«Híbrido» Parte II (Monnyca16)

Capítulo 1

Se oían los tensos tecleos de los dedos al impacto con la pétrea madera, que era el escritorio. Una cantidad infinita de hojas color blanco resaltaba, contrastando con los tonos marrones. Había un reloj de tamaño promedio, una taza de café negro sobre un libro deshojado y con contenido despintado, viejo. El encargado se apartó los lentes de lectura y desencajó la mandíbula, encolerizado.

Una razón más para despreciar los lunes era su última clase.

—Mediocre —murmuró el profesor de cálculo por segunda vez, reiterando su concreta descripción luego de hacer la revisión diaria en un tiempo aproximado de siete segundos, un nuevo record realmente —. Es un trabajo mediocre, Kaulitz —continuó, levantando el mentón para esta vez mirar a su alumno a los ojos —. Su tercera corrección y es una completa basura. —Arrugó la hoja de papel y frunció el entrecejo, exhibiendo la rabia contenida que emergía de sus penetrantes ojos verdes.

Bill se quedó parado, dándose cuenta de que evidentemente el profesor Bruno Lemus lo aborrecía. Con ningún otro compañero de clase había ocurrido algo semejante. Incluso Bill se basó en la estructura del trabajo de Gustav para al menos aprobar con la nota más baja, pero al ver los resultados se percató de que no funcionó como había tramado.

Dos compañeros rieron quedito, como cada vez que algo salía mal con Bill Kaulitz, el exótico conejo que parecía no tener vergüenza, rencor u odio en su pequeño ser. Nadie podía comprender por qué seguía estudiando ahí cuando su deshonra continuaba siendo la historia que se comentaba cuando nuevos alumnos llegaban a instalarse.

Bill Kaulitz era una leyenda en Raíces, la burla de los otros y pese a eso, el híbrido más tranquilo en esa comunidad. Lo conocían de vista, hablaban de su vida, de sus alegrías y sus penas, incluso los chicos de grados inferiores lo apuntaban con el dedo, como si el muchacho fuese una cosa, un ser que era diariamente exhibido para el entretenimiento ajeno.

Ser conejo todavía seguía siendo difícil.

—No hay otra oportunidad —mencionó el docente, incorporándose para esta vez revisar el trabajo de otro alumno.

Bill giró sobre sus talones, entrecerró los ojos y anduvo hasta su silla a paso lento. Una rabia en su interior quería salir, sin embargo, sabía que no serviría de nada pedir otra oportunidad ni mucho menos discutir.

Esperaba tener suerte en otra ocasión. Por ahora simplemente se enfocaría en las demás materias, su trabajo de medio tiempo y en los labores del hogar. Sentía que cada día sus esfuerzos se incrementaban y al final de cuentas seguían siendo insuficientes. Estaba estresado, tan sobrecargado que solamente anhelaba dormir.

—¿Crees que Albert quiera ver a su tío Bill pasado mañana? —Sonrió al pensar en el chiquillo y remembrar su preciosa cabellera rubia y su dulce mirada coloreada de verde, los ojos idénticos a los de Georg, por supuesto. Era tan adorable que Bill dormía con él cada que podía.

—Sabes que sí —respondió Gustav, recordando que su pequeño hijo adoraba jugar con Bill todo el tiempo —. Deja que sea más grande y vendrá a deformar caras a todo aquel que te siga menospreciando — añadió, recibiendo una sonrisilla de su amigo.

Bill resopló, se mordió el labio y sin lugar a dudas se imaginó al pequeño Albert discutiendo con todos por querer defenderlo. Bill podía defenderse por sí mismo, pero era completamente inútil al final. Optaba mejor por ignorar y vivir su día a día de esa manera.

Gracias al cuidado de Gustav, Albert había cumplido su primer año con salud, y hasta ahora tampoco había sido un factor de estrés para sus progenitores, que seguían estudiando estrictamente. Pronto cumpliría su segundo año y eso era lo que mantenía a Bill relajado y entusiasmado; junto a Gustav se la pasaba tramando la mejor fiesta de cumpleaños para Albert. Ambos anhelaban que fuera lo más especial posible, era sencillamente agradecer por un año más de vida.

Dichos festejos planeados se volvieron rigurosamente necesarios para Bill, se lo había prometido a su abuela y a sí mismo. Siempre agradecía, inclusive antes de prometerlo, en cambio, ahora se trataba de un pacto que disfrutaba cumplir. Y gracias a esa nueva actitud sus días eran mejores. Mucho más apacibles de lo que imaginó años atrás.

No sabía cómo era que el tiempo había pasado tan rápido, únicamente fue de ese modo. Y ahora que pensaba en ello, recordaba la infinidad de situaciones por las que cursó, evaluándolas. Ninguna era lamentable, más bien todas necesarias y de hecho muchas de ellas tan inesperadas y que de cierta manera llegaron en el momento adecuado. Resultaba excesivamente extraño si razonaba un poco. Pocas veces meditaba sobre ello, y ese lunes era una de esas.

Cuando había altibajos, Bill canalizaba el estrés con actividades, descargas de energía física. Y pocas veces lloraba mientras se duchaba, cuando su día parecía haber sido el más duro de toda la semana o el mes. Estaba en equilibrio, como cualquier otro híbrido que pasaba por buenos y malos ratos.

Suspiró una vez más al tocar el timbre de salida, caminaron por uno de los nuevos pasillos empedrados. Se detuvieron solo porque Gustav leyó en voz alta el anuncio más llamativo que escribieron en el mural del instituto, el del jardín trasero.

‹Manual Diagnóstico de Características Genéticas y Etiquetas Híbrido Sociales.

La nueva edición del Manual Diagnóstico estará disponible el 10 de diciembre del presente año. Los datos necesarios de cada híbrido se recaudarán durante el mes de noviembre por el primer y único regente, híbrido que se presentará en el Edificio de los soles para realizar la categorización social personalmente, y que se encargará, por consecuente, de regularizar las leyes federales y locales del país›

—Un regente…—murmuró Gustav, acariciándose la barbilla —. Es la primera vez que tenemos uno.

Exactamente era así. Nunca habían tenido un líder que los categorizara. Bill se preguntaba cómo estaría evaluada dicha categorización social de híbridos. Entre los mismos híbridos había líderes, pero que eligieran a uno era completamente nuevo, muy diferente a lo que estaban acostumbrados. El país se movilizaría y su reglamento sería diferente y muchos no estaban preparados para el cambio, uno radical posiblemente.

—Es en el Edificio de los soles, ¡pero si tú trabajas ahí!

Bill movió la cabeza de arriba abajo, agregando:

—Supongo que estará lleno de gente, es el único lugar donde van a trabajar con la recaudación de datos —comentó, meditando un poco más —. Y un mes es demasiado.

—Somos muchos, volver a obtener los datos de todos y archivarlos toma su tiempo. Al menos tendremos actualizado el Manual. ¿Crees que con el paso de los años hayamos adquirido nuevas habilidades?

Bill soltó un gemido de sorpresa, abrió la boca y fue así que la charla se profundizó. Había muchas dudas y aunque sonaba interesante, lo que menos quería Bill era que su jefe lo atestara de trabajo. Limpiaba en el Edificio de los soles, y por alguna razón no sólo limpiaba en cualquiera de los pisos asignados, sino que también atendía a los modelos que eran invitados. Allí eran tomadas las fotografías de publicidad de revistas electrónicas con diferentes temáticas y también se administraba papeleo. Eran seis pisos, en los primeros se hallaba el archivero, en los ascendentes se situaba el área de fotografía, publicidad y el centro de interrogantes y solicitudes de la sociedad.

El Edificio de los soles era el único encargado de realizar eventos de recolección de datos, administración de empleos y de guía al ciudadano. Su tamaño era inmenso y su importancia radicaba en la construcción de gran solidez y en todo lo que se realizaba ahí.

Bill había conseguido el empleo de pura suerte, y aunque su paga no fuera tan buena ni su puesto tan alto, le iba bien. Se sostenía y le gustaba ver el arte de la fotografía, tanto que incluso ya había aprendido un poco y claramente practicado con Albert.

Durante el camino a casa, se despidió de Gustav, acortó la distancia cruzando por un callejón que llevaba directo a su destino y sacó las llaves. Abrió la puerta principal, desviando la vista hasta su pequeño buzón. Algo había llamado su atención. En la rejilla del buzón metálico cercano a su puerta había un sobre, uno de color café que sin lugar a dudas le pareció misterioso.

Una carta. Bill por primera vez había recibido una carta.

Continúa…

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por Monnyca16

Escritora del fandom

Un comentario en «Híbrido 15»
  1. Albert!! Que ternura 😍 qué pasara ahora? Dónde está el innombrable? No es q me importe, pero quisiera saber q tan miserable es su vida sin Bill 😊

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