
Fic original de Khira
“Despertar” Capítulo 10
Eligieron para cenar un elegante restaurante situado en la zona centro de Berlín, muy cerca de Alexanderplatz. El interior estaba decorado todo en blanco y negro con algún toque de rojo, y en las paredes colgaban grandes reproducciones de las famosas escenas urbanas de esa misma ciudad del pintor Kirchner.
—Menos mal que hemos venido en taxi —comentó David mientras tomaban asiento en una de las mesas más apartadas e íntimas del local—. ¿Has visto el mozo aparcacoches? No parecía que tuviera edad ni para conducir… Si le llego a confiar mi BMW, no habría podido cenar tranquilo.
Bill rió suavemente.
—De verdad que nunca entenderé esa obsesión con los coches que tenéis algunos… —En ese momento recordó a alguien en concreto con esa misma obsesión y se puso serio de nuevo—. Son sólo vehículos…
—Vehículos muy caros —apuntilló David.
El [i]maître[/i], un hombre maduro de porte tan elegante como el restaurante, se acercó a su mesa y, tras saludarles muy educadamente, les dejó las cartas.
—Hacía años que no venía a este restaurante —comentó el productor mientras leía los diferentes platos—. Pero creo recordar que su especialidad es el turnedó.
Bill asintió distraídamente. Él ya estaba mirando la sección de vinos.
—¿Vino tinto, entonces? —preguntó.
—Bien.
En cuanto hubieron elegido, dejaron las cartas sobre la mesa, y al poco vino un camarero para tomarles nota. Poco después trajo una botella de vino y les sirvió sendas copas.
Bill cogió su copa y apuró la mitad de un trago. Y la hubiera apurado entera si no se hubiera dado cuenta de que David le estaba observando. Carraspeó y decidió sacarle un tema de conversación para distraerle.
—¿Por qué no me contaste lo de Nora…? —preguntó.
David se encogió de hombros.
—Había cosas más importantes de las que hablar.
—¿Puedo preguntar qué pasó?
El productor suspiró y cogió también su copa para darle un sorbo.
—Verás… Como bien sabes, llevábamos juntos mucho tiempo, y yo creía que estábamos muy bien, pero por lo visto ella no pensaba lo mismo. Nora quería lo que ella llamaba “dar el siguiente paso”.
—¿Casarse?
—No. Tener un hijo.
—Oh.
—Habíamos hablado muchas veces del tema, sobre todo al inicio de nuestra relación, y habíamos quedado en que no queríamos hijos… pero por lo visto, con el tiempo ella cambió de idea. Hace un par de años empezó a insinuarlo, diciéndome que seríamos unos buenos padres, hasta que un día me dijo claramente que deberíamos intentarlo. Como si tener un hijo fuera algo que se puede “intentar”… O se tiene, o no se tiene. Y yo no quería tenerlo, así que le dije que no.
—¿Y por qué no quieres tener hijos? —se atrevió a preguntar Bill.
David bebió otro sorbo mientras miraba a un punto indefinido de la pared.
—No creo que fuera un buen padre.
Pasaron unos segundos en silencio.
—En fin, la cuestión es que, a partir de ahí, todo empezó a torcerse… —continuó el productor—. Empezamos a discutir por cualquier cosa, a pelearnos por tonterías… Hasta que un día, llegué a casa, y me encontré con que había hecho las maletas para marcharse. Me dijo que me dejaba, que ella sí quería tener hijos, y que si no era conmigo, sería con otro.
—Y aún así no cambiaste de opinión…
—No…
Bill se preguntó qué tan fuerte era la determinación de David de no tener hijos como para romper una relación de diez años con alguien a quien supuestamente amaba.
—No te molestes, pero… yo creo que sí serías un buen padre.
David le miró sin variar su expresión.
—¿Y por qué dices eso? —preguntó.
—Bueno… Con nosotros a veces te comportabas como un padre, y creo que lo hacías bien…
—Gracias, pero… no es lo mismo trabajar con cuatro adolescentes hormonados que criar a un niño…
Una pequeña sonrisa adornó el rostro de Bill al recordar la de veces que David les había llamado “pandilla de adolescentes hormonados” cuando se enfadaba por algo y les reñía.
Tras un instante en el que terminó de apurar su copa, Bill volvió a hablar.
—Aun así… creo que lo harías bien.
David ya no contestó, y Bill temió haberle incomodado. En ese momento llegó el camarero con sus pedidos. Antes de marcharse rellenó la copa de vino de Bill, quien enseguida la cogió de nuevo. David frunció el ceño al percatarse, pero no dijo nada, de momento.
Estuvieron cenando en silencio un rato, hasta que David decidió realizar la pregunta que llevaba rondándole desde el día anterior.
—¿Por qué empezaste a consumir coca?
Bill casi se atragantó con un trozo de carne.
—¿A qué viene eso ahora?
—Ahora me parece un buen momento para hablar del tema.
—A mí no. Podría escucharnos alguien.
David miró a su alrededor de forma algo teatral. La mesa ocupada más próxima estaba a varios metros, y en ella había una pareja mayor que charlaba animadamente.
—No creo que esos dos ancianos se pongan a escuchar nuestra conversación. —Miró de nuevo al chico, que seguía indeciso—. Vamos, Bill. Cuéntame qué pasó.
—Es que no pasó nada… Simplemente conocí a unos chicos que también la consumían, y un día la probé.
—¿Y sigues viendo a esos chicos? ¿Consumís juntos?
—Sí.
—En ese caso, deberías dejar de verlos…
El consejo, aunque los dos sabían que en realidad era una orden velada, hizo que Bill se tensara. No es que le tuviera un aprecio especial a Markus, Christian y compañía, pero el hecho de que David le dijera ahora a quién debería ver o no, le hizo hervir la sangre.
Aun así, no dijo nada de lo que pensaba, y se limitó a asentir. Mejor tener la velada en paz.
—Está bien.
Pero de nuevo, David supo que mentía.
.
El resto de la cena transcurrió con tranquilidad. David habló a Bill de sus actuales proyectos, y aunque al muchacho no le hacía gracia oír tal cosa, se aguantó y disimuló, ya que él no tenía nada que contar, al menos nada que no recordara al productor la idea del centro de desintoxicación…
Al terminar, David insistió en pagar la cuenta, y Bill le dejó. A cambio, Bill invitó a su ex productor a tomar una cerveza en un pub cercano al restaurante.
A pesar de ser relativamente temprano, el lugar ya estaba bastante abarrotado. Se trataba de un pub tipo taberna irlandesa, con una gran barra de madera en uno de sus laterales, y grandes barriles que hacían las veces de mesas, rodeados por altos taburetes. Bill lo eligió precisamente porque no era del estilo que solía frecuentar con Markus y compañía. No entraba en sus planes presentarle sus colegas a David, y menos después de la “sugerencia” del productor durante la cena.
Por si acaso, no dejaba de mirar alrededor mientras esperaban a que alguno de los camareros les sirviera en la barra, y David lo notó.
—¿Buscas a alguien? —preguntó.
—¿Eh? —Bill se giró hacia él—. No, no. Miraba por si veía alguien conocido…
—¿Por? ¿Te da vergüenza que te vean salir de marcha con tu padre? —bromeó el productor.
—¿Mi padre? —repitió Bill, un poco descolocado.
David sonrió, aunque de forma melancólica.
—Bueno, podría serlo, al fin y al cabo te saco casi veinte años —suspiró.
Bill repasó de arriba abajo a su ex productor. Si el hombre ya le había causado buena impresión al presentarse en su casa vestido de forma casual, ahora que se había arreglado con una camisa blanca y vaqueros negros, todavía le encontraba más atractivo.
—Si te sirve de consuelo, quizás pensarían que eres mi hermano mayor.
David rió.
—Me consuela un poco, la verdad.
Bill sonrió, sin dejar de observar a David, en concreto la parte de su torso que quedaba al descubierto gracias a los dos primeros botones desabrochados de la camisa. Cuando se dio cuenta de ello, meneó la cabeza y desvió la mirada.
No podía hacer eso, no podía fijarse en David de esa manera… Para él, David era prácticamente de su familia…
«Vale, ése no ha sido un buen ejemplo…», pensó Bill de inmediato.
Afortunadamente, la canción que empezó a sonar en ese momento en el pub le distrajo de esa peligrosa línea de pensamiento.
—Qué asco de canción… —murmuró el ex cantante haciendo una mueca.
David prestó atención a la música para saber de qué hablaba Bill.
—Ah… el nuevo single de Cinema Bizarre —dijo al reconocer la canción. Al ver que Bill seguía con la misma mueca, preguntó—: ¿No te gusta?
—No.
—¿Por qué no?
Bill se encogió de hombros.
—No sé, simplemente no la aguanto.
—¿Hay alguna canción de Cinema Bizarre que aguantes? —preguntó David.
—La verdad es que no. No me gusta su música, ni ellos tampoco.
A David no le sorprendió la declaración, pues recordaba perfectamente que ya tiempo atrás Bill había mostrado poco interés en todo lo relativo a la mencionada banda. De hecho, uno de los pocos comentarios que había hecho al respecto (en privado, por supuesto), era que estaba convencido de que el cantante, Strify, le había copiado parte de su imagen. Teniendo en cuenta que ahora Cinema Bizarre había tomado el relevo de Tokio Hotel en cuanto éxito y reconocimiento fuera de las fronteras alemanas, no le extrañaba que su antipatía hacia ellos hubiera aumentado.
A él, en cambio, le agradaba bastante su música, si bien no tanto su estilo visual kei. Era curioso que dos grupos tan parecidos y a la vez tan diferentes, compartieran tantas fans. David estaba convencido que, de haber hecho alguna colaboración entre ellos, especialmente los cantantes, lo hubieran, como se diría en lenguaje muy coloquial, “petado”.
Por fin uno de los camareros les atendió y Bill le pidió dos cervezas. Después de que Bill las hubo pagado, cogieron las jarras y se sentaron en una de las pocas mesas barril que estaban libres.
—¿Un brindis? —propuso David cuando estuvieron sentados.
Bill se quedó un poco parado.
—¿Un brindis por qué?
—No sé. ¿Qué se te ocurre?
—Pues… ¿Por Gus?
David sonrió.
—Ése es muy buen brindis. Por Gustav.
Ambos chocaron las jarras y luego bebieron.
Mientras bebían, fue David el que observó detenidamente a Bill. El muchacho lucía casi exactamente igual que años atrás, de hecho iba vestido de forma muy parecida a cuando acudieron a la gala de los Comet 2008, completamente de negro y con unos tirantes. El pelo lo llevaba también completamente liso, como en aquel entonces. No podía negar que estaba muy guapo, aunque lo viera demasiado delgado.
Por supuesto, no era el único que estaba observando a Bill. Unas chicas que estaban sentadas al fondo del pub no le quitaban el ojo de encima, y había un par de chicos en la mesa de al lado que tampoco dejaban de mirar hacia él. Y no le extrañaba en absoluto; Bill llamaría la atención en cualquier lado, incluso sin maquillar y vestido de andar por casa, como él había tenido el privilegio de ver muchas veces. Seguro que pretendientes no le faltaban. Entonces… ¿por qué se había liado precisamente con Bushido? No podía entenderlo, pero tampoco quería preguntar. Temía que la respuesta aún fuera peor que la pregunta.
—David… —La voz de Bill le sacó de sus pensamientos.
—Dime —dijo David con la cerveza en los labios.
—¿Cuánto tiempo piensas quedarte?
El hombre frunció el ceño.
—¿Sólo llevo un día contigo y ya me echas?
—Yo no he dicho eso… —Bill se rascó un codo, incómodo—. Sólo que me gustaría saberlo.
—No sé decirte. Me gustaría quedarme contigo lo que queda de mes, pero no creo que pueda, tengo mucho lío en Hamburgo.
Bill no estaba seguro de si se sentía aliviado o decepcionado.
Permanecieron callados un rato —el alto volumen de la música hacía bastante difícil la conversación—, hasta que de pronto, otra canción conocida empezó a sonar.
Se trataba de [i]Humanoid[/i], una de las canciones del último disco de estudio de Tokio Hotel y de nombre homónimo.
David observó curioso el gesto aparentemente impasible de Bill, aunque el ex cantante había apretado los dedos en torno a su jarra y miraba fijamente el poco contenido que restaba. Al levantar la mirada y toparse con la de David, forzó una sonrisa.
—Parece que empieza la hora [i]remember[/i]… —trató de bromear, aunque sus ojos no sonreían.
Sin pensarlo, David colocó su mano encima de la de Bill, y le dio un pequeño apretón.
Él sabía que la separación del grupo había sido traumática para el muchacho.
Pero no tenía ni idea de cuánto.
Bill se sintió un poco incómodo por el contacto, después de los pensamientos que le habían asaltado un rato antes, así que retiró su mano de forma comedida, y se terminó la bebida.
—¿Nos vamos? Estoy un poco cansado…
—Claro…
David se terminó de un trago lo que quedaba de la suya y ambos se levantaron, dando así por concluida su pequeña salida.
Continúa.
