«Híbrido» Parte II (Monnyca16)
Especial 1: Estrella planificada
(Después de la primera vez)
Bajo su cuerpo yacía Bill profundamente dormido, con el corazón imperturbable y el rostro laxo, como si sus sueños le estuvieran divirtiendo. Sonreía de vez en cuando y gemía cada vez que Tom, aún sobre su cuerpo, olfateaba su dulce y embriagador aroma. La nariz de Tom rosaba la mejilla derecha del más joven y, cuando éste se movía, los labios de ambos encajaban sobrepuestos uno del otro con inocencia, como la caricia de un pétalo de rosa.
Tom abrió la boca de tanto en tanto, todavía sediento de los labios ajenos, pero logró separarse lo suficiente para no caer derrengado a un híbrido dormido y además ínfimo. Su corazón no había dejado de latir fuertemente contra sus costillas y pellejo, y su pene aún mantenía la erección pese a ya haber eyaculado. Tenía ganas de más, estaba hambriento y embrutecido. No podía desvincularse del incitador cuerpo que apresaba, no podía si quiera dejar de observarlo de cerca. Contaba cada una de sus largas y espesas pestañas, y delineaba con sus pupilas sus labios, su nariz y sus cejas.
Estaba vuelto loco, como si muy en el fondo temiera despojarle el sueño y despertarlo. Prefería observarlo y retener todo lo necesario en su memoria. El pecho de Bill tocaba el suyo cuando aspiraba aire y percibía el tibio vaho que salía por su nariz cuando expiraba, mientras que sus ojos fijos y entrecerrados continuaban expresando frialdad y molestia, inclusive al examinarlo. Debía dejar de verlo, lo sabía, pero la imantación se mostraba en esos instantes más poderosa que las órdenes que mandaba su artilugio, aquel que lo protegía y mantenía equilibrado.
Bill era precioso y puro, demasiado romántico incluso para estar con él.
Los ojos de Tom se entrecerraron y sus labios se apretaron. Una onda de indignación corrió por sus venas, sobresaltándolas, tensando sus músculos y acelerando su respiración. Por un breve momento su corazón dejó de latir y su miembro perdió su dureza. Se incorporó medio cuerpo sobre el colchón y, con Bill entre sus piernas,
llevó una mano hasta su cadera, trazando con sus berroqueños dedos caricias que no llegaban a palpar su piel, pero que atraían la fuerza necesaria para cuando llegara a tocarlo con las yemas de los dedos.
Su mano tembló debido a la pesada energía que manipulaba bajo ella, sus dedos se abrieron para súbitamente cerrarse hasta envolver dicha esfera transparente y potente. Acercó el puño, guiándose de los lunares y el útero. Si almacenaba la fuerza en el lugar equivocado, el sistema anticonceptivo no haría efecto.
Durante su primera vez con Bill había estado consiguiendo con sus manos sobre el vientre de éste que sus espermatozoides murieran en el transcurso de su camino hacia el óvulo. Y ahora visualizaba y sentía como sus genes seguían dentro de Bill, débiles por la fuerza ejercida sobre ellos, manipulándolos, pero capaces de entrar en un óvulo y fecundarlo.
La fertilidad de Bill era genética, pero visible gracias a su cambio. Bill tendría los lunares de fertilidad cuando cumpliera unos años más, pero ahora que había sido desvirgado era inevitable que no aparecieran.
Al perder la virginidad antes de la edad sagrada, Bill quedaba expuesto por completo, aquel físico que con el tiempo se transformaría, quitando características pero añadiendo otras. Y Tom lo sabía desde un principio, así como tenía planeado marcar a Bill con la estrella, que funcionaba como barrera para que no se embarazara de él ni de nadie durante un tiempo determinado.
La estrella de cinco puntas era un símbolo que sólo los leones blancos tenían la facultad de aplicar cuando fuera necesario, ayudándolos así a controlar la cantidad de embarazos no deseados. Dicho símbolo dolía al ser transferido del exterior al interior por la fuerza utilizada que se aglutinaba para impedir paso a los espermatozoides. Sin embargo, luego de aplicarse, quedaba como un bonito dibujo brillante y permanente hasta que Tom decidiera apartarlo desde el sitio que quisiese con solamente abrir la mano y lograr que aquella esfera de energía regresara a sus palmas en partículas escasas y mesuradas, como si de un imán se tratara.
Encontrando el lugar indicado, Tom miró de re ojo a Bill y abrió la mano, presionando la energía contra su nívea piel, justo entre su vientre y cadera, de lado derecho. La pelvis del chico se alzó, contrayéndose, y un gemido doloroso salió de entre sus labios. Los párpados de Bill se movieron, pero no abrió los ojos ni se despertó, sólo impulsó la cadera y su frente comenzó a sudar.
Tom dejó reposar la mano extendida en su vientre y la apartó luego, cuando supo que el anticonceptivo ya estaba puesto y andando. Inmediatamente los espermatozoides que vagaban en el interior de Bill fueron golpeados por la barrera de fuerza, y mientras unos inminentemente se iban desintegrando, otros morían lentamente.
Algunas veces sus espermatozoides morían en cuestión de horas, otras en días y, cuando iban demasiado vigorosos, tardaban hasta semanas completas. Algo que especialmente era doloroso cuando la estrella estaba puesta, porque debilitaba el cuerpo y provocaba cólicos insoportables, además de endurecimiento en dicha área. Bill no sentiría dolor por ahora, pero sí lo suficiente después, cuando a Tom se le apeteciera consumar nuevamente sus cuerpos.
Bajándose de la cama, fue directo a la ducha. El olor de Bill lo mareaba y era necesario borrar sus huellas antes de que lo profanara en estado inconsciente. Lo que menos quería en esos momentos era volver a caer a sus pies y enloquecer. Tendría que dormir en otro cuarto para lograrlo; jamás dormiría con él en la misma cama, eso sólo lo encapricharía más y alteraría su cotidianidad.
Su cuerpo, al entrar en contacto con el chorro de agua fría, se quedó estático. El agua corría por sus extremidades, empapándolo. Sus ojos se cerraron y por su garganta pasó una cantidad considerable de saliva, haciéndola crujir al pensar en lo recién acontecido, señal que activó los desenfrenados latidos de su pecho.
Dicha sangre comenzó a bombear, purificándose de nueva cuenta y con más violencia.
El movimiento de la sangre a través de su corazón circuló directo a todo su organismo, a cada célula de su cuerpo. Por un momento creyó que las brutales sístoles desaparecerían si las desatendía, no obstante, su corazón se llenó furiosamente de sangre, siendo inesperado, para luego contraerse como una mano empuñada que dolorosamente lo estrujó con saña.
Al menos Bill ya estaba protegido de un embarazo no deseado.
Continúa…
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Fue muy pero muy corto 😭😭 igual me encantó cada palabra!!