo mi religión #NoEraEsquizofrenia”, pero quitando esos comentarios, la mayoría decían que quien puso el post estaba mal de la cabeza, que si era cierto por qué no mostraba pruebas, y el autor del post decía: “Es que mi celular tenía la batería baja, por eso no lo grabé, pero créanme”.

Y Bill se sintió más tranquilo con ello, sólo pasaría como un loco más que ponía algo inventado. Como cuando los vieron en la fanparty y ellos fingieron demencia, que el ángulo, que la posición… Al menos esta vez estaban a salvo.

F I N

Administración: No pueden negar que estuvo bueno 😉 No se vayan sin comentar.

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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