Fic original de Khira

“Despertar” Capítulo 12

Al igual que el día anterior, David había preparado un copioso desayuno del que Bill era incapaz de disfrutar. Aparte del poco apetito que ya habitualmente arrastraba, tenía un dolor de cabeza terrible. Desde que se había despertado de madrugada, no había vuelto a dormirse. Normalmente en esa situación habría acudido a sus pastillas para conciliar el sueño, pero había temido que David volviera a entrar en cualquier momento en su habitación —candar la puerta hubiera sido demasiado obvio— y le pillara con las manos en el bote.

Además, el sueño de aquella noche le había deprimido, más de lo normal. Suspiró, mientras removía por enésima vez el interior del vaso de zumo en el que había vertido un par de cucharadas de azúcar.

—Tienes muy mala cara —dijo David, quien no le había quitado ojo de encima desde que entrara en la cocina—. Quizás debería anular la reunión y acompañarte al médico…

—No, no… —se apresuró a decir Bill—. Es sólo por no haber dormido bien…

David asintió, comprensivo.

—¿Te pasa a menudo?

—¿Dormir mal?

—No… Las pesadillas.

Bill paró de remover su zumo. Negó con la cabeza.

—No… No suele pasarme a menudo.

Evidentemente, Bill obvió el detalle de que normalmente echaba mano de somníferos y por eso no solía soñar nada. O si soñaba, a la mañana siguiente no recordaba nada de nada.

—Y ahora que estás más tranquilo… ¿Puedo preguntarte qué soñabas?

Por un momento Bill se planteó mentir… hasta que recordó que David le había escuchado llamando a gritos a su hermano. No tenía sentido ocultarlo.

—Estaba soñando con el día en que mi hermano anunció que dejaba el grupo, cuando se marchó del estudio…

—Lo recuerdo… Supongo que no fue un momento muy agradable, ¿verdad?

—No, no lo fue…

David apuró su vaso de zumo, y en esta ocasión fue Bill quien se le quedó mirando.

—Después de aquello… nunca me preguntaste de nuevo qué pasó entre mi hermano y yo… —murmuró el muchacho.

El productor continuó observándole tranquilamente durante unos segundos antes de hablar.

—Aunque te lo hubiera preguntado otra vez, no me hubieras respondido… ¿Cierto?

Bill asintió pausadamente con la cabeza.

—Y si te lo preguntara ahora mismo, tampoco lo harías… ¿O sí…?

El muchacho vaciló. Por un momento, estuvo tentado de decir que sí, y contarle todo a David; hablarle del verdadero motivo por el cual Tom se había alejado completamente de él, hasta el punto de dejar incluso Tokio Hotel… Pero fue sólo un momento. No podía, era demasiado… vergonzoso.

—No… —dijo finalmente.

—Entiendo…

Aunque ya se esperaba esa respuesta, David no pudo evitar sentirse algo decepcionado. Lo cierto era que se había preguntado miles de veces qué diablos había pasado entre los hermanos Kaulitz tan grave que no había tenido solución. La noche de los Comet 2010, cuando supuestamente había tenido lugar la pelea, él no había notado nada raro, excepto que durante la [i]aftershow party[/i] Tom había estado mucho tiempo flirteando con una chica, a la que también había visto hablar con Bill, y que finalmente no se había llevado consigo al hotel. Una hipótesis que había manejado durante mucho tiempo había sido precisamente ésa, que una chica se hubiera interpuesto entre los gemelos, pero al mismo tiempo le parecía tan poco probable… y menos ahora, a juzgar por las ya claras preferencias sexuales de Bill.

Se levantó y recogió su parte de la mesa. Al terminar se dirigió a Bill.

—Me tengo que ir ya. Pero estaré de vuelta antes de comer. ¿Tú irás a algún sitio…? —preguntó.

—Puede… —respondió Bill sin mirarle, desganado—. Quizás me vaya un rato de compras… Necesito un traje nuevo para la boda, y puede que también una maleta…

—Bien… —En realidad a David no le hacía mucha gracia que Bill saliera solo, pero le era imposible acompañarle, y tampoco podía obligarle a quedarse encerrado en su propia casa—. Entonces nos vemos a la hora de comer.

—Sí…

—Hasta luego.

—Adiós…

Unos minutos más tarde, cuando David se hubo marchado, Bill se levantó sin terminar de desayunar y salió de la cocina. Subió al piso superior y se dirigió directamente a su dormitorio.

Desde que Bushido encontrara la bolsita de cocaína y los somníferos en el armario del cuarto de baño, Bill les había buscado otra ubicación más segura, o al menos no tan a la vista. El lugar elegido había sido el último cajón de la cómoda, debajo de montones de pantalones y jerséis de invierno.

Abrió el cajón, y ya había alargado las manos cuando se detuvo, observando con atención la ropa plegada. Le parecía que estaba un poco diferente a como él la había dejado cuando lo había guardado todo.

¿Había David registrado su habitación…?

No, claro que no. Desde que David había llegado, no le había dejado ni un momento solo en el piso, Bill siempre había estado con él. Quizás mientras dormía…

Meneó la cabeza. Apenas sí había dormido las últimas dos noches, además se hubiera despertado en seguida si hubiera entrado alguien en su habitación. Se estaba volviendo paranoico.

Levantó un montón de ropa, y allí estaban: la bolsita de cocaína y el bote de somníferos. Dejó los somníferos, pues en ese momento ya no le hacían falta, y cogió la bolsita. Con ella en la mano, se sentó en el suelo, y apoyó la espalda en la pared.

Durante varios minutos lo único que hizo fue voltear la bolsita entre sus dedos sin dejar de contemplarla. Apenas quedaba para media dosis.

¿Lo notaría David si se la tomaba…?

Era poco probable. Faltaban horas para que se vieran de nuevo, y los efectos no duraban tanto. Pero quizás sí notaría el bajón…

No sabía qué hacer. Por un lado, la necesitaba. Sabía que tras tomar la droga desaparecería esa dolorosa pena que habitualmente le embargaba pero que aquella mañana sentía incrementada el doble. Por el otro, si David notaba algo, sabría que habría roto su promesa… y llamaría a su hermano.

Bill suspiró con fuerza. No podía hacerlo, se arriesgaba demasiado. Y en un momento de decisión, agarró fuertemente la bolsita de cocaína en la mano y se levantó para dirigirse directamente al baño.

Se colocó frente al inodoro. Si no podía tomarla, tenía que deshacerse de ella. La tentación era demasiada. Así que abrió la tapa, y sin pensarlo demasiado, no fuera que se arrepintiese, vació el escaso contenido que quedaba en el interior de la taza.

Durante varios segundos observó el polvo blanco diluirse en el agua, hasta que tiró de la cadena y el rastro desapareció.

Regresó al dormitorio, colocó la ropa y cerró el cajón. En ese momento, su teléfono móvil vibró dos veces, señal de que había recibido un mensaje de texto. Bill recogió el aparato de encima de la cómoda y vio que el mensaje era de Markus.

“No sé nada de ti desde el jueves. Todo bien? Vas a salir esta noche?”

Tras sopesarlo unos segundos, Bill se decidió a responderle con otra cuestión diferente.

“Te apetece acompañarme de compras?”

.

La tienda estaba situada en la calle Friedrichstrasse y por supuesto era de las más exclusivas de Berlín. Bill ya se había comprado varios trajes de hombre allí. En ese momento se estaba probando uno de color blanco, combinado con una camisa negra, ambas prendas lisas.

Markus permanecía sentado en una butaca, observándole. Ambos estaban solos en el amplio probador, una sala cuadrada con dos lados espejados y el suelo enmoquetado de color granate. A un lado estaban las perchas donde reposaban los trajes que Bill ya se había probado.

—¿Y dónde es la boda? —preguntó.

—En algún punto entre Palermo y Marsella… —respondió Bill, apático, mientras terminaba de abrocharse la camisa.

—¿Eh?

—La boda es en un crucero… —explicó el ex cantante, cogiendo la chaqueta del traje.

—Vaya, qué nivel… —comentó Markus. Tras unos instantes volvió a hablar—. Oye, y ese invitado que tienes en casa… ¿se va a quedar muchos días?

—No lo sé…

—¿Él también va a ir a esa boda?

—Sí.

—¿Iréis juntos?

—No… Bueno, faltan aún quince días, dijo que seguramente se iría antes…

—Pero… vas a ir con alguien a la boda, ¿no?

Sin girarse, Bill miró a Markus a través del espejo.

—¿Por qué dices eso?

—Las invitaciones de boda suelen ser para dos personas, ¿no? Para que te lleves a tu pareja, o a alguien…

A Bill le pareció que Markus estaba insinuándole que le llevara a él a la boda como acompañante. Y por un momento, barajó esa posibilidad. Pero no lo veía claro.

—Sí, es para dos personas. Pero no sé qué haré al respecto… —dijo con sinceridad.

Pasados unos segundos, Markus cambió de tema.

—El jueves es el cumpleaños de Olli. Ha alquilado todo un local en Bleibtreustrasse. ¿Vendrás?

—No lo sé…

Cuando Bill hubo terminado de abrocharse la chaqueta del traje, se miró y se remiró varios minutos en el espejo, complacido. Era bastante entallada, tal y como le gustaban, y la combinación del blanco del traje y el negro de la camisa le parecía perfecta para él.

—Te queda genial —dijo Markus.

—Lo sé —murmuró Bill. Dio una vuelta sobre sí mismo para verse bien desde todos los ángulos—. Creo que me llevaré éste…

Bill empezó a desabrocharse, pero se topó con un botón que se le resistía. Solía pasar con los trajes nuevos, pero le ponía nervioso.

—Mierda… —murmuró.

—Espera, te ayudo. —Markus se levantó y se colocó frente a él. Sus manos sustituyeron las de Bill, y a los pocos segundos desabrochó el resistente botón—. Ya está…

—Gracias.

Bill hizo amago de seguir desabrochándose, pero Markus lo hizo por él. Al terminar, dejó sus manos sobre el torso de Bill, acariciando su piel por encima de la fina tela de la camisa, y le miró a los ojos.

—Sabes, es duro estar aquí viendo cómo te desnudas una y otra vez… —susurró.

—Podrías haber esperado fuera… —replicó Bill.

—¿Y perderme el espectáculo? Ni de coña…

Las manos de Markus se afianzaron en su cintura, cogiéndole con fuerza y atrayéndole hacia él. El casi metro noventa del joven resultaría intimidante para muchos. Para Bill, no.

—Markus… No te he pedido que vinieras para esto.

—¿Y entonces para qué?

—Te lo he dicho… para acompañarme a comprar.

—¿Para nada más?

—No.

El rostro de Markus no ocultó su decepción. Soltó a Bill y se alejó un par de pasos.

—Bien. Entonces me voy.

A Bill le sorprendió un poco esa actitud desdeñosa, tan poco frecuente en él.

—Espera.

—¿Qué?

—¿Por qué te pones así?

—¿A ti qué te parece?

—Si lo supiera, no te lo preguntaría.

—A ver, Bill. —Markus bufó—. Hace semanas que no me das bola. El jueves me diste plantón, y desde entonces has ignorado mis mensajes y mis llamadas, hasta hoy, cuando de repente me invitas a acompañarte a comprar un estúpido traje. ¿Quién te crees que soy? ¿Otro complemento, que sólo usas cuando te conviene?

También Bill empezó a irritarse.

—¿Y tú qué? ¿No haces acaso lo mismo?

—¿Yo?

—Te recuerdo que el único motivo por el que te interesaste por mí aquella noche en los calabozos, fue porque era famoso. Ni siquiera me hablaste hasta que me reconociste. Y desde entonces no has hecho más que llamarme para que te acompañe a sitios donde pagar la cuenta, ya que por lo visto el sueldo de enchufado que te paga tu padre no te basta para comprar farlopa suficiente para ti y para tus amigos.

Markus tardó unos segundos en reaccionar.

—¿Pero qué dices? ¿En serio piensas eso de mí?

—Sí.

—Pues estás muy equivocado. —Markus se aproximó otra vez al ex cantante—. Es cierto que aquella noche empecé a hablarte una vez me di cuenta de quién eras, pero ya desde un primer momento me llamaste la atención. Y lo de pagar las cuentas… yo nunca te lo he pedido. Tú siempre te has ofrecido.

Eso era cierto. Bill se mordió un labio.

Markus, de nuevo frente a él, le cogió de la cara con ambas manos.

—No te estoy utilizando, Bill. Simplemente… me gusta estar contigo. Creía que era evidente…

Dicho esto, le besó suavemente en los labios. Al principio, Bill no se inmutó, pero cuando Markus empezó a profundizar el beso y a hacerlo más excitante, el muchacho se encontró correspondiéndole.

En verdad, Markus le agradaba… De lo contrario, no se habría acostado tantas veces con él.

—Está bien… —susurró cuando Markus liberó su boca para empezar a trabajar su mandíbula y su cuello, a la vez que empezaba a acariciarle con ansia en una ingle.

—Está bien… ¿qué?

—Hagámoslo…

Markus sonrió.

—¿Aquí?

—Claro que no. —Bill le miró alarmado—. Vamos a tu casa.

—¿Y por qué no? —preguntó Markus.

—¿Por qué esa obsesión con los lugares públicos? —preguntó Bill a su vez.

—¿No te parecen excitantes?

—No. —Sin embargo, su cuerpo no parecía opinar lo mismo—. Pero si eso es lo que quieres… Espera al menos que me quite el traje del todo. Son más de 2000 euros…

—Yo te ayudo —sonrió Markus.

Y gracias a esa ayuda, Bill estuvo completamente desnudo en menos de un minuto. Tras besarle de nuevo y acariciarle febrilmente el torso con ambas manos, Markus le dio la vuelta y le dejó entre él y uno de los espejos.

Bill se quedó mirando su reflejo mientras escuchaba el sonido de la cremallera de los pantalones de Markus y se acordaba de las puertas de espejo del armario de su dormitorio.

—¿Llevas? —preguntó distraídamente.

—Siempre —fue la respuesta de Markus.

Bill ahogó un gemido cuando sintió de nuevo las manos de Markus en él, esta vez una sobre su ya despierta erección y la otra sobre su entrada. Los dedos empapados de saliva del joven se abrieron paso en su interior y Bill gimió de nuevo.

—Shhh… —susurró Markus, divertido—. Nos van a oír…

Poco después, éste se deslizaba dentro de Bill, quien empezó a masturbarse al mismo ritmo que Markus lo hacía por él, ambas manos unidas sobre su miembro.

—Me gustas mucho, Bill… —susurró Markus en si oído, al mismo tiempo que empezaba a moverse.

Bill cerró los ojos y sin decir nada continuó gimiendo en silencio hasta que ambos terminaron.

.

Tras pagar el traje, despedirse de Markus y coger un taxi, Bill llegó a casa apenas dos minutos antes de que David lo hiciera, sin que pudiera ducharse ni arreglarse antes de recibirle. David entró y se quedó contemplando el traje enfundado en una enorme bolsa de plástico transparente que el muchacho había dejado sobre el sofá del salón.

—¿Y bien? ¿Qué te parece? —preguntó Bill, sin dejar de alisarse el pelo con las manos, inquieto, aunque si los dependientes de la tienda no habían notado nada, David tampoco tenía por qué hacerlo—. ¿Demasiado elegante? ¿Demasiado sobrio? Es que hace tanto tiempo que no voy a una boda… La última fue la de mi madre y Gordon, imagínate…

Pero David ya no estaba mirando el traje, sino a él.

—¿Qué te ha pasado en el cuello? —preguntó, serio.

Al momento Bill se llevó la mano bajo la mandíbula, el lugar al que miraba David. Seguro que era una marca que le había dejado Markus como obsequio del revolcón. Maldijo para sus adentros que el hombre fuera tan observador.

Aunque por otro lado… ¿por qué tenía que preocuparle que David supiera que hacía menos de media hora que había echado un polvo? Además, follar sí era sano, ¿no?

Sonrió nerviosamente.

—¿Un mosquito?

Pero a David no le hizo gracia la broma.

—¿Tienes novio, Bill?

Bill dejó de sonreír y se puso igual de serio que David. No le sorprendía que hubiera empleado la palabra “novio” en lugar de “novia”, pero sí el tono algo mordaz que había empleado.

—No…

—Entonces, ¿con quién te has acostado?

Definitivamente, no le gustaba un pelo el tono que estaba usando su ex productor. El muchacho se puso rígido.

—Con un amigo, ¿por qué? —escupió.

—Por nada. Es sólo que me sorprende.

—Te sorprende, ¿el qué?

—Dices que te has acostado con un amigo… La semana pasado te acostaste con Bushido… Y un día antes de eso, con un tipo que luego intentó atacarte… ¿No son demasiadas parejas sexuales en tan poco tiempo, Bill?

—¿Y a ti eso qué coño te importa? —exclamó Bill—. ¡No tengo por qué rendirte cuentas de ello!

El muchacho recogió el traje de malas maneras y empezó a caminar en dirección a las escaleras para subir a su dormitorio.

—¡Espera! ¡Bill! —David le siguió unos pasos—. No quiero que te pongas así…

Bill se detuvo un momento, ya a mitad de las escaleras, y le encaró.

—¡¿Y cómo quieres que me ponga, si me llamas puta en mi cara?!

—¡No es eso! Es sólo que… ¡Joder! —David no sabía explicarse—. Cada vez me preocupas más…

—¡Pues no te preocupes tanto! ¡Nadie te lo ha pedido! ¡Olvídame!

David estuvo tentado de ir tras él, pero decidió que en ese momento no era lo más adecuado.

—¿Estás tomando precauciones, al menos?

—¡QUE TE FOLLEN!

Pocos segundos después, un sonoro portazo proveniente de la habitación del ex cantante se escuchó en toda la vivienda.

David suspiró y regresó al salón, dejándose caer sobre el sofá. Se inclinó hacia delante y escondió el rostro entre las manos.

Esta vez sí que había metido la pata con su actitud, no debería haberle hablado a Bill con ese tono ofensivo, y lo peor de todo era que ni él mismo sabía por qué se había puesto así…

Continúa.

por Khira

Escritora del fandom

2 comentario en “Despertar 12”

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