
«Daddy’s boy»
Parte 3
Cuando Tom cumplió dieciocho estaba sumamente feliz.
—¿Por qué te emociona tanto cumplir dieciocho años, Tom? ¿Ya quieres irte de casa? —bromeó Bill, sonriéndole a su hijo.
—No, papi. No me quiero ir de casa, sino que es muy especial el ser mayor de edad, te abre muchas puertas —arguyó Tom, sonriéndole de vuelta.
—¿Cómo cuáles? —preguntó Bill con genuina curiosidad.
—¿Podemos comer pastel en mi cuarto, papi? —cuestionó Tom.—Ahí podremos hablar más tranquilos sobre las puertas que se abren al ser mayor de edad.
Bill asintió, siguiendo a su hijo con su plato de pastel, no era lo más prudente ni educado comer en el cuarto, pero en realidad por hacerlo una vez al año no habría problema, Bill mismo tenía esa costumbre cuando Thomasin aún vivía o cuando estaban en un monoambiente al Tom ser un bebé, cuando entraron a la habitación del menor, es que Bill se sentó, comenzando a comer, pero Tom dejó su plato en la mesita de noche.
—Vaya, me olvidé traer tu bebida, siempre tomas algo después de comer pastel —farfulló Tom.
—Yo voy, hijo, no te preocupes —respondió Bill.
—No, papi, déjame ir —le dijo Tom, sonriéndole—. Lo haré gustoso —acotó y Bill asintió, sintiendo que no se merecía tener un hijo tan bello y bien portado pese a todo, ya que Tom era quien le ponía una infusión al lado de su cama, junto con su melatonina para conciliar el sueño, era algo que su hijo siempre hacía, no porque Bill se lo hubiera pedido, sino que a su Tomi le nacía ser así de detallista y abnegado con su padre.
Tom salió de su habitación para después regresar con dos vasos, uno que le dio a su papá, y el otro que puso en su mesa de noche, encendiendo la televisión para que se reprodujera una película.
Bill terminó de comer su tajada de pastel y luego bebió el refresco, buscando cambiar el dulzor fuerte del postre con ello. Mientras que Tom se tomaba su tiempo en comer, siendo inusualmente lento, pero no le diría nada.
—¿Y cuáles puertas son las que se abren, Tom? —inquirió Bill, viendo la película sin realmente hacerlo, en lo que sentía un poco de calor, por más que estuvieran en invierno.
Tom estaba mirando a la pantalla, pero sonrió. —Ah sí, me había olvidado mencionarlo, papi —comentó el de rastasㅡ. Que ya puedo comprar cosas que antes no, porque tengo identificación de mayor de edad ㅡsoltó el rubio sin ver a su progenitor.
Bill se jaló levemente el cuello de su camiseta, pensando que quizá se le estaba subiendo la presión, no es que fuera imposible ya que tenía treinta y cinco años, sólo que no es que él sufriera de hipertensión, diabetes o algo así, la verdad era que se hacía un chequeo anual junto con Tom, y estaban saludables, porque desde que nació su hijo, sí es que cambió sus hábitos para tener más tiempo para cuidarlo ya que Tom sólo lo tenía a él.
Lo que sí sabía por lo dicho por su doctor, era que en cinco años le empezaría la andropausia, que era como una menopausia pero en hombres, por lo que Bill empezó a cuestionarse si tal vez la subida de presión era por adelantarse ese proceso.
Aunque Bill, incluso sudando, empezaba a sentirse también… Excitado, sin motivo aparente, pero su miembro estaba endurecido bajo su pantalón, por lo que sujetó la almohada de su hijo y se cubrió la entrepierna, intentando distraerse de ello. Tenía que irse pero no quería hacerle el desplante a su hijo de irse a su cuarto cuando estaban viendo una película por su cumpleaños.
ㅡ¿Querías comprar alcohol? ㅡcuestionó Bill con voz ronca, porque no le había visto alguna botella de alcohol, pero como Tom trabajaba como mesero, quizá al salir de su trabajo quisiera comprarse una cerveza o algo, tal vez beber con sus compañeros de trabajo.
Haciendo que Bill se preocupara pero sabía que era parte normal de que su hijo creciera el que bebiera alcohol, aunque en realidad Tom no mostraba interés ni en ir a fiestas, siendo un chico que prefería estar en casa.
Tom soltó una risa cantarina, que de algún modo hizo que Bill sintiera un estremecimiento al oírlo por una razón que no llegaba a comprender, haciendo que observara a su unigénito.
—Algo parecido, papi —musitó Tom, girándose para verlo y relamiéndose los labios.
Bill sabía que era él quien estaba mal, porque tenía una erección sin controlar en sus pantalones, pero verlo a su hijo haciendo ese gesto, no le ayudaba, por lo que tragó saliva duramente y se giró a un costado. Tom no estaba haciendo nada, sólo era su mente jugándole en contra, con su excitación y haciendo que pensara en cuando Thomasin lo veía de esa forma, o hacía aquellos gestos para seducirlo, pero evidentemente su hijo no lo hacía con aquella intención, sólo riéndose por sentirse probablemente un chico malo al tener un secreto que seguro sería tomar una bebida alcohólica que estaba de moda o algo de aquella naturaleza.
A veces Bill se consideraba un peligro para su hijo, que claro, no era un niño, ya era un adolescente, aunque mayor de edad, pero siempre seguiría siendo su niño, su pequeño Tom al cual vio nacer, al cual cuidó y procuró desde antes de que pudiera caminar, y quién era lo más valioso que Bill tenía en su vida, por lo mismo le aterraba el cómo habían ocasiones dónde miraba cómo hombre y no como un padre vería a su hijo.
Porque en este punto, por más que Tom mismo fuera como su madre, no era tal cual como su mujer, ya no, por más que usara prendas parecidas, tuviera el mismo rostro, color de cabello y peinado, habían diferencias marcadas porque su hijo era un varón, con pecho plano, caderas estrechas y evidentemente pene. Incluso su rostro mismo, si bien era redondeado, no lo era tanto como el de Thomasin, Tom tenía su manzana de Adán, los hombros más anchos, aunque igualmente su hijo no es que tuviera una musculatura del todo trabajada, ya que Bill mismo era más bien delgado, no tanto como en su juventud pero tampoco al punto de lucir como muchos hombres de su edad con panzas cerveceras, estaba lleno de tatuajes, ahora sí se cortaba el cabello negro, y mantenía barba corta, aunque aún con sus piercings, con sus treinta y cinco años, no poseía muchas arrugas más que alrededor de los ojos las típicas líneas de expresión, y él mismo que se percibía el cambio en su organismo.
Pero Tom pues tenía un cuerpo similar al suyo a cuando era joven, sólo que haciendo más actividad física que Bill mismo, algo que Bill era consciente cuando lo veía sin camiseta y en esos shorts… Era un detalle distinto a él, que Tom tuviera los muslos más grandes, parecidos a los de su mamá, y el trasero, bueno, también parecido al de su mujer, por lo mismo es que le costaba verlo en varias ocasiones, porque si bien notaba que su hijo tenía el bulto normal de su miembro dormido pero… Sí se quedaba viendo esos muslos, y Bill trataba de ocultar en lo profundo de su mente de la vez que se frotó contra su trasero.
—¿Te sientes bien, papi? —preguntó Tom, sacándolo de su ensoñación, y Bill enfocó la vista en su hijo, que sí lo miraba pero más ensimismado en sí mismo, y el de rastas acercó su mano hacia su frente.—Estás caliente y estás sudando, papi, ¿te puedo ayudar? —cuestionó nuevamente el rubio con un deje de preocupación en su voz y en su expresión, acercándose más a su padre.
—Debo estarme agripando —mintió Bill, tensándose cuando su hijo se puso más cerca suyo.
—Entonces podrías tener fiebre, papi —sugirió Tom, posando su mano nuevamente sobre la frente del mayor, haciendo que Bill se mordiera la lengua porque ser tocado por su hijo sólo aumentaba el calor que sentía—. ¿Sí ves? Si no tienes fiebre al menos debes tener febrícula, quítate esa almohada de encima, necesitas bajar tu temperatura con un baño —pidió el de rastas, queriendo sacar la almohada de encima de su padre, pero Bill se aferró a ella, tomándolo por la muñeca con la otra mano para evitar que lo sacara.
—¡No! —dijo Bill, no queriendo que Tom le quitara la almohada y viera que tenía una erección.
Tom se fijó en cómo su padre lo tenía sujeto de su muñeca. —Papi… Me estás lastimando —masculló el rubio en un tono apretado que no le ayudaba a Bill, pero soltó su muñeca—. ¿Por qué no me dejas ayudarte, papi? ¿Quién mejor que yo para cuidarte? Soy tu hijo y te amo. Déjame cuidarte —arguyó el de rastas apoyando su mano encima de la almohada, pero sin quitarla, sólo presionando y Bill jadeó.
—No, hijo… Por favor, no me toques, necesito ir a mi cuarto —masculló Bill, cerrando los ojos con fuerza, porque Tom le había estimulado indirectamente el pene con su mano apoyada.
Bill se levantó de la cama, aún con la almohada sobre su entrepierna, pero Tom se paró de la cama, sujetando la almohada de su padre para apoyarse, y se le cayó al piso, haciendo que tanto padre como hijo se vieran y Tom fuera totalmente consciente de que su padre estaba con una erección.
Bill se sentía avergonzado, y tragó saliva.
—No pienses mal, hijo, no sé qué me pasa, esto no es intencional. Iré a darme una ducha, y lo lamento, sé que es tu cumpleaños, pero no podré quedarme —dijo Bill y notó cómo que Tom seguía mirándole la erección, y en vez de alejarse, el menor se acercó hacia su padre.
—Pero te duele, por tu rostro, te duele, ¿cierto, papi? —inquirió Tom mirándole ahora la cara a Bill, con… Un brillo en sus orbes, ¿por qué no notaba asco o extrañeza en su hijo?
Bill era consciente de que le dolía tener el pene erecto, pero, ¿por qué se lo decía eso Tom?
—Sí, duele, pero seguro se me bajará con una ducha —farfulló Bill, y Tom se acercó aún más hasta casi respirar sobre el rostro de su papá, con la mano tentativamente cerca a su bulto.
—Pero puedo ayudarte a que te sientas mejor y te deje de doler, papi —sugirió Tom con ese mismo brillo en sus ojos.
—Thomas, ¿qué estás hablando, hijo? Soy tu padre —soltó tajante Bill, poniéndose nervioso pero manteniendo la compostura porque no era posible lo que estuviera ofreciendo su hijo, que casi iba a tocarlo directamente en su pantalón, y lo vio sonreír… ¿Tom estaba sonriendo?
—No se te va a bajar con que tomes un baño o te la jales, papi —contestó Tom con la misma sonrisa torcida en sus labios, no era una sonrisa inocente era… Macabra.
—¿Qué? —inquirió Bill, no entendiendo a qué se refería su hijo.
—Porque te dije que quería algo especial para mi cumpleaños número dieciocho… Que ser mayor de edad me abriría muchas puertas, y es que no pueden venderle viagra a un menor de edad —respondió Tom con simpleza—. Lo intenté antes, y tristemente me pedían una identificación de adulto sí o sí, pero ahora ya la tengo, la procesé antes para que estuviera lista para hoy y te puse el viagra en el refresco, papi —terminó de decir el rubio con esa misma expresión que estaba atemorizando a su propio padre.
Bill no podía creer lo que estaba escuchando, su hijo… Su propio hijo le había dado viagra, que había intentado comprarlo antes. ¿Eso quería decir que…?
—¿Por qué me drogaste? —preguntó Bill, alzando la voz, con expresión enojada, queriendo que Tom fuera directo.
Tom soltó esa risa cantarina de antes, que lo hizo estremecer, de nuevo. —Porque tú eres mi regalo, papi.
—Soy tu padre, Thomas… —empezó a refutar Bill, sintiéndose en pánico por lo que le estaba diciendo su hijo, pero demostrando una expresión seria que ocultaba lo demás.
—El viagra no te da una erección por sí solo, papi. Así que ahórrate el sermón. Lo que causa es la relajación de los vasos sanguíneos del pene, aumentando así el flujo sanguíneo y facilidad para que se dé una erección, que sin un estímulo sexual simplemente quedaría así como si nada, pero yo te excito, ¿verdad, papi? Lo sé, siempre he notado cómo me miras, por lo mismo es que verme comer pastel, jugar con mi piercing o relamerme los labios hicieron que te excites, y por eso estés así de duro por mí —explicó Tom, ahora posando su palma contra la entrepierna de su padre, dejándolo con la boca abierta, Bill iba a quitar su mano, pero el de rastas lo apretó más, haciéndolo sisear por cómo se sentía bien el que lo acariciaran incluso así, pero estaba mal, estaba pésimo.
—Thomas, ¡basta! —ordenó Bill, empujándolo a su hijo contra la cama y vio cómo él se sentó pero seguía riéndose.—Y deja de reírte, estás mintiendo —masculló porque eso no podía ser cierto.
—No… No miento, ¿por eso te pones así, verdad, papi? Porque no lo hago. ¿O quieres que te recuerde lo que pasó la noche antes de que me pidieras que no durmiera más contigo? ¿Cómo es que te frotaste conmigo? ¿Vamos a fingir que eso no pasó como siempre? Porque sí, accedí a mentirte de que no lo recordé pero claro que lo hice, ¿cómo olvidarlo? Si por fin me estabas acariciando de la forma que yo quería desde el inicio, papi. Te lo dije muchas veces desde niño, que quería tomar el lugar de mi madre. Porque tú siempre me decías que me llamaba como ella, lo mucho que me parecía a ella, que incluso me apodabas así, haciendo de todo para atraer tu atención, porque sólo te quería para mí. Y por eso lo hice… Alejé a todas tus novias, porque lo hice, era verdad todo lo que te dijeron de mí, aunque tú nunca pensaste mal de mí, porque sé actuar como un buen niño por más que fingí estar enfermo tantas veces para que me hicieras caso y dejaras plantadas a cada mujer con quien saldrías… Siempre creyéndome desde que era un infante, y por lo mismo te amé, porque fuiste perfecto, yo sabía que no te veía como el resto hacía con sus padres, porque no podía hacerlo, por más que me cuidaras y dieras todo el cariño, yo quería tenerte como un esposo, como hombre —confesó Tom con la misma expresión enajenada—. Te miré masturbarte con fotos de mi madre o con porno, anhelando que me vieras así… Siempre lo supe, y te lo mencioné en diferentes ocasiones donde pensabas que era tierno cuando no lo era, yo de verdad quería ser tu pareja, que fueras para mí. Detestaba que hablaras de mi madre, porque ella te tuvo, y yo no, incluso muerta seguías estando enamorado de ella. Pero me sirvió ser su hijo para parecerme a ella, para buscar encantarte con ello. Y tú… Bueno, sí atrapé tu atención, ¿cierto? —masculló el de rastas y se rió.—Cada que usaba prendas cortas sentía tus ojos mirándome… Y amaba cómo te ponías cuando me pegaba intencionalmente hacia ti, casi echándome sobre ti, lo notaba, papi, cómo te ponía nervioso. Pero… Seguías sin hacerme algo. Lo cual me enojaba mucho. Entonces… Ya que no podía conseguir el viagra todavía, decidí decirte que era gay, para que comprendieras que podía estar contigo, porque me gustabas, porque por ti supe que era homosexual, no había forma de que viera a alguna mujer si sólo pensaba en ti. No me interesó nadie más… Sin embargo, seguías sin darte cuenta. No notabas que estaba disponible para ti, que me encantabas y eras mi obsesión… Tuve que conseguirme un muchacho, traerlo con promesas de que tendríamos sexo, pero sólo era para provocarte, Liam sólo fue un títere, que lo hice ver como abuso y lloré a voluntad para hacer que pensaras lo peor. Y amé cómo te comportaste como un animal para defenderme, quería que lo mataras, me excitaba pensar lo que eras capaz de hacer por mí, papi. Pero… Pobre Liam, él no hizo nada y se fue temeroso —acotó el de rastas, riéndose.
Bill tenía la expresión aterrorizada escuchando todo el relato de su hijo, cómo es que por años había estado obsesionado con él, y… Todo lo que había hecho, las mentiras, el actuar… Lo que su hijo había sido capaz de realizar. Haciendo un recuento de todo, de cómo él lo vio y cómo pasó en realidad. Las cosas que le dijeron sus intereses amorosos, la manipulación… El que intentara seducirlo, el que Tom incluso hubiera fingido que fue casi violado para que Bill lo salvara, que realmente su hijo quería que se acostara con él, Tom había hecho todo con la intención de conseguir aquello, y su excitación no menguaba, por más que le daba un pavor pensar en lo que era capaz de hacer su hijo que ahora mismo lo había drogado y sí… Bill sabía que su hijo le excitaba, por más que fuera su sangre, que era algo que se había instalado dentro suyo de una forma enfermiza y que Tom correspondía porque había buscado alimentar ese deseo. Ambos estaban mal, eran enfermos. No podía sólo pensar en su hijo como un victimario porque Bill mismo sabía que tenía culpa en ello.
Tom se volvió a poner de pie y se acercó sin tocarlo, pero sí haciendo que Bill retrocediera frente a sus avances.
—Ahora déjame ayudarte, papi. Te prometo que te haré sentir muy bien… El Viagra hará que tengas una erección funcional, con la que podrás follarme por varias rondas… Llevándote por fin mi virginidad. Y espero que ya con ello dejemos este teatro de sólo fingir que no nos excitamos mutuamente, papi. Nadie debe saberlo. Yo nunca hablaré, no tenemos más familia, ¿qué interesa? Incluso podríamos mudarnos a otra ciudad y decir que somos pareja —comentó Tom, relamiéndose los labios—. Yo no soy mi madre, pero me la puedes meter, con la ventaja de que no me puedes embarazar por más veces que te vengas dentro mío sin condón —terminó de decir con descaro.
Bill tensó su mandíbula, sintiéndose totalmente pasmado por la honestidad brutal con la que decía todo esto su hijo… Pero aún peor, al saber que esto le excitaba, el pensar en correrse dentro del trasero de su hijo. Por lo que el mayor se sujetó la cabeza, tratando de cuestionarse qué mierda tenía para no bajarse su libido con la situación en la que estaba, deseando hacer realidad todo lo dicho por el menor como si estuviera bajo un hechizo.
—¡Soy tu padre, no puedes hablarme así, Thomas! ¡No puedo tocarte ni puedes hacerlo! —barbotó Bill, con la vena latiéndole en la sien, por más que estaba con la verga dura en los pantalones, trataba de mantenerse racional, incluso aunque estuviera casi apoyado contra la pared por querer huir del adolescente que sólo rió.
—Demasiado tarde, papi… ¿Seguro tienes muchos sueños dónde te la chupo, no? Sueños que parecen tan reales que lucen como recuerdos… Pues es porque lo son. Sabía que no ibas a negarte a qué durmiera contigo después del abuso que supuestamente pasé, así que cada noche te llevo una infusión de manzanilla junto con tu melatonina, una dosis para que concilies el sueño luego de mucho trabajar. Y lo haces… No es mortal que tomes más de una pastilla, pero sí te hace caer rendido casi desmayado. Por lo mismo trituro y diluyo dos melatoninas en tu infusión, aparte de que te tomas, y… Ahí es que aprovecho para probarte, chupándote hasta que te corres en mi boca. Tenía que calmar mi ansia por ti de algún modo, papi. Dándome más ganas de sentirte dentro, ya no sólo en mi boca, sino en mi trasero, estimulándome la próstata con tu polla gorda y larga, papi. Sólo quiero que tú me llenes, y prometo hacerte sentir muy bien —susurró Tom, mirándole con fijeza, con los ojos oscurecidos en deseo.
Bill fue consciente de todo lo que había estado pasando, que de alguna forma Bill había sido abusado por su hijo, con el cual había fantaseado sintiéndose el peor padre del mundo, cuando su propio hijo tenía aquellos deseos insanos con él. Aún con su propio deseo en su interior, con el calor en su cuerpo, sudando, mientras su miembro palpitaba dolorosamente en sus pantalones.
Era su sangre, su hijo… Esto estaba mal, lo sabía, pero cuando Tom, su hijo, su todo, se terminó de acercar hacia su rostro, con clara intención de besarlo, Bill no lo detuvo, aferrándose a la cintura del más bajo, y Tom enredando las manos en los cabellos cortos de su padre.
Había hambre y desesperación en aquel gesto, con Tom colando la lengua dentro de la boca de su padre, quién percibió la suavidad de los labios de Tom, y cómo es que sus lenguas se movían una contra otra, la forma en que Bill empleaba su piercing de su lengua, y Tom gimió, presionando su cuerpo con el de su padre, haciendo que el pelinegro sintiera la erección de Tom contra la suya.
Esto era real, no era una fantasía, iba a acostarse con su hijo… Y Bill no podía… No, no quería detenerse.
Bill apretó más la cintura de su hijo, en lo empujaba su pelvis con la contraria, sintiéndose sumamente excitado, mientras iba haciendo que Tom retrocediera, hasta caer en la cama con él encima, presionándolo con su cuerpo, y Tom se sentía fascinado por tener el peso del cuerpo de su padre sobre él, tantos años anhelándolo, tocándose pensando en su padre poseyéndolo y por fin se haría realidad.
Tom enredó sus piernas alrededor del cuerpo de Bill, pasando sus manos por debajo de la camiseta blanca, sintiendo su torso, la cantidad de veces que había observado sus tatuajes, luciendo tan sexy desde que él era pequeño, primero con sus cabello largo y look rockero, dónde sus paseos en moto eran lo mejor, haciendo que Tom pensara en su padre follándoselo encima de aquella motocicleta.
Su padre se hacía mayor, pero sólo lo enloquecía más, haciendo que Tom no le desagradara nada de Bill, sólo lo hiciera fantasear más, queriendo ser follado, pero también pensando que su padre sería su novio, su esposo, su todo. Que Tom podría suplirle todas sus necesidades, para que nunca tuviera que buscarse a nadie más.
Bill no podía mentirse a sí mismo diciendo que pensaba en Thomasin al besarlo, porque no lo hacía, y se sentía miserable por lo que diría su esposa de saber lo que estaba haciendo, pero no podía más.
Bill dejó de juguetear con su lengua, mordiéndole los labios gruesos y gozando con el sonido de excitación que emitía su hijo bajo suyo, con las mejillas sonrojadas y luciendo muy complacido. Bill le lamió el cuello, para luego mordérselo, haciendo que Tom gruñera pero se arqueara, con el cuerpo ardiendo en deseo.
Tom no quería cariño, no en su primera vez, quería ansia y desesperación, la misma que él poseía y que su padre mismo tenía, por años de tensión sexual acumulada que Tom mismo había sembrado. Así que estaba satisfecho con la urgencia en la forma en que su padre le chupaba el cuello, para luego quitarle la camiseta y bajar por su pecho…
Tom soltaba suspiros por las lamidas de su padre, o la manera en que le mordió el pequeño pezón erecto, y el rubio siseó, aferrándose a los cabellos cortos de su progenitor.
Luego Bill siguió mordiéndole el talle, las costillas, lamiéndole el vientre, hundiendo su lengua en su ombligo y Tom sentía cómo quería liberar su propia erección.
Bill se separó de él, para quitarse la camiseta y abrirse los pantalones, bajando lo suficiente para que quedara libre su verga erecta, mientras que el de rastas, hacía lo mismo, pero sí bajándose los pantalones por completo para quitarse la ropa interior y abrir sus piernas, sacando el lubricante de debajo de su almohada.
—Puedo prepararme solo, ya que no te has acostado con un hombre antes, es algo que ya probé por mí mismo y sé cómo abrirme lo suficiente para recibirte —arguyó Tom, abriendo el tubo y esparciendo una cantidad del gel sobre sus dedos, los cuales dirigió hacia su trasero, comenzando a penetrarse a sí mismo ante la mirada atenta de Bill, que observaba cómo los dígitos de su hijo hundían en su culo estrecho y virgen.
Bill estaba mal de la cabeza pero se masturbó al verlo, ya no tenía sentido que siguiera mintiéndose a sí mismo, porque incluso a sabiendas de todo lo que había hecho Tom, de algún modo le recordaba a sí mismo, y a Thomasin, cómo es que Bill era capaz de matar por ella, que había asesinado al hombre que intentó violarla, castrándolo a sangre fría, y dándole su pene como regalo a su novia, la forma en que siempre Bill cargaba con una navaja, y cómo Thomasin también poseía ese lado salvaje, golpeando o hiriendo a quien fuera por defenderlo.
Bill había pensado que ese instinto tan crudo que tenía dentro suyo, debía dormirlo al convertirse en padre, haciendo que Tom no supiera de ello jamás, que pudiera ser un mejor hombre con él, sin embargo, su hijo, que llevaba su propia sangre corriendo por sus venas, también le recorría la misma vesanía que tenía Bill y Thomasin.
Thomasin siempre había sido su hogar, y luego lo fue su pequeño Tom, y al final, Bill y Tom sólo se tenían el uno al otro, así que, así estuviera mal, fuera condenable y demás. Bill no iba a seguir luchando contra esa parte que había mantenido dormida por años.
—Déjame ser el buen hijito de papi que siempre quise ser —masculló Tom, echándose lubricante en la mano, sentándose en la cama, para reemplazar la mano de su padre por la suya, embadurnando la extensión de su miembro, con la habilidad de haberlo tocado antes cuando Bill dormía y el mayor lo notaba sintiendo un placer indescriptible sólo por las caricias con fin de bañarlo en lubricante, mientras Tom besaba al mayor con fruición, y Bill le correspondía con ganas, recorriéndole con su lengua su cavidad, haciendo que Tom estuviera tan duro incluso sin tocarse el pene todavía, luego empujó a su padre sobre la cama.
Tom sonrió y empezó a subirse a horcajadas sobre su padre, guiando la erección del mayor sobre su agujero virgen, y el de rastas es quien empezó a penetrarse a sí mismo con la verga de su progenitor, boqueando al sentirlo por fin dentro suyo, sin importarle el dolor, entendiendo que era parte de esto, y aceptándolo como tal, para bajarse por completo sobre su polla.
Bill se aferró a las caderas de Tom, sintiendo cómo es que quemaba como el infierno estar dentro de su hijo, lo cual hallaba irónico al estar haciendo un acto condenable digno del Averno, pero no le interesaba más… La culpa se catapultó en lo profundo de su mente, concentrándose en cómo su erección ardía en aquel apretado sitio.
Tom estaba apoyándose sobre los pectorales de su padre, estando jadeante pero excitado, sujetó su miembro con una mano, y comenzó a dar botes sobre Bill, el cual recordó cómo era con Thomasin cuando ella lo montaba, así que apretó más la cintura de su hijo, que se notaba que aún no sabía cómo hacerlo del todo al ser virgen, y lo ayudó, guiándolo con su fuerza y Tom se arqueó, poniendo los ojos en blanco conforme su padre lo hacía bailar sobre su erección.
Bill estaba enfebrecido por el efecto del viagra, pero también era por el consumar aquella fantasía pérfida que lo iba asediando por años, apretando tan fuerte las caderas de su hijo, la carne que estaba allí, que sabía que le dejaría marcas de sus manos.
Tom no podía estar más feliz, sintiendo la forma en que esas manos largas, y dedos se aferraban a él, en lo que lo guiaban, mientras el hombre mayor, quien había sido su sueño húmedo por tanto tiempo, lo penetraba, empujando su pelvis mientras Tom mismo movía sus caderas para que siguiera dándole profundo, estimulando su próstata mucho mejor que cuando se tocaba a sí mismo con sus dedos.
Tom ponía los ojos en blanco, echaba la cabeza hacia atrás, embebido en su propio placer, pero volvía a ver el cuerpo al que estaba cabalgando, esos tatuajes, esos manos recorriéndole, cada tramo de piel disponible, mientras se acariciaba a sí mismo, y veía los ojos lo unos de su progenitor, que tenía el cabello corto negro despeinado y se relamía los labios, cómo es que había gozado sentir su barba contra su rostro. Tom… Lo amaba, sí, más que a nadie, más que nada, y el saber que ahora su padre no tendría ojos para nadie más, que por fin estaban viviendo lo que siempre quiso, sin tener que fingir, porque no había arrepentimiento en su padre, Tom lo sabía, Bill estaba determinado, por lo mismo era quien elevaba su pelvis con rudeza, mientras su trasero chocaba contra sus testículos, teniendo a su padre tan dentro suyo que sólo salivaba y se masturbaba con más fuerza, con las piernas temblándole ante la intensidad de este momento, que sabía que sólo era el inicio.
Tom apretaba su interior, haciendo que Bill siseara, y lo sujetara más agresivamente haciendo que las estocadas fueran más rápidas.
—¡Papi…! —gritó Tom, corriéndose en su mano, sintiendo cómo estaba demasiado estimulado en su próstata y su miembro que latía contra su palma, cómo es que aquello lo atravesó desde su interior hasta todo su cuerpo, por cada poro, haciendo que su garganta soltara aquel alarido de clímax, de… Por fin hacer realidad su más grande deseo.
Tom asfixió la erección de su progenitor al venirse con fuerza y Bill dio largas embestidas un par de veces más, cuando Tom se dejó caer sobre él, besándolo, es que Bill soltó toda su venida dentro de su hijo, pero manteniendo la erección por El viagra, así que si bien sentía gozo al haberse corrido, todavía tenía ganas de más, mientras el de rastas lo besaba, aún con el pene duro de su padre en su interior, moviendo con suavidad sus caderas, gustándole la sensación de estar así de lleno y con la simiente caliente del mayor allí.
Bill soltó sus caderas para acariciarle el rostro, porque aún se lo quería follar, pero también lo amaba, era su hijo al final de cuentas y lo veía bello con su cara de recién follado.
—Hasta en tu cara de recién follado luces como tu mamá, Tomi —comentó Bill, besándole en la quijada al menor, y el rubio rió.
—Pues voy a darte suficientes nuevas memorias de ti follándome, para que te olvides de mi madre, papi. Y sólo pienses en mí. Que sólo yo puedo ser el único Tomi en tu vida, el único Thomas, no Thomasin ni Tomi por ella, sólo yo, para siempre —soltó Tom con expresión macabra, y lo jaló consigo para que Bill quedara sobre él, aún dentro suyo, con el de rastas abrazándole con sus piernas, empezando a mover sus caderas para alentar a que su padre lo embistiera, incluso si la propia erección de Tom no estaba en toda su extensión, eso se iba solucionando conforme giraba sus caderas estimulando su próstata y acariciaba su propio pene.
Bill lo volvió a besar, apoyándose sobre el colchón y comenzando a mecerse contra él, sintiendo cómo Tom gemía contra sus labios, en lo que el mayor seguía dándole para buscar calmar su ansia, y también los efectos de la medicina…
Cuando pasaron las horas, y con ello el efecto del viagra, Bill y Tom durmieron juntos, con el mayor abrazando a Tom por detrás, tal cual hacía con Thomasin, y tal cual hacía con Tom desde niño, ambos agotados pero manteniéndose en aquel gesto apretado lleno de un amor enfermizo.
Los días siguientes, ya no tenían secretos el uno con el otro, con Bill diciéndole las cosas que hicieron con su madre, y que por lo mismo es que aceptaba esta nueva realidad de que Tom fuera como ellos.
Bill le tomó la palabra a Tom, y se mudaron a otra ciudad donde fingieron ser una pareja casada, por lo cual compartían apellido, y vivieron su cuento de hadas retorcido juntos, en el calor de su hogar.
No era lo más sensato, ni lo más sano, pero eran felices, a su propio modo.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉
