Fic original de Khira

“Despertar” Capítulo 27

Después de la cena, la gran mayoría de invitados de Gustav se unió al resto de pasajeros y se repartió entre los diversos bares del crucero, en muchos de los cuales había espectáculos de animación programados. Sólo unos pocos se retiraron a los camarotes, y Bill hubiera querido ser uno de ellos, pero Georg le cogió por banda y prácticamente lo arrastró hasta el bar Afrodita, donde se iba a realizar un espectáculo de baile, y al que también acudieron Tom, Eva, Andreas y Karin.

Al igual que el resto de espectadores, los seis se sentaron en unas cómodas butacas que estaban orientadas hacia el escenario, Bill de nuevo entre Georg y Andreas. Mientras sus amigos no perdían de vista a una pareja de animadores que estaba realizando una exhibición de salsa, Bill le hizo una seña a una camarera para que le sirviera una copa, y luego encendió un cigarrillo.

Tom y Eva estaban sentados a la izquierda de Georg, sus butacas un poco adelantadas respecto a la de Bill, de manera que éste podía observarlos de reojo perfectamente sin que ellos se dieran cuenta a no ser que giraran la cabeza. De nuevo tenían las manos entrelazadas, el pulgar de Tom acariciando el dorso de la mano de Eva, y con cada roce Bill sentía como si le clavaran una aguja tras otra en el pecho.

Desvió la mirada al frente, intentando concentrarse en el espectáculo, pero no lo conseguía. En todo lo que podía pensar era en Tom, concretamente en Tom y su novia, prodigándose tiernas caricias a escaso metro y medio de él, y en el dolor punzante de su pecho.

Desde antes de subir al barco que ya suponía que sería así. Pero una cosa era suponerlo y otra comprobarlo en vivo. Y tendría que soportarlo durante una semana entera.

De no ser por que el barco ya había zarpado del puerto de Barcelona, Bill se hubiera levantado y marchado en ese instante.

La camarera se aproximó por detrás y le sirvió la copa que había pedido. Bill vio de reojo que Tom le miraba mientras la cogía, pero pronto desvió la mirada hacia la pista otra vez.

Un rato después, la exhibición de baile, que había pasado de salsa a cha cha chá y luego a tango, terminó, y la animadora se dirigió al público en inglés.

—[i]And now, ladies and gentlemen, it’s time for blues… But this time we’re not going to dance alone… Blues dance class begins![/i]

—¿Qué ha dicho? —preguntó Andreas.

—Que… empieza la clase de blues —murmuró Bill.

La pareja de animadores se aproximó a la zona de butacas y empezó a sacar parejas de todas las edades a la pista. Bill se alegró de que estuvieran sentados casi al fondo, no estaba de humor para que una animadora dicharachera le cogiera de un brazo para intentar llevarle a rastras a la pista…

—¡Qué bien, siempre he querido aprender a bailar blues! —exclamó Eva, poniéndose de pie casi de un salto—. ¡Vamos, Tom!

—¿Qué…? —graznó él.

Eva cogió a su novio del brazo y tiró de él, aunque al principio no consiguió moverle. En otras circunstancias, la cara de Tom habría hecho reír de lo lindo a Bill.

—No querrás que baile sola, ¿no? —insistió Eva—. O peor aún, que me pongan de pareja a un viejo verde que se aproveche del baile para meterme mano por la cintura, por el trasero, o incluso bajo la falda… —añadió con falso tono lastimero.

—¡Vale, vale! —exclamó Tom levantándose, aunque por su expresión, parecía que había aceptado acudir al matadero en lugar de a una clase de baile.

—¡Genial! —exclamó alegremente Eva, y cogiendo de la mano a Tom, se lo llevó directamente a la pista.

Karin también estaba de pie, pero su novio Andreas estaba menos por la labor que Tom.

—Ni hablar —respondió a la muda pregunta de ella.

—¡Pero quiero ir a bailar!

—Pues ves tú sola.

—¿Y si me pasa lo que decía Eva y me ponen a un viejo verde de pareja…?

—Tú sabes defenderte solita.

—Oh, venga, Andy…

—Que no, ni hablar. Al contrario que Tom, yo no pienso hacer el ridículo.

—De verdad que eres… ¿Voy a tener que ir sola? ¿En serio?

—Si quieres te acompaño yo… —intervino Georg.

Karin y Andreas le miraron sorprendidos.

—¿Sí? —preguntó Karin, esperanzada.

—Claro… Ya he hecho demasiadas veces el ridículo como para que me importe una más. Si a tu novio no le importa, claro…

—Toda tuya —dijo rápidamente Andreas.

Karin le fulminó con la mirada, pero inmediatamente cambió el gesto y se dirigió a Georg.

—¡Vamos! —le dijo con una sonrisa.

De esta manera, Georg y Karin también se marcharon hacia la pista, y Bill y Andreas se quedaron solos en las butacas.

—¿Y tú, Bill? ¿No quieres bailar? —bromeó Andreas, a sabiendas de la respuesta.

—No, gracias —murmuró sin apartar la vista de la pista de baile.

Siguiendo las instrucciones de los animadores, las parejas se habían colocado alrededor de ellos, y estaban empezando a imitar los lentos movimientos de un paso llamado [i]the pulse[/i], o eso al menos había entendido Bill. Observó a Tom, con cara de estar perdido pero tratando de concentrarse, y a Eva, que parecía controlar bastante más, guiándole al mismo tiempo que atendía las instrucciones de los animadores.

Ambos se balanceaban muy juntos el uno del otro, a pesar de la distancia podía ver perfectamente el fuerte brazo de Tom rodeando la cintura de Eva, podía ver la frente de ella apoyada en la mejilla de Tom, y las afectuosas sonrisas que ambos cruzaban tanto cuando se equivocaban como cuando acertaban el paso.

Bill se estaba muriendo literalmente de celos.

Insultó mentalmente a David y a cierto miembro de su familia por haberle obligado a ir al maldito crucero. Debería haberse hecho el enfermo tal y como había sido su primera opción. Tan enfermo como se sentía en ese momento…

—¿Bill?

La voz de Andreas le sacó de sus pensamientos.

—¿Qué? —Bill se giró hacia su amigo—. Perdona, ¿me decías algo?

—No, nada… Bueno, sólo te estaba preguntando que qué tal te iba todo… Ya que hasta ahora no hemos tenido ocasión de hablar los dos solos…

—Oh… bien —fue la escueta respuesta de Bill. Sabía que tenía que ser más elocuente, pero no tenía precisamente ganas de ello.

—¿Qué tal por Berlín? Porque sigues viviendo allí, ¿no?

—Sí…

—¿En el mismo piso?

—Sí.

—¿Y sigues saliendo con ese amigo tuyo, ese tal… Markus?

Bill frunció el ceño. No sabía a qué venía traer a colación a Markus, pero tal parecía que Andreas llevaba un rato con esa intención.

—Sí, a veces… —murmuró—. ¿Por qué…?

—Por nada…

Andreas se movió inconfortablemente en su asiento y Bill miró de nuevo hacia delante, pero no vio a Tom y a Eva, seguramente tapados por alguna otra pareja. A quien sí vio esta vez fue a Georg y a Karin, tratando de no perder el ritmo.

—Sabes, Bill… —oyó de nuevo la voz de Andreas—. En todo este tiempo no he podido quitarme la sensación de que, en cierta manera, te dejé tirado…

—No me dejaste tirado —cortó Bill, sin dejar de mirar hacia la pista—. Tenías que estudiar y yo era incapaz de entenderlo.

—Ya, pero…

Pero Bill ya no le escuchaba. La música se había detenido y los animadores estaban agradeciendo la participación. Y Eva, quizás para agradecer también a Tom que hubiera accedido a bailar, estaba obsequiando a Tom con un largo beso en los labios. Beso que Tom correspondió con ganas y que, al terminar, sin dejar de mirar a Eva a los ojos, remató con una caricia en la mejilla y una encantadora sonrisa.

Bill se levantó como un resorte. Decidió que, por un día, ya había aguantado bastante.

—¿Qué…? —empezó Andreas.

—Me voy —dijo Bill, dejando su copa vacía en la mesa baja que tenían frente a las butacas.

—¿Tan pronto?

—Despídeme de los demás, por favor —cortó Bill, y se marchó dejando a Andreas con la palabra en la boca.

.

Bill ya había memorizado el recorrido y consiguió llegar a su camarote sin necesidad de plano. Mientras abría la puerta se dio cuenta de que todos camarotes suites estaban en la misma planta, y que era muy probable que Gustav, quien había reservado la mayoría, lo hubiera hecho por zonas, de manera que sus vecinos de camarote seguramente serían los otros invitados relacionados con Tokio Hotel. Rogó por que al menos ninguno de sus vecinos inmediatos fueran Tom y Eva, sólo le faltaría oírlos follar por la noche.

Prácticamente se tiró en plancha sobre la cama, gimiendo de frustración. No podía quitárselos de la cabeza. Aunque todavía no había interactuado demasiado con ellos, era evidente que se llevaban bien, que se tenían confianza, y peor aún, que se querían.

Bill había visto a Tom con muchas chicas, pero la mayoría habían sido ligues de una sola noche. Y su relación más larga, que fue con una groupie alemana que les siguió durante toda la primera mitad de la gira Humanoid, apenas había durado unas pocas semanas.

Sí, Bill había conocido a muchos ligues de Tom. Pero nunca le había conocido novia.

Por eso, Bill nunca había visto antes a Tom entrelazando sus dedos con los una chica. Tampoco le había visto nunca antes bailar de verdad con una. Así como tampoco le había visto nunca besar, sonreír o mirar a una mujer como si no hubiera nadie más en el mundo aparte de ellos.

Y eso le partía el alma.

Bill agarró la almohada con ambos brazos y enterró la cara en ella mientras ahogaba un grito de frustración. A continuación, las lágrimas que había estado aguantando todo el día se derramaron por fin y estalló en un ebrio llanto tan inútil como amargo.

.

Dos horas más tarde, fueron Tom y Eva los que se retiraron a su camarote.

—El primer día y ya estoy reventada —suspiró Eva mientras se dirigía directamente al cuarto de baño—. Entre la excusión de hoy, y la clase de baile… No sé cómo voy a aguantar una semana.

—Siempre que vamos de viaje, dices lo mismo —se burló Tom, yendo hacia su maleta aún sin deshacer—. Y luego te acostumbras al ajetreo.

—Pues eso espero…

Tom empezó a buscar su pijama dentro de la maleta, que consistía en unos pantalones de chándal y una camiseta normal y corriente, hasta que lo encontró bajo unas camisas y lo sacó para dejarlo sobre la cama.

—Por cierto, es la última vez que me arrastras a una clase de baile… Menos mal que Georg también ha bailado, y peor que yo, de lo contrario se habría estado jodiendo de mí lo que queda de crucero, ¡y más!

—¡Pero si los dos lo habéis hecho muy bien!

—¡Muy bien para ser unos patos mareados!

Escuchó reír a Eva y él suspiró, empezando a desvestirse.

—Sabes, Tom… —oyó decir a Eva todavía en el baño—. Tu hermano me ha sorprendido…

Tom tragó saliva. Miró hacia la puerta entreabierta del baño, pero desde su posición no podía ver a Eva.

—¿Ah, sí…? ¿Por qué?

—Porque ha estado toda la noche muy distante y callado. Y yo me lo esperaba completamente diferente; por lo que se veía de él cuando estabais en el grupo, parecía un chico mucho más… alegre.

«Y así era… antes», pensó Tom con dolor.

A Tom también le costaba reconocer al Bill de ahora. Su gemelo había pasado de ser un ejemplo de vitalidad y buen humor a una mera sombra de sí mismo. Apenas hablaba, estaba casi siempre serio, y tenía la mirada apagada, sin vida. Por supuesto, aquel cambio no era algo reciente. Ya había dado buena cuenta de él en todas las navidades que habían coincidido en casa de Simone, y Tom era consciente del gran esfuerzo que realizaba Bill para aparentar un mínimo de normalidad y que su madre no se preocupara de él. Pero ahora Simone no estaba, y la desolación de su gemelo resultaba más palpable que nunca.

La estatua humana del ángel caído que habían visto esa mañana en las Ramblas de Barcelona le había recordado inmediatamente a él.

Y Tom era el único culpable de su caída.

Al pensarlo, se había deprimido tanto en un momento que ni siquiera había sido capaz de sonreírle a Eva cuando sus miradas se habían cruzado tras contemplar al ángel.

—Y contigo ha estado de lo más frío… —continuó Eva.

—Sigue enfadado porque me marché del grupo… —murmuró sin pensar. Le había dicho tantas veces a Eva la misma mentira que ya le salía sola.

—No quiero meterme, Tom, pero deberíais arreglaros de una vez. Está claro que tu hermano lleva vuestro distanciamiento peor que tú…

Tom sabía de sobras que lo que decía Eva era cierto.

Para colmo, Bill estaba mal no sólo psíquicamente sino también físicamente. Había pasado año y medio desde la última vez que se vieran en persona y la pérdida de peso de su gemelo era notoria.

Tom estaba realmente preocupado. Ni siquiera sabía si había hecho bien de pedirle que fingieran que todo iba bien entre ellos durante esa semana, pero realmente pensaba que Gustav no se merecía que le fastidiaran el viaje y la boda. Con su actitud retraída, de momento Bill no se estaba esforzando mucho, pero tampoco podía exigirle más. Además, suponía que no era nada fácil para él verle con Eva, y a Tom le hubiera gustado no hacerle pasar por ese mal trago, pero no le quedaba más remedio: no podía evitar a su novia en público durante una semana, ella se hubiera dado cuenta y no tendría una explicación razonable que darle.

Mientras cavilaba, Eva entró en el dormitorio.

—Tu turno.

Sin dejar de pensar todavía en Bill, Tom se metió en el baño y empezó a asearse. Primero se lavó la cara y luego los dientes, y mientras se miraba en el espejo, recordó un detalle que le había resultado, por lo menos, curioso.

La única vez que había visto sonreír a Bill en todo el día había sido cuando éste había cruzado miradas con David Jost.

Además, había sido una sonrisa cómplice, Tom se había dado perfecta cuenta. Cuando estaban en el grupo, David era el productor que más tiempo pasaba con ellos, y se tenían mucha confianza, pero de eso habían pasado ya cinco años, y no se esperaba que Bill y David hubieran mantenido el contacto hasta el punto de sonreírse de esa manera. ¿O es que acaso había pasado algo entre ellos que él ignoraba…?

Tom se enjuagó la boca y escupió en el lavabo. Quizás le estaba dando vueltas a algo sin importancia.

Entró en el dormitorio de nuevo, y al levantar la vista se quedó parado frente a la cama.

Eva estaba desnuda encima de las sábanas, sonriéndole pícaramente.

Tom le devolvió inmediatamente la sonrisa. Y decidió, al menos por un rato, dejar a un lado la creciente preocupación por su gemelo.

Continúa.

por Khira

Escritora del fandom

3 comentario en “Despertar 27”
  1. Puto en todos las historias Tom no pelas una ..Bill quedate con David o con Bushido 🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️

Responder a Shugaresugaru Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!