Notas: Llegamos al día 13, que en sí tiene satanismo, infanticidio (muertes de recién nacidos), mención de violación a un menor de edad (pero no la detallé y no, no es entre Tom y Bill, que yo nunca romantizo violaciones), asesinatos y… Bueno, contenido turbio que debes leer bajo tu propio riesgo. La premisa era más bien sencilla, un anillo de matrimonio simbólico en un contexto de incesto, pero… Me complico sola jajaja.

Día 13: Anillo de matrimonio simbólico.

William Kaulitz quería venganza… Y Satanás se la ofreció, pero también dándole una opción si lo que buscaba era hacer cenizas el mundo entero. Una profecía que sólo se llevaría a cabo mediante una fiesta pagana personal…

Día 13 Incestember

«Fiesta pagana»

William era el hijo de los Kaulitz, unos condes que habían venido de un pueblo muy lejano, pero se habían establecido en Augsburg, donde el resto de pueblerinos se sentían muy intrigados por las riquezas que ostentaba aquella familia, muchos decían que si poseían tanto y no sabían de dónde venían, era porque eran hijos de Satanás, y mediante un pacto habían obtenido todo lo que tenían.

Pero tanto Jörg y Charlotte Kaulitz se mantenían ajenos a las habladurías de la gente, no interactuando con ellos, siempre mandando a su servidumbre a que hiciera las compras para abastecerse entre otros.

William era un ávido lector desde niño, su lugar favorito siempre había sido la biblioteca de su padres, nutriéndose de todo material de lectura, incluso los libros que sabía que sus padres mantenían alejado de él, pero el joven pálido de cabello rubio, era muy astuto, por lo que encontraba la forma de acceder a ellos, sin que sus padres lo supieran, devolviéndolo todo a su lugar porque sus progenitores eran muy meticulosos con cosas que su hijo no debía tocar o saber.

A William no le llamaba la atención la gente, así que el permanecer encerrado en su castillo era algo que no lo hacía sentir del todo limitado, es decir, no porque extrañara la interacción humana al menos, pero sí había ocasiones donde salía a escondidas para pasear en los jardines que colindaban con el bosque, gustándole principalmente el aroma a petricor que quedaba luego de la lluvia, también le gustaba observar el cielo nocturno.

Si bien mantenía cosas ocultas de sus padres, no era que en realidad tuviera una mala relación con ellos, sólo que William era un muchacho muy despierto y curioso, ya que adoraba a sus padres, abrazándolos siempre, y disfrutando de que ellos le contaran sobre las vidas de sus antepasados entre otros. Que en sí tenían un nuevo comienzo en aquella tierra, porque buscaban dejar atrás el pasado, uno que no querían explicarle a William, y que él mismo se había cansado de insistir por siempre recibir negativas o reproches.

William no recordaba mucho de su vida antes de mudarse, porque apenas tenía tres años cuando llegaron a la nueva ciudad, y ya para este punto, él tenía trece años, donde tristemente su nana Dunja falleció, y tuvieron que buscar otra sirvienta, y los Kaulitz no le gustaban los extraños, pero permitieron que Elizabeth se uniera a ellos.

Elizabeth era diligente con todo, aunque no hacía los mismos postres que Dunja, la mujer sí hacía las compras para ellos, obteniendo el vino, y comida para cocinar, con una sazón que no le gustaba a William pero tenía que comer.

El problema fue cuando en la cena, sus padres sonreían, chocando sus copas de vino, cuando empezaron a atragantarse, tosiendo compulsivamente hasta que vomitaron sangre… William se alertó por ello, acercándose a sus progenitores, fijándose cómo sangraban hasta por las comisuras de sus ojos, para luego desplomarse con sus rostros cayendo encima de sus sopas, William levantó a cada uno de sus cabellos, pero sus padres estaban… Muertos, lo sabía, entre muchos libros que había leído sabía cómo tomar el pulso y sus padres no estaban respirando ni tenían pulso.

William sintió cómo todo su mundo se vino encima suyo, con las sendas lágrimas bajando por sus mejillas. ¿Por qué sus padres habían muerto? ¿Por qué?

Elizabeth fue a la mesa, y miró con sorpresa a William.

—¿Por qué no te moriste? —inquirió la mujer.

William con su rostro lloroso, comprendió que aquella sirvienta era quien había asesinado a sus padres, frunciendo el ceño de inmediato, y mirándola con odio.

—¿El veneno se lo pusiste en la sopa? Nunca me como tu porquería desabrida, así que por eso estoy vivo —refutó William, acercándose hacia la mujer, la cual rió, y sacó un cuchillo, empuñándolo amenazante.

—¿Qué es lo crees que vas a hacer tú, chiquillo? Ahora sólo eres un huérfano sin ningún tipo de protección. ¿Crees que vas a poder conseguir algo? Pues no es así. Nosotros mismos nos encargamos de que Dunja muriera al regalarle fruta envenenada para poder colarme aquí, y obtener todo lo que ustedes tienen… Que definitivamente es obra del diablo —soltó Elizabeth con una sonrisa torcida.

—El infierno está aquí en la tierra —refutó William, porque los verdaderos demonios eran gente así, que había matado a su nana y sus padres con inclemencia sólo para quitarles todo.

La mujer se rió sonoramente. —No tienes superioridad moral con esos padres que tenías. ¿O no sabías de su sótano?

William frunció más el ceño. —Es sólo un altar.

—Un altar de Satanás, algo que atenta contra Dios… Por eso todas estas riquezas deben ser repartidas al pueblo, con quienes realmente lo merecemos. Y será mejor que huyas si no quieres ver lo que le hacen a niños lindos como tú que no tienen quién vea por ellos —amenazó Elizabeth.

—¡Esta es mi casa, la única persona que debe irse de aquí eres tú, campesina ignorante y aprovechada! —increpó William, sintiéndose harto, aquella mujer juntamente con el resto de ese pueblo habían asesinado a sus padres… Y todavía le decía que él debía temer, no, él no iba a temer a nadie.

Elizabeth se rió nuevamente. —No digas que no te lo advertí.

Hubieron un montón de personas del pueblo que ingresaron al castillo, comenzando a saquear todo, con William queriendo detenerlos pero terminaban por golpearlo y patearlo, haciendo que el menor escupiera sangre.

—Pero está muy bonito, ¿no? Sería un desperdicio sólo golpearlo y no darle otro uso —musitó uno de los aldeanos.

—Sí, realmente creo que entre todos podemos sacar un beneficio de ese muchacho tan bello pero bocón, démosle otro uso a esa lengua de serpiente que tiene —acotó Elizabeth.

Tanto hombres como mujeres hicieron que William se arrepintiera de haber nacido… Empleando todos sus orificios y miembro para cosas que él no estaba listo a sus cortos trece años, dejándolo en estado de shock desnudo con un montón de fluidos de toda índole, incluyendo desechos humanos sobre él, con el castillo vacío, salvo por los cadáveres de sus padres, que todavía los acomodaron cerca de William, para que “viera” aquel espectáculo.

Cuando el menor pudo removerse en el piso, totalmente traumatizado por lo sucedido, es que sujetó el cuchillo que dejó Elizabeth en el piso, con el cual le había hecho un corte en la cadera en forma de la estrella de David, diciendo que ese era el símbolo del diablo que William cargaría por siempre, si es que lograba sobrevivir a la violación en masa que recibió.

Pero sí, William sobrevivió y se siguió arrastrando hasta el sótano, abriendo el compartimiento secreto que tenían sus padres detrás del altar…

Sí, él sabía que sus padres poseían aquel altar, aunque nunca se lo hubieran dicho, entre sus muchas inspecciones es que William mismo lo había descubierto, junto con los libros prohibidos, entendiendo que sí era cierto en parte lo que decía la gente, que sus padres habían hecho un pacto con Satanás, que era para tener un hijo porque su madre no podía quedar embarazada por más intentos que tuvo, lo sabía por las anotaciones que tuvieron escondidas. Que intentaron un montón de métodos, pero cuando se embarazaba, todos sus bebés nacían muertos…

Por ello es que se encomendaron a Satanás, el cual les pidió en sacrificio algunas muertes, sí, y que por eso es que ellos se mudaron a otro pueblo, para empezar de cero. Aunque sí le daban algunos sacrificios menores de animales cada año, ya no de personas.

William había leído tantos libros de brujería que tenían sus padres, que habían aprendido las artes oscuras precisamente para poder invocar a Satanás en su desesperación de ser padres y ahora… Estaban muertos, y él, que era fruto de aquel esfuerzo que realizaron sus progenitores, le pediría ayuda al mismísimo Lucifer.

William se realizó un corte en la palma, con su sangre haciendo un pentagrama en el piso,  abriendo los libros, en lo que vociferaba las palabras en latín para llamarlo, observando cómo el ser del Averno aparecía todo grotesco frente a él, color rojo por completo, con sus cuernos enormes, barba larga, y patas de cabra.

—Oh, mi muchacho… ¿Qué te hicieron? Mira cómo te han dejado —comentó Lucifer observándolo con algo parecido a la lástima—. Tus padres tanto te desearon y amaron, para que vengan unos fanáticos en mi contra a… Cometer atrocidades en pos del dinero, y… Justicia por mano propia, lo cual es irónico porque los Kaulitz no mataron aquí. ¿Pero para qué me llamaste, Beliall?

William frunció el ceño. —Ese no es mi nombre, necesito que me ayudes a vengarme… Ser tan poderoso para destruir este mundo por completo, empezando con todos los pueblerinos de bosta de caballo que viven aquí —soltó con furia.

Satanás rió.

—No es así de fácil, Beliall. Todo se trata sobre contratos, intercambios, ¿me entiendes? Aunque me gusta tu actitud, tu sed de venganza y quemar el mundo entero… Intrigante, supongo que es porque lo llevas en la sangre. Tú no eres del todo humano, tu nombre real es Beliall, o Biall, para acortar. Para que el útero marchitado de tu madre pudiera gestar es que tuve que usar mi semilla en ella, haciendo que por fin naciera uno con vida. Así que, querido Beliall, eres hijo mío. William es el nombre más humano que pudieron ponerte para disimular el real.  Así que… Puedo ayudarte como hijo mío que eres. Sin embargo, si realmente quieres destruir el mundo por completo no te bastará con sólo darte salud y desatar parte de tu poder para que mediante hechizos y demás puedes provocar terror o tomar venganza de algunos, hijo mío. Un hijo tuyo puede ser el que desate todos los desastres del mundo, uno concebido con una virgen de sangre, y que cuando el pequeño llegue a los dieciocho años, pueda ejercer por completo todo su poder y destruir el mundo entero junto a ti —arguyó Satanás—. Sería el anticristo, ya que no sería un hijo mío, pero sí un descendiente mío, uno que sea producto del pecado.

William se puso a procesar todo lo que había dicho Lucifer, quien en realidad era su padre, pero estaba comprendiendo lo que implicaba, aunque él mismo sentía asco de todo lo relacionado a lo sexual.

—¿Y existen formas de procrear que no sean yo… Teniendo relaciones? —inquirió William con el rezumante del abuso muy marcado dentro de él.

—Claro, existen formas en los libros… Diversas, y variopintas como las que usaban Zeus entre otros, eso ya depende de ti. Debes recordar mantener con vida a tu hijo hasta los dieciocho años… Porque ahí estará preparado para dominar el mundo —acotó Satanás, haciendo con sus poderes que Biall recuperara fuerzas y sanara sus heridas con los ojos poniéndose rojos—. Bien, estoy despertando parte de tu potencial, Biall. El resto depende de ti… Prepárate, instrúyete en las artes oscuras, pero si deseas más… Pues ya sabes lo que debes hacer —repitió para luego desaparecerse.

Biall se levantó, viendo que hasta sus cortes estaban curados, aunque todavía tenía grabado dentro de sí todo el trauma que atravesó, por lo que primero cerró y selló todas las puertas y ventanas, para luego bañarse, y vestirse.

Tendría que prepararse con todos los libros, los cuales de hecho ya había leído, pero no practicado las enseñanzas. Sólo salía para cazar en el bosque, no dispuesto a interactuar con el resto de pobladores, aunque ellos intentaban por todos los medios ingresar al castillo, queriendo ocuparlo, pero Biall había empezado con hechizos de protección, por lo que nadie podía ingresar.

Se mantuvo en su ostracismo por cinco años, hasta ser un adulto de dieciocho años, un joven hermoso de cabello rubio largo, facciones delicadas, pero afiladas, sin barba, él siempre quitándosela con la navaja de sus padres, a los cuales tuvo que enterrar en su patio hacia muchos años.

Ya había dominado varias artes para poder causar desastres en aquel pueblo… Empezaría a matar, sí, se había preparado para ello. Y… Haría que todos temieran su nombre, que William Kaulitz había muerto, y ahora él era Biall Morningstar, sí, el hijo de Lucifer.

Así que por fin es que decidió salir por la puerta delantera, empleando su túnica que le cubría el cuerpo entero, con una capucha que le cubría el cabello. Lucía como la Parca, la muerte, el haber permanecido tanto tiempo encerrado, no ayudaba a tener aquella palidez que parecía más bien enfermiza, aunque igualmente hermoso.

Caminó entre el pueblo, pasando inadvertido, como un mendigo tal vez por la túnica oscura, pero… Uno a uno de los abusadores, tanto los que lo cometieron como sus familias, fueron cayendo, Biall no tenía contemplaciones en matar a hombres, mujeres, niños, ancianos o incluso mujeres embarazadas, ni bebés, realmente no le interesaba nada más que la venganza.

Pero… Biall estaba usando sus poderes, y se quitaba la capucha antes de matarlos, haciéndoles saber bien quién era.

—William Kaulitz… El niño… —soltó uno de los hombres que abusó de él, y Biall sonrió de lado.

—Sí, William, pero ahora soy Beliall Morningstar —farfulló Biall antes de hacer que sangrara por todos los orificios, comenzando a soltar sus intestinos por su recto con sólo un giro de sus dedos—. Ahora quien sangra por el recto eres tú… —masculló con una risa, para después ir por el resto de la familia, que gritaba desesperada.

A cada muerte que cometía Biall, iba perdiendo poco a poco su lado humano, haciendo que sus ojos se tiñeran de negro por completo, saliéndole cuernos, y su piel volviéndose por completo blanca, ya ni siquiera pálida, sino como el cuerpo de un cadáver, sus cabellos volviéndose blancos y largos, con la sangre tiñéndose en sus cuernos y labios, dejando atrás las túnicas, y usando más bien trajes elegantes, con toda la gente temiendo por su vida.

Biall también sabía que tenía el conocimiento de cómo procrear sin él tener sexo, para tener más poder, pero… Decidió que estaba bien así, con el pueblo temiéndole al saber que era el mismísimo Diablo que había regresado para vengarse por lo que le hicieron a los Kaulitz, y es que sí, Biall pensaba aún en sus padres, que pese a todo, si bien habían sido asesinos que le ofrecieron víctimas a su padre para tenerlo… En realidad habían encaminado su vida para mejor, sólo sacrificando animales en vez de personas, pero… No. La gente los juzgó igualmente, y él… Ya no se sentía como un humano, incluso comiéndose parte de sus víctimas antes de matarlas, a mordiscos.

Era un demonio, lo sabía bien… Un demonio que usaba hechizos y conjuros, pero… Que también con la gente sintiendo terror, es que capturaron a Biall, amarrándolo a un poste, con él riéndose como un maníaco.

—¿En serio creen que me van a detener con estas amarras? —inquirió Biall, observándolos.

—Son sogas con agua bendita, aceite, los demás son rosarios y crucifijos, arderás donde perteneces, William Kaulitz —barbotó el líder de la revolución, en lo que todos acercaban sus antorchas para hacer que Biall se quemara vivo, el cual seguía riéndose.

—¡No se desharán tan fácilmente de mí! ¡Yo volveré! ¡Siempre lo haré! —soltó Biall sin importarle el ser carbonizado en vida.—Mi semilla maldita invadirá sus vírgenes… —acotó para reírse con más ganas, sintiendo cómo su carne ardía, destrozándole las ropas, y luego pasando a la capa de dermis… Sabía que dolía… Pero este dolor y el propio aroma azufre que desprendía su cuerpo al ser incendiado, no le hacía sentir mal, sino realizado.

Cuando quedaron los restos del cuerpo de William Kaulitz, es que lo pusieron en una tumba, con las iniciales “EL MAL HABITA AQUÍ”, y envolvieron con cadenas el ataúd con los restos, simplemente con el miedo de que realmente aquel ser del averno pudiera regenerarse y volver a la vida.

Pero Biall sabía que incluso con su cuerpo hecho trizas, podía salir en su forma incorpórea, ya que ahora al haber tomado tantas vidas, era inmortal, y buscaría su virgen de sangre… Fruto del pecado, y pues por ello es que decidió empezar a buscar a su virgen de sangre.

No quería acostarse con alguna estando dormida, tal cual un íncubo, porque le daba asco pensar en tocar a alguien, no, así que según todo que aprendió, podía hacer varias cosas para embarazar vírgenes, esperando que alguna fuera precisamente la virgen de sangre que necesitaba para su unión profana, la que sería madre de su hijo, el anticristo que lo elevaría.

Poseyó un caballo, haciendo que una muchacha se subiera sobre él, y cuando la muchacha se bajó, ya estaba en estado de gestación, sin ella saberlo.

La muchacha era virgen sí, por lo mismo es que tomó por sorpresa a todos cuando de la noche a la mañana le creció un vientre de cuatro meses de gestación, cuando ella no estaba casada, y el día anterior tenía el vientre plano, sin embargo, aquello alertó a todos, recordando las palabras de William Kaulitz sobre que su semilla maldita invadiría sus vírgenes…

A la semana es que la muchacha dio a luz, un bebé hermoso, pero que le fue arrebatado por el líder Gustav, quien decía que para erradicar de raíz aquello había que matar a los hijos de William, por lo que para demostrar superioridad al demonio, es que el rubio mató al recién nacido sobre la tumba de Kaulitz, quien veía todo en las sombras, observando cómo su hijo era destazado sin importarles el llanto del bebé antes de morir.

Biall gruñía desde la oscuridad… Él no tuvo contemplaciones con bebés, lo sabía, también los mató sin problemas, así que por ello es que el líder no tenía reparo alguno. Pero no se rendiría, tendría que nacer su hijo, y sobrevivir hasta los dieciocho años, debía haber alguna forma… Podría hechizar algún objeto de Gustav, una prenda o algo, para que le perdonara la vida al bebé, o creyera que lo mató, dejándolo con vida.

Luego poseyó una serpiente, quien mordió una manzana, dejando su veneno, que al ser de Biall no era el veneno letal capaz de matar, y… Esta manzana al ser comida, embarazó a otra mujer virgen.

En esta ocasión, Biall hechizó las prendas de Gustav para que pudiera obedecerlo pero… Él no iba a matar al bebé, observó cómo otro ciudadano lo hacía, y tenían público en esta ocasión, la gente vitoreaba el asesinato a otro recién nacido inocente, sobre la tumba de Kaulitz.

No se acercaban del todo, y ya la persona que tenía el “honor” de matar a uno de los vástagos de Kaulitz, usaba una túnica, y daba la espalda al hacerlo, tal cual ceremonia.

Así que así pasaron los primeros dos bebés… Al tercero, Biall nuevamente intentó hechizarlo con las prendas, pero… Al momento de agarrar a su tercer hijo, este le vomitaba, haciéndolo cambiarse, y perdiendo así el poder que habría podido tener.

Al cuarto… Fue igual, lo intentó con un anillo que siempre usaba el victimario pero no, ese día no se lo puso.

Su quinto hijo… También fue igual, asesinado sobre su tumba, con la sangre chorreando, y el victimario que no pudo ser controlado por no usar ropa interior.

El sexto… Había algo en él, lo sabía, apenas nació la tierra tembló, no lucía como su madre, como la gran mayoría, era rubio tal cual él, con los rasgos de su rostro cuando era bebé, su sexto hijo que nació el día seis del mes del barbecho (que siglos después sería llamado el mes de junio), era quien no lloró al nacer, se quedó en silencio, y cuando la victimaria lo acunó en sus brazos, no se removió ni vomitó ni nada, manteniéndose quieto.

Por lo mismo es que Simone, quien sería la que lo mataría, puso al bebé sobre la tumba de su padre, y se calzó su pulsera de la suerte, antes de tomar el puñal para matar al bebé pero… Se detuvo, apenas rozándole levemente en su brazo, haciendo que la sangre del menor emanara de la herida, aunque él seguía sin llorar y caía sobre la tumba…

Biall estaba en control de la mujer, por lo que maldijo su cuerpo, volviéndola una esclava de su hijo, para que siempre lo protegiera de todos… Aunque el resto estaba atento a su movimiento paralizado, por lo que se fijó que había un cerdo cerca, haciendo que se situara frente a ella, con Simone matando al animal, y ubicando al bebé bajo su túnica, poniendo en una bolsa de tela los restos del porcino, llevándolos hacia la gente que vitoreaba y la felicitaba.

Biall se sentía feliz por ello, ahora su hijo crecería bajo el cuidado de aquella solterona que sería su esclava para siempre, o al menos hasta los dieciocho años que tendría que ir por él.

Sólo que notó algo dentro suyo… Cómo es que la sangre de su sexto hijo activó algo que nunca consiguieron sus hermanos… Despertaron a su cuerpo.

Por lo mismo es que volvió como ente a poseer su cuerpo, que se había regenerado, manteniéndose con la imagen de antes de morir carbonizado, con el cabello plateado, piel blanca, colmillos y cuernos… Le parecía tan curioso cómo es que aquellas gotas lo hicieron recuperar su cuerpo físico nuevamente.

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Biall observaba de lejos a Thomas, aquel nombre que le había puesto Simone, arguyendo que era su sobrino, porque su hermana murió, y pues la gente no le sorprendió aquello.

Pero conforme iba creciendo Thomas, Biall lo notaba, era igual a él en su forma humana, sólo que con formas más redondeadas a diferencia suya.

Biall se mantenía vigilante en las penumbras, decidiendo no interrumpir la vida de pequeño Tom, que ya volvería cuando fuera tiempo de llevárselo.

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Dieciocho años más tarde…

Cuando Biall regresó para ir por su hijo, es que lo vio echado bajo un árbol, después de haber quitado los pétalos de unas rosas, haciendo que cayeran sobre él… Biall lo notaba, su hijo casi como verse a sí mismo en su forma humana a los dieciocho años, sólo con el cabello más ondulado, a diferencia suya, y esas facciones redondeadas que poseía… Su hijo era hermoso, muy bello, mucho más que él. Pero le sorprendía verlo solo, ¿por qué? Se acercó hasta verlo desde arriba, y el menor se sorprendió al fijarse en el demonio de cuernos y cabello platinado.

—¿Quién eres? —increpó Thomas, calzándose su abrigo y poniéndose de pie, frunciendo el ceño con desconfianza, es decir, era un demonio a su lado como si nada.

Biall sonrió, mostrando sus colmillos, y se quitó el sombrero, haciendo una reverencia, en un gesto galante. Notaba que el aroma de su hijo era algo… Peculiar, atrayente de algún modo, como si nadie nunca le hubiera olido así de dulce, así de delicioso, ¿qué le estaba pasando? Y cuando el rubio conectó miradas con él, es que Biall lo vio… Desolación, sufrimiento, dolor… No de Tom sino…

Pudo conectarse en la mente de su hijo, ver a través de su pasado, cómo desde bebé que aprendió a caminar se comía gallinas vivas, con Simone culpando a los zorros o coyotes por si alguien quería decir si sabían de la desaparición de aquellos animales… Que luego rompía las patas de las cabras, simplemente para reírse de cómo no podían caminar…

Tom lastimaba a otros niños, y los obligaba a mantenerse callados… De algún modo los niños que eran golpeados obedecían y Tom quedaba libre de culpas.

Aunque también se daba cuenta que precisamente por su comportamiento es que Thomas vivía solitario, no tenía amigos… Había maldad en él, pero también… Útero… Su hijo tenía un útero dentro suyo. ¿Qué? Podía olerlo… Y era virgen.

“Has encontrado a la virgen de tu sangre, Biall… Tu hijo, que es casi una reencarnación tuya, que tuvo el poder de levantar tu cuerpo con su sangre… Él es tu recipiente, quien fruto de una unión profana, del pecado, del incesto entre padre e hijo, nacerá el anticristo”, escuchó la voz de Lucifer en su cabeza.

Biall se quedó paralizado al comprenderlo, Thomas era la virgen de sangre, porque tenía que tener su sangre, no estaba buscando a un hijo, que sí, sino que uno de sus hijos gestaría al anticristo.

—Soy Beliall Morningstar, Thomas, y he venido por ti —farfulló Biall, realmente no teniendo reparo alguno al pensar que tenía que procrear con su propio hijo, no, él que nunca sintió interés sexual por alguien, sólo asco por la gente luego de haber sido abusado de niño, sin embargo, ahora… Sentía deseo sexual por su hijo, el cual era bello, y estaba preparado para recibir su semilla, no lo haría con magia mediante transformaciones como hizo con sus otros hijos, no… Biall se permitiría venerar aquel cuerpo hasta embarazarlo “como Dios mandaba”, y reía frente aquel pensamiento, porque los hombres normales no se embarazaban, ni mucho menos era normal que se embarace un hijo de su padre, y él siendo hijo de Satanás consideraba tan irrisorio el pensar precisamente de aquella forma.

Biall le extendió la mano enguantada y Thomas rió.

—¿Y por qué iría contigo? —cuestionó Thomas, arqueando una ceja, sin tomarlo por la mano.

—¿No estás cansado de la gente? He visto la maldad en ti, Thomas. No encajas con el resto, y disfrutas el sufrimiento en otros… Y está bien, te ofrezco precisamente el poder, junto a mí podremos reinar y ver la destrucción que dejemos a nuestro paso —explicó Biall, sin bajar la mano.

—Eres el demonio que está enterrado en el viejo cementerio, quien asesinó a varios inocentes… ¿Por qué aceptaría? Me ofreces reinar, como si fueras un rey, ¿de dónde se supone que lo eres? Si hasta cánticos hay de cómo moriste carbonizado hace años —acotó Thomas en tono desafiante.

Biall rió ante la insolencia de su hijo. —Eres realmente un diablillo, Tom… Podríamos reinar el mundo entero juntos, si me permites enseñarte, y tomarte como mi consorte, verás que no te arrepentirás —masculló el de cabello platinado.

Thomas sintió el rojizo invadir sus mejillas, y acentuó más su ceño fruncido.

—¿Consorte? ¡Soy un hombre! —reclamó Thomas, que sabía que era un título de cónyuge, pero si Beliall era un demonio que fue hombre, era como si dijera que Thomas sería su esposa.

—Sí… Un hombre que se lubrica como mujer, ¿cierto? —inquirió Biall, relamiéndose los labios.

Thomas apretó la mandíbula. —No sé de qué hablas.

Biall se acercó a él, tomándolo por la cintura, haciendo que Thomas se tensara y soltara un jadeo frente a la fuerza del demonio, que al tenerlo contra su rostro, tragaba saliva al fijarse que era atractivo, aunque fuera una amenaza, pero la manera en que lo estaba agarrando hizo que su interior comenzara a lubricarse por la excitación, sabía que era raro pero sí le gustaba el demonio, aunque todo en él gritara peligro.

Y había algo en Beliall, algo en su olor que lo llamaba poderosamente… ¿Qué le pasaba? El demonio podría matarlo, y Thomas ahí, con los ojos brillantes, queriendo que aquel ser del averno le quitase la virginidad.

—Somos compatibles… Ahora mismo puedo saborear los fluidos que están emanando por tu entrada, Tom… Sé mi consorte para llevar mi descendencia y hacer el mundo arder, un hijo de ambos será la destrucción del mundo entero. Donde seremos reyes con nuestro vástago, el ser supremo y poderoso fruto de tu vientre, Tom… Sientes excitación no sólo porque te parezco atractivo, es también porque fuiste hecho para mí, para llevar mi descendencia —masculló Biall—. El único compatible, quien despertó mi cuerpo con tu sangre sobre mi tumba, el sexto hijo del sexto mes…

Thomas parpadeó confundido. —¿De qué hablas?

—Los hijos de William Kaulitz, mi nombre humano, fueron seis, y tú fuiste el último. Simone mató a un cerdo en tu lugar y tienes una cicatriz pequeña en el brazo del roce del puñal, tu sangre me trajo de nuevo a mi cuerpo físico, y, por lo mismo, es que eres el elegido para llevar mi descendencia —explicó Biall con simpleza.

—¿Soy tu hijo y quieres que me case contigo para tener un hijo juntos que destruya el mundo? —cuestionó Thomas, procesando toda la información, porque tía Simone nunca le contó su origen, más allá de siempre repetir que era su sobrino, sin siquiera decirle cuál era el nombre de su hermana o padre, a veces actuando como si no fuera una persona, que sólo se dedicaba a cuidarlo, y siempre defenderlo de cualquier situación, más allá de ello sólo era como si no tuviera raciocinio alguno.

—Sí… Mi cuerpo humano era… —mencionó Biall, adoptando la forma humana que tenía a los dieciocho años, dejando a Thomas sorprendido al notar que sí eran casi idénticos, sólo que el demonio tenía las facciones más afiladas, la nariz más delgada y el cabello más liso, y luego retomó la forma de demonio—. ¿Ahora lo entiendes?

Thomas se percató de lo que decía este demonio… Qué lejos de pensar que era sólo un truco para hacerlo caer, tenía sentido, era extraño, perverso, pero… No le desanimaba para nada, el pensar en ser follado por su padre, que era un demonio, y que se embarazaría para después parir al anticristo, la verdad no sonaba para nada mal.

—¿Y entonces sólo quieres llevarte mi virginidad sin hacerme tu esposo? —interrogó Thomas en un tono fingido de indignación.

Biall sonrió de medio lado, e hizo un gesto con los dedos, haciendo que Simone apareciera frente a ambos, con la mirada perdida, y el demonio la sujetó por el cuello, para arrancarle la columna vertebral, haciendo que se cayera en el suelo sin vida, con Thomas luciendo curioso por la escena cruenta donde su tía Simone fue asesinada, no le daba ningún tipo de lástima porque nunca tuvo apego con ella y en realidad amaba ver morir a la gente, pero tenía curiosidad de por qué lo hizo Biall, no obstante, antes de preguntárselo, notó cómo sacaba dos vértebras, modificándolas con magia, haciendo que se formaran dos anillos de hueso, y Biall sujetó la mano de Thomas.

—Thomas Kaulitz, con este anillo… Te hago mi esposo, mi consorte para toda la eternidad —masculló Biall, poniéndoselo en el dedo.

—No creo que sea válida la unión entre dos hombres y menos cuando eres mi padre —bromeó Thomas, aunque sin alejar su mano de la del mayor.

—Y yo, Beliall Morningstar, antes William Kaulitz, acepto tomarte como mi esposo, así sea con un anillo de matrimonio simbólico… Para toda la eternidad —acotó Biall, poniéndose su propio anillo, para besar a su hijo, Thomas correspondió al gesto.

Thomas no había besado a nadie nunca, y Biall sí recibió besos no deseados por su pasado traumático, sin embargo, era el primer beso de ambos de algún modo, uno dado con deseo y consenso, y había un rezago de amor… No el más usual, más bien un amor por tener cosas en común como el querer destruir el mundo entero, o la misma química que los hacía que cualquier interacción entre ambos se sintiera correcta, pero el demonio movió sus labios con insistencia contra los de su hijo, quien también él seguía aquel ritmo discorde, para luego Thomas entre abrir sus labios, y Biall coló su lengua en su cavidad, disfrutando del sabor de la saliva de su hijo, y la forma inexperta pero ansiosa en la que danzaban sus lenguas.

Aún Biall volvió a tomarlo por la cintura para besarlo, y sentía su aroma, cómo es que Thomas estaba excitándose y lubricándose más por ello, el rubio le tocó el cuello, debajo de su largo cabello platinado, pasando los pulgares por la zona sensible y Biall le mordió el labio inferior, empujando su pelvis contra la de Thomas, haciendo chocar sus durezas cubiertas por las prendas.

Biall jaló el labio inferior de su hijo, ejerciéndole unas leves heridas por sus colmillos, paladeando su sangre que emanó de ellas, y viendo cómo Thomas sólo sonreía, si es que le dolía, no lo demostraba y eso estaba endureciendo más a Biall.

El demonio le quitó el abrigo a Thomas, quien se dejó hacer, observando cómo los ojos de Biall estaban negros por completo, cómo es que el mayor también se quitó el gorro, saco y guantes, demostrando su camisa debajo, y Biall se comió con la vista a Thomas, observando aún algunos pétalos de rosa sobre la prenda, y cómo es que transparentaba sus pezones y piel sin mancillar… Como si fuera de porcelana.

Thomas mismo estaba muy excitado frente a ver al mayor, con sus cuernos, ojos asesinos, y la sangre que tenía… Su padre no era humano, incluso sus manos eran del mismo color de un cadáver, con las uñas negras, pero al rubio no le interesaba…

Biall empujó a Thomas al momento de volver a besarlo, haciendo que cayera en el pasto debajo del árbol nuevamente, pero manteniendo sus labios unidos, en lo que bajaba sus manos para romperle la camisa al quitársela con violencia por interrumpir su paso para tocar su suave piel, y Thomas jadeó contra los labios de su padre, quién con hambre animal se lanzó a su cuello, chupándolo y mordiéndolo, iba a dejarle marcas, el ardor se hacía presente, pero Thomas estaba sonriendo al apuñuscar los cabellos platinados de su padre, que lo hacía estremecer con aquel dolor y forma en que lo reclamaba como suyo…

Biall siguió bajando, lamiéndole y luego mordiéndole los pezones, con Thomas realmente tan mojado debajo que sabía que tendría que lavar sus prendas y ponerse otras, como muchas veces sucedía cuando veía algún asesinato… Pero en esta ocasión era por otra clase de deseo y excitación.

Biall siguió dejándole marcas por todo su torso, lamiéndole dentro del pequeño espacio de su ombligo, haciendo que Thomas se quebrara bajo suyo, sin importarle gemir algo en el bosque, sólo quería que su padre se la metiera ya, por lo abrió sus piernas, abrazando a Biall con ellas, que sentía la orden y ansía en aquel gesto.

Biall le abrió los pantalones, para morderle el extremo de su cadera, saboreando la sangre que dejó allí por el mordisco.

—Hazme tuyo… Dame un hijo —soltó Thomas en un gemido, parte por deseo, pero también porque anhelaba el poder de destrucción que tendrían al ser padres del anticristo.

Biall sonrió contra su piel, y terminó por quitarle los pantalones por completo, alzando sus piernas, observando complacido la entrada apretada pero chorreante que había olido desde antes, luego tendría tiempo para saborearla con su lengua, ahora debía consumar su unión profana.

Biall se ubicó en medio de sus piernas, alineando su erección contra la hendidura de su hijo, quien bajó el trasero para hacer que le metiera la cabeza de su erección, y Biall siseó… Cuando estuvo dentro de alguien, y también estuvieron dentro de él antes fue contra su voluntad, pero ahora sí quería estar dentro de Thomas, por eso es que su excitación no menguaba y más bien la efusividad de su hijo virgen estaba encantándole, por lo que se la metió de lleno, fijándose cómo el rubio boqueaba frente a la intromisión directa, disfrutando del dolor… Y Thomas se relamió los labios, viéndole con ojos brillantes, al abrazarlo con sus piernas nuevamente para después jalarlo por la camisa y hacer que lo besara, apretando más su interior húmedo y dispuesto para recibirlo, haciendo que la virilidad de Biall se sintiera gozosamente asfixiada dentro, en lo que empezaba a arremeter con violencia, batiendo sus caderas con todo su impetuoso poder sobrenatural, y ambos gemían en la boca del contrario, perdiendo por momentos la unión de sus labios, los besos, precisamente porque el placer era muy grande que hacía que su mente les impidiera hacer más de una cosa a la vez.

Tenían obnubilados sus sentidos… Biall nunca se había sentido tan bien, poseyendo a su hijo, al que tenía aferrado con garras de una de sus manos en su caderas, sin dejar de embestirlo con fuerza, mientras que Thomas estaba arqueándose bajo suyo, con su miembro friccionándose entre ambos, palpitando tan sensible, mientras su canal era llenado de una forma maravillosa, haciendo que el pene grande de su padre, que definitivamente era de un ser del infierno por aquel tamaño, estuviera tocándole por dentro algo que no sabía que tenía pero había un punto sensible… Fuera de que el demonio al ingresar le estimulaba todo el canal que amaba el latir de sus venas dentro suyo, su fiereza y modo salvaje… También Biall tocaba algo que hacía que Thomas sintiera que iba a correrse pronto.

Thomas terminó entre ambos cuerpos con fuerza, echando la cabeza para atrás, acezado, y apretando demasiado su interior por los espasmos del orgasmo, haciendo que Biall gruñera, dando un par de estocadas más para después correrse dentro de su hijo, el cual se mordió el labio inferior.

—Ya consumamos nuestra unión —farfulló Biall contra los labios de su hijo.

—Espero que no sea sólo para procrear, y hay que asegurarnos que quede bien embarazado, ¿no? —inquirió Thomas con aire juguetón, aún teniendo a su padre dentro suyo.

Biall sonrió ante ello.

&

En el caso de Thomas, el embarazo no fue como se realizó en las mujeres que fueron embarazadas por magia, no, en su caso llevó el embarazo como una mujer normal, aunque él no fuera mujer ni mucho menos normal, por lo mismo es que en sí tuvieron bastante sexo, que no les molestaba, pero querían asegurarse de que en serio Thomas estaba quedando embarazado para poder dar a luz al anticristo.

Así que cuando a los dos meses Thomas empezó a botar fuego por la boca, es que supieron que estaban en la dulce espera de su pequeño, su embarazo duró nueve meses, y el parto fue un tanto doloroso, pero Thomas pudo con ello, su canal estaba preparado para parir, por eso tenía útero, lubricaba y se dilataba solo, Thomas empujó a su bebé, que nació pálido como ambos, con sus rasgos delicados pero el cabello negro como la noche, diferente al rubio que poseían en su forma humana, y lo llamaron Damien.

Cuando Damien nació, el cielo se oscureció de pronto, haciendo que varios pájaros cayeron muertos por toda la aldea y tanto Biall como Thomas sonrieron felices para luego besar su cabecita con pelusita negra con amor, sólo tocaba esperar que su pequeño creciera para verlo destruir el mundo.

F I N

Aquí anexo también las manips que hice de cómo luce Tom:

Si pese a todo te gustó, pues no olvides dejar un comentario 🫶🏻

por Kasomicu

Escritora del Fandom

2 comentario en “Fiesta pagana”
  1. Pensé que Tom era el anticristo y no Tom era para Bill para hacer al anticristo y porsupuesto que no solo será para procrear Tom es un pícaro este Tom

    1. Jajaja sí, es que de hecho que hasta podrían tener más de un hijo, aunque él anticristo sólo sería el primero, sí, Bill pasó una vida triste aunque tiene a Tom, quien al menos lleno acompañará y dará amor retorcido de ahora en adelante, gracias por leer y comentar 🫂

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