Notas: Fic hetero.

(Fic de Heiligtkt483 & YomiMrK)
«Dulce San Valentín» Episodio 1
—¡Y una mierda! —grité y me apresuré a ponerme en pie para luego hacer una carrera sin escalas al baño. Me había quedado dormida. Maldije a todo el mundo que me mantuvo despierta hasta tarde para conseguir que las sabanas se me pegaran, luego me di cuenta de que esas personas eran mis hermanos pequeños, así que me aguanté mis ganas de gritar y terminé de ducharme a la velocidad de la luz.
Me enrollé en una toalla para irme a mi habitación, aquella que era mía desde hace casi año y medio cuando mi hermana nos arrastró a la mansión de su novio, esta no contaba con baño por lo que usaba el de la segunda planta, junto con mis dos hermanitos pequeños. Salí del baño abrazándome a la toalla, ya se me había caído en ocasiones anteriores, y para mi suerte era mi hermana quien me vió hacer tal espectáculo, y ahora que vivíamos en esta tenía que abstenerme de escenas.
—Ey Kristen… —La voz grave que me saludó, me hizo detener mi andar en seco, giré la cabeza a mí derecha, y le vi a él, de pie en el umbral de la puerta de su habitación, que extrañamente estaba frente a la del baño. Le dediqué una mirada furibunda, y él solo ladeó la cabeza.
—¿Ya te vas a la universidad? —preguntó recargándose del marco de la puerta con los brazos cruzados, eso me dejó ver un gran campo detrás de él, y el desastre que tenía por habitación.
—¿No lo parece Tom? —pregunté de mala gana, de por sí ya traía mal humor y de repente al sujeto que me hostigaba se le ocurría detenerme en el pasillo cuando traía el tiempo contado.
Tom, un tipo de metro ochenta y cuerpo de muerte, con serpientes negras en la cabeza atadas en un moño alto, tenía cara de niño, ojos coquetos y sonrisa seductora, además de un sentido del humor retorcido.
—Veo que traes mala leche —dijo él frunciendo su nariz, ya en otra ocasión le he dicho que parece rata haciendo eso, pero no nombraría ese detalle ahora, sería darle cuerda no necesaria—, y una toalla pequeña —dijo con tono cantarín moviendo el piercing que tenía en la orilla izquierda del labio inferior, achiné los ojos en respuesta, comenzó a avanzar hacia mí para dar pasos a mi alrededor, parecía un león cazando a su presa—, sería una lástima que se cayera —se relamió los labios y tocó la orilla baja de la toalla, cerca de mis piernas, le dio un tirón y entonces apreté más mi brazos alrededor de la tela que cubría mi desnudez.
—¡¿Qué coño intentas hacer Tom?! —pregunté con pánico, quise fulminarlo con la mirada, pero se posó a mis espaldas, me giré y le di un buen golpe en el hombro, él se río con ganas y yo casi me tiento a patearlo, pero recordé que traía una toalla pequeña y desistí.
—Vamos, te ayudo a cambiarte —invitó volviendo a tomar mi toalla para tirar de ella, de nuevo hacia abajo—, pero primero hay que quitar esto —jaló de nuevo, gruñí y me hice hacia atrás intentando proteger mi desnudes.
—¿Qué rayos haces Tom? —preguntó una voz, miré hacia allí sin soltar la toalla pegándome a la pared. Un rubio altísimo nos miraba con los brazos cruzados, quizás las botas de cómo quince centímetros de plataforma influían en su estatura. Bill, mi cuñado, el gemelo del imbécil que me quería quitar la toalla del cuerpo nos miraba con mala cara.
—No empieces mami, solo estaba jugando con la hermana de la cuñada —soltó Tom encogiéndose de hombros, Bill rodó los ojos, supongo que a estas alturas ya estaba acostumbrado a que Tom dijera lo mismo cada vez que me tocaba las narices. Bufé y retomé el camino a mi habitación.
—Se me hace tarde —Lo recordé de repente, Bill asintió, pasé por su lado y llegué a mi puerta, miré hacia atrás, Tom me miraba con unos ojos atrayentes, le mostré el dedo corazón y se descojonó de la risa.
Entonces entré a mi habitación. Me puse ropa interior, abrí el closet y me embutí en los primeros jeans que tuve a la mano, me metí en una blusa de raros estampados y saqué mí cabello, tomé una chaqueta, esa que me regaló mi cuñado en mi cumpleaños dieciocho, no podía ponerme remilgosa ahora que tenía el tiempo justo para llegar a la universidad. Apenas pasé un cepillo por mi melena, y después puse un poco de colorete en mis mejillas y gloss en mis labios. Tomé mi bolso en que estaban mis cosas para la escuela y salí corriendo de mi habitación. Y estuve a punto de atropellar a alguien.
—¡Lucy joder! —solté tomando el pequeño cuerpo de mi hermanita menor para no irme de largo y tumbarla.
—¡has dicho joder! —me acusó haciendo morritos, rodé los ojos, Emily insistía e insistía en que delante de ella no se podían decir palabrotas.
—Lo siento enana, me tengo que ir, te quiero —besé rápidamente su cabello y corrí a las escaleras.
—¡No bajes corriendo! —gritó a mis espaldas, caray, esta niña era peor que Emily a la hora de los regaños, y eso ya es decir mucho. Bajé de dos en dos las escaleras, sin apurarme tanto que seguro la enana me reprendía de nuevo. Me desvié hacia la izquierda, pasé por la puerta vaivén y me encontré en una lujosa cocina de diseñador.
—Buenos días —saludé a la chica que me daba la espalda, ella se giró hacia mí con una sonrisa y una taza de café entre las manos.
—Buenas Kristen —me saludó ella, dejó a un lado la taza, luego volvió a girarse, y volvió a girar dejando un vaso con jugo de naranja en el mesón a mitad de la cocina—, ¿se te pegaron las sabanas? —preguntó con una gran sonrisa, me mordí los labios observándola, desde hace dos años su rostro normalmente estaba con una sonrisa e iluminado, sonreí alegrándome con ella.
—Sí Emily —rodé los ojos, me acerqué rápido al mesón y tomé el vaso, me lo tomé rápidamente, el tiempo apremia, cuando me lo terminé dejé el vaso sobre la superficie—, ahora me marcho que no llego a neurofisiología —le dije, me acerqué rápido a mi hermana y le besé en la mejilla—, la vieja es una cascarrabias —me alejé para entonces salir de la cocina, pero una figura me impedía el camino a la puerta.
—Podría llevarte —dijo él extendiendo sus brazos para señalarse a sí mismo, rodé los ojos y miré a Emily.
—No pienso ir con este —le dije a mi hermana señalando al otro, ella suspiró y nos miró cruzándose de brazos.
—¿Tan temprano y discutiendo? —preguntó, suspiré y sonreí con ironía.
—No estamos peleando Emily —le solté, de repente sentí los brazos de Tom tomarme por los hombros, me cruzó un escalofrío por la espalda, Tom estaba T O C A N D O M E. Cerré los ojos y olí con disimulo su perfume, apreté los dientes reprendiéndome a mí misma por ser tan débil.
—¿Podrías no abrazarme? —solté entre dientes, Tom se río cerca de mi oreja y le empujé para sacármelo de encima—, y no, no puedes llevarme —contesté mirándole a la cara, me miró haciendo un puchero.
—Quiero llevarte a la UNI —me dijo llevándose una mano al pecho y haciéndome ojitos, bufé y rodé los ojos.
—Estarás jodiendo todo el camino a la UNI —le acusé, lo aparté de mi camino poniendo una mano en su pecho, me salí de la cocina con paso firme.
—¡Kristen espera! —llegó junto a mí corriendo, se posó delante de mí impidiéndome avanzar, suspiré con desgana y le miré levantando las cejas—, hay algo sobre lo que debemos hablar —murmuró y fijó su vista en la cocina, fruncí las cejas y miré hacia atrás sin comprender—, hay un plan que llevar a cabo —susurró más cerca de mi oído, su cálido aliento golpeó mi oreja erizándome la piel, su grave voz hizo temblar mis piernas, apreté los labios uno contra otro intentando mantener mis piernas firmes.
—De acuerdo —asentí y me alejé de él para mirarle a la cara, él sonrió ampliamente.
—Sonríes muy bonito como para estar siempre enojada —soltó, hasta ese momento me di cuenta de que la sonrisa de este imbécil me había hecho una igual en mi rostro. Borré mi sonrisa y tragué saliva, si no me aplicaba, más cosas como estas sucederían y él pronto se daría cuenta de que me gustaba, de que le adoraba y amaba con todo mi corazón. Carraspeé y me coloqué mejor el bolso al hombro en un intento de disimular mis nervios.
—Vamos que se me hace tarde —le empujé suavemente en el pecho, él sonrió satisfecho. Me hizo una seña para que pasara delante de él, lo hice y salí por la puerta principal con él a mis espaldas, bajé las escalerillas para llegar al patio de enfrente, un gran patio de enfrente. Ahí había un hermoso Audi deportivo aparcado bajo un frondoso árbol a un lado de ‘la casa grande’. Escuché como le sacó el seguro al coche, me apresuré a subir y ponerme el cinturón de seguridad dejando mi mochila sobre mis piernas, para echarle un poco de prisa. Vi a Tom pasar frente al coche y subir del lado del conductor, se puso el cinturón y emprendimos la marcha hacia la universidad.
—¿Y bien? ¿Cuándo vas a comenzar a hablar? —pregunté mirando por la ventanilla el coche que venía detrás. Desde hace un año cada que voy en un coche con alguno de los gemelos me pongo nerviosa con los coches que venían detrás de nosotros… Al ser ellos tan famosos, los fotógrafos les seguían a cada paso, y hace un año nos chocaron mientras intentaban sacarnos una foto, a mi hermana, Bill y yo. Pero el coche de atrás se veía normal y sin cámaras siguiéndonos. Volví mí vista a Tom levantando las cejas esperando a que comenzara a hablar. El coche se detuvo, me extrañó eso y miré hacia el frente, estábamos parados en el semáforo, volví a mirar a Tom, él miró por el espejo.
—¿Todavía te dan miedo los coches? —Cuestionó mirándome a la cara con seriedad, fruncí los labios y desvié la mirada.
—Solo un poco, las Vans me ponen de los nervios —contesté y miré hacia la ventanilla, el coche volvió a ponerse en marcha y nos volvimos a quedar callados.
—Tom —le llamé y miré, él levantó los hombros sin separar la mirada de la calle. Era muy responsable a la hora de manejar, el único accidente que tuvo fue cuando adolescente, metiendo el coche de su madre al garaje luego de robárselo para irse de juerga con sus amigos.
—Dime —me invitó, le observé girar el coche a una mano, con la maestría que se obtiene con los años, antes de darme cuenta me había perdido en su rostro, su amplia frente, sus largas pestañas quebradas, su nariz respingona, sus labios carnosos, que miles de mujeres habían probado, y ese mentón tan bellamente definido. Parpadeé repetidas veces para obligarme a mirar hacia otro lado.
—¿Qué era eso del plan para llevar a cabo? —pregunté mirándolo de reojo y volviendo a apartar la mirada, esta era una de las razones por las que no me gustaba estar cerca de él, mis ojos siempre le buscaban y le seguían a cualquier parte.
—Umm, disfruta el camino, la calle, las personas volviéndose a mirar el coche —soltó Tom, esa manera suya de contestar me crispaba los nervios, inhalé hondo y me miré de lleno con gran molestia.
—No hay algún plan, ¿cierto? —Pregunté, él chasqueó la lengua, movió su mano hacia el estéreo del coche y encendió la música, casi me puse a gritar, detestaba que me ignorasen, apagué el estéreo de un manotazo, el coche no tenía la culpa, pero ya me había cansado—, para el coche que quiero bajarme —le dije llevando una mano al broche del cinturón para sacarlo.
—No seas tan loca Kristen —me reprendió él, bufé y lo miré de manera fulminante.
—Y tú podrías ir directo al punto —contesté dejando en paz el cinturón, me crucé de brazos y miré al frente.
—Vale, sabes que no me gusta distraerme al volante, lleguemos a tu UNI y ya hablamos —soltó sin mirarme, suspiré y acepté. Llegamos al campus, aparcó en un puesto libre del estacionamiento, se soltó el cinturón y yo hice lo mismo para acomodarme, miré mi reloj de pulsera, ¡genial! ya no llegué a la primera clase.
—Se trata de que mañana es San Valentín —dijo haciendo una sonrisota, me tomó un momento entender a lo que se refería, entonces levanté las cejas realmente sorprendida—, no me digas que no lo sabías —dijo arrugando el rostro como sorprendido, me mordí los labios y me encogí de hombros.
—Se me ha pasado, tengo… tengo muchas materias en la cabeza —le expliqué, él sonrió.
—No tienes para quién recordar el día —soltó, lo fulminé con la mirada, mi mano se movió sola hacia la manilla de la puerta y tiré de ella, le empujé y quise salir, pero sentí que tiraban de mi brazo hacía abajo, me detuve en la puerta y me caí de culo al asiento, gruñí furibunda, me ardió.
—Ya lo siento, me pasé —se disculpó, pasó casi sobre mí para jalar la puerta y cerrarla de nuevo, me quedé quieta en mi asiento sintiendo su cuerpo tocar el mío, entonces regresó a su asiento y le miré—, se trata de Bill y Emily —explicó, ahora sí estaba peor que perdida.
—No entiendo… ¿Eso que tiene que ver conmigo? —pregunté frunciendo el ceño medio confundida. Él rodó los ojos con un poco de indignación.
—Se trata de que Bill le está preparando una sorpresa a Emily para pedirle matrimonio, mañana —soltó por fin, enfatizando lo último, levanté las cejas y abrí un poco la boca, todo cobró sentido—, y quiere que nosotros le ayudemos a que todo salga bien —explicó ladeando la cabeza. Una sonrisa cruzó mis labios y acepté enseguida ayudarle a Tom para que Emily y Bill tuvieran un dulce San Valentín.
Eran las siete cuando tuve mi última clase y Tom llegó a buscarme después, subí a su coche luego de despedirme de mis amigas que se le quedaron mirando con babas en la boca. La primera vez que vino a buscarme las chicas se les habían lanzado a los brazos, y lo entendí a medias, era Tom Kaulitz, el guitarrista buenorro de Tokio Hotel, aunque a mí no me parecía tan guapo, al principio claro. Durante el camino a casa Tom no habló y se lo agradecí, no soportaría su humor ahora que me pusieron una prueba y casi la desapruebo por estar pensando en la sonrisa del imbécil. Llegamos a su casa, bajamos del coche luego de que me abriera la puerta, entramos a la casona, luego de que me abriera la puerta.
—¿Vas a dejar de abrirme las puertas? —pregunté con cierto cabreo en la voz, Tom se río sin dejar de avanzar hacia las escaleras, le seguí, bueno no tanto así, iba a mí habitación.
—Siento querer ser un caballero contigo Kristen —contestó volviéndose un poco cuando subía el segundo peldaño, bufé y comencé a subir las escaleras, llegamos a la segunda planta, encendí la luz del pasillo que estaba sumido en las penumbras. Tom desapareció en su habitación y cerró la puerta a sus espaldas, me dirigí a mi habitación, al lado de la suya, entré y dejé mis cosas en un lado, me di una ducha rápida y luego me vestí para ir a cenar. Bajé luego de cepillar mi cabello húmedo, me dirigí al comedor, Bill y Tom ponían la mesa, les ayudé a poner los vasos.
—¿Vendrán Georg y Gustav? —Les pregunté estirándome un poco por sobre la mesa para poner un vaso junto a Tom.
—Sí, al parecer no tienen casa —soltó Tom riendo, Bill le picó las costillas riéndose. Georg y Gustav venían a cenar una vez a la semana, dos cuanto mucho, pero en la última semana vinieron todas las noches. Me reí viéndolos pelear en el comedor a manotazos. Dejé de reír para llamar a los pequeños de la casa, era ya una costumbre cenar todos juntos, cuando volví al comedor Emily servía los platos.
—Estofado de salchicha picante y patata —contestó mi hermana cuando le pregunté que había para cenar. Tocaron el timbre y Bill fue a abrir.
—Hola familia ¿cómo les va? —escuché la voz de Georg, me reí y le dediqué una rápida mirada a Tom, él rodó los ojos y negó con la cabeza. Les vimos aparecer en el umbral de la puerta sonriendo, Georg sostenía una tarta en las manos.
—Para el postre —dijo con una gran sonrisa, Emily se rió y llegó con ellos, les saludó con dos besos en las mejillas y aceptó la tarta como la anfitriona.
Después de los saludos nos sentamos a la mesa y cenamos en paz, con arduas conversaciones. Cuando terminamos los chicos hicieron sobre mesa, y nosotras les ayudamos a los pequeñuelos a arreglar sus maletas. Mañana por la mañana los pequeños salían con los scouts a un campamento por unos días, Emily se puso como loca, no le convencía nada la idea de dejarles ir, pero bueno, los pequeños querían ir y ella tenía que amarrarse el corazón.
Más tarde nos fuimos a acostar, mañana el día comenzaba muy temprano.
Continuará…