Fic original de Khira
“Despertar” Capítulo 18
Los dos primeros días en casa de sus padres fueron relativamente fáciles. Gordon trabajaba por las mañanas y hasta media tarde, por lo que durante todo ese tiempo no tenía que preocuparse por él ni por sus preguntas; pero Simone trabajaba en casa, y con motivo de la visita de su hijo menor había decidido aprovechar su compañía al máximo. El martes, sin embargo, Bill pudo librarse de ella con la excusa de que estaba cansado. El miércoles Simone recibió la noticia de que una vecina estaba enferma y pasó el día fuera visitándola.
El jueves ya no hubo tanta “suerte” y Bill tuvo que pasar todo el día con su madre.
A pesar de que le había dicho y repetido a Simone que ya tenía traje para la boda y todo lo demás necesario para el viaje, ella insistió en que fueran juntos de compras por Neuer Wall, la calle comercial más exclusiva de Hamburgo.
—En los cruceros suele haber por lo menos dos cenas de gala, el segundo día y el penúltimo. ¿Qué día es la boda de Gustav? —preguntaba Simone mientras estaban parados frente a un escaparate de Gucci.
—El penúltimo —respondió Bill, dando una calada al cigarro que acababa de encender.
—Entonces sólo necesitas un traje más. El que te has comprado para la boda es blanco, ¿no? ¿Qué te parece uno oscuro de raya diplomática? Vuelven a estar de moda…
Los ojos de Bill rodaron, ocultos tras las enormes gafas de sol.
—Me da igual.
—¿Cómo va a darte igual? Eres tú el que va a llevarlo… Venga, elige el que quieras, yo te lo regalo.
—No hace falta que me lo regales, puedo comprármelo yo.
—Sé perfectamente que puedes comprártelo tú, pero quiero regalártelo yo. Por una vez que vamos juntos de compras… ¿Cuándo fue la última vez? Aún no te habías mudado a Berlín…
Bill dio otra calada a su cigarro.
—Mira que irte tan lejos… —continuó Simone—. Bueno, más lejos se fue tu hermano… —Bill se puso tenso ante la mención de su gemelo y desvió la mirada hacia el escaparate—. Todavía no entiendo por qué os teníais que mudar a…
—Mamá, ya hemos tenido esta conversación muchas veces… —la interrumpió el muchacho, tratando de mantenerse sereno—. Sabes que necesitábamos desconectar. Empezar de cero después de Tokio Hotel.
Esperaba una réplica inmediata de su madre, pero ésta no se produjo. Miró hacia ella y descubrió que Simone le estaba mirando con expresión seria… y triste.
—¿Y teníais que desconectar a quinientos kilómetros el uno del otro? —preguntó Simone finalmente—. ¿Te crees que soy tonta, Bill? ¿Que me podéis mantener engañada indefinidamente? Me duele que penséis así… pero más me duele que mis dos únicos hijos estén tan alejados el uno del otro y ni siquiera saber el porqué.
Bill tragó saliva. Tendría que hacer su mejor esfuerzo para decir lo que su madre necesitaba escuchar.
—Estás equivocada si piensas así… Lo único que ocurre es que Tom y yo tenemos por fin cada uno su propia vida, cada cual en la ciudad que ha elegido. Estuvimos juntos, prácticamente pegados el uno a otro, durante veinte años. ¿No crees que era hora de que nos independizáramos de nosotros mismos? Sólo ha sido casualidad que esa independencia se haya producido tan lejos el uno del otro. Pero por supuesto estamos en contacto continuo. ¿Cómo no íbamos a estarlo? Somos Bill y Tom, mamá. Una simple distancia física no puede separarnos.
Ni el propio Bill sabía de dónde había sacado la sangre fría necesaria para soltarle a su madre tal retahíla de mentiras sin que le temblara la voz ni por un segundo. Quizás había equivocado su carrera y en lugar de cantante debería haberse hecho actor.
Pero Simone no creía en su palabra, al menos no del todo. Pero como no tenía pruebas de lo contrario, no le quedaba más remedio que conformarse con la manida explicación.
—¿Entramos? —preguntó señalando el acceso a la tienda.
—Bueno… —Bill dejó caer el cigarrillo al suelo y lo aplastó con el pie, e iba a dejarlo allí, pero una mirada reprobatoria de Simone le hizo recogerlo para tirarlo en un sitio más adecuado.
—¿Cuando dejarás ese asqueroso vicio? Llevas demasiados años con él… ¿No sabes que es muy malo para la salud?
Bill suspiró.
Si su madre supiera…
Tres horas, un traje de raya diplomática, dos cafés y varias camisas después, Simone y Bill estaban de vuelta en casa. Mientras la primera se metía en la cocina dispuesta a hacer engordar a su hijo con deliciosa comida casera, el segundo se metió en su habitación para poner a buen recaudo las nuevas prendas con las que contaba su vestuario.
Al cabo de un rato bajó, y como Simone seguía en la cocina, Bill se fue al salón y encendió el televisor para entretenerse.
Llevaba unos pocos minutos mirando lo que parecía un capítulo de alguna serie policial, cuando empezó a sonar el teléfono inalámbrico que yacía sobre la mesita situada enfrente de los sofás.
—¡Mamá, teléfono! —gritó lo suficientemente alto para que Simone le oyera desde la cocina.
—¡Voy! ¿Puedes cogerlo? —le gritó ella de vuelta.
Bill suspiró con vagancia y se inclinó hacia delante para coger el aparato.
Miró el nombre iluminado en la pequeña pantalla, y el corazón le dio un vuelco.
Tom (casa)
Se quedó paralizado, con el dedo pulgar situado justo encima del botón de descuelgue, pero sin atreverse a presionarlo. Sabía que en cuanto lo hiciera, oiría la voz de Tom, por primera vez en año y medio, aunque fuera a través de la línea telefónica. Lo que no sabía era si estaba preparado, si no le fallaría la voz y haría el completo ridículo. Mientras tanto, el teléfono seguía sonando.
Entonces Simone entró en el salón.
—Pero Bill, ¿por qué no descuelgas? —exclamó.
Le quitó el teléfono de las manos, observó un momento la pequeña pantalla y sonrió, olvidándose de la extraña actitud de su hijo menor.
—Es Tom —anunció justo antes de apretar el botón de descolgar rápidamente, como si Bill no lo supiera—. ¡Hola, cariño!
Olvidándose por completo de respirar, Bill se limitó a mirar fijamente a Simone y a escuchar la conversación que ésta mantenía con su gemelo. Bill podía escuchar también su propio corazón latiendo, acelerándose con cada palabra.
—¿Qué tal todo…? ¿Alguna novedad…? ¿No…? Bueno… Sí, aquí todos bien… Sí… ¿A que no sabes quién ha venido…?
El pulso de Bill se aceleró un poco más.
—¡Bill! Sí… Llegó el lunes por la tarde, acompañado por David… Ah, pues por lo visto se vieron en Berlín y Bill aprovechó el viaje de regreso de David para acompañarle y quedarse con nosotros unos días… ¿Te paso con él?
Entonces el corazón acelerado de Bill se detuvo por un instante. Seguía sin sentirse preparado, pero lo cierto es que a cada segundo que pasaba tenía más ganas de oír la voz de su gemelo e intercambiar aunque fuera unas palabras de rigor con él. Sin embargo, al ver desaparecer la expresión alegre de su madre, supo que esa conversación no tendría lugar.
—¿Ahora…? ¿No puedes esperar…? Pero si… De acuerdo, de acuerdo… Intenta llamar más tarde si puedes, apenas hemos hablado… Vale, adiós… Otro para ti, cariño.
Y Simone colgó. Miró a Bill con algo de culpa, como si hubiera sido ella la que hubiera impedido que pudiera hablar con su hermano.
—Me ha dicho que tenía prisa, que Eva le estaba llamando no sé para qué. Ha dicho que si puede volverá a llamar luego.
Pero Bill no necesitaba esa falsa explicación. Él sabía perfectamente que Tom, simplemente, no había querido hablar con él ni por teléfono, y que tampoco volvería a llamar.
Quiso llorar. Y se odió por eso.
Simone se sentó con él en el sofá sin dejar de mirarle, por lo que Bill tuvo que forzar una sonrisa.
—No pasa nada. Ya te he dicho que hablamos a menudo. —Bill se encogió de hombros.
Simone asintió. Las fotografías que había estado observando Bill el primer día estaban en la librería que quedaba justo enfrente del sofá en el que estaban sentados. La mujer las contempló un instante de lejos y luego se dirigió de nuevo hacia Bill.
—Sabes, tu hermano parecía tan contento al principio que por un momento he pensado que había llegado el momento de darle la enhorabuena —suspiró Simone al mismo tiempo que una sonrisa cálida a la par que extraña para Bill se instalaba en su rostro.
—¿La enhorabuena? —repitió sin entender.
—¿No te lo ha dicho? —preguntó Simone, sorprendida, aunque algo en su mirada le hizo saber a Bill que en el fondo ella ya suponía que ese “hablamos a menudo” era una burda mentira.
—¿Decirme el qué?
—Que él y Eva están planeando tener un bebé —explicó finalmente Simone ampliando su sonrisa.
Una patada en el estómago habría resultado menos dolorosa para Bill que tal afirmación.
—¿Un… bebé?
—Así es… —Simone interpretó la cara de estupefacción de su hijo a su manera—. Sí, yo también me quedé asombrada cuando me lo comentaron… ¡Así, de pasada, como si nada! Fue cuando estuvieron aquí de visita. Resulta que le pregunté a Eva por su trabajo, y entonces me contó que se iba a tomar un break en su carrera… y al preguntarle Gordon por los motivos, Tom soltó que querían ser padres… ¡Padres! Cuando me recuperé de la sorpresa, insinué si no eran demasiado jóvenes, que sólo tienen veinticinco años… Bueno, ella tiene veintiséis… Bueno, la cuestión es que Eva me contó que no quería esperar a estar en la treintena para quedarse embarazada, y que como sus agentes no le habían puesto problemas… Sabes, por una parte la entiendo, pensar en estas madres de hoy en día que tienen a sus hijos con casi cuarenta años… De haber sido mi caso, vosotros dos tendrías ahora apenas seis años… ¿Cómo lidia una mujer a mi edad con críos tan pequeños? En cambio, voy a ser abuela… ¿Te imaginas, cariño? Yo abuela con cuarenta y cinco años… Este hijo mío ya podría haber tardado un poco más en sentar la cabeza… ¡Abuela! Esa palabra me hace sentir tan mayor…
Aunque Simone seguía hablando emocionada sobre lo que aún era sólo una decisión, Bill ya no la escuchaba.
No quería escuchar más.
Que Tom se hubiera ido a vivir con una mujer era algo que, aunque le dolía como una estaca clavada en el corazón, podía soportar, ya que siempre estaba la posibilidad —y el deseo egoísta— de que, simplemente, rompieran. Incluso si se hubieran casado, quedaba el divorcio.
Pero tener un bebé… un hijo… Eso no era algo que se pudiera deshacer o invertir. Un hijo, o una hija, era algo que les uniría para siempre, una persona que siempre estaría en sus vidas, en las de ambos, sin que él, Bill, pudiera hacer nada al respecto para evitarlo…
Le dolía el vientre del disgusto y además empezaba a sentir náuseas, por lo que se levantó.
—¿A dónde vas? —preguntó Simone, interrumpiendo su monólogo.
—Al baño —respondió Bill secamente, y se encaminó hacia las escaleras situadas en el recibidor.
Un par de minutos después estaba en el cuarto de baño que había continuo a su habitación, inclinado sobre el inodoro abierto. No pasó mucho tiempo hasta que de un par de arcadas vació el contenido de su estómago.
El alivio físico no fue, sin embargo, suficiente. Tras limpiarse la boca y refrescarse la cara en el lavabo, Bill se quedó con ambas manos apoyadas en la porcelana, viendo críticamente su rostro pálido en el espejo, con una sola palabra en mente.
«Patético.»
Dejó de apoyar una mano en el lavabo para llevarla a su pecho, donde el dolor estaba siendo tan fuerte que apenas podía moverse sin soltar un quejido.
Había llegado a su límite.
A la mierda David y sus amenazas.
Simone subió un escalón y volvió a llamar a su hijo.
—¡Bill, la comida está lista! ¿Bajas?
Bill apareció por fin, pero no de la manera que Simone esperaba. El muchacho llevaba puestas las gafas de sol, y en la mano derecha tenía cogida su maleta por el asa desplegable, la cual arrastraba escaleras abajo sin mucho cuidado. Simone alzó una ceja, descolocada.
—¿A dónde vas con eso? —preguntó.
—Me vuelvo a Berlín —informó Bill al llegar a su lado.
—¿Que te vuelves a… Berlín? —repitió Simone, asombrada—. ¿Ahora?
Aunque no le apetecía en absoluto ser creativo en ese momento, Bill sabía que no podía marcharse así sin más y sin ni siquiera despedirse de Gordon, por lo que tenía que dar una explicación convincente pero que a la vez le permitiera no tener que explayarse mucho.
—Sí, me ha llamado un amigo y me ha dicho que me necesita. Se ve que le ha dejado la novia o algo así —explicó Bill.
—¿Qué amigo? —inquirió Simone.
—No le conoces.
—Evidentemente —bufó ella.
Bill ignoró el tonito sarcástico de su madre y se dirigió hacia la puerta principal. Simone se apresuró en seguirle.
—¿Y tienes que irte ahora mismo? —preguntó la mujer cuando Bill ya había abierto la puerta.
—Ya te he dicho que me necesita. Y cuanto antes me vaya, antes llegaré.
Cruzaron el jardín hasta la puerta exterior. Dino, que estaba tumbado al sol, se apresuró a levantarse para correr al lado de Bill, pero su antiguo amo le ignoró.
—¿Y cómo vas? ¿En avión? —seguí preguntando Simone.
—No sé si encontraré vuelo, así que le diré al taxi que me deje en la estación de trenes. Y ahí está…
Efectivamente, y por suerte para Bill, el taxi que había llamado minutos antes ya estaba enfrente de la casa de sus padres.
—Adiós, mamá —dijo Bill, y la besó rápidamente en la frente—. Y dile adiós de mi parte a Gordon.
—Pero…
No pudo decir mucho más. Bill ya había metido su maleta en el maletero del taxi y en ese momento se estaba metiendo en los asientos traseros del vehículo.
—Adiós… —murmuró Simone.
Bill le mandó otro beso a través de la ventanilla cerrada, y a continuación el taxi arrancó.
En cuanto perdió de vista la casa de sus padres, Bill cogió su teléfono móvil e hizo una llamada que no tardó en ser respondida.
—¿Bill? —preguntó Markus al otro lado de la línea.
—El mismo —respondió Bill en un tono confiado que hacía días que no usaba—. ¿Por qué pareces tan sorprendido?
—Por nada, pero como hacía días que no me llamabas…
—No he estado en la ciudad. —Y antes de que Markus pudiera preguntar, Bill continuó hablando—: ¿Qué haces esta noche?
—¿Esta noche?
—Sí. ¿Te apetece que salgamos?
—Eh, pues…
Bill frunció el ceño al notar su titubeo.
—¿Qué pasa, no quieres salir conmigo? —preguntó.
—No es eso —contestó Markus rápidamente—. Es que esta noche es la fiesta de cumpleaños de Olli, ¿recuerdas que te pregunté si vendrías?
—Oh, cierto, es hoy… —recordó Bill—. ¿Y Sebastian también está invitado?
—Sebastian siempre está invitado a las fiestas de Olli…
Bill sonrió.
—Bien, entonces… allí nos veremos.
Continúa.
Me da miedo que Bill haga una estupidez
Jder, tengo la esperanza de q no hara nada
Aggg Bill 😔😔😔😔🤦♀️😥😭😭