Administración: Y hoy comienza la tercera parte de la historia. Nuevamente las gracias a nuestra querida Chikparole por compartir el archivo que nos permite a todos leer esta bella historia, incluso 10 años después de su publicación. Y ahora, disfruten la lectura.

«Híbrido» Parte III (Monnyca16)

Capítulo 1

Desde su sitio, Tom auscultó el raudo palpitar del corazón ajeno. Lo que no sabía era si dicha reacción provenía del miedo, sorpresa o sentimientos que emergían luego de tiempo estando camuflados. Decodificaba el pensamiento de Carlo y el de todos en esos instantes, pero no el de él. Sus cejas se arquearon inmediatamente Bill sonrío de medio lado, como si apenas comprendiera la situación y se burlara de él.

Estaba ofuscado, no podía desentrañar lo que pasaba por la cabeza de Bill, incluso sus finos gestos eran ininteligibles. Bill resultaba complejo y por primera ocasión en tanto tiempo, no atinaba la manera de gobernar la situación.

—¿No me recuerdas? —Bill instó, perdiendo su dócil mirada en la mandíbula de Tom, en su barba que, crecida y oscura, le causaba gran curiosidad. Parecía maduro, bien formado y varonil, como antes. Lo único que había cambiado en Tom había sido el cuerpo, su voluptuosidad era más marcada, su altura más destacada, sus vellos faciales desarrollados y su mirada inclusive más intensa que antes, tensa y fija, dos pozos sin fondo e igual de inciertos que años atrás. Y al parecer, poseía la misma forma de pensar.

De alguna manera esperaba algo así.

Tom no contestó a su pegunta inmediatamente. Su grata voz le había hecho quedar en blanco. Su voz…la misma de antes, los decibeles justos que le hicieron revivir variados momentos antiguos, escenas que hasta el momento había sido imposible suprimir.

Entornó los párpados lentamente, con falso sosiego, intentando volver en sí y concentrarse. La energía de todo su cuerpo hacía añicos sus miembros, lo obligaba a balancearse, a inclinarse hacia el pequeño cuerpo frente al suyo, sin embargo, mantuvo el control de su bestial instinto.

Sus abismales ojos captaron la cadera de Bill y ascendieron a su pequeña cintura.

Celo.

Bill pronto entraría en celo, era aquello una razón por la cual perdía los estribos. Y Tom se dio cuenta de eso al volver a olfatear. Mezclado con el característico y dulce aroma que lo hacía único a cualquier otro híbrido, existía una pizca de feromonas que por suerte no había incrementado debido a que el «celo» todavía no entraba en su totalidad. Jamás había olfateado el aroma del celo de Bill, pero si se dejaba llevar por el estado pre-celo, no podía imaginar cómo su cuerpo se pondría al oler semejante invitación para una ardua sesión sexual.

Los híbridos entraban en celo cuando sus cuerpos ya habían experimentado al menos una relación sexual en sus vidas. Bill seguramente experimentó el «celo» meses después o quizá a un año de perder la virginidad con él. El «celo» comenzaba catorce días después de un periodo menstrual y variaba en cada especie. Bill seguramente entraría en celo catorce días después de su menstruación cada trimestre.

El celo tardaba en darse a conocer, eso dependía la madurez del cuerpo.

¿Estaría Bill al tanto de que en pocos días entraría en celo en su mes de atractivo?

Lo que diferenciaba el ‘celo’ del mes de atractivo, era precisamente que durante el celo los híbridos intersexuales y femeninos eran deseados carnalmente por sus parejas sexuales o incluso podían desearlos desconocidos, debido a que las feromonas se desprendían a montones. Todos los híbridos varones olfateaban el aroma de los estados en celo y podían acercarse, acorralar al híbrido en celo y acceder si dicho híbrido le daba el permiso para aparearse. Y de ser una circunstancia mucho más agresiva, los híbridos varones se dejaban llevar violentamente por el celo y tomaban dicho cuerpo a la fuerza en un estado de ceguera, aunque por lo general todos eran capaces de controlarse ante el exquisito aroma de las feromonas.

De igual modo, para los híbridos en celo se creaba esa necesidad brutal para aparearse, y si no se saciaban, debían usar sus propios recursos para liberar la necesidad que se creaba en sus cuerpos. Un híbrido en celo era mucho más fértil que en cualquier otro estado. El problema de «estar en celo» era que las sesiones sexuales eran vigorosas y los híbridos implicados no podían separarse debido a que el aroma a feromonas causaba una excesiva dominancia.

Los híbridos que lograran cortejar y ganarse la aprobación del que estaba en celo, podían ser bastante agresivos cuando sintieran que el cuerpo ajeno se alejaba del suyo. Por ello era conveniente que los híbridos en celo eligieran bien o no accedieran a ninguna especie de coito.

En cambio, el mes de atractivo hacía referencia a un mes que le daba brillo al físico de los híbridos. En el mes de atractivo los híbridos tendían a coquetear inconscientemente, ganándose una respuesta positiva. Podía ocuparse para buscar una relación o simplemente para verse más atractivos de lo que comúnmente eran.

Durante el mes de atractivo se llevaban a cabo actividades sexuales básicas y pocas veces se volvían demandantes.

Tom frunció el entrecejo. Los demás no tardarían en olfatear su celo y no sabía cómo Bill afrontaba esa etapa. ¿Bill mantenía relaciones sexuales en su celo? Porque difícilmente los híbridos aguantaban no estar con alguien sexualmente ya que eran dominados por una necesidad desmesurada de placer.

—¿Señor? —Carlo habló esta vez, mirándolo insistentemente. Veía que su dirigente no había dejado de examinar al chico que permanecía parado a un lado suyo —. ¿Le conoce?

Carlo se refería a Bill, el conejo, el híbrido que hasta el momento tenía problemas para adaptarse a la sociedad por su pasado.

—Por supuesto que nos conocemos, ¿cómo olvidarlo?—contó Bill, mirando a Carlo. Tom siguió cada gesto con sus ojos, lo que pareció por supuesto imprudente. Dejarse llevar por la criatura a su frente era una completa insensatez de su parte.

—¿Verdad, señor? —Bill cuestionó, utilizando aquel apelativo con franqueza, pues Tom era su señor, el señor de todos ahí. Posteriormente volvió sus cándidos y puros ojos hacia el recién nombrado.

—Vaya…—sacó Tom, mirándole de arriba abajo, sin un interés aparente pero sosteniendo una mirada de evaluación—. Has cambiado, Bill. ¿Quién iba a decirlo? —Chasqueó la lengua brevemente y continuó, como si lo desaprobara —. Tenía que suceder en cualquier momento, el tiempo no perdona y a todos arrastra.

—Ha pasado suficiente tiempo. —Tom alzó el mentón ante el murmullo de Bill—. Casi dos años de no vernos.

«Dos años de haberlo visto por primera vez» Tom pensó de inmediato. Justo ese día se cumplían dos años de ese suceso. Rememoraba haber olfateado su virginidad dentro de la cafetería de Raíces un primero de noviembre. Su dulce aroma lo había excitado como nunca nadie lo había logrado. Incluso le desconcertó no simplemente haber sentido lascivia por él, sino algo más, algo que hasta el momento lo mantenía atado con fuerza.

—¿Tanto? —Abrió los ojos y alzó las cejas, simulando asombro, y con ello fue atacado por una fuerte punzada en su pecho y ardor en su garganta. No podía controlar su áspera actitud, pero era lo único que podía ofrecerle —.Parece como si estuvieras contándolo. —Quiso ponerlo en evidencia, mofarse y desligarse de la sensación. Culpar a Bill y hacerlo cargo de todo se había convertido en una de sus mejores salidas y acción que lograba que le odiara cada vez más.

El comentario de Tom no inmutó a Bill. Éste simplemente sonrío de lado y soltó un resoplido discreto.

Ambos recordaron que dejaron de verse semanas después de su último encuentro erótico, donde Tom lo humilló y concluyó explicándole la aparición de la estrella como método anticonceptivo.

En aquel entonces se encontraban a finales de sus grados escolares. Tom se hallaba en último año e inmediatamente al graduarse, se había ido de la ciudad en compañía de su familia sin antes quitarle la estrella a Bill por completo, dejándolo libre. Había dejado su casa, hogar que ahora debía ocupar mientras se realizaba la categorización social.

—¿Hay algún problema con Bill, señor? —Nelson llegó de repente, plantándose a un lado del pequeño conejo. Tom no había despegado su mirada del chico, inclusive le costaba dejar de escudriñarle.

Bill se hizo hacia atrás, apartándose de su jefe, Nelson.

—¿Debería haberlo, Nelson? —le contestó, prestándole atención al encargado. Nelson negó con la cabeza, confuso e irritado —. En todo caso, ¿por qué mejor no me justificas tu pésimo desempeño?

Tom caminó fuera del círculo y Nelson lo siguió, pensando en cómo explicarle lo recién acontecido con su labor. Bill miró la escena y tragó una bocanada de aire. Carlo volteó hacia Bill y aún sin entender lo que sucedía, se quedó en silencio.

Entonces Tom no tardó en escuchar los pensamientos de todos los ahí presentes, que se habían quedado analizando la situación. A su alrededor todos se daban una idea de su «relación» con Bill. La mayoría sabía que él había sido quien años atrás le había arrebatado su virginidad antes de su edad sagrada. Carlo era el único que no entendía del todo la situación.

Sin recibir órdenes, Carlo supo que era hora de acomodar a todos los trabajadores en una línea para que se les fuera asignando un rango. Por tal motivo guió a Bill hasta la fila y se quedó a su lado, siendo el último.

Tom terminó de hablar con Nelson y al mirar de re ojo la fila ya hecha, esperándolo, se giró y uno a uno fue asignándoles un rango.

Bill sintió de repente la tensión del momento, sus piernas temblaron. Tom se iba acercando cada vez más a su cuerpo y no tenía idea de lo que iba a suceder. Sabía que Tom no podía leerlo, estaba al tanto de lo que sentía y de su posible forma de actuar.

Sabía todo acerca de Tom, conocía desde su nacimiento hasta su situación actual desde semanas atrás. Así como también sabía su forma de trabajo, conocía la primera categorización por rangos y conocía cuál era la codificación de cada uno de ellos.

—¡Bill! —Una agradable voz resonó entonces. Bill buscó al dueño de aquella voz que reconoció de inmediato, y sonrió de lado —. Parece que he llegado justo a tiempo, pequeño. —Vid añadió, acercándose hasta el chiquillo. Le acarició el cabello y sus ojos se iluminaron ante su belleza natural, una pureza que no podía ocultarse y que refulgía, llamando la atención de todos alrededor, más la de Tom, que lo miraba de re ojo todo el tiempo, sin importar lo que estuviese realizando.

Todos los presentes identificaron que Vid era un león blanco al igual que Tom, pero supieron discriminar muy bien sus fuerzas. Intuyeron que eran familiares por rumores previos y entendían que debían respetarlo como a Tom.

Tom ignoró a su primo y asignó rangos como lo hacía anteriormente. Faltaban exactamente un par de híbridos para que llegara hasta Bill y cuando lo hizo, Vid se hizo a un lado y Tom escrutó con ojos indecisos a Bill.

Meditaba. Lo miraba, sopesando, reprendiéndose internamente que no debía mirarlo con tal admiración y efusividad para hacer más rápido su trabajo, sin embargo, no pudo si quiera apartar su impaciente y calculadora mirada de la suya, que de igual modo le prestaba atención con la misma vehemencia, la misma fogosidad y el nerviosismo de quien había extrañado por mucho tiempo.

Percibió su rango desde el primer momento que lo vio, pero justo ahora se debatía si cambiar la situación o no. Bill era hasta el momento el único candidato para el rango uno, el más bajo. Tom no evitó sentirse indignado por esa realidad; el conejo al fin de cuentas era débil. Pero lo que más le molestó, fue darse cuenta de que Bill no sólo seguía siendo débil, sino que era más insignificante que antes. A pesar de que años hubiesen cursado, Bill en vez de aumentar su fuerza, la había disminuido. ¿Por qué? Tom no lo sabía, pero hasta el momento era el híbrido más débil que había visto ese día y seguramente de los siguientes también.

Vid leyó el pensamiento de Tom, y se sorprendió, al igual que Bill y todos los presentes, al escuchar lo que su primo había espetado:

—Tres. Rango tres.

Los ojos de Bill se entornaron, inclusive algunas de sus rastas se soltaron y cayeron a los costados de su cabeza. Según los rumores, Bill sabía que el rango tres era para quien portara más fuerza que la básica. Y, personalmente, no creía estar en ese rango, así como tampoco era justo y agradable ser asignado junto a otros híbridos que eran todo lo contrario a él. Sinceramente, creyó que si aceptaba lo que Tom le asignaba, entonces todos pensarían que era su puta, porque sería estúpido no darse cuenta de que era imposible que Bill estuviera en el rango tres.

Inclusive en esos momentos todos a su alrededor murmuraban que no era justo ni lógico que el «conejo desvirgado» fuera superior a ellos, siendo que físicamente mostraba lo contrario. Ya se comenzaba a decir que Bill tenía beneficios por ser aquel que le entregaba el culo al Regente.

—Me niego —respondió el chiquillo, murmurando—. Tú y yo sabemos que no es verdad.

‘Todos en realidad’, quiso completar. No obstante, no pudo articularlo puesto que los oscuros ojos de Tom no dejaron de verle fijamente. No estaba intimidado, más bien no quería hablar de más. Después de todo Tom buscaba eso, podía sentir que Tom a como diera lugar quería interacción con él debido a que ya no podía leerlo como antes.

Vid escudriñó a su primo y momentáneamente a Bill. Éste último se estremeció al oír la respuesta de Tom a su negación, una que lo había dejado helado y completamente descolocado:

—Tómalo como una recompensa por lo sucedido años atrás. —Sus fríos ojos dejaron a Bill y captaron a todos los trabajadores que habían comenzado a pensar y musitar lo injusto que la situación se tornaba —. El trabajo ha terminado, mañana los espero puntuales. No hay nada más qué decir —dejó en claro, asegurándose de tener una voz alta, después se dio la media vuelta. Carlo lo siguió, situando su muñeca matriculada en el aparato indicado; había sido asignado con el rango tres al igual que Bill.

—Señor, me temo que ha cometido un error. —Nelson recriminó de repente, sereno pero con el corazón acelerado. Tom no se dio la media vuelta, simplemente ladeó la cabeza, mostrando que había escuchado semejante temeridad —. Bill Kaulitz no pertenece a dicho rango. Lamento decirle que su asignación la he de reprochar. A nombre de mis compañeros sostengo que no me parece justa su reciente decisión y que ha sido influenciado por su vida personal.

—¿Acaso he pedido la opinión de alguien? ¿Se ha olvidado quién es el que da las órdenes? —Tom se volvió hasta Nelson, quien trastabilló al verlo aproximarse—. ¿Un error dices? —Se refirió a Nelson, deteniéndose a su frente, cara a cara —. El error es haberte dejado en el cargo que laboras en estos momentos, por ello prepara tus cosas y ven mañana para que entregues tu puesto y te asigne a otra ciudad.

Nadie más habló, lo que los obligó a evacuar rápido. El silencio rondó, mas no para Bill, quién no cacheó su número de matrícula en el aparato del rango tres y se dirigió hasta Tom cuando ya todos se habían marchado, inclusive Vid.

—No sé qué pretendas, pero no necesito que compenses nada —sacó como un susurro, dirigiéndose hacia el aparato indicado para leer su matrícula. Cachearía en el rango número uno, como debía ser, sin embargo, Tom le sujetó la muñeca, evitando que se asignara un rango.

—¡No me toques! —vociferó lleno de cólera por lo sucedido. Entonces aquellas palabras golpearon duro a Tom, quien recordó que dicha expresión habían sido la última que obtuvo de Bill aquella vez, frase que hoy día seguía torturándolo.

Pese a la orden, Tom no lo soltó, creyendo que si lo tocaba al menos podría leerlo, pero se dio cuenta de que no fue así. Se preguntó entonces si haciendo el amor con él volvería a desnudar las vivencias y pensamientos que se hallaban en el fondo de sus impolutos ojos, y para qué mentir, quería intentarlo en ese lugar y en esos instantes.

—¿Qué es lo que te agobia tanto? —Inquirió, apretando con más fuerza la muñeca de Bill. Escuchó un gemido de dolor y gradualmente disminuyó la fuerza que ejercía. Por un momento se había olvidado de que sus toques resultaban más toscos que antes por los entrenamientos monárquicos. Bill movió su mano y gracias a que Tom lo soltó, consiguió sobarse el apretón. Su muñeca se había puesto morada y no pudo moverla del todo. Tom lo había lastimado demasiado con un toque que para él era insignificante —. Siempre me lo exigiste.

Implorabas que me hiciera responsable de lo que te había hecho —comentó. Bill no lo miró, prefirió acariciarse la muñeca que tardaba en sanar —. Deberías agradecérmelo, te estoy haciendo un favor para que dejes de ser un inútil frente a otros. —Esta vez Bill levantó la cabeza para verle. Sus brillantes ojos claros erizaron todo su pellejo —. Entonces cuando decidas agradecérmelo, fijemos una hora y un lugar para que me entregues tu cuerpo, ya que eso es lo que mejor sabes hacer. ¿O me equivoco?

Atacado. Volvía a ser una presa para él, lo supo. Para restarle importancia a lo dicho por Tom, Bill desvió la mirada y torció la boca, una mueca indolente, casi burlesca.

—¿Tuvo que pasar tanto tiempo para que pensaras responsabilizarte? —Cuestionó suavemente, ya acostumbrado a Tom—. No lo necesito. No me ha ido tan mal como supones —añadió, intensificando la curiosidad que Tom sentía por sus pensamientos y vivencias, e ignoró el tema sexual. No había mejor tormento que eso, se lo reiteró al verlo rabiar y apretar las manos hasta hacerlas puños. Impotente, Tom se hallaba así y Bill lo sabía. Tom no podía engañarlo más.

—¿Entonces qué ha sido de ti? —Prosiguió Tom, acercándose totalmente a él —. O mejor dicho, ¿con cuántos te has acostado para sobrevivir? Porque…—Lo miró de arriba abajo, insinuante—, no te ves tan inocente como antes, pareces más sugerente.

Dando un paso al frente, Bill jaló lentamente de la casaca de cuero ajena, obligándolo a inclinarse con facilidad. Al tenerlo bastante cerca, ladeó su testa, para apreciarlo bien.

—No necesitas preguntarlo cuando puedes ver a través de mis ojos. ¿No es así? —susurró cerca de sus labios, notando cómo la rígida mirada de Tom contemplaba los propios para luego fundirse en sus cristalinos ojos. Bill entornó los párpados pausadamente, meciendo sus espesas pestañas y rosando apenas la punta de su nariz con la de él. Al poco contacto se separó, dando un paso hacia atrás. Tom divisó cada uno de sus movimientos, sin saber qué responder; se había quedado inundado en una perplejidad que no tenía considerada.

De un segundo a otro Bill cacheó su matrícula en el rango uno y anduvo hasta la puerta de salida, tranquilo, dejando a Tom pensante e intranquilo. Cruzó el umbral y se despidió de Carlo, que se quedó atónito ante el acto anterior.

Podría verse seguro, pero lo cierto era que sus piernas temblaban tal gelatina, así como su corazón estaba a punto de estallar. Caminó hasta su casa, rápido por el fresco de la tarde. Entonces se dio cuenta de que ya comenzaba a oscurecer y que dormiría con velas por la falta de electricidad. Alentó sus pasos y suspiró, soltando hálito, remembrando que de nada servía llegar a tiempo a casa cuando nadie lo esperaba más en ella.

Se detuvo en medio de la oscura calle, respiró hondo hasta saciarse y siguió su camino. No sabía lo que pasaría al día siguiente, pero estaba emocionado por descubrirlo.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por Monnyca16

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!