Fic original de Khira
“Despertar” Capítulo 4
En contra de lo que Bill se había temido, el trayecto hasta su casa en el coche de Bushido estaba siendo de lo más agradable, incluso a pesar de las preguntas incómodas que el rapero dejaba caer de vez en cuando.
—¿Y qué es de tus ex compañeros?
Por ejemplo, ésa. Bill ignoró como pudo el pinchazo en su pecho, inspiró hondo y trató de responder con calma y la suficiente información para que Bushido estuviera satisfecho y no insistiera.
—Bueno, de Georg seguro que has oído hablar. Es el bajista de Chaos, ese grupo que ahora está sonando por todos lados.
—Ah, sí. No están mal.
—También vive en Berlín. Gustav sigue viviendo en Magdeburgo, aunque se pasa todo el año viajando. El muy cabrón se hizo multimillonario invirtiendo en bolsa tras la crisis. Se casa en junio, con una chica francesa llamada Julie que conoció en uno de sus viajes, y nos ha invitado a todos a un crucero donde se celebrará el enlace. Tom vive en Múnich, trabaja como productor de jóvenes talentos, y también está saliendo con una chica —terminó del tirón.
—¿Así que el bueno de Gustav se casa?
—Sí.
—Eso sí que es una buena noticia. Me alegro mucho por él.
Bill miró a Bushido de reojo.
—No te pega mucho decir eso —comentó.
—¿El qué?
—Eso que acabas de decir. Te pega más decir… Yo qué sé, algo como “bah, casarse, vaya mariconada”.
El rapero rió suavemente y luego miró a Bill.
—Yo nunca diría algo así.
Se sostuvieron la mirada un breve segundo hasta que Bushido tuvo que mirar al frente de nuevo, a la carretera.
—¿Y eso que tu hermano se ha ido a vivir tan lejos? —preguntó Bushido unos instantes después.
Inconscientemente, Bill apretó los puños. El pinchazo en su pecho se había doblado en intensidad.
—No lo sé —mintió—. Creo que… le apetecía cambiar de aires —murmuró mirando a la nada.
Bushido iba a continuar preguntando sobre el mayor de los Kaulitz, pero algo en la mirada perdida de Bill le dijo que sería mejor no hacerlo.
—Creo que ya hemos llegado —dijo mientras detenía el coche frente a una lujosa urbanización de bloques de viviendas—. Es aquí, ¿no?
Bill salió de su ensimismamiento y miró hacia la fachada de la que era su casa.
—Sí…
Se sorprendió a sí mismo cuando se dio cuenta de que no le apetecía despedirse de Bushido tan pronto. Repasó visualmente de nuevo al rapero. Lo cierto era que cuanto más observaba esos musculosos brazos, más le apetecía gemir rodeado por ellos, aunque sabía que necesitaría algo de “ayuda” para animarse…
—¿Quieres subir?
Bushido le miró sin disimular su asombro. Pero se repuso muy rápido.
—¿Tú quieres que suba…? —preguntó a su vez.
—Si no, no te lo pediría. —Bill se desabrochó el cinturón de seguridad y se inclinó un poco en dirección a Bushido, colocando de forma deliberada su mano izquierda sobre la muñeca derecha del rapero, y deslizándola suavemente hacia el codo—. ¿Y bien…? —inquirió con claro tono provocativo.
La respuesta de Bushido no se hizo esperar mucho.
Le tenía demasiadas ganas.
.
Nada más adentrarse en el piso del ex cantante, a Bushido le dio la sensación de estar en una especie de museo dedicado a Tokio Hotel. Las paredes del salón estaban repletas de discos de oro y platino enmarcados de diferentes países, había una estantería de cristal abarrotada de premios, y sobre la chimenea había muchas fotografías enmarcadas. Bushido se aproximó y las observó una por una. La mayoría eran sólo de Bill recogiendo premios, aunque había un par del grupo entero, un poco escondidas entre las demás.
La que le llamó más la atención fue una en la que estaban los cuatro ex componentes de la banda recogiendo uno de los premios Comet que se llevaron en la gala del año 2010. Aquella había sido la última aparición pública del grupo como tal, y nada había hecho presagiar que, apenas un par de semanas después, David Jost haría un comunicado anunciando la separación. Bushido recordaba perfectamente lo que decía ese comunicado.
—Tengo curiosidad. ¿Cuáles fueron esas “desavenencias creativas” tan importantes como para que os separarais?
Bill, quien había ido directamente al baño, donde había permanecido varios minutos, regresó al salón con gesto hastiado.
—¿Has subido para cotillear o para follar?
Bushido sonrió y se acercó lentamente al muchacho, el cual se había apoyado en la mesa del comedor y le esperaba con los brazos cruzados. El rapero se colocó justo frente a él, se inclinó y apoyó las manos en la mesa una a cada lado del chico, de manera que le tenía rodeado.
—Creía que habías dicho que no me ibas a dejar comprobar lo follable que eres… —dijo Bushido, sonriendo con altanería.
—Y yo creía que eras un capullo, pero tampoco es para tanto… —Bill le devolvió la misma sonrisa.
Se miraron fijamente a los ojos varios segundos, como si ninguno se atreviera a dar el primer paso, aunque en realidad era otra manera de retarse. Finalmente Bushido se inclinó un poco más sobre Bill, ladeando la cara hacia un lado, de manera que su nariz rozaba la mejilla del chico. Siguió moviéndose en dirección a su cuello y aspiró.
—¿Me estás oliendo? —preguntó Bill, divertido.
—Sí.
—¿Y a qué huelo?
Bushido aspiró de nuevo, deslizando la punta de su nariz por el blanco cuello. Notaba la respiración del otro agitarse, y eso le gustaba.
—A humo. De tabaco. —Aspiró debajo de su oreja, en el nacimiento de sus cabellos—. A colonia… Y a champú. Concretamente, a champú de melocotón.
—Sí que tienes buen olfato —se sorprendió Bill.
Sin detener su particular reconocimiento, Bushido apretó de forma intencionada sus cuerpos, de manera que Bill notó perfectamente el bulto en la entrepierna del rapero. No pudo evitar sentirse más que satisfecho, teniendo en cuenta que él aún no había hecho nada.
El muchacho descruzó los brazos y colocó ambas manos en los costados de Bushido, acariciando aquel perfectamente moldeado cuerpo. De forma muy lenta, fue delineando uno por uno los marcados abdominales por encima de la tela de la camiseta. Luego metió las manos por debajo de ella, entrando en contacto con la piel tersa y cálida.
Pronto él también empezó a sentirse tremendamente excitado.
Bushido volvió a situarse cara a cara con Bill. Se inclinó sobre él y, tras un más que ardiente cruce de miradas, por fin le besó, cubriendo sus labios con los suyos de forma hambrienta y algo violenta. Instintivamente Bill se echó un poco hacia atrás, pero Bushido le rodeó por la cintura y apretó de nuevo sus cuerpos.
La lengua del rapero inundó su boca, demandante, aunque Bill no se quedó atrás. Rodeó el cuello del hombre con ambos brazos y lo atrajo aún más hacia sí, sintiendo la totalidad de aquel cuerpo fuerte y fibroso, mientras sus lenguas luchaban por el control.
—Ah… —jadeó el ex cantante cuando sus respectivas erecciones chocaron con fuerza a través de la tela.
De improviso la lengua de Bushido abandonó su cavidad bucal y se dedicó únicamente a sus labios, humedeciéndoselos con deliberado cuidado.
Bill comprendió en seguida el motivo de dicha acción, y le entró la risa floja.
Bushido se detuvo y le miró interrogante.
—¿De qué te ríes? —preguntó.
—No lo sé —contestó, y en el fondo era cierto.
Bushido tuvo que conformarse con esa respuesta. Observó atentamente el rostro de Bill, con las mejillas sonrojadas, la respiración agitada, esa sonrisilla y los labios mojados con su saliva. Endiabladamente tentador.
Sin embargo, había algo raro en sus ojos… Pero Bushido no caía en la cuenta de qué era, y al final dejó de preocuparle.
Cansado de preliminares, el rapero cogió la mano de Bill y la llevó a su entrepierna. Bill comprobó que el bulto había crecido. De hecho, Bushido estaba duro como la piedra.
—Estás muy excitado… —susurró.
—Sabes que llevo mucho tiempo deseando esto…
Tal y como Bill había temido, Bushido le colocó una mano en el hombro e hizo fuerza hacia abajo.
—Espera, espera… —dijo riendo de nuevo, a la vez que se apartaba un poco.
—¿Qué pasa? —demandó Bushido, impaciente.
—Pues que el suelo es de mármol, y no quiero joderme las rodillas. Vamos a mi dormitorio, ¿vale?
Bushido sonrió.
—De acuerdo…
El rapero siguió a Bill hasta el dormitorio principal. La habitación era sobria pero elegante, con una cama central con cabecero de forja blanco, mesillas de madera clara a juego con la cómoda, y un armario empotrado con puertas de espejo. Estaba un poco desordenada, con varias prendas de ropa tiradas en el suelo, pero nada exagerado. A Bushido le gustó especialmente el detalle de los espejos…
Bill se sentó a los pies de la cama, se descalzó e indicó a Bushido con un gesto coqueto que se acercara. En cuanto le tuvo a su alcance, Bill dirigió sus manos hacia los pantalones del rapero, empezando a desabrochar botones con agilidad. No tardó demasiado en dar con lo que buscaba. Tras sacar el miembro de Bushido de su prisión de tela, lo rodeó con la mano derecha, notando su dureza y el calor que emanaba. Bushido empezó a respirar de forma pesada. Bill deslizó la mano por toda su longitud, hasta detenerse en la punta. Notó que el hombre se estremecía. Deslizó la mano un par de veces más, y luego miró hacia arriba con gesto pícaro.
Bushido alargó la mano hacia su rostro para acariciarle el labio inferior con el pulgar.
—Vamos. Demuéstrame por fin lo que eres capaz de hacer con esa boquita…
Bill no se hizo más de rogar. Además, él también lo deseaba. Desde la primera vez que vio aquel vídeo colgado en internet en el que Bushido expresaba claramente la ambición de que el joven líder de Tokio Hotel le satisficiera oralmente, él, en lugar de sentirse humillado, también se había imaginado muchas veces esa misma situación, aunque sólo fuera por la curiosidad de saber cómo sería estar a la merced sexual de aquel rapero insolente.
Tras masturbarle unos segundos más, se inclinó hacia delante y dio un lametón en el glande. Bushido jadeó. Bill dio un segundo lametón, esta vez más extenso, y luego se metió por fin el pene del rapero en la boca.
—Oh… —gimió Bushido, notando una tremenda descarga recorriendo su espalda.
Bill se marcó un buen ritmo ya desde el principio. Además, los labios hinchados y humedecidos que le había dejado Bushido facilitaban mucho el trabajo. Aún así, sólo era capaz de abarcar la mitad de la extensión de ese formidable miembro. Bushido le agarró por el cabello, retirándoselo, pero sin tirar de él.
—Mírame… —ordenó el rapero tras unos minutos. Bill le complació—. Joder…
A Bill su propia erección empezaba a dolerle, apretada dentro de los vaqueros, así que se desabrochó con la mano libre y empezó a acariciarse mientras seguía chupando.
Eso fue demasiado para el hombre, quien se apartó y, sorprendiendo a Bill, le empujó hacia atrás en la cama.
—¿Qué…? —empezó Bill, pero se interrumpió cuando vio que Bushido se estaba desvistiendo. Sonrió—. Qué ansioso… Creía que te estaba gustando el que te la chupara.
—Y me gustaba —dijo el rapero, tirando su camiseta a un rincón—. Pero sé que me gustará más aún follarte.
—Mmm… —Bill se echó un poco más hacia atrás, hasta situarse en el centro de la cama, y comenzó a desabrocharse la camisa con deliberada lentitud—. ¿Y quién ha dicho que voy a dejar que me folles tú a mí…?
Bushido le miró con las cejas levantadas mientras se deshacía de su ropa interior, con expresión soberbia y un deje de sorpresa.
—¿De veras crees que tienes alguna oportunidad conmigo, Bill?
—No. —Bill rió—. Pero quería ver qué cara ponías.
Ya completamente desnudo, Bushido se inclinó sobre Bill y empezó a tirar de sus pantalones hasta sacárselos, e hizo lo mismo con su ropa interior.
A continuación, se deleitó un rato observando el cuerpo del muchacho. Aunque opinaba que estaba demasiado delgado, no hizo ningún comentario al respecto, ya que seguramente le ofendería.
Se inclinó sobre él y volvió a besarle con ímpetu. Bill le devolvió el beso mientras acariciaba con sus largas uñas los brazos que tanto le ponían. Luego Bushido descendió hasta su cuello, besando, mordiendo y chupando. Bill gimió y se dejó hacer, sintiendo su pulso acelerarse bajo el fuerte cuerpo del rapero, especialmente cuando éste empezó a masturbarle.
Unos minutos después, Bushido se incorporó de nuevo sobre sus rodillas. Lo cierto es que sí estaba bastante ansioso. Echó una ojeada a su alrededor, buscando algo.
—¿Tienes condones? —preguntó.
Bill también se incorporó un poco y alargó la mano hacia la mesilla de la izquierda. Mientras el chico sacaba un preservativo de su envoltorio, Bushido se colocó sobre él con una rodilla a cada lado de sus muslos.
—Pónmelo —ordenó. Bill obedeció, y deslizó él mismo el envoltorio de látex sobre la polla de Bushido—. Y ahora date la vuelta.
Esta vez, Bill le miró algo indeciso. Ésa no era precisamente de sus posturas favoritas. Pero Bushido ya estaba más que impaciente, así que él mismo cogió a Bill de la cadera y le obligó a voltearse, dejándole con las rodillas y codos hincados en el colchón.
Bushido cogió el tubo de lubricante y vertió un poco de gel en su entrada, esparciéndolo con dos dedos. No se sorprendió demasiado al no encontrar demasiada resistencia, no después de lo que había visto la noche anterior. Se preguntó con cuánta frecuencia ocurría eso, aunque no era de su incumbencia.
Tras dejarle perfectamente lubricado, Bushido le agarró con una mano de la cintura y con la otra colocó su sexo entre sus glúteos.
—Voy —avisó el rapero.
Bill inspiró hondo, notando el enorme miembro de Bushido presionando en su entrada. Al poco Bushido empezó a empujar, y Bill gimió.
—¿Te hago daño…? —preguntó Bushido, controlándose a duras penas las ganas de penetrarle de una estocada.
—No… —Bill agachó el tronco hasta apoyar la cabeza y los hombros en el colchón—. Continúa… ¡Ah!
—¿Seguro…? —Bushido ya se había introducido de todo en aquel frágil cuerpo, y comenzó a moverse con un ritmo agresivo y profundo.
—S-sí…
Bill apretó fuertemente las sábanas con los puños. En realidad, Bushido sí que le estaba haciendo daño, pero prefería mentirle a pedirle que fuera más suave.
Al fin y al cabo, le gustaba el dolor.
Era otra de las pocas cosas que le hacían sentirse vivo.
Continúa.