Despertar 22

Fic original de Khira

“Despertar” Capítulo 22

Bill no quería seguir hablando del tema de su amor imposible y Markus tampoco le quiso hacer más preguntas. Estuvieron hablando un buen rato sobre otros temas, principalmente sobre la salud de Markus, que por fortuna y según los médicos no iba a resentirse al ser un chico joven y fuerte, de la visita de Olli y Christian de esa misma mañana, y sobre cómo se habían tomado todo el asunto sus padres.

—Mi padre ha tenido los cojones de hacerse el sorprendido —decía Markus.

—¿Quieres decir que él lo sabía? —preguntó Bill, sentado en el borde de la cama; sus piernas eran tan delgadas que apenas ocupaba espacio.

—Claro que lo sabía, pero se hacía el loco. Supongo que es más fácil mirar hacia otro lado, es muy típico de él —se quejó Markus con amargura mal disimulada—. Mi madre, en cambio… —Se quedó callado.

—¿Tu madre…? —le animó Bill a seguir.

—Mi madre sí que no se lo esperaba. Creo que… la he decepcionado. No, estoy seguro. Y aunque a veces pienso que soy yo el que debería sentirse decepcionado con ella por no haberse dado cuenta, en realidad me siento fatal…

—Te entiendo… —musitó Bill tan bajo que apenas se le oyó—. Y… ¿vas a dejarlo?

—Creo que sí. Todo el mundo me dice que les he dado un buen susto, pero créeme, el principal acojonado he sido yo.

Bill esbozó una sonrisa triste.

—¿Y tú…? —preguntó Markus.

La sonrisa de Bill decayó.

—Debería también… —dijo de forma algo evasiva.

Oyeron ruido de murmullos en el pasillo.

—Son mis padres —dijo Markus—. Supongo que se habrán cansado de estar en la cafetería.

—Yo me iré ya —dijo Bill—. Me ha acompañado un amigo y debe estar cansado ya de esperarme.

—¿Un amigo? ¿Quién? —Markus no pudo evitar la pregunta.

«Mi nuevo canguro…», pensó Bill, pero no lo dijo eso en voz alta.

—Bushido.

Markus puso una cara de pasmo tan cómica que Bill no pudo evitar sonreír un poco.

—En la próxima visita te lo cuento —le prometió.

—¿Vas a volver?

Ahora el sorprendido era Bill.

—Claro que sí —aseguró—. Eres mi amigo…

—¿Aunque sea una mala influencia? —Markus sonrió, pero sin verdadera alegría.

—¿Una mala influencia?

—Mi madre está empeñada en que han sido las malas influencias las que me han hecho coger el “mal camino”… Y yo no le he dicho que ése ha sido más bien mi papel… Con vosotros, por ejemplo…

Bill sabía perfectamente a qué se refería. Había sido Markus quién había presentado a su camello Sebastian a todo el grupo, incluido él.

—Puede ser, pero si yo me dejé influenciar fue porque quise. No te culpa por nada de eso, si es lo que estás pensando.

—Me alegra oírlo…

Bill se levantó de la cama y se acercó el máximo a la cabecera.

—Me voy, pero volveré en un par de días, ¿vale?

—Como quieras… Yo no me moveré de aquí —bromeó Markus.

—¿Cuándo te dan el alta?

—La semana que viene seguramente, o eso me han dicho, pero no sé qué día.

—Bueno, cuídate, ¿vale? —Bill apoyó la mano en el brazo de Markus que estaba libre de vías—. Haz todo lo que te digan los médicos…

Markus miró primero su mano y luego le miró intensamente a los ojos. Bill le devolvió la mirada y luego se inclinó hacia él, hasta rozar suavemente sus labios en un casto beso que los dos sabían que no significaba nada más.

—Nos vemos —dijo Bill al separarse.

—Sí… Cuídate.

—Lo mismo digo. Adiós…

—Adiós…

Tras cruzar una última mirada, Bill salió de la habitación.

.

Después de reunirse con Bushido en el aparcamiento, se dirigieron con el coche a casa del ex cantante para que éste pudiera recoger sus cosas. La maleta que se había llevado a Hamburgo estaba sin deshacer, por lo que el trámite fue rápido.

Por la noche cenaron los dos solos de una ensalada en la barra americana de la enorme cocina con que contaba la casa. Anne se había marchado un rato antes.

—Durante los próximos días tengo un par de compromisos promocionales que no puedo cancelar —informó Bushido—. Tengo uno pasado mañana y otro la semana que viene, pero ninguno me llevará más de un día. ¿Puedo confiar en que no te moverás de aquí?

—¿Me vas a dejar solo con Anne? —exclamó Bill, con un trozo de lechuga detenido a medio camino entre el plato y su boca.

Bushido sonrió.

—¿Le tienes miedo?

—No, pero…

—Pues deberías… —interrumpió el rapero con voz muy seria.

Bill parpadeó, desconcertado. Entonces Bushido rió.

—Es broma. Es un cielo de mujer… Un poco obsesiva con el orden y la limpieza, pero es algo que me viene bien. De no ser por ella, esta casa parecería una leonera. Bueno, la cuestión es que no te preocupes porque en total apenas será un día y medio. Repito, ¿puedo confiar en que no te moverás de aquí?

—Sí.

La respuesta de Bill sonó lo suficientemente convincente como para que el rapero no insistiera.

Terminaron de cenar y lo recogieron todo, metiendo los cubiertos sucios en el lavavajillas. Bushido limpió la barra con un trapo húmedo y luego se lavó las manos.

Mientras tanto Bill se quedó mirando una fotografía pegada a la nevera con un imán en la que no había reparado hasta ese momento. Era un retrato de una mujer de mediana edad, de pelo corto y rubio, ojos azules y piel muy blanca, en medio de un cuidado jardín que Bill reconoció enseguida: era el de la parte delantera de esa misma casa.

—¿Quién es ella? —preguntó.

—Mi madre —respondió Bushido mientras se secaba las manos con otro trapo. Alargó el antebrazo derecho un segundo, mostrando las dos palabras allí tatuadas—. Luise Maria.

De pronto Bill recordó algo que había leído en la prensa hacía varios años y se inquietó un poco.

—¿Ella está… bien?

—Sí. Superó el cáncer hace tiempo, si lo preguntas por eso.

—Me alegro… —Bill examinó de nuevo a la mujer en la foto y sonrió un poco—. No os parecéis en nada.

—Ya se sabe, el gen “moreno” es más fuerte. —Bushido también sonrió.

—¿De dónde es tu padre? —Bill había leído también alguna vez que el padre del rapero berlinés era musulmán, pero no sabía de qué país exactamente.

—De Túnez.

—Pero vive aquí, ¿no?

Bushido se encogió de hombros.

—Ni idea.

—¿Ni idea? —repitió Bill, confuso. Para cuando cayó en la cuenta de lo que eso significaba, Bushido ya se había explicado.

—No sé nada de él desde que tenía diez años.

Bill se quedó callado y miró de nuevo hacia la fotografía. La fotografía parecía reciente y la mujer sonreía. No sabía qué habría pasado con el padre de Bushido, pero al menos éste tenía aún a su madre. Igual que él, que al menos tenía a Simone. Y a Gordon. Recordó la historia de David, y se dio cuenta de que cada persona y su familia era un mundo.

—Bueno, a ver… —empezó Bushido echando un vistazo al reloj de la cocina—. Aún es temprano. ¿Quieres ir a dar una vuelta con Shiro por el barrio? ¿O prefieres quedarte viendo la televisión?

—En realidad, creo que me iré a dormir… —dijo Bill—. Me siento algo cansado.

—Como quieras. Te veo mañana entonces.

—Sí… —Tras dudar unos instantes, finalmente Bill se dirigió hacia la puerta de la cocina—. Buenas noches…

—Buenas noches, Bill.

Y Bill se dirigió a la habitación de invitados que teóricamente seguiría ocupando en las próximas dos semanas.

.

A pesar de lo que le había dicho a Bushido, habían pasado dos horas y Bill todavía no había conseguido conciliar el sueño. Giraba y giraba sobre la cama buscando una postura cómoda para dormir, pero era inútil, estaba completamente despejado pensando en todo lo acaecido en las últimas veinticuatro horas: la noticia de la posible inminente paternidad de Tom, su huída precipitada de la casa de su madre, la fiesta de Olli, la agresión de Klaus, el infarto de Markus, y en resumen, en todo lo que había desembocado en su actual situación: él durmiendo en la cama de la habitación de invitados de la casa de Bushido en Dahlem.

Y lo curioso era que se sentía cómodo allí. Había sido sincero con Bushido cuando le había dicho que no se movería de su casa en las próximas dos semanas. Con Bushido no tenía que fingir nada; es más, le daba exactamente igual lo que el rapero pudiera pensar de él y de sus insanas aficiones, al contrario que David y sus padres, y eso le hacía sentirse mucho más relajado en su presencia.

De pronto escuchó ruido de pasos en el pasillo, y poco después el sonido de una puerta al abrirse y cerrarse.

Bill se encogió sobre sí mismo y se mordió el labio. El único “problema” era que saber que tenía a Bushido tumbado en su cama tan cerca, a apenas un par de tabiques de distancia, le hacía sentir no nervioso pero sí de alguna manera [i]ansioso[/i].

Y también… excitado.

No sabía qué debería hacer. Bushido no le había mandado una sola señal desde que le había metido en su casa. Pero Bill aún recordaba perfectamente su último “encuentro”, sumado a la conversación de esa mañana, y sabía que el rapero le deseaba.

Y Bill también a él. A esas alturas era absurdo negarlo.

Decidido, apartó las sábanas y se levantó.

.

Bushido acababa de tumbarse boca arriba en la cama cuando oyó que alguien tocaba a la puerta del dormitorio. Y ese alguien sólo podía ser Bill.

—Adelante —dijo en voz alta a la vez que se incorporaba un poco hasta quedar apoyado con la parte superior de la espalda en el cabecero.

La puerta se abrió y Bill entró en la habitación, quedándose a poca distancia del umbral. El muchacho se había puesto una bata sobre la ropa interior, la única prenda con la que solía dormir. Bushido llevaba sólo unos pantalones de pijama hasta la rodilla, su pecho moreno al descubierto.

—Pensaba que ya estarías dormido —dijo Bushido—. ¿Qué pasa? ¿No te encuentras bien?

—No es eso —dijo Bill, y empezó a caminar hacia la cama.

En cuanto el muchacho se subió de rodillas sobre el colchón, Bushido ya tuvo una idea clara de lo que pretendía. Quiso decir algo, pero de momento se limitó a observar cómo Bill, con el deseo pintado en la cara, continuaba moviéndose hasta posicionarse quedándose sentado encima de los muslos del rapero, con las rodillas una a cada lado. Luego se inclinó un poco hacia delante, colocando ambas manos sobre el fuerte pecho de Bushido, y como éste siguió en otorgante silencio, empezó a acariciar los pectorales. Pero no se entretuvo demasiado en esa zona. Su mano derecha bajó hacia el vientre y los bien formados abdominales, y luego siguió su camino hasta el borde de los pantalones del rapero.

Ahí fue cuando Bushido se incorporó del todo hasta quedar sentado con la espalda recta, cogiendo con su mano la muñeca derecha de Bill. Sus rostros quedaron muy cerca el uno del otro.

—No creo que esto sea una buena idea…

Como si no le hubiera oído, Bill se inclinó un poco más y simplemente le besó con fuerza.

Instintivamente Bushido colocó su otra mano en la cintura del ex cantante, tratando de no caer hacia atrás por la fuerza con la que esos labios estaban apretando los suyos.

—Bill… —jadeó cuando se separó de él—. En serio, no creo que esto sea una buena idea…

—¿Por qué no? —habló finalmente Bill—. Ya hemos hecho esto antes y sin pegas, ¿por qué ahora es una mala idea?

—Porque ahora estás en mi casa como invitado y debo cuidar de ti.

—Puedes cuidarme mientras me follas, una cosa no quita la otra.

Un ramalazo de excitación recorrió la espina dorsal de Bushido hasta llegar directa a su zona viril. Bill le ponía, pero más todavía cuando hablaba tan obsceno…

Sin darle tiempo a replicar de nuevo, Bill presionó su pecho con determinación y obligó a Bushido a tumbarse otra vez en la cama. A continuación bajó su rostro y lamió el moreno pecho de arriba abajo, hasta terminar en el borde de los pantalones. Bushido jadeó. Cuando Bill tiró de ellos para bajárselos, el hombre no opuso resistencia. Ya estaba perdido.

Bill no vaciló un instante y dirigió su boca directamente al ya erecto miembro de Bushido, succionando hasta la mitad y luego lamiéndolo en toda su extensión. Bushido no apartaba la vista de él, dejando escapar de tanto en tanto un ronco jadeo. El muchacho era un artista con su lengua. Al cabo de unos minutos, Bill decidió que habían sido suficientes preliminares, y se separó.

—Condón —dijo simplemente.

Bushido abrió el primer cajón de la mesilla de noche y extrajo un paquete.

—¿No tendrás por casualidad también lubricante? —inquirió Bill mientras se quitaba la bata. Seguidamente se quitó la ropa interior, quedando completamente desnudo y mostrando su propia excitación.

Por toda respuesta, Bushido sacó un bote de dicho líquido del mismo cajón. Bill alargó la mano hacia él y cogió un condón del paquete y el bote de lubricante. Primero deslizó el preservativo por el pene de Bushido y luego esparció una generosa capa de lubricante sobre él. Con la misma mano todavía pringada de la sustancia acarició su propia parte trasera y esparció un poco más en la zona.

Bushido contempló anhelante cómo Bill se colocaba a horcajadas sobre su miembro, mientras acariciaba suavemente los muslos del muchacho.

Bill colocó el miembro de Bushido justo en su entrada, inspiró hondo y se deslizó hacia abajo.

El gesto de dolor que cruzó por su rostro alertó a Bushido, quien inmediatamente quiso detenerle, incorporándose un poco y sujetándole de la cintura para impedir que siguiera bajando.

—¡No! —exclamó Bill, intentando apartar las manos de Bushido.

—¡Pero te estás haciendo daño! ¡Deja que te prepare un poco más!

—¡No hace falta!

Y bajó del todo. Bushido perdió por un momento el norte y no pudo más que jadear al sentir su miembro tan increíblemente apretado dentro del cuerpo de Bill.

—Ves… Y-ya está… —suspiró Bill.

Bushido negó con la cabeza, e iba a reprocharle por su actitud, pero entonces Bill empezó a moverse, su cuerpo adaptándose progresivamente a la invasión, y el placer le impidió pensar en nada más que no fuera Bill cabalgando sobre su polla, con la cabeza echada hacia atrás, exponiendo su terso y blanco cuello, el cabello oscuro y lacio cayendo sobre sus hombros, emitiendo jadeos eróticos que derretirían hasta al más frío.

Lo único que atinó a hacer fue coger el miembro de Bill y masturbarlo furiosamente. Ninguno de los dos duró mucho. Bill se corrió en su mano, su cuerpo contrayéndose involuntariamente, lo que provocó que Bushido hiciera lo mismo dentro de él.

Bill apoyó la frente sobre el hombro de Bushido, agotado y jadeando sonoramente por el esfuerzo, el aire entrando y saliendo de sus pulmones con algo de dificultad.

Bushido no respiraba mucho mejor. Abrazó al muchacho por la cintura y se echó hacia atrás llevándoselo consigo, quedando Bill echado completamente encima suya, pero su peso era tan liviano que no resultaba ninguna molestia.

Con la mano derecha acarició el costado izquierdo de Bill, delineando la piel con un suave roce. Bill se estremeció con el roce y giró un poco la cabeza para besar a Bushido en el cuello, justo en el tatuaje que allí lucía el rapero. Al notar el aliento del muchacho en esa zona, fue su turno de estremecerse.

Era increíblemente cómodo estar así con él.

«Demasiado», pensó el rapero. Y supo que tendría que ir con mucho cuidado esas dos semanas para no involucrarse con el joven más de la cuenta…

Continúa.

por Khira

Escritora del fandom

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