Fic original de Khira

“Despertar” Capítulo 21

La luz que se filtraba por la ventana cuyas cortinas se le había olvidado correr la noche anterior fue la culpable de que Bill se despertara. Al joven le costó varios minutos ubicarse. Al principio pensó que estaba en casa de algún ligue, pero de pronto lo recordó todo y un desagradable peso se instaló en su estómago. ¿Cómo estaría Markus? Aquel médico había dicho que estaba bien y fuera de peligro, pero, ¿y si le habían quedado algún tipo de secuelas…?

Pensó en llamarle, pero no estaba seguro de que tuviera el móvil encendido en el hospital. Además, lo más correcto sería ir a verle… y eso haría.

Miró la hora en su teléfono móvil. Era la una del mediodía. Increíblemente, había dormido nueve horas del tirón.

Se levantó de la cama y mientras se desperezaba se dirigió al baño. En el espejo pudo comprobar que el hematoma del lado izquierdo de su rostro ya lucía un feo color azulado.

«Hijo de puta…», pensó al recordar a Klaus. Suspiró. Podría haber sido mucho peor.

Se dio una ducha rápida. Al entrar de nuevo en la habitación se plantó frente al armario. No le apetecía enfundarse de nuevo los pantalones de cuero y recordó el ofrecimiento de Bushido. Abrió las puertas de par en par y se encontró con un montón de ropa de muchos estilos. Había varios trajes enfundados, pero también chándales y sudaderas colgando de las perchas. En un lateral había zapatillas deportivas y diversas botas. En un estante bajo las perchas localizó camisetas, aunque enormes, pero un estante más abajo las había más pequeñas. Bill cogió una y se dio cuenta de que eran de mujer.

Lo sopesó unos segundos. Seguían siendo camisetas, y de su talla. Pero si eran de una ex de Bushido, por mucho que éste le hubiera dicho que cogiera la prenda que quisiese, quizás le molestaría verle usando una.

O quizás… no eran de una ex. Bill se dio cuenta de que había dado por sentado que Bushido estaba libre, cuando podría no ser así. No conocía lo suficiente al rapero como para saber si sería capaz de cometer una infidelidad.

De una manera u otra su anfitrión podría molestarse, así que, por si acaso, rebuscó entre la ropa de hombre hasta encontrar una camiseta y unos pantalones deportivos que no le quedaran excesivamente anchos. De largo no había problema ya que él y Bushido eran casi de la misma altura. Al final dio con una camiseta blanca con un logo publicitario en rojo, y unos pantalones azul cielo con una raya roja en los costados, que hasta combinaban. Por último se calzó unas deportivas que le estaban un poco grandes, pero mejor eso que tener que ponerse sus botas.

Cogió su inseparable móvil y se lo metió en uno de los bolsillos. Tras inspirar hondo, se decidió por fin a salir de la habitación.

El pasillo y toda la planta piso por extensión estaba en completo silencio. Bill se encaminó hacia la habitación del fondo; no sabía si a esas horas Bushido estaría en ella, pero era el primer lugar lógico en el que buscar.

Tocó con los nudillos en la madera y esperó, pero la voz que escuchó sonó a sus espaldas.

—Si busca al señor Ferchichi…

Del susto Bill dio un respingo y se dio la vuelta de inmediato. En el pasillo estaba el ama de llaves de Bushido, Anne, con un cubo lleno de ropa entre las manos.

—…está en el jardín trasero de la casa —terminó de decir.

—Ah… —Bill no sabía qué decir. La primera y última vez que había visto a esa mujer, le había montado un escándalo a Bushido delante de ella, para luego quedarse a follar como si nada. ¿Qué debía pensar de él?

—¿Quiere que le prepare algo para tomar? —preguntó ella.

—Ehm, no, gracias…

—Si cambia de opinión, estaré en la cocina. En la planta baja.

Bill no tuvo tiempo de decir nada más antes de que Anne desapareciera escaleras abajo.

El pasillo, en forma de ‘L’, tenía un par de ventanas. Bill se asomó por la que por orientación suponía que daba al jardín trasero de la villa. En efecto, sentado en medio de la gran explanada de césped, estaba Bushido, jugando con un cachorro de pelo dorado, casi blanco, no podía asegurarlo por la distancia pero le pareció que de labrador.

Tras quedarse observando unos minutos, se puso en marcha.

Al salir al exterior tuvo que protegerse los ojos del sol con la mano a modo de visera, ya que hacía un día espléndido.

Bushido levantó la vista cuando se dio cuenta de la presencia de Bill. Sujetó al cachorro de la nuca con una mano mientras con la otra le acariciaba ambas orejas.

—Buenos días —saludó—. O buenas tardes, casi…

Bill hizo caso omiso de la broma. Anduvo hasta él hasta quedarse a un par de metros.

—Hola —dijo simplemente.

—Hola. ¿Has dormido bien?

—Sí.

—Me alegro. —Bushido estudió atentamente el rostro del más joven—. ¿Cómo va el golpe?

—Duele un poco, pero sobreviviré.

—Aún no me has contado quién te lo dio.

—Porque no vale la pena.

Antes de que el rapero pudiera protestar, el cachorro escapó de sus manos y corrió escopetado hacia Bill. No tendría más de dos o tres meses. Alzó sus patas delanteras hasta posarlas en las espinillas de Bill, y emitió un par de agudos ladridos.

Bill se agachó y le acarició el hocico, esbozando una pequeña sonrisa. No lo podía evitar, le encantaban los perros, y mucho más los cachorros.

—¿Cómo se llama? —preguntó.

—Shiro —respondió Bushido.

—¿Shiro? ¿Qué significa?

—Blanco, en japonés.

—¿Te gustan los nombres japoneses, eh?

Bushido no contestó a la pregunta retórica. Hizo un chasquido con la boca, y el cachorro regresó a él corriendo.

—¿Y qué tiempo tiene? —preguntó Bill.

—Tres meses.

—¿Hace mucho que lo tienes?

—No; me lo regaló Peter hace unas semanas.

—¿Peter?

—Chakuza.

—Ah. ¿Y eso?

—Él tiene una labrador retriever, y la hizo criar. Es bueno que las perras críen al menos una vez.

El cachorro gruñía y alzaba las patas delanteras cada vez que Bushido le cogía del hocico, pero no dejaba de ser un juego para él. Tras dudar unos instantes, Bill se sentó también en el césped.

—Te queda bien mi ropa —dijo Bushido de pronto.

—Me está un poco grande, pero no demasiado. Gracias por prestármela.

—No hay de qué.

—Había también camisetas de mujer que eran más de mi talla, pero no me he atrevido a coger una. —Bill no pudo evitar decirlo. Quería saber si Bushido estaba con alguien o no.

—¿Por qué no? —preguntó el rapero—. Si te iban mejor…

—Es que como no sé de quién son, no quería molestarte…

—Son de Sarah —dijo simplemente Bushido.

—Ah… ¿Y Sarah es…?

—Mi ex novia. Al menos actualmente. Volvemos y lo dejamos continuamente, tenemos una historia un poco especial.

—Entiendo… —En realidad Bill no lo entendía, pero como no era asunto suyo, no quiso insistir. En lugar de eso prefirió indagar en otro tema—. ¿Puedo preguntarte una cosa?

—Dispara.

—¿Te has acostado con otros hombres, aparte de mí?

Bushido frunció el ceño. Por un momento, Bill creyó que el rapero en verdad era un poco homofóbico y le habría ofendido. Pero el hombre le respondió con tranquilidad.

—No. ¿Por qué?

—Por nada… Bueno, es que cuando tú y yo… Parecías bastante experto en el tema…

—A algunas chicas también les gusta el sexo anal —dijo Bushido, indiferente.

—Ya… ¿Y por qué yo? Quiero decir, si en realidad no te interesan los hombres…

—Tú no cuentas como hombre —interrumpió Bushido, y antes de que Bill tuviera tiempo de ofenderse, añadió—: Eres más jodidamente femenino y atractivo que la mitad de mujeres que conozco.

Bill se ruborizó intensamente y desvió la mirada hacia el cachorro. Bushido sonrió, divertido por haber hecho sonrojar de esa manera al ex cantante, pero lo cierto era que no había mentido.

Se quedaron en silencio unos minutos, sólo roto por los agudos gruñidos de Shiro, el cuál seguía jugando animadamente con su dueño.

Bushido observó de reojo a Bill, quien seguía ensimismado viendo al cachorro.

—¿Sabes algo de tu amigo? —le preguntó, cambiando de tema.

Bill no alzó la mirada.

—No. Pero iré a verle hoy —aseguró.

—Te acompañaré al hospital —se ofreció el rapero.

—No hace falta.

—Ya, pero lo prefiero.

La mirada de Bill seguía puesta sobre el cachorro.

—Bill, sabes que, en lugar de tu amigo, podrías ser perfectamente tú el que estuviera hoy en el hospital, ¿verdad?

Los hombros del muchacho se tensaron. Sabía que la pequeña tregua que le había dado Bushido había terminado, pero todavía no se sentía con fuerzas para discutir ese tema.

—¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué demonios lo [i]haces[/i]?

—Ahora no quiero… hablar de eso… —musitó.

—Pues en algún momento tendrás que hacerlo. —La voz de Bushido subió un poco de volumen, y Shiro ladró—. Cuéntamelo. ¿Qué buscas, Bill? ¿Qué esperas conseguir con toda esta mierda?

Bill se rodeó las rodillas con ambos brazos, las manos convertidas en puños.

—Vamos, Bill, respóndeme. Me sacaste de la cama a las tres de la mañana para que fuera a buscarte a un hospital y te encontrara colocado. Me merezco al menos una explicación.

Bill agachó la cabeza.

—Bill —insistió Bushido—. Dame una, la que sea.

Finalmente Bill habló, los ojos empañados y su voz quebrada.

—Yo sólo quiero… que me deje de doler…

—¿Doler? ¿Doler dónde?

—Aquí…

Y Bill se señaló el corazón.

Después de eso, Bushido se mantuvo en silencio varios minutos. Shiro ladró un par de veces buscando atención. Al no obtenerla, fue a buscar una pelota de goma amarilla que había a unos metros de ellos. Regresó con ella y se sentó junto a su dueño, mordisqueándola. Pero pronto se cansó y se acercó a Bill, quien al principio tampoco le hizo caso, pero entonces el cachorro empezó a golpearle suavemente en las piernas con el hocico. Era como si el animal intuyera que el muchacho necesitaba algo de consuelo.

—Ese dolor… ¿Tiene algo que ver con Tom? —preguntó finalmente Bushido. En el fondo ya sabía que era así, el simple hecho de que estuvieran viviendo tan lejos el uno del otro ya apuntaba que algo había pasado entre ellos, y Bushido no tenía hermanos, pero suponía que “perder” a uno tenía que ser muy duro.

Bill seguía tenso, pero asintió. Alargó una mano y acarició el suave y blanco lomo de Shiro.

—¿Qué pasó? —inquirió el rapero.

Creyó que Bill ya no le respondería, pero le sorprendió.

—Nos peleamos… —confesó el muchacho—. Fue hace cinco años, poco después de la gala de los Comet 2010… Tom se enfadó tanto conmigo que incluso dejó el grupo para no tener que soportarme más… Y desde entonces no le he visto apenas… Ahora mismo, hace un año y medio que no sé nada de él…

—¿Por qué os peleasteis?

Pero aquí Bill ya no respondió y Bushido supo que la conversación había llegado a un callejón sin salida.

—Fuera lo que fuera, no deberíais haber dejado que las cosas llegaran a este punto… —dijo el rapero—. Es difícil hacer las paces si no os veis nunca.

Bill permaneció en silencio, agasajando distraídamente al cachorro.

—Pero si no me equivoco, os veréis en la boda de Gustav, ¿no? —continuó—. Quizás ésa sea la ocasión perfecta para reconciliaros.

Aunque Bill por supuesto no lo veía tan claro, igualmente asintió e hizo una mueca que pretendía ser una leve sonrisa. En realidad lo que quería decir con ese gesto era que no quería seguir más con esa conversación, y Bushido captó la indirecta. El hombre decidió complacer al muchacho, ya que, por aquel día, ya le había sonsacado suficiente.

—¿Y cuánto falta para la boda? —preguntó en un tono más distendido.

—Dos semanas…

—¿Qué vas a hacer hasta entonces? ¿Volverás con tus padres?

Bill pensó la respuesta durante unos segundos.

—Supongo que sí… —suspiró sin alzar la vista—. Además, ése era el trato que había hecho con David: si yo me quedaba con mis padres en Hamburgo estas dos semanas, él no les contaría nada, ni a ellos ni a Tom…

—¿Tú quieres volver con tus padres?

Negó con la cabeza, aún sin mirarle.

—¿Por qué no?

—No quiero hacer sufrir a mi madre… Y ahora mismo es lo único que sé que pasará si vuelvo con ella.

La siguiente pregunta les sorprendió a ambos, incluso a Bushido que fue quién la formuló.

—¿Quieres quedarte aquí?

—¿Aquí? —repitió Bill, levantando la cabeza bruscamente.

Bushido se encogió de hombros, despreocupado.

—Tengo habitaciones de sobra —le recordó.

—Ya, pero… —Bill no sabía muy bien cómo continuar la frase y dijo lo primero que se le ocurrió—. No creo que David esté de acuerdo…

—¿Tú qué prefieres, quedarte aquí o volver con tus padres?

Bill lo sopesó unos instantes. Sus padres eran sus padres, pero con Bushido no tendría que fingir…

—Aquí… —murmuró finalmente.

Bushido alargó una mano hacia Bill.

—Dame tu móvil. Yo hablaré con David.

.

El grupo estaba definitivamente formado. Un cantante/guitarrista, un bajista/teclista y un batería. Era el momento de ponerse en marcha, y David, ilusionado como hacía tiempo que no se sentía, no podía esperar. Y a Patrick le pasaba tres cuartos de lo mismo.

—Enhorabuena, chicos —les dijo al terminar el primer ensayo oficial como banda—. Lo habéis hecho muy bien.

Los tres jóvenes se miraron sonrientes entre ellos, más ilusionados todavía que sus productores.

David iba a seguir hablando, pero el móvil en su bolsillo empezó a vibrar. Estuvo a punto de rechazar la llamada y devolverla a quién fuera más tarde, pero al ver que se trataba de Bill no lo hizo.

—Disculpadme un momento —dijo mirando principalmente a Patrick, quien levantó las cejas extrañado.

Salió del estudio al pasillo y descolgó.

—Ey, Bill —saludó.

Pero no era Bill.

—Jost, soy yo. Bushido.

Lo primero que hizo David fue mirar de nuevo la pantalla, no fuera que su mente le hubiera jugado una mala pasada y donde ponía “Bushido”, él hubiera leído “Bill”. Pero ponía “Bill”. Se llevó de nuevo el móvil al oído, desconcertado.

—¿Y por qué me estás llamando del móvil de Bill? —preguntó sin poder evitar alzar un poco la voz.

—Ey, ey, tranquilo. Bill está conmigo.

—Eso ya me lo imagino. ¿Y por qué coño está contigo? ¡Debería estar en Hamburgo! ¿O es que tú estás en Hamburgo?

—No, estamos los dos en Berlín. En… mi casa.

David respiró hondo y contó hasta cinco para calmarse.

—Explícame eso, por favor —dijo secamente.

—No es asunto mío darte los detalles, pero…

—¿Cómo que no es asunto tuyo? —exclamó David, perdiendo de nuevo momentáneamente la calma—. Bien, entonces pásame a Bill para que me lo explique él mismo o…

—Jost, escúchame. Bill sabe que ha hecho mal, pero el que tú le cantes ahora las cuarenta no va a ayudar. Ni tampoco que le amenaces.

David guardó silencio.

—Lo he hablado con Bill y prefiere quedarse conmigo estas dos semanas que volver con sus padres. Y creo que al menos tiene derecho a elegir eso.

El productor seguía en silencio.

—¿Jost?

—¿Por qué? —preguntó David finalmente.

—¿Por qué qué? —preguntó Bushido a su vez.

—¿Por qué tú?

—Tuvo un problema aquí en Berlín y me llamó; yo estaba más cerca, eso es todo.

David apoyó la espalda y la nuca en la pared del pasillo y miró hacia el techo.

«No me refería a eso…», pensó.

—Jost, ¿quieres que te pase con él?

—No —murmuró David—. Dile que… dile que nos veremos dentro de dos semanas.

—De acuerdo…

Y David colgó. Miró por última vez el nombre que había quedado grabado en la pantalla del móvil, y de pronto sintió ganas de lanzar el aparato contra la pared de delante. Por suerte se contuvo y no lo hizo, ya que en ese momento salió Patrick al pasillo.

—¿Qué ocurre, David? ¿Todo bien?

—Eso espero —gruñó David. Si Bill había regresado a Berlín significaba que las amenazas ya no surtían efecto, así que, aunque no le hacía ninguna gracia, no le quedaba más remedio que fiarse de Bushido.

—¿Eh?

—Nada. Volvamos adentro… Aún queda mucho trabajo por delante.

.

Bushido devolvió a Bill su teléfono.

—¿Estaba muy enfadado? —fue lo primero que Bill preguntó.

—Estaba más bien… descontento —fue la respuesta de Bushido.

Bill miró con gesto inquieto el aparato. Si David no había querido hablar con él significaba que sí estaba enfadado, pero al menos había accedido a que se quedara ese tiempo en casa de Bushido.

«En casa de Bushido…», repitió mentalmente. No terminaba de creerse que realmente fuera a quedarse con él esas dos semanas.

Guardó de nuevo el móvil en su bolsillo. Al levantar la vista, vio a Bushido de pie tendiéndole la mano.

—¿Te acompaño al hospital?

Bill asintió y aceptó la mano.

.

Gracias a las amables indicaciones de una enfermera, Bill no tardó en encontrar la habitación de Markus.

Se plantó solo frente a la puerta. Bushido se había quedado en el coche escuchando música. Inspiró hondo y tocó con los nudillos. Esperó oír un “adelante”, pero en lugar de eso la madre de Markus le abrió directamente la puerta. La mujer, que tenía los ojos enrojecidos y aparentaba un profundo cansancio en su rostro, le miró interrogante y con el ceño fruncido.

—Ehm, hola… —consiguió articular—. Soy… eh… Bill… Un amigo de Markus…

La madre de Markus suavizó el gesto.

—Claro, pasa —dijo con una leve mueca que quizás pretendía ser una pequeña sonrisa.

Bill tragó saliva y entró en la habitación. Su mirada se topó de inmediato con la de Markus, quien reposaba en la cama semi reclinada que había en el centro de la estancia. El joven tenía puesto un tubito de oxígeno bajo la nariz y una vía en el brazo, pero aparte de eso parecía estar bien. No había nadie más en la habitación.

—Hola —musitó Bill, incómodo, y sin atreverse a acercarse.

—Hola —dijo Markus.

Al cabo de unos segundos que a Bill se le hicieron eternos, Markus se giró hacia su madre y le habló.

—Mamá, ¿por qué no vas con papá un rato? Aún debe estar en la cafetería.

Su madre captó la indirecta al vuelo.

—Está bien. Volveremos luego.

La mujer cogió su bolso de un sillón y salió por la puerta de la habitación, no sin antes echar una mirada curiosa a Bill.

Ya a solas, Bill avanzó un par de pasos en dirección a la cama.

—¿Cómo estás…? —preguntó.

—Estoy bien. Sólo ha sido un susto —contestó Markus.

—Ha sido más que un susto, ¿no crees? —replicó Bill.

Markus no respondió y Bill se sintió de nuevo incómodo.

—Gracias por venir conmigo hasta el hospital —dijo Markus de repente.

—¿Cómo sabes que vine contigo? No estabas consciente.

—Me lo contó una enfermera. Me dijo que un chico moreno y guapísimo había venido en la ambulancia y que luego se había quedado hasta que llegaron mis padres, y claro, supe que habías sido tú.

Markus terminó la frase con una sonrisa. Y Bill, aunque debería estar acostumbrado a ese tipo de piropos provenientes de Markus, se ruborizó intensamente.

—Era lo mínimo que podía hacer… —Inconscientemente, Bill se retiró un mechón de cabello que le molestaba del lado izquierdo del rostro, revelando sin querer el hematoma.

—¿Qué te ha pasado en la cara? —exclamó Markus.

—Oh, eso… Ehm… Digamos que tenías razón sobre Klaus… —murmuró.

—¿Klaus te pegó? —Markus estaba atónito—. ¿Cuándo fue eso?

—Tú ya no estabas consciente.

—Hijo de puta.

—Ya…

Markus suspiró.

—Deberías haberme hecho caso y quedarte conmigo…

Bill se mordió un labio. No quería tener que rechazar a Markus de nuevo, y menos en esa situación. Sin embargo, su amigo no le puso finalmente en ese aprieto.

—Tranquilo, ya sé que nunca lo harás. No sé por qué te dije eso ayer, bueno, en realidad sí, tenía que intentarlo al menos, ¿no?

—Markus, yo… —Bill no sabía qué podía decir para hacer sentir mejor a su amigo—. Lo siento. Es que… no puedo.

—¿Hay otra persona, verdad?

La pregunta le sobresaltó, y su corazón empezó a latir un poco más rápido de lo normal. Cuando se calmó al cabo de unos segundos, suspiró.

—Sí —reconoció simplemente.

—¿Un chico?

—Sí…

—Pero no estás con él…

—No…

—¿Por qué no? ¿Es hetero?

Había muchas más razones, pero ésa también era una de ellas, por lo que Bill asintió.

—¿Llevas mucho tiempo enamorado de él? —fue la última pregunta de Markus.

Bill tardó unos segundos en contestar, no porque no supiera la respuesta, sino porque sería la primera vez que admitiría algo así en voz alta y le resultaba extraño.

—Toda mi vida…

Continúa.

por Khira

Escritora del fandom

2 comentario en “Despertar 21”
  1. Capitulo 21 y nada que aparece Tom pero ya aparecieron mis lagrimas cuando Mi Bill dijo que queria que dejara de doler 😭😭😭😭😭

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