
«Diópsido» One-Shot Toll
Parte 2
—¿Georg es tu macho? —preguntó Bitis frente a la mención del humano, sintiendo una sensación apretada dentro suyo… Algo nuevo que no había sentido antes, eran celos pero el azabache no sabía identificarlo.
Tom lo miró y negó.
—No, Georg es mi mejor amigo. Quien me trajo aquí —suspiró Tom, viendo su vientre inflamado. En este punto se daba cuenta que ya no sólo podría pensar en sí mismo, por más tonto que sonara, ni siquiera quería pensar en regresar y hacerse un aborto, o cirugía para que extirpasen aquellos huevos de dentro suyo.
Tom no era provida pero… Se acarició el bulto, no podía deshacerse de sus huevos, de sus serpientes que se volverían bebés. Aún le aturdía la idea de qué Bitis hablase el plural, no quería martirizarse pensando en cuántos huevos tendría dentro.
Pero Tom sabía que ya no había vuelta atrás. Incluso si ese hombre serpiente atractivo le hubiera mentido, aunque sí le solicitó el consentimiento, ya no podía pensar sólo en él… Había tomado una decisión, por él y sus… Serpientes. Tendría que pensar en nombres definitivamente.
Tom levantó la vista, volviendo a observar esos ojos verdes tan llamativos que lo hicieron derretirse, y ahora que los observaba con detenimiento, notaba que sí, eran verdes, hermosos, pero… Sus iris no eran redondos, eran alargados, y… Sí, la mirada era cautivadora pero eran ojos de serpiente.
Era tan peculiar que aquello hubiera sido lo que más le llamó la atención, muy aparte del atractivo físico, eran esos ojos… Quizá su inconsciente lo sabía, que eran de serpiente, y ese lado suyo que desconocía, fue seducido por él, por lo mismo no le incomodó ni sus escamas ni lengua bífida, ni siquiera sus dos penes.
Bitis le correspondió, aunque nunca dejó de mirarlo todo el tiempo, ya más calmado con que Georg no fuera una amenaza.
Tom tomó aire y lo miró con seriedad.
—A partir de ahora no quiero que me mientas bajo ninguna circunstancia. Sé que seremos padres y que nuestros bebés necesitan… Que me llenes —habló lo último en voz baja con las mejillas encendidas—. Así que quiero que me lo hagas varias veces para resistir al menos una semana lejos de aquí. Que me lleves dónde Georg, para ir donde mis padres. Yo regresaré contigo. Simplemente que no puedo dejar todo como si nada. Debo despedirme de ellos. No les explicaré la verdad para no espantarlos. Y… Odio dejar la civilización pero es por nuestros bebés —arguyó determinado el de rastas.
Bitis se quedó observando y escuchando a la madre de sus crías. Analizando lo dicho, y comprendiéndolo. No le estaba pidiendo irse para siempre sino para después regresar.
Bitis sentía que podía hacer eso, y en caso se excediera del tiempo irlo a buscar. Ya que al haberlo mordido, tenía una conexión con Tom, e incluso lo olería a kilómetros de distancia.
Era un voto de confianza, lo sabía muy bien. Pero algo dentro de aquel ser le decía que era sincero la madre de sus crías. Sus ojos color miel, su rostro hermoso…
Sí, podría ceder en ello.
—Está bien, Tom —cedió Bitis—. ¿Puedo acercarme ahora? —preguntó recordando lo dicho por el de rastas.
Tom tragó saliva y asintió, por lo que Bitis acortó la distancia, tomándolo por la nuca, y besándolo, introduciéndole su lengua bífida, dispuesto a volver a calentarlo para llenarlo bien antes de que lo dejara con su mejor amigo para que se despidiera de sus padres.
Tom correspondió cerrando sus ojos y dejándose llevar por las caricias del contrario, aunque había algo que le frustraba, y era no poder sentir el calor de Bitis, aunque no era de extrañar pues era una serpiente, las serpientes son frías.
—Sólo hagámoslo una última vez antes de que me duerma, ¿sí? —masculló Tom, separándose sólo unos escasos centímetros de él. —Tengo frío y sueño.
Bitis asintió y volvió a tomar su cuerpo para llevarlo al nido, acostándolo nuevamente ahí, y tomando una de las telas que tenía, eran telas que su tribu le había regalado, normalmente le regalaban cosas, animales o fruta para que sobreviviera y telas para que pudiera calentarse mejor debido a que necesitaba calentarse para sobrevivir como cualquier serpiente, pero ahora tenía a Tom, que con su temperatura corporal podía calentarlo también.
Una vez entre sus piernas, otra vez, Bitis desvistió su cuerpo para volverse a introducir en él, y Tom lo abrazó, estrujándolo a su cuerpo.
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Georg se mordía las uñas ansiosamente mientras tomaba su celular y buscaba el contacto de los padres de Tom, había tenido que volver al hotel solo, pues los policías no podían hacer nada más evidentemente, sentía que no podía más con la presión de no saber dónde estaba su amigo y si estaba bien.
Marcó a uno de los contactos.
—¿Hola? ¿Georg? —contestó Simone al otro lado de la línea. —Qué bueno que llamas, justo había estado intentado hablar con Tom pero al parecer su celular está ocupado, ¿está ahí contigo?
Georg tomó aire y habló.
—Ho… Hola, señora Kaulitz, sí… Es justo sobre él que quería hablar con ustedes.
Por el tono de sus palabras, la mayor se dio cuenta de que algo no andaba bien.
—¿Pasó algo, Georg?
—Tom… Tom se perdió en la selva —dijo sin más el castaño.
En ese momento se escuchó que alguien más tomaba el teléfono.
—¿¡QUÉ NUESTRO HIJO QUÉ!? —se escuchó como Gordon hablaba ahora por el teléfono.
—Sí, nosotros estábamos haciendo un recorrido con un guía y otras personas, y él se quedó atrás, está perdido desde hace horas y la policía dice que no pueden ir a buscarlo debido a las lluvias que habrá durante los próximos días.
—¡No, esto no puede estar pasando, mi pequeño, mi niño está ahí perdido en esa selva con todos esos animales peligrosos! —Gordon se preocupó por su único hijo, y Simone volvió a tomar el teléfono.
—Tomaremos el primer vuelo a Brasil, Georg, por favor ve a recogernos al aeropuerto, no dejaremos que nuestro hijo se quede en esa selva por días, así tengamos que buscarlo nosotros mismos —pronunció decidida la mujer, viendo como su esposo comenzaba a lagrimear.
Georg por supuesto aceptó.
Y de inmediato por su parte, los esposos Kaulitz se pusieron a buscar vuelos directos a Brasil, no importando que el viaje fuera de mínimo unas doce horas y tuvieran que hacer maletas mentalizados de que buscarían a su hijo si la policía no lo hacía por las lluvias.
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Tom se había quedado completamente agotado, a un costado de Bitis, luego de que éste se viniera por segunda vez dentro suyo, dejándolo más que lleno.
Bitis lo arropó y lo observó detenidamente por un buen rato, pensando en la hermosa madre que había conseguido para sus crías, aunque lo más probable fuera que se parecieran a su padre, o sea a él, debido a que su material genético era muchísimo más fuerte que el de Tom.
Algo que no le había dicho a Tom, pensando en que sería todavía más información para él, era que probablemente alguno de sus antepasados hubiera pertenecido a su familia, eso era algo seguro, para que Tom hubiera heredado estos mismos rasgos, es que algún miembro de su familia era un descendiente también de las serpientes.
Antes, hace muchísimo tiempos atrás, cuando todavía los de su especie eran demasiado y vivían en grupos, casi como pequeñas tribus de su propia especie, habían varias familias, por decirlo de alguna manera, algunos eran serpientes negras, amarillas, verdes, blancas como él, y muchísimos más tipos, pero con el paso del tiempo fueron quedando pocos, hasta que solo quedo su familia, los cuales fueron asesinados por otra especie, específicamente por los descendientes del Caimán negro.
Así que sí, probablemente Tom era tataranieto de alguna persona de su especie que había salido del Amazonas y se reprodujo con un humano, lo más probable es que hubiera sido una mujer la que se juntó con un humano y tuvieron descendencia de híbridos y especie.
Bitis esperó pacientemente a que Tom despertara, sacando alimento que tenía guardado, para cuando lo hiciera. Él debía alimentarse bien para poder mantenerse sano.
Acarició el vientre de Tom nuevamente. Sus crías estaban más que protegidas ahora.
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Cuando Georg esperó a los Kaulitz en el aeropuerto, tenía un mal semblante, apenas había podido dormir un par de horas, sin casi probar bocado alguno, sintiéndose tan culpable por su mejor amigo, ya que Tom siempre lo apoyaba en todas las cosas que quisiera, incluso en sus aventuras más locas, pero… Él lo dejó atrás, y el castaño se sentía miserable porque su mejor amigo era su responsabilidad, ya que apenas se llevaban dos años, pero de Georg salió la idea de viajar y Tom accedió.
Él jamás debió separarse del de rastas, y ahora… Estaba allí, a punto de enfrentar a los padres de Tom que seguramente lo estaban odiando por ser un pésimo amigo.
Ya había pasado el momento donde lloró hasta que sintió secas las cuencas, sin embargo, no por ello sentía menos ganas de llorar, incluso aunque sus ojos estuvieran rojos e hinchados.
Apenas vio a los señores, es que alzó la mano, observando cómo se acercaban a él.
—Georg… —saludó Simone con expresión seria.
—¿No hubo alguna novedad en lo que viajamos? —inquirió Gordon con preocupación.
—No, señores. Los de la comisaría dicen que aún no pueden realizar la búsqueda por las lluvias. En verdad… Me siento terrible, no sirve de nada decírselos, sin embargo, si hacen una búsqueda quisiera unirme a ustedes —masculló Georg, que no tenía ni idea de cómo guiarse él solo en la selva, pero la culpa lo carcomía y no podría vivir con ello.
—¿Tienes un mapa de dónde los llevó el guía? —cuestionó Simone.
—Yo… Sí, creo. Vayamos al hotel, allí tengo todo —pidió Georg.
Gordon lo miró con reproche, pero aceptó, siguiendo al castaño.
Simone tenía un presentimiento que no la dejaba tranquila.
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Tom se despertó sintiéndose cálido, y con una sensación fría en su nuca que lo hizo estremecer. Luego al abrir los ojos, acostumbrándose a la oscuridad, es que se asustó, había olvidado dónde estaba.
Y esa sensación de frío en la nuca era… La lengua de Bitis, el cual lo sentía contra su cuerpo, abrazándolo por detrás. Aquel momento era íntimo, y en realidad no le desagradaba, incluso le gustaba cómo la mano del hombre serpiente lo tenía abrazado contra su cuerpo y podía adivinar que la presión que tenía en su trasero eran los penes de su serpiente.
Tom jadeó. Había dormido bien, pero si bien estaba excitándose, no creía que le rindiera el cuerpo en ese instante.
—Bitis… Espera —pidió Tom, girándose para verlo.
El azabache ojiverde lo observó.
—Debes comer —habló Bitis, sentándose y acercando un cuenco de madera con bayas moradas, lo que Tom sabía se llamaba açaí, se preguntaba de dónde habría sacado la fruta, ya que por lo que sabía la recolección era difícil al estar en lo más alto.
Sin embargo, el de rastas sintió cómo su estómago rugía, así que comenzó a comer las frutas, dejando las pepas al terminarlas, comiendo varias debido a que no sabía que tenía tanta hambre. No obstante, al final de comer tenía sed, y se relamió los labios, sintiéndolos dulces y secos.
Bitis acercó otro cuenco pero uno donde tenía agua, no sabía si era de lluvia o qué pero el hombre serpiente se lo acercó a los labios, haciendo que Tom bebiera, el de rastas aceptó que lo ayudara, mirando al ojiverde, y de algún modo percibiendo esto como un acto de cariño, y erótico a su vez.
Tom ya se empezaba a preocupar que si bien no era un joven sin libido, todo lo relacionado a Bitis lo excitara, incluso en lo más simple y ordinario.
Bitis estaba feliz de haber alimentado y saciado la sed de Tom.
Tom soltó un suspiro satisfecho y se tocó el vientre, así que ahora sería “madre” de serpientes, un poco perturbador si consideraba que saldrían de él como tal, serpientes, pero que luego podría verlos como bebés, eso lo reconfortaba.
Se perdió en sus pensamientos, sin dejar de acariciar su vientre, que a pesar de haber huevos ahí, se sentía suave, se preguntaba si sus bebés podrían sentirlo, se sintió un poco desanimado pues, no viviría una experiencia de maternidad común, decorar la habitación del bebé, comprarle sus ropitas, peluches, calcecitas, decorar su cuna, no, porque incluso Bitis dijo que serían independientes en cuanto nacieran, se preguntaba qué tan independientes serían, y sobre todo, cuántos huevos había puesto Bitis en su interior.
—¿En qué piensas tanto? —cuestionó el más alto, curioso al ver cómo el de rastas se había quedado viendo a un punto fijo ignorando su presencia.
Tom giró su cabeza para verlo, y en lugar de responderle, le hizo otra pregunta.
—¿Cuántos huevos pusiste en mí? —preguntó.
Bitis desvió la mirada, pensándolo con detenimiento, pues no lo sabía a ciencia cierta, ya que cuando él nació, según lo que le contaron en la tribu eran entre ocho o nueve contándolo a él, claramente, por lo que asumió que un aproximado así tendrían ellos. El azabache levantó la mirada para verle, y se mordió la lengua, no quería asustarlo, pues sabía que los humanos no solían tener muchos bebés, sólo en casos raros, pero lo común era tener uno en un sólo parto.
—¿No te vas a asustar? —musitó Bitis.
Tom negó.
—Quizás tengamos entre ocho y nueve crías —informó, esperando que el contrario no se asustara.
Tom abrió en grande sus ojos, y apartó su mirada, bueno, no se sorprendía demasiado, era de esperarse considerando que Bitis era una serpiente, las serpientes tienen muchas crías.
—Esos son muchos bebés —masculló Tom, poniendo su brazos a sus costados—. En mi mundo mantener una cantidad de bebés así es casi imposible, a menos que seas rico.
ㅡLa riqueza es subjetiva. Tendremos ofrendas de los habitantes de las tribus por protegerlos. Aparte de que el alimento no les faltará y nuestras crías sabrán buscarlo por sí mismos desde animales pequeños, hasta frutas y demás. Aquí tendremos mucho espacio para habitar. Aunque finalmente cuando ellos crezcan formarán sus propias familias al elegir a su pareja. Así que poseemos abundancia ㅡrelató Bitis.
Tom escuchó atento al hombre serpiente, percatándose de que sí, era evidente que luego tendrían sus propias vidas.
ㅡEntonces si yo pude estar contigo siendo humano… ¿Nuestros hijos podrán estar con humanos? ㅡinquirió Tom, procesando lo dicho por Bitis.ㅡ¿Por qué tú no estuviste con uno o una?
ㅡEn realidad no. Tom… Ya te mencioné que sólo puedo activar tu lubricación y características de receptor, en este caso porque tienes sangre de serpiente… Por lo mismo es que no quedaste preñado de un humano antes. Sólo las hembras pueden quedar embarazadas de humanos directamente, y así habiendo un mestizaje. Los receptores machos como tú, que no son abundantes de por sí, tienen que venir de una línea de receptores, para poder tener la capacidad de procrear, y no pueden tener hijos con humanos, es decir, si no preferías los machos, y estabas con una hembra, jamás habrías podido tener hijos, y un humano macho tampoco te habría preñado. Sólo puedes procrear cuando un espécimen macho serpiente activa tu celo con el llamado del apareamiento. En mi caso, el cuerpo de las hembras humanas no me serviría para los fines de procrear. Mis huevos hubieran sido rechazados en el útero de alguna humana, que no tiene la capacidad para incubarlos. Por lo mismo no despertaban ningún tipo de atracción ni deseo en mí. Los machos humanos no poseen útero, por ello no me sirven. Tu olor fue el que me llamó, y al observarte supe que eras un buen ejemplar para ser madre de mis crías. Sobre nuestros hijos… Depende de ellos si se meten con humanos o no, porque no siempre pueden tener hijos con ellos, a menos que nos salgan algunas hembras o con capacidad receptora como tú. Nuestra especie siempre busca la reproducción, lo tenemos en nuestra naturaleza, por lo mismo es que suelen buscar a sus semejantes para tener pareja, uno que pueda dar o recibir, según sus características ㅡexplicó Bitis.
Tom entendió que Bitis era virgen, y tan rico que se lo había hecho, le sorprendía que no fuese experimentado.
Aún lo aturdía el hecho de que tuviera sangre de serpiente, nadie nunca se lo dijo. ¿Sería de parte de su mamá o de su papá? ¿Alguien sabría algo? Eran muchas interrogantes en su mente.
Sin embargo, Tom frunció el ceño, analizando algo de la respuesta de Bitis.
ㅡPero dijiste que básicamente tu especie… Nuestra especie, bueno, las serpientes humanas están extintas. ¿Cómo es que existo entonces y de dónde es que habrán más serpientes para que sean parejas de nuestros hijos cuando crezcan? ㅡ inquirió Tom.
Bitis temía que le preguntase su origen.
ㅡSí, como te dije, vienes de una línea de receptores. Es decir, algún ancestro tuyo vivía aquí. Lo más probable es que una hembra con genes fuertes de receptora, y por ende, al irse y reproducirse con un humano… Es que finalmente existes tú. Lo cual me alegra, me da esperanza de que existan más como nosotros en el mundo ㅡnarró Bitis.
Tom se sentía conflictuado por todo lo que estaba escuchando, es decir… Tenía sangre serpiente, y era lógico, para poder lubricarse y resistir dos penes sin preparación previa. Pero volvió a ver al hombre.
ㅡPero no me respondiste a lo otro. Si por lo general se emparejan con quién puedan reproducirse, ¿de dónde saldrán parejas para nuestros hijos cuando crezcan? ㅡinterrogó Tom, porque sentía que sería un poco triste que sus hijos se quedaran solos al crecer.
ㅡNuestras crías elegirán pareja cuando crezcan ㅡrepitió Bitis, mirándolo con fijezaㅡ. Así que podrán decidir entre sus hermanos cuál es más compatible.
Tom abrió los ojos por completo junto con su boca al entender lo que acababa de decir Bitis, tocándose el vientre con protección.
ㅡ¡¿Mis bebés serán incestuosos?! ㅡpreguntó alarmado Tom, pensando lo horrible que sería que sus hijos se metieran entre ellos y… Tuvieran más hijos.
Bitis se llevó una mano a su mentón, como gesto de intentar recordar.
—Recuerdo haber leído sobre que estar entre parientes siendo humanos, tiene consecuencias, salen defectuosos debido a la endogamia… Sin embargo, somos serpientes, animales, la endogamia no tiene las mismas consecuencias para nosotros, no tendrán defectos físicos si es que eso te preocupa —explicó el azabache, pues según lo que sabía, incluso antes de su especie se extinguiera era muy común que las serpientes se hicieran en grupos y solo se reproducían con los mismos miembros de esos grupos, o sea se con su familia.
Tom soltó un suspiro, comenzaba a aceptar y procesar su nueva realidad, el cambio tan drástico de su vida, cuando él pensaba que se quedaría como el profesor joven de un colegio para niños ricos en Alemania, pero evidentemente todavía había cosas que tenía que asimilar. Estaba embarazado, en un país que sinceramente no conocía, su familia probablemente estuviera buscándolo (porque conocía a sus padres demasiado bien) y también ahora estaría el resto de su vida con el hombre de hermosos verdes que tenía a centímetros suyos.
Miro de reojo al azabache, que sólo se había quedado en silencio, expectante a él, a lo que hiciera o dijera, pero Tom sólo se limitó a verlo con la poca claridad que había en la cueva.
—¿Tú estás feliz con ser padre? —cuestionó Tom con suavidad, de repente, pues Bitis hablaba de reproducirse con mucha naturalidad, sin embargo sin tanta emoción, aunque bueno, era una serpiente, las serpientes no son muy expresivas en sí… Pero, una parte de él tenía la curiosidad si el azabache sería un padre cariñoso como normalmente sería un padre humano.
En ese momento, por primera vez el rostro del más alto expresó algo con sus facciones, algo similar a una sonrisa, aunque sus ojos brillaron con intensidad y asintió.
—Sí, Tom. No encuentro palabras en mi vasto vocabulario para expresar lo que significa ser padre para mí. Aparte del hecho de preservar mi especie claro está —musitó Bitis con aquel brillo en sus orbes.
Tom sonrió al notar ese entusiasmo, no de la forma más emotiva posible, pero consideraba que estaba bastante bien teniendo en cuenta el comportamiento frío de Bitis.
Tom se acarició el vientre con cariño, pensando que así fueran huevos de dónde saldrían serpientes, de igual modo serían la unión de ambos, incluso si todo esto era sin planificar al menos le brindaba cierta calidez en su interior al percatarse que Bitis genuinamente sería un buen padre y no sólo le importaba procrear y ya.
—Me hubiera gustado tener tantas cosas que mostrarle a un hijo mío. Cosas del mundo civilizado. Pero… —suspiró Tom nostálgico—. Tampoco sé si fuera de esta selva el mundo esté listo para nuestros bebés. Me daría mucho temor que intentasen hacerles algo. Aún no nacen y ya me pongo paranoico. No sé si atribuírselo a las hormonas, ¿siquiera genero hormonas para incubar huevos? Soy un maestro de Inglés, no sé nada de biología —comentó el de rastas, sintiéndose un chico tonto en ese instante.
Muchas veces le habían dicho eso, que era un «rubio tonto» y Tom ariscaba la nariz frente a ello, porque si bien no era el hombre (o híbrido) más culto del mundo, igualmente sí sabía cosas y por ello había podido terminar su licenciatura en pedagogía e idiomas.
—Sí, generas hormonas, normalmente se activan en situaciones de estrés, por búsqueda de alimento o defensa contra los depredadores. En este caso, la incertidumbre es un factor determinante para tu estrés como futura madre —explicó Bitis con tranquilidad—. Pero siéntete seguro de que aquí no te faltará nada, y que si bien te irás un tiempo, pues igualmente te sentiré conmigo, por lo que frente alguna amenaza iré de inmediato por ti, Tom. No sólo por ser el receptor de nuestras crías, sino porque tengo una conexión contigo —acotó el azabache.
Tom lo miró con fijeza. —¿En serio sientes una conexión? Si apenas nos conocemos —expresó el rubio, porque él, si bien muchas veces tenía un pensamiento romántico, creyendo lo lindo que sería tener un amor a primera vista, sabía que incluso lo que tuvo con Bitis no era amor como tal, sino el despertar sexual de su instinto como híbrido, que si bien Bitis era sumamente atractivo, no es que se conocieran más de lo que habían hablado. La vida tristemente no eran como los cuentos de hadas donde con un cruce de miradas, o en este caso sexo placentero para concebir, realmente ya pudieran tener un amor para siempre o una conexión inmediata, que ni Tom mismo había tenido con sus exs, por más que incluso con algunos duró unos meses.
—Sí, Tom. Siento una conexión, te mordí para que mi veneno te proteja, haciendo que tus defensas estén altas y volviéndote inmortal como yo. Puedo sentirte donde sea que estés, incluso estando lejos, y también percibir si estás en riesgo, y si bien lo hice con el fin de que gestaras saludablemente a mis cachorros, también fue con la intención de que pudieras tener una vida longeva como yo que tengo más de cientos de años. Como eres híbrido es que no tenías esa capacidad de vivir para siempre sin que tu pareja la activara. Te elegí como receptor de mis huevos, pero también deseo que seas mi compañía —farfulló Bitis.
Tom sintió su corazón latir acelerado, procesando toda la información… Aquella mordida… Era comparable con haberse convertido en vampiro, recibiendo el veneno de los colmillos de Bitis para ser inmortal… Pero también le estaba hablando de vivir para siempre juntos, básicamente como casarse y el de rastas no sabía cómo responder ante ello. Si realmente alguien le hubiera dicho que esto iba a pasarle, lo habría considerado una burla, sin embargo, ahora era su realidad. Tom se había vuelto el esposo de una serpiente humana que tenía cientos de años…
—Yo tengo veintiún años. Eso es mayoría de edad desde los dieciocho años en mi país, y si bien estuve con algunos chicos mayores que yo, lo máximo que me he llevado son quince años mayor que yo, y no lucía como tú, pensé que teníamos la misma edad —se sinceró Tom.
—Vas a lucir como estás ahora por siempre —dijo Bitis, observándole.
—El secreto de la eterna juventud… —soltó Tom para luego reír sin humor—. Jamás pensé que me casaría tan joven. Ahora estoy casado y embarazado, pero, hey, ¿al menos nacerán dentro de un matrimonio, no? —chanceó el rubio nuevamente.
Bitis lo volvía a ver inexpresivo.
—El matrimonio según lo que aprendí se dio por motivos religiosos, también por intercambios comerciales entre otros. Aunque están los que se realizan por motivos de amor. En este caso no tenemos una ley que nos ampare aquí para realizar aquella unión, pero sí, el que estemos unidos es algo perenne… A menos que realmente te canses de mí y sigas tu propio rumbo —masculló Bitis, considerando que sería algo lamentable que pasara eso, porque en serio se sentía muy unido a Tom, no obstante, sabía que luego de tener a sus crías, Tom era libre de dejarlo.
Tom suspiró. —Tal vez hubiera sido lindo tener la etapa del cortejo, ¿sabes? Salir en citas, conocernos, saber más del otro, antes de tener sexo, pensar en convivir y luego tener hijos. Pero, ¿qué digo? Todo esto no tuvo un orden natural, ni era de esperarse, básicamente pasé todo de una vez… Y sí, suena aterrador, sin embargo, sólo… Dejémoslo fluir, ¿está bien? Entiendo que vamos a ser padres, y me gusta que la idea no te desagrade, que demuestres interés. No puedo irme para siempre por nuestros bebés serpientes. Sólo… Quiero ir donde mis padres, hablar con ellos, y pasar el embarazo a tu lado después. No puedo prometerte un para siempre, Bitis. Porque en serio no te conozco, pero, sí quisiera ver a dónde nos lleva todo esto, más allá de la innegable química sexual que tenemos —acotó el de rastas.
—Entiendo —cedió Bitis, manteniéndose inexpresivo, y realmente lo hacía, así no fuera humano, comprendía que eran muchas cosas para procesar en tan poco tiempo. Bitis sabía que él mismo no tendría problema alguno en estar para siempre con Tom, protegiéndolo, y dándole su lugar como su pareja, que fuera un Dios más como él para los indígenas, no obstante, también sabía que el consentimiento no sólo aplicaba para lo sexual, sino para todo lo demás, y que así le doliera que Tom quisiera dejarlo después de tener a sus huevos, él no podría hacer nada para detenerlo.
Continúa…
Ya está disponible la continuación 😉
Estoy entendiendo a Tom si Bill es un pecado con 1 pene ahora con dos
jajajaja Tom dizque no quiere pero sí quiere jajajaaj gracias por leer y comentar :3 el siguiente capítulo es el final del oneshot :3