Fic original de Khira
“Despertar” Capítulo 31
Mientras Eva regresaba hacia el restaurante, una creciente sensación de inquietud la embargó.
Sabía perfectamente que Bill no le había dicho toda la verdad. Que el ex cantante no estaba a gusto en el crucero se notaba a la legua desde el primer día; pero su sexto sentido le decía que había algo más, algo que tenía que ver con ella. Y seguramente también con Tom.
Por primera vez se preguntó si Tom habría sido sincero cuando le dijo que él y Bill estaban distanciados a causa de la separación del grupo.
«Bill no me perdona que por mi culpa se terminara su sueño», le había dicho Tom la primera vez que le preguntó por qué apenas veía a su gemelo.
Por aquel entonces Eva empezó a preguntarse por qué el grupo no había seguido sin Tom, pero luego conoció a Gustav y a Georg y estos le explicaron que entre todos habían decidido que Tokio Hotel habían sido ellos cuatro, y que con uno sólo que faltara ya no sería lo mismo.
Así que la excusa de Tom era lógica. Pero tras conocer a Bill, Eva ya no estaba tan segura de que fuera cierta.
No se le había escapado la expresión entre atónita e indignada de Bill cuando le había comentado acerca de ser el padrino de su hijo.
Aunque Bill estuviera de verdad tan enfadado con Tom por lo del grupo, ¿qué culpa tenía su sobrino?, se preguntaba Eva. A cualquier persona le hace ilusión ser padrino o madrina de un niño. Incluso Sara, su hermana, ya se había pedido el puesto en cuanto le contó que Tom había accedido a ser padre.
Eva se mordió un labio cuando se dio cuenta, apenada, de que otra vez estaba dando por hecho que iba a quedarse embarazada de Tom.
Habían pasado más de tres meses desde que dejaron de usar protección. Y nada. Y no sería porque no lo intentaran… Tom era inagotable en la cama.
Se había dicho a sí misma que tenía que disfrutar del crucero sin preocupaciones, y hacerse la prueba a la vuelta, pero no había podido evitar meter un par de predictors en su maleta. Decidió en ese mismo momento que esa noche usaría uno. A ver si había suerte…
Entró en el restaurante y se dirigió hacia su mesa, tomando asiento entre miradas curiosas.
—¿Cómo ha ido? —Tom fue el primero en preguntar, visiblemente intranquilo.
Eva sabía que si no quería darle motivos de verdad a Bill para odiarla, no podía contar que el ex cantante había dicho estar de mal humor porque en realidad no quería estar allí en el crucero; eso podría llegar a oídos de Gustav y a buen seguro no le sentaría nada bien.
—Bien… Aunque no me ha dicho mucho. Al parecer no se encontraba muy bien, y se ha ido a su camarote. Quizás es que el barco le marea…
Georg frunció el ceño. Él sabía muy bien que Bill no se mareaba en los barcos. Pero no dijo nada.
Tom también lo sabía y tampoco dijo nada al respecto. Ya hablaría directamente con Bill, y le pediría perdón por el mal trago.
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Tras la cena, y a pesar del cansancio de la excursión, muchos se quedaron a ver el espectáculo de teatro de esa noche, incluidos ellos cinco. Luego se retiraron a sus camarotes. Tras despedirse de Georg, Andreas y Karin en el pasillo, Tom y Eva se metieron en el suyo.
Como era costumbre entre ellos, Tom dejó que Eva usara el baño primero. Mientras tanto él se tumbó boca arriba en la cama, sin desvestirse, y se quedó pensativo mirando al techo.
No pudo evitar que lo primero que le viniera a la mente fuera la escena que había presenciado en Cartago: Bill y David apartados de los demás, riendo y bromeando juntos.
En un primer momento se había sorprendido. Inmediatamente después había caído en la cuenta de que, desde que embarcaran, Tom sólo había visto a Bill sonreír así por David.
Tom sabía que debería alegrarle de que al menos una persona en todo el maldito barco fuera capaz de sacarle una sonrisa a su hermano, ya que por razones obvias él lo tenía difícil, y sin embargo… una desagradable sensación en la boca del estómago le carcomía.
«¿Se gustarán…?», se preguntó seriamente por primera vez. No era algo descabellado. Bill era gay, y David había roto con su novia de toda la vida hacía unos meses sin que nadie supiera por qué. ¿Estaría David a punto de salir del armario?
En otras circunstancias, aquel pensamiento le habría hecho gracia. Pero ahora no era el caso. De hecho, la desagradable sensación en su estómago iba creciendo a medida de que la posibilidad de que hubiera algo entre esos dos le iba pareciendo cada vez más probable. Recordó viejos tiempos, cuando firmaron su primer contrato discográfico. Bill estaba completamente embelesado con David por aquel entonces. No paraba de decir: «David esto, David lo otro…»
David era un buen tío, de eso Tom no tenía duda. Una persona sensata y muy honrada. De tener que elegir una pareja para su hermano de entre toda la gente que conocían, seguramente elegiría a su ex productor. Y si Bill se enamorara de David y le olvidara a él por fin, quizás podrían recuperar su relación de hermanos…
Entonces, ¿por qué ese malestar…?
De pronto escuchó un pequeño ruido que interrumpió el hilo de sus pensamientos. Provenía del baño, y se dio cuenta de que habían pasado muchos minutos y Eva no había salido de allí. Prestó más atención. El sonido volvió a repetirse: eran sollozos.
De inmediato, Tom saltó de la cama.
En dos pasos se plantó en la puerta del baño y la abrió sin dudar. Eva estaba sentada en el inodoro con la tapa bajada, con la cara escondida entre las manos, y llorando.
—¿Cariño, qué…? —se interrumpió al ver el objeto blanco y alargado que había en el suelo. Lo reconoció al instante: era una prueba de embarazo. Y no necesitó acercarse más para ver el resultado. Viendo la reacción de su novia, se lo imaginaba.
Se arrodilló frente a ella y la cogió de las manos, obligándola a descubrir el rostro lloroso.
—Ha dado negativo, ¿no…? —suspiró.
Eva asintió entre lágrimas. Tom inspiró hondo y le acarició una húmeda mejilla.
—Entiendo que estés disgustada, ¿pero por qué lloras así? Me asustas…
Por toda respuesta la joven volvió a emitir un sonoro sollozo.
—Eva… —suspiró Tom.
—Siento… Siento ponerme así… Debes pensar que estoy loca… —articuló ella entre sollozos.
—Yo jamás pensaría eso.
—Es que… han pasado tres meses ya… Yo ya… Yo debería ya estar embarazada…
Tom tragó saliva, incómodo ante el pensamiento que le vino a la mente, uno que le había estado rondando durante las últimas semanas. Hubiera preferido guardárselo para sí, por orgullo masculino, pero sabía que eso sería ser egoísta, así que hizo de tripas corazón y soltó por fin la pregunta.
—¿Quieres que me haga las pruebas…?
Eva le miró fijamente unos segundos antes de que se le escapara otro sollozo.
—Soy yo, Tom… —gimió—. Soy yo quien debería hacerse las pruebas…
Aquello desconcertó a Tom.
—¿Por qué dices que deberías ser tú…?
Eva sollozó durante unos segundos más antes de conseguir calmarse lo suficiente para poder hablar de forma entendible.
—Tom… Hay algo que no te he contado… Y no puedo más. Tienes que saberlo…
Tom, aún de rodillas frente a ella, frunció el ceño al intuir que esa conversación no le iba a gustar nada.
—¿Algo como qué?
—Estuve embarazada una vez…
Los ojos de Tom se abrieron como platos.
—¿Qué…? —balbuceó—. ¿Cuándo…?
—Tenía diecisiete años… Me quedé embarazada de mi mánager… o del que se suponía iba a ser mi mánager…
Tom soltó las manos de Eva y se dejó caer un poco hacia atrás hasta sentarse en el suelo, impresionado.
Eva se inclinó un poco hacia delante y se rodeó el vientre con los brazos, mientras se esforzaba por no estallar en llanto de nuevo.
—Lo siento, Tom… Sé que debería habértelo contado antes… Pero… me daba tanta vergüenza…
—¿Qué pasó? —preguntó secamente Tom, haciendo que la joven diera un respingo.
—Él se… aprovechó de mí. Nos conocimos en una fiesta. Me dijo que era muy guapa, que podría ser modelo, hacerme famosa… que sólo le necesitaba a él y sus contactos.
—¿Y te acostaste con él a cambio…?
—¡No! —exclamó Eva, horrorizada—. Me acosté con él porque me atraía… Pero me engatusó, porque me hizo creer que yo también le gustaba… y que entre los dos íbamos a hacer algo grande. Pero lo único que ese hombre quería hacer conmigo era echar un polvo. Eso lo comprendí después, cuando después de acostarnos dejó de responder a mis llamadas. Los viajes que íbamos a hacer, anulados. Las personas que me iba a presentar, desaparecidas. Fue horrible…
A Tom la historia no le parecía nada novedosa. Él mismo había conocido a muchos caraduras y aprovechados durante su carrera musical. Incluso una vez, un productor de su primera discográfica le había parecido sospechosamente demasiado interesado en Bill en particular; por suerte, esa misma discográfica les rescindió el contrato al poco tiempo. Igualmente, le chocaba el enterarse ahora de que algo así le había pasado a su novia.
—Y dos meses después, me enteré de que estaba embarazada… —continuó Eva en voz muy baja, apenas audible. Se llevó una mano a la cara y emitió un nuevo sollozo—. Para entonces había decidido que, a pesar de todo, aún quería desfilar. Y no podía hacerlo con un bebé en camino… ¿Qué otra cosa podía hacer…?
—Abortaste… —murmuró Tom.
—Sí… —Eva se destapó el mojado rostro—. Siento mucho habértelo ocultado, Tom… Perdóname.
—¿Pero por qué? ¿Por qué no me lo habías contado?
—¡Porque no quería que me odiaras por haber abortado! Sé lo que piensas del tema…
Tom se mordió un labio. Por supuesto que estaba en contra del aborto. Su madre también se había quedado embarazada muy joven y sin planearlo, pero si ella hubiera abortado, ni él ni Bill existirían. Sin embargo, respetaba las opiniones y decisiones de los demás, especialmente de las mujeres.
No, jamás podría odiar a Eva por haber abortado. Era otra cosa lo que le molestaba: el hecho de habérselo ocultado. Llevaban ya varios años juntos… y recién se daba cuenta que aún no conocía todos los aspectos de su vida. ¿Cuántas cosas más le habría ocultado?
—Me dijeron que no tendría problemas en quedarme embarazada de nuevo… —continuó Eva—. Pero… ¿y si se equivocaron…?
Tom se levantó.
—Va, no pienses eso —le dijo acariciándole una mejilla mojada—. Y no llores.
—¿No estás enfadado…?
—No… Aunque sí un poco molesto. Pero se me pasará.
—Tom…
—No, no quiero hablar más del tema, no ahora. ¿Por qué no te acuestas ya? Se te ve cansada.
Eva asintió, aunque no muy convencida, y se levantó. Tom le puso una mano en la cintura y juntos se dirigieron a la cama. Pero Tom no hizo amago de prepararse para ir a dormir.
—Yo voy a dar una vuelta…
—¿Qué? ¿Ahora? —exclamó Eva.
—Sí.
—¿Tan molesto estás que ni siquiera quieres estar en la misma habitación que yo…?
—Eva… no lo magnifiques todo —la advirtió—. Sólo quiero ir a dar una vuelta, tomar un poco el aire.
Tom mentía. En realidad Eva estaba en lo cierto: se sentía tan fastidiado por el asunto que no le apetecía quedarse con ella y que le volviera a sacar el tema. Y no quería tomar el aire. Lo que quería tomar era una copa.
—Volveré en un rato —aseguró.
Eva ya no dijo nada. Le dio la espalda y empezó a desvestirse para ponerse el pijama.
Tom suspiró, dio media vuelta y salió del camarote.
.
Cinco minutos después, Tom entraba en el primer bar que se cruzó en su camino: el bar Hades, según rezaba un cartelito dorado en la entrada. Era tarde y había poca gente; apenas había un par de mesas ocupadas y tres personas en la barra sin incluir al camarero.
Al echar un segundo vistazo, Tom se dio cuenta, sorprendido, de que Bill era una de esas tres personas.
«¿Qué demonios…?»
Tom cruzó rápidamente el bar para llegar a él.
En cuanto se colocó a su lado y pudo observarle bien, se le encogió el corazón.
Bill tenía apoyado un codo en la barra y la cara recostada sobre su mano, mirando al frente con ojos vacíos y vidriosos, con la expresión más triste que le había visto en mucho tiempo. Frente a él, un vaso vacío de a saber qué. Al principio ni siquiera pareció percatarse de su presencia. Cuando por fin movió los ojos, le echó una mirada ausente.
—Bill… ¿Qué haces aquí…? —preguntó Tom sin aliento. Eran la una y media de la mañana, lo que significaba que si Bill había ido ahí directamente tras su charla con Eva, llevaba más de tres horas metido en aquel bar presuntamente bebiendo.
Bill parpadeó lentamente, como intentando enfocarle. Luego frunció el ceño.
—¿Qué haces [i]tú[/i] aquí…? —preguntó con voz pastosa, lo que confirmó las sospechas de Tom de que su gemelo estaba ebrio—. ¿No habías dejado de beber…?
—¿Eh? No… Te dije que había dejado de fumar, no de beber.
—Ah… Como ahora te has vuelto tan modosito… Pensé que igual también habías abandonado el alcohol.
¿Modosito?, repitió Tom mentalmente haciendo una mueca.
—No, aún bebo alcohol. Pero controlo más que tú, me temo. ¿Cuánto has bebido?
Bill se encogió de hombros y volvió a mirar al frente.
Tom le hizo una seña al camarero para que se acercara. Era un chico joven y moreno, de cejas gruesas y una cicatriz en la barbilla.
—¿Cuánto ha bebido? —le preguntó.
—Bastante —fue la desalentadora respuesta del joven.
—Genial —siseó el ex guitarrista.
El camarero se alejó y Tom se volvió de nuevo hacia su gemelo.
Tenía que reconocer que la escena no le sorprendía tanto como debería. Desde que se subieron al barco, que Tom ya había advertido que Bill parecía haber incrementado su afición por el alcohol. Pero hasta ahora no se había emborrachado, al menos que él supiera. ¿Por qué precisamente esa noche…?
«La conversación con Eva», recordó.
—Bill… Sé que has hablado con Eva esta noche. ¿Ha dicho algo que te haya molestado…?
Bill dejó escapar una risita carente de humor.
—¿Algo que me haya molestado…? —repitió sarcástico—. Tom, tu querida novia me ha dicho que te gustaría que fuera el puto padrino de vuestro hijo…
Tom parpadeó un par de veces, aturdido, y sin saber qué decir.
«Genial», pensó con ironía. ¿Cómo se le había ocurrido a Eva irse de la lengua de esa manera? Claro que ella no tenía ni idea de que aquello era de lo peor que le podría haber soltado a Bill. Pero Tom debería haberle advertido de que ese tema era completamente tabú.
—Yo… Claro que me gustaría que fueras el padrino de mi hijo —dijo finalmente—. Pero también sé muy bien que no es algo que te haría feliz, así que jamás se me habría ocurrido pedírtelo. Fue un comentario que le hice a Eva mientras hablábamos hipotéticamente del tema, nada más.
—No tan hipotéticamente. Ya sé que lleváis meses follando sin condón —siseó Bill.
De nuevo, Tom se quedó sin palabras.
—¿Qué…? ¿Cómo sabes…?
—Mamá ya me contó vuestros planes cuando estuve en su casa…
Bill volvió a alzar su vaso, pero Tom reaccionó y le detuvo colocando la mano sobre su brazo.
—No deberías beber tanto…
El ex cantante se deshizo de él de forma algo brusca. Un poco de alcohol se salió del vaso y salpicó la barra del bar.
—No tienes derecho a decirme qué debería y qué no debería hacer…
—Sigo siendo tu hermano mayor…
—¡Que te jodan! —casi gritó Bill, provocando que todo el bar les mirara.
—Cálmate, Bill… —pidió Tom—. Y vámonos de aquí. Ya has bebido suficiente por esta noche.
—No quiero irme de aquí. Quiero otra copa…
Bill le hizo una seña al camarero para que le sirviera, pero éste negó con la cabeza.
—Señor, creo que debería hacer caso a su hermano.
—¡Que te jodan a ti también! —exclamó.
—Vámonos, Bill —insistió Tom, cogiendo a Bill del brazo y obligándole a bajarse del taburete.
—¡Suéltame, puedo caminar solo!
Lo cual no era del todo cierto, como pudo constatar Tom al ver cómo se tambaleaba al caminar. Pocas veces Tom había visto a su hermano tan borracho, y la mayoría habían sido durante su adolescencia. Decidió seguirle y mantenerse a un paso tras él por si acaso. Además, cuando más se movía el barco era de noche y temía que diera una sacudida que le hiciera perder el equilibrio. No cruzaron otra palabra durante el trayecto.
Cuando llegaron al pasillo de los camarotes suites, Bill se detuvo frente a su puerta y empezó a rebuscar en sus bolsillos en busca de la tarjeta. Pasó casi un minuto antes de que diera con ella y pudiera abrir la puerta.
Tom contuvo el impulso de entrar tras Bill en su habitación, a sabiendas de que no sería bienvenido. Se quedó en el umbral, observando cómo su gemelo avanzaba hasta el dormitorio. Pero entonces Bill tropezó con uno de los blancos sofás y cayó de rodillas al suelo. Tom corrió hacia él y le ayudó a levantarse cogiéndole de ambos brazos.
—¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?
—Estoy… bien… —murmuró Bill. Sin embargo, entre la voz pastosa, su mirada desenfocada, y su dificultad para mantener el equilibrio, era obvio que no era así.
—Va, será mejor que te acuestes cuanto antes…
Sin soltarle un brazo, Tom ayudó a Bill a llegar hasta la cama. Mientras Tom prendía la luz, Bill se recostó cuan largo era, con un antebrazo sobre la frente para protegerse de la repentina y molesta claridad.
—¿Necesitas ayuda para desvestirte? —preguntó Tom con la esperanza de que la respuesta fuera ‘no’.
Pero Bill respondió con un murmullo ininteligible, lo que sumado a que se quedó quieto como un muerto, hizo que Tom se lo tomara como un ‘sí’.
—Te quitaré los zapatos… —se ofreció Tom. No se atrevía a ir a más. Además, dormir por una vez en vaqueros no le mataría.
Tras desatar los cordones, le quitó una zapatilla y después la otra. Las dejó a los pies de la cama y luego se volvió a mirar a Bill, que seguía en la misma postura. No lo pudo evitar y se acercó de nuevo a él, colocando una rodilla sobre la cama a la altura de su torso.
—¿Estarás bien…?
—¿Por qué? —preguntó de pronto Bill aún con la cara tapada—. ¿Por qué ahora sí, Tom?
—¿Qué?
—Tú no querías tener hijos… Incluso dijiste una vez que preferirías adoptar, que había demasiados niños sin padres en el mundo…
—Bill… —empezó Tom, pero fue cortado por Bill.
—Tampoco te gustaba bailar… ni los viajes de aventura… No lo entiendo, Tom… No lo entiendo… —Bill negó con la cabeza como para dar más énfasis a sus palabras—. Has cambiado…
—No he… —Pero fue cortado de nuevo por Bill.
—Has cambiado, y aún así yo… Yo aún…
De pronto Bill bajó el brazo y descubrió su rostro. No estaba llorando, pero los ojos le brillaban. Tom se le quedó mirando embelesado un momento, mientras Bill se incorporaba.
—¿Bill…? —preguntó Tom cuando se encontró de pronto con el rostro de Bill a escasos centímetros del suyo.
Un segundo después, Bill había juntado sus labios.
Completamente pillado con la guardia baja, Tom tardó un instante en reaccionar. Colocó una mano en el pecho de Bill listo para empujarle hacia atrás, pero entonces se dio cuenta de algo que le hizo detenerse para asegurarse. Al contrario que aquella vez en la habitación de hotel, cuando todo se vino abajo, Bill no le estaba besando a la desesperada, forzándole a mantener sus labios unidos e introduciendo su lengua sin permiso. No, esta vez el beso era muy suave, apenas un roce en su labio superior, y luego una pequeña succión en el inferior, una sucesión de tiernas caricias que dejaron a Tom fuera de juego mientras una tremenda descarga eléctrica recorría su espina dorsal para luego instalarse en su ingle.
De pronto, y sin decir una palabra, Bill se apartó y agachó la cabeza hasta colocar la frente en el hombro derecho de Tom.
El silencio les envolvió. Tom se quedó mirando al frente, con el corazón latiendo rápido y fuerte contra su pecho y sin saber qué hacer a continuación, si recriminarle duramente a Bill por el beso robado o aplastarle contra la cama y…
«No, no, no…», se dijo a sí mismo para detener la imagen que empezaba a formarse en su mente. Inspiró hondo un par de veces, tratando de calmarse. Mientras, Bill seguía inmóvil sobre su hombro, pudiendo oír su respiración acompasada.
—¿Bill? —le llamó al cabo de unos minutos.
Al no obtener respuesta, Tom se movió un poco, y la cabeza de Bill empezó a resbalar por su pecho. Tom le sujetó por la espalda, le echó un poco hacia atrás, y al ver los ojos de su gemelo cerrados, se dio cuenta de que se había quedado dormido.
Con cuidado, Tom le tumbó sobre su espalda, pero luego lo pensó mejor y le colocó de lado, no fuera que la borrachera le provocara un repentino vómito. Apagó la luz y, tras echar una última mirada a la figura que yacía en la oscuridad, se dispuso a salir del camarote, con el corazón aún desbocado y muchos sentimientos contradictorios luchando dentro de él.
Continúa.
Madre mía
La mejor descripción para este capítulo
Se me salen los ojos joder !!!
No hay capitulo malo 🥰🥰