
«Daddy’s boy»
Parte 2
Bill empezó a salir con una muchacha, que dijo que no tendría problemas con ser madrastra por él, alegándole que amaba a los niños, y que Tomi lucía bello en sus fotos.
Pero Bill cometió un error de padre joven, de no presentársela a su hijo primero, y… Llevarla a casa antes de tiempo.
Tomi se despertó de madrugada, bostezando, tallándose el ojo porque escuchaba ruidos que provenían de la sala. Entonces como todo infante curioso, fue a ver qué era lo que provocaba aquello, y al fijarse es que se quedó paralizado observando a su padre tocar a una mujer…
Tom se sintió muy enojado, frunciendo el ceño, mordiéndose el labio inferior al ver cómo su padre desnudo sobre aquella mujer, besándola, tocándola, dándole las atenciones que le daba un esposo a su esposa, lo hacía hervir su sangre, y quería lanzarse sobre ellos para separarlos. Pero… No podía.
Era como cuando veía a su papá tocarse a sí mismo cuando creía que él estaba durmiendo, eran cosas que se supone que Tom no sabía o debía ver, pero lo hacía. Como cuando vio las películas de adulto de su papá, esos mismos actos que hacía ahora su papi con aquella mujer.
Si Tom gritaba para que se separasen, Tom… Sería visto en mal por fisgonear cuando se supone que estaba durmiendo. Pero…
Decidió regresar a su habitación y comenzar a llorar sonoramente con los ojos cerrados, haciendo que Bill de inmediato se separase de Anne.
—Mi hijo está mal, tengo que ir a verlo —dijo Bill de inmediato, quitándose el condón y poniéndose los pantalones.
—Pero él puede esperar, tiene seis años, ¿qué cosa podría pasarle en su habitación? —inquirió Anne con fastidio.
Bill frunció el ceño. —Tomi tiene terrores nocturnos que sólo se calma cuando lo tranquilizo, te fui muy claro con que mi prioridad siempre sería mi hijo, si no eres capaz de entenderlo hasta qué grado, que eso incluye que dejaré de tener sexo o cancelarte alguna salida si él me necesita, pues entonces sólo vístete y lárgate —soltó tajante, para ir a lavarse las manos, antes de ir al cuarto de su hijo.
La rubia quedó sorprendida del comportamiento de Bill, pensando que era un imbécil, vistiéndose y azotando la puerta al salir.
Tom sonrió internamente cuando escuchó la puerta azotarse fuertemente, y luego a su papá entrar, mantenía los ojos cerrados en lo que seguía gritando con dolor, uno fingido, pero que entendía que funcionaba para tener la atención de su papi.
Bill lo abrazó contra su pecho. —Shh, Tomi, papi está contigo, estás en un lugar seguro, sólo es un sueño, ratoncito —susurró el pelinegro, acariciando la cabeza de su hijo.
Tom empezó a “tranquilizarse”, y luego abrió sus ojos mirando a su papi.
—¿Papi? —preguntó Tom con ojos llorosos, había aprendido a cómo llorar a voluntad, y Bill besó su frente.
—Sí, ratoncito, papi está contigo, siempre serás el hijo de tu papi que te cuidará para toda la vida, sólo fue una pesadilla, Tomi —le habló con cariño Bill, y Tom apoyó su carita contra el pecho de su papá, soltando un suspiro, y sintiéndose tranquilo de que aquella mujer se hubiera largado por su papi preocuparse por él.
A Tom le gustaba ser el hijito de papi, ya se lo habían dicho a modo de burla en la escuela, que él estaba obsesionado con su papi, y a Tom no le interesaba, porque Tom amaba a su papi, era guapo, genial, con su motocicleta, piercings y tatuajes, siendo superior a todos los padres horrendos de sus compañeros. Y Tom amaba que su padre lo tuviera como el centro de su vida.
Aunque detestaba el hecho de que siempre estuviera bajo la sombra de su madre, porque no le gustaba compartir la atención su papi con nadie, incluida su madre, que al menos se alegraba de que estuviera muerta para no tener que lidiar con ella a diario, sólo cuando su papi la halagaba, y no, Tom la odiaba porque también le robaba la atención de su padre, porque sabía que incluso le decía Tomi de cariño, y él quería ser el único Tomi en la vida de su papi. Aborrecía el hecho de que él tuviera el nombre de su madre, de que su madre hubiera sido la mujer de su padre…
Tom pensó que fue maravilloso el dormir con su papá, y que esa rubia se hubiera ido… Pero fue el comienzo de muchas mujeres que quisieron estar con su papá.
Bill, al haber notado el comportamiento negativo de Anne con respecto a su hijo, es que decidió que tendría que hacer que cualquier interés amoroso, o para sólo sexo, debían tener el claro que él era papá, y que su hijo era su prioridad, por lo mismo, hacía que convivan con Tom.
Y notaba algo peculiar, que Tomi, siendo tan dulce y tierno como era, no era aceptado por las mujeres, y eso lo frustraba. Porque Bill veía cómo Tomi era educado, saludándolas con un beso en la mejilla, sonriéndole, tan bien portado, que a veces se sorprendía de que lo hubiera criado él, pero luego la muchacha de turno, terminaba diciéndole que su hijo había sido mal portado, que una cosa era cómo Bill veía lo que Tomi hacía en su delante, pero que apenas Bill se iba, Tomi se volvía un ser salido del averno, que les cortó el cabello o les intentó apuñalar o lanzar algún objeto sobre ellas.
Bill evidentemente no les creía, era un absurdo, notaba cómo su pequeño reaccionaba positivamente a ellas, y que Tomi no era capaz de hacerle daño a nadie. Por lo que sacó las conclusiones de que si varias mujeres decían lo mismo, no quizá las mismas acciones, pero sí parecidas, era porque eran unas perras mentirosas que querían culpar a su pequeño sin sentirse listas para estar con un hombre con hijo.
Lo intentó por unos tres años, salir con diferentes mujeres, pero no funcionó, fuera de coito ocasional en algún hotel, aprendió que realmente Bill no podía abrirle su vida y corazón a alguien más, era duro, porque él quería saber si estaba con alguien, fuera capaz de comprender que él era padre, que no dejaría de serlo por ellas. Sin embargo, sus intereses no lo entendían.
Suponía porque no eran madres, que muchas veces tenía que cancelar las salidas porque Tom se enfermaba del estómago, o tenía fiebre, o alguna situación apremiante y eso era ser padre, dejar de lado a veces tus necesidades como hombre para ver por el bienestar de tu hijo. Quizá Bill debería salir con una mujer con hijos, pero el pensar que tuviera que obligar a Tom a convivir con niños por la fuerza, cuando el menor incluso no quería ir a las fiestas de sus compañeros, no lo consideraba justo.
Así que terminó por rendirse en su búsqueda del amor, su felicidad sería su hijo, el cómo crecía, enorgulleciéndolo con sus calificaciones, con cada logro que hacía, y cómo es que siempre le mostraba una sonrisa, le daba un abrazo, y se mantenía con la costumbre infantil de dormir muchas veces con él, por más que ya tenía diez años.
Cuando Tom a sus once años le pidió hacerse rastas, Bill se sorprendió, ya que antes de ello, le había dicho que quería ropa nueva, eligiendo ropas anchas estilo rapero, y claro, no sería nada raro, de no ser que… Era el estilo de Thomasin, por lo que Bill se sentía algo confundido por ello.
—¿Por qué quieres hacerte rastas, ratoncito? —cuestionó Bill.
Tom miró a su papá fijamente. —Para sentirme conectado a mamá —respondió el rubio.
A Bill se le apretó el corazón en el pecho por aquella declaración.
—Sí, te ayudaré a que te hagas rastas, Tomi —expresó Bill, pensando que era algo dulce que su hijo quisiera sentirse conectado a sus orígenes, a su mamá, por lo que tenía sentido que también cambiara las ropas.
Poco a poco es que Bill le ayudó a hacerse las rastas, y a los doce años ya tenía unas largas rastas rubias que mantenía en una coleta alta, y le daba sensaciones extrañas a Bill, porque se le hacía demasiado parecido a cómo lucía su novia cuando era joven. Pero era de esperarse, Tom era igual a Thomasin, sólo que a veces le daba ese pánico cuando lo veía correr emocionado o saltar para colgarse en él, con Bill evidentemente abrazándolo o sosteniéndolo, pero teniendo fuertes deja vu de cuando era más joven.
Por lo que era complicado cuando su hijo crecía, usando rastas y abrazándolo mientras dormían juntos, por lo mismo es que Bill tuvo que pedirle a Tom que durmiera en su propia habitación cuando tenía catorce años, porque ya era un adolescente, y no cabían en la cama.
La realidad del asunto es que Bill había tenido un sueño húmedo recordando a su mujer, y por un momento en la noche se confundió, apretando a su hijo pensando que era Thomasin y cuando notó que contra quien se frotaba era Tom, su pequeño de catorce años y no su mujer, es que entró en pánico y le pidió eso a la mañana siguiente, sintiéndose la peor basura humana.
Su hijo no lo recordaba por suerte, nunca le mencionó nada al respecto, incluso aunque Bill quiso preguntárselo.
—¿Recuerdas algo de la última vez que dormimos, Tom? —inquirió Bill, mientras bebía su café.
—No, papi, estaba profundamente dormido —respondió Tom, luciendo confundido—. ¿Pasó algo esa vez que debería recordar? —interrogó el de rastas.
—No, nada, hijo —soltó Bill, sintiéndose tenso, agradeciendo que su hijo hubiera estado tan dormido para no percatarse.
No había sido intencional, y se culpaba por ello, pero sí era frustrante que como padre hubiera sido capaz de hacer eso, de desconocer a su hijo, claro, entre sueños, y con las rastas y de espaldas, sin embargo, no había justificación. Bill se sentía enfermo por ello, detestándose y sintiéndose el peor padre del mundo.
Su pequeño Tomi, que ya no era tan pequeño, era tan inocente y ajeno a todo, incluso siendo un adolescente no le daba problemas con novias ni nada, él seguía muy enfocado en sus aficiones como escuchar música o dibujar estilo graffiti en sus cuadernos. Bill pensaba que aquello era tierno, que mientras él en su juventud sí había pintarrajeado paredes con aerosol, Tom mantenía aquello en dibujos y letras estilo graffiti en su cuaderno.
Cuando Tom cumplió quince años, con Bill de treinta y dos, estaban en su casa, porque mayormente su hijo pedía que aquella celebración sólo se realizara en su casa, decorando ambos un pastel y comiéndolos juntos.
—Papi, tengo algo que decirte —comentó Tom, sonriéndole.
—Sí, dime, Tomi —alentó Bill, en lo que comía un poco más de pastel.
—Soy gay —confesó el de rastas y Bill casi se atora—. ¿Te hice enojar, papi? —inquirió Tom con expresión apenada.
—No, no, Tomi. Sólo me agarraste de sorpresa —comentó Bill después de beber un poco de refresco para ayudarlo a no ahogarse—. Yo te amo, hijo, y no me importa tu orientación, siempre serás el hijo de tu papi, ¿entiendes? —le aseguró el pelinegro, apretándolo por la mano encima de la mesa.
Tom asintió, correspondiéndole al agarre. —¿No quieres saber cómo lo supe, papi?
—¿Cómo lo supiste, ratoncito? —preguntó Bill, entendiendo que Tom necesitaba contarlo.
El rubio sonrió de medio lado. —Porque me gusta un hombre, papi.
—Oh, claro —mencionó Bill, pensando en cuál de los compañeros de la escuela de su hijo le gustaría—. ¿Ya son novios? —inquirió el pelinegro, preguntándose si quizá por ese motivo quería formalizar diciéndole su orientación.
Tom negó. —No, aún no. Pero espero que sí lo seamos después.
Bill asintió ausente, cavilando cómo que habían pasado tantos años desde que Thomasin estaba viva, y murió en el parto, cómo es que su hijo ya estaba enorme, claro, aún más bajo que él, pero igualmente no era ese pequeño bebé rubio que tuvo en brazos, no, ahora Tom era un jovencito con rastas, muy hermoso que era gay, y que en algún momento tendría un novio. Aquello le daba una sensación de incomodidad en la boca del estómago.
Suponía que era lo que pasaban todos los padres, pero también era parte de serlo, el saber que tu hijo crecería y tendría pareja en algún momento. Bill a veces pensaba que quería que Tom se hubiera quedado pequeño para siempre, pero la vida no funcionaba de aquella forma.
Evidentemente el resto vería lo hermoso que era su hijo, que ahora le había pedido de regalo de cumpleaños que le perforase el labio inferior, y Bill lo hizo, a pesar de que igualmente tuvo la carga de deja vu porque Tom pidió que se lo hiciera en el mismo lado de su mamá, entonces sus labios gruesos y adornados por el piercing pues hacía que Bill supiera que era cuestión de tiempo para que Tom tuviera un novio, era muy lindo para pasar desapercibido, más bien estaba tardando algo, quizá porque era gay y aquello era diferente a ser hetero y poder tener casi asegurado el que otra persona fuera hetero también.
Cuando Tom cumplió dieciséis es que la situación se complicó un poco más, ya que si bien su hijo seguía creciendo, usando las ropas anchas de rapero, y teniendo sus rastas amarradas en una coleta, al menos fuera de casa, porque dentro, es que Tom usaba shorts deportivos que eran… Demasiado cortos, manteniéndose sin camiseta, y claro, tenía sentido, Bill mismo a veces andaba hasta en calzoncillos sin nada más de eso al ser dos hombres en casa, sin embargo, muchas veces Bill se descubría a sí mismo mirando a su hijo, porque lo notaba cómo es que precisamente con esa ropa corta limpiaba, agachándose, haciendo que los shorts se le alzaran más, llegando a ver más piel desnuda de su hijo, y tuvo que parar, yéndose a su habitación.
Bill se sentía enfermo, quizá era por la falta de sexo que estaba pasando por ello, ni siquiera podía reclamarle eso a Tom, porque no era su culpa, no estaba haciéndolo de forma intencional, sólo que Tom estaba en su casa y era evidente que quería estar cómodo y fresco con aquellas prendas.
Así que Bill tenía que tomar una ducha fría.
Cuando veían películas, Tom, como siempre había sido, se pegaba a Bill, acomodándose en su pecho, poniéndole una pierna encima, tal cual lo hacía de pequeño, la diferencia es que ya Tom de dieciséis no era un pequeño monito tierno sobre él, sino un adolescente que semi desnudo. Pero Bill no podía reclamarle nada porque él era el enfermo, no su hijo.
—Papi, ¿sabes qué quiero para mi cumpleaños número dieciocho? —interrogó Tom contra el cuello de su papá, Bill se tensó por el aliento del menor.
—Aún faltan dos años, Tomi. ¿Por qué la urgencia de pensar en ello ahora? ¿No quieres decirme que quieres para tus diecisiete? —rebatió Bill, intentando controlar el temblor en su voz, aún abrazando a su hijo por la cintura.
—Es que es importante, papi, un regalo muy grande el que quiero para mis dieciocho años —arguyó Tom para luego reírse.
—¿Un viaje o algo así? Sé que vas a ser mayor de edad, Tom. Pero no puedo costearte algo tan caro —acotó Bill.
—No tendrás que gastar nada, papi, ya verás —masculló con cripticismo Tom, para volver a reír.
Bill no comprendía a su hijo, pero lo dejó pasar, intentando concentrarse en la película y no en el peso sobre él.
&
Cuando Tom cumplió diecisiete años, poniéndose cada vez más hermoso, es que Bill actuó sin pensar.
Sabía que Tom tenía un novio, no lo conocía, pero le hablaba de él, que era guapo, que lo cuidaba, y lo hacía sentir el chico más especial del mundo, que no existía nadie más para él. Y Bill sentía un poco de celos de padre, lo común, pero no lo mencionó a Tom.
El día que escuchó ruidos provenientes de la habitación, con su hijo llorando, es que Bill abrió la puerta, fijándose cómo un hombre estaba sobre Tom, su hijo a medio desvestir pero con lágrimas en los ojos, y recordó cómo llegó Thomasin con las lágrimas diciéndole que intentaron abusar de ella.
Por lo que Bill vio rojo y golpeó violentamente al novio de su hijo, hasta que tuvo que parar al sentir la humedad en sus puños, por la sangre. El muchacho se fue tambaleándose y soltando improperios de que su hijo era un psicópata igual que su padre.
Bill se sentó en la cama, con los puños ensangrentados, viendo a su hijo.
—¿Te hizo daño? —preguntó Bill, queriendo tocar a su hijo pero resistiéndole a hacerlo, para no mancharlo con la sangre de su novio.
—Quiso forzarme a tener sexo luego de que le dije que no me sentía listo —respondió Tom, secándose las lágrimas con sus manos—. Estás sangrando, papi —señaló el de rastas, sacando un pañuelo de su cajón, y secándole la sangre a su progenitor con sumo cuidado, ya que aparte de la sangre de su novio, tenía heridas por haberlo golpeado brutalmente.
Bill decidió que no le preguntaría más al respecto a Tom, porque él era consciente de que quería asesinar a su novio, y que quizá siendo joven, lo habría hecho, pero que ahora podían ser denunciados o algo por su comportamiento, y no, Tom dependía de él, así que tenía que guardar la compostura. Sólo que le daba rabia que hubieran querido abusar de su hijo, tal cual lo intentaron con su mujer.
Sin embargo, había una parte más retorcida del incidente de Tom… Porque cuando Bill se fue a dormir, teniendo sueños húmedos al fantasear con Thomasin, es que cambiaba su cuerpo… Desapareciendo sus pechos y cintura… Haciendo que Bill no viera dar botes a Thomasin sobre su pene, sino a Tom… Tomi, su hijo, usando esas ropas cortas, o estando debajo suyo, tal cual estuvo con ese abusador, pero no poniendo una expresión de dolor, sino de placer.
Así que Bill se despertaba de aquellos sueños habiéndose corrido por lo mismo, tal cual adolescente, y con el deje de culpa. ¿Qué mierda le pasaba? Era un monstruo. ¿Por qué su fantasía con su mujer se convirtió en una fantasía donde se follaba a su hijo?
Bill se tomaba el té al lado de su cama para recomponerse. También se sentía culpable, terrible en realidad, y más cuando Tom le tocó la puerta, y él tuvo que ir a lavarse y cambiarse de ropa interior para recibirlo.
—Sé que no debo hacerlo, pero lo necesito, papi. Ya sé que estoy grande, pero, por favor, déjame dormir contigo, cada que cierro los ojos, sueño que Liam intenta violarme otra vez, por favor. Sé que el próximo año voy a ser mayor de edad, sin embargo, siempre me diste calma, así que déjame dormir contigo, papi —rogó Tom con expresión dolida y la voz quebrada.
Bill se sintió un monstruos por su fantasía, pero asintió, dejando que su hijo durmiera con él, Tom abrazándolo como cuando era niño, y Bill correspondiéndole al gesto, acariciando su espalda para transmitirle aquella paz que le decía su hijo.
El problema era que las veces que Tom dormía con él, su cuerpo le jugaba en contra, haciendo que tuviera una erección, o al despertar, con su hijo ya habiéndose ido, se sintiera como si hubiera tenido un orgasmo intenso, pero sin haberse manchado la ropa interior, por lo que debía ser sólo su mente de mierda que le jodía.
Los sueños con su hijo no desaparecieron, a veces imaginando a Tom haciéndole una mamada, que era tan nítido que más parecía un recuerdo que algo fruto de su imaginación enferma. Bill ya había tomado consciencia de que no podría decírselo a algún psicólogo, porque lo acusarían de ser un abusador o algo así, porque era su hijo, el cual vivía ajeno a todo su lío mental.
Tom, quien seguía lidiando con su estrés postraumático durmiendo con su papá las veces que pudiera.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉