«Híbrido» Parte II (Monnyca16)
Carta 3
11 de agosto de 2488
Querido Bill:
Me alegro por ti, de que te estés sintiendo muy pleno estos días. Vid me comentó que has sonreído mucho, y no sabes la alegría que eso me da. Él dice que has logrado a la perfección el proceso de ceguera y de cierta manera se ha notado. Vid ha quitado la barrera previa para que Tom no pudiese sentirte por completo antes de que aprendieras a relajarte y ha dado resultado. Luego de eso Tom no puede saber sobre ti ni sobre estas cartas.
Como madre, me siento extraña. Tom sufre, lo noto en su mirada. El furibundo comportamiento que lo caracteriza ha empeorado y ha aumentado su fuerza considerablemente, tanto que, en el último entrenamiento monárquico que tuvo con Vid, lo dejó muy lastimado. ¿Recuerdas que en la anterior carta te mencioné sobre los combates a nivel monárquico que los leones blancos efectuaban para aumentar sus fuerzas?, bueno, pues esos son los que ahora Vid y Tom trabajan casi a diario. Tom los necesita para estar completo y ser digno en su próximo puesto como regente de Muzetiv.
Tom ha estado muy estresado, no lo había visto tan tensionado con el manejo social del país, pero sé que puede hacerlo, aunque le costará más trabajo si no te tiene a ti como distractor. Aunque, tengo que aclarar que el aún puede olerte y saber por medio de tu aroma tu estado emocional, así que Tom se ha mantenido tranquilo porque te siente estable y ese dato, por otro lado, le ha hecho mucho mal debido a que se preocupa por la causa de tu felicidad. Es muy celoso aunque lo niegue, por eso, cuando se vean, no dudes en suponer que está celoso si hay causas evidentes, porque pese a negarlo, él siempre estará celoso de que alguien vaya y te conquiste.
Algo que sé también es que Vid me mencionó que te sientes preocupado por mí y que tu interés por Tom ha incrementado. Corazón, no te sientas triste por mí; si yo no hubiese sufrido no estaría enviándote estas cartas y deseando que, pese al dolor, Tom y tú lleguen a estar juntos algún día. Han pasado varios años y escribirte me está haciendo sentir mucho mejor, porque tocar estos temas con Tom es imposible.
Tom suele evitar nuestro pasado a toda costa, pero lo cierto es que le sigue dañando aunque no lo quiera aceptar. Lo conozco, él ha aprendido a guardar todo lo que siente y no expresarlo. Tom no está acostumbrado a proporcionar una caricia y tampoco a comunicarse oralmente.
Lo gratificante es que cuando se vuelvan a encontrar él tendrá que forzarse a sí mismo a estar en constante comunicación contigo, para saber cómo estás, cómo te sientes, si lo quieres todavía, por ejemplo, e infinidad de
incógnitas que no puede preguntar en voz alta porque no quiere quedar al descubierto. Entonces Tom estará siendo obligado a cambiar un poco ese aspecto.
¿Sabes? Los leones blancos no suelen ser así. Es cierto que se tornan misteriosos y muy poderosos, pero expresan mucho lo que sienten. A los leones no les cuesta tanto hablar sobre un asunto, y Tom es diferente. Él utiliza esa coraza emocional que tú ya conoces, aquella que es tan resistente como un muro y grande como la misma fuerza que posee.
Como te hice saber en la carta pasada, los leones siempre fueron feroces y malignos, bestias sin empatía que se educaban como máquinas y no como seres cálidos, como debía ser. ¿Por qué los leones siempre tienen que ser feroces y malos? No se supone que deba ser de esa manera, pero la misma sociedad ha creado esa visión y los leones la adaptaron de inmediato, aprovechando su majestuosa fuerza física y mental, ocupándola de la peor manera. Desgraciadamente yo permití esa misma crianza con Tom y cuando quise tomar las riendas de su educación, no pude intervenir; él ya estaba demasiado tocado como para volver a ser manipulado.
Yo no puedo guiar a Tom, ya no puedo jalarlo hacia el rumbo más pertinente, yo ya no soy la indicada aunque siga siendo su madre. Hay algo más fuerte que yo, y esa persona eres tú. Es mi labor hacerme cargo, pero Tom se resiste a mí y tú eres todo lo que él necesita, eso es lo que te hace más valioso.
No busco presionarte y pedirte que te hagas cargo de Tom, simplemente quiero hacerte saber que estas cartas son mi última salida y que Tom probablemente me odiará si se entera de que su madre lo ha dejado expuesto.
Tienes a Tom prácticamente en la palma de tu mano, puedes aplastarlo al cerrarla o dejarlo respirar si la mantienes abierta. ¿No te has dado cuenta de ello? Tú eres todo para Tom, y eso no va a cambiar, a menos que dejen de existir. Yo sólo soy su madre, en algún momento dejaré de existir y sólo serán él y tú. No hay nadie que pueda dotarle lo que tú eres capaz de proporcionarle.
Y, ¿Qué no es gracioso? Los leones blancos pueden ser muy poderosos, dañinos y grandes en la sociedad, pero simplemente quedan dos y yo como leona soy la única. Están casi extintos y la resistencia que Tom pone logra que la situación vaya tornándose más complicada. Pero lo que da aún más gracia es que Tom, pese a ser fuerte e intocable, puede doblegarse con una mirada tuya. Y vaya que le ha sido muy difícil no dejarse llevar por ti.
Su coraza emocional puede romperse gracias a ti. Estuviste a punto de lograrlo aquella última vez que estuvieron juntos, su muro estaba agrietándose y él ya se había dejado vencer, pero su interior volvió a cerrarse y te hirió muy fuerte. Estoy segura que su reencuentro traerá tormentas y muchas buenas sensaciones también.
Ya es hora, cariño, ya es tiempo de que Tom se dé una oportunidad contigo y tú con él. Cada día sufren más y no puedo vivir con ese sentimiento de culpa. Tú mereces ser feliz con él, el destino así lo ha marcado y sus vidas estarán en la cuerda floja, dando subidas y bajadas sin cesar. Habrá problemas, muchos, sin embargo, puedo asegurar que se resolverán; puedo sentir la esperanza y eso me entusiasma.
Cuando era joven pude observar el adiestramiento de los pocos leones que había a mi alrededor. Se había alrededor de cinco leones blancos y poco menos de catorce leonas, entre pardas, negras y blancas. Yo aún no encargaba a Tom y titubeaba al presenciar lo que había ahí. Por algún momento me habían dicho que los leones eran héroes, que podía estar protegida en manos de un marido valiente y fuerte, y nunca pensé de otra manera hasta que fui vidente de aquellos actos. Al casarme conocí el nivel de maldad con el que estaban guiados a pasar sus doscientos años de vida.
Los leones blancos no simplemente tenían la costumbre de ser líderes egocéntricos, ellos también disfrutaban de matar a una víctima, un híbrido de distinta especie y pocas veces de la misma, como disfrute en sus entrenamientos. Ellos mataban a sangre fría, sin importarles los sentimientos de los demás, gozando de su poder, del miedo que los otros les dejaban ver.
El pánico que provocaban en los demás fue demasiado fuerte como para que nadie les juzgara por sus actos. Cientos de veces quise hablar sobre la educación específica de los leones con mi marido, trataba de hacerle saber que no me agradaba y que mucho menos me agradaría que a nuestros futuros hijos se les educara similar.
En mi primer y único embarazo fue absolutamente una tortura. De cuatro fetos únicamente se logró uno mientras yo corría riesgo de vida a cada segundo. Podía sentirlos, los latidos de cuatro corazones feroces y de cuerpos de gran peso moverse en mi vientre. La piel amenazaba con romperse y la placenta tenía que estar en constante carga de energía que mi esposo me daba al copular. Mi cuerpo le rechazaba, lloraba y a veces del dolor me desmayaba por días enteros y mi cuerpo seguía siendo utilizado sin cesar.
Luego, me di cuenta que tres de los fetos habían muerto en el segundo mes y eso hizo mucho más fácil alimentar de energía al único que yacía ahí. Tom logró formarse por completo y al nacer fue muy grande y fuerte.
Él aprendió muy rápido a gatear, caminar y sus sentidos se desarrollaron incluso más que los de su padre.
A los ocho años él podía ser capaz de destruir a cualquier híbrido que se pusiera en su camino, y, justo a esa edad, fue cuando su padre decidió regalarle a una presa para que probara matarla con sus propias manos.
El padre de Vid también estaba tentado a otorgarle a su hijo un híbrido de igual edad para que, frente a todos, lo asesinara y evidenciara su fuerza. De niños, justo a los seis años, los leones blancos comenzaron a entrenar como sus mayores, la misma ardua conducta y un ejercicio mental y físico no apto para sus cortas edades.
Tom y Vid iban a matar, individualmente, a un niño de su misma edad para diversión de los mayores. Yo no podía permitirle. Tenían únicamente ocho años. No se suponía que un niño matara a alguien. A esa edad los niños necesitaban jugar, convivir con otros, descubrir, aventurarse y ser felices, pero los leones blancos no compartían ese pensamiento.
Si un león blanco nacía, era necesario adiestrarlo, hacerlo fuerte, aventurarlo a desafiar diversidad de fuerzas. Ellos no querían que los chicos fueran como los demás, necesitaban que se dieran su lugar y se convirtieran en líderes intimidantes, en híbridos que causaban terror para que nadie los despojara de su nivel social.
El poder los envenenaba, enviciaba sus mentes y corazones, y ante eso yo no era nadie. A quien desobedeciera era descartado, lo asesinaban y yo no podía morir sin haber visto a Tom crecer, así como tampoco servía de nada, pues cuando terminaran con mi vida su padre seguiría empeñado en su ideal.
Evité de muchas maneras que se le otorgara a Tom un cuerpo para mutilar con sus propios dedos, pero fue imposible. Mis insistencias pasaron a segundo término y Tom fue enviado, por órdenes de su padre, a sacrificar a alguien a sus ocho años de edad.
Tom soñaba como un niño, diariamente vivía tensionado, reprimiendo su frustración y construyendo su corta vida de pensamientos revueltos. Él no guardaba el gusto por el asesinato y el daño aunque lo viviese a diario. Era simplemente un niño con gran potencial que seguía órdenes al pie de la letra, sufriendo en silencio.
Tom también, a esa edad, había presenciado el nacimiento de un nuevo sentimiento que no conocía. Recuerdo haberlo visto muy pensante, tocándose el pecho durante las noches, cuidando que su corazón trepidante no saliera de su sitio cada vez que olfateaba un aroma endulzante y nuevo para él. Tom había encontrado a la hembra que embonaba a la perfección con su esencia. El olor de dicho perfume lo embelesaba y lo hacía feliz.
A tan corta edad y con una inocencia reconocible, Tom supo que existía una leona blanca que le gustaba. No simplemente le gustaba. Ella, Astra, era su destino. Sus perfumes naturales lograban que se atrajeran mutuamente. Era un lazo fuerte y resistente.
Tom incluso me había pedido muchas noches, antes de dormir, que convenciera a su padre para que lo dejara desposarla cuando fuera más mayor. Y yo se lo prometí. Supe que esa niña era la indicada para él, era un año menor que él y ella de alguna manera sentía lo mismo por Tom.
Eran unos niños, realmente habían experimentado encontrar a su pareja destinada a tan pronta edad, y los mantenía ilusionados, atestados de inocencia, una muy pura.
Astra y Tom no hablaban mucho, yo a veces les ayudaba a enviarse notas o a que se vieran a escondidas, donde mi esposo no pudiese verlos. Él no tenía en sus planes que su hijo tuviera más interés por una hembra de siete años, él deseaba que Tom se enfocara en su fuerza y poder.
En ese entonces yo no estaba enterada de que mi esposo podía escuchar mis ruegos ni los de su propio hijo. Tom tampoco había visto en los ojos de su padre lo que tramaba. Mi esposo era muy fuerte y podía esconder sus pensamientos y vivencias de los ojos de otros leones.
Ni Tom ni yo imaginamos que el día del disfrute de supremacía, la presa de Tom sería Astra. Tom acudió a un gran sitio techado, una cueva de combate monárquico y esperó a que le fuese entregado el cuerpo que iba a destrozar con sus propias manos.
Mi esposo había percibido de inmediato que Astra, la leona blanca de siete años, era estéril y que por ende, no servía para los futuros leones. Ella no era capaz de concebir, Bill, y los leones mayores lo habían notado. A los ojos del padre de Tom, esa hembra era inservible para un próspero nacimiento de leones. Ella no era capaz de dar una esperanza de vida a los leones jóvenes y por ello debía ser destruida en manos de propios leones principiantes, en este caso Tom.
Los leones tenían que cuidar el linaje y aunque ella fuera una leona blanca pura, seguía siendo inútil. Ella era una niña, a sus siete años probablemente no pensaba en la concepción ni en relaciones sexuales, pero tenía que morir. Ese había sido el destino que mi esposo le otorgó y era una obligación cumplirlo.
Al verla como su presa, Tom quiso detenerse, decirle a su padre que no podía hacerlo, que le quería, que era su destino estar con ella, pero no pudo hacerlo. En su cabeza seguía resonando la prepotente voz de su padre, ordenándole sin piedad que la asesinara frente a los pares de ojos que observaban, y Tom, luego de largos minutos viéndola, lo hizo. Acabó con ella con sus propias manos, con su fuerza, con odio y desilusión.
Él mató a su pareja destinada, pero luego te encontró a ti. Tu aroma es incluso más fuerte que el de Astra y lo erotizas de una manera que jamás había experimentado. Tú eres lo opuesto a Astra. Tú eres fértil, tú no estás destinado a morir. ¿Puedes imaginar qué golpe tan grande ha sido eso para él? Sus miedos lo torturan y no piensa dejarse llevar.
¿Te has preguntado por qué estuvo saliendo con Ría? Ella es estéril, no posee el perfume que lo erotiza, pero es estéril y eso lo hace sentirse en paz. La respuesta del por qué no te ha embarazado a ti es porque guarda miedo a que mueras durante el estado prenatal y también el miedo a recordar a quien mató a sangre fría.
Él no quiere ni resistiría perderte, pero se aleja, que es aún peor. Tiene miedo, mucho, porque se siente un asesino y tú eres puro. Tú guardas un gran deseo de concebir y él no está listo aún, y teme no estarlo nunca, pero sus actos están siendo extremistas y ha logrado dejar de entenderse a sí mismo, sólo busca tu protección y la suya. Él no quiere darlo todo por miedo a perderlo como antes sucedió.
Eres el primer híbrido que no es de su especie que ha captado la atención de Tom por su olor natural. Eres el que corrompe las normas en su vida y, que aun así, no puede dejar ir.
No puedo volver a permitir que Tom de nueva cuenta pierda a su pareja destinada, al amor de su vida. Su padre no vive para volverlo a obligar, y soy yo la que debe actuar. No volveré a presenciar que Tom pierda lo que tanto ama por los miedos que lo martirizan.
Nos leemos en la siguiente carta, que aún contiene parte de nuestra vida. Gracias por leer estas palabras, Bill.
Con amor, Simone T.
Posdata: Te mandaré luego la evidencia de que Tom guarda una foto tuya dormido junto con algunas de tus ropas, creo que las guardó la primera vez que pisaste su habitación, están rotas, pero las conserva como un tesoro. Antes de dormir mira tu foto y se siente más tranquilo.
Continúa…
Gracias por leer y te esperamos en el siguiente capítulo.
Okeyyyy, ya voy entendiendo, pero sigo odiando a Tom x romperle el corazón a Bill 😌. Entiendo q tenga miedo de perderlo y eso, pero debio pensar mejor sus palabras y no hacerlo sentir poca cosa a su lado 😠