Notas: ¡Hola! Este fic nace del reto de Sophie Kaulitz, donde pedía algo ambientado en el antiguo Egipto y esto fue lo que se me ocurrió. Así que esta historia va dedicada a ella. En fin, espero que les guste esta nueva historia. ¡A leer!

Prólogo
El Cairo, Egipto 17 de julio, 2017
─…Y su madre tuvo que ir por ella a la comisaría, Caleb dijo que cancelaron sus tarjetas y le quitaron el auto.─terminó de narrar el joven rubio.
─Se lo merece, es una perra.─rodó sus oscuros ojos y acomodó un mechón de su largo cabello detrás de su oreja.
El joven sentado a un lado del rubio solo pudo rodar los ojos mientras continuaba presionando la pantalla de su móvil, sus gallinas estaban a punto de poner huevos, no podía perderlos o tendría que esperar tres días para que estas volvieran a poner, en su conciencia no podía tener más muertes de pollitos, y menos por las banales conversaciones de sus insufribles y superficiales compañeros de escuela.
El sol chocó de frente con las ventanas del lado izquierdo y las quejas no tardaron en escucharse. William abrió su botella de agua para darle un gran sorbo, pasándola luego a su rubio amigo que no paraba de reír y balbucear sobre el castigo de Hanna May luego de la descomunal fiesta del pasado viernes en su mansión.
El viejo autobús frenó de golpe y todos se fueron hacia adelante, el moreno rió bajito cuando Andreas chilló al ser empapado por el agua en su mano. Miró de reojo a su compañero y se topó con la mirada despectiva de William, sintiéndose atrapado volvió su mirada a su celular rápidamente.
─¡Jóvenes, jóvenes! Calmante por favor.─llamó el profesor Jones levantándose de su asiento para pararse en el pasillo y lograr ser visto por sus alumnos. ─Debemos bajar aquí, los vehículos no pueden llegar hasta la zona de exploración, así que el resto del viaje será a pie.
Y las quejas no se hicieron esperar por supuesto, más fueron ignoradas por el hombre que en cuanto las pertas se abrieron bajó del auto bus, con su bolso y la lista de estudiantes en mano. Poco a poco fueron bajando los 50 chicos, que con los ceños fruncidos se apostaron a un lado del autobús a esperar que terminaran de pasar la lista y poder seguir con la aventura.
─Thomas hermano, vas a cocinarte ahí dentro.─señaló el castaño jalando un poco de la manga de la enorme sudadera de su amigo.
─Tal vez, pero prefiero el sudor a las quemaduras.─se encogió de hombros abriendo el cierre de la sudadera para que al menos le pasara algo de aire.
─¡West, Smith, vamos no se queden ahí!─Les llamó el señor Jones y Thomas y George siguieron al resto del grupo.
La guía que habían contratado especialmente para ese tour les guió a través de un largo camino de arena y piedras, explicando en un fluido ingles pero con su acento árabe más que marcado, las características del lugar y quienes se asentaron ahí milenios atrás.
─el Templo del Valle de Kefrén.─señaló la imponente edificación.
Ante los admirados e impactados ojos de los estudiantes se alzaba el grandioso templo, que pese al deterioro por el paso de los años, seguía siendo tan apabullante como lo fue en antaño. Los altos y delgados robustos pilares se extendían hacia el cielo sosteniendo la pesadas piedras de las paredes, la larga calzada y las estatuas que le adornaban le hacían lucir casi mágico.
─Fue descubierto por Auguste Mariette en 1985 y le dio el nombre de “templo de la esfinge” creyendo que era en honor a esta. Forma parte del complejo funerario de Kefrén y era donde se realizaban los ritos de purificación de la momia del faraón, para posteriormente ser llevada por la calzada hasta su mausoleo.
Mientras explicaba, la mujer les fue guiando dentro del enorme lugar, dejando aún más impresionados a los jóvenes por la arquitectura y el tamaño de aquello.
Luego de recorrer por más de cuatro horas el complejo, se acercaron finalmente a las pirámides. William estaba emocionado pero trataba de no demostrarlo. Desde niño le había encantado la historia egipcia, todos sus mitos y leyendas, su arquitectura, era más que increíble como simples humanos había hecho tanto. Su abuela solía contarle que los egipcios no siempre habían sido solo humanos, pero que esto se remontaba a cientos de miles de años atrás, cuando los dioses aun habitaban aquellas tierras.
Por su parte Thomas también disfrutaba de todo aquello, menos de sus compañeros. La mayoría eran niñitos ricos que habían pagado el costoso viaje educativo con el solo hechos de gastar dinero de las tarjetas de sus papis, y no por que se tratara de su nota trimestral en historia. Otros como el, habían tenido la suerte de que la junta escolar había planeado dar una donación para que los estudiantes becados pudieran ser parte de la aventura.
Harto de las quejas y cuchicheos de los niñitos ricos se alejó del grupo, aventurándose a recorrer el camino que rodeaba las pirámides. Sus zapatillas estaban sucias por la arena, su espalda húmeda por el sudor y su nariz quemada por el sol, tenía sed, sueño y solo quería disfrutar de la experiencia sin tener que ser interrumpido por sus compañeros.
Rodeó una piedra gigantesca y en un par de pasos estaba bajo la sombra de la gran pirámide, topándose con el chiquillo Earhart mirando con atención uno de los bloques que formaban la pirámide. Sus ojos estaban fijos en un punto del bloque, curioso Thomas se acercó tratando de no hacer algún ruido que pudiera atraer la atención de su compañero.
Se acercó por su espalda, en el momento en que este alzaba la mano y la pasaba por el bloque, limpiando la arena que se encontraba en este, ante los ojos de ambos chicos, una serie de inscripciones en jeroglíficos aparecieron tallados en la piedra junto a la figura de una persona en una esquina.
Sin entender una sola palabra de lo que decía ahí, Will sacó su celular y tomó un par de fotos de las inscripciones, más estas no se veían del todo bien así que tuvo que alejarse para que su móvil pudiera enfocar bien.Tomó un par de imágenes más desde diferentes ángulos y sonrió satisfecho, las fotos lucían mucho mejor y ahora si podría investigar y descifrar que decían. Dio un paso hacia atrás y su pie chocó con una piedra, desequilibrándolo; en medio de la confusión el celular se le resbaló de las manos, todo lo que pudo hacer fue soltar un gritito aterrado mientras el costoso iPhone caía al suelo, probablemente con una importante cuarteadura en la pantalla.
Thomas se apresuró a ayudar a su compañero que producto del susto terminó cayendo al suelo duro, ensuciando sus pantalones de diseñador. Extendió su mano hacia el chico y con la otra levantó el celular bajo la atenta mirada del menor, limpió el aparato en sus pantalones y sonrió al ver que solo tenía un pequeño rayón, afortunadamente había caído en la arena y no sobre una piedra.
─Gracias.─susurró Will aceptando la mano y su celular de vuelta.
─No hay de que.─sonrió el trenzado sacudiendo sus pantalones. William Earhart no era un gran amigo, es más, apenas y habían cruzado un par de palabras en el salón de clases, y pese a que el chiquillo era bastante superficial, no le caía mal del todo.
─¿Qué es eso?─preguntó Tom señalando el bloque con los jeroglíficos.
─Hum, no lo sé, pero le preguntaré a la señorita Malik, ella debe saber cómo leer estos jeroglíficos.─se encogió de hombros alzando su móvil.
Tom asintió y abrió la boca para responder, pero fue interrumpido por un grito del profesor Jones. ─¡Earhart, West, vengan en este instante!
Ambos se vieron a los ojos unos segundos antes de avanzar hacia donde el resto del grupo se encontraba, listos para partir de regreso a la ciudad donde tomarían finalmente el almuerzo. Con una última mirada a su trenzado compañero, Will se acercó corriendo a su grupo de amigos, para caminar juntos hacia el camino de regreso.
─Te vi, West. ─Gustav golpeó las costillas de su amigo con el codo, alzando una ceja y sonriendo picarón.
─No sé de qué carajos hablas. ─respondió tajante caminando detrás del grupo a pasos agigantados y dejando tras de sí a su amigo riendo a carcajadas.
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De regreso en la ciudad el grupo se encontraba almorzando tranquilamente en un salón del hotel que había sido reservado especialmente para ellos. Con su almuerzo a la mitad en su plato, Will no podía dejar de pensar en las fotos que había tomado, así que dejando su plato a un lado, fue hasta donde la guía y su profesor de historia conversaban luego de terminar su comida.
─Disculpe señorita Malik, ¿tiene un segundo?─preguntó tímidamente deteniéndose a un lado de la mesa.
─Si claro, ¿qué sucede cariño?
─Es solo que, encontré unas inscripciones en la gran pirámide y me preguntaba si usted podría decirme que dicen.
─¿Inscripciones en la pirámide?─preguntó frunciendo el ceño. ─Cielo, en la pirámide no hay inscripciones, esos bloques han sido explorados por años y no son más que piedra fundida.
Will frunció el entre cejo y sacó su móvil buscando en la galería las imágenes para mostrarlas a la mujer. ─Pues esto es lo que yo vi.─le tendió el aparato a la mujer cruzándose de brazos.
─¡Por Alá!─exclamó sorprendida mirando fijamente la pantalla. Con sus ojos agrandó la imagen acercándola a la figura humana tallada en la piedra, y sus negros ojos se abrieron aún más, sorprendidos. ─No puede ser…
─¿Qué es señorita Malik?─preguntó el señor Jones.
─E-es algo increíble.─murmuró sin poder creerlo aún. ─Y-yo… ¿quieren escuchar una historia?─preguntó de pronto, alzando la mirada brillante y entusiasmada hacia el chico y el profesor.
El señor Jones llevó a sus alumnos hacia un salón diferente donde les hizo sentarse en el suelo alfombrado y acomodarse para escuchar lo que la joven guía tenía que decirles. Will se sentó junto a Andreas, y sonrió tímido a Thomas cuando este se ubicó a su lado unos centímetros más lejos, siendo correspondido por la brillante sonrisa del trenzado, antes de que volvieran toda su atención a la señorita Malik.
─Bien. El señor Earhart descubrió algo increíble en uno de los bloques de la gran pirámide, una leyenda sobre sobre la historia de alguien que durante muchos siglos había permanecido en el olvido para los habitantes del continente entero.
»Lo que voy a contarles hoy, es la historia de un rey, un dios, tan magnifico como ningún otro, y la historia que marcó su vida y la de todo el reino. Todo empezó con él, el Faraón, uno mucho más poderoso que incluso el mismo Ramsés o que Tutankamón. Su nombre era Mentuhotep II, y durante su reinado, el imperio fue el más próspero que se haya visto jamás.
Sus hazañas fueron grandiosas, sus conquistas siempre exitosas, y sus construcciones, las más imponentes de todo Egipto. Pero no es el quien destacó más, sino su hijo Vel-il, príncipe de todo Egipto…
Continuará…
Y eso es todo por ahora, si tienen dudas o alguna cosita que quieran saber, no duden en comentar.
Nos leemos pronto en el primer capítulo.