Fic original de Khira
“Despertar” Capítulo 3
Bill se despertó apenas unas pocas horas después de haber conseguido conciliar el sueño. En un primer momento ni siquiera supo dónde se encontraba, y lo más importante, cómo había llegado hasta allí. Hasta que descubrió un bulto bajo las sábanas en aquella cama extraña y poco a poco rememoró lo que había pasado la noche anterior.
En la discoteca había conocido a ese hombre, Stefan si no recordaba mal, y se había ido con él en su coche hasta su casa. Una vez allí habían bebido, charlado, y follado, aunque no se acordara exactamente del orden. El polvo había estado bien, aunque nada fuera de lo normal.
Intentando hacer el menor ruido posible, Bill se levantó y buscó sus ropas, desperdigadas por el suelo de la habitación. Mientras se vestía, de vez en cuando echaba una ojeada al bulto, pero Stefan parecía completamente dormido. Mejor, no le gustaban las despedidas absurdas.
Después de comprobar que sus efectos personales seguían en los bolsillos de sus vaqueros y tras colocarse las gafas de sol a modo de diadema, Bill salió del dormitorio y cruzó el resto de la vivienda en busca de la salida. No fue muy difícil de encontrar, ya que el apartamento era minúsculo. Al menos estaba muy bien situado, en pleno centro de Berlín, tal y como comprobó al salir del edificio, pues la noche anterior no se había fijado demasiado en la dirección.
Miró la hora en su teléfono móvil. No eran más que las ocho de la mañana. Se puso bien las gafas de sol y buscó con la mirada un taxi. Pero a esas horas de la mañana de un sábado, no había precisamente mucho tráfico. Hastiado, Bill comenzó a caminar por la amplia avenida, hasta que por fin localizó un taxi a lo lejos. Bajó a la calzada y desde allí le hizo un gesto para que se detuviera.
Después de darle la dirección al taxista, Bill echó atrás la cabeza y cerró los ojos.
Le dolía todo el cuerpo, y se sentía agotado. Cuando llegara a casa se ducharía y luego se iría directamente otra vez a la cama. Tenía que reponer fuerzas hasta que llegara de nuevo la noche.
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—¿Por qué te fuiste sin decir nada?
Otra vez en el mismo antro. Bill decidió que aquella sería la última noche. Si sus colegas querían que él siguiera pagando la cuenta, sería en un local de su gusto. Y aunque los únicos de homosexualidad reconocida eran él y Markus, ya tocaba uno de ambiente. Había que deleitarse la vista de vez en cuando.
—¿Eh, Bill? ¿Por qué no dijiste nada? —insistió Markus.
Bill se encogió de hombros.
—¿Pero qué más da? Ya os podéis imaginar que si no regreso con vosotros es porque he encontrado algo más interesante que hacer…
—Pero, ¿y si te hubiera pasado algo? Al menos si nos avisas de que te has ido con alguien, no nos preocupamos —intervino Olli.
—Está bien. La próxima vez que me vaya a follar por ahí, haré un anuncio oficial, ¿vale? —dijo ya mosqueado.
Ninguno replicó. Cuando Bill Kaulitz se ponía en ese plan, era mejor dejarlo pasar. Además, tras un par de copas se le pasaba pronto el cabreo.
—¿Y Sebastian? ¿Qué le pasa hoy? —preguntó.
—Mira, allí está —dijo Christian.
En efecto, en ese momento Sebastian entraba por la puerta de la sala VIP.
—Hola chicos —saludó—. Y bellezones —añadió mirando con una sonrisa a Sabine y Martina a la vez que le guiñaba un ojo a la segunda, aunque ella le ignoró.
—Ya pensábamos que de nuevo ibas a llegar tarde.
—Pero qué impacientes que sois —se quejó en broma. Mientras rebuscaba en sus bolsillos, miró directamente a Bill—. Por cierto, Bill, hay un tipo ahí fuera que al verme entrar me ha pedido a ver si podía darte un recado. Se ve que lo ha intentado con el portero pero como él sabe que no puede molestaros…
—¿Un tipo? —se extrañó Bill—. ¿Qué tipo?
—Me ha dicho que se llama Stefan y que necesita hablar contigo.
Bill puso los ojos en blanco. ¿Qué demonios querría Stefan de él? ¿Repetir polvo? Pues lo llevaba claro. Y si se ponía muy pesado, tendría otra razón para cambiar de sitio.
Sebastian observó cómo Bill apuraba su copa sin decir nada más.
—¿No vas a preguntarle qué quiere? —preguntó.
—No —respondió Bill simplemente—. No me interesa.
El camello se encogió de hombros y comenzó a repartir su mercancía.
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Eran casi las seis de la mañana cuando Bill decidió que era hora de regresar a casa. Normalmente aguantaba hasta más tarde, sobre todo los sábados, pero aquel día ni siquiera la cocaína había conseguido espabilarlo del todo. Además, de nuevo sentía aquel calor abrasador que amenazaba con quemarle vivo desde dentro si no salía al exterior, así que se despidió del grupo y se marchó.
Antes de salir del local hizo una parada obligada en los servicios. Había bebido tanto que sentía la imperiosa necesidad de mear antes de irse. Como siempre, había una cola inmensa para entrar en los de mujeres, mientras que el de los hombres por suerte estaba vacío. Bill entró y se colocó en uno de los urinarios.
En ese momento, entró otro hombre, el cual se situó junto a él. Bill ni siquiera se molestó en mirarlo, sólo percibió que era alguien tan alto como él, hasta que de pronto escuchó su voz guasona.
—No está mal…
Bill giró la cara para ver al hombre, irritado por lo que suponía había querido decir con el comentario, y entonces dio un respingo.
—¡Bushido! —exclamó.
El aludido ladeó la cabeza y sonrió.
—Cuánto tiempo, Bill Kaulitz.
Por un momento, Bill se quedó paralizado. Incluso dejó de mear. Hacía años que no veía a Bushido en persona, pero éste no había cambiado en absoluto. A sus treinta y seis años, Bushido se encontraba en plena forma. Bill dio buena cuenta de ello al observar los poderosos brazos que se mostraban bajo esa camiseta negra y ancha de manga corta. Sin darse cuenta, los ojos de Bill recorrieron concienzudamente las venas marcadas a lo largo de esos músculos, llegando a sus manos, y a la gran polla que sostenían.
—¿También te gusta lo que ves? —se rió Bushido al percatarse.
Bill se ruborizó, por primera vez en mucho tiempo.
—Idiota —bufó—. No has cambiado nada.
Dio media vuelta y se dirigió a los lavabos para lavarse las manos y refrescarse un poco. Bushido se subió la cremallera y le imitó.
—A ti en cambio sí que te noto cambiado —dijo el rapero, provocando que a Bill se le encogiera fugazmente el corazón—. Todavía eres más follable que antes.
Bill suspiró y meneó la cabeza.
—Pues gracias por el piropo. Lástima que no puedas comprobarlo.
Tras decir eso y sonreír a Bushido a modo de despedida, Bill se dirigió a la puerta dispuesto a irse sin más. Pero Bushido le barró el paso.
—Desde luego, cómo eres —le recriminó el rapero medio en serio medio en broma—. Tanto tiempo sin vernos, ¿y no tienes nada más que decirme?
El chico se encogió de hombros.
—¿Qué quieres que te diga? —preguntó.
—Por ejemplo, podías contarme quién era el tipo con el que te fuiste ayer tan acaramelado.
Por un momento, Bill ni siquiera supo a qué se refería. Luego cayó en la cuenta de que se trataría de Stefan. Escudriñó a Bushido, preguntándose si aprovecharía la ocasión para burlarse de él, ya que por fin habría confirmado las sospechas que durante tanto tiempo no se había molestado en callar, haciendo insinuaciones de lo más molestas. Pero no daba esa impresión. Bushido le miraba con engreimiento, pero no con burla. Aun así, prefería no hablar de ese tema precisamente con él.
—¿Es que estabas aquí ayer? —preguntó, tratando de desviar algo la conversación.
—Así es. Te vi de lejos, pero te reconocí en seguida. Dime, ¿quién era?
—Nadie que te importe.
—Qué antipático, Kaulitz. ¿Así le hablas a los viejos amigos?
—¿Viejos amigos? —repitió alzando una ceja.
—Claro que sí. Somos viejos amigos. Así que, ¿por qué no vamos a algún sitio a tomar algo, y nos ponemos al día?
—Yo no tengo nada de lo que ponerte al día. —De pronto Bill se sentía enojado, y no sabía exactamente por qué; Bushido siempre había sido un grano en el culo, pero nunca se habían llevado realmente mal. Quizás el motivo de su irritación fuera que la carrera de Bushido seguía progresando y acumulando éxitos, mientras que él…—. Y de ti ya sé más de lo que querría saber. Así que si me disculpas…
Dio un par de pasos esquivando a Bushido, pero éste le sujetó de un brazo, sin ser brusco pero con firmeza.
—¡¿Pero qué mierda quieres…?! —explotó Bill.
Si el repentino estallido de Bill sorprendió a Bushido, no lo demostró. El rapero mantuvo su agarre y se inclinó sobre él, escrutándole.
—¿Te encuentras bien, Kaulitz?
Bill se soltó de él de un tirón.
—Perfectamente, gracias —respondió tranquilamente—. Y ahora, si me dejas en paz, me podré ir a casa…
No esperó a que Bushido añadiera nada más. Bill salió de los servicios, se apresuró en cruzar la marea humana y salir al exterior.
Fuera de la discoteca, enfrente de la puerta principal, había mucha gente ya esperando taxis, así que Bill se desvió por una calle transversal por donde venía el tráfico. Era un truco sencillo y muy efectivo a la hora de conseguir un transporte antes que nadie.
Se apoyó en una farola y se dispuso a esperar.
—Bill.
La voz que le había llamado había sonado tan cerca que Bill se sobresaltó. Por una milésima de segundo creyó que se trataría de Bushido de nuevo, pero miró a su derecha y descubrió a Stefan a apenas un par de metros de él.
—Joder… —masculló en voz baja.
—Llevo toda la noche esperando hablar contigo —dijo Stefan—. Le he dado un recado a uno de tus colegas. ¿Por qué no has salido?
—Porque no me interesaba lo que tenías que decirme —soltó Bill sin miramientos.
El rostro de Stefan se crispó, inquietando un poco al joven. Instintivamente echó una ojeada a su alrededor, pero en esos momentos no pasaba nadie por la calle.
—¿Y por qué no? —preguntó el hombre—. ¿Acaso no nos lo pasamos bien ayer?
—Lo de ayer estuvo bien —respondió Bill, alejándose unos pasos—. Pero ya está. ¿Qué más quieres de mí?
—Quiero repetirlo —dijo Stefan, recorriendo la misma distancia hacia él—. Quiero que me des tu número, para poder llamarte y localizarte y poder así hablar contigo sin tener que esperar horas como un gilipollas delante de una sala VIP.
—Pues lo siento pero no. No me interesa repetir, ni dar mi número a nadie, ¿vale? —En ese momento Bill vio un taxi acercarse, e iba a levantar el brazo para hacerle una señal y que se detuviera, pero Stefan se percató de ello y le sujetó para impedírselo—. ¡¿Pero qué haces?! —exclamó.
—Todavía no hemos terminado de hablar.
Intentó zafarse de él, pero para su horror descubrió que no podía. Stefan le tenía cogido tan fuerte del codo que sus uñas se le clavaban dolorosamente en la carne.
—Suéltame, Stefan —le advirtió.
—Oh, al menos recuerdas mi nombre —se burló él—. Creía que estabas tan colocado que serías incapaz de acordarte de nada.
—Imbécil…
Bill hizo un segundo intento de quitarse de encima a ese loco, pero Stefan no sólo no se inmutó sino que le acercó más a él, por un momento pensó que para besarle a la fuerza.
Pero sus labios no llegaron a tocarse. De pronto, una fuerza inesperada se llevó hacia atrás a Stefan, haciendo que soltara a su presa por la sorpresa. Bill observó atónito cómo Bushido agarraba al hombre por la camisa y lo levantaba como si nada, hasta hacer chocar su espalda en la farola en la que Bill se había apoyado minutos antes.
—¿Tienes algún problema con mi viejo amigo? —preguntó el rapero con voz falsamente educada.
Por un momento Bill creyó que Stefan, ya recuperado del susto, iba a poner resistencia. Pero el hombre pareció calcular con acierto que con la complexión de Bushido no tenía nada que hacer y se relajó.
—No… —dijo finalmente.
—Menos mal, porque me había parecido que sí.
Bushido soltó a Stefan de un empujón, haciendo que éste casi cayera al suelo. El hombre se irguió y se acomodó la camisa, le lanzó una última mirada a Bill llena de desprecio y después dio media vuelta y se fue.
Tras unos segundos comprobando que el hombre realmente se alejaba, Bushido se dirigió a Bill.
—¿Estás bien, Bill? —preguntó, llamándole por primera vez por su nombre y no por su apellido.
—Perfectamente. —Bill repitió la misma respuesta que ya le había dado en el baño. Pero algo en los ojos preocupados de Bushido le hizo sentir mal—. Pero gracias… —añadió con voz queda.
—No hay de qué.
—¿Cómo…? —empezó Bill.
—Cuando he salido del baño me he dado cuenta de que ese tipo se iba tras de ti, y además me ha parecido que era el mismo de ayer. Me ha dado mal rollo, así que os he seguido —explicó el rapero.
—Ya…
Bushido echó un vistazo alrededor.
—¿Esperabas un taxi?
—Sí.
—¿Quieres que te acompañe yo?
Bill se sorprendió a sí mismo dando una respuesta afirmativa, sin pararse a pensar todavía en lo que aquello podría significar.
—Sí… Gracias.
Continúa.