Fic original de Khira

“Despertar” Capítulo 6

Bushido tenía un mal día. Todos a su alrededor podían notarlo perfectamente. Al principio habían intentado sonsacarle sutilmente qué le ocurría, pero unas cuantas miradas asesinas por parte del malhumorado rapero habían terminado con su propósito. Al final, habían optado por dejarle en paz. Aquella noche tenía una entrevista en un programa de un canal abierto de la televisión alemana para hablar de su próximo disco que saldría la semana siguiente, y no les convenía ponerle de peor humor.

Todos excepto Peter, más conocido como Chakuza, su mejor amigo y confidente y también colaborador en el disco, a quien Bushido no le daba ningún miedo.

—¿Cuándo me vas a contar qué mierda te ocurre?

Bushido gruñó. En ese momento estaban ambos en la green room, esperando a que fuera el momento de salir a plató, sentados cómodamente cada uno en un sofá y tomando un aperitivo.

—Llevas todo el día gruñendo —se quejó Chakuza—. Espero que durante la entrevista te muestres más comunicativo. ¿Lo harás?

Tampoco hubo respuesta. Chakuza suspiró y se estiró en el sofá. Unos minutos después, su teléfono móvil empezó a sonar. El rapero respondió, y al poco empezó a lanzar improperios.

—No me jodas… ¿Cuándo? ¿Eh? ¿Quién? Maldito sea…

Mientras Chakuza hablaba, o mejor dicho maldecía por teléfono, Bushido siguió pensando en el tema que le tenía tan molesto.

Bill Kaulitz.

No podía sacárselo de la cabeza. El chico le tenía preocupado de verdad.

Se preguntó qué habría pasado durante esos cinco años para que terminara así. Y también qué habría pasado exactamente para qué Tokio Hotel se separara, pues si algo debía reconocerles a esa pandilla de adolescentes que eran en su momento, era lo muy unidos que estaban. Esos cuatro chicos no sólo trabajaban juntos, también eran amigos. Él mismo lo había comprobado en todas las ocasiones que había coincidido con ellos. Sobre todo Bill y Tom, que más que hermanos gemelos, a veces le parecían siameses. Nunca antes había visto a dos hermanos tan compenetrados.

Y ahora en cambio, no sólo vivían a más de quinientos kilómetros el uno del otro, sino que aparentemente tampoco tenían demasiado contacto. Porque Bushido estaba seguro de que, de haber estado Tom cerca, no habría dejado que Bill se estuviera lastimando así.

O eso quería creer.

«Debería saberlo», pensó Bushido. Y si no él, otra persona. Alguien a quien Bill sí escuchara y pudiera ayudarle a salir de ese pozo de mierda en el que se estaba metiendo, si no es que estaba metido del todo ya.

—¡Joder! —oyó exclamar a Chakuza mientras colgaba.

Bushido decidió hacerle un poco de caso a su amigo por fin.

—¿Qué ocurre? —preguntó sin verdadero interés.

—Es ese tipo, Kehrmann, el productor. Kenneth acaba de contarme que se ha enterado de que ayer tuvo una reunión con ese chico al que entrevistamos la semana pasada, Lars Jansen. Y ya han firmado. Se nos ha escapado, Anis.

En verdad era una mala noticia. Lars Jansen, un joven de Colonia de apenas veinte años, tenía mucho potencial como rapero, y estaban planeando producirle. Pero por lo visto no eran los únicos.

Sin embargo, la mente de Bushido se desvió inmediatamente del tema. Peter acababa de darle una idea al hablar de productores.

Bill había dejado muy claro que si se le ocurría contarle algo a su hermano de sus peligrosas juergas, se vengaría con una denuncia, y Bushido no tenía tiempo ahora para un problema tan serio como ése.

Pero no había dicho nada de su antiguo mánager y productor.

.

El chico tenía buena voz, aunque todavía tenía mucho que trabajar. Y en cuanto a su estilo… no estaba mal. Oscuro, pero melancólico. Tenía el pelo corto y negro, y vestía completamente de ese color. En algunos puntos le recordaba demasiado a Bill. De hecho, desde que Tokio Hotel desapareciera súbitamente, muchos habían sido los imitadores que habían intentado reemplazarles, sin éxito. Habían emergido nuevas bandas de chicos jóvenes, sí, pero ninguna como ellos. Tokio Hotel habían sido y serían únicos.

—¿Y bien? ¿Qué te parece?

David Jost se acarició la barbilla, pensativo.

—No sé, Patrick… —dijo finalmente—. No le veo con suficiente carisma como para lanzarle como solista. Necesita un grupo.

Patrick suspiró, aunque se temía esa respuesta.

—Entonces pasarán meses hasta que demos con los músicos adecuados.

—¿Qué más da eso? Tiene diecisiete años. Además, así será mayor de edad cuando firmemos el contrato. Que luego siempre hay problemas con los padres…

—Eso es cierto. Bien, veré qué encuentro…

Del otro lado del cristal del estudio de grabación, el chico seguía cantando, ajeno a la conversación que tenían aquellos hombres que podrían cambiar su vida para siempre. Unos minutos después, el sonido de unos nudillos en la puerta les alertaron.

—Adelante —dijo Patrick.

La puerta se abrió y una chica de veintitantos años y pelo castaño se asomó por ella.

—Lamento la interrupción. —La joven asistente miró a David—. Señor Jost, hay una llamada para usted.

—¿Quién es? —preguntó David.

—Es… Bushido.

David y Patrick se miraron, tan sorprendidos como su asistente.

—¿Bushido? —repitió David—. ¿Bushido el rapero?

—Eso ha dicho —asintió la joven.

—¿Qué puede querer ese tipo de mí?

—Sólo ha dicho que era urgente.

—Ponte al teléfono y lo sabrás… —dijo Patrick.

—Cierto. —David se encogió de hombros—. En fin, ahora vuelvo…

David siguió a la asistente fuera de la sala de grabación. Allí la joven le pasó un teléfono inalámbrico y luego le dejó solo. David se metió en la vacía sala de reuniones para poder hablar más tranquilo, ya que intuía que debía haber un motivo de peso para que Bushido, con el que no había hablado en años, le llamara a él personalmente.

—¿Diga?

—Hola, Jost. Cuánto tiempo —saludó Bushido al otro lado de la línea con su voz grave.

—Hola, Bushido —saludó educadamente—. Sí, ha pasado un tiempo. ¿Cómo estás?

—Muy bien, ¿y tú?

—Bien, gracias…

—Te noto sorprendido por mi llamada —observó Bushido—. Aunque supongo que es normal.

—La verdad es que así es…

—Pues si te parece bien, como los dos somos hombres muy ocupados, voy a ir directamente al grano.

—Oh. Claro, adelante.

—¿Has visto a Bill últimamente?

David alzó ambas cejas, sorprendido.

—¿A Bill? ¿A Bill Kaulitz?

—El mismo.

—No… Hace meses que no le veo. —Empezó a pasear nerviosamente por la sala. Por el tono de Bushido, ya se temía que algo malo había pasado—. ¿Por qué?

—Porque el sábado me topé con él en una discoteca de Berlín. Y me pareció que actuaba algo… extraño.

—¿Extraño? ¿En qué sentido?

—En ese momento aún no lo sabía. Por un pequeño percance sin importancia terminé acompañándolo a casa y, para mi sorpresa, me propuso que folláramos, lo que me pareció más extraño aún…

A David casi se le cayó el teléfono de las manos. Se paró en seco, con la boca y los ojos muy abiertos.

—¿Q-qué…? —jadeó.

—Entiende que yo no le pusiera demasiados reparos… Hace demasiado tiempo que tu ex protegido me pone cachondo. Así que me lo tiré. Pero lo importante es que después…

—Espera, espera… Tú… —David estaba completamente en shock—. ¿Dices que te acostaste con Bill…?

—Eso he dicho.

—Pero… ¿Cómo…? No es posible, Bill jamás…

—¿Jamás se acostaría con otro hombre? —terminó Bushido la frase por él.

El productor se quedó en silencio.

Y es que en realidad… él mismo había sido testigo de las dudas que el Bill adolescente había tenido respecto a ello. Pero nunca se le ocurrió pensar que dentro de la expresión «otro hombre» pudiera incluirse el polémico rapero.

—Jost… —le llamó Bushido—. Reacciona, no tengo todo el día.

—Está bien… —murmuró—. Está bien. ¿Qué pasó después?

—Si lo que te acabo de contar no te ha gustado, lo que viene ahora es peor, así que quizá será mejor que te sientes —advirtió el rapero.

—¿Qué mierda ocurre, Bushido? —se impacientó.

—A la mañana siguiente descubrí cocaína en su cuarto de baño. Se metió una raya justo antes de acostarnos, y puede que alguna más en la discoteca.

A David le pareció que el suelo temblaba bajo sus pies. Debería haberle hecho caso a Bushido y haberse sentado.

¿Cocaína? ¿Había dicho cocaína? ¿Bill? ¿Su Bill?

Eso no era posible…

¿O sí…?

—Si es una broma, Bushido, no tiene ni puta gracia… —musitó.

—Ojalá lo fuera. Le pedí explicaciones, pero se puso a la defensiva. Tampoco me quiso decir cuánto tiempo hace que consume.

En ese momento David era incapaz de hablar. Estaba demasiado estupefacto.

—En fin, yo ya te he contado lo que te tenía que contar. ¿Qué tal si ahora me das tú alguna luz al respecto?

—¿Yo?

—Tú le conoces mejor, ¿no? ¿Por qué crees que se está metiendo esa mierda?

David tardó un buen rato en responder. Primero tuvo que imaginarse que lo que decía Bushido era hipotéticamente cierto. Y luego tratar de encontrar una explicación.

Pero no se le ocurría ninguna. Lo que sí pensó fue que quizás todo aquello tuviera algo que ver con la desintegración de Tokio Hotel y lo especialmente traumática que había sido ésta para Bill. Pero ése no era un tema que pudiera hablar con Bushido.

—No lo sé —dijo finalmente—. No tengo ni idea.

Bushido le leyó el pensamiento.

—¿No lo sabes o no me lo puedes decir?

—No me sentiría cómodo hablando de ello contigo, la verdad —admitió.

El rapero suspiró.

—Está bien. Supongo que no es de mi incumbencia.

—Por cierto… ¿de qué percance hablabas antes? —preguntó David, recordando el inicio de la conversación.

—Oh, eso… No es nada. Un tipo le estaba molestando mientras esperaba un taxi y le ayudé a quitárselo de encima. De ahí que luego le acompañara yo a su casa.

—¿Un tipo?

—Sí, un tipo al que por lo visto se había tirado la noche anterior…

De nuevo, David se quedó callado.

—En fin, Jost, te cuento todo esto porque la verdad es que me dejó muy preocupado. Espero que puedas hablar con él…

—Por supuesto que hablaré con él —dijo el productor—. Gracias por contármelo…

—No hay de qué. ¿Podrías hacerme un favor a cambio?

—¿Cuál?

—¿Podrías hacerte el encontradizo con él en lugar de decirle que yo te he puesto al corriente?

—No hay problema. ¿Pero por qué?

—Por si acaso. Paso de problemas, y el chico se las gasta de cuidado.

—¿Eh?

—Da igual, tú sólo hazlo.

—Está bien. Una última cosa, Bushido.

—Dime.

—Me da igual que fuera idea de Bill. Si vuelves a tocarle, te cortaré los huevos.

Bushido rió suavemente, aunque David había hablado completamente en serio.

—Lo tendré en cuenta. Adiós, Jost. Nos vemos.

—Adiós.

Después de colgar, David se sentó, dejó el teléfono sobre la mesa de reuniones y se quedó mirándolo un buen rato.

Luego alzó la vista, depositándola en un póster enmarcado que había en la pared del fondo. Había varios pósters más colgados, pero ése era el que más le gustaba, porque ése era el de Tokio Hotel. El de sus cuatro chicos, como muchas veces les había llamado.

David podía decir, y sin exagerar, que el tiempo transcurrido al cargo de esos muchachos, había sido de los más satisfactorios de su vida. Más incluso que cuando él mismo tenía su propia banda.

Se levantó, todavía un poco mareado por toda la información que le había soltado Bushido a bocajarro, y anduvo hasta quedarse justo enfrente del póster. Observó detenidamente a Bill, Tom, Georg y Gustav, posando con el vestuario que habían llevado en el photoshoot de Humanoid, el que había sido su último disco de estudio, y luego fijó la mirada en el primero.

La última vez que había visto a Bill había sido hacía ya casi un año, y había sido por casualidad, en una fiesta de cumpleaños de un presentador de televisión a la que ambos habían sido invitados. Mentiría si dijera que había visto a Bill bien, pero por otro lado, era normal que no lo estuviera. Bill había sido el que peor había llevado la separación del grupo, más aún al haber sido Tom, su propio hermano, el que la propiciara. Y mientras todos habían seguido adelante con su vida y otros proyectos, Bill se había negado a ello. El propio David le había propuesto comenzar una carrera en solitario, o en su defecto seguir a su lado como compositor. Pero Bill no había querido, y poco a poco se había ido alejando de todo y todos. Aunque nunca pensó que llegaría a esos extremos.

Cocaína.

Todavía no se lo creía.

Pero tendría que comprobarlo.

Continúa.

por Khira

Escritora del fandom

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