«Catorce» Fic de Kasomicu
Extra: Catorce fuera de tiempo
Tom estaba dibujando en su cuaderno, todavía no tenía forma, podía ser un oso, o un unicornio, o un caballo deforme, no sabía en qué pensaba y luego miró el reloj de pared, falta mucho para el receso.
Suspiró y luego ariscó la nariz, no recordando cómo es que se encontraba ahí; pero a veces sucedía de esa manera, se levantaba temprano, se alistaba e iba tan prontamente a la escuela, en un estado zombi, que luego no recordaba cómo es que había llegado. “Es que estás en automático”, solía decir Andreas.
“¿Dónde está la maestra?”, pensó, frunciendo el entrecejo y mordiéndose el labio. Era un tanto irresponsable que la profesora los dejara solo, se armaba mucho desastre en su ausencia, no que le importase, al menos no mientras se mantuvieran lejos suyo.
El sonido de muchos pasos se dejó oír junto con el usual taconeo de la profesora. Su lápiz se cayó a su cuaderno, y su mandíbula al parecer también se vio afectada por la gravedad al notar la compañía de la maestra. Eran Georg, Gustav y Bill, hasta ahí no había problema alguno, sin embargo, eran los Georg, Gustav y Bill de dieciséis años.
—Eww, mi hermano, eww —se quejó Andreas, que estaba al lado de Tom y recién se percataba.
—¿Por qué tu hermano está aquí? ¿Por qué Georg parece menor? ¿Por qué sucede lo mismo con Gustav y Bill? —cuestionó afectado.
El rubio platinado levantó una ceja, abrió la boca y luego la cerró porque la profesora iba a hablar.
—Debido a ciertos problemas eléctricos en el pabellón de sus compañeros han venido aquí por hoy, los otros están ubicado en diferentes aulas. Sean amables con ellos —explicó la maestra. Algunos bufaron, otros abuchearon, Tom no podía quitar la vista del chico de facciones más suavizadas, que usaba maquillaje y tenía un mechón tras su oreja, con piercing en la ceja y muñequeras con púas.
Y también tendría el piercing en la lengua.
Se notaba que Bill estaba fastidiado en ese ambiente, y algo en sus ojos mantenía esa inocencia que tanto le atrajo dentro del chico raro y malo que podía llegar a ser.
“¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Y por qué no me altero demasiado? Esto no puede estar pasando”.
―Trümper, ya que se le ve tan soñador y preocupado, lo pondré como uno de los compañeros guía, y se encargará de… Kaulitz, que está muy feliz de estar entre nosotros y por eso nos deleita con el sonido de su pie contra el suelo, ¿no es cierto, joven? ―Tom no podía dejar de recorrerlo con la vista, ese porte desgarbado,
postura impaciente y mirada furibunda solo podía pertenecer al irreverente de su novio cuando tenía dieciséis años.
Bill dijo algo, Tom no lo escuchaba, solo lo observaba moverse, quedándose embelesado frente al mínimo acto. Era realmente surreal toda la situación, pero, ya que se hallaba en ella, la aprovecharía; aunque una parte de su mente le decía que quizá no era correcto meterse con un Bill que técnicamente no es novio.
“No lo estaría engañando”, calló a esa voz, ariscando la nariz.
Andreas tuvo que levantarse para que Bill se sentara, la sensación de culpabilidad le invadió de nuevo, como si Bill tomara el lugar de Andreas en todos los aspectos de su vida.
Gustav se sentó junto con Andreas, quien iba a ser su compañero guía, y Georg con otro compañero. Le dio la impresión de que Gustav estaba demasiado pegado a Andreas, pero prefirió concentrarse en Bill, el cual dibujaba con desinterés en su cuaderno.
De pronto sintió que las palmas de sus manos comenzaban a sudarle. Eran nervios, sentimientos encontrados, podía hablar con Bill, teniendo diferente edad y todo, pero ¿y si era permanente? ¿Quería decir que nunca más vería a su Bill? Al Bill que había pasado por mucho y tenía heridas internas, al que lo había acariciado donde
nadie antes lo había tocado, con el que había pasado muchas cosas…
—Oye, la maestra quiere que seas mi guía, así que saca tu puto cuaderno para fingir que escribo algo en el mío y haz el intento de estar explicándome la clase, ¿quieres? —masculló Bill, viéndole con sus ojos maquillados y expresión endurecida. Claro, le hablaba de esa forma porque ese Bill no era su Bill, ese Bill no lo conocía, no era su novio.
Frunció el ceño y sacó uno de sus cuadernos, que suponía era del curso que le tocaba. Ahora ya la idea había perdido el encanto y tenía miedo de esta situación, pánico.
—Lo haré, pero debes tener en cuenta que fuiste grosero con tus formas de pedírmelo —fue lo que alcanzó a decir.
—Es que no es algo que te tenga que decir, se supone que escuchaste a la profesora. No lo pongas como si me estuvieras haciendo un maldito favor —mencionó Bill ejerciendo mayor presión en su lápiz.
Tom sintió el impulso de ponerle la mano sobre su hombro para calmarlo, sin embargo, lo conocía y sabía que su reacción frente a que un extraño lo tocara no iba a ser buena.
—Está bien, hagámoslo.
…
Tom sujetó a Bill por detrás, impidiendo que golpeara a su compañero durante el receso, pero le costaba trabajo puesto que ambos eran delgados pero Bill tenía la fuerza que te brinda la furia y el verdadero impulso de lanzarse y romperle la boca al otro.
—Uy, se agarran entre ustedes porque son novios, pensé que te gustaban los mayores, Kaulitz —molestó y luego se retiró entre risas.
Cuando Bill pudo zafarse se tiró sobre Tom, golpeándole la mandíbula apenas llegaron al suelo, haciendo que lagrimease por el dolor.
—¿Por qué demonios no me dejaste pegarle? ¿Crees que me conoces? Has estado actuando como si me conocieras, pequeño bastardo. Seguro has oído hablar de mí, me importa una mierda lo que hayas escuchado.
No me conoces, así que métete en tus propios asuntos y deja de preocuparte por mí, hijo de puta —soltó Bill y escupió a un lado de la cabeza de Tom.
Tom se sintió humillado, y antes de que Bill se levantara de sobre él, lo cogió por el cuello de la camiseta y le dio un puñetazo en la mejilla.
Lo quería, era su debilidad, pero también un idiota y en ese momento no era su novio.
Un auxiliar vino a separarlos cuando Bill iba a responderle el golpe.
…
Un castigo con Bill, un Bill enojado, y Tom también estaba enojado. Suspiró, realmente no quería estar así con Bill, igual y si le explicaba la situación (si es que él no lo tildaba de loco) podría salir de ella. Se acercó a Bill, a pesar de la mirada de advertencia que recibió.
—Mira, creo que empezamos con el pie izquierdo. Mi nombre es Tom Trümper Würdig, tengo quince años y bueno, me tendrás que soportar hasta que arreglen las luces de tu salón, así que seamos amables el uno con el otro, o al menos tolerantes —ofreció Tom, extendiendo su mano por más que sabía que se la iban a rechazar.
Contrario a lo que creyó, Bill se la aceptó y luego acercó hacia sí mismo, respirándole en la boca y poniéndole nervioso. Antes de que pudiera decir algo, Bill lo besó, ofreciéndole su boca caliente y luego recorriendo la suya con su lengua. Sentía calor en sus mejillas cuando Bill se alejó, limpiándose la comisura y con una
sonrisa ladeada.
—Ya tienes lo que querías de mí, ahora deja de joder, ¿sí? Y por cierto, bonitas rastas.
—Eres un idiota. —Bill frunció la boca.
—Jódete, cara de niña.
—Tú eres quien te maquillas. —Tom recibió un empujón por parte de Bill, consiguiendo que se movieran algunas carpetas, y luego le respondió al gesto.
Se soltaron más incitaciones para después no comprender cómo es que se estaban besando de nuevo. Y se sentía diferente e igual al mismo tiempo, porque no había el conocimiento, el amor que desprendían de los besos que se daba con su Bill, pero sí era la misma boca y podía reconocerla, también su sabor. Bill se aferró a su cuello, a pesar de que Tom era un poco más bajo, y luego Tom se aferró a su cintura.
La situación era jodidamente extraña, porque él recordaba a ese Bill, el que lo besó apestando a alcohol dentro de un armario, pero él no era un niño de once años ahora. ¿Qué pasaba? ¿Por qué se besaban y se sentía tan bien?
El calor iba aumentando, sintiéndolo en su cuello y cómo se anidaba en su vientre. Bill se sentía diferente entre sus brazos, más pequeño pero extrañaba a su Bill. Cuando de pronto todo fue desvaneciéndose y se quedó en el aire para luego caer y despertar en su cama.
Estaba sudado y con una erección. Se pasó las manos por la cara para despertarse del todo y luego ir a bañarse. En serio quería hacerlo con Bill, hasta el punto de tener sueños raros donde se toqueteaba con un Bill de dieciséis años.
Suspiró. Solo quedaba confiar en su Bill.
Continúa…
