Notas: Este capítulo contiene sexo explícito

«Híbrido» Parte I (Monnyca16)

Capítulo 6: Erótico

Los árboles a su alrededor se desvanecían, disgregándose debido a la velocidad de vértigo con la que se impulsaba el vehículo de Tom, oscuro y elegante, un condicionado y capaz automóvil que había adquirido el mes pasado, joya por su resistencia en pleno abordaje al absorber eficazmente la energía climática y por supuesto, que hacía juego con la personalidad de Tom.

Los neumáticos de dicha máquina rodaron esta vez con tranquilidad sobre el asfalto agrisado y liso. Tom se adentró a sus tierras, traspasó un imperial portón negro de forja y recorrió el camino de autopista, pasando de largo ocho casas de tamaños considerables, individuales y bien construidas, apropiadas para acobijar su mando y excelencia. Todas esas propiedades le pertenecían, los pastos, la madera, el agua e inclusive el polvo. Su intimidad era esa, el lugar que nadie más conocía, sólo su progenitora y él.

Y Bill estaba siendo llevado ahí.

La agudeza de su olfato le hizo saber que su madre se encontraba en la sexta vivienda, una de las más grandes, y que la servidumbre no estaba en la última morada, su íntimo resguardo. Al llegar ahí, apagó el motor al presionar el dedo índice en el codificador. Salió inmediatamente, y sin ser cauteloso jaló el cuerpo que yacía recostado e inconsciente en el asiento del pasajero.

Lo llevó entre sus brazos, a pasos calculadores y cada vez más firmes al apreciar que la fuerza de Bill se acrecentaba gracias a que su sangre ya hacía efecto en su organismo. Bajó las escaleras yendo directamente a su alcoba, una estancia grande y poco alumbrada, y lo depositó sobre la cama de manera casi automática, sabiendo inclusive que no debía hacerlo. Se tomó algunos minutos para examinarlo detenidamente, escuchando desde su sitio la velocidad con la que transitaba su sangre en las arterias de Bill, aglutinándose difícilmente, haciendo toda una guerra en el interior del cuerpo invadido.

Los cabellos lisos y rubios de Bill habían crecido hasta sus hombros, su estatura ya había aumentado cinco centímetros en diez minutos, y aunque eso era un cambio significativo, Tom sabía que el conejo seguía siendo inferior por mucho. La creciente fuerza que había depositado en Bill seguía su curso, haciendo que una asquerosa sensación se apoderara de sus entrañas. Sin embargo, seguía esperando un poco más para que el efecto lograra profundizarse antes de ejercer su cometido; un capricho que se adueñaba de sus pensamientos y que deseaba que desapareciera porque se suponía, debía ser pasajero.

Bill se había convertido en su último capricho, uno demasiado irritante para su libido. Una sensación inmunda mandaba lucidas señales para reiterarle que había cometido un error al dotar a Bill con su sangre, pero otro extraño sentir lo extasiaba al verlo vivo. Dudaba que el trasero de Bill fuese único y afable, o que el mismísimo Bill fuese erótico, pero seguía encaprichado con él. Estaba curioso, ansioso y excitado. Y que Bill se mantuviera recostado inocentemente sobre su cama lo hacía adquirir más poder sobre él, porque nadie entraba en ella, nadie que estuviese vivo para contarlo.

Al avistar que Bill ya había alcanzado la solidez con la que quería dejarlo de por vida, dirigió una mano hasta su short deportivo y frotó los nudillos contra su ya dolorosa y húmeda carne firme. Contorneó tentativamente el elástico de la tela con los dedos y se deshizo de ella, dejando sobre su marcado abdomen su pene endurecido y grueso, enrojecido, recio y dispuesto. El brillante y eminente glande tocó su ombligo y permaneció pegado a su musculatura, incitándolo a envolverlo con el largo de su palma, consiguiendo de ese modo desplazar el escaso prepucio de arriba abajo, ocultando y exteriorizando la testa incontables veces y sin pudor alguno.

Abandonó su miembro para posar esta vez la mano en la cadera de Bill, sujetándola impulsivamente y levantándola, logrando que Bill, aún privado de lo que sucedía a su alrededor, sacudiera la cabeza y gimiera de dolor por la rudeza con la que era sometido. Tom palmeó ligeramente su trasero y con ello le jaloneó el cabello con apenas las yemas de los dedos, esto último lastimosamente y con deseo de despertarlo completamente, ostentando el control absoluto de su cuerpo y alma.

Los sedosos cabellos de Bill cayeron enmarañados en las sábanas blancas cuando movió la cabeza hacia todos lados, con la fresca tela acariciando su rostro. Llenó sus pulmones de oxígeno, queriendo abrir los ojos que parecían haberse comprimido de por vida y, con inquietante lentitud, respiró lo que había debajo de su fina nariz. El aroma varonil, una enloquecedora mezcla de sudor con toques de sutileza colmó sus fosas nasales, transportándolo a los recuerdos.

Entonces, una electrizante escena inundó su mente. Su corazón reaccionó angustiado tras las tormentosas proyecciones mentales, por los focos que se encendían y apagaban, flasheándolo dolorosamente; la diapositiva de su angustiante falta de aire, de un borroso atisbo de su muerte, del retortijón de sus órganos y el desprendimiento de su alma. Los movimientos oculares adormilados y confusos que había tras sus parpados, alteraron su fiel descanso y lo obligaron a abrir los ojos en un parpadeo decidido y feroz. Captó el blanco puro de las telas, y ante su alteración volvió a cerrarlos con desmedida presión al sentir que era despojado cruelmente de su vestimenta. El sonido de sus ropas siendo desgarradas terminó por despertarlo completamente de lo que creía era una alucinación.

El cuerpo de Bill se crispó totalmente frente a las manos bruscas que se encargaron de separar sus nalgas para dejar a la luz un rosado y diminuto agujero que se comprimió inmediatamente al ser expuesto sin preámbulos. Aún mareado por el precipitado estado de consciencia en el que estaba envuelto, supo que su cuerpo sería usado y que su virginidad sería arrebatada con crueldad.

Levantó la cabeza con esfuerzo, y por breves segundos encontró su reflejo en un espejo que se hallaba a su espalda, entornando los ojos al notar su larga cabellera rubia y su cuerpo absolutamente desnudo. Su trasero estaba siendo manipulado y el dueño de tales actos era Tom, que, al darse cuenta de que husmeaba, le presionó la nuca hasta enterrarle la cabeza en la cama, con sadismo.

Bill revolvió las caderas, sorprendido al tocar con una de sus nalgas la carne tibia y dura que pretendía irrumpirlo en cualquier momento. Debilitó las rodillas, echándose hacia atrás cuando Tom hundió el colchón al colocar las suyas detrás, y, queriendo huir, se arrastró hacia adelante con rapidez, escalando con sus manos y piernas con el propósito de alejar su cuerpo desnudo del de Tom. Pero fue en vano, pues éste le apretó agresivamente la cintura con ambas manos, reteniéndolo, incluso llegando a tirar de él para dejar su tumefacto pene reposando en la curvatura de su níveo y pequeño trasero, aculándolo con prepotencia y a la fuerza.

Bill deseó protestar, pero de su boca abierta no salió nada cuando la prominente y orgullosa punta del grueso pene de Tom atravesó el primer anillo de su entrada, profanándolo hasta hacerse terreno violentamente, forzando la dilatación con imponencia, adentrándose de golpe y por completo. La unión brusca y desaforada de su nervioso y reseco interior con la ardorosa y húmeda erección de Tom desencadenó que la suave carne externa en conjunto con las paredes internas de su ano se desgarraran, y que su sangre hiciera su aparición en un furioso desagüe que terminó escurriéndose entre ambos sexos, ensuciando a su vez las blancas sábanas.

Las delgadas piernas de Bill flaquearon, entumidas. Sus dedos se enraizaron a las sábanas, apretándolas con fuerza, y de su boca salió un sollozo reprimido. El llanto manó de sus ojos e impregnó todo su rostro, y su pecho, abatido y agitado, alcanzó a paralizarse cuando una segunda y profunda estocada perforó su ensangrentado agujero. Derrumbó la cabeza en el colchón, anhelando que se detuviera, que el dolor terminara y que su interior se curara lo más pronto posible con los fluidos de Tom.

Estiró una de sus manos hasta palparse el trasero y un poco del abdomen ajeno, buscando torpemente detener las dolorosas y déspotas penetraciones, consiguiendo sólo llenarse las manos de su propia sangre, que al ser vista, lo debilitó aún más, causando un mareo inhumano que lo llegó a consumir. Los ojos se le desviaron hacia arriba, directo al cráneo, dejándolos blancos y atronados, y sus pestañas, que al batirse liberaban más lágrimas, vibraron con cada parpadeo corto y veloz, llegando a estrujarse como su ano al ser taponeado con cada movimiento certero de pelvis.

Ahogado en lamentos, Bill cerró los ojos severamente, abriendo la boca y dejando que por el resquicio brotara un sonoro quejido, un lloriqueo que jamás había manifestado, una lamentable súplica que le apretujaba el corazón al grado de intimidarlo y de romperlo en cientos de pedazos. La desquiciada sensación y la postura humillante en la que se encontraba lo forzaron a concentrarse, llevándolo a pensar en un contraataque. No estaba en posición para atacar física ni verbalmente, pero todavía quedaba intentar con un arma que había tramado como plan B.

Aunque todavía tuviese miles de dudas, tuvo que armarse de valor y ensimismarse por largos minutos, pensando en aprovechar su primera vez, en disfrutar de ese momento que le cambiaría la vida. Lo único que le quedaba por hacer era eso y no lo desaprovecharía, por ello se dio la oportunidad de probar y extasiar su cuerpo con el grande y gordo pene de Tom, de sentir cada penetración por completo y hacer chocar sus cachas contra los rizados vellos del pubis ajeno hasta embriagarse con las expertas y vehementes embestidas y lo mojado que estaba su recto; el cómo se apretaba en torno a la longitud que lo poseía rítmicamente, buscando el goce mutuo, esa satisfacción que todo diletante esperaba sentir en su primera vez.

Consiguió así que de ponto su estómago vibrara de pasión, de un placer que le exigió mover circularmente la cadera, apretando sorpresivamente y con necesidad el craso falo que palpitaba y mantenía abierto su interior, descubriendo que esa sensación lo hacía perder el juicio. El desgarre interno de su ano se había curado con el líquido pre-seminal que manaba la rejilla de Tom, haciendo cada vez más rápidas y escurridizas las empitonadas, coyuntura que convertía la noción en una delicia suprema y de cierto modo cotizada.

Tom, quien simplemente mantenía las manos sujetas a la curveada cintura con fiereza, proporcionando sostén a ambos, aumentó la velocidad de sus embates, haciéndolos cada vez más profundos, diestros y placenteros al frotar la próstata de Bill con toda su erección. Disfrutó del bochorno y jadeos ahogados que emitía y que, con su erótica voz perfectamente melodiosa, lo habían vuelto más cautivo y devoto. Bill entornó los ojos, fundiéndose en Tom al hincarse en la cama, dejando caer su cabeza en los fatigados pectorales que lo amortiguaron.

Luego de haber asaltado de manera continúa y firme, Tom se hundió una vez más con intensión de finalizar, enérgico, profundo y enloquecido, guiando irreversiblemente a Bill al tan anhelado orgasmo. El estremecimiento se hizo presente después de que se quedara quieto, cautivado al contemplar la ardiente manera con la que Bill acariciaba su rosado y pulcro pene, masturbándose casi sin fuerza.

Ensimismado en demasía, entrecerró los ojos tras distinguir lo fascinante que era la estrechez que lo rodeaba y, azuzado por los implacables y fastos gimoteos que salían de la pomposa boca de Bill, se descargó, eyaculando al mismo tiempo que él, a su vez llenándole con su semen. Bill se retorció casi con violencia.

Presenciar el viscoso y cálido semen entre los delgados dedos de Bill al mismo tiempo que observaba que el cabello se le oscurecía lentamente, lo hizo gruñir, excitado más de lo que debería. Tom todavía no perdía el apetito y Bill pasaba por una situación semejante, conduciéndolo a menear las caderas lentamente de izquierda a derecha, estremeciéndose debido a la sensibilidad de sus setos anales, pero manteniendo el ritmo lento con el que bailaba sobre los testículos y el empapado pubis barbudo de Tom.

La danza erótica iba acompañada de un arqueamiento de espalda y pretenciosas caricias en su vientre, las cuales palpaban la forma del falo de Tom en pleno movimiento en sus entrañas, bajo su piel y que sobresalía con cada oscilación que ejercía, como si quisiese agujerar su estómago. Tal sensación lo hizo suspirar, delineando con los dedos su piel abultada al mismo tiempo que subía y bajaba del duro pene con más rapidez, con facilidad, amando cuán grande y regordete era, deseando clavarlo más hondo hasta sentirlo deslizarse por su garganta.

Tom le rodeó las costillas con ambas manos, hizo opresión en los pequeños pezones rosados y endurecidos, rotándolos con sus dedos índices y pulgares, también embistiendo desde su posición, aferrándose con codicia e inclinándose sorpresivamente entre gemidos roncos para olerlo. Acarició con su nariz la delicada nuca del chiquillo y ante un acezo mordió con sus labios la tersa y pálida piel, ofreciendo descargas eléctricas que llevaron a Bill a la cumbre de su segundo orgasmo.

Convulso, Bill ciñó casi herméticamente su entrada, con descomunal fortaleza, mordiéndose los labios y dejando que la saliva escurriese por su mentón. Envolvió con sus manos las de Tom y se abrazó a ellas, buscando soportar las convulsiones de su entrepierna que dichosamente se encontraba roja, empapada y semi- erecta por el previo terremoto de éxtasis. Abrió la boca para tomar una bocanada de aire, con ello soltando un resuello al menear nuevamente la pelvis contra Tom, temblando con cada frotación, y gimiendo alto cando éste se afianzó a su pequeño cuerpo para continuar entrando en la candente hendidura que tragaba su miembro con cada expansión y contracción, hasta que dichas caderas se desarmaron en una excitación desbordada e insoportable que aumentó el impuro deseo de Tom.

Bill se removió con ferocidad, tratando de huir de las vehementes embestidas, no porque le repugnasen, sino porque su interior no soportaba el excesivo placer depositado.

Tan rápido como un parpadeo, Tom lanzó a Bill directo al colchón de manera que quedara bocarriba, sacando de la pulsante abertura su orgulloso pene, dejándolo expuesto, rudo y con residuos de semen y sangre que se escurrían en hilillos gruesos, bañando así sus enrojecidos y colgantes testículos. Y, al verlo laxo y sonrojado, le agarró una pierna y lo arrastró hasta tenerlo bajo su cuerpo. Bill miró de re ojo la chorreante y firme carne que lo había desvirgado y que se hallaba alzada y altiva, pegada a la musculatura de Tom, descendiendo y enarbolándose, temblando con cada latido que propinaban las venas que la conformaban, aquella sangre que circulaba por la voluminosa longitud y que la hacía hincharse imposiblemente mucho más.

Entre espasmos, Bill sintió la pulsación de su orificio dilatado, que se expandía y sellaba completamente con cada temblor, alcanzando también a apreciar un placentero cosquilleo al derramar la mayoría de los fluidos con cada apretón y soltura de sus músculos anales. Los ojos de Bill se entornaron ante el escrutamiento de Tom, que era descarado, pero no apartó la vista, sencillamente decidió abrir los muslos para él y contempló que se agachaba, situando los brazos en los costados de su cabeza. Sus narices quedaron a la par y sus bocas se rozaron debido a la cercanía mientras sus ojos permanecían unidos por un magnetismo pasional.

Bill abrió la boca, conteniendo el aliento al recibir a Tom por completo, que se alistó a penetrarlo con renovado ímpetu, siendo salvaje y urgente. Los embates precisos y profundos, toscos y primorosos, zarandearon a Bill, que apenas lograba respirar con normalidad, asaltándolo una y otra vez con rudeza.

Las piernas de Bill rodearon su cadera, abrazándolo con ellas para unirse al vaivén potente que golpeteaba su entrada con desenfreno. Cerró los ojos y resopló, farfullando algo acompañado de un jipido, estremeciéndose rápido y apretando con más fuerza a Tom, doblando los dedos de los pies ante su ya incontable orgasmo. Llevó las manos al abdomen que permanecía sobre el suyo, tenso y a escasos centímetros de distancia, y extendió las manos, alcanzando a apretar con cada una los marcados músculos y rasguñarlos con las uñas. Tom esta vez penetró con lentitud, manteniendo el ritmo, y, desanclando uno de sus brazos de los costados de la cabeza de Bill para dirigirlo a su cintura y hundirlo bajo ésta, consiguió alzarle las caderas.

Entonces, sin apartar los ojos de los suyos, lo penetró por última vez y de lleno, dejando sus grandes testículos húmedos y tibios pegados a su trasero. Eyaculó furiosamente, conteniendo la respiración. Y se quedó inmovilizado, gozando de la angostura, deleitándose con las ardientes paredes que lo aprisionaban, con el arrebatado latido de su falo, satisfecho por haber entrado en él una y otra vez. Lo había hecho completamente suyo.

Las piernas de Bill desataron el cuerpo de Tom, y cansado, se dejó caer plácidamente sobre la cama, su cintura sobre la mano de Tom, meciéndose con sus propios jadeos hasta cerrar los ojos, deseado dormir, descansar después de toda la fatiga que dominaba su cuerpo entero. Tom sacó la mano debajo de la diminuta cintura de Bill y la llevó a donde la tenía anteriormente, quedando totalmente frente a él y rodeándole la cabeza con sus antebrazos. Sus manos relajadas se compactaron, empuñándose al ver a Bill en atestada calma y rotundamente dormido.

Bill soltó un suspiro adormilado y saboreó algo en su boca luego de que Tom deslizara el pene fuera de su agujero, permitiendo así que todo el semen que almacenaba dentro comenzara a escurrirse. Tom entrecerró los párpados y los labios, prestando atención a Bill, a su cabello azabache, a sus largas pestañas, su afilada cara y a esos carnosos labios color cereza que esta vez estaban decorados con un lunar en la parte inferior de lado derecho. Su inhalación lo hizo darse cuenta que el personal aroma dulce que representaba a Bill y que lo erotizaba, seguía ahí. Arrebatarle la virginidad no había destruido ni un pequeño porcentaje de ese olor tan propio y único, ese perfume que nadie más poseía. Sus labios se apretaron, formando una línea y sus cejas se enarcaron, cargado de repulsión, de furor.

Para su desgracia, había cavado su propia tumba.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Monnyca16

Escritora del fandom

Un comentario en «Híbrido 6»

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