«Híbrido» Parte IV (Monnyca16)

Capítulo 3

—¿Sólo así? —Cuestionó resuelto Tom al cabo de sagrados minutos escuchando hablar a Bill. Éste le contaba sobre la menstruación, el cómo se ponía los protectores a petición de Tom, y había tenido que coger una toalla en sus manos para una mejor explicación.

Bill parecía relajado y gozoso. Le enardecía en demasía que Tom se interesara por el tema de la menstruación, y que le cuidara a su manera. Estaba siendo mimado como si estuviera convaleciente, y aunque no fuera algo grave, un calorcito nacía de su vientre y se extendía hasta su pecho.

Tom le parecía tierno y preocupón. No estaba acostumbrado a sentirlo de esa manera, sin embargo, advertía que iba a adecuarse antes de que volviera a pensar en ello.

Lo hacía. Tom le demostraba que valía la pena, que estaba valiendo la pena. Y Bill sentía que ya conocía a ese Tom; el atento, sereno y cariñoso, a la vez que apasionado.

De ese Tom se había enamorado pese a no conocer esa faceta, que si bien no manifestaba con nadie en lo absoluto, la poseía. Tom siempre lanzó atisbos de esa parte de sí, la afectuosa y empática, lo increíble era verlo siendo todo lo que nadie creyó que sería.

Tom realmente estaba adaptándose con rapidez y al parecer, con evidente facilidad. Parecía estarlo disfrutando y al final eso era lo único que a Bill le importaba; que no hubiera incomodidad en esa nueva etapa.

Tom no se sentía obligado a comportarse de tal manera, sencillamente actuaba como le nacía, aunque Bill no iba a negar algo…

—¿Sabes? Es extraño —musitó al terminar de vestirse con algo cómodo. Estaban en el cuarto de baño aún, Tom con apenas el bóxer puesto y la vista clavada en su rostro.

—¿Qué es extraño?

—Tú y yo… Aquí, en esta situación —aclaró sosegado, cruzándose de brazos. Tom frunció el entrecejo, desconcertado —. No es nada malo, sólo… Es mucho mejor de lo que imaginé.

—¿Cómo lo imaginabas?

—Algo probablemente forzado, tener que pedir que te fijaras en pequeños detalles, pero pareces un experto en hacerlo.

—¿Pensabas enseñarme a…, estar en una relación? —Interrogó dubitativo, con ese toque juguetón que ambos habían adherido a su relación.

—Suena divertido, pero pareces saberlo todo.

—Realmente no sé nada, estoy usando mi sentido común.

—Entonces es un hecho que te sientes cómodo —articuló eso último con seguridad.

—Absolutamente —susurró, mirándole de re ojo. Bill sonrió de medio lado y le sostuvo la mirada, incluso con más intensidad cuando Tom se posó completamente de frente a él —. Me pregunto a quién van a parecerse, aunque sinceramente espero que a ti.

Bill parpadeó repetidas veces, con la esperanza brotando de su candorosa mirada, y respondió con una cuestión:

—¿Nuestro bebé?

—Quizá bebés… —corrigió un tanto, haciéndole ver que eran capaces de tener más de un hijo en un solo embarazo.

—Entonces has pensado en ello —mordió su labio inferior, raspándole con sus dientes. Tom no perdió pista de aquello.

—Siempre está en mi pensamiento —dijo sin disimulo, sacando una grácil sonrisa al más chico—. Necesitamos hablar con mamá. Es necesario prepararnos, además lo más correcto es desposarte, forma parte del proceso. —Bill ladeó su cabeza, sin comprender el proceso que hacía referencia Tom.

&

Sus dudas no duraron mucho estando estancadas, esa tarde, posterior a la ducha y ahora vestido con ropa más tibia, —Tom con su misma ropa pero los pantalones ya sin la mancha de sangre—, se dirigieron a la casa del león, donde Simone los esperaba con algunos aperitivos.

Tom le había avisado que llegarían en poco tiempo y que Bill tenía muchas dudas acerca de la concepción. Simone conocía acerca de su especie y del embarazo, incluso tenía conocimiento acerca de las parejas destinadas, como Bill y Tom.

Había datos que Bill no conocía sobre la genética. Los híbridos fuertes se apareaban con otros brevemente más débiles que ellos para que, al procrear, nacieran híbridos de la especie con genética más fuerte. Y para ello era necesaria una preparación, al menos las leonas la llevaban a cabo.

En su caso, ellas preparaban al hombre para que sus espermatozoides fueran eficientes y lograran penetrar sus óvulos. Tom en este caso tendría que trabajar en Bill con su matriz y sus óvulos para que pudieran cobijar sus espermatozoides y hubiese una concepción. Y Tom no tenía inconveniente con ello, era habilidoso con sus manos y energía durante el preludio para dotar a Bill de esa resistencia, sin embargo…

—Necesitamos estar seguros de que Tom no te haga daño cuando intente fecundarte, porque eres muy fértil y pese a que el espermatozoide penetre el óvulo, si no se forma te producirá dolor porque te exigirá energía para sobrevivir y no la tendrás —expuso Simone, con las puntas de sus dedos en su mentón. Meditaba —. Tom necesita estimular tu cuerpo, sus esencias de funden, así que él puede trabajar con tu cuerpo para dotarlo de energía. Y tú puedes consumir lo que yo voy a preparar para ti.

—Pero… —titubeó Bill esta vez—. Si se quebrantó mi edad sagrada… Desde esa vez la energía de Tom no hace ningún efecto en mi cuerpo.

—Durante el sexo sí —aclaró Tom, mirándole de soslayo.

—Es ahí cuando sus esencias se funden, Bill. Por eso sostener relaciones sexuales durante el embarazo es muy importante para dar a luz a los leones.

Bill rememoró lo escrito en las cartas que Simone le había enviado, donde mencionaba que las prácticas sexuales eran sumamente importantes para mantener el feto vivo y a la progenitora también.

El coito era un acto donde los cuerpos quedaban laxos, totalmente a la intemperie y susceptibles a la energía del otro, por ello Tom había impedido embarazarlo sin ponerle un anticonceptivo aquella vez incluso estando en celo.

—Oh… —gimió bajito, ganándose la absoluta atención de Tom.

—Tu perfume natural se funde con el mío, no sucede a menudo con otras parejas. Además tienes de mi sangre corriendo por tus venas. Eso significa que hay probabilidad de que haya una mezcla de especies o bien, puedes encargar dos especies.

—Exactamente —añadió Simone—. Esos datos hacen cada vez más importante que estés listo antes de que Tom y tú copulen.

—¿Qué tan doloroso es? —Esta vez Tom inquirió a su madre. Pocas veces hablaban sobre su embarazo y lo difícil que fue para que naciera, y quería saber todo al respecto para provocar el menor suplicio posible.

—Depende de si es un embarazo múltiple o no. Los embriones demandan mucha energía —visualizó a ambos, Bill y Tom se mantuvieron atentos—, Bill ya sabe que durante un embarazo es necesario copular, no una ni dos veces, son secuenciales y un sin número de veces al día. Duele, sí, pero dolería más si no se copula. Necesitaría comer el triple de lo que está acostumbrado, tal vez más. Y es probable que no puedas movilizarte como desearías. —En esa ocasión le habló directamente a Bill, reconfortándole —. Pero no te preocupes, Tom ha evolucionado en su energía, y no va a permitir que te duela como a mí.

—Voy a protegerte —musitó con su característica voz Tom, girando su cabeza para fijar sus ojos en los suyos, que brillaban. Tocó su mano, que yacía encima de sus piernas, y depositó suaves toques a su dorso con su dedo pulgar. Quería dejar claro que no estaría solo.

—Te cuidaremos —complementó fugaz Simone, regalándole una de sus más amplias sonrisas, de triunfo y conmoción. Los orbes de Bill brillaron aún más.

Se sentía orgulloso y entusiasmado de sí mismo. Conocía lo complicado que era pertenecer a la familia de los leones blancos, y estaba consciente de que su especie estaba devaluada, y sin embargo Tom lo quería, y no sólo eso, sino que había un porcentaje de probabilidad de concebir conejos.

Dos sangres cotizadas renacerían en un embarazo si ambos cuidaban de él. Dos genéticas totalmente diferentes crecerían en una misma familia, donde la tolerancia existiría y las clases sociales serían una misma.

Bill había luchado demasiados años para que su especie fuera valorada y ahora lo que tanto había deseado se hacía cada vez más real. No simplemente había logrado tener el amor de Tom Trümper, el híbrido supremo; también el respeto de los híbridos a su alrededor; oportunidades que jamás creyó tener; y alegrías que se restringía de disfrutar.

Bill aún no cabía en su impresión; verdaderamente estaba logrando todo lo que anhelaba, incluyendo tener una familia. Su abuela seguramente estaría orgullosa de presenciar todo lo que había ganado después de recorrer por entre las piedras y pozos, donde caía para posteriormente levantarse.

Los ojos se le aguaron al rememorar a su abuela. La extrañaba y al mismo tiempo se sentía afortunado de haberla tenido junto a él. Entornó los ojos y ante a la calmosa atmósfera, su cuerpo fue sacudido cruelmente por un calambre nacido de su vientre, y que atravesó, como una filosa cuchilla, todo su cuerpo, incluyendo su miembro.

Dio un brinco en su asiento, soltando un gemido de dolor. Tom se giró para verlo, mostró su ceño fruncido y una mirada de contrariedad. Bill cerró sus piernas de golpe y oprimió su vientre con ambas manos, encorvándose.

Dolía tanto que tuvo que recurrir a más gemidos para expulsar el malestar que aquello le provocó. Tom situó una mano en su barriga y le sintió retorcerse ante su tacto hasta que el dolor disminuyó.

Tom se tornó rígido al sentirle de esa manera. Lo que no soportaba era ver a Bill sufriendo, no lo toleraba, ardía en su pecho y boca del estómago. Si no soportaba verle de esa manera con los cólicos menstruales, ya se imaginaba lo complicado que sería sentirlo de forma similar cuando quedara embarazado.

Quiso actuar más, encontrar una forma para calmar los calambres que atenazaban a Bill, pero no le fue posible, al menos no en esos momentos; su madre llevó a Bill consigo para proveerle de un tranquilizante que ella tomaba durante su periodo, además de aconsejarle en privado lo que podía hacer si los cólicos no se iban.

Tom por su parte había ido por un poco de café y caminaba como animal enjaulado en el salón, aún esperando a Bill de regreso. Caminó de un lado a otro y detuvo su firme marcha al ver a Bill cruzar la puerta de esa habitación junto a su madre.

En las manos de Bill había un bote de cápsulas que contenían hierbas medicinales para ayudarle a aliviar los cólicos que comenzaban a avecinarse. Bill no solía sufrir de fuertes cólicos, pero esa ocasión fue distinta. Probablemente el frío tenía que ver.

Las mejillas de Bill se encontraban rojizas debido al arrebol que le invadió minutos antes en su charla con Simone, y esa imagen no hizo más que hacer estragos la cabeza de Tom.

—¿De qué hablaron? —Cuestionó al sentir a Bill demasiado avergonzado. Simone tomó la palabra:

—Le di unas cápsulas para disminuir los cólicos.

—¿Sólo eso? —Insistió.

—Sí.

&

Sin embargo, no le creyó. Bill estaba sonrojado y no podía ponerse de esa forma por unas pastillas. Su cabeza continuaba maquilando ideas de la posible conversación que tuvo con su madre hacía unos minutos en su casa, y ahora que iba de camino a casa de Bill, decidió volver a tocar el tema.

Manejaba a una velocidad moderada, con Bill del lado del copiloto. Le contempló sin disimulo y disminuyó aún más la velocidad.

—¿Ustedes hablaron de algo más, verdad? —Empezó, viendo de re ojo que Bill se acariciaba el vientre para ganar calor. Pese a tomar dos cápsulas naturales, los cólicos seguían manifestándose, acompañados de náuseas, y por si fuera poco, también secuenciales calambres lo lastimaban, intensos y duraderos.

—Ella me aconsejó algunas cosas para que estos síntomas cesaran.

—¿Cuáles cosas?

—¡Tom! —Chilló seguido del interrogatorio, riéndose un tanto. Tom parecía muy curioso. A veces era muy testarudo.

—No pueden ser tan malas, ¿o sí? —Animó a su estilo.

Bill se acarició los labios con dos de sus dedos, y respondió:

—Realmente no lo son, incluso suenan naturales.

—¿No piensas contármelas? —Instó ya seriamente, dándole su tiempo para contestar.

Bill consideraba importante decirle, algo responsable e íntimo, que le concernía a ambos, mas no sabía cómo sacarlo a colación, mucho menos cuando habían hablado del tema anteriormente y quedado en algo que, evidentemente y para su relación, era todo lo contrario a los consejos de su suegra.

—Ella me recomendó tener sexo, tocarme al menos —dejó salir naturalmente, sin pudor excedido ni incomodidad.

Comenzaba a entenderlo; ellos podían hablar de sexualidad, era algo que ya habían experimentado juntos y que abordaban de forma madura.

—¿Y decidiste algo? —Continuó Tom luego de unos segundos en absoluto silencio, viéndolo con el rabillo del ojo.

—Estaba esperando a que las pastillas hicieran efecto.

—Y al parecer no harán efecto —canturreó obstinado, dejando un doble sentido a sus palabras.

—Parece que no quieres que funcionen —enfrentó, también creando ese ambiente de doble sentido.

Si no funcionaban Bill tendría que optar por la opción sexual. Nada mal para Tom, que comenzaba a ver las posibilidades de realizar prácticas sexuales con Bill antes de verdaderamente copular con él.

—¿Quieres la verdad? —Decidido habló, firme como Bill ya conocía—. Pues sí, realmente espero que no funcionen.

—¿Entonces cuál es tu recomendación? —Picó, recibiendo una sonrisa de medio lado que denotaba algo encubierto.

—Dormir esta noche contigo. —Bill miró hacia la ventana, sonriendo. Definitivamente Tom estaba tomando todo, teniendo posibilidades de salirse con la suya —. ¿Te parece bien?

Y sin embargo, sí. A Bill le pareció una excelente idea. Asintió, dejándole claro que le encantaban sus estrategias.

&

Y tal como lo planearon, así fue. La cena fue ligera, pan con una mermelada natural de manzana que Bill hizo con anticipación y café bastante caliente para mantener su cuerpo estable. No fue una noche diferente, al menos no por ahora; Bill hizo la misma rutina antes de acostarse a dormir, únicamente las diferencias fueron que se duchó junto a Tom por segunda vez en el día, y que no iría a dormir solo como solía.

Horas atrás Tom lo abrazó y durmieron juntos con espontaneidad, y Bill no tendría ningún inconveniente con volverlo a hacer si no fuera por la charla con Simone y Tom.

No podía mentir, Bill no era capaz de dormitar aunque cerrara los párpados y respirara lentamente. Tom se hallaba contra su espalda, abrazando su cuerpo y manteniendo una mano en su vientre para mantenerlo tibio e impedir que los cólicos iniciaran. Y funcionaba, pero no como le hubiera gustado.

Tenía náuseas y hacía presión en los muslos. Se sentía enfermo y Tom lo notó en medio de la noche; él tampoco era capaz de conciliar el sueño, no cuando Bill se removía. El cuerpo de Tom yacía caliente sobre el colchón, y era reconfortante, pero no surgía efecto en Bill, quien tenía una arrolladora necesidad de alzarse de la cama y vomitar.

—¿Bill? —La aguda voz de Tom resonó en medio de la oscuridad y entre el manto de silencio.

—¿Mm?

—¿Qué sucede?

—Necesito vomitar —susurró, volviéndose sobre la cama. Tom hizo lo mismo y le observó —. Esto no está funcionando —anunció, trémulo.

Estaba consternado, no entendía por qué no podía calmar el dolor si quiera con el calor de Tom. Tuvo una ligera hipótesis, intuyendo que seguramente seguían siendo secuelas de su organismo debido al mal manejo de su primer celo; hasta el momento no había otro acontecimiento que pudiera ser sospechoso.

«La mejor manera de eliminar el cólico menstrual es teniendo relaciones sexuales, por eso habla con Tom al respecto» Las palabras de Simone seguían en su pensamiento. «Si no quieres entregarte por completo por temor a precipitarte, Tom puede usar otros métodos para proporcionarte placer»

Bill sabía de cuáles métodos hablaba. Y estaba seguro de que jamás los había probado del todo con él.

«Dedos» La idea le acaloró con crueldad. «Tom penetrándome con sus dedos»

Sus orejas se colorearon de escarlata y sintió su entrepierna más húmeda. Salió de entre las cobijas y se dirigió al baño a paso lento y adolorido. Tom se demoró unos segundos en salir de la cama, y cuando recién lo hizo, caminó por toda la recámara, pasando los dedos por su cabellera despeinada.

Escuchó que Bill tomaba un baño caliente, que no había vomitado y que demoraba más de lo normal bajo el chorro de agua caliente, pero no le interrumpió. Espero largo tiempo y cuando Bill salió por fin, su corazón se aceleró al verlo con un suéter largo y un pequeño short encima de su ropa interior.

Tom encendió el foco del cuarto y entonces le divisó a la perfección. Llevaba las rastas sueltas y un vaso de agua en la mano al que le dio un sorbo para pasarse de nuevo dos cápsulas. Dejó el vaso en su tocador y rebuscó un pantalón de pijama de algodón color negro. Sacó uno y se lo puso, intentando mantenerse a una temperatura más elevada.

Tom siguió cada uno de sus pasos y le escoltó para volver a recostarse y abrazarlo de nueva cuenta, pero esta vez intensificando su temperatura. Comenzaba a desesperarse, no obstante, en silencio decidieron cerrar los ojos y permanecer en dicha tensión luego de ponerse cómodos.

—¿Así está bien? —Preguntó Tom cerca de su oído, en un susurro preocupado. Se refería a su temperatura corporal.

No esperaba que Bill hablara demasiado, si tenía náuseas lo mejor era que no se forzara para que el asco no fuera más demandante. Bill asintió y musitó un sí como contestación.

Y lo estaba. Su vientre recibió más calor y se sintió menos enfermo en los minutos posteriores, aunque sí más ansioso. El movimiento ocular bajo sus párpados cerrados evidenció su estado consciente, y su respiración tomó otro rumbo, haciéndose más acelerada, casi asfixiante.

La mano de Tom en su vientre lo ponía nervioso. Quedaban restos de malestar, que fueron cubiertos por una ola de nerviosismo. Tom respiraba profundo y lento tras él, su cabeza recibía el aire tibio que expulsaba por la nariz al exhalar, y los voluminosos pectorales subían y bajaban contra sus omoplatos.

Se le erizó la piel. Se vio forzado a apretar los muslos e inhalar lento, pero era demasiado tarde, su corazón se había acelerado, martilleando su pecho sin cautela. Escuchaba su corazón desbocado, su túrbida respiración y sentía un hormigueo en su miembro.

Estaba excitado, y el calor de las manos de Tom no hacía nada más que aumentar su fogosidad interna. Las yemas de los dedos de Tom palpaban apenas la piel cerca de su ombligo por sobre la ropa, mientras que el dorso de su mano tocaba por completo su vientre plano.

Mordió su labio inferior.

«Si no quieres entregarte por completo por temor a precipitarte, Tom puede usar otros métodos para proporcionarte placer»

Entreabrió los labios, dejando escapar secuenciales jadeos. Se sentía arder. Movió brevemente su pelvis y entonces lo notó, a Tom erecto. Fue tanta su sorpresa, que se mantuvo paralizado, cerrando la boca de golpe. Se acomodó con más énfasis, sintiendo cómo Tom se apegaba más a su cuerpo, hundiendo su nariz y boca en sus rastas desparramadas.

Él también respiraba con dificultad y estaba en sus cinco sentidos, haciéndole ver que, además, estaba bastante excitado. Bill reprimió una sonrisa, le encantaba cuando estaban sintonizados; ambos se encendían de forma inmediata y con la misma magnitud.

Bill apartó la mano derecha de su pecho y la bajó peligrosamente lento hasta situarla sobre la de Tom. Trazó tentativas caricias en los rígidos nudillos, delineando las hinchadas venas que la conformaban, suaves y masculinas.

Tomó posesa la mano de Tom y la deslizó de arriba abajo por encima del suéter, con calma. Tom apegó su pelvis al respingón trasero y se cernió en él al mismo tiempo que hundía su mano bajo el suéter hasta introducirla en su totalidad y hacer contacto directo con la tersa piel.

Bill movió sus hombros y emitió un gemido tentador en volumen bajo. Tom gruñó a su espalda, enterrando su boca en su nuca. Los carnosos labios permanecieron ahí al igual que su espesa barba, moviéndose castamente sobre la aromatizada carne. Bill soltó otro gemido, esta vez más sonoro, invitándole a que probara su piel.

Sin más preámbulos, Tom serpenteó su lengua en la nuca, sintiendo la delgada piel y la fragilidad del cuello. La lengua fue acompañada por los labios ansiosos, formando de ese modo vehementes besos en tan sensible parte. Bill se retorció, apretando con fuerzas la mano de Tom y bajándola a su pubis libre de vello, cubierto por el protector y la ropa interior.

Tom frotó sus dedos por sobre el ajustado bóxer, justo donde el protector se hallaba acomodado. Bill jadeó, sabiéndose hipersensible e incapaz de reprimir la reacción convulsa de su cuerpo. Fue sacudido por un manto de placer y un eléctrico choque al extender el cuello y deleitarse con la boca de Tom acaparando toda la carne de dicho sitio con urgencia y posesividad.

Bill achicó sus hombros, encogiéndose. Sus clavículas y esternón quedaron a la intemperie, creando un estímulo visual demasiado provocativo para Tom, quien le bajó el suéter, aprovechando que era de cuello amplio. Uno de los hombros de Bill se descubrió, mostrando una galaxia de lunares que Tom había visto, pero que hasta ese momento se dio a la tarea de besar.

La pastosa barba lijó su piel a la par de los besos húmedos. Su omoplato derecho fue sacudido también por esa maravillosa sensación, animándole a menear las caderas a demanda, friccionándose con la carne erecta pegada a su trasero. Posteriormente y sin comedimiento movió su cabeza, intentado voltear hacia atrás y encontrarse con el rostro de Tom. Cuando lo hizo, se miraron con los ojos entrecerrados y el brillo de sus pupilas en medio de la obscuridad.

Alzando su brazo, Bill guió su mano a la nuca de Tom y lo atrajo, besándole sin pudor alguno, introduciendo su ágil lengua en el interior de su boca. Gimió sin poderlo controlar, saboreando la saliva del contrario y utilizando la humedad de su boca para profundizar el beso.

Tom frotó el miembro de Bill por sobre la tela más energéticamente, casi cepillando la abultada parte con sus cortas uñas, creando una nueva sensación. Al sentir el placer que aquello le implantó, Bill apretó el labio inferior de Tom con sus labios, y le dio un lametón después, antes de abrir los ojos y hacer conexión visual como tanto le gustaba hacer.

Iniciaron otro largo beso húmedo para encargarse de la ropa que aún cubría sus cuerpos. Tom se volvió un poco sobre la cama, sin despegar su boca de la ajena, y bajó sus pantalones de chándal, con ello su ropa interior, para después encargarse de Bill. Con él fue diferente, ansiaba sentirlo, explorar su cuerpo con amabilidad y apasionamiento, como merecía.

Levantó el suéter y resbaló su mano por el contorno de su figura, desde su axila hasta su cadera, la cual apretó con fuerzas antes de deslizar el pijama con parsimonia, con ello la ropa interior, hasta dejar el blanquecino trasero expuesto, completamente al contacto con su carne endurecida y goteante.

Bajó un poco más, atrayendo el protector, cuidando de no hacerle daño. Bill no se incomodó cuando Tom tocó su protector, ni tampoco cuando lo dejó completamente desnudo a sabiendas de que continuaba sangrando a moderadas gotas.

Con la mano limpia, Tom alcanzó sus pezones. Bill dio un respingo, levantando el pecho. Se despegó de Tom por un segundo y sujetó su mano, llevándola a su boca. Besó su dorso, manteniendo su mirada en la suya, lustrosa y satisfecha, y lamió uno de sus dedos, ensalivándole. Cuando dos dedos estuvieron en su boca, Tom le besó la sien y susurró en su oído:

—No sabes las ganas que tengo de entrar en ti. —La voz fue profunda, intercalada con jadeos y una respiración turbia.

Bill sintió espasmos y sonrió, abriendo la boca luego, cuando Tom hubo apartado sus dedos empapados en saliva para dirigirlos a su trasero. Los dos estaban en el mismo canal, Tom sabía que únicamente llenaría a Bill de placer por medio de sus dedos y su boca, y aquello lo hacía sentir bastante excitado, porque alargaría el momento importante y ambos disfrutarían, comenzando así la práctica de estimulación corporal de la que hablaron horas atrás.

Al palpar el pequeño esfínter, bañándolo con la saliva que había en la punta de sus dedos, Tom presionó el dedo pulgar en la abertura, tentando con penetrarlo. Bill flexionó una de sus piernas y levantó el trasero, aún recostado de lado sobre las sábanas para darle mejor acceso. Percibió una pequeña parte del dedo pulgar introducirse para después retirarse.

Tom entretanto acarició su pene, mojando las yemas de sus dedos con su lubricante natural. Guió sus dedos al intermedio del trasero y tras haber trazado círculos por la superficie palpitante, introdujo esta vez, cuidadosamente, su dedo corazón. Con medio dentro, Bill arqueó la espalda y Tom le besó el hombro más cercano.

Con su mano libre, Tom manipuló el menudo cuerpo hasta situarlo en cuatro y cómodo. Bill hundió su espalda baja y alzó las caderas, con las piernas separadas, y suspiró contra la almohada.

Tom penetró más profundo con su dedo, creando un movimiento constante de entrada y salida. Las paredes anales ceñían su dígito, carnosas y tibias, ocasionando que su pene latiera con fuerza. No evitó inclinarse y depositar un desesperado beso en su trasero.

Sacó su dedo y con las palmas sujetó los hemisferios, exponiendo de ese modo el rosado y tierno agujero que se comprimía de placer. Yacía limpio por la reciente ducha y levemente mojado debido a la intromisión anterior. Enterró su boca en la frágil piel, lamiendo a consciencia su entrada, amasando la firme carne de sus nalgas.

Bill impulsó su trasero hacia atrás, meneándolo de arriba abajo al compás de la hábil lengua humedeciéndole el interior. Gimoteó sin pudor, mordiéndose los nudillos de la mano. Tom gruñó al notarlo y dejó un último beso, subiendo momentáneamente a la espalda baja hasta enterrar la nariz en la fina cintura cuando su dedo corazón hubo penetrando nuevamente en el estrecho interior.

Bill gimió, agonizante, al ser profanado. Se removió ante el cosquilleo de la barba en su espalda y le los labios de Tom apresando su piel al ritmo de las veloces embestidas. Al ser introducido un segundo dedo, Bill se desmoronó. Su próstata fue frotada una vez más, dejándole sensible y exhausto, a la vez que necesitado.

Con dos dedos rotándose en su apretado músculo, giró el rostro, encontrándose con el de Tom. Le besó, esta vez meneando su pelvis de atrás hacia adelante, tomando el control de cada vaivén. Extenuado, introdujo los dedos con un ardoroso movimiento hacia atrás, tan profundo que se sintió excesivamente lleno y satisfecho, provocando un sonido húmedo.

Tom le ayudó a girarse, quedando por completo sobre su cuerpo, cara a cara. Llevó de nuevo los dedos a la hendidura dilatada y los cobijó en el delicado interior, comenzando un movimiento lento, firme y moderado, que al paso de los segundos retomaba una nueva velocidad y dureza.

Miró sus ojos, tan brillantes como cristalinos, mostrando lo bien que se sentía ser embestido de esa manera por sus dedos. Las manos de Bill también cobraron vida al posarse en la hombría de Tom para bombearle con fervor, imaginando aquel trozo de carne en su intimidad, abriéndose caminos con maestría y apasionamiento.

La pierna izquierda de Bill se posó sobre el ancho hombro contrario, dejando cada vez más expuesto su agujero anal y permitiendo así más profundidad en la penetración. Su pierna contraria quedó al aire, pero no por mucho tiempo, pues Tom hizo el mismo con dicha extensión.

El panorama fue tan lujurioso para Bill, que entornó los ojos; sus rodillas flexionadas en los robustos hombros, cerca de su rostro al saberse acorralado por completo. Tom besó sus labios y Bill sólo pudo corresponder con la misma efusividad, sintiéndose absolutamente laxo en medio de su orgasmo.

Contrajo su cuerpo y gimió contra el aliento ajeno, manifestando un delicioso orgasmo. Su pene dejó salir a grandes gotas su semen combinado con hilos de sangre, provenientes de su menstruación, y que se combinó con el de Tom al haber eyaculado también, justo en medio de ambos cuerpos.

Entornando los párpados, todavía sensible y complacido, Bill desancló las piernas de los hombros y lo miró a los ojos, notando el fuego en ellos. Sonrió, con la somnolencia haciéndose presente, y besó sus labios

dulcemente, con sabor a miel, casi torpe. Tom rozó su nariz con la suya y le imitó, depositando un carnal y límpido beso.

«Hermoso» Dicho adjetivo aparecía como intermitente en el pensamiento de Tom.

Bill lo era. Hermoso y perfecto.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por Monnyca16

Escritora del fandom

Un comentario en «Híbrido 36»
  1. Intenso, extraño y súper incómodo 😅😅 Tom esta luchando x ganar puntos, pero Bill sr lo esta dejando demasiado fácil 🤣🤣 OMG, ahora Tom si quiere hijos y ya se imaginó una familia junto a Bill 🤩 Ojalá se logre, sus bbs serían tan preciosos y dotados de tantas cualidades!!

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