Fic original de Khira

“Despertar” Capítulo 25

Bill se sentía como si le acabaran de dar un susto de muerte. El corazón, tras casi pararse por la impresión, ahora se le había acelerado hasta límites insospechados y sus pulmones se habían olvidado por completo de respirar.

Por fin, después de año y medio, tenía a Tom enfrente de nuevo. Tom, su hermano, su gemelo, quien permanecía mudo e inmóvil al lado de, ahora ya sabía su nombre, su novia Eva. Sólo estaba allí, mirándole serio con rostro pétreo en el que era absolutamente imposible leer alguna emoción.

Incapaz de mantenerle la mirada en ese momento, Bill repasó a su gemelo de arriba abajo. Tom iba vestido con una camiseta negra ancha con letras blancas y pantalones vaqueros también anchos, pero no demasiado. Con el paso del tiempo había ido reduciendo el número de ‘X’ en las tallas: si en la época de ‘Scream’ y anteriores usaba tallas XXXL, en la época de ‘Humanoid’ las usaba XXL, y ahora ya parecía que sólo XL. Todavía seguía llevando las trenzas en la cabeza, adornadas con una bandana negra tapando su frente, lo que en realidad no le sorprendía. Tom había llevado rastas durante más de diez años, prueba de que no le gustaba cambiar de look a menudo, así que era de esperar que aún luciera las trenzas un tiempo más. El color de su piel era algo más tostado de lo habitual, se podía observar tanto en su cara como en sus brazos, los cuales, Bill se fijó mucho en ese detalle, también lucían más músculo que antes.

Conclusión: estaba arrebatadoramente guapo. Dolía hasta mirarle.

Le miró a los ojos de nuevo, pero la no expresión de Tom no había cambiado. Bill no sabía qué decir o qué hacer, ni siquiera sabía qué pensar, pero entonces Eva habló, sacándole del trance.

—¡Por fin nos conocemos!

Bill miró de nuevo hacia ella. Había sabido de su existencia por Simone, que fue la primera en contarle un par de años atrás que Tom le había presentado a una chica con la que parecía ir bastante en serio, y conocía de su aspecto por la televisión, donde Eva, modelo y actriz de la televisión alemana, aparecía a menudo. Era la primera vez que la veía en persona y por eso no la había reconocido, pero era lógico que ella sí le hubiera reconocido a él enseguida, no sólo por su pasado como miembro de Tokio Hotel sino también como hermano gemelo de su novio.

Eva tenía veintiséis años; era rubia, de piel clara y ojos azules, con las facciones muy finas, y, Bill tenía que reconocer, igual de guapa al natural que en la televisión. Alta, de aproximadamente metro setenta y cinco, muy delgada, iba vestida con una camiseta ceñida de color blanco, falda vaquera corta y sandalias también blancas con un poco de tacón que estilizaban aún más su figura. Bill se fijó en su vientre, completamente plano… al menos de momento.

—Soy Eva —añadió al no obtener una respuesta inmediata de Bill—. La novia de Tom.

—Lo sé —consiguió articular Bill con voz fría.

Pero Eva no se percató de su tono o bien no le importó, ya que, para sorpresa y disgusto de Bill, le dio un pequeño pero afectuoso abrazo.

—Encantada de conocerte por fin, Bill…

La mirada de Bill se desvió otra vez hacia Tom, quien seguía inmóvil como una estatua, pero Bill hubiera jurado que su expresión se había endurecido un poco. Quizás él sí se había dado cuenta del mal tono que había empleado con Eva y no le había hecho gracia. Para arreglarlo, Bill correspondió levemente el abrazo con un brazo y murmuró un poco creíble “Yo también”.

Eva se separó de Bill, todavía sin perder la sonrisa, y miró alternativamente a ambos gemelos, seguramente esperando algún gesto similar de reencuentro que, por suerte o por desgracia, no llegó a producirse.

—¡Pero mira quiénes están aquí!

Los tres giraron la cabeza hacia el fondo del pasillo, por donde avanzaba una pareja muy sonriente formada por un chico rubio y una chica morena, tomados de la mano y vestidos ambos de sport.

—Andreas… —murmuró Tom, y Bill se estremeció al sonido de su voz grave, después de tanto tiempo sin escucharla.

—Ni más ni menos que Bill y Tom Kaulitz… y señora. —En cuanto llegaron a su altura, Andreas soltó la mano de la chica y abrazó primero a Eva—. ¿Qué tal, bombón? ¡No me puedo creer que hayáis sido tan puntuales!

—¿Has visto? Cuando nos lo proponemos, lo conseguimos —rió ella.

La familiaridad con que Andreas y Eva se habían saludado sorprendió a Bill, y más aún cuando la chica morena que acompañaba a Andreas, y que supuso sería su novia, también saludó a Eva con dos besos y un gran abrazo como si se conocieran de toda la vida. Pero no tuvo tiempo de plantearse hipótesis porque entonces Andreas y Tom se abrazaron, y la sincera sonrisa que se formó en los labios de su gemelo le dejó sin respiración.

—¿Qué tal, tío? —preguntó Andreas a Tom tras separarse—. ¿Habéis venido a coger ideas para vuestra boda?

Bill se estremeció ante lo que inmediatamente después supo que era una broma, aunque después de lo del bebé… podría decirse que estaba curado de espanto.

—No, pero eso es lo que vais a hacer vosotros, ¿no? Porque yo a Karin la veo más que dispuesta… —replicó Tom.

—¿Pero qué dices? —exclamó la chica morena entre risas mientras saludaba con dos besos al ex guitarrista—. ¿Yo casada con este? ¡No, gracias!

—¿Ah, no? Pues bien que te quedas embobada delante de cualquier escaparate que brille —insistió.

—¡Eso es sólo porque me gustan las joyas! —se defendió ella, aún riendo—. Es más, ¿a qué mujer no le gustan? [i]Diamonds are a girl’s best friend[/i], ¿recuerdas? ¡Eva, apóyame!

Entonces Bill lo entendió. Que él se hubiera alejado de Andreas no significaba que Tom hubiera hecho lo mismo. Y eso que entre ellos la distancia había jugado en contra. Pero a juzgar por sus comentarios cómplices y lo mismo entre sus respectivas novias, era evidente que habían salvado ese obstáculo sin problemas.

—¡Bill! —La voz de Andreas dirigiéndose hacia él le sacó de sus pensamientos—. ¡Me alegra verte, cuánto tiempo!

—Yo también me alegro de verte… —dijo Bill forzando una sonrisa que al final le salió sola. Al fin y al cabo, estaba realmente contento de reencontrarse con el que había sido su mejor amigo, y aparentemente sin ningún rencor ni mal rollo por en medio.

Los dos se abrazaron y luego Andreas le señaló a Karin. Era una joven morena, de pelo largo y rizado, delgada, aunque no tanto como Eva y Julie, labios carnosos y los ojos grandes y negros.

—Te presento a Karin, mi novia. Karin, éste es Bill.

—¡Cómo si no lo supiera! ¡Dios mío, estoy tan emocionada por conocerte! —Karin le dio dos besos y luego siguió con un monólogo—. Cuando empecé a salir con Andreas no tenía ni idea de que era el mismo Andreas mejor amigo de los gemelos Kaulitz, y eso que yo era una gran fan de vuestro grupo! Para mí eráis los mejores, me pasé años y años siguiéndoos, desde el principio hasta el final, oh, qué tiempos aquellos… Sobre todo tú, Bill, me encantabas, tu forma de cantar, tu forma de ser, tu estilo… ¡todo! ¡Te adoraba, en serio!

—Ah, pues… gracias —murmuró Bill algo cortado por esa efusividad propia de una fan que hacía tanto tiempo no experimentaba.

—Vale, y después de prácticamente declararte a mi amigo y dejarme a mí que soy tu novio con el culo al aire, ¿qué te parece si vamos a saludar a Gustav y a Julie?

Karin le dio un puñetazo sin fuerza a Andreas en el hombro.

—¡Acabo de cumplir el sueño de mi adolescencia: conocer en persona a Bill Kaulitz! ¡Podrías ser un poco más comprensivo!

—¡Auch! ¡Vale, vale! ¿Pero nos vamos a saludar a Gustav y a Julie sí o no?

—Nosotros también vamos, que aún no les hemos visto —dijo Tom.

—¿Vienes tú también, Bill? —preguntó Andreas.

—No, yo ya he saludado a todo el mundo, iba de camino a ver el camarote.

—Ok, pues nos vemos luego, ¿no?

—Sí, claro.

—¡Hasta luego, Bill! —dijo Karin—. ¡Encantada de conocerte!

—Lo mismo digo —añadió Eva—. Nos vemos luego.

—Sí, hasta luego, Bill —dijo Tom, y Bill por poco no dio un respingo.

—Hasta luego… —murmuró con esfuerzo.

Bill contempló a las dos parejas marchar hacia el salón Apolo; en concreto se quedó mirando la espalda de Tom, con la esperanza de que se dignara a dirigirle una última mirada, cosa que no sucedió.

Cuando giraron la esquina y los perdió de vista, Bill respiró hondo, pues tenía la sensación de no haberlo hecho desde el inesperado encontronazo, esperando a que el pulso de su corazón también recuperara su ritmo normal.

Todo había sido tan rápido que le costaba asimilarlo. De pronto tenía a Tom por fin frente a frente y de pronto ya no. Y encima ni siquiera habían tenido la oportunidad de hablar a solas, ni siquiera de saludarse debidamente, gracias a la aparición de Andreas —sí, Bill se había alegrado de verle, pero se habría alegrado más de verle de haberlo hecho algunos minutos más tarde—. Aunque gracias a esa interrupción en el momento clave, nadie había sospechado nada.

Todavía un poco en shock, Bill decidió reanudar su propio camino.

.

El camarote suite era de dimensiones muy generosas; contaba con una sala de estar completamente equipada con una pequeña mesa con sillas, dos sofás tapizados en blanco y una televisión de plasma, un aparador y un mueble bar, y estaba separada del dormitorio propiamente dicho por una puerta de dos hojas correderas. En el centro del dormitorio había una cama doble, con una mesilla a cada lado, un armario empotrado, y una ventana en forma de ojo de buey que daba al exterior. En la pared frente al cabecero había una puerta por la que se accedía al cuarto de baño, que contaba con todos los sanitarios. La decoración tanto de la sala como del dormitorio era cálida, en unos agradables tonos blancos, amarillos y naranjas.

Primero de todo Bill se descargó en el baño. Luego fue a por su maleta, que algún botones había dejado junto al armario, la colocó encima de la cama —no sin algo de esfuerzo, pues era enorme— y la abrió para empezar a deshacerla. No le apetecía especialmente hacerlo en ese momento, pero no podía dejarle de dar vueltas al reciente encontronazo con su hermano y necesitaba algo para distraerse. Así que primero sacaría y ordenaría sus cosas y luego se daría una larga y refrescante ducha.

Lo primero que hizo fue colgar los dos trajes en el armario, aún enfundados, y luego colocar sus enseres de aseo en el baño. Luego fue el turno de la ropa de diario, que fue colocando minuciosamente en los estantes del armario, todo perfectamente plegado. Sin embargo, no conseguía que su mente dejara de volar una y otra vez a lo mismo, y lo peor era que a cada minuto que pasaba se sentía más frustrado y malhumorado por la actitud fría y distante de Tom.

¿Por qué tenía que comportarse así? ¿Por qué durante tanto tiempo? ¿Es que acaso todavía creía que a la menor oportunidad en cuanto se despistara, se le iba a tirar encima? ¿Que iba a violarle? Porque no había sido precisamente Bill quien se había comportado de forma violenta cinco años atrás. ¡Si Tom casi le había roto el brazo! ¿Por qué tenía que ser él, Bill, el único castigado por sus acciones…?

Sentía las lágrimas agolparse en sus ojos y parpadeó furiosamente para evitarlo. No más. No ahora.

De pronto escuchó golpes en la puerta del camarote. Dejó una camisa que acababa de coger de nuevo en la maleta y se dirigió allí, respirando hondo y preguntándose quién sería.

Abrió la puerta y se encontró con Georg.

—Ey, cuánto tiempo —bromeó el bajista.

—¿Qué pasa? —preguntó Bill—. ¿Ha llegado alguien más que debamos saludar?

—No, bueno sí, algunos familiares y amigos más de Julie, pero no venía por eso.

—¿Entonces?

—Que nos vamos Tom, Andreas, Eva y Karin y yo a dar una vuelta por Barcelona. Las chicas quieren comer por ahí y luego ver el barrio gótico o algo así… ¿Te vienes?

Aunque Barcelona era una ciudad que a Bill le gustaba mucho, no estaba de ánimos para irse de paseo, y menos en compañía de Tom y su esplendidísima novia.

—Voy a pasar. Hoy no me apetece salir.

—¿Estás seguro? Porque el barco parte esta noche, no volveremos a Barcelona hasta dentro de una semana.

—Seguro. Si acaso ya la visitaré a la vuelta.

—Bueno, como quieras. Entonces nos vemos en la cena.

—¿Dónde será?

—En el salón Apolo, el mismo de antes. Por lo visto es el que ha alquilado Gustav para sus invitados durante todo el crucero. Ah, y es a las ocho.

—Ok.

—Hasta luego.

—Hasta luego, Georg.

Bill cerró la puerta y se dirigió de nuevo al dormitorio. Pero apenas habían pasado un par de minutos cuando alguien volvió a tocar en su puerta.

«¿Y ahora qué?», se preguntó mientras volvía sobre sus pasos.

Abrió la puerta de golpe, pensando que se encontraría de nuevo a Georg, pero no fue así.

Era Tom.

Bill se quedó inmóvil, aún sujetando el pomo de la puerta.

—Ey —fue el sencillo y monótono saludo de Tom—. ¿Podemos hablar?

Durante unos segundos, Bill no dijo nada. Los pensamientos incendiarios que le habían rondado minutos antes regresaron y finalmente dejó escapar una leve risa carente de humor.

—¿En serio? —preguntó, sin disimular el sarcasmo.

—Sí, en serio —respondió Tom pacientemente—. ¿Puedo pasar?

Tras hacer como si se lo planteara durante un momento, Bill suspiró con falso fastidio y se apartó para dejar pasar a su hermano dentro del camarote. Cerró la puerta tras él, y luego se dirigió hacia el dormitorio y su maleta a medio deshacer, para seguir con su tarea como si estuviera solo.

Tom había esperado cinco años para dignarse a mantener de nuevo una conversación con él. Bill no pensaba demostrarle lo ansioso que estaba por saber qué tenía que decirle.

Durante varios minutos, sintió como si realmente estuviera solo en el camarote, ya que Tom, plantado en el umbral de la puerta entre el dormitorio y la sala de estar, se limitó a observar sus movimientos en silencio.

Bill no aguantó la mirada sobre su nuca más tiempo.

—¿Querías hablar o no? —preguntó fríamente sin mirarle, mientras colocaba un par de camisas más dentro del armario.

—Sí —oyó responder a Tom. También le oyó suspirar antes de continuar hablando—. Antes no hemos tenido ocasión de saludarnos debidamente. Quería saber… cómo estás.

Bill cerró el armario dando un portazo, haciendo que Tom diera un respingo.

—¿Cómo estoy? —repitió el ex cantante, esta vez con pura rabia empezando a fluir por sus venas, clavando su mirada en la de su hermano—. Después de tanto tiempo… ¿Te atreves a venirme con ésas? ¿Con un simple ‘cómo estás’?

Tom suspiró de nuevo, esta vez más audiblemente, y se pasó una mano por una mejilla con gesto cansado.

—Bill, sólo estoy intentando empezar una conversación contigo… si me dejas.

La voz de Tom sonaba tan tranquila, tan… madura, que Bill por un momento se sintió avergonzado por su comportamiento. Pero no dejaba de sentirse también furioso.

—De acuerdo —gruñó—. ¿Quieres saber cómo estoy? Pues estoy bien. Perfectamente. ¿Y tú?

—Bien…

—Me alegro —añadió Bill, aunque no sonaba como si se alegrase en absoluto.

Se giró hacia su maleta y continuó sacando prendas de su interior.

—Estás más delgado que antes —fue el inesperado comentario de Tom.

Los puños de Bill se apretaron sobre sus pantalones vaqueros de repuesto. Por lo visto, un par de kilos más y un color de piel más natural podían engañara a Georg y Gustav e incluso a David, pero no a su gemelo.

—Serán impresiones tuyas —murmuró.

—No sólo mías —replicó Tom.

Bill le miró interrogante.

—Mamá me llamó la semana pasada, el mismo día que te marchaste precipitadamente de su casa.

El ex cantante entrecerró los ojos.

—¿Te refieres al mismo día que llamaste por teléfono y no quisiste que te pasara conmigo?

Tom toreó la pregunta.

—Estaba muy preocupada por ti. [i]Está[/i] muy preocupada. Dice que habías estado meses sin visitarla, sin dejar que te visitara ella, y que cuando apareciste, le diste una muy mala impresión…

Varios días después de su precipitada huída de Hamburgo, Bill había llamado a Simone para disculparse y tranquilizarla, pero ella no había dicho nada de Tom.

—¿Y te pidió que hablaras conmigo?

—Así es.

—Ahora lo entiendo —dijo Bill amargamente.

—No, no he venido por ella —replicó Tom. Hizo una pausa antes de seguir—. He venido por… Gustav.

—¿Por… Gustav?

—Se trata de su boda. Estamos aquí por eso, para celebrar ese momento con él. Y nada debería estropearlo.

—Con ‘nada’ te refieres a nosotros, ¿no?

Tom asintió.

—Bill, te estoy pidiendo que, durante este viaje, y al menos de cara a los demás, nos comportemos de forma civilizada.

—¿Civilizada?

—Sin malas caras, sin desplantes… ya me entiendes.

Por un momento, Bill estuvo tentado de hacerle allí mismo un gran desplante a Tom relacionado con su dedo corazón. Pero entonces pensó en Gustav, y en lo egoísta que sería por su parte amargarle el viaje y la boda a su amigo.

—Está bien —murmuró.

—Perfecto —dijo Tom. Dio un paso hacia atrás, pero se mantuvo en el sitio—. He oído a Georg comentar que no vienes a dar una vuelta por Barcelona, y si es por mí…

—No, no es por eso… —mintió—. Hoy no me apetece salir, eso es todo.

—Vale… Bueno, pues nos vemos en la cena.

—Sí…

Se miraron a los ojos por última vez. Y en esta ocasión, Bill tuvo la sensación de que su hermano estaba viendo a través de él, como si le estuviera leyendo la mente y averiguando cosas que Bill seguía dispuesto a ocultarle, por lo que decidió romper ese contacto visual antes de que fuera tarde.

Un instante después, Tom dio media vuelta y salió del dormitorio, y a los pocos segundos Bill escuchó la puerta principal del camarote.

Se sentó en la cama, apretando contra su vientre la ropa que tenía entre las manos.

De manera que así iban a ser las cosas: de nuevo, la solución pasaba por fingir. Fingirían que no había pasado nada entre ellos, fingirían que no llevaban cinco años sin casi verse ni hablarse, fingirían que seguían siendo los hermanos de siempre.

No iba a ser nada fácil.

Continúa.

por Khira

Escritora del fandom

4 comentario en “Despertar 25”
  1. No me agrada Bill, es realmente inmaduro. No reconoce que abuso de la confianza de Tom 🌝. Espero madure en este viaje, odio mucho su victimización 😩.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!