
(One-Shot de Kasomicu)
Ebony trouble. Parte 1
Tom estaba mordiéndose el labio inferior al observar su celular, fijándose que Bill le había dejado varios mensajes, siempre el alfa siendo tan intenso.
—Tengo que decírselo pronto… Porque sino alguien más podría quitarme la oportunidad de estar con la persona más increíble que haya conocido —habló Tom para sí mismo, sonriendo de medio lado, pensando en todo lo que había sido capaz de hacer por alguien.
Aunque tenía nervios, muchos de hecho, pensando en lo que podría pasar si le decían que no… Pero el que no arriesga no gana decía la frase, y sentía que era demasiado tarde para retractarse, y desde luego no después de todo lo que hizo, por lo que le respondió el mensaje a Bill, diciéndole a qué hora terminaría su turno como mesero en el bar en su último día de trabajo, ya que tendría que retomar las clases en la universidad, y por lo mismo quería enfocarse sólo en ello.
Bill le dijo que iría a recogerlo sin Tom pedírselo, por lo que se limitó a poner los ojos en blanco y bufar, ingresando al establecimiento, sonriéndole a su jefa que estaba con el cabello castaño planchado y traje de sastrería puesto, con el teléfono al oído, Tamara Mühler, quien con un asentimiento le devolvió el saludo no verbal, mientras el castaño se amarraba el cabello en una coleta, y se ponía su mandil, teniendo ya puesto la camisa y pantalones de vestir para la ocasión, se había quitado los pendientes largos porque no era prácticos para su trabajo, pero por lo demás estaba igual.
Era un tanto peculiar cuando se era beta, pero era algo que tanto Tom como su jefa sabían, porque la mayor también era beta, en un mundo donde quienes tenían más importancia solían ser los alfas u omegas, y los betas eran totalmente ajenos a todo ese lío que implicaban los celos, rut, instinto animal, entre otros.
Tom mismo era hijos de un hombre alfa y un hombre omega, él siendo igual a su papá omega, quien lo gestó, y por eso es que todos esperaron que él fuera omega, pero no, Tom era de esos escasos casos donde terminó siendo beta, totalmente ajeno a las feromonas y demás.
En realidad Tom no prestó mucha atención a las clases que explicaron todo al respecto sobre la reproducción de alfas y omegas, porque él mismo en casa no sabía mucho, ya que si bien su papá alfa, que se llamaba Julian, tenía su rut, casi nunca se percataba, y su papá omega, que se llamaba Nicholas, también al tener su celo no era algo que Tom se enterase, ya que seguía trabajando como si nada.
Bill mismo, que en sí se llamaba William, sólo le permitía a Tom llamarlo Bill porque habían sido mejores amigos desde el kínder, pues él era alfa, y tampoco se percataba cuando tenía su rut o algo, y eso que prácticamente Bill vivía con él, lo cual era inquietante si se ponía analizarlo, ya que su mejor amigo no es que tuviera problemas económicos, no cuando era un actor, modelo y demás variantes muy conocido a nivel internacional, pero sí, igualmente lo tenía casi como si fuera su roommate, aunque Bill solía ser más que eso… Porque si Tom no le respondía, le llenaba de llamadas, e incluso llamaba a sus amigos, Dios sabía cómo es que Bill había conseguido el número de sus amigos, pero los tenía, y también controlarlo muchas veces haciendo que Tom se sacara de quicio pero terminaba por dejárselo pasar.
Era un tanto complicada la relación que tenía con Bill, pero siempre habían estado juntos, excepto cuando viajó al extranjero…
Pero Tom sabía que adoraba a su mejor amigo, así le sacara de sus casillas, y que era mutuo, sólo que habían muchas cosas que Tom no sabía de Bill, lo cual era extraño porque Bill sabía todo de Tom, o bueno, casi todo.
Tom estaba trabajando diligentemente, ofreciéndole una sonrisa a los clientes, algo que le aseguraba tener propinas, un buen trato y una sonrisa, algo que siempre lo había caracterizado, cuando escuchó un: —¡Mesero, apúrese y atiéndame! —donde Tom tuvo que resistir las ganas de poner los ojos en blanco porque reconoció la voz de inmediato, en lo que la gente se puso a cuchichear al respecto, aunque no pudiera oírlos por la música.
Tom se dirigió hacia el recién llegado, un hombre más alto que Tom, quien tenía el cuerpo con musculatura más trabajada, con el cabello negro hacia atrás, usando un traje, con una sonrisa de medio lado cuando los ojos del castaño conectaron con los suyos.
—¿No dijiste que me ibas a recoger a la salida? —inquirió Tom observando al modelo.
—Sí, pero me quedaba cerca y por eso vine —respondió Bill, y Tom sabía que mentía, pero lo dejó pasar.
—No puedes usar tu encanto para simplemente quedarte aquí sin ordenar nada, estoy trabajando, Bill —regañó Tom, observando que su jefe los veía a lo lejos.
—Dame… Estas que no tienen alcohol —mencionó Bill, señalando la carta, Tom soltó un suspiro pero asintió para ir a avisarle al bartender.
Aún faltaban como cuatro horas para que Tom terminara su turno, pero no le sorprendía que estuviera ahí. Le llevó primero su bebida sin alcohol, porque sabía lo insistente que era el alfa, para seguir trabajando con el resto de clientes.
Pero si bien iba pasando el tiempo, Bill era una molestia constante, por lo que estaba llamándolo a cada rato, para decirle que estaba muy borracho y que lo llevara a casa, cuando ni siquiera había tomado una gota de alcohol, por lo que Tom le rebatía de que no le pidió que fuera tan temprano, en sí no le había pedido ni que fuera, sin embargo, eso no se lo diría a su mejor amigo, quien estaba ahí haciéndole pucheros de reclamo como si fuera un niño chiquito y berrinchudo cuando Bill tenía su misma edad, y le ganaba por altura y cuerpo.
Tamara llamó a Tom, y éste se tensó, pensando que iba a regañarle por la presencia de Bill.
—Discúlpame, Tamy, es que Bill es un poco pesado —masculló Tom avergonzado, la mayor se rió.
—No te preocupes, sólo que te quería decir que ya puedes retirarte, has sido un maravilloso empleado todo este tiempo, no habrá diferencia si te vas un par de horas antes —mencionó Tamara, sonriéndole al menor.
—¿En serio? Es que aún quedan algunos clientes —musitó Tom, sorprendido pero feliz de que estuviera diciéndole eso.
—Sí, yo me encargo, ve a ponerte tu abrigo y deja el mandil —instó Tamara, y Tom le sonrió, haciéndole caso.
Cuando Tom salió del cambiador se percató que Bill estaba hablando con la mayor, y sintió una presión en la boca del estómago, ¿quizá por eso es que vino tan temprano? Para pedirle el número a su jefa, quien se lo estaba anotando con una sonrisa. En parte lo comprendía, Tamy era muy guapa, sólo que no entendía por qué Bill quisiera salir con ella, fuera de que nunca le había conocido pareja alguna, era el tema de que por lo general los alfas salían con omegas, los betas solían salir entre sí.
Cuando Bill lo vio se despidió de ella para acercarse a él. —¿Nos vamos? —preguntó y Tom asintió, para seguirlo y subirse al asiento de copiloto en el auto de Bill.—¿Tu jefa estudió en la universidad de Berlín, no?
—¿Tamy? Sí —respondió Tom, frunciendo levemente el ceño—, ¿por qué te interesa tanto? ¿Quieres salir con ella? —inquirió el castaño viéndolo de reojo.
—Es tu jefa y mayor como para que estés tuteándola así y respondiendo a lo otro, no es de tu incumbencia —respondió Bill sin verle.
Tom chasqueó la lengua, poniendo los ojos en blanco. —Tamy es beta, Bill, no es una omega —le recordó.
—¿Y qué tiene? Tú también lo eres —acotó Bill.
Tom bufó, Bill parecía no entender o se estaba haciendo el tonto, por lo que el castaño se quedó mirando a la ventana.
—Mañana me confesaré con Amy —contó Tom, buscando cambiar de tema, sonriendo al pensarlo.
—Ah, mañana —masculló Bill, apretando con más fuerza el volante mientras conducía—, me parece genial, te deseo la mejor de las suertes con mi prima. Iré contigo, para que al terminar me invites algo para celebrar cuando te dé el sí o si te da el no, igualmente me invites algo —terminó por decir el de cabello azabache, mostrándole una sonrisa digna de comercial de Colgate, no sólo por lo brillante, sino también por lo fingida.
Tom soltó un suspiro. —Realmente no sé por qué insistes en que te invite a comer si ganas por mucho más dinero que yo, pero está bien —cedió el castaño.
—Quéjate todo lo que quieras, pero amas consentirme comprándome cosas —chanceó Bill, guiñándole un ojo, y detuvo el auto cuando llegaron al departamento de Tom.
Tom puso los ojos en blanco frente a las molestias de su mejor amigo, pero salieron juntos subiendo a su departamento, con el castaño metiéndose a la ducha, al mojarse pensando en lo que le diría a Amy mañana… No quería arruinarlo, se enjabonó bien y enjuagó, hoy día sería el último día de práctica, así que al salir y ver a Bill desnudo no se sorprendió, aunque sí se sonrojó por ello, no acostumbrándose de todo al cuerpo trabajado del más alto, sacó las esposas del cajón junto con el antifaz, y se los puso, echándose en la cama, abriendo las piernas.
—Sólo hazlo —pidió Tom, al menos se sentía más seguro cuando veía las penumbras, ahora… Al inicio sí le dio mucho temor el ponerse el antifaz, gradualmente es que fue acostumbrándose a ello.
Bill apretó los labios, sacando el tubo de lubricante, echándose una cantidad generosa en los dedos para presionarlos contra su hendidura, con Tom mordiéndose el labio inferior, y el de cabello azabache quiso besarlo para ayudar a que se relajara.
—No, eso es algo demasiado íntimo para ser sólo una práctica entre amigos —resonó la voz de Tom en una ocasión, por lo que se detuvo a medio camino, sólo dilatando a su mejor amigo para lo que sería su última “práctica”.
Y es que Bill no contó con que Tom conociera a Amy, su prima beta que era idéntica a él, sólo que en mujer, y con el cabello largo, pero quiso desanimar a Tom de su gusto por ella, mencionándole que ella tenía fetiches peculiares donde disfrutaba de sodomizar a hombres usando un arnés con dildo mientras los tenía amarrados, tapándole los ojos, sin embargo, Tom no se desanimó por ello, comentándole a los días que igualmente quería intentarlo con ella.
Su mejor amigo que era virgen terminó accediendo a ser sodomizado por su prima, que ni siquiera era heterosexual, pero cuando Tom le contó que se había comprado un juguete para prepararse para ello… Bill lo vio como la oportunidad perfecta, y así es como empezaron las “prácticas” donde Bill, incluso siendo más grande que el dildo realista que había comprado Tom, empezó a enseñarle a su mejor amigo, el que se acostumbrara a recibir algo por detrás, con Tom corriéndose desde el inicio, incluso habiendo sido virgen, y cuando intentó tocarse a sí mismo sin provocarse la misma reacción que ocasionaba Bill en él.
Porque en sí Bill estaba enamorado de Tom, y nunca se lo había confesado, pero al tener la oportunidad de acostarse con él, haciéndole el amor, en lo que Tom pensaba que sólo era algún tipo de intercambio, Bill en realidad se grababa todas las expresiones de su mejor amigo en sus momentos más frágiles cuando Bill estaba haciéndoselo.
Tom disfrutaba demasiado de ser penetrado, incluso aunque Bill hiciera un esfuerzo desmedido para no anudarse, sólo para no lastimarlo, y cómo le quemaban los labios por besarlo, sólo quería probar su dulce boca, pero Tom no lo aceptaría, por no corresponderle. Sólo que en sí Bill estaba convencido de que su amigo sí lo amaba, sólo que no quería aceptarlo, ya que se había fijado en Amy, que era su versión con tetas y vagina, así que definitivamente era una señal.
Bill sabía que hacía mal al mentirle a Tom, porque Amy ni siquiera era heterosexual, ella era lesbiana, y de hecho para ella es que había conseguido el teléfono de la jefa de Tom, porque le gustaba, así que el único arnés que usaría su prima sería con otra chica beta, y no con Tom, pero claro que su mejor amigo no debería saberlo. Él mismo se había encargado de amenazar a Amy para que se mantuviera alejada de Tom, pero ella le dijo que si bien era guapo, no tenía ningún interés en él.
—¡Sólo métela! —pidió Tom, con la cara contra el colchón, con su erección bañada en preseminal, mientras Bill seguía torciendo sus dedos dentro suyo, estimulándole la próstata, y el castaño iba a correrse sólo con eso, lo cual a su parecer era de lo más humillante, así que sólo quería que Bill lo abriera bien para estar listo para Amy.
—Está bien, impaciente —farfulló Bill, sacándole los dedos para darle una nalgada que hizo que Tom se mordiera el labio para no gemir, no ayudaba que lo tocara de aquella forma cuando ya estaba sobrestimulado porque sólo lo excitaba más, pero después de ello es que Tom boqueó al sentir cómo la punta del miembro de Bill iba presionando su agujero distendido.
Bill sintió nuevamente a Tom ser una magnífica funda para su pene, tan estrecho pese a que lo hacían varias veces a la semana, y nunca sólo una vez, por lo menos tenían que correrse unas dos o tres veces, pero igualmente Tom seguía igual de apretado, por lo que sujetó con ganas las nalgas respingonas de su mejor amigo, para comenzar a embestirlo, hundiéndose dentro de su interior delicioso… Si tan sólo Tom fuera un omega…
Por lo que Bill sabía por unos artículos, sí habían estudios al respecto, sobre cambiar el segundo género de betas, sólo que los resultados salían “no concluyentes”, por lo que cabía la posibilidad de que ya hubieran realizado estudios en humanos pero sin conseguir lo que deseaban, lo cual desanimaba a Bill, ya que si Tom fuera omega, no sólo sería más fácil porque era lo que se esperaba de él, que se metiera con un omega, en sí eso pasaba con todos los alfas, la sociedad les decía que lo más natural es que se metieran con un omega, porque uno está diseñado por resistir el nudo, porque tienen celo, al igual que ellos tenían su rut, y porque puede gestar sus hijos, sino también porque así podría hacer que Tom le hiciera caso, llamándolo con sus feromonas, porque Bill aprovechaba el que Tom no pudiera distinguir las suyas, y desde que se habían empezado a acostar le dejaba impregnado sus feromonas de alfa, por lo que eso hacía que el resto de alfas sintieran incomodidad al tenerlo cerca, porque Bill era plenamente consciente de que Tom era un beta muy atractivo, así que sabía que muchos alfas podrían querer acostarse con él ya que la mayoría de alfas que se metían con betas ni siquiera era por tener un interés romántico, sólo por ser algo meramente sexual.
En su caso no era así, Bill estaba enamorado de Tom, desde siempre, así que si bien sabía que no podía tener hijos con Tom, aunque deseara profundamente que a su mejor amigo le creciera un útero para poder hacerle miles de hijos, sabía que esto era más que atracción sexual, Tom no tenía feromonas de omega, su ano no se lubricaba naturalmente, y pese a ello, Bill no podía sacárselo de la mente. Bill quería todo con Tom, hacerlo suyo pero de una forma que no sea una excusa para follar, sino que realmente se entregaran el cuerpo y alma, casarse con él, adoptar o tener hijos por embarazo subrogado, lo que sea pero con él. Sólo que no se lo había dicho nunca…
Ahora mientras veía su espalda quebrada, con el trasero levantado, mientras seguía dándole estocadas que hacía que Tom apretara más su culo, y soltara exclamaciones opacadas por su rostro contra el colchón… Bill sabía que lo amaba, que ese cuerpo que se iba bañando en sudor que lo recibía de aquella manera tan exquisita era de la persona que más amaba, por quien giraba su mundo, que siempre había estado obsesionado con su mejor amigo, jurándose a sí mismo no dejarlo nunca, y volviéndose mucho más sobreprotector luego de que secuestraran a Tom cuando eran niños…
El mundo era una mierda, y Tom muchas veces pecaba de ingenuo, de confiado, Bill sólo quería protegerlo, y nunca separarse de él, sólo Bill podría cuidar a Tom, salvarlo… Como Tom mismo había hecho con él, salvándolo de la situación de mierda en la que estaba desde que nació porque su madre no lo amaba, sólo frente a las cámaras se había demostrado como una madre devota, llevándolo a los sets de televisión, y de películas desde niño, para representar aquel otro papel: el de una buena madre.
Bill nunca tuvo cariño de su parte, ahora mismo ni siquiera sabía cómo estaba su madre porque nunca se dignaba ni a contestarle las llamadas, mandándola directamente con su manager, como si Bill fuera un completo desconocido.
Pero tanto Tom como sus padres habían hecho que Bill encontrara un propósito, sintiera el calor de un hogar, y Tom lo había encantado con su sonrisa desde niños.
Tom era su hogar, y por eso Bill sabía que haría lo que fuera para nunca dejarlo ir, de hecho hasta había empezado a construir una casa por el arquitecto del cual Tom era súper fan, Anis Ferchichi, aquel alfa insufrible, cómo lo odiaba, pero era quién había contratado, aceptando el trabajo porque al parecer era amigo de su madre, y que ahí es que se enteró que su madre estaba mal de salud…
Evidentemente David, su manager, no le dio respuesta alguna cuando quiso saber más, diciéndole que Charlotte no quería hablar con él ni ahora ni nunca.
Todo lo que Bill tenía era a Tom… Con ese mismo afecto, es que lo sujetó con más fuerza por las caderas, arremetiendo más profundo dentro de Tom, el cual sentía cómo es que su miembro se frotaba contra las sábanas, mientras ponía los ojos en blanco detrás del antifaz, apretando sus manos aunque no pudiera moverlas… Bill lo hacía sentir tan bien, la forma en lo que llenaba, Tom definitivamente no sabía que se podía disfrutar de algo así, así que estaría más que preparado cuando Amy se lo hiciera… Tratando de recordarse que todo esto era por Amy, ¿cierto?
Tom se vino con fuerza contra el colchón, y Bill se corrió dentro de él, metiéndole las uñas aguantando las ganas de anudarse, era algo que había aprendido a resistir, pero era difícil, muy difícil, cuando era lo que su propia naturaleza se lo pedía, pero hasta se tenía a punta de inhibidores para no tener que lidiar con su rut y desquitarse con Tom, porque él no podría soportarlo.
Se salió con cuidado, observando cómo su esencia emanaba del culo de Tom, relamiéndose los labios, cómo se le antojaba a Bill comérselo, chuparlo bien y así dilatarlo, pero la única vez que había tratado, Tom le había dado una patada, sonrojándose profusamente.
Su mejor amigo se giró, con el semen sobre su vientre, se había venido.
—¿Practicamos un par de veces más? —cuestionó Bill, levantándole el antifaz, observando los ojos brillantes de Tom, quien negó.
—No, debo dormir temprano para mañana salir con Amy, así que no quiero estar agotado —comentó Tom, mostrándole sus muñecas para que Bill abriera las esposas, quien hizo caso a la orden no verbalizada, mientras que el castaño se acariciaba las muñecas.
Bill pensaba en qué excusa tendría que sacar para después acostarse con Tom… Sabía que se había conformado con que fuera una práctica para supuestamente lo que Tom tendría con Amy, pero todo era falso, en realidad era como conformarse con las migajas de lo que buenamente pudiera darle Tom, aunque no lo supiera.
—¿Nos bañamos juntos? —interrogó Bill, y Tom asintió, poniéndose de pie, mientras que el alfa lo seguía al baño.
Sabía que no podía hacérselo, pero igualmente miraba embelesado a Tom, cómo es que él era tan hermoso, y no era consciente de lo bello que era, no lo suficiente al menos, con su cuerpo fibroso, esbelto, caderas estrechas, sus piernas… Pero también sus sonrisas, la forma en que achinaba sus ojos, o le sacaba la lengua de forma juguetona, cuando le mostraba el dedo medio, sus enojos… Tom era maravilloso, era todo lo bueno del mundo.
—¿Qué tanto me ves? ¿Me quedó jabón? —preguntó Tom al sentir el peso de la mirada de su mejor amigo.
—Sí —dijo Bill.
—¿Dónde? —inquirió Tom, y Bill se acercó a él mirándole con fijeza, para apretarle en la parte baja de su trasero, colando un dedo.
—Aquí —respondió Bill, y Tom le dio un manotazo en la cabeza.
—¡Imbécil! —se quejó Tom, separándose de Bill, era un tarado, y encima se rió, y el castaño sólo puso los ojos en blanco, ya que si bien muchas veces se habían bañado incluso desde niños, era más que obvio que esas ocasiones no estaban con bromas de aquella naturaleza ahora que ya tenían sexo entre ambos.
Una vez que terminaron de bañarse, se secaron y durmieron juntos como en otras ocasiones, Tom cayendo rendido casi de inmediato y Bill observándolo dormir hasta que cedió ante su propio cansancio.
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Al día siguiente, Bill se puso un gorro y se sentó en un extremo de la cafetería, observando cómo es que su prima conversaba con Tom.
—Amy yo… Quería decirte que me gustas mucho, para ver si me dabas la oportunidad de salir contigo, incluso Bill me dijo cuáles eran tus preferencias en la cama, por lo cual no te juzgo, y las aceptaré sin problemas, yo ya estuve practicando… —empezó a hablar atropelladamente Tom tímido frente a la muchacha de cabello azabache largo con ropa deportiva, la cual lo cortó antes de que siguiera hablando.
—Agradezco tu buen gusto, Tom, pero no me gustas, de hecho tengo en la mira a alguien más —rechazó Amy a Tom, quien se quedó paralizado.
Es que Tom sí había considerado la posibilidad de que Amy lo rechazara, sólo que no tan rápido ni de forma tan tajante, haciendo que Tom se sintiera pésimo en aquel instante, fijándose en la superficie de la mesa, momento en el cual Bill aprovechó para acercarse y sentarse con ambos.
—Amy —masculló Bill mirando a su prima y luego vio a Tom—. Tomi, ¿me pides un volcán de chocolate? —preguntó el alfa, y Tom levantó su mirada, poniéndose de pie para ir a preguntar si siquiera hacían ese postre allí, dejando a los primos solos.—Te acabo de enviar el número de tu crush, era un poco enojona hasta que le hablé de ti mostrándole tu foto, así que supongo que lo tendrás más fácil, ahora vete, diré que te surgió un pendiente —soltó el actor observando a su prima, la cual suspiró.
—La verdad debería simplemente decírselo, ¿sabes? Tom no va a adivinar que estás enamorado de él —acotó Amy.
—Se fijó en ti y somos iguales —espetó Bill, frunciendo el ceño.
—Creo que de hecho tú tienes más pechuga que yo —se burló Amy—, pero en serio, ¿por qué no se lo dices?
—Él ya lo sabe, sólo falta que lo acepte —arguyó Bill.
—Eres un tonto, pero bueno, gracias por el número —respondió Amy, poniéndose de pie para salir de la cafetería.
Tom regresó con el ceño fruncido.
—No tienen volcán de chocolate, pero te pedí un café con leche, para que alimentes a ese bicho por lo dulce que tienes dentro —masculló Tom, fijándose que se había ido Amy—. Vaya, ni siquiera se despidió… Me rechazó, Bill —comentó el castaño, sentándose frente a su mejor amigo.
—Es una estúpida por más que sea mi prima, ella se lo pierde, tú eres… —empezó a hablar Bill, observando a Tom, sin saber cómo describirlo sin que sonara él como es estúpido, pero estúpido de amor por su mejor amigo.
—¿Sin gracia? ¿No lo suficientemente atractivo? —inquirió Tom con expresión dolorida.—Es que ni me dejó hablar, sólo… Me rechazó como si nada. Si bien sabía que podía pasar, no esperaba que fuera tan… Así —se sinceró el castaño.
—No, Tom, eres todo lo contrario, eres guapo y tierno… Ugh, no me gusta usar esas palabras pero eres adorable, y por eso es que sé que es cosa de mi prima y no por ti —acotó Bill, a sabiendas de lo perfecto que era Tom, sólo que él no se daba cuenta de ello.
—¿Yo? Já, ya quisiera —mencionó Tom cabizbajo, que si bien era un chico que gustaba de arreglarse, poniéndose pendientes largos, casacas de cuero, entre otras ropas que llamaban la atención, sabía que no siempre tenía la personalidad más llamativa, y que por lo mismo con quien había perdido la virginidad había sido con Bill en el afán de practicar, una práctica que no sirvió para nada porque nunca tuvo una real oportunidad con Amy.
Bill le acarició los cabellos a Tom, desordenándoselos.
—No te desanimes, Tomi, ¿te invito a beber en la noche? —preguntó Bill, pensando que quizá Tom despejaría así su mente.
—Me vendría bien, pero no, tengo que inscribirme en las clases de la universidad mañana y debo hacerlo presencialmente porque sino me sucederá lo de la otra vez, que no se subió al sistema y tenía un horario cagado —respondió Tom.
Bill suspiró. —Sí, lo entiendo, igualmente tengo que viajar mañana para unas grabaciones —farfulló el pelinegro y Tom asintió.
—¿Sí? Qué bueno, me traes algo —musitó Tom.
—Mi presencia —respondió Bill.
Tom puso los ojos en blanco, pero sabía que era una broma, porque Bill siempre le traía regalos de todos los viajes que realizaba.
Después de que Bill bebiera su café con leche y Tom terminara su café solo, es que el alfa lo llevó a su departamento.
—Ten buen viaje, Bill —deseó Tom cuando se bajó.
—Me estaré comunicando, así que no olvides responder, eh —le recordó Bill.
—Sí, mamá —se burló Tom con una sonrisa de medio lado, al menos se había animado un poco al estar con Bill, igualmente sabía que por Amy no sentía amor real, sólo quería una oportunidad, había algo en ella que le llamaba poderosamente la atención, considerándola una diosa, pero pues ella lo había rechazado, diciéndole que era por alguien más. ¿Siempre tendría que ser la última opción? ¿Algún día alguien lo elegiría?
Tom no recordaba la ocasión donde alguien hubiera pensando en él como primera opción.
Bill le enseñó el dedo medio y luego condujo, dejando a Tom perdido en sus pensamientos, soltando un suspiro.
Continúa…
Ya está la lista la continuación 😉
