
Fic original de Khira
“Despertar” Capítulo 35
Hueles muy bien.
Tom no sabe de dónde ha sacado el valor para decir eso, pero lo ha hecho y ahora Bill le está mirando con una mueca divertida en su preciosa cara.
¿Ah, sí?
Sí…
Tom agacha de nuevo la cabeza, entierra el rostro en el cuello de Bill y aspira de nuevo.
¿Cómo de bien?, se burla Bill.
Jodidamente bien.
Bill se ríe, y su pecho vibra, haciendo que el pecho de Tom se mueva también. Están piel contra piel, y la de Bill se siente fresca, y a la vez caliente. Tom está tumbado sobre Bill, y las manos de Bill están en su espalda, arañándole con suavidad.
Están solos. A su alrededor, sólo vacío y silencio. Tranquilidad. Calma. Tom no sabe ni dónde están ni cómo han llegado hasta allí, pero tampoco le importa.
Quiero follarte, dice Tom, su voz repentinamente ronca.
La sonrisa de Bill se desvanece poco a poco. Sus ojos castaños le miran serios, confidentes.
Hazlo.
La mano derecha de Tom se desliza de abajo arriba por la pierna izquierda de Bill, acariciando el exterior de su muslo, dirigiéndose sin prisas a las nalgas. Tom encuentra su objetivo y mete un dedo. Bill gime.
Hazlo, Tom, repite Bill. Fóllame…
Sí…
Tom está más excitado de lo que ha estado en su vida. No puede esperar, no quiere esperar, pero al mismo tiempo está extasiado de ver cómo Bill arquea la espalda, gime y se retuerce sólo con sus dedos.
Fóllame. Fóllame, Tom…
Tom despertó sobresaltado, confuso y acalorado.
Durante un instante no supo lo que había pasado. Pero al segundo siguiente, el sueño que acababa de tener pasó por su mente como una escena a cámara rápida.
Tom se quiso morir. Y más aún cuando se dio cuenta de que el calor que sentía estaba concentrado en una única zona entre sus piernas.
—No… —susurró, en shock—. No puede ser.
—¿El qué no puede ser?
Tom dio tal brinco que por poco se cayó de la cama. A su lado, Eva le miraba con expresión casi tan confundida como la suya.
—¿Qué? —preguntó Tom, por decir algo.
—Acabas de decir “No puede ser”.
Fóllame.
Tom tragó saliva.
—Creo que estaba… hablando en sueños.
—Nunca antes te había oído hablar en sueños… —murmuró Eva. Se fijó mejor en Tom, sus ojos adaptándose a la oscuridad, y vio que parecía agitado—. ¿Estás bien…?
—Sí —respondió Tom mecánicamente.
—¿Qué soñabas?
Fóllame. Fóllame, Tom.
Tom inspiró hondo y cerró los ojos un instante, pero entonces la imagen de Bill desnudo bajo él se hizo más vívida y los abrió de inmediato.
—No me acuerdo —mintió.
—Oh.
Eva, que estaba tumbada de costado hacia él, se movió un poco y quedó de espaldas, mirando hacia el techo con expresión sombría.
Tom la observó detenidamente. Desde la discusión el día anterior sobre su aborto que apenas habían hablado. Y no sabía muy bien por qué, ya que ninguno de los dos estaba realmente enfadado con el otro.
A su pesar, Tom tuvo que reconocer que quizás uno de los motivos había sido que había estado todo el día tan pendiente de Bill que había habido momentos que incluso se había olvidado de la existencia de su novia. Bill y su confesión de que se había acostado con Bushido. Bill escapándose con el guía para tirárselo. Bill en sus brazos, mientras le felicitaba por haber ganado el torneo de ping pong.
Bill debajo de él, rogándole que le follara.
Gimió quedamente, para que Eva no le oyera. Seguía tan excitado que su entrepierna dolía.
¿Qué le estaba pasando? Nunca antes había pensado en Bill de esa manera. Con una excepción: la primera vez que Bill se le declaró, y tuvo lo que llamó unos desvaríos mentales. Lo consideró normal, ya que Bill se le había ofrecido de esa manera que no pudo quitarse la imagen durante días. Pero desde que se mudó había mantenido esos pensamientos a raya, algo a lo que la distancia y la falta de contacto habían ayudado considerablemente.
Sin embargo, cuatro días seguidos de nuevo con Bill, y tenía un sueño húmedo con él…
¡Un sueño húmedo con su hermano!
El calor se extendía por su cuerpo, ajeno a la razón de su mente. Tom se agarró la cabeza con ambas manos, furioso consigo mismo porque su cuerpo actuaba sin su consentimiento.
—¿Seguro que estás bien…? —oyó preguntar a Eva.
Tom apartó las manos de su cabeza y la miró. La miró fijamente durante largos segundos, haciendo que Eva alzara las cejas con gesto interrogante.
De pronto Tom se colocó sobre ella, con un movimiento tan rápido que casi la asustó.
—¿Tom? ¿Qué…?
No pudo terminar la pregunta porque Tom la besó furiosamente en los labios, ansioso por deshacerse de ese calor que lo asfixiaba. Sus manos se dirigieron sin demora al corto camisón que Eva portaba, lo apartó hacia arriba y acto seguido empezó a bajarle las bragas por los muslos.
Aunque desconcertada, Eva no pudo evitar sonreír y mover las piernas facilitándole la tarea a Tom.
Tom se bajó él mismo los calzoncillos, se colocó en posición y sin más penetró a su novia. Eva soltó un quejido por la apresurada intrusión, pero apenas le dolió, y a los pocos segundos ya estaba colaborando con Tom para conseguir un ritmo que les diera placer a ambos. Tom, sin embargo, concentrado demasiado en obtener cuanto antes el clímax para poder deshacerse de aquel calor asfixiante, se corrió a los pocos minutos. El ex guitarrista se dejó caer sobre ella, jadeando. Era consciente de que la había dejado a medias, pero en ese momento no podía importarle menos.
Lo que realmente le importaba era que el calor no se había ido. Tampoco le sorprendió demasiado. Pero no sabía qué hacer.
Sintió las manos de Eva acariciándole la espalda, sabiendo que estaba demasiado contenta por haber “hecho las paces” como para reprocharle su celeridad.
Tom quería llorar.
.
A Bill la ciudad de Palermo le pareció horrorosa. Tráfico, ruido, polución, y poco verde. Los pocos monumentos que visitaron tampoco le parecieron gran cosa. El que en esta ocasión el guía fuera una mujer de mediana edad bastante entrada en carnes y con voz desagradablemente chillona, no ayudó a cambiar su opinión de la urbe.
Sin embargo, tampoco es que estuviera muy pendiente ni de la guía ni de la visita. Su atención se desviaba involuntariamente hacia Tom, preguntándose una y otra vez qué mosca le había picado.
Tom no le había dirigido la palabra en todo el día; ni siquiera le había mirado una sola vez.
Bill no sabía qué pensar. Era cierto que habían tenido bastantes altibajos desde que empezara el crucero, pero hasta ese momento Tom no le había ignorado tan descaradamente, como si no existiera.
¿Habría hecho algo mal? Si era así, no tenía ni idea de qué había sido. La noche anterior no había bebido demasiado, sólo un par de copas de champán para celebrar su victoria en el torneo de ping pong, así que no había dicho tampoco nada inapropiado a Tom ni a nadie…
Al terminar la visita, volvieron todos al crucero, donde quedaron en verse en la piscina.
Esta vez, Bill no dejó su espalda sin vigilar. Ni a Georg.
Mientras descansaba en una tumbona con un Cosmopolitan en la mano, el ex cantante se dedicó a escuchar la conversación que mantenían Georg y Gustav sentados en el borde de la piscina.
—Qué suerte tuviste, cabrón. No solo te haces millonario invirtiendo en bolsa, sino que encima te ligas a la broker que te asesoró.
—Te aseguro que me conformo con la segunda parte —dijo Gustav dirigiendo su mirada hacia Julie, que nadaba junto con Eva y Karin en la parte más alejada de la piscina—. Si para conservarla a ella tuviera que renunciar al dinero, firmaría sin dudarlo.
—Qué bonito… —dijo Georg un poco con burla pero sin mala intención.
Bill miró hacia Tom, tomando un refresco en la barra del bar con Andreas.
«Por tenerle a él, yo también firmaría lo que fuera…», pensó con tristeza.
En ese momento Andreas se levantó de su taburete y se alejó de Tom para meterse en la piscina. Bill decidió aprovechar para acercarse a su hermano y charlar con él. Al fin y al cabo, solo quedaban dos días y medio de viaje, y tenía que aprovechar las ocasiones que restaran.
—Hola —dijo mientras se sentaba en el taburete que Andreas había dejado vacío.
Notó a Tom tensarse un poco. El ex guitarrista apenas giró la cara para responderle un escueto “hola”.
—¿Qué te pasa? Estás raro… —dijo Bill.
—Nada… —Pero la mentira era tan evidente que incluso Tom carraspeó—. Es que… no me encuentro muy bien.
—¿No? —Bill se preocupó genuinamente. Tom no era de ponerse enfermo, y en aquel momento lo cierto era que lo parecía de verdad—. ¿Qué te pasa? —Y colocó instintivamente su mano sobre el antebrazo desnudo de Tom.
Tom literalmente dio un respingo al tiempo que se apartaba.
Bill se quedó completamente descolocado.
—¿Qué ocurre…? —preguntó.
—Nada —respondió Tom al tiempo que se levantaba. La voz le temblaba un poco—. Tengo que irme.
Sin darle tiempo a Bill a decir nada más, Tom prácticamente huyó del lugar. No se despidió de nadie, ni siquiera de Eva, quien no recayó en su marcha, entretenida como estaba charlando con Julie sobre vestidos de novia.
Durante un minuto Bill se quedó dónde estaba, demasiado anonadado como para reaccionar. Luego, la rabia ganó a la confusión.
¿Cómo se atrevía Tom a huir otra vez de él?
No. No más. Porque esta vez Bill no había hecho nada; lo más reciente era lo de Bushido y quizás Tom seguía disgustado por ello, pero no asustado. Así que no tenía ni idea de qué le pasaba a su gemelo.
Y no pensaba quedarse con la duda, así que Bill decidió ir tras él.
Pero no contaba con que Tom se hubiera dado tanta prisa. Al entrar en el interior del barco, no vio ni rastro de él. ¿A dónde se habría ido?
«A su camarote», pensó con lógica. Por suerte Eva se había quedado en la piscina, de lo contrario a Bill jamás se le hubiera ocurrido llamar a su puerta.
Aunque no tuvo que hacerlo, porque pilló a Tom justo en el pasillo.
—¡Tom! —le llamó.
Tom se detuvo y se giró sobresaltado.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
—¿Por qué te has ido? —preguntó Bill a su vez.
—Te he dicho que no me encontraba bien.
—¿Y por eso has huido de mí?
—¡No he huido de ti!
—¡No me jodas Tom, claro que has huido de mí! —La voz de Bill resonó en el pasillo vacío. Bajó el tono y añadió inseguro—: ¿Qué he hecho ahora?
Tom suspiró.
—Nada. No has hecho nada.
—Pero…
—Soy yo —interrumpió Tom—. Digamos que han pasado un par de cosas que no me han ayudado mucho, pero… esta vez soy yo.
Bill frunció el ceño, confuso.
—¿A qué te refieres…?
—Es mejor que no lo sepas. Sólo… confundiría más las cosas.
—Créeme, es casi imposible que me dejes más confundido de lo que estoy ahora.
—Déjalo, Bill. En serio.
Dicho esto, Tom se dio la vuelta, dispuesto a dejar la conversación en ese punto sin más. Eso indignó aún más a Bill.
—¡Tom! —le llamó mientras alcanzaba a su gemelo en dos zancadas y le agarraba del brazo para que se detuviera.
De nuevo, el contacto sobresaltó a Tom, quien se deshizo rápidamente de su leve agarre.
—¿Tom…? —murmuró Bill.
Tom alzó los brazos a la defensiva.
—Sólo… No me toques, ¿vale?
—¿Que no te toque? —repitió Bill, dolido—. ¿Qué coño te pasa ahora, Tom? No he hecho nada que…
—¡Sí lo hiciste! —exclamó entonces Tom—. ¡Me besaste!
—¿Qué…? —Bill parpadeó. No podía ser que Tom estuviera hablando del beso de hacía cinco años, ¿o sí?—. ¿Cuándo…?
—¡Anteayer! ¡Anteayer me besaste, cuando estabas borracho! —Tom lucía bastante agitado y a la vez satisfecho, como si se estuviera quitando un peso de encima al confesar aquello.
«Oh, no». Bill quiso que se le tragara la tierra. Él no recordaba haber besado a Tom, pero también era cierto que tenía lagunas de esa noche y que además Tom no tenía motivos para mentirle sobre aquello.
—Yo no… No me acuerdo… —musitó—. Lo lamento…
—Ya… —murmuró Tom, bajando las manos—. Yo también lo lamento, te lo aseguro.
Bill no supo qué responder a eso.
—Tengo que irme —dijo Tom, sin mirarle—. Ya nos… veremos.
El ex guitarrista dio media vuelta y desapareció pasillo abajo.
Bill se quedó plantado allí plantado un buen rato.
Le dolía el pecho como si estuviera a punto de darle un ataque al corazón. Bueno, nunca le había dado un infarto, pero suponía que el dolor tenía que ser parecido.
«Ya nos veremos», había dicho Tom, y sin embargo Bill estaba seguro de que eso no iba a ser así. Se verían hasta que acabara el crucero, eso sí, pero después todo volvería a ser como antes. Bill en Berlín, y Tom en Múnich.
La pequeña posibilidad de un acercamiento que se había estado gestando desde el día que Tom le dijo que le echaba de menos, se había esfumado, y todo porque Bill no había sido capaz de mantenerse lo suficientemente sobrio para no besar a su hermano otra vez.
¿Pero qué esperaba? Mientras sus sentimientos no desaparecieran, siempre se le escaparía algo, adrede o no, que incomodaría a Tom, alejándole de él una y otra vez.
No había nada que hacer. Desde el momento que confesó su amor, Bill había perdido a su hermano para siempre.
«Para siempre…»
El dolor en su pecho era tan intenso que tuvo que doblarse un poco hacia delante para intentar mitigar el dolor. Le costaba respirar, pues aunque inspiraba con todas sus fuerzas, el aire no llegaba a sus pulmones, e instintivamente tiró un poco del cuello de su camiseta, algo que evidentemente no sirvió para nada.
—¿Bill?
Aún medio doblado hacia delante, Bill alzó la vista hacia la persona que había aparecido en el pasillo.
—Bill, ¡¿qué ocurre?!
Bill quiso explicarse, pero se dio cuenta de que la voz no le salía. Pero por sus gestos, David entendió enseguida lo que le ocurría. Le sujetó suavemente por los hombros y le ayudó a incorporarse un poco.
—¿No puedes respirar? —Bill negó con la cabeza—. Ven…
David aún llevaba en la mano la llave de su camarote. Mientras con una mano sujetaba a Bill, con la otra abrió la puerta y pasaron los dos al interior. El productor hizo sentar a Bill en la cama, y él se arrodilló frente a él.
—Bill, mírame. —Bill obedeció, viéndole con ojos angustiados—. Estás hiperventilando. Ahora vas a aguantar el aire contando tranquilamente uno, dos, tres, cuatro, y luego lo expulsas suavemente.
Bill negó con la cabeza. El aire no llegaba a sus pulmones, ¿y encima David quería que cerrara la boca? ¿Qué pretendía, asfixiarle del todo?
—Bill, hazme caso —insistió David—. Confía en mí.
Entonces Bill cerró la boca. Aguantó el aire dos segundos y volvió a exhalar.
—Más despacio. Aguanta más el aire —dijo el productor.
—No… puedo… —gimió.
—Sí puedes. Cuatro segundos, Bill.
Bill cerró la boca de nuevo. Uno, dos, tres, cuatro. Exhaló e inspiró. Uno, dos, tres, cuatro. Una y otra vez.
El dolor en el pecho empezó a remitir, y el oxígeno a volver a sus pulmones.
—¿Mejor? —preguntó David.
—Sí…
Pasaron varios minutos en silencio mientras Bill terminaba de recuperarse. David se sentó a su lado mientras le acariciaba suavemente la espalda dando círculos.
—¿Qué ha pasado, Bill? —se animó a preguntar David.
—Discutí con Tom —respondió secamente el muchacho—. No me preguntes por qué.
Y David no lo hizo.
—Creo que tengo un déjà vu —musitó Bill de repente, tratando de sonreír ni que fuera levemente.
—¿Tú y yo en tu casa, después de que casi te desangraras por la nariz? —bromeó David.
—Exactamente. —Bill suspiró—. Ya me has salvado la vida dos veces. No sé qué haría sin ti.
—Exagerado —rió David—. Sólo he estado en el momento y lugar adecuados. Yo y mis expertos conocimientos de primeros auxilios, claro —bromeó.
Bill hizo un amago de sonrisa, pero el latigazo que sacudió su cabeza la hizo desaparecer pronto.
—¿Todo bien? —preguntó David, preocupado por la expresión de dolor del más joven.
—Me duele mucho la cabeza. David, ¿te importa si me tumbo aquí mismo un rato…?
—¿Eh? Oh, no, claro que no…
David se levantó y Bill se agachó un poco hacia delante para poder quitarse las zapatillas. Acto seguido se tumbó en la cama de David, con los ojos fuertemente cerrados y rogando para que aquel repentino dolor se le pasara pronto.
—¿Quieres que te traiga una aspirina?
—Sí, por favor…
Pocos minutos después, Bill tomaba la aspirina y el vaso de agua que le había traído David sin casi moverse de la cama.
—Voy a irme un rato, mientras tú descansas —ofreció David.
—No —dijo Bill, abriendo apenas los ojos—. No te vayas.
—Pero…
Bill tenía pánico de quedarse a solas y volver a pensar en Tom, o peor aún, que le diera otro ataque de ansiedad como aquél.
—Túmbate conmigo. Por favor, David —le rogó.
David no tuvo corazón para negarse. Se quitó los zapatos y se tumbó en el lado libre de la cama, a espaldas de Bill.
—Gracias… —murmuró el muchacho.
A los pocos minutos se quedó dormido.
.
Cuando despertó, al principio Bill ni siquiera se dio cuenta de que estaba en un camarote que no era el suyo. Fue al darse la vuelta y encontrarse cara a cara con David, que recordó todo lo acontecido horas antes.
—¿Estás mejor? —preguntó David.
—Sí… Gracias a ti.
Y era cierto. Aunque sólo de pensar en su último encontronazo con Tom se le encogía el corazón, al menos esa sensación de desasosiego, de soledad perturbadora, se había disipado un poco. Todo gracias a David, el mismo que habría obrado el mismo milagro durante el tiempo que le tuvo en su piso.
Ojalá sintiera lo que sentía por Tom hacia David. Ojalá David le correspondiera. Ojalá…
Sin pensar, Bill se acercó a su ex productor y le besó decididamente en los labios.
Continúa.
COÑOEMADRE
Por la madre de todo lo que es sagradoooooo
A su Mecha
Hay noo que bil se quede con Bushido jajaj
Madre mía bill
Porfa David corresponde a Bill 🙏🙏 el merece alguien como tu no Tom solo lo lastima
Porfavor con Bushido el dijo que Bill le interesaba juro que me duele lo que lo lastima Tom 😭
NOOOO yo necesito q se quede con Bushido 😭😭😭😭😭🙏🏻