Fic original de Khira

“Despertar” Capítulo 19

Música a todo volumen, mucha gente y alcohol a raudales. El mismo ambiente que podía encontrarse en cualquier discoteca, sólo que en esta ocasión todo el local era una enorme sala VIP.

Habían pasado dos horas desde que Bill y Markus llegaran a la fiesta de Olli, y hora y media desde que encontraran a Sebastian y los polvos mágicos que siempre le acompañaban. Por lo que, en esos momentos, a Bill poco le importaban ya las amenazas de David, las sospechas de Simone, o el mismísimo Tom. Como tampoco le importaba que su temperatura corporal hubiera subido ni que su pulso y respiración se hubieran acelerado de forma enfermiza.

En esos momentos, lo único que le importaba era la perspectiva de conseguir un buen polvo, y el tipo que tenía delante, le parecía un buen candidato.

—Así que Bill, ¿eh?

—Ajá…

Bill, con la espalda apoyada en una pared, abrió un poco más sus piernas, envueltas en unos caros pantalones de cuero negro y botas altas de tacón, permitiendo que el tipo metiera una de las suyas en medio, y gimió de gusto cuando el muslo del otro le rozó la entrepierna.

—¿Y a qué te dedicas… Bill?

El tipo, que según había dicho se llamaba Klaus, era realmente alto, unos diez o quince centímetros más que Bill, bastante musculoso, con el pelo rubio muy corto y los ojos azules. Tendría unos treinta años, quizá menos. Le recordaba vagamente a Mike, el que había sido su guardaespaldas personal después de Saki.

—Vaya pregunta más… trillada… —se quejó Bill con una sonrisa—. ¿Por qué no me preguntas lo que realmente te interesa…?

—¿Y qué es lo que realmente me interesa, según tú?

—Mmm… ¿Si me dejaré follar…?

Una sonrisa lasciva se extendió por el rostro de Klaus. Alzó una mano en dirección al pálido cuello de Bill, y acarició la piel sudada con un dedo de arriba abajo, deteniéndose entre ambas clavículas.

—¿Y cuál sería tu respuesta…?

Una sombra que cruzó por detrás de Klaus atrajo la atención de Bill un instante. Comprobó que se trataba de Markus, el cual se había quedado parado a unos metros de ellos, con la mirada fija en él. Estaba muy serio; de hecho, parecía cabreado. Pero Bill le ignoró y desvió de nuevo su atención hacia Klaus.

—¿Qué tal si lo averiguas tú mismo…? —le retó con una sonrisa ladina.

De pronto la mano de Klaus pasó a rodearle la totalidad de su cuello, apretando levemente en un simulacro de asfixia. Antes de que Bill pudiera quejarse, Klaus se inclinó sobre él y le besó con fuerza. Bill entreabrió los labios con un gemido y entonces sus lenguas se encontraron.

El propio Klaus rompió el beso, al mismo tiempo que apretaba su entrepierna contra la del muchacho. Bill notó el gran bulto y sonrió para sí. Definitivamente, era un buen candidato.

—¿Nos vamos de aquí? —preguntó Klaus.

—Por supuesto —contestó Bill—. A no ser que pretendas follarme delante de todos…

—Sería interesante. —Klaus rió al imaginárselo—. Pero mejor busquemos algo de intimidad.

Tras pasar un brazo por los hombros de Bill, Klaus se dispuso a guiarle hacia la salida del local. Sin embargo, apenas habían dado dos pasos, cuando la figura de Markus apareció ante ellos.

—Bill, ¿puedo hablar contigo?

Bill apoyó la cabeza en el hombro de Klaus.

—Markus… Como ves, ahora estoy ocupado.

—Será sólo un segundo —insistió Markus.

—En otro momento…

Klaus y Bill dieron un paso más, pero de nuevo Markus se interpuso en su camino.

—Bill —insistió el joven en un tono serio que pocas veces le había oído, y eso que en teoría iba tan colocado como él.

Bill suspiró de forma impaciente, pero al final se separó de Klaus. Éste frunció el ceño pero no dijo nada.

—¿Qué diablos quieres, Markus? —preguntó Bill, llevándose a Markus a apenas un par de metros de su futuro polvo, pero gracias al volumen de la música sería difícil que les oyera.

—Bill… no vayas con él. —El tono de Markus seguía siendo serio.

—¿Qué?

—Que no te vayas con ese tipo. Es peligroso.

Bill sonrió, escéptico.

—Sí, claro. Es todo un psicópata.

—Te lo digo en serio. Os he estado observando. He visto como te ha cogido del cuello de esa forma tan agresiva. ¿Es que tú no te has dado cuenta? ¿Y si luego va a más?

—Si luego va a más, me defenderé.

Fue el turno de Markus de sonreír con escepticismo.

—¿Tú? ¿Contra esa mole?

Bill frunció el ceño, molesto.

—Mira, me da igual lo que me digas. Si me voy o no con ese tipo y lo que pueda pasar, a ti no te incumbe.

—Sí que me incumbe —replicó Markus.

—¿Y eso por qué?

—Te lo dije, Bill. Me gustas.

—Oh, eso… —Bill rodó los ojos—. Mira, Markus…

—Sal conmigo —le interrumpió.

—¿Qué…?—Bill no estaba seguro de haber oído bien.

Markus inspiró hondo.

—Que salgas conmigo… [i]Sólo[/i] conmigo.

Bill meneó la cabeza de un lado a otro, negando incrédulo.

—Estás colocado… —dijo con una risita.

—Puede ser, pero eso no cambia lo que siento.

—Markus, ahora no tengo tiempo para tus tonterías —bufó.

Dicho esto se dio media vuelta para volver con Klaus, pero Markus le agarró del codo, obligándole a girarse.

—¡Bill! Ignora lo que te he dicho si quieres, pero por favor, no vayas con él…

—Suéltame —le advirtió el ex cantante.

—No, hasta que me digas que no te irás con ese tipo…

Ya cabreado, Bill estaba a punto de gritarle que le dejara en paz, pero entonces Klaus se sumó a la discusión.

—¿Qué coño está pasando aquí? —demandó, colocándose justo al lado del ex cantante.

—Nada —siseó Bill—. Vámonos.

—No —dijo Markus, obstinado, apretando su agarre sobre Bill—. Tú no te vas a ningún sitio con él.

—¿Ah, no? ¿Y tú quién eres para darle órdenes? ¿Su padre? —preguntó Klaus.

—Déjale, está colocado —dijo Bill.

—No más que tú —replicó Markus—. Bill, quédate conmigo.

—Te he dicho que no.

—Bill…

—¡Que me dejes en paz!

De un tirón, Bill se soltó de su agarre, pero en seguida Markus volvió a cogerle del brazo. Entonces Klaus se interpuso entre ambos, y de un empujón echó a Markus hacia atrás.

—Te ha dicho que le dejes en paz —dijo con claro tono amenazador.

Klaus y Markus medían casi lo mismo, aunque el primero era el doble de ancho que el segundo. Pero Markus no se amilanó lo más mínimo, envalentonado en parte gracias a la droga.

—Tendrás que obligarme a ello —le retó.

—Muy bien, como quieras.

Y antes de que ni él ni Bill tuvieran tiempo a reaccionar, Klaus cogió a Markus de la camiseta y le estampó contra la pared que había tras él. A pesar del ruidoso ambiente, Bill escuchó perfectamente el sonido de la espalda de Markus al chocar contra la dura superficie. El joven exhaló un gemido de dolor. A su alrededor, varias personas dieron un respingo por la sorpresa.

—¡No! —exclamó Bill. Cogió al hombre de un brazo y tiró de él—. ¡Suéltale, Klaus! ¡Ya!

Tras unos segundos que a Bill se le hicieron eternos, Klaus obedeció y soltó a Markus, quien se quedó inmóvil, con la mirada baja y una mano sobre el pecho.

—Ya podemos irnos —dijo Klaus, mirando a Markus con desprecio.

Colocó una mano sobre el hombro de Bill, instándole a que le siguiera, pero Bill se mantuvo en su sitio, sin dejar de mirar a Markus. Éste seguía en la misma postura, con la diferencia de que la mano en su pecho se había convertido en un puño. Bill sintió un atisbo de preocupación hacia él.

—Markus… —murmuró, acercándose a él—. ¿Estás bien?

Markus no respondió. Había cerrado los ojos y tenía los labios apretados.

—¿Markus? ¿Qué sucede?

—Me duele… el pecho… —respondió finalmente.

—Te ha dado fuerte…

—No es… eso…

—¿Entonces…?

—Bill —le llamó Klaus, colocando otra vez la mano en su hombro—. Venga, vámonos.

Sin embargo, Bill se movió para alejarse de su contacto, ignorándole.

—Markus, ¿qué diablos te pasa? —Bill empezaba a ponerse nervioso.

—No… no lo sé…

Incapaz de seguir manteniéndose en pie, Markus se dejó resbalar por la pared hasta quedar sentado en el suelo.

—¡Markus!

Bill se acuclilló frente a él. Varias personas más se arremolinaron junto a ellos. Una de ellas era Christian, quien pronto salió del círculo y se agachó junto a ambos.

—¿Qué está pasando? —preguntó preocupado—. ¿Qué te pasa, Markus?

Pero el aludido ya no podía ni hablar. Bill empezó a sentir un peso en el estómago muy desagradable. Toda la euforia que había estado sintiendo hasta hacía unos minutos había ya desaparecido completamente, y estaba siendo sustituida por la ansiedad y la preocupación de no saber qué le estaba pasando a Markus.

Junto a ellos ya estaban Olli y su novia, Sabine. Ella fue la primera en reaccionar.

—Algo va verdaderamente mal. Tenemos que llamar a una ambulancia.

Tanto Bill como Christian y Olli le miraron algo alarmados.

—¿Crees que es necesario? —preguntó Olli, pues no le hacía ninguna gracia tener que interrumpir la fiesta de esa manera tan trágica.

Sabine le leyó el pensamiento a su novio.

—¡Hay que llevarlo a un hospital! Y nadie de aquí es capaz de ponerse a conducir.

En ese momento Markus gimió de forma lastimera. Bill y Olli se miraron entre ellos.

—Llámala —dijo Bill.

No se lo tuvo que repetir. Olli sacó su teléfono móvil y marcó el número de emergencias. Mientras tanto, Klaus se había puesto de nuevo junto a Bill y le tiraba del brazo.

—Vámonos. Ya se están ocupando de él.

—No, yo no me voy —dijo Bill, dando un tirón para soltarse, y se sorprendió al descubrir que no había funcionado—. ¿Qué haces? Suéltame.

—¿Cómo que ahora no vienes? —Klaus estaba visiblemente cabreado, y de un tirón le obligó a levantarse—. ¿Después de ponerme cachondo ahora me dices eso?

—¡Mi amigo está mal! —chilló Bill, sin darse cuenta de que por primera vez había usado ese apelativo con Markus—. ¿¡No lo ves!?

—Pues hasta hace un momento bien que pasabas de él. Además, ¿acaso puedes hacer algo tú?

—¡No, pero me quedaré igualmente!

—¡Tú te vienes conmigo!

—¡Que me sueltes!

—¡Maldito calientapollas!

Haciendo uso de todas sus fuerzas, Bill consiguió liberarse del agarre de Klaus, y sin pensarlo, le soltó una bofetada en la cara.

Tras encajar el golpe casi sin moverse, Klaus le miró algo sorprendido, sólo durante un segundo, ya que a continuación su rostro se crispó y le devolvió a Bill la bofetada, mucho más fuerte que la que él había recibido.

El repentino e inesperado dolor punzante le embotó los sentidos. Bill se tambaleó hacia atrás, llevándose instintivamente la mano a la cara. Empezó a escuchar un molesto pitido en el oído.

—¡Eh, eh! —escuchó Bill que alguien decía por encima del pitido.

Todavía aturdido, Bill sintió que unos brazos le estiraban hacia atrás. Escuchaba voces y algunos gritos, pero sin entender una palabra. Más tarde se enteraría de que habían sido Olli y Christian, entre otros, los que le habían defendido y echado a Klaus del local.

La parte izquierda de la cara le ardía y el zumbido no cesaba. Sin embargo Bill se olvidó de todo eso cuando sus ojos volvieron a enfocar y vio a Markus echado en el suelo, inmóvil, con Sabine y Martina sobre él con los rostros desencajados.

Y por primera vez en mucho tiempo, sintió verdadero miedo.

.

La ambulancia tardó ocho minutos en llegar. Ocho largos minutos, durante los cuales lo único que Bill pudo hacer fue permanecer junto a un inconsciente Markus. Sólo se apartó de él cuando los paramédicos le obligaron para poder atender al joven.

Tras determinar que se trataba de un infarto, los paramédicos sacaron a Markus del local en camilla y lo subieron a la ambulancia. Bill fue el único en pedirles que le llevaran con ellos y accedieron a hacerlo en la parte delantera junto al conductor.

Y allí estaba ahora, en la sala de espera de emergencias del hospital, nervioso y asustado, aguardando noticias de Markus, rodeado de desconocidos que miraban con curiosidad su cara y sofisticada indumentaria. Era muy probable que al menos alguno le reconociera, ya que no llevaba encima las gafas de sol para ocultarse de miradas indiscretas, pues se las había dejado en el local de Olli.

Los minutos pasaban y nadie venía a informarle. Harto y demasiado nervioso para seguir esperando, Bill se levantó y se dirigió a la ventanilla de admisión para preguntar por el estado de su amigo.

—Lo siento, pero no dispongo de esa información —fue la respuesta de la joven recepcionista morena que había tras el mostrador.

—¿Y quién dispone de esa información…? —insistió Bill, tratando de no perder la calma.

—El personal que está con él en estos momentos. Cuando terminen de atenderle, saldrán a informarle.

Bill tuvo que conformarse. Sin decir nada más, dio un par de pasos alejándose del mostrador, preguntándose qué debería hacer a continuación. Mientras tanto, una pareja que acababa de entrar en urgencias, se dirigió a la misma joven.

—Disculpe. Me han dicho que mi hijo ha ingresado en este hospital —dijo el hombre.

—¿Cómo se llama su hijo?

—Markus Schröder.

Bill giró la cabeza hacia ellos, sorprendido. Él no había avisado a los padres de Markus, por la única razón que no tenía su teléfono, pero supuso que lo habría hecho el hospital a través del móvil de Markus. Miró con interés a la pareja mientras la recepcionista repetía las mismas palabras que le había dicho a Bill. Eran más mayores de lo que se esperaba, parecía que tenían unos sesenta años o más. El hombre tenía los mismos ojos azules que su hijo.

Temiendo que la recepcionista le señalara como el que había llegado al hospital acompañando a Markus, Bill decidió retirarse discretamente de ahí. Pero entonces un médico salió de la zona de boxes y la recepcionista le llamó. Bill se detuvo por segunda vez, expectante.

—Doctor Klein, estos son los padres del joven Schröder. Acaban de llegar.

—¿Cómo está mi hijo? —preguntó inmediatamente la madre de Markus.

Antes de responder, el médico se presentó y estrechó la mano del padre de Markus.

—Su hijo está bien. Ahora estamos preparando su traslado a planta.

Bill suspiró al mismo tiempo que los padres de Markus.

—¿Qué le ha pasado? —preguntó el padre.

—Ha sufrido un infarto de miocardio, por fortuna leve y ya se encuentra fuera de peligro…

—¿Un infarto? —exclamó la madre, interrumpiendo al médico—. ¿Cómo es posible? ¡Sólo tiene veinticinco años!

Esta vez sí, Bill se alejó. Ya sabía lo importante: que Markus estaba fuera de peligro. Lo demás, lo cierto era que prefería no escucharlo.

Allí no podía hacer nada más. Lo mejor sería marcharse a casa.

Pero tenía un problema. Además de las gafas de sol, con las prisas también había dejado olvidada en el local su chaqueta en el guardarropas, y dentro de ella su cartera con su documentación, su dinero y sus llaves. Lo único que llevaba encima era su móvil, pues era tan fino que siempre lo llevaba en el bolsillo trasero de sus pantalones, por ajustados que fueran. Así que no tenía manera de volver a casa que no fuera andando, ya que no podía pagar un taxi, lo cual midiendo mentalmente la distancia le llevaría no menos de hora y media. Y además estaba el problema de las llaves. El local de Olli quedaba más cerca, pero a Bill no le apetecía precisamente volver allí; sinceramente, temía un poco la posibilidad de toparse de nuevo con Klaus por los alrededores.

Sin olvidar el hecho de que seguía drogado.

Empezó a darle vueltas a su móvil como si buscara inscrita en el aparato la solución a su dilema.

Cualquier otra persona en su situación simplemente llamaría a alguien para que le echara un cable y le pasara a recoger por el hospital. Pero elegir a ese “alguien”, en el caso de Bill, era una tarea complicada.

El primer nombre que cruzó su mente fue el de David, pero tuvo que descartarlo, porque aparte de que el productor estaba en Hamburgo, si le veía en ese estado y situación sabría inmediatamente que había roto su promesa; y esta vez no sólo le importaba por el hecho de lo que eso implicaba, sino también porque no quería contemplar otra vez la decepción en los ojos de su ex productor. Decepción que llegaría tarde o temprano…

Siguió pensando. Sus colegas seguían en la fiesta y probablemente no oirían su llamada. Y con Georg, el único de sus antiguos amigos que estaba en la misma ciudad, pasaría lo mismo que con David…

Entonces se le ocurrió otro nombre. Abrió la agenda del teléfono, comprobando que su número seguía allí.

Y allí estaba. El primero, de hecho. Era como una señal.

Continúa.

por Khira

Escritora del fandom

2 comentario en “Despertar 19”

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