Fic original de Khira
“Despertar” Capítulo 13
Después de ducharse, Bill ya no quiso bajar a comer. En lugar de eso se quedó en su cuarto, tumbado en la cama durante horas sin hacer nada, sólo mirando a la nada mientras pensaba. Estaba cabreado con David, por supuesto, pero también consigo mismo, por permitir que las palabras del productor le perturbaran. Y es que no debería importarle lo que David pensara o dejara de pensar sobre su vida privada; una vida que, a pesar de no ser perfecta, era la única que le había ayudado a sobrellevar esos cinco largos años que habían transcurrido desde que su hermano decidiera salirse de ella.
También pensaba en Tom. No debería hacerlo, dolía demasiado, pero últimamente no podía evitarlo. La inminente boda de Gustav, el encuentro con Bushido y la presencia de David habían reavivado recuerdos que se había esforzado mucho por enterrar, pero que ahora salían a la superficie demasiado fácilmente sin que él pudiera hacer nada por impedirlo, no si ni siquiera podía colocarse y olvidarlo todo, incluido el dolor… como el que sintió cuando la Navidad pasada Tom ya no había acudido a casa de su madre y Gordon. No es que igualmente las cosas cambiaran mucho en Navidad, el único día del año en que los gemelos se reencontraban, pero al menos ese día Bill podía contemplar en vivo el rostro de su hermano, podía oír su voz, dirigiéndose a él incluso, aunque vacía, sin emociones… y Bill le respondía de igual manera, con una sonrisa tan falsa como estúpida, pero así era la única manera de que Simone no notara nada, un acuerdo silencioso entre ellos, un esfuerzo mutuo para que, al menos durante tres horas al año, todo volviera a la normalidad.
Pero el año anterior, Tom había roto su parte, con la patética excusa de que tenía otra comida en casa de novia, y Bill temió que así fuera a partir de entonces, que ni siquiera volvería a tener esas tres horas de tregua al año, que nunca más volvería a ver a Tom… y el dolor en su pecho fue tan insoportable, que nada más volver a Berlín, Bill aceptó la recomendación de sus “colegas”, y consumió cocaína por primera vez.
Funcionó. Mucho mejor que el alcohol.
Desvió la mirada hacia el último cajón de su cómoda, donde había estado la bolsita con la media dosis que le quedaba del regalo de Sebastian.
Empezaba a arrepentirse de haberla tirado al retrete.
En ese momento tocaron a la puerta de su dormitorio, sobresaltándolo un poco. Bill maldijo una vez más a David, y giró la cabeza hacia ella.
—¿Qué quieres? —escupió en voz alta.
—Es hora de cenar —dijo David al otro lado.
—No tengo hambre.
—Ya te has saltado la comida; no permitiré que te saltes también la cena.
Bill apretó los puños, temblando de rabia. Sabía que si en ese momento hablaba, soltaría algún improperio grave, así que optó por permanecer callado.
—Bill… —continuó David—. De veras que siento lo de antes. Ésa es una parte de tu vida en la que no debería haberme metido. Perdóname. Por favor…
La sincera disculpa lo relajó un poco, aunque no lo suficiente.
—Muy bien, pero sigo sin tener hambre —gruñó.
—¿Ni siquiera para una pizza?
Bill frunció el ceño. A David no le gustaban las pizzas, lo sabía bien, ¿por qué entonces le proponía una para cenar?
—¿Una pizza? —repitió.
—Sí, una pizza enorme y grasienta de ésas que tanto os gustaban a los cuatro… ¿No te apetece?
—A ti no te gustan las pizzas…
—Si tú te la comes, haré el esfuerzo…
Entendió entonces que David sólo lo hacía por él, por si le despertaba nostalgia y con ella el hambre. Era un truco bastante tonto, pero interiormente agradeció la intención.
—Está bien —accedió Bill, suspirando—. Un momento, ahora salgo…
Se levantó. Llevaba tanto rato tumbado que tuvo que hacerlo muy lentamente, para no marearse. Se puso unos pantalones de chándal sobre la ropa interior y una sencilla camiseta de andar por casa. Luego se dirigió a la puerta y la abrió de golpe. David esperaba apoyado en la barandilla que asomaba al piso inferior, con una leve sonrisa en los labios.
—No me apetece salir ahora, así que la pediremos por teléfono. Y yo elijo los ingredientes —advirtió el muchacho.
David levantó ambas manos en señal de sumisión.
—Como tú quieras.
Bill bajó las escaleras, seguido de David, y se dirigió a la cocina. Tardó varios minutos en recordar dónde guardaba los folletos de propaganda de las pizzerías y demás restaurantes con servicio a domicilio. Encontró uno en un cajón, y mientras él llamaba desde el teléfono de la cocina, David fue poniendo la mesa.
Después de confirmar la dirección, Bill colgó y se sentó en la encimera, viendo a David terminar de sacar las bebidas de la nevera: una botella de agua y otra de cola.
—¿Por qué no sacas un par de cervezas? —dijo el muchacho mientras cogía un paquete de tabaco de sobre la encimera y se encendía un cigarrillo.
David le miró, dudando unos instantes, pero al final sacó dos botellines de cerveza. Los abrió y luego le ofreció uno al muchacho, quedándose el otro para él.
Después de la primera cerveza, a la que siguió otra, a Bill empezó a írsele el mal humor. La pizza llegó quince minutos después, y David se encargó de recibir al repartidor, al que obsequió con una generosa propina.
Tras comer la pizza en la cocina, mitad para cada uno, se trasladaron al salón, concretamente al sofá, Bill con un par de botellines más de cerveza de reserva. Encendieron el televisor y se entretuvieron un rato mirando las noticias.
La mayoría, como suele ocurrir, eran bastante malas. Robos, asesinatos, violaciones, gobiernos corruptos, desastres naturales, incendios, y un largo etcétera. Sólo hacia el final del programa, las noticias empezaron a ser más informales y amenas. Y después de la sección de deportes, la presentadora continuó con noticias musicales.
—El lunes sale a la venta el último trabajo de Anis Ferchichi, al que seguramente conocerán mejor por el nombre de Bushido. El polémico rapero ha vuelto a contar en su disco con la colaboración de Peter Pangerl, más conocido como Chakuza, y también con la de…
Bill observó de reojo cómo David se ponía algo tenso. A él en cambio la situación le pareció más bien cómica, quizás a causa del alcohol.
La presentadora continuó hablando sobre el álbum de Bushido y la controversia que despertaban como siempre sus agresivas letras, mientras diversas imágenes del rapero salían en pantalla.
—Va, suéltalo —dijo Bill de repente.
—¿El qué? —preguntó David.
—Lo que sea que estés pensando.
David suspiró, cada vez más tenso.
—No quiero molestarte, no más de la cuenta. Ya te lo he dicho antes, es una parte de tu vida en la que no debería meterme…
—Suéeeltalo —insistió Bill.
—Está bien. —David relajó los hombros y se echó hacia atrás en el sofá, mirando directamente a Bill a los ojos—. Es que no lo entiendo, Bill, de verdad que no lo entiendo.
—¿El qué? ¿Que me acostara con Bushido?
—Sí, Bill, eso mismo. —David volvió a tensarse por la manera tan tranquila con la que se estaba tomando el muchacho la conversación—. ¿Por qué, Bill? ¿Por qué él?
Bill se encogió de hombros.
—¿Y por qué no?
—¡Porque es Bushido! El mismo que se burló tantas veces de ti en el pasado, usándote para darse publicidad, y además sobre este mismo tema, y ahora vas y dejas que te… —David rectificó la frase a tiempo—. Y ahora vas y te acuestas con él…
—Lo de las burlas fue hace mil años… —Por un segundo, un velo de añoranza cruzó por los ojos castaños de Bill—. No es que vaya a decir que ha cambiado, porque no es así, pero… no sé, cuando tratas con él a solas, puedo asegurarte que es un tipo bastante amable…
—Aún así, no puedes fiarte de él. ¿Y si filtrara vuestro revolcón a la prensa, para darse publicidad otra vez, o para perjudicarte…?
La posibilidad hizo reír a Bill.
—A mi madre le daría un ataque… Ella sí que no le soporta, le tiene cruzado desde que vio el dichoso vídeo de la “satisfacción oral”…
—En serio…
—Vale, en serio… —Bill dio otro sorbo a su cerveza antes de seguir hablando—. Si tuviera intenciones de filtrar algo a la prensa, no sería lo de nuestro revolcón, te lo aseguro… Piensa que eso también le perjudicaría a él, tan homófobos como son algunos de sus seguidores… Si quisiera perjudicarme sólo a mí, filtraría otra cosa, pero en lugar de eso… te llamó a ti.
David calló, pues en eso Bill estaba en lo cierto.
—Además, ¿para qué querría perjudicarme…? —El tono jovial de Bill se transformó de repente en taciturno—. Ya no soy un personaje público… Ni siquiera me reconocen mis propios ligues… —añadió recordando a Stefan, del que afortunadamente no había vuelto a saber nada.
Dejaron de hablar por un rato y siguieron mirando la televisión.
—Bill, ¿no crees que estás bebiendo mucho? —preguntó David cuando vio que el muchacho se inclinaba para recoger la que sería su cuarta cerveza.
Aunque ya se temía el comentario, Bill no pudo evitar sonar molesto.
—¿Qué pasa ahora? ¿Tampoco puedo beber alcohol? ¿Desde cuándo? Porque antes también bebía y tú nunca estuviste en contra…
—No es eso… —Era cierto que David nunca había estado en contra del alcohol. Sería muy hipócrita por su parte decir lo contrario. Vaciló un momento antes de continuar—. Pero antes, por ejemplo, no cogías el coche estando ebrio…
Bill desvió la mirada un segundo, incómodo al recordar sus “percances” al volante.
—Eso ya no lo hago… —añadió en voz algo más baja.
—Me alegra oírlo… —murmuró David—. Pero igualmente llevas ya cuatro cervezas y me parece un poco excesivo.
—¿Si te digo que es la última te vale?
—Está bien.
Las noticias habían terminado y había empezado un programa concurso de preguntas y respuestas.
—Bill… ¿Te puedo hacer una pregunta personal? —inquirió David de repente.
—Prueba —dijo Bill.
—¿Cuánto hace que sabes que eres gay?
Bill apretó instintivamente el botellín de cerveza en su mano.
—No lo sé… Quizás desde siempre. Siempre he tenido dudas, tú lo sabes…
—Pero ahora pareces tenerlo claro.
—Puede que sea porque ya no tengo nada que perder. Eso te aclara mucho la mente.
—Si te refieres al grupo… No tendría por qué haber sido así. Quiero decir, que habría sido un escándalo, o mejor dicho, que la prensa lo habría convertido en un escándalo, pero podríamos haberlo superado si…
—No después de mentir a las fans —replicó Bill, interrumpiendo a David—. En aquella entrevista, ¿recuerdas? Dije que no era gay. Lo dije alto y claro…
—Tenías dieciséis años, ni siquiera deberían haberte preguntado algo así…
—Como sea, la cuestión es que di una respuesta… y tenía que ser consecuente con ella.
—Lo entiendo…
Se quedaron callados de nuevo. En el concurso, las preguntas iban subiendo de nivel a medida que los participantes iban respondiendo correctamente. Al cabo de un rato, surgió una pregunta de temática musical.
—¿Qué famosa banda alemana ostenta el récord de premios Comet acumulados en su carrera?
David giró la cara para observar la reacción de Bill, pues ambos sabían demasiado bien la respuesta, pero éste tenía los ojos cerrados y parecía haberse quedado dormido. Observó el rostro pálido y las ojeras que sólo eran visibles cuando no iba maquillado. Ni siquiera cuando trabajaban juntos, ni en los momentos de peor estrés de las giras, David había visto al muchacho con tal expresión de agotamiento en la cara.
Le tocó suavemente en el muslo.
—¿Bill? —le llamó.
—¿Qué? —respondió Bill sin moverse un ápice, adormilado.
—Te estás durmiendo… ¿Vamos a la cama?
Bill abrió un solo ojo y sonrió levemente.
—¿Me estás haciendo una proposición indecente? —se burló.
La broma hizo sonrojar un poco a David. El humor del chico era como una montaña rusa, no dejaba de cambiar de dirección. Cogió el botellín vacío de cerveza que Bill tenía aún en sus manos y lo dejó en la mesita que había frente al sofá.
—Definitivamente has bebido mucho. Venga, vamos…
David se puso de pie frente a Bill y le ofreció una mano para ayudarle a levantarse que el chico aceptó. Una vez de pie, Bill se soltó y empezó a caminar de forma bastante segura y estable hacia las escaleras. Aunque David se preocupara, en realidad, cuatro cervezas ya poco le afectaban. El productor no lo sabía, pero Bill ya se había acostumbrado a tomar cantidades bastante superiores de alcohol.
—¿Qué quieres hacer mañana? —preguntó David cuando Bill ya había ascendido un par de escalones.
—¿Mañana?
—Es domingo. Podríamos ir a algún sitio… fuera de la ciudad, por ejemplo.
La propuesta hizo que Bill frunciera el ceño. Hacía mucho tiempo que no salía de Berlín, de hecho, la última vez había sido en Navidad, para ir a casa de su madre y Gordon en Hamburgo. Y tampoco es que le apeteciera mucho hacerlo.
—Ya veremos… —dijo para salir del paso.
—Bien, pues si acaso mañana lo hablamos. Buenas noches, Bill.
—Buenas noches…
Bill continuó su camino hasta su dormitorio. Una vez allí se desvistió de camino al baño, donde se lavó la cara y los dientes, y luego se fue directo a la cama.
Aunque en el sofá se había quedado adormilado, ahora estaba completamente despejado. Bill maldijo su falta de sueño, y dudó si echar mano o no de sus pastillas.
Al final decidió intentar pasar sin ellas, y al cabo de un rato consiguió quedarse dormido por su cuenta. Por suerte, aquella noche no soñó nada.
Continúa.