Notas: Fic hetero

«En el ascensor de aquel hotel»
Capítulo 1: Cumpliendo un sueño
Contemplaba con emoción mi entrada entre mis manos. Por fin, después de tanto tiempo había convencido a mis padres para poder ir al concierto de mi grupo favorito después de tres años intentándolo. Sentía una mezcla rara en mi estómago. Una sensación entre nervios y excitación. Por fin iba a ver a mis niños, y sobre todo a él. Al chico de ojos cafés y largas rastas que me había robado el corazón en los inicios de mi adolescencia. No podía esperar para viajar a Barcelona, y poder disfrutar del mejor concierto de mi vida. Y ahora mi sueño se hacía realidad, a pocas horas de viajar me encontraba haciendo mi pequeña maleta. No iba a estar muchos días en Barcelona así que no necesitaba demasiada ropa. Me costó bastante convencer a mis padres para ir sin ellos a Barcelona. Allí me encontraría con una amiga, con la cual hablábamos mucho por el messenger a parte de otras amigas que había hecho a lo largo de los años dentro del fandom de Tokio Hotel. Mi tren salía a las ocho de la mañana. Era una suerte porque ya habíamos acabado el instituto y estábamos disfrutando de las vacaciones de verano. El concierto sería el veintisiete de junio, y estábamos a veinticinco. Un día después de San Juan donde había salido con mis amigos a pasarlo bien. Con una sonrisa tonta acabé de hacer mi maleta.
El resto de la tarde me dediqué a hablar por el messenger con otras fans de Tokio Hotel, las cuáles irían también al concierto. Me pasé por mi cuenta de fotolog para actualizar, subiendo una foto, y de paso saludar a otras chicas con las que hablaba habitualmente por comentarios, aunque al final acabamos hablando también por el messenger. Es más cómodo.
“Hey Sara acabo de subir un nuevo capítulo de mi historia. Pásate porfas y comenta putilla. ;-)”
Sonreí al ver un comentario de Patty. Era una chica de Madrid con la que había hablado varias veces. Escribía una historia súper genial, que subía en su cuenta de fotolog. Desde hacía bastante tiempo leía fanfics de Tokio Hotel. Algunos eran muy alocados y divertidos donde las protagonistas se encontraban en situaciones comprometidas con los chicos de Tokio Hotel. Y el fanfic de Patty era la caña. Su protagonista tenía un encuentro demasiado caliente con Tom Kaulitz, en el mismísimo ascensor del hotel donde se hospedaban los chicos. Muchas veces mi mente se había transportado a sueños inalcanzables. Sueños de adolescentes en la que piensas como sería un encuentro con Tom Kaulitz. Muchas adolescentes suspirábamos por él y era imposible que tuviéramos la suerte de encontrarnos con él. Si eso llegará a pasar, sería un sueño hecho realidad. Acabé de leerme el capítulo y le comenté.
“Joder como me ha molado el capítulo. Menudo polvo se han montado Tom y Sally. Espero que Sally no lo pase mal, cuando Tom se vaya. Ya quiero leer el próximo capítulo ya… :-P”
Le comenté el capítulo. Después seguí leyendo otras historias que tenía también de favoritas. Sobre las nueve y cuarto de la noche, me fui a cenar. Mi madre ya había preparado la cena, y mi padre se encontraba ya sentado en su silla esperando para cenar. Solo faltaba yo. Me había entretenido demasiado en el ordenador y mi madre estaba un poco molesta. Odiaba que no estuviera a la hora, que decía para cenar.
—Otra vez, Sara —me dijo mi madre a modo de reproche.
—Lo siento… —me disculpe a la vez que ponía una cara de niña buena— Me entretuve un poco…
—¿Un poco? —arqueó sus cejas— Son las nueve y cuarto, sabes que cenamos a las nueve en punto —me dijo molesta.
—Lo siento… —volví a repetir.
—Además mañana tienes que madrugar para coger ese tren para ir a ver a esos —dijo mi madre con enfado todavía.
—“Esos…” —le dije haciendo el símbolo de las comillas con mis dedos— Como tú dices, se llaman Tokio Hotel, y es el mejor grupo de música del mundo.
—¡Venga ya…! —dijo mi padre ahora— Esos no saben hacer música, solo saben gritar. Buena música es por ejemplo, The Beatles, The Rolling Stone… Esos sí que son unos buenos grupos de música, no esos que llamas Japan Hotel…
—Tokio Hotel… —le dije perdiendo la paciencia— Se llaman Tokio Hotel… —estaba harta de que no supieran decir bien su nombre, y eso que no era demasiado difícil.
—Como tú digas —dijo mi padre sin darle apenas importancia— Ahora cenemos que se nos enfría la cena.
El resto de la cena fue en silencio. No hubo ninguna discusión relevante que contar. Cuando acabé de cenar me fui directamente a mi habitación. Me hubiera gustado estar más tiempo en el ordenador, ya que de los nervios fijo que no iba a dormir bien. Un cosquilleo se había alojado en mi estómago, es que no lo podía creer por fin iría a un concierto de Tokio Hotel. Mi primer concierto de Tokio Hotel, y espero que sea el primero de muchos. Me desnudé y me puse mi pijama corto, que usaba en verano. Sería una noche demasiada larga.
El sonido insistente del despertador, hizo que abriera los ojos molesta. Apenas había dormido unas horas. Me había pasado prácticamente toda la noche dando vueltas. Tenía los nervios a flor de piel. Miré mi despertador, sus agujas marcaban las seis de la mañana, como desearía en esos momentos dormir un poco más en la cama, pero debía de levantarme. Tenía que ducharme, vestirme y desayunar para luego irme a la estación de trenes que quedaba a media hora de mi casa yendo en coche. Busqué, en el interior de uno de los cajones de mi armario, una muda limpia de ropa interior. Luego cogí unos pantalones vaqueros, una camiseta y una sudadera. Iba a ser un viaje largo en tren así que tenía que llevar ropa cómoda para el viaje.
Salí de mi habitación para dirigirme al baño. Entré en este y cerré la puerta tras de mí, para luego despojarme de mi pijama. Me metí en el interior de la ducha, dando un pequeño grito agudo al notar el agua un poco fría. Segundos después el agua comenzó a salir caliente, y pude disfrutar de una ducha relajada. Estaba demasiada tensa. Cuando acabe de ducharme, me sequé el cuerpo y enrollé una pequeña toalla cubriendo mi melena castaña. Me fui a mi habitación para acabar de vestirme. Después regresé al baño para cepillarme el pelo, y secármelo con el secador. Volví de nuevo a mi habitación pero esta vez para revisar mi bolso, para ver si tenía todo metido en él. Móvil, cámara de fotos, batería extra, memorias portátiles, mi mp3 para escuchar música por el camino, en el tren y otras cosas que eran también importantes. Salí de mi habitación para luego ir a desayunar.
—Buenos días, mamá —saludé a la vez que bostezaba enérgicamente. Todavía tenía sueño.
—Buenos días, hija —me respondió mi madre— Vamos desayuna, que se nos hará tarde —me dijo apurándome mi madre. Ella ya me había servido el desayuno para adelantar tiempo, también me llevaría a la estación de trenes. Mi padre entraba a trabajar temprano y no podía llevarme.
Me puse a desayunar siguiendo la orden de mi madre. Me había hecho un desayuno bastante completo. Un zumo de naranja natural, una taza bien llena de café con leche, tostadas recién hechos para untar con mermelada y mantequilla. Nunca había tomado un desayuno tan completo, soy de las típicas personas que con una taza de café con leche ya me basta. Pero hoy, tendría un largo viaje y debía de ir con las pilas bien repuestas.
—Te he metido los bocadillos en una bolsa, y dos botellas de agua —me explicó mi madre.
—Gracias, mamá —le sonreí agradecida por tantas atenciones que me daba.
Una vez que acabé de desayunar, me dirigí otra vez a mi habitación. Busqué unas fotografías de los chicos, que habían venido en la revista Súper Pop. Las metí dentro de mi bolso por si acaso, igual mi amiga Ann se le daba por ir a esperarlos al hotel donde se alojarán y firmaban algún autógrafo que otro. Había que estar preparada por si acaso. Una vez que me aseguré de que tenía todo en mi bolso de nuevo, salí de mi habitación con mi pequeña maleta. Mi madre ya me esperaba vestida, con su bolso colgado y las llaves de casa en la mano.
—Ya nos podemos ir —le dije. Estaba tan impaciente por ir a Barcelona y verlos en concierto. Había estado durante años memorizando las letras de sus canciones al dedillo. Presentía que sería un gran concierto para mí, lleno de recuerdos.
Salimos de casa, mamá cerró la puerta y nos dirigimos por el largo pasillo hasta la zona de ascensor. Llamé al ascensor, y tuvimos que esperar unos minutos a que llegará. Cuando llegó por fin, yo casi ya me estaba comiendo las uñas de los dedos. Me sentí nerviosa, inquieta. Entramos en el ascensor, y minutos después llegamos al garaje que poseía el edificio donde yo vivía con mis padres. Caminamos por el garaje, hasta que llegamos a la plaza donde mi madre te aparcado su coche. Abrió el maletero del coche, para luego meter mi maleta en el interior de esta. Después nos subimos al coche y salimos en dirección a la estación de trenes. Después de media hora de viaje por fin mi madre aparcó su vehículo en el parking que poseía la gran estación. Bajamos del coche para luego coger mi maleta del maletero, y mi madre cerró el coche. Segundo después entramos en el interior del recinto. Cogí mi billete que tenía metido en mi bolso, junto con la entrada del concierto de Tokio Hotel, que tanto me había costado conseguir. Nos fuimos a la zona de Andenes para buscar el tren en el que tenía que subir.
—No hables con ningún extraño —me dijo mi madre de manera insistente.
—¡Mamá! —me quejé. A veces parecía tan sobreprotectora— Ya tengo diecisiete años, no soy una niña.
—Sí que lo eres —me volvió a insistir mi madre— No te fíes de nadie, ¿me has oído?
—Está bien… —asentí resoplando.
Eran las siete y veinte de la mañana. Todavía quedaba bastante tiempo para la hora de salida de mi tren. Mi corazón saltaba de un brinco de lo contento que estaba. Sobre las ocho menos diez, yo ya no podía con los nervios, y quería subir de una vez por todas en el tren. No quería perder el tren por ningún motivo. Finalmente, la espera valió la pena.
—Espero que tengas un buen viaje, hija —dijo mi madre a la vez que me abrazaba y me daba un beso en la mejilla— No te olvides de llamarme tan pronto llegues a Barcelona. Pórtate bien.
—¡Qué sí mamá! —asentí— ¡Qué yo me porto bien siempre!
—No hagas alguna locura que después te puedas arrepentir —me dijo antes de que subiera al interior del tren.
Caminé por el vagón como otros pasajeros que fueron ocupando sus asientos, hasta que me senté en un asiento que estaba vacío. Subí mi pequeña maleta en el portaequipaje que había encima de cada asiento. Saqué mi mp3 para disponer a escuchar música durante el viaje. En menos de cinco minutos, comencé a escuchar como el tren hacía el típico ruido de arranque, segundos después comenzó a moverse. Le dije adiós a mi madre con la mano, mientras que poco a poco nos íbamos alejando y la iba perdiendo de vista.
Las horas fueron pasando, y ya sentía como por mis piernas comenzaba a recorrer un pequeño hormigueo molesto. A media mañana, me comenzó a entrar hambre, así que decidí comerme uno de los bocadillos que me había preparado mi madre para el viaje. Todavía me quedaban un par de horas para entrar en el tren. Cogí mi móvil y le escribí un mensaje a mi amiga Ann, que vivía en Barcelona.
”Ya estoy de camino, mi niña. Me siento muy emocionada y con ganas de verte”
Le di a enviar y seguí comiendo mi bocadillo, mientras que escuchaba música de mi mp3.
”Te estaré esperando en la estación de trenes”
Me respondió.
Cerré los ojos y me puse a dormir un poco. Con tanto estrés el día anterior apenas había conseguido dormir unas horas, y ahora eso estaba pasando factura. Unas horas más tarde, el tren entraba en la estación de trenes de Barcelona. Ya estaba impaciente por bajar del tren y poder abrazar a mi amiga Ann, llevábamos varios años conociéndonos, pero todavía no habíamos coincidido en persona. El tren se paró, y me levanté del asiento para coger mi maleta que reposaba tranquilamente en el portamaletas que tenía arriba de mi asiento. Minutos después, salía del tren arrastrando mi maleta y buscando a mi amiga Ann.
—¡Sara! —escuché que alguien me llama— ¡Aquí, perrilla! —me giré para buscar a la dueña de esa voz, y mi a mi amiga Ann con sus ojos azules como el zafiro y el cabello rubio.
—¡Ann! —dijo emocionada caminando hacia ella, para luego pararme enfrente de ella y abrazarme fuertemente a ella— ¡Por fin te conozco en persona de una vez!
—Sí —me sonrió— ¿Qué tal el viaje?
—Bien… aunque ha sido bastante agotador —le expliqué— Tengo un gran agujero en el estómago.
—Si quieres te acompaño al hotel, y después nos vamos a tomar algo por ahí —me sugirió mi amiga.
—Eso es una buena idea —le sonreí.
—Venga vamos —me dijo mi amiga sonriendo— ¿Dónde te alojas?
—En el Expo Hotel Barcelona —le respondí viendo el papel donde tenía anotado el nombre del hotel.
—Sé cómo llegar —me dijo mi amiga— Queda cerca de la estación de tren
—Genial —sonreí. Comenzamos a caminar.
—Por cierto, sabes que he conseguido —me dijo mi amiga sonriendo de oreja a oreja.
—Si no me lo dices, no lo sabré —le respondí.
—He conseguido dos pases para un meet & greet antes de concierto —me dijo mi amiga en un susurro.
—¿Estás de broma? —le pregunté a mi amiga sorprendida.
—No —me respondió.
—Tú quieres que me dé un ataque y no pueda ir al concierto —le dije mientras mi corazón latía fuertemente— ¿Cuándo los conseguiste? —pregunté con curiosidad.
—La semana pasada —me respondió— Hubo un concurso en una radio local, donde sorteaban pases de meet & greet. Concursé y me gané dos.
—¿Y por qué no me lo has dicho antes? —le pregunté a punto de tener un ataque cardiaco— Llevamos toda la puta semana hablando por el messenger.
—¡Joder, Sara! —volvió a decir mi amiga— Quería darte una sorpresa. Te lo digo ahora porque no quiero que te desmayes cuando tengas a Tom Kaulitz delante.
—Muy graciosa —me quejé haciendo un pequeño puchero.
—Será mejor que apuremos, hoy tenemos que hacer muchas cosas —me dijo mi amiga acelerando el paso.
Caminamos hasta que salimos de la estación de tren. Mi amiga cruzó la calle, yo la seguí arrastrando mi pequeña maleta. Después de unos veinte minutos andando, por fin llegamos al hotel donde me alojaría. No es que fuera uno de los muy caros, pero tampoco era de los muy baratos. Era normal. Entramos en el interior del hotel y nos dirigimos hacia la recepción, que estaba en el lobby del hotel.
—Hola buenas tardes —me saludó la recepcionista— ¿En qué puedo ayudarle?
—Buenas tardes —respondí con educación— Tengo una reserva hecha.
—¿A nombre de quién, por favor? —me preguntó nuevamente la chica.
—Sara Gómez Álvarez —le respondí.
—Un momentito —dijo la recepcionista mientras que buscaba en el ordenador mi nombre— Perfecto… —le escuché decir una vez que comprobó mi nombre— Aquí tiene la tarjeta para abrir la habitación. Su habitación la cuatrocientos siete, se encuentra en la planta cuarta.
—Gracias —le dije a la vez que cogía la tarjeta que me había entregado.
—Si fuera tan amable de firmarme el libro de registro —me dijo la chica.
—Claro, por supuesto —dije cogiendo el bolígrafo que me tendía. Firme en la línea donde me indicó.
—Espero que su estancia sea confortable —me sonrió de nuevo la chica.
—Gracias —sonreí.
Mi amiga Ann y yo caminamos hacia donde se encontraban los ascensores. Era una zona amplía con dos ascensores. Llamamos al ascensor. Tuvimos que esperar unos minutos a que llegará. Cuando las puertas se abrieron, entramos en el interior de este y pulsamos el piso número cuatro. Una vez que llegamos al piso correcto, el ascensor se abrió y salimos de este para dirigirnos hacia mi habitación. Comenzamos a ver los números que estaban al lado de cada puerta hasta que finalmente llegamos.
—Sara aquí —dijo mi amiga señalándome la puerta de mi habitación.
Metí la tarjeta en la ranura para abrir la puerta, y luego entramos en la habitación. Era una habitación muy amplía que daba al exterior. Estaba muy bien iluminada por una maravillosa luz natural a través de unos amplios ventanales, que van del suelo al techo. Incluye una terraza desde donde se puede disfrutar de la vista de Barcelona. La habitación estaba decorada con colores claros y neutros, junto con el cálido acabado en madera del mobiliario. Hacía que la habitación fuera acogedora. El espacio del ropero era bastante grande, lástima que en mi maleta había traído poca ropa, ya que me sobraría mucho armario. La cama era grande de matrimonio. Cubierta por una colcha de líneas blancas y beis. A la derecha había un pequeño sillón, también tapizado con la misma tela que cubría la cama. A la izquierda había un pequeño mueble donde estaba la televisión. Era una habitación bastante iluminada, con un gran ventanal donde tenía un pequeño balcón. Entré en el interior del baño, para verlo, y me encontré que era de mármol. Una bañera bastante grande. Toda la loza del sanitario, bidé, bañera y lavabo era de color beis. Salí del baño, para luego colocar mi maleta, que estaba apoyada en el suelo, sobre la cama. Me quedé contemplando la habitación durante unos minutos. Eran veinte metros cuadrados bien aprovechados. Mis padres me habían buscado un buen hotel, y bueno, cogieron uno que estaba dentro de sus posibilidades ni excesivamente caro, ni demasiado barato.
—No está nada mal tu habitación —dijo Ann contemplándola— La ventaja es que tienes una cama muy amplía, si quieres traerte a Tom Kaulitz a tu cama.
—¡Ann! —le dije riéndome.
—No me puedes negar que tienes un complejo sexual galopante con él —me dijo mi amiga en tono bromista.
—Yo no tengo ningún complejo sexual con Tom Kaulitz —le respondí moviendo la cabeza. Mi amiga a veces tenía unas ocurrencias muy locas.
—Pero no me negarías que, si se te cruza por delante, y te dice que lo acompañes a su habitación, no dudarías en acompañarlo —me volvió a decir mi amiga.
—Eso es una posibilidad entre mil —le respondí— No soy bonita, y no creo que se fije en mí.
—¡Quién sabe! —me sonrió— Venga coge tu bolso que nos vamos.
—Déjame respirar un poco —le dije a mi amiga. Todavía había acabado de instalarme.
—Vamos a comer algo, y después nos vamos directas al hotel Arts —me dijo mi amiga— Seguramente que los chicos se alojan en ese hotel. He escuchado este rumor durante toda la semana.
—¿Tú crees? —le pregunté a amiga.
—Sí, es un gran hotel y de cinco estrellas —me explicó mi amiga— Es súper lujoso, no me extrañaría nada que se alojarán allí, así que apúrate tenemos que conseguir verlos antes del concierto de mañana.
—Está bien —suspiré.
Cogí mi bolso, asegurándome que llevaba la tarjeta de mi habitación. Cerré la habitación, para luego volver a caminar por el largo pasillo con mi amiga hasta los ascensores de nuevo. Después de diez minutos, me encontraba en recepción entregando la tarjeta. No era plan de llevármela por ahí y después perderla. Salimos del hotel, y caminamos por la calle. A unos cuantos pasos había un Burger King así que Ann y yo entramos para comernos una hamburguesa. Había que recuperar fuerzas, si pretendía que estuviéramos esperando a que llegaran los chicos a ese hotel que me había dicho. Nos pedimos un menú completo de hamburguesa completa y una ración grande de patatas fritas más el refresco. Nos sentamos en una mesa libre y comenzamos a comer nuestras hamburguesas.
—No me puedo creer que mañana los vayamos a ver —le dije emocionada e ilusionada— Llevo esperando por esto tantos años, que casi me parece un milagro convencer a mis padres para que me dejarán venir.
—Sí… —me susurró mi amiga— Fue mala pata que cancelarán el concierto que hubo en marzo, pero la salud de Bill era lo importante.
—Sí… —le dije con pena al recordar que Bill había tenido que someterse a una operación de cuerdas vocales por un quiste que le habían encontrado— Espero que no se le vuelva reproducir —dije con temor.
—Yo también espero —me susurró.
Acabamos de comernos la hamburguesa, para luego minutos después salir del Burger King. Comenzamos a caminar por la calle. Yo seguía a mi amiga, que era la que me guiaba, ya que yo de Barcelona conocía muy poco. Nos paramos en una parada de autobús.
—Hay una línea de autobús que nos lleva justo cerca del hotel Arts —me informó mi amiga.
—Genial —sonreí— ¿Estás segura de que no iremos a perder el tiempo?
—No… —me respondió mi amiga con convicción— Ellos se alojarán allí fijo.
Esperamos durante unos minutos a que llegará el autobús adecuado. Finalmente, cuando llegó, subimos a él pagamos nuestros billetes de viaje, y nos fuimos a sentar a unos asientos que estaban libres al fondo del autobús. El vehículo de transporte urbano comenzó a circular por las calles, mientras que yo disfrutaba de una visita turística gratis. Cuando nos acercamos a nuestra parada, Ann tocó el botón para solicitar que el autobús parase. Minutos después, nos encontrábamos bajando del autobús. Ante nosotros se mostró el gran edificio que formaba el hotel Arts. Había un pequeño grupo reducido de chicas, que también estaban esperando como nosotras.
—Hola —saludamos al grupo de seis chicas que estaban apoyadas en una de las paredes de la fachada del hotel.
—Hola —nos respondió una de ellas.
—¿Lleváis mucho tiempo esperando aquí? —preguntó mi amiga con curiosidad.
—Desde la cuatro de la tarde —respondió otra de las chicas de aquel grupo. Miré mi reloj, y vi que eran las ocho en punto. Llevaban cuatro horas esperando.
—Pues sí que lleváis bastante tiempo esperando —afirmó mi amiga Ann.
—Estarán a llegar —sonrió otra de las chicas— No puedo esperar a ver a Gustav —se sonrojó.
—Y yo a Georg… —dijo otra chica— Es tan guapo… ¿Cuál es vuestro favorito? —nos preguntó a nosotras esa chica.
—Tom… —respondí.
—Bill… —respondió mi amiga.
—Genial —nos sonrió de nuevo aquella chica. La verdad es que era bastante maja, sin conocernos de nada nos empezó a dar conversación— Por cierto, me llamó Lidia.
—Yo me llamó Ann —dijo mi amiga.
—Yo, Sara —le respondí con una sonrisa.
—Encantadas de conoceros, chicas —nos sonrió— A ver si vienen de una vez… —suspiró Lidia— Ya me duelen los pies de estar tanto tiempo de pie.
Mi amiga y yo nos sentamos en el frío suelo de la acera. Lidia nos imitó.
—¿Desde hace cuánto tiempo que sois fans de los chicos? —nos preguntó la chica con curiosidad.
—Desde el dos mil cinco —respondió mi amiga por las dos.
—Oh… Desde sus inicios —sonrió— Yo soy fan de los chicos desde el dos mil seis —le sonreí y Ann también.
Nos quedamos en silencio. La verdad es que estaba empezando a notar un hormigueo en mis piernas, por la forma en la que estaba sentada. Pero presentía que la espera sería bastante larga. Si a estas horas todavía no habían aparecido dudaba que lo hicieron en unas horas. Quizás esperarían a que no hubiera tanto revuelo de fans en los alrededores del hotel, o tal vez entrarán por alguna puerta secreta que nosotras ignorábamos. Las horas fueron pasando y no había rastro de ellos en ningún lado. Miré mi reloj y eran las once de la noche. Claramente, ya habrían entrado en el hotel por otro lado o quizás el rumor de que estarían en ese hotel hospedado era falso, y ahora otras fans estarían disfrutando de sus autógrafos y sacándose fotos con ellos en otro hotel de Barcelona. Suspiré frustrada, estaba cansada por el largo día que había tenido y por encima habíamos perdido el tiempo tontamente.
—¿Y si nos vamos? —le pregunté a Ann en voz baja.
—Esperamos un poco más que seguro que vienen —me insistió mi amiga.
—No los vamos a ver, es muy obvio tía —le volví a decir.
Nos quedamos un rato más esperando, hasta que varias de las chicas se movieron. Miramos nerviosas para varios lados, pero no había nada sospechoso.
—Nosotras ya nos vamos a ir —dijo una de las cuatro chicas que se nos acercaron a Lidia— Está claro que tardarán en venir, incluso creemos que no se alojarán en este hotel.
Dicho eso las chicas se fueron caminando lentamente. Solo nos quedamos Lidia, Ann, otra chica, la cual no sabía su nombre, y yo. Me removí en mi sitio inquieta. Necesitaba levantarme sino como consecuencia no sentiría ni mis piernas ni mi trasero.
—Ann… —llamé a mi amiga— Vámonos. Estoy cansada y quiero dormir.
—Está bien pesada —me respondió mi amiga molesta— Nos vemos en el concierto, Lidia —dijo Ann a la chica.
—Claro allí estaré —nos sonrió— A ver si tenemos suerte y nos volvemos a ver mañana antes del concierto.
—Si —asintió Ann— Bueno ahora nos vamos antes de que a Sara se vuelva a poner otra vez pesada —añadió mi amiga. Yo rodé los ojos poniéndolos en blanco.
—Muy graciosa —me quejé.
Comenzamos a caminar en silencio. El cielo estaba completamente oscuro y estrellado, pero la temperatura era muy agradable. No hacía frío, al contrario, hacia un poco de calor. Claro está, que estábamos en el mes de junio en pleno verano.
—¿Ahora cómo vamos a regresar a mi hotel? —le pregunté con preocupación— Dudo que ahora encontremos un autobús que nos lleve hasta allí, y hay bastante distancia para ir caminando.
—Cogeremos un taxi —me respondió Ann rápidamente— Después me iré a mi casa desde tu hotel en él.
—Está bien… —susurré.
Seguimos caminando hasta que llegamos a una parada de taxis cercana. Solo había cuatro taxis en la parada, suerte que no había nadie más en la parada para cogerlos, porque no estaría dispuesta a esperar otro largo rato a que viniera otro taxi. Sentía como me dolía la planta de los pies, aparte de arderme. Tenía demasiado recalentados los pies. Entramos en el interior de taxi, ocupando los asientos traseros de este. Mi amiga le dio la indicación de donde quedaba el hotel donde me hospedaba. En menos de diez minutos, ya nos encontrábamos afuera de hotel. El taxi aparcado.
—Mañana quedamos a las doce —me dijo mi amiga antes de que bajará del taxi— No tardes que te conozco. Te espero aquí afuera.
—Está bien —asentí para luego abrir la puerta del taxi.
—Mejor pon la alarma del móvil para las once menos cuarto, así fijo que bajas pronto —escuché decir a mi amiga. Sonreí— Ten dulces sueños… —fue lo último que escuché antes de cerrar la puerta de taxi. Segundos después el taxi arrancó desapareciendo por la calle desierta.
Caminé hacia el interior del hotel. Deseaba con toda mi alma, tumbarme en mi cama y dormir. Me dolía todo mi cuerpo. Había tenido un día muy agotador. Me dirigí hacia recepción para pedir la tarjeta, con la que abrir mi habitación. En ese momento se encontraba otra chica diferente, a la que me atendido por la tarde cuando llegué. Se veía un poco apurada cubriendo unos registros.
—Buenas noches… —susurré. La chica fijó su mirada en mí— Venía a recoger la tarjeta para abrir mi habitación. Es el número cuatrocientos siete.
—Un momento ahora se la doy con mucho gusto —se giró y buscó en el mueble que tenía atrás, con muchos compartimentos pequeños, el número cuatrocientos siete para luego darme mi tarjeta— Aquí tienes.
—Gracias… —sonreí.
—Buenas noches y descansa —me dijo la chica a la vez que me separaba del mostrador.
Comencé a caminar hacia la zona donde estaban los ascensores. Estos se encontraban apartados de la vista de recepción. Cuando llegué a ellos, las puertas de ambos ascensores se habían cerrado. Llamé nuevamente al ascensor, pensando que tendría que esperar bastante a que bajase de nuevo, pero para mi suerte el ascensor se paró en el tercer piso. Minutos después el ascensor se volvió a abrir y accedí al interior. Marqué el número del piso donde se encontraba mi habitación, y las puertas se cerraron de nuevo. Varios minutos después me encontraba caminando por el pasillo rumbo a mi habitación. Metí la tarjeta en la ranura magnética que había en la puerta, para luego abrirla. Cerré la puerta tras de mí. Caminé hacia el baño. Necesitaba descargar mi vejiga urgentemente. Salí del baño, para luego sentarme en la cama. Me tumbé agotada y suspiré. Me volví a levantar para concentrarme en el interior de mi maleta y buscar mi pijama. Cuando lo tuve entre mis manos bajé mi maleta de la cama, para apoyarla en el suelo, en otro lado de la habitación que no me molestará. Me desnudé y me puse el pijama. Programé la alarma de mi móvil para luego tumbarme en la cama y taparme. Apagué la luz de la habitación y cerré los ojos.
El sonido de mi móvil me hizo despertarme bruscamente, y no era la alarma que había programado, sino que era una llamada de mi madre. Y ahí me encomendé a todos los santos que hubiera y por haber, cuando recordé que el día anterior debería de haberla llamado para decirle que había llegado bien, pero entre tanto jaleo de ir con Ann a dejar mis cosas en el hotel, después ir a tomar algo e ir al hotel Arts y parte de que estaba súper cansada se me había olvidado por completo. Cogí mi móvil y lo descolgué.
—Buenos días, mamá —le dije intentando mantener un tono despreocupado pero el temblor de mi voz me estaba delatando.
—¿Qué parte no entiendes de que tenías que llamar en cuanto llegarás a Barcelona? —su voz se notaba muy enfadada, y eso me olía a un próximo castigo cuando llegase.
—Lo siento… —susurré— Lo olvidé…
—¡Qué no se vuelva a repetir! —me dijo nuevamente.
—Está bien… —asentí pensando que mi madre podía ver el movimiento de mi cabeza.
—¿Has desayunado? —preguntó mi madre.
—No, me acabas de despertar —le respondí.
—Bueno, ya no te entretengo más —dijo madre— No hagas ninguna locura, que después te puedas arrepentir —me repitió.
—No te preocupes mamá —le contesté con voz cansina— Sé cuidarme bien, no haré nada malo.
—Está bien —me dijo mi madre— Hablamos.
Mi madre cortó la llamada, y yo me quedé tumbada nuevamente en la cama. Estaba súper cansada y quería seguir durmiendo. Como era todavía temprano, me volví a tapar para concentrarme de nuevo en dormir un par de horas más. Un poco más tarde la alarma de mi móvil sonaba con intensidad dándome a entender que ya era hora de levantarme. Me levanté de la cama, para luego abrir mi maleta. Busqué una muda de ropa interior limpia, cogí una falda corta vaquera y una camiseta de asitas. Hoy sería un día bastante caluroso, y dentro del concierto también haría calor. Habría mucha gente, así que era mejor ir con ropa ligera y fresca.
Caminé hacia el baño, y me metí en la ducha dejando que el agua mojará mi cuerpo desnudo. Me sentí tan relajada. El día anterior había sido agotador, y esa ducha reparadora estaba calmando mi cuerpo dolorido. Me apliqué un poco de jabón en mi cuerpo, y después champú en mi cabello. Me aclaré el pelo y el cuerpo, para luego salir de la ducha secándome con una toalla. Regresé de nuevo a la habitación, para comenzar a vestirme. Media hora después ya estaba completamente lista. Revisé mi bolso, asegurándome que tenía la entrada del concierto, la cámara de fotos, etc. Cogí una chaqueta básica para más tarde, y salí de la habitación.
Continúa…