Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 7
Ya habían pasado fiestas, y Tom se sentía miserable. Había llorado en diferentes ocasiones sintiéndose solo, sin amigos, sin sus padres, sin Bill…
Extrañaba mucho sus abrazos, sus sonrisas, sus guiños, la forma en la cual le tocaba en los entrenamientos, o cómo le palmeaba el hombro o espalda o incluso cuando sin querer le acariciaba la mejilla, sus bromas sin gracia, a Stitch, cómo se sentía cuando lo tenía sujeto por la cintura al montar la moto, sus consejos… Extrañaba todo de él, ni siquiera le respondía los mensajes y lo último que supo es que tenía novio, porque cuando le aceptó la solicitud de Instagram una noche de madrugada, vio la foto de Bill en casi un pico con otro chico que se veía desenfocado y se sintió enojado porque no era justo, ahora Bill tenía novio y por eso no le prestaba atención, sin contar que creía que lo había traicionado.
Ese día era uno más, o eso creía, mientras sujetaba el carrito de compras, hasta que vio a Bill con Georg, el castaño tomaba un pringles y lo ponía en su entrepierna haciendo movimientos de cadera que probablemente evocaban al sexo. Tom quiso girarse con el carrito, entendiendo que el chico que se veía desenfocado era el alférez Listing, pero su carrito hizo ruido y ambos voltearon en su dirección.
—¿Tom?
—¿Cadete Trümper? Eh, no hacía nada con esto —explicó Georg, dejando el pringles en su estante.
Bill se pegó la mano contra la frente.
Tom los miró con tristeza antes de decir: —No sabía que ustedes eran novios.
—¿Qué? ¡No! Georg es mi mejor amigo, sólo que somos roommates y vinimos a comprar la despensa, ya que alguien siempre se come toda la comida —dijo Bill, mirando con fijeza Georg, el cual rió.
—Bueno, creo que voy para ir pagando las cosas —comentó Georg, yéndose con el carrito.
Cuando Georg ya no estaba se quedaron en un silencio incómodo, viéndose por momentos y luego rehuyendo la mirada hasta que Tom habló. —¿Por qué ya no me escribiste?
—Porque fue raro lo que dijiste —respondió Bill.
—No fue raro, solamente que si sientes que voy a creerle a otras personas antes que a ti no va a pasar, porque eres mi amigo —dijo Tom convencido.
—¡Ese es el problema! ¡Tú todo lo ves amistad!
—¿Qué?
—No es nada, olvidemos eso —apresuró a contestar Bill—. Podemos volver a ser amigos, si es que eso quieres…
—Es que te extrañé… extrañé hablar contigo. Estuve solo todo este mes porque mis padres me dejaron la casa sola en vacaciones, me dejaron a mí, como si fuese un perro —se quejó Tom.
—Tu papá, tu mamá, yo, todos pensamos que eres un cachorro —molestó Bill.
—Todos me abandonan.
—No es que te abandonemos, bueno, de mi parte, no quise confundir más las cosas.
—¿Confundir más las cosas? —preguntó Tom sin entender bien a lo que se refería.
—¡Ahh! ¡Me das cólera!
—¿Prefieres que hablemos en mi casa? Porque necesito llevar todas estas cosas —mencionó Tom.
—Georg ya se fue a pagar lo nuestro, así que supongo que sí.
Después de pagar se encontraron a Georg terminando de acomodar las cosas en el auto.
—Voy a ir a la casa de Tom —avisó Bill.
—Uhmn —hizo sonido de ambulancia Georg, mientras movía una palma contra la otra como haciendo un sonido alusivo al sexo.
—Ignóralo, por favor —pidió Bill.
—Bueno, me voy a casa a cocinar algo, cuídate, bombón —molestó Georg, Bill le mostró el dedo medio y se giró con Tom.
—¿Tienes carro?
—Sí, mi papá me dejó el suyo. —Le ayudó a acomodar sus compras en el auto.
Se fueron a su casa, acomodaron las cosas en la refrigeradora y la despensa y cuando al fin estuvieron libres se sentaron a conversar.
—Espera, primero hablemos de lo que me dijiste —dijo Tom.
—No, es vergonzoso —mencionó Bill, sonrojándose un poco.
—No, yo quiero hablar, porque me confunden estas cosas.
—Bueno, hablemos.
—¿Por qué no me hablaste?
—Porque fue muy raro tu comentario de que serías mi cachorro y no sé, tus amistades de repente te hablaron muy mal de mí.
—Te vuelvo a repetir que yo no iba a creerles, porque tú eres mi amigo.
—Pero aún así, tampoco me hablaste como para salir —contraatacó Bill.
—Ah sí, es que no quería molestarte con tu novio —mencionó Tom.
—¿Novio? —preguntó Bill sin entender.
Tom sacó su celular, mostrándole la foto que colgó el chico que quiso darle un pico la otra vez que se alcoholizó.
—¿Cómo puedes ver mis fotos? ¿Cuándo te acepté?
—No lo sé, una noche de madrugada.
—Yo no acepté esa solicitud.
—Pues si no fuiste tú, no sé quién, o si debiste haber estado ebrio.
—Pues sí, no tengo idea de quién subió esa foto, la voy a borrar ahora —aseguró Bill, sacando su móvil y borrándola delante de Tom.
—¿Entonces no es tu novio? —preguntó Tom, demasiado esperanzado.
—No, ¿y por qué preguntas? —interrogó de vuelta Bill, suspicaz.
—No, nada.
—¿Sabes qué eso no es normal, verdad? —cuestionó Bill.
—¿Qué?
—Igual en la tienda me preguntaste si Georg era mi novio.
—Bueno es que viven juntos.
—Pero me preguntaste con una cara incómoda.
—No, no es así —aclaró Tom pero se sentía confundido al respecto.
—¿Qué sentiste este tiempo que no estuvimos hablando? —Tom pensó en lo miserable que se sintió y en cuánto lo extrañó.
—Pues triste, te extrañé mucho —aseveró Tom. Bill lo miró con una ceja alzada.
—¿En serio no eres gay?
Tom tragó saliva, tratando de entender los pensamientos confusos y sus emociones, respondiendo con sinceridad: —No lo sé… Sólo sé que te extrañé mucho.
Ambos se quedan callados un momento.
—Esto se puso incómodo —acotó Tom.
—Sí, mejor salgamos a comprar un helado o algo.
—Sí, mejor.
Se levantaron del mueble, iban a dirigirse a la salida cuando chocaron, Tom apoyándose en Bill por el choque, el mayor se le quedó mirando de cerca, estaban a escasos centímetros y Bill acortó la distancia, besándolo, en un beso corto y suave, que hizo que implosionaran emociones en su interior, fue como si tuviera fuegos artificiales dentro, quemaba, ardía pero era dolorosamente dulce… Tom se alejó por las emociones abrumadoras que le llegaron.
«¿Qué pasó? ¿Por qué siento mi corazón así? Ni con Bella sentí esta necesidad y deseo por un beso», volvió a ver a Bill, deteniéndose en sus labios, rojizos por el beso y brillantes, haciendo que él tomase la iniciativa y lo besase, esta vez con lengua, sintiéndose explorador al recorrer su boca, quizá sí era gay por Bill y le importaba una mierda si ser gay significaba seguir probando sus dulces labios.
La risa de Bill interrumpió el beso y Tom se sonrojó profusamente, sintiéndose burlado. —Mejor vete —pidió Tom, sintiendo el rechazo.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Es que te burlas de mí y es mi primer beso a una persona que no es mi ex novia, que fue la primera —explicó Tom, cohibido.
—No, no es burla, sino que todo este tiempo has estado diciendo que no eres gay, y yo te beso y me correspondes —verbalizó Bill, acariciando su brazo con cariño.
—No lo sé, sólo que cuando me besaste y probé tus labios sentí esa necesidad de seguir haciéndolo y fue inevitable —farfulló Tom.
—Yo… te entiendo, te daré tu espacio pero mañana nos veremos, ¿ok? —preguntó Bill, pero en sí estaba aseverándolo.
—Está bien —dijo Tom, Bill le robó un beso y se fue. Tom se lamió los labios, sintiendo aún el sabor de Bill y soltando un suspiro con una sonrisa cuando se fue.
Definitivamente era gay.
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—Te dije que tuvieras paciencia, lo hiciste y por fin se te hizo, campeón —felicitó Georg.
—No dijimos que nos gustamos pero el beso transmitió tanto… Sólo que como tú dijiste, soy la primera persona después de su ex novia, y bueno, soy hombre y por eso supongo que él vivía en el clóset y ahora, no sé si realmente salió pero sí que le gusto —expuso Bill, con una imborrable sonrisa en su rostro.
—Va a cumplir diecisiete años, así que supongo que por eso todavía es inmaduro, ¿tú qué opinas, Stitch? ¿Te gustó tu nuevo papá? —preguntó Georg, acariciando al perro, Bill también acarició a su mascota, pensando que quizá era exagerado llamarlo padre de Stitch pero bonita la idea dentro de todo.
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Al día siguiente, Tom hizo su rutina de ejercicios, para luego bañarse y desayunar. Estando ansioso por la espera del mensaje de Bill avisándole a qué hora iría, él sólo sabía que quería verlo.
Estaba poniendo la ropa en la secadora cuando sonó el timbre.
Abrió la puerta y era Bill, con bolsas de mercado.
—Vine a hacerte el almuerzo —dijo Bill a modo de saludo, pasando sin permiso en la casa y acomodando las cosas en la mesada de la cocina. Tom parpadeó confundido.
—Hola para ti también, pensé que me avisarías a qué hora vendrías, aún no me he puesto una ropa decente —se quejó Tom.
—Tu ropa de diario se ve bien en ti, creo que todo se ve bien en ti en realidad —aseveró Bill.
Tom lo siguió a la cocina, viendo cómo lavaba las verduras y luego las cortaba. —¿Y qué comeremos?
—Pollo en salsa de soja con verduras salteadas en mantequilla —respondió Bill con simpleza, no había oído hablar del plato pero sonaba delicioso.
Vio cómo condimentaba la carne, para luego hacer un sofrito, y después poner la carne. Mientras tanto fue preparando arroz en la olla arrocera y poniendo agua para hervir las verduras.
Tom observaba maravillado cómo Bill era cuidadoso en cada paso en la cocina, distinguiendo los condimentos por su olor y sabiendo a ciencia cierta las cantidades sin necesidad de medirlas, era incluso algo… Excitante si se ponía analizarlo, se le veía sumamente concentrado en la cocina cuando de pronto se detuvo, suponía que porque estaba esperando la cocción.
—Y bien, ¿pensaste en que si eres gay o sólo me estás utilizando como experimento? —preguntó Bill, Tom se alarmó.
—¿Qué? ¡No! Sí, estuve pensando y llegué a la conclusión de que soy gay y…
—¿…y?
—Y tú me gustas —confesó Tom, sonrojado.
—Tú a mí me encantas, desde que te conocí básicamente he intentado tener tu atención, hice mucho para que te dieras cuenta pero era como si fueses un cegatón porque nunca lo notaste —explicó Bill.
—Probablemente fue así, y lo lamento. Sino que fue difícil para mí aceptarme como gay dado que siempre me dijeron que lo era cuando yo no me sentía así, o supongo que no quería aceptarlo, siempre fue como algo negativo, como señal de debilidad, de extraño, de que eso les pasa a las personas enfermas y era consciente de que si alguien era gay no los juzgaba, pero verlo en mí era distinto, yo no podía serlo, principalmente porque decepcionaría a mi papá, pero… Hay cosas que no podemos seguir negando una vez que las tenemos enfrente —explicó Tom, sintiéndose tan expuesto al decirlo, pero era la verdad y la compartiría con Bill.
—Te entiendo perfectamente, a mí me botaron de mi casa cuando supieron que era gay y desde ahí vivo con Georg, mis abuelos son los que me ayudan a mantenerme básicamente y mis trabajos desde casa me sirven para costear mis cosas personales o gustos —dijo Bill y Tom lo miró sorprendido, no sabiendo lo que Bill había pasado.
—¿Y no te arrepientes?
—No, si bien mantengo un perfil hasta cierto punto bajo para que no me cause problemas en la milicia, no me avergüenza ser gay. Es la forma en que soy y a quiénes amo —soltó con seguridad Bill.
—¿Y tú…? ¿Qué pasó en realidad con Adam?
—Es mi ex, fuimos novios desde el colegio, por él fue el que mis padres se enteraron y me botaron de casa. Era mi mayor por un año, entramos a la misma escuela militar, me engañó con un general de la escuela militar, me mintió que abusaron de él, le creí como un imbécil, luego salió la verdad a la luz, lo expulsaron y su padre lo golpeó por ser homosexual y estar involucrado en un escándalo. Él terminó por echarme la culpa —contó Bill.
—Me imaginaba que era diferente a como me dijo que habían pasado las cosas. Nunca creí que fueras capaz de hacerle daño a una persona, a menos que sea en batalla claro. Eres demasiado dulce como para ser un maltratador. Fuera de que me bañaras con agua helada siendo mi guía —se quejó Tom.
—Pues por el problema que tenías en esos momentos en tu pantalones supongo que un baldazo de agua fría era lo mejor. ¿Con qué soñabas, eh? —preguntó Bill, Tom se sonrojó negando con la cabeza.
—No. No voy a decírtelo.
—Uh la la, eso suena a que eran sueños cochambrosos, ¿sería conmigo acaso? —molestó Bill, y Tom se sonrojó aún más—, vaya lo dije de broma pero por tu reacción creo que sí fue así.
—Ehh… no.
—Yo sí debo confesarte que tuve sueños húmedos contigo, tanto que hasta deberías pagar alquiler por permanecer tanto tiempo en mi mente en esas fachas —narró Bill, Tom quería correr a su cuarto por lo que estaba oyendo.
—¡Demasiada información!
Bill rió, metiendo las verduras en la olla y luego acercándose a él, girando levemente el rostro, mirándolo de reojo. —¿Te puedo preguntar algo?
—Sí —dijo casi sin aliento, se veía tan hermoso.
—¿Quieres ser mi novio?
Tom sentía que su pecho iba a explotar. Verlo tan cerca era hipnotizante que debería ser ilegal. Sus ojos marrones tan profundos, sus labios tan carnosos y sexis, su nariz respingada y sus cabellos desordenados. —Sí, quiero —admitió Tom, no podía negarle algo a aquella belleza onírica.
Bill sonrió y se alejó para sacar las verduras y colarlas.
Una vez terminó de hacer aquello, Tom lo tomó por el cuello y lo giró para besarlo, acariciando su nuca y su rostro durante el beso, peleando por el dominio de su boca, le gustaba la sensación, el sabor, la textura… Quería fundirse en aquel beso y que no acabara nunca. Lastimosamente se separaron por aire y ambos sonreían con ojos brillantes.
Continúa…
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