Fic original de Khira
“Despertar” Capítulo 7
Habían pasado cuatro días desde el “incidente” con Bushido, y Bill casi lo había olvidado ya. Tampoco es que le hubiera dado muchas vueltas. Bushido ya había obtenido de él lo que siempre había querido: follárselo. Así que dudaba que le diera problemas. Es más, seguro que el rapero tampoco se acordaba ya de él.
Como tantas otras personas.
Bill se colocó un último collar de plata y se miró por última vez en el espejo del baño de su dormitorio. Ese jueves había quedado con Markus para cenar y luego irían a un local nuevo, una discoteca que habían abierto a las afueras de la ciudad, concretamente en un polígono industrial. Quería causar una buena impresión, por lo que se había alisado el pelo hasta dejarlo perfecto, ahumado los ojos un poco más que de costumbre y puesto un poco de brillo en los labios; y para vestir había elegido una camisa color burdeos de tela arrugada y unos vaqueros, cómo no, ajustadísimos.
Decidió que se veía bastante bien. Seguro que a Markus se le caía la baba nada más verle.
De pronto estornudó. Bill maldijo al aire acondicionado y cogió un trozo de papel higiénico para sonarse la nariz.
Iba a doblar el papel para tirarlo cuando vio que lo había manchado de sangre. No había mucha, apenas unas gotitas, pero suficientes para intuir a qué se debían.
No se sorprendió demasiado. No era tan idiota. Pero sólo llevaba unos meses consumiendo, sí era cierto que no se esperaba que algo así le pasara tan pronto.
En ese momento, tocaron al timbre. Dio un respingo.
No solía recibir visitas. Como mucho, alguna de su madre, pero ella solía avisarle, ya que no le valía la pena desplazarse desde Hamburgo a Berlín para luego no encontrarle en casa.
Tiró el trozo de papel a la papelera bajo el lavabo y salió del baño en dirección al recibidor, donde estaba el video portero. Sin tener que responder aún, pudo ver de quién se trataba.
Era David Jost, asomado a la ventanilla de su coche, esperando en la entrada de la urbanización.
A Bill se le encogió el corazón. No se esperaba para nada una visita de su ex productor.
Aún no había reaccionado, cuando el timbre volvió a sonar.
Por un momento estuvo tentado de hacer como si no estuviera en casa. Pero luego se dio cuenta de que la luz del salón estaba encendida y que David seguramente la había visto desde afuera. Así que no tenía otra elección.
Apretó el botón que le permitiría hablar con él.
—David… —dijo con voz queda—. ¿Qué haces aquí…?
—¡Hola, Bill! —saludó David como si nada—. Vengo a hacerte una visita sorpresa. ¿Me abres?
Bill dudó unos segundos. Pero no le quedaba más remedio que hacerlo.
—Sí, claro…
Unos minutos después, volvió a sonar el timbre, esta vez el de la puerta principal de su casa. Bill, que no se había movido del recibidor, abrió la puerta y contempló a su visita.
A pesar de haber cumplido ya los cuarenta, David seguía conservando ese aura de eterno adolescente que le hacía tan atractivo, al menos a ojos de Bill. Llevaba puesto una simple camiseta gris y unos vaqueros, y, al chico no se le escapó el detalle, la muñequera negra y blanca que él le había regalado años atrás.
La impresión de David hacia él, en cambio, no fue tan positiva. Bill se lo notó en la cara.
—Hola… —murmuró el chico.
—Hola, Bill. ¿No me das un abrazo…?
Tras un momento de vacilación, Bill dio un paso hacia él y lo abrazó colocando sus brazos alrededor de su cuello. David a su vez le rodeó por la cintura y le estrechó contra él, notando lo que había podido observar a simple vista: Bill estaba en los huesos.
—¿Qué tal estás…? —preguntó Bill después de separarse.
—Bien… ¿Y tú?
—Muy bien… —Bill se dio cuenta de que seguían en la puerta, así que se echó a un lado—. Pasa, por favor —murmuró.
—Gracias.
David entró en el salón seguido de Bill.
—¿Quieres tomar algo? —ofreció el muchacho.
—Ahora mismo no, gracias. —El productor miró de nuevo a Bill de arriba abajo—. ¿Ibas a salir…?
—Eh… sí. He quedado para cenar con un… amigo.
—Oh, lo siento… Debería haber llamado antes.
—Pero no te preocupes, puedo decirle de vernos un poco más tarde. No es que hayamos reservado mesa en un restaurante ni mucho menos.
En realidad, Bill hubiera querido decirle que sí, que debería haberle llamado antes, y que ahora estaba ocupado y que por favor se marchara. Pero no fue capaz. En el fondo, se alegraba de ver a David.
—En ese caso, ¿qué te parece si nos sentamos y charlamos un rato? —propuso David.
—Claro…
David se sentó en el extremo del sofá y Bill lo hizo en la butaca que había situada perpendicular a él.
—¿Qué haces en Berlín…? —preguntó Bill, intrigado.
—Mañana tengo una reunión con la discográfica. Hay un chico nuevo, un cantante, al que Patrick y yo estamos planeando producir, pero creemos que es mejor que tenga un grupo, y tenemos que hablar de ello y más cosas…
—Ah… —A Bill le dolía oír hablar a David tan ilusionado sobre sus nuevos proyectos. Cuando él era su productor, su mundo giraba alrededor de Tokio Hotel. Pero ya no era así—. ¿Y es bueno…?
—Sí, canta muy bien, aunque le falta mucho rodaje. Pero es muy joven, tiene tiempo para aprender.
—Claro…
Bill sabía que debería preguntar algo más, por educación, pero le interesaba tan poco su nueva “estrella”… Sin embargo, a David pareció no importarle, ya que en seguida cambió el turno de preguntas.
—¿Y tú qué tal? ¿Estás… trabajando en algo ahora?
Las manos de Bill se arrastraron nerviosas por encima de sus muslos. Empezó a sentir un peso desagradable en el estómago. Sabía que David no pretendía ser impertinente, ya que ésa era una pregunta más o menos obligada, pero era incómodo igualmente.
—Yo… Bueno, estoy trabajando un poco como… relaciones públicas…
—¿Ah, sí? ¿De qué?
—Algunos… locales, discotecas… me contratan para inaugurar sus fiestas, y cosas por el estilo…
No mentía del todo, aunque hacía más de un año desde la última vez que le habían contratado para algo así. Pero David no tenía por qué conocer los detalles.
—Ya veo…
A David se le notaba algo decepcionado. Bill cruzó los brazos apretándolos contra su estómago, sintiéndose cada vez peor.
—Bill, escucha, ya sé que te lo he pedido mil veces y mil veces me has dicho que no, pero… ¿de verdad que no te gustaría volver a trabajar conmigo? Este chico del que te he hablado, por ejemplo, canta bien, pero no tienen ni idea de componer, necesita a alguien que escriba las canciones… y a ti eso siempre se te ha dado muy bien.
Bill negó con la cabeza y una expresión melancólica en su rostro.
—No… Ya no.
—¿Qué quieres decir con ya no?
—Ya no puedo… escribir. Ya no me sale nada, David.
—¿Pero lo has intentado?
—¡Ya te he dicho que no puedo!
David se le quedó mirando. Bill se tapó la boca, sorprendido de sí mismo, y también avergonzado.
—Perdona, no quería molestarte… —murmuró David.
—No… Perdóname tú a mí…
—¿Estás bien…?
—Sí…
—Es que a mí no me lo parece, Bill.
Entonces a Bill se le encendió la bombilla. ¿No era mucha casualidad que apenas cuatro días después de la discusión con Bushido, apareciera David de sorpresa, al que hacía casi un año que no veía?
—¿Por qué dices eso? —preguntó con cautela.
—Porque te veo muy delgado, y pálido. Además de nervioso y muy irritable, por lo que acabo de comprobar. ¿Qué te pasa, Bill…?
—No me pasa nada…
—No te creo.
—Pues no me creas.
—Bill…
Cansado del rumbo que estaba tomando la conversación, y todavía con la mosca detrás de la oreja, Bill se levantó.
—Bueno, como te he dicho antes, he quedado. Así que si no te importa…
David también se levantó, pero no dio un solo paso.
—Sí me importa. No pienso irme de aquí hasta que me digas qué te ocurre.
—¡No me ocurre nada! ¿Y aunque así fuera, por qué diablos piensas que te lo contaría?
Eso a David le dolió.
—Bill, sé que últimamente no nos hemos visto mucho… Pero tú tampoco has puesto de tu parte. De todas maneras, sigo siendo tu amigo, ¿no? Y aquí estoy ahora.
Lo peor de todo, era que Bill sabía que en el fondo David tenía razón. Que había sido él quien se había alejado, rechazando todos y cada uno de los proyectos que su ex productor le había ofrecido, no devolviéndole las llamadas, declinando siempre que le era posible las propuestas de reunión… En definitiva, lo mismo que había hecho con Georg y Gustav.
—Así que dime, Bill… ¿Tienes algo que contarme…?
Entre la sospecha que le había asaltado antes, y el tono de voz de David, a Bill ya no le quedaron dudas.
David lo sabía. Por eso había venido.
—Tú… Tú has hablado con Bushido, ¿no es así?
La expresión de amarga confirmación en el rostro de David le delató.
—Entonces… lo que me dijo era cierto, ¿no? —susurró el productor.
A Bill empezó a temblarle el labio inferior. Era terrible tener que contemplar tanta decepción en los ojos de David, viéndole como si no le reconociera.
—¿Qué te dijo…?
—Que estás esnifando cocaína. ¿Es verdad?
El corazón de Bill se aceleró dolorosamente. Hubo un largo silencio.
—Bill, respóndeme, por favor. ¿Es verdad, sí o no? —insistió David.
El muchacho se llevó una mano a la frente como si le doliera la cabeza y cerró los ojos, agobiado.
«Maldito, maldito Bushido…»
No se dio cuenta de que David se había acercado tanto a él hasta que sintió su mano retirándole la suya de la cara.
—Bill… mírame.
Bill abrió los ojos y se topó con la mirada azul de David clavada en él. Pero en la mirada del hombre ya no se leía la decepción, sino una clara y evidente preocupación. David estaba preocupado por él… y lo estaba de verdad.
—Sí… —musitó Bill tan bajito que ni él mismo se oyó—. Sí —repitió más fuerte—. Es verdad…
David trató de sobreponerse pronto, aunque la confirmación de Bill le había sentado como una patada en la boca del estómago.
—¿Desde cuándo…? —preguntó.
—Desde hace… medio año, más o menos…
—Oh, Bill…
—Lo siento…
El rostro de Bill se contrajo a causa del dolor y la vergüenza, y sus ojos se aguaron. David al verlo no dudó en pasar un brazo por la espalda del chico y atraerlo hacia sí en un afectuoso abrazo. Bill apoyó la frente en el hombro del productor y se dejó abrazar, inmóvil.
—No tienes que disculparte… —dijo David, acariciando cariñosamente su nuca—. ¿Pero entiendes que esto que estás haciendo está mal, que te estás haciendo mucho daño…?
Bill asintió en silencio.
—En ese caso, no voy a agobiarte ahora con reproches ni sermones. Pero necesitas ayuda, y aunque yo mismo intentaré ayudarte, sería mejor si también contaras con tu familia, especialmente si Tom…
Nada más oír aquel nombre, Bill se separó bruscamente de David, echándose hacia atrás.
—¡No! —exclamó.
—¿Qué…?
—¡¿Por qué todo el mundo insiste en irle con el cuento a mi hermano?! —casi gritó—. ¡No quiero que él se entere de nada de esto! ¡¿Me oyes?! ¡No quiero!
—Pero… ¿por qué te pones así? —inquirió David, sorprendido—. Es tu hermano…
—Sí, ya sé que es mi hermano… El mismo que me dejó tirado, a mí y al grupo, y se largó sin mirar atrás. Porque él me odia, ¿no lo entiendes? Y no quiero… ¡no quiero que me odie aún más…!
Bill no pudo evitarlo por más tiempo y rompió a llorar. Las heridas abiertas sangraban de nuevo.
El llanto del muchacho hizo que a David se le encogiera el corazón. La última vez que le había visto llorar así, había sido precisamente cinco años atrás, el día que Tom había anunciado que dejaba el grupo.
—Bill… Él no te odia…
—Sí lo hace… —sollozó—. Tú… tú no sabes nada… David, no lo hagas, por favor… —Bill se aproximó de nuevo a él y le cogió de la camiseta con puños temblorosos con patente desesperación. David no era Bushido, y Bill apreciaba de verdad a su ex productor, por lo que en esta ocasión ni siquiera se le pasó por la cabeza tratar de amenazarle o chantajearle. Con él, sólo le quedaba la opción de rogar. Y rezó por que funcionara—. No le digas nada… te lo suplico… Por favor, David…
Un profundo suspiro escapó de los labios del hombre. Bill parecía tan… desesperado.
—Pero Bill… aunque yo no le diga nada, cuando te vea, será el primero en notar que algo no está bien. Así que mejor advertirle, ¿no…?
Bill parpadeó sin entender.
—¿Cuándo me vea…?
—Claro… En la boda de Gustav. —Bill se mordió un labio y David frunció el ceño—. ¿O es que no pensabas ir…?
—La verdad es que… no.
—Entiendo… En ese caso, no me queda más remedio que llamarle.
—¡No! Por favor, David, cualquier cosa menos eso… Por favor…
David suspiró, aunque ya con una idea en mente.
—Está bien… Vamos a hacer un trato. En primer lugar, vas a prometerme que a partir de este momento no te vas a meter más mierda. Y en segundo lugar, vas a acudir a esa boda. Si cumples ambas cosas, no seré yo quien le hable de esto a Tom…
Bill tardó unos segundos en comprender que ahora era él el chantajeado.
Y también, que no tenía elección…
Continúa.
Noo porque razon tom siempre putea todo ..porque dejo q Bill tirado lo odio 😡😡😭😭😭