
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 6
By Tom
Duele.
Se ha instalado en mi pecho como una presión angustiosa que no me permite respirar. Es verdad que he sido yo quién decidió dejarlo ir, pero eso no lo hace menos doloroso. Decidí no verlo más, no seguir sintiendo más entonces, ¿cómo puede esa decisión hacerme sentir tanto dolor? Como si estuviera errado.
Lo peor, es recordar el rostro estupefacto de él y el hecho que pueda estarme odiando.
ÉL…
No puedo pensar en su nombre porque comienzo a temblar. Tampoco he soltado una sola lagrima desde que llegué del puerto, sin embargo, me siento vacío. Tengo solo estos sentimientos que amenazan con asfixiarme. No creo volver a juzgar a los poetas o cualquier persona que haya sentido algo como esto. Estar solo y roto es poco agradable. No recuerdo una tristeza parecida ni siquiera cuando pasé situaciones tan difíciles de pequeño.
Incluso mi habitación se siente pequeña, extraña y sumamente fría. Llegué hace horas, lo primero que hice fue mandarle un mensaje a Gustav, aun cuando sé que puede estar odiándome por haberlo engañado con nuestra amistad, me sigue preocupando. Mi plan más elaborado ha sido meterme a la cama y hacerme ovillo.
Mi mente y mi corazón tienen una lucha, lo que hace todo más insoportable. Mi mente está convencida que he hecho lo correcto en dejarlo ir, tomarme tiempo y superar este amor el cual creció incluso cuando estuve resistiéndome.
Mi corazón dice que soy un completo idiota que dejó ir una amistad o un posible amor.
No es tan fácil.
Así como las sensaciones que tenía, con él fueron aumentando hasta convertirse en un amor desconocido y fuerte. Así debe transformarse este dolor para que pueda sobrellevarlo. Pero, ¿qué pasará con todos estos años de amistad? Esa pregunta me sigue dando vueltas, y no conozco por primera vez la respuesta a algo.
&
Toc Toc Toc…
Estoy confuso. Mi cuerpo se siente pesado. No recuerdo haberme quedado dormido. Los sonidos afuera se incrementan, están muy cerca.
¿Otra vez duermo en la sala?
Despierto de mal humor, y me percato que me encuentro en mi habitación. Alguien está tocando la puerta de mi habitación con fuerza.
¿Qué demonios? ¿cómo entraron a mi casa? ¿acaso dejé abierta la puerta principal? ¿la servidumbre no se hizo cargo?
El despertador anuncia que son las 5 pm, dormí la mayor parte del día. Imágenes del día anterior y sentimientos asfixiantes regresan, apenas logro jadear de lo intenso que son. Con dificultad me pongo de pie atravesando la habitación hasta la puerta, antes de girar la perilla me doy cuenta que tiene el seguro, la puerta vibra cuando vuelven a tocar fuertemente. Y abro de un tirón irritado.
JODER.
—¿por qué cierras la puerta con pestillo? ¿qué pasa si te mueres dentro? Nadie podría saberlo— dijo Bill despocritando.
Él entra a la habitación como un huracán, comienza a quejarse de mi cama hecha un desastre y que he dormido con la ropa puesta de ayer “eso es antihigiénico” había dicho. Yo lo miro, lo miro y lo miro sorprendido desde la puerta. Entonces va hacia la ventana y abre las cortinas de un tirón. La luz entra como si él la hubiera traído consigo.
Bill por fin detiene su actividad, se ha quedado parado mirando hacia afuera a través de mi ventana. No puedo soportarlo, mis lágrimas sin control se deslizan en silencio. Ver a Bill se volvió más real, y me he convertido en un desastre de emociones, “¿qué has hecho conmigo?” Me preguntó incrédulo.
—Eres un idiota, sí— dice asintiendo con determinación —Uno enorme, gigantesco, el peor idiota de todos los tiempos— se queja Bill desde la ventana.
“Bill está diciendo groserías” pienso divertido a pesar de estar llorando.
—Quedaré registrado en la historia— respondí con la voz quebrada un minuto después.
Bill se gira, sitúa sus manos en la cintura y su rostro cambia a sorpresa cuando me mira hecho un desastre. Aparta la mirada, mira el techo como si estuviera controlándose. Es decir, los papeles se han cambiado ahora soy yo, por primera vez en mi vida, quién llora.
Silencio.
Silencio.
Y es el silencio más denso que he sentido.
—Está bien si me odias— murmuré, limpié con mis manos las lágrimas que solo me molestaban —también si quieres romper nuestra amistad que honestamente he arruinado.
—¿Por qué?— preguntó él en cambio.
—¿umm?
Bill lucía molesto.
—¿Por qué nunca me hablaste de tus sentimientos, Tom? ¿Sabes que me hiciste creer que no podías tener emociones? Estoy siendo un ignorante aquí.
—Yo… no lo sé. Solo pasó— admití confundido.
—Sili pisí…— repitió él incrédulo. Cortó la distancia caminando amenazante hasta pararse enfrente de mí, y frunce el ceño —¿cuándo exactamente te llegó la eureka?
—Un año después de graduarnos en secundaria…
La boca de Bill se abrió de par en par…
No mentía. Ese año vi cada vez menos a Bill, cada quién tenía sus asuntos. Al principio imagine que era la costumbre de tenerlo alrededor. No existía ruido, música o cualquiera distracción que usualmente venía de Bill. Fue entonces que él llegó con Mark, y mis emociones se volvieron fuego. Comprendí que tenía otro tipo de sentimientos hacia Bill pero eso no lo hizo menos aterrador. Querer a tu mejor amigo, súper cliché. Al contrario de mí que no lo vio de esa forma, descubrí algo nuevo de mi personalidad, que no era alguien antisocial y de cierta manera le agradecí por hacerme más humano.
—No te preocupes— me apresuré a decir mientras miraba su rostro sorprendido —Al confesarte la verdad solo quiero alejarme de ti. No pienso estropearte la vida. Dos amigos que se ven casual…
—Cállate— irrumpió Bill, veo como su mandíbula se tensa, él realmente se ve furioso —Desde ahora en adelante tendrás que recompensar todos estos años perdidos, tienes prohíbo dejarme ¡¿quién te crees que eres?! No he aguantado tu persona malhumorada para que al final me cuentes el mayor secreto que tenías y simplemente te vayas.
—Bill pero…
Siseó callándome de nuevo —Pero nada— dijo él interrumpiendo de nuevo, sujeta mi hombro con fuerza y me sacude. Su mirada ha cambiado, la furia se ha ido para reemplazar unos ojos cristalinos y muy expresivos —no lo sabes ¿cierto?
Frunzo el ceño. Mi corazón late deprisa solo por tenerlo cerca. Esto es demasiado.
—¿Saber qué?— pregunté mirándole a los ojos…
—Te he estado buscando en otras personas— murmuró Bill mirándome, su rostro de repente cambia a un rojo profundo —He querido a otros con mucha fuerza para tratar que sean tú, y no lo eran, ellos entonces me dejaban, y sabía que aunque dolía no valían la pena porque tú nunca me dejarías, ¿y ahora quieres hacerlo?
Abro los ojos sorprendido. Mi pulso se ha disparado, no puedo moverme solo mirarlo. Ninguno de los dos dice nada.
¿En qué tipo de situación estúpida hemos vivido por no decir lo que sentíamos? ¿es esto real?
Bill es simple. Mi vida con él siempre fue de esa manera, por ello decidía quedarme. Por eso desde el primer día que lo conocí no rechace su invitación porque simplemente Bill no acepta lo que otros piensan, él tiene su propio camino. Y si, tal vez es él quién me creó emociones tan intensas como el mismo sol para hacerme comprender que soy alguien humano, alguien vulnerable.
—No lo haré— respondí ronco.
De repente las sensaciones se hicieron insoportables. Bill se encontraba cerca, tan cerca que mi mano picaba por tocar su rostro. Inconsciente coloqué la mano sobre su mejilla sonrojada, acariciando tan suave como una pluma. Bill cerró los ojos y su respiración aumentó conforme deslizaba la yema de los dedos por su pómulo hasta su barBilla. Él es realmente apuesto. Mis ojos cayeron a su labios entreabiertos me encontraba por tocarlos cuándo su mano atrapó la mía.
—No lo hagas. No a menos que estés dispuesto a…
Lo besé.
Y fue la cosa más poderosa que he sentido. Sus labios tibios, de sabor singular y eléctricos correspondieron. Bill dejó salir un sonido bajo, abrió más su boca para aceptar el beso al tiempo que sujetaba mi cabeza con su mano, sus dedos jugueteaban con mis desordenadas trenzas, acercando nuestro rostro lo más posible. Alguien gimió, no supe si fue él o yo. Simplemente nos mantuvimos en un beso que poco a poco se convirtió en necesitado. Requería respirar, y cuándo Bill decidió besar mi mentón mi respiración salió en un jadeo vergonzoso. El calor que mis labios sentía se propago como fuego por mi cuello, bajando y expandiéndose por todo mi cuerpo.
En mi pasado existieron encuentros sexuales de todo tipo. Todos hemos sido adolescentes con hormonas sin control. Pero nada se sintió tan intenso, y mucho menos con un solo beso.
Bill deslizó su boca por mi cuello, parecía incapaz de separarse de mi piel. Por donde él tocaba existían hormigueos. Jadeos involuntarios salían de mi boca, y me encontré sujetando su cabello y rastas bicolor presionando para animarlo a continuar. Mi mente se apagó y solo existió Bill.
“¿Qué demonios hiciste conmigo?” Volví a preguntarme por millonésima vez.
Continúa…
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