Notas de la administración: Este fic es un rescate. La historia fue originalmente publicada por la autora en la caída thf (com).

«Híbrido» Parte I (Monnyca16)
Híbrido: Capítulo 1
La puerta principal de ‘Raíces’ detallaba el lema que todas las escuelas, tanto públicas como privadas, daba a conocer. Bill se lo sabía de memoria, pero el guardia lo había obligado a leerlo como requerimiento para poder entrar a las instalaciones. Bill entendía, era nuevo, y por tanto era su deber estar orgulloso de sus raíces. Debía siempre mostrar respeto por su genética.
Sin más, llevó su mano matriculada al pecho, justo sobre el corazón. Entonces leyó en voz alta, apasionado:
Primero de noviembre del año 2486.
Nuestra unión. Nuestra racionalidad.
Híbridos humano/animales, nacidos para silenciar la enfermedad y aliviar la integridad de los necesarios.
La cura yace en nuestra sangre, el orgullo en nuestro corazón.
Nacimos para redimirnos, para valorar y adorarnos, cuidando las especies y respetándolas.
Nacimos para salvar a la humanidad futura.
Somos superiores. Somos vida; humanos sin defectos físicos, creadores de sentimientos y trasmisores de emociones.
El valor de nuestra sangre recae en lo poderosa que es, aceptando ser el ejemplo a seguir de los otros, permitiendo la humildad y la importancia social.
Al concluir, deslizó hacia arriba la mano que se posaba en su tórax y la llevó hasta su frente, con firmeza para sellar y respetar el lema. El guardia le cogió la muñeca matriculada e inmediatamente situó sobre esta el aparato de registro para cachear el número impreso en ella.
—46-700-110-006 —espetó el uniformado, visualizando el aparato y a Bill momentáneamente —. Bill Kaulitz. ¿Correcto?
—Es correcto.
Sin más, el miembro de la élite contempló el pasillo empedrado y guió a Bill hasta el centro de arquitecturas antiguas, todo repleto de áreas verdes. Las instalaciones parecían casas y el símbolo muy familiar, el cual era una excelente estadía para estudiar y convivir.
Entre los pasillos, Bill localizó el número y la letra de su aula:
9 –B
—¿El nuevo? —El profesor Bernard inquirió, impasible, hallando automáticamente al delgaducho chico de cabellera rubia que interrumpía el comienzo de su clase tras esperar en el umbral. El nuevo estudiante asintió perezosamente, yendo hasta el anciano. Torpe, el escuálido muchacho le entregó su ficha de ingreso. El profesor Bernard leyó en voz alta—: Bill Kaulitz, híbrido físicamente masculino, filiación intersexual, con 15 años de edad, mínima estatura de 1.56 metros, peso deficiente correspondiente a 49 kilogramos, nivel socioeconómico medio, y sin ningún daño orgánico aparente —expuso frente a todo el grupo. Bill meneó la cabeza de arriba abajo, estando de acuerdo con aquellos datos —. Su naturaleza radica al conejo europeo: especie de mamífero lagomorfo de la familia Leporidae, y el único miembro actual del género Oryctolagus.
Bill giró la cabeza al escuchar murmullos provenientes de la parte trasera del salón de clases, apenas columbrando el mobiliario y a sus compañeros, el inmenso alboroto en sí. El señor Bernard soltó una burla acometida al rememorar, al igual que todos, que el nuevo era el único conejo en el colegio y en el país entero.
En el Colegio ‘Raíces’ podía estudiar cualquier híbrido, sin embargo, el conejo era por defecto el único que existía allí. Los conejos eran conocidos por ser objeto de cazas y no para sobresalir. Y aunque quizá fuera negativo, Bill no podía hacer nada para cambiar su naturaleza, e incluso estaba agradecido por no ser un oso panda o un oso panda rojo.
Le gustaba ser conejo después de todo, por ahora, aunque tenía sus defectos serlo; el conejo podía ser objeto de burla o de críticas si llegaba a perder la virginidad antes de los 18 años. Además, el conejo era uno de los pocos mamíferos con exterior masculino, al igual que la alpaca, el gato y el borrego, que poseían matriz y ovarios, y por ende, podían embarazarse gracias al calor y humedad del pene y los testículos. La hendidura del glande era un pequeño orificio que no podía dilatarse, pero que era conductor vaginal. La uretra era considerada la abertura vaginal de los híbridos intersexuales, y podían quedar preñados por medio de la humedad al absorber los espermatozoides de manera casi mágica.
Los 18 años eran sagrados y los conejos eran la única especie que físicamente demostraba su pérdida de «pureza»; Inmediatamente después de perder la virginidad antes de los 18 años, los conejos tenían un cambio drástico de color en el cabello –color que no podía teñirse aunque tratara de hacerlo.
Si Bill tenía relaciones sexuales por primera vez, antes de los dieciocho, su cabello rubio se oscurecería hasta volverse azabache, cosa que todos, si lo veían, notarían. Luego de cambiar a negro ya nada estaba destinado a ser como antes, porque eso también significaba que los conejos ya nunca volverían a crecer corporalmente, además de ser mal vistos frente a otras especies, volviéndose por lo general poco atractivos por su sexualidad temprana. Eran considerados sin valor y promiscuos aunque no lo fueran.
Por ello, el conejo era el peor animal que se conocía entre los híbridos.
—Ven, sí tú,…aquí —chistó un estudiante de cabellera pequeña y rubia. Bill se dirigió hasta él y se sentó a un lado, compartiendo pupitre —. ¿De verdad eres un conejo? —Bill gesticuló positivamente —. Me llamo Gustav, yo soy una alpaca, me da mucho gusto conocerte.
Las comisuras de Bill se bordaron en una sonrisa cálida. Le caían bien las alpacas y Gustav era buen candidato para ser su amigo, más porque ambos podían quedar embarazados. Había sido muy aburrido para Bill cambiar de ciudad, y estar con Gustav lo hacía sentir un poco menos estólido y extraño.
—Espero podamos,…ya sabes, ser amigos.
Gus movió verticalmente la cabeza, esperando lo mismo también.
—Claro que sí, Bill —canturreó enardecido, con una sonrisa que se le desbordaba genuinamente.
Ante aquello, Bill suspiró, notando cómo la mayoría de sus compañeros del aula lo miraban, analizándolo. Era de esperarse; el único conejo del país estaba ahí. Bill estaba seguro que se burlaban mentalmente de su fugaz aparición. Sin embargo, ya estaba acostumbrado a las burlas de los híbridos que lo examinaban.
Ser conejo era banal y espantoso al mismo tiempo, pero de todas formas no podía señalarse ni culpar a otros por ser de ese modo.
—¿El maestro es un ornitorrinco? —Titubeó en medio de la brillante exposición matemática del maestro Bernard.
Gustav abrió mucho la boca, negándose velozmente.
—No, no, él es un águila. Por lo general todos los profesores de este instituto son águilas. Sólo la maestra Sharon es una yegua.
Ansioso, Bill alzó el dedo índice, picándole el brazo:
—¿Hay híbridos marinos?
Gustav se rió silenciosamente —. Hay un delfín y un tiburón, ellos están en natación y son de duodécimo grado. Son muy espectaculares —musitó, entornando los ojos.
—Y nosotros de noveno… —susurró Bill, quedándose callado luego de que el superior increpara a ambos por hablar durante su espectacular exposición.
Durante la clase Bill no logró concentrarse debido a las excesivas miradas hacia su ser. No podía esperar menos, y era triste. Estaba seguro que no disfrutaría su permanencia y que tendría que decirle a su abuela que lo cambiara de lugar aunque fuese un grandísimo problema convencerla; apenas se habían mudado y además se encontraba enferma, casi en cama. Un cambio era imposible en esos momentos, estaba consciente de ello.
Al tocar la campana que avecinaba la hora del almuerzo, Gustav jaló a Bill hasta la cafetería, una enorme estancia donde cabían cientos de alumnos desde el noveno hasta el duodécimo grado. De pura suerte los de sexto a octavo grado convivían en otro sitio.
—Se me antojan unas papas fritas —Gus vio el menú inmediatamente al hacer fila.
Bill se salió de ella y se rascó la cabeza, despeinándose aún más la ya revuelta melena.
—Pero no he traído dinero…—contó quedamente, avergonzado.
Gustav le restó importancia al comentario de Bill y lo añadió nuevamente a la fila.
Entonces después de varios minutos discutiendo sobre el tema, Bill adquirió unas papas fritas al igual que Gustav, e inevitablemente remembraría lo acontecido puesto que nadie le había comprado alimentos ni mucho menos objetos materiales. Y se sentía como un bobo complacido, feliz; había olvidado por completo ser valorado por alguien fuera de su íntimo territorio.
Visualizando el lugar, ambos encontraron una mesa agradable y se sentaron, comiendo y disfrutando del silencio que circulaba.
Gustav se caracterizaba por ser una persona de pocas palabras. Y no estaba acostumbrado a hacer amigos, pero su madre lo había persuadido para que entablara amistad con la gente, y no tenía opción, aun así pensaba que era divertido platicar y tener un confidente, más si éste era un conejo. Tener a un amigo conejo era bastante interesante y por primera vez después de tanto tiempo deseaba tener un amigo cercano.
—Te he buscado por diez minutos. —Bill hizo bailar la cabeza al ver que un completo desconocido le hablaba a Gustav —. ¿Seguiste bien después del desmayo?
—Georg, eso fue ayer,…ya se me pasó. —Gus hizo un mohín, metiéndose una papa frita a la boca y masticándola, recibiendo por adelantado un beso en la frente —. Por cierto, él es Bill, mi nuevo compañero. —Esta vez miró al conejo—. Bill, él es Georg, mi novio.
Georg viró hasta el nuevo chico rubio y sonrió, feliz de que Gustav comenzara a ser más social.
—Uh, hola…—Ambos, Georg y Bill, dijeron al unísono.
—Cielo, es un conejo —añadió Gus, brincando de nalgas en la silla—. ¿Te das cuenta? ¡Es un conejo, maldita sea! ¡Los conejos son muy bonitos!
—Vaya, eres la primera persona que lo piensa de ese modo…—murmuró Bill, encogido de hombros, un poco tímido al ver que Georg y Gustav tenían una relación sentimental. No estaba en contra de eso, más bien le era inusual presenciar amor siendo él un inexperto.
—Bueno, mucho gusto, Bill. —Extendió su mano para consumar el saludo. Bill la levantó también, apretando ligeramente la palma de Georg —. Y creo que ya es hora de irme, tengo entrenamiento ahora mismo. —Plantó un fugaz beso en la punta de la nariz de Gustav, movió las manos en el aire para despedirse de Bill y salió apresuradamente del lugar.
Gustav se burló al ver la cara pálida de su nuevo amigo. —Mi novio es un puma.
—¿Desde cuándo sales con él?
—No lo sé…desde que tenía como cinco años. Nos conocemos desde pequeños, está en undécimo grado. ¿Tú tienes pareja?
Bill movió la cabeza de izquierda a derecha. —Nunca antes he tenido pareja.
—Oh sí…además tienes la maldición del congelamiento físico y cambio de color de cabellera. Eso es realmente triste, más en esta edad. Yo he leído mucho sobre los de tu especie, Bill. Los conejos son muy interesantes —comentó eso último con un sobrecargo de apasionamiento a pesar de haber mencionado primero sus desgracias.
Gustav tenía un secreto fanatismo por las personas híbridas con sangre de conejo, probablemente porque compartía una característica con ellos.
—No es tan malo ser virgen —musitó Bill—. ¿Tú sigues siendo virgen?
—Yo ya no soy virgen —susurró Gus, procurando no ser escuchado—. Pero a mí no se me nota. Y no, no es malo, lo malo es que pierdas la virginidad antes de los 18 años y que todos se enteren aunque no quieras. Leí que los conejos despiden cierto olor cuando…ya sabes, cuando ya no son vírgenes antes de la edad sagrada.
—También somos desechados y tachados de promiscuos, además de perder la oportunidad de tener pareja y casarse.
—Pero sigues siendo virgen y ya todos saben, supongo. —Bill asintió, estando absolutamente de acuerdo, pestañando al percibir que Gustav abría la boca de golpe, visiblemente angustiado—. Bill, no te muevas y cierra bien las piernas, ni siquiera se te ocurra respirar.
La frente de Bill se arrugó, manifestando un gesto embarullado, casi abochornado — ¿Pero por qué no? —Balbuceó, haciendo lo que Gustav le pedía, estando todavía bastante revuelto —. ¿Qué es lo que pasa?
—No hables —silenció Gus, poniéndole la mano en la boca para hacerlo callar definitivamente.
—Oye, me estás asustando —siguió Bill, permitiéndose ver el brazo firmemente extendido de Gustav, quien apretaba aún más la cuenca de su mano contra la boca que se había propuesto taponear.
—Cállate, por favor. No te muevas, no respires.
—Tengo que respirar, digo, por si no te habías dado cuenta —reprochó, achinando los ojos.
—Joder, te dije que no respiraras, que no te movieras —reprendió Gus, medio torvo, agarrándolo de la barbilla para que fijara los ojos en él —, porque él puede olerte, a él le gustan los vírgenes como tú.
Al oír aquello, Bill se retorció completamente, cerrando los ojos con fuerzas, lleno de miedo y evitando respirar profundamente. Pero era demasiado tarde, Gustav podía sentir la penetrante mirada del león blanco sobre su mesa, podía ver cómo las fosas nasales de aquel estudiante superior disfrutaban el aroma dulzón de Bill.
—Bill…—murmulló Gustav—, creo que estás en problemas, creo que debes cambiarte de escuela si no quieres que te arrebaten la virginidad antes de los 18 años; el león blanco acaba de poner los ojos en ti. Tienes que prepararte o huir cuanto antes.
—¿Hay un león blanco en el colegio? Pensaba que estaban extintos. —Tosió al tragar por el lado equivocado su saliva.
Los leones blancos se representaban como condenadamente cotizados. Bill jamás había conocido a ninguno y guardaba un gran respeto y amor por tal especie. Los leones blancos eran hercúleos, briosos e intocables, indiscutiblemente supremos y con una sangre que muchos deseaban, eran los que más sobresalían por su inteligencia y posición económica. Bill siempre había deseado ser un león blanco, eso era mucho mejor que ser un conejo. Bill tenía entendido que los leones blancos podían oler la virginidad de otros, e inclusive tener distintas parejas sexuales, cuantas como quisiesen.
—Sí, síp,…yo también pensaba eso cuando supe que existía él —explayó, tragando ruidosamente la mayor parte de su espumarajo, haciendo crujir su garganta sucesivamente.
—¿Quién es? —Bill tartamudeó, anhelando saber quién era la persona que lo tenía en la mira.
—Tom Trümper, estudiante varón de duodécimo grado, tiene 18 años, es capitán de baloncesto, campeón de natación y especie única de leones blancos. Si contamos bien…—Gustav sacó su celular torpemente para checar el calendario—, al parecer estamos a primeros de noviembre, lo que significa que los conejos son atractivos.
—¡¿Qué?! —Los ojos de Bill se entornaron en incontables ocasiones. Era conejo y ni siquiera sabía que su mes de atractivo era el de noviembre. «¡Diablos!»
—Y Tom está en apogeo para aparearse. Debes ver cómo brillan sus ojos…
—¿Qué demonios estás diciendo? —Bill movió la cabeza de un lado a otro, apreciando que la mayoría de los ahí presentes lo miraban, balbuceando palabras que no escuchaba tan detalladamente —. ¿Quién es? —Preguntó ansioso, queriendo encontrarlo lo antes posible.
—Sólo gira la cabeza a tu izquierda y lo conocerás.
Afanoso, Bill se mordió el labio y ladeó la cara, viendo a su alrededor, buscando por todos lados, hasta detener su rastreo en un híbrido que era rodeado completamente por una capa trasparente de fuerza. Era capaz de sentir su lozanía desde la distancia que los mantenía distantes, y también podía olerlo,…podía olfatear su virilidad sin complicación alguna.
Bill cerró los ojos en un intento para relajarse y abrirlos luego, cuando estuviese preparado, comenzando a ver a su peor enemigo desde los pies e ir subiendo pausadamente hasta su cabeza, fusionando sus ojos con los de él casi difícilmente.
Tom Trümper sostenía una bandeja de comida con la palma de su mano derecha mientras que la otra se hallaba dentro de uno de los bolsillos delanteros de sus pantalones, mostrando que era evidentemente más alto que Bill por muchos centímetros. Su cabellera suelta sobresalía por las rastas negras cuidadosamente retocadas que la decoraban. Su piel parecía ligeramente bronceada y su mandíbula permanecía apretada. Estaba tenso, pero no tanto como Bill.
Cuando Bill divisó que Tom curveaba los labios en una media sonrisa, su corazón se disparó en constantes y firmes latidos que dolían. Tenía mucho pavor, y eventualmente se daba cuenta que Tom lo escudriñaba, porque disfrutaba verlo intimidado, sentirlo absolutamente indefenso.
Continúa…
Ahhhhhhhhhhhhhh… Grité como loca cuando vi este fic en actualizaciones, todavía no puedo creerlo 🥲 mil gracias por subirlo tenia tantas ganas de leerlo pues el resumen se me hizo muy interesante.
Tom ya puso sus ojos en Bill 😏 ohhh mi Dios que pasará, voy corriendo a leer sig capitulo.
Joyitas que se encuentra uno cuando navega por aquí. El título de por sí llama mucho la atención.
Primer capítulo y las expectativas que me origina son muy altas. Suena muy interesante el tema de los híbridos y como hasta el momento la autora va relatando como funciona el sistema, es genial.
Bill como conejito, que cosita más encantadora y amé que Gus se le haya acercado para entablar amistad. Lo que no amé es como lo tratan los demás solo por ser un conejito. Y Tom, vaya, no me lo imaginé siendo así de imponente, solo que me quedé un poco perpleja con ese asunto de que prácticamente puede hacer lo que se le dé la gana con cualquier estudiante y al parecer nadie dirá ni hará nada al respecto.
Dudas y más dudas, espero que no sea tan malo como ya estoy imaginándomelo.