«Híbrido» Parte I (Monnyca16)

Capítulo 3: Socialización felina

Bill rodó los ojos, sintiéndose irritado por la diferencia de estatura.

La altura de Tom era extremadamente sobresaliente, más para Bill que era un adolescente de menos de un metro sesenta. Tom también tenía más del triple de fuerza que él, pero eso ya no le importaba. Tenía miedo, mucho, no lo negaría, pero se había propuesto luchar para mantener su virginidad. Estaba dispuesto a hacer de todo, y no permitiría que Tom hiciera pedazos su vida.

Tom era un híbrido caprichoso y no le daría el gusto.

—¿Te quitas? —Preguntó seco, esta vez mirando directo a los ojos de Tom, que fue ilegible en esos momentos. No tenía idea del porqué le había hablado así, pero no daría marcha atrás. No quería verse laso ante nadie. Trabajaría para ponerse un escudo, uno que le permitiera sobrevivir en ese instituto.

Al no oír respuesta ni ver movimientos por parte del león blanco, Bill se apartó, ágil, haciéndose a un lado para pasarlo de largo. Caminaría con decisión, con ímpetu, tramaba alejarse cuanto antes si no fuese por el furioso desplazamiento que Tom hizo para sujetarlo del brazo y regresarlo al sitio en el que estuvo segundos antes, arrastrándolo con simplicidad.

Con la boca entre abierta por el asombro, Bill zangoloteó duramente su brazo para apartar la mano del contrario, pero fue en vano; Tom comprimió sólidamente su bícep, justamente humillándolo cuando un grupo

de alumnado pasó por ahí con un profesor al mando.

Los habían visto. Habían presenciado a Bill siendo fastidiado físicamente por Tom, y aunque los miraran de re ojo, no hacían nada. Ese acto motivó a que una creciente bola de molestia se atravesara en la garganta de Bill, la cual ardía sin consideración alguna, quemándole. Por ello Bill accedió a golpetear con su mano sobrante el pecho de Tom para que lo soltara, sin embargo, sus manoteos simplemente revotaban y no dañaban, siendo ineficaces.

No había manera de hacerle daño físico a Tom, lo confirmó al contemplarlo nuevamente y reflejarse en su agresiva mirada. Tom seguía escrutándolo, penetrándolo descaradamente, con violencia. La frialdad que irradiaba lo paralizó, era una sorprendente dureza la que lo rodeaba, y Bill sabía que no debía meterse con ello.

Tom era más fuerte de lo que había imaginado, y no sólo fuerte. Tom era más que poderoso. Él era indestructible, un híbrido incomparable. Por ello todos le temían y, por consecuente, no se metían con él.

Por un momento Bill pensó en si portarse debidamente sumiso ante él, o en arriesgarse y darle guerra.

¿Qué funcionaría más? Ser sumiso era la respuesta correcta. Sí. Más sin embargo, Bill no quería ser juguete de nadie, no se lo permitiría, porque a pesar de ser un débil conejo ante todos, él era más fuerte e inteligente internamente. Quizá esa era la característica de Bill, una que nadie veía pero que estaba ahí.

—¡Detente, maldito estúpido! — «Me duele», espetó demandante, soportando el agarre, siendo más que una víctima al percibir que Tom apretaba más fuerte su delgado músculo y se inclinaba para mirarlo más de cerca, retándolo.

De los labios de Bill salió un gemido lleno de dolor, emisión que no lo haría cambiar de opinión. No huiría, no perdería. No. Aunque le doliera, no le rogaría para que lo dejara libre. No lloraría.

Débil, desvió sus ojos de Tom para verse el brazo que estaba siendo cruelmente dañado, parpadeando al notarlo morado. Una señal de peligro atravesó desde sus ojos hasta su lóbulo occipital. Si no detenía a Tom ahí mismo, en esos momentos, éste podía llegar a tocar su hueso con los dedos y dejarle una herida que tardaría mucho en sanar a diferencia de otras que sanaban a los cinco minutos de ser hechas.

Con la fuerza que Tom poseía podía incluso amputarle el brazo, supo eso al sentir que el límite estaba instalándose en su pecho. Su brazo apretujado estaba comenzando a asfixiarse, y el color morado subía, llegando hasta su hombro.

Era peligroso. Bill estaba en peligro, se veía desvanecer frente a Tom, y aunque no quería perder ante él, era bastante difícil ponerse a su nivel físicamente. Bill usaba sus piernas para patearlo, su mano sobrante para tratar de apretarle el cuello, pero no podía siquiera moverle la cara al darle una cachetada, sin contar que le dolía más cuando se esforzaba para defenderse. A diferencia de Bill, Tom sólo usaba su brazo derecho extendido y su mano para oprimirlo, y la fuerza que empleaba para retenerlo ahí, era mínima, una fuerza que se iba elevando cada vez que Bill gritaba y le pegaba inútilmente.

—¡Si no me sueltas, yo…! —Calló al darse cuenta que el que tenía ventaja, y mucha, era Tom.

¿Con qué podía destruir a Tom? ¿Cómo se pondría al nivel de Tom si con un apretón tenía para cortarle el brazo? No portaban fuerzas similares y Bill debía descartar la idea de quererlo destruir con golpes.

Para detener a Tom usaría su cerebro, algo que Tom posiblemente no utilizaba mucho cuando buscaba arrebatarles la virginidad a otros.

De pronto, los ojos de Bill se abrieron ante su idea, olvidándose mentalmente del dolor de la presión que ejercía la mano de Tom sobre su brazo; para librarse era necesario hacer una socialización felina con él. Bill no era un felino y no tenía permitido frotarse de forma cariñosa con ningún felino, pero estaba seguro que las socializaciones calmaban a los leones, y que cuando se hacían con especies diferentes, el de menor energía se ganaba un pequeño porcentaje de la del más fuerte. No estaba seguro de que funcionara, pero lo intentaría con positivismo.

Bill le robaría energía a Tom, deseaba que funcionara su plan.

Respirando hondo, Bill se atrevió a hacer una socialización felina con Tom, parándose de puntas hasta enredar su brazo libre en su cuello firme y grueso, aprovechando que éste no movía el brazo sobrante.

Nervioso y asustadísimo, inhaló profundamente el aroma impregnado en el cuello del más alto, repasando la nariz con decisión, sacando la lengua y lamiendo detenidamente hasta su barbilla. Tom no tenía sabor alguno, pero olía a semen y sudor, a sexo, lo cual significaba estar listo para aparearse.

Sin dudarlo, Bill frotó su nariz en las mejillas de Tom, suavemente, con cuidado, avizorando que el amarre en su brazo se iba debilitando gradualmente. Al sentir que Tom abría su mano y dejaba respirar su brazo, suspiró, lamiéndole esta vez la mejilla.

Al verse liberado y con el brazo inmóvil y morado, con los dedos de Tom marcados, se echó para atrás rápidamente, acelerado. Vio a Tom fijamente, de lejos esta vez, asustándose al encontrar en su mirada castaña mucha indignación. Si Bill pensó que Tom estaba molesto y que por eso le había casi arrancado el brazo, entonces estaba equivocado.

Bill había hecho enojar a Tom por intentar la socialización con él y salir victorioso. Y esta vez Tom acabaría con Bill, lo destruiría, arrebatándole lo que tanto protegía.

—Prepárate para lo que viene… —Tom espetó, viéndolo de arriba abajo—, conejo. —Aquella voz vibró en los tímpanos de Bill, estremeciéndolo apenas al oírla.

La voz de Tom había sido lo más impactante de toda su personalidad; era fuerte, dura, clara y arrogante.

La voz de un líder, de un maldito.

Dicho eso, Tom se llevó las manos a los bolsillos delanteros del pantalón. Miró por última vez a Bill, manteniendo la barbilla alzada y los ojos achinados. A pesar de estar molesto, se veía satisfecho. Totalmente complacido de tener a un virgen que no era tan fácil de manipular. Eso no significaba más trabajo para él, aquello implicaba que le sacaría más provecho que a los anteriores.

Sin más, Tom se giró para ir a la zona de duodécimo.

—¿Y qué pasaría si ya no fuera virgen para cuando nos volvamos a encontrar? —Interrogó, deteniendo al rastudo y haciéndolo ladear la cabeza, sólo un poco para mirar hacia atrás.

—¿Por qué mejor no esperas a que eso pase para que veas lo que puede suceder?

El pálido y terso pellejo de Bill vibró, siendo ese un detonante de peligro. Además, en todo caso, todos respetaban a Tom como para tratar de poseer a Bill antes que él. Bill estaba absolutamente seleccionado para Tom y nadie podía tocarlo antes que él. Eso era un hecho, ese era el nivel de poder que tenía Tom.

Ya un poco aliviado, Bill miró su brazo y notó que el color morado se aclaraba. Lo que también se permitió observar fue a la persona que se había parado frente a él. Era una mujer. Era Ría. La mujer era más alta que Bill por muchos centímetros y su ropa era ajustada. Su cabello estaba teñido de rojo y sus ojos se veían

maquillados perfectamente al igual que sus gruesos labios. Era muy sexy, y su cuerpo lucía perfecto. Definitivamente era propiedad de Tom, se leía a simple vista.

Bill la miró bien, y al ver que ella inspeccionaba su brazo, se paralizó. Ría parecía evaluarlo, de pies a cabeza, de manera humillante.

—Pareces ser lo peor que Tom eligió. Qué ridículo eres —dijo, suspirando.

Bill se rió, le parecía gracioso el hecho de que Ría lo envidiara. Porque eso era envidia, ella no era buena para ocultar algo como eso. En todo caso, Bill estaba seguro que cuando Tom dejara a Ría, ella ya no sería atractiva; Tom la embellecía. Tom acicalaba los cuerpos que tocaba.

Bill supuso que si Tom llegaba a arrebatarle la virginidad, posiblemente dejaría afiligranado su cuerpo también. Ese simple pensamiento lo hizo temer.

—¿Cómo permites que él elija y folle con cualquiera? ¿No te quieres ni un poquito? Al final de cuentas la ridícula aquí eres tú.

Dicho eso, subió las escaleras para esperar a Gustav, dejando a la novia de Tom con la boca abierta en la primera planta.

&

Era estúpido reírse, pero a Bill le daba mucha risa el lápiz labial de Ría. No le quedaba para nada bonito, pero ella estaba confiada en que se le veía bien. Además le quedaban horribles las pestañas postizas. Sin lugar a dudas, a Tom le gustaba lo llamativo, las mujeres de buen cuerpo y poco cerebro. Lo que sí lo desmotivó mucho fue la diferencia de estaturas, incluso Ría era más alta que él.

Bill necesitaba crecer unos centímetros más, no quería ser un enano.

Luego de pensar a profundidad, recordó el rostro de Tom, especialmente sus lunares. Tom era interesante después de todo, era el único híbrido que poseía lunares. Una característica de los híbridos era esa; la única

especie que tenía lunares era la de los leones. Tom tenía un lunar en su pómulo derecho; otro en el cuello, del mismo lado; y uno no tan notorio arriba de la boca, de lado izquierdo.

Desde el nacimiento de los híbridos, la sociedad identificó y clasificó las características de otros. Los lunares en los pómulos significaban erotismo; en el cuello, privilegio; y arriba o por debajo de los labios, promiscuidad.

Tom tenía uno no tan notorio arriba de sus labios, de lado izquierdo, pero aun así no era acusado ni maltratado por tener visible su promiscuidad. No lo maltrataban gracias a su especie, porque los leones tenían permitido tener lunares.

Pero para los conejos era diferente. Bill apretó los labios, recordando que uno de los cambios pequeños luego de perder la virginidad antes de la edad estipulada, era el nacimiento de lunares. Los conejos soportaban el nacimiento de lunares en el pómulo, cuello y cerca de los labios, siendo éste último el motivo de promiscuidad, que aunque no fuera cierta, era observable. Los conejos aun así eran castigados, impidiéndoles crecer físicamente y crear controversia con los lunares, dado a que tenían una edad sagrada que debían respetar. Y el que no respetara la edad sagrada, sería señalado con el dedo.

De todos modos, para Bill sólo era importante la virginidad por esa serie de cambios y por la nula oportunidad de tener pareja si no llegaba virgen a la edad sagrada, porque personalmente pensaba que el sexo era lo más natural del mundo.

Ese día, por primera vez no odió ser conejo, porque después de todo había logrado que Tom dejara de apretarlo e incluso, probablemente, le había robado energía, todo gracias a su paciencia e inteligencia.

Los conejos no podían ser la especie más débil después de todo.

&

Un centímetro, dos centímetros…Sus piernas estaban diferentes, lo sentía. Escuchaba el palpitar de su corazón y la dirección que su lengua tomaba para lamer el cuello de Tom, la mejilla y barbilla de… Tom.

Tom.

Levantó una ceja, ocultándose la cara con ambas manos.

Tres centímetros… Su torso dolía, estaba… creciendo. Creciendo…

Luego de despertar precipitadamente, a la mañana siguiente, Bill corrió directo hacia la pared con la que se medía. Había tenido justo un sueño en el cual se veía con más altura. Se sentía diferente, más lleno y fuerte, y quería corroborarlo.

Su abuela apareció de un segundo a otro, mirando la velocidad con la que Bill se paraba recto, con la espalda tocando el concreto. La mujer marcó la nueva medida de Bill y se la mostró.

Un metro con sesenta y un centímetros.

—Crecí cinco centímetros, abuela ¡Cinco centímetros! —Chilló, cargado de entusiasmo, sin creérselo. Medía 1.61 metros de altura y su impresión no entraba todavía en su racionalidad. Era imposible que de un día para otro creciera, pero al parecer la socialización felina le había dado energía —. Ese tipo no es un bueno para nada después de todo…—murmuró, acariciándose el pecho con las manos extendidas. Estaba feliz.

Su abuela estaba peor de confundida que él, pero lo relevante era que había crecido, sólo eso importaba. Tom y sus tonterías salían sobrando, lo que a Bill le interesaba esta vez era fijarse en la fuerza de su contrincante.

Tom era bastante fuerte, por ello Bill buscaría robarle energía, combustible para hacerse fuerte también. No sería tan fuerte como Tom, sabía que no podría hacerle un pequeño rasguño aunque adquiriera fortaleza, pero buscaría madurar su cuerpo un poco para no verse tan inferior.

Si la energía de Tom lo hacía crecer físicamente, entonces la aprovecharía. No podía esperar para atreverse a hacer otra socialización felina y crecer unos centímetros más. Por primera vez quería ir a la escuela y encontrarse con Tom.

Estaba comenzando a ver el lado bueno de las cosas.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Monnyca16

Escritora del fandom

Un comentario en «Híbrido 3»

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